Los personajes pertenecen a J.K Rowling. Yo soy solo una fanática que juega con ellos.

Disfruten, los leo más abajo.


Una vez que Dudley llegó de nuevo a la mesa de Gryffindor y se sentó junto a sus padres, el profesor Dumbledore se aclaró la garganta y dijo;

—Un interesante capítulo, sin embargo, debemos seguir leyendo, ¿quién desea leer?

Sorprendiendo a la gente reunida en el comedor, Petunia Dursley levantó la mano. Ella quería leer por sí misma lo que había pasado aquel día cuando su queridísima cuñada salió volando por los aires. Petunia nunca lo diría en voz alta, pero en el fondo se divirtió viendo a Marge inflarse como si fuese una ballena, cosa que, sin dudarlo, era.

Vernon, que se encontraba sentado al lado de su esposa, la miró anonadado durante unos segundos antes de sentir la ira recorrer su cuerpo. Entonces, entrecerró los ojos y apretó los puños absolutamente enojado con su esposa. No comprendía la razón por la cual se ofreció para leer cuando hace unos segundos atrás miraba a los magos con rencor. Dudley, al percatarse de la reacción de su papá, le tomó el brazo y negó con la cabeza. Él, pensaba el joven Dursley, debía aprender a tolerar este mundo y a su gente, aunque le costase mucho entender la magia. Luego de hacer aquello, le sonrió a su madre. Ella le agradeció el gesto esbozando una tímida sonrisa antes de ponerse de pie y caminar hacia donde se encontraba el director, quién le sonreía con los ojos brillándoles intensamente.

Harry, en tanto, miraba a su tía dirigirse a la mesa alta con el ceño fruncido y más serio de lo habitual, ¿por qué quería ella leer este capítulo cuando siempre odió todo lo referente a la magia?

De pronto, comprendió el motivo: Tía Marge. Rió disimuladamente. Esto sería único y épico, como había pensando en el capítulo dos de la Piedra filosofal. Estaba seguro que las reacciones serían divertidas. Se frotó las manos anticipadamente, aguardando aquel momento. No obstante, algo arruinó su humor. Recordó todo lo que había pasado aquel día; desde las humillaciones hasta el tema referente a su padres. No sería agradable para Sirius y Remus cuando se leyese las atrocidades que dijo tía Marge de James y Lily Potter. Él estaba seguro que se armaría un caos de proporciones.

Suspiró largamente, alzando un poco la cabeza para tener el panorama completo del comedor: La mitad miraba boquiabierto a Petunia, la otra mitad fruncía el ceño y se cruzaba de brazos. Nadie entendía la razón por la que quería leer si odiaba la magia, pero sabían que mientras se leyese el capítulo comprenderían sus motivos.

En ese momento, Petunia abrió el libro y comenzó a leer.

El error de tía Marge— leyó con una pequeña e imperceptible sonrisa.

Harry, Ron y Hermione se miraron largamente antes de romper a reír escandalosamente.

—Es…cuando…realmente— intentó decir Ron, a través de su risa.

—Sí— contestó Harry, riendo satisfecho.

—Será único, aunque hayas actuado mal— Hermione negó con la cabeza, pero sonrió ampliamente.

—No actué para nada mal — la contradijo Harry—. Te darás cuenta la razón por la que lo hice y te apuesto que dirás: "Yo igual lo hubiese hecho".

—No me atrevo a apostar porque sé que tendrás razón— Hermione le sonrió—. Esperaré para escuchar lo que realmente pasó.

Dicho esto, Harry, Ron y Hermione volvieron a reír. Los tres aguardaban ansiosos lo que el libro les dijese sobre aquel incidente.

Los demás no emitían comentario alguno. Sólo se limitaron a ver a los tres amigos perplejos, ¿qué significaba esa risa? No comprendían nada de lo que les pasaba, pero sabían que algo referente al título del capítulo los puso así. Suspiraron, sabiendo que en pocos minutos más lo averiguarían. Esperaron, entonces, a que Petunia Dursley comenzase a leer.

No obstante, justo cuando ella abría su boca para comenzar el capítulo, un grito enfurecido sobresaltó al comedor.

—¡Tú! — gritó Vernon, apuntando con su dedo gordo a Harry—. Fue tu culpa. Por tu culpa ella quedó como quedó.

—No fue mi culpa— rugió Harry, golpeando la mesa y parándose de golpe. Vernon imitó la acción—. Fue culpa de tía Marge por decir todas esas estupideces, ella se lo buscó; además, yo me aguanté todo lo que pude. Y déjame decirte, tío— escupió aquella palabra como si fuese veneno, mientras caminaba hasta quedar frente a él —, que bien pude haberlo hecho el mismo día que llegó a la casa. No vengas a echarme la culpa de algo que fue exclusiva responsabilidad de esa señora, ¡entiendes! — concluyó con la varita alzada.

Vernon retrocedió un paso y se dejó caer en la silla, asustado. Esa mirada penetrante y oscura que a veces ponía su sobrino lo ponía a tiritar, más si lo apuntaba con esa varilla que ellos le decían varita. No la soportaba, en lo absoluto.

Harry, en tanto, volvió a sentarse y se frotó la sien. Las actitudes de su tío le estaban sacando de quicio desde hace rato.

—Harry— le llamó Sirius —, ¿qué fue eso?, ¿qué pasará en este capítulo que te hizo decir todo eso?

—Algo que estoy seguro les va a molestar—le respondió, suspirando lentamente para calmarse—, y que gatilló en una cosa con la tía Marge que no diré; pero que sí me metió en un buen lío, o al menos esa fue mi impresión. Usted, señor Weasley, le debe saber.

Arthur lo miró unos segundos, pensando a qué se podría referir. Pasados unos segundos, ahogó un grito.

—Ya sé qué fue y también lo sabe la familia— el señor Weasley fijó su mirada en cada uno de sus hijos y esposa para que entendiesen el título.

—¿La que voló? — preguntó Fred, sonriendo.

—Exacto— respondió Harry.

—Será épico— rió George, chocando las manos con su gemelo.

—¿Volar? — interrogó Remus, levantando la ceja; mientras Sirius reía por lo bajo.

—Ya lo sabrán, paciencia— contestó Harry, tratando de no reír.

Remus asintió justo cuando Petunia comenzaba a leer con un comedor algo tenso por lo que había sucedido y con un Fugde frunciendo el entrecejo.

Cuando Harry bajó a desayunar a la mañana siguiente, se encontró a los tres Dursley ya sentados a la mesa de la cocina.

Vernon murmuró algo como: las personas responsables y trabajadoras siempre se levantan temprano. Sin embargo, los que escucharon, lo ignoraron.

Veían la televisión en un aparato nuevo, un regalo que le habían hecho a Dudley al volver a casa después de terminar el curso,

Dudley se encogió de hombros antes de que la lectura continuase.

porque se había quejado a gritos del largo camino que tenía que recorrer desde el frigorífico a la tele de la salita.

La gente rió a carcajadas, mientras Dudley se tornaba rojo

Dudley se había pasado la mayor parte del verano en la cocina, con los ojos de cerdito fijos en la pantalla y sus cinco papadas temblando mientras engullía sin parar.

Debería intentar bajar de peso Pensó Dudley, sonrojándose furiosamente. El resto, en tanto, se reía o rodaba los ojos.

Harry se sentó entre Dudley y tío Vernon, un hombre corpulento, robusto, que tenía el cuello corto y un enorme bigote.

Vernon apretó los puños. No le gustó esa descripción para nada.

Lejos de desearle a Harry un feliz cumpleaños,

Sirius y Remus miraron enrabiados a los Dursley, especialmente a Vernon. Nadie merecía que sus cumpleaños pasaran desapercibos, mucho menos Harry. Ellos se asegurarían que en cuanto se terminase de leer la serie de libros él tuviese los más entretenidos y fabulosos cumpleaños. Su ahijado y sobrino, respectivamente, se lo merecía más que ninguno.

ninguno de los Dursley dio muestra alguna de haberse percatado de que Harry acababa de entrar en la cocina,

Gruñidos y protestas se escucharon fuertes y claros en el Gran Comedor. Mientras tanto, Dudley se encogía de hombros y Vernon apretaba los puños.

Petunia para callar los sonidos, volvió a leer.

pero él estaba demasiado acostumbrado para ofenderse. Se sirvió una tostada y miró al presentador de televisión, que informaba sobre un recluso fugado.

Harry miró oscuramente en dirección al libro. Odiaba que su padrino hubiera tenido que pasar por esa persecución cuando era completamente inocente de lo que se le acusaba. No obstante, se sentía tranquilo porque al finalizar el libro Sirius quedaría en libertad.

«Tenemos que advertir a los telespectadores de que Black va armado y es muy peligroso.

—Soy yo, ¿cierto? — preguntó Sirius, sobándose la sien.

—Sí— contestó Harry, mirando a su padrino compadecido.

Sirius asintió. Él había escuchado de aparte de Dumbledore y Remus que hasta los muggles lo buscaban para apresarlo, pero leerlo desde este libro confirmando esas habladurías era sentenciarlo cruelmente. No obstante, sabía que pertenecía al pasado y que debía estar calmado porque en unas cuantas horas más la gente descubría toda la verdad, y él sería libre al fin. Suspiró, haciendo un gesto para que la lectura continuase.

Petunia asintió, con cierto temor, volver a leer.

Se ha puesto a disposición del público un teléfono con línea directa para que cualquiera que lo vea pueda denunciarlo.»

Sirius gruñó enfadado antes de que la lectura continuase.

No hace falta que nos digan que no es un buen tipo —resopló tío Vernon echando un vistazo al fugitivo por encima del periódico

Sirius estrechó los ojos, mirando a Vernon con aspecto sombrío. En respuesta, él tembló de pies a cabeza. Al señor Dursley no le gustaba para nada ese tipo y su aspecto le provocaba miedo y repulsión.

. ¡Fijaos qué pinta, vago asqueroso! ¡Fijaos qué pelo!

—No soy ningún vago— rugió Sirius, levantándose de su puesto y quedando frente a Vernon, quien se estremeció—. Para tu información, muggle, estuve doce años apresado en una cárcel acusado por un crimen que no cometí. Y si me escapé fue solo para proteger a mi ahijado de un maldito traidor. Por tanto, no soy ningún vago ni mucho menos asqueroso—Vernon asintió en respuesta para que el mago no le pegase. Era mejor estar de acuerdo con él que tenerlo de enemigo—. En cambio tú, eres un gordo obeso.

Vernon apretó los puños. Sirius, en tanto e ignorando las miradas de curiosidad y perplejidad de gran parte del comedor, se dejó caer en su silla sobándose la sien. Sabía que tendría que soportar varios pasajes así y lo aceptaba de buena gana. Sin embargo, no lo toleraría de parte de un muggle irritante y fastidioso como lo era Vernon Dursley.

Remus, mientras tanto, miró enojado en dirección al muggle. Su amigo no tenía la culpa de haber sido arrestado injustamente ni mucho menos de estar en ese estado.

Umbrigde, en tanto, miraba a Black con los ojos entrecerrados y enrabiaba. Sin embargo, no hizo ningún comentario porque sabía que al final del libro se sabría que el prófugo era culpable y volvería a Azkaban. Sin proponérselo, esbozo una amplia sonrisa. Black lo pasaría muy mal en este libro, de eso ella estaba completamente segura.

Harry, aunque se sentía molesto, le pidió a su tía que siguiese leyendo. Ella volvió a leer en seguida, ya que no quería que su marido sufriera a manos de los magos.

Lanzó una mirada de asco hacia donde estaba Harry,

Misma mirada que Sirius, Remus, Arthur, Tonks y Molly le lanzaban a Vernon Dursley en ese preciso instante. Cada vez se encontraban más irritados con la actitud medieval de ese muggle.

Petunia, viendo aquellas miradas, volvió a leer antes de que pasase algo malo con su marido.

cuyo pelo desordenado había sido motivo de muchos enfados de tío Vernon.

—Para tu información, muggle— dijo Sirius calmadamente—. El pelo de mi ahijado siempre será desordenado. Nada de lo que hagas podrá revertir esa condición porque es una vieja maldición en los Potter.

—Generaciones de Potter han nacido con ese cabello y seguirán naciendo— añadió Remus, suspirando.

Vernon miró espantado a los dos hombres. Era imposible que una cosa de esas, debía ser una mentira. Para cerciorarse, Vernon ladeó su rostro en dirección a Harry, quién tenía una sonrisa maliciosa en el rostro, cosa que hizo estremecer al Dursley. Son todos unos locos psicópatas. Me quiero ir de aquí rápido.

Luego de eso, le suplico a su mujer que siguiese leyendo. Ella lo hizo sin demoras.

Sin embargo, comparado con el hombre de la televisión, cuya cara demacrada aparecía circundada por una revuelta cabellera que le llegaba hasta los codos,

Sirius se estremeció ante aquella descripción, pero la dejó pasar.

Harry parecía muy bien arreglado.

—Siempre lo estás — le susurró Ginny en el oído.

Harry le dio un pequeño beso en los labios y ella lo aceptó gustosa. No obstante, alguien se aclaró la garganta: Ron, Charlie y Bill le enviaban una mirada de advertencia. Harry rodó los ojos, envolvió a Ginny por la cintura y siguió escuchando a su tía, ignorando a "sus cuñados".

Volvió a aparecer el presentador.

«El ministro de Agricultura y Pesca anunciará hoy…

Sirius suspiro aliviado. No le gustaba y no le gustarían las partes que hablasen mal de él.

¡Un momento! —ladró tío Vernon, mirando furioso al presentador

Misma mirada que le lanzaba Sirius a Vernon. El muggle lo estaba sacando de sus casillas.

. ¡No nos has dicho de dónde se ha escapado ese enfermo! ¿Qué podemos hacer? ¡Ese lunático podría estar acercándose ahora mismo por la calle!

—Quieres saber de dónde me escapé, muggle idiota— gruñó Sirius. El comedor, de pronto, se sumió en un silencio tenso mientras miraban al animago con miedo—. Me escapé de Azkaban, una asquerosa prisión que es custodiada por los dementores— Dudley y Petunia tragaron saliva, recordando la única vez que los tuvieron enfrente. Eran aterradores y no se imaginaban a una persona, cualquiera que sea, durante años cerca de ellos. Les producía escalofríos—, sólo para proteger a Harry de los traidores y de las humillaciones de vivió y estaba viviendo. Tú nada podías hacer— continuó Sirius gritando—, porque justamente me estaba acercando a tu preciosa calle para encontrar tu casa, meterme adentro silenciosamente y pulverizarte, ¡entiendes o te hago un dibujito!

—Tú, no— tartamudeó Vernon nervioso—.Es imposible, me hubiese dado cuenta que un asesino psicópata estaba rondando nuestra casa.

Aunque la gran mayoría estuvo de acuerdo con las palabras del muggle, nadie emitió comentario alguno.

—Sí tío Vernon— sonrió Harry—. Es absolutamente cierto lo que dice. Él se estaba acercando a tu casa de a poco porque quería verme antes de entrar a Hogwart.

En la mesa de profesores, Umbridge gruñó por lo bajo y anotó en un papel algo que nadie vio, pero que hacía referencia a los motivos para volver a apresar al reo. Sin embargo, algo interrumpió su escritura:

—Y nosotros— Ron se apuntó a sí mismo y a Hermione—, podemos dar fe que aquello ocurrió.

Los tres amigos junto a Sirius sonrieron ampliamente, mientras los demás seguían mirándolos estupefactos.

—Se darán cuenta en el siguiente capítulo— les aseguró Harry, haciéndole un gesto a su tía para que siguiese leyendo.

Ella siguió leyendo, temerosa por lo que había dicho Sirius y la confirmación de su sobrino.

Tía Petunia, que era huesuda y tenía cara de caballo,

Petunia enrojeció hasta la médula, mientras la gran mayoría reía por lo bajo. Rápidamente, ella continúo leyendo.

se dio la vuelta y escudriñó atentamente por la ventana de la cocina. Harry sabía que a tía Petunia le habría encantado llamar a aquel teléfono directo.

Petunia asintió de acuerdo con esa línea y siguió leyendo.

Era la mujer más entrometida del mundo, y pasaba la mayor parte del tiempo espiando a sus vecinos, que eran aburridísimos y muy respetuosos con las normas.

Nuevamente, la tía de Harry enrojeció hasta la raíz del cuero cabelludo, solo que esta vez frunciendo el ceño. Ella sabía que era entrometida y chismosa porque había sido así desde muy pequeña, pero otra cosa era que lo dijesen a viva voz como ocurrió en ese momento. Sin embargo, lo dejó pasar por un motivo: Los estudiantes de Hogwart se reían disimuladamente. Así que, aprovechando que ella leía, siguió leyendo.

¡Cuándo aprenderán —dijo tío Vernon, golpeando la mesa con su puño grande y amoratado— que la horca es la única manera de tratar a esa gente!

—¡Cuándo aprenderán— dijo Sirius, imitando la acción de Vernon en el libro— que San mungo o Azkaban es la única manera de tratar a los muggles como ustedes!

Vernon se estremeció levemente, pensando en Azkaban, esa prisión que tanto nombraban los magos. Sin ser consciente, tragó saliva, mientras los demás reían por lo bajo.

Vernon se merecía pasar los miedos más terribles del mundo y este era solo uno de ellos.

Dudley, por otra parte, ladeaba la cabeza de lado a lado. Sentía pena de su padre, pero creía que a lo mejor con esto él cambiaría su pensamiento. Luego, suspiró y esperó a que su madre continuase leyendo.

Muy cierto —dijo tía Petunia, que seguía espiando las judías verdes del vecino.

Petunia arrugó el ceño antes de continuar.

Tío Vernon apuró la taza de té, miró el reloj y añadió:

Tengo que marcharme. El tren de Marge llega a las diez.

Harry apretó los puños. Odiaba a tía Marge desde el fondo de su alma y entre más pensaba en lo que le había ocurrido, más se alegraba de haberla inflado. Ella se lo merecía con creces. Esbozó, entonces, una sonrisa y miró de reojo a tío Vernon. Casi rió al ver la expresión angustiada y colérica posada en el rostro de su tío, pero se contuvo. Vernon sufriría las consecuencias de los actos de tía Marge, o al menos parte de aquel sufrimiento.

Luego, suspiró y espero a que su tía Petunia, otra persona que podría sufrir por culpa de Marge, se dispusiese a leer de nuevo.

Harry, cuya cabeza seguía en la habitación con el equipo de mantenimiento de escobas voladoras, volvió de golpe a la realidad.

Harry suspiró antes de seguir escuchando la lectura.

¿Tía Marge? —barbotó—. No... no vendrá aquí, ¿verdad?

—Por desgracia, sí—se respondió Harry, arrugando la frente.

Tío Vernon se puso rojo de ira, sin embargo, se abstuvo de decir cualquier cosa. Lo mejor era quedarse callado en vez de enfrentar a los magos.

Los demás no podían dejar de preguntarse la razón por la cual Harry Potter hablaba de aquella manera de esa señora. Supusieron que debía ser algo malo para que él le tuviese ese rencor, pero sabían que pronto lo averiguarían, por lo que, dejaron que Petunia Dursley siguiese leyendo.

Tía Marge era la hermana de tío Vernon.

—Me hago una imagen mental de cuán desagradable puede ser esa "tía Marge", teniendo en cuenta de quién es pariente — dijo Sirius, mirando burlonamente a Vernon, quien se volvió morado de la rabia que sentía.

El resto del comedor, rió por lo bajo y tía Petunia, para callar a las personas y salvar a su marido, siguió leyendo con rapidez.

Aunque no era pariente consanguíneo de Harry (cuya madre era hermana de tía Petunia), desde siempre lo habían obligado a llamarla «tía».

Sirius, Remus, Tonks, Molly y Arthur gruñeron ante esa línea. Petunia decidió seguir leyendo.

Tía Marge vivía en el campo, en una casa con un gran jardín donde criaba bulldogs.

Sirius se quejó y apretó los dientes. Algo lo hacía pensar que esos perros no eran felices con Marge.

No iba con frecuencia a Privet Drive porque no soportaba estar lejos de sus queridos perros,

Sirius rodó los ojos, mientras Remus negaba con la cabeza.

pero sus visitas habían quedado vívidamente grabadas en la mente de Harry.

Harry hizo una mueca de desagrado y miró enojado a sus tíos. Ambos se estremecieron, pero lo dejaron pasar. Petunia, agradeciendo que tuviera el libro en sus manos, siguió leyendo.

En la fiesta que celebró Dudley al cumplir cinco años,

Ahora fue Dudley el que hizo una mueca de desagrado. Lo único que le gustaba de su tía era que le daba dinero, nada más. A él le asfixiaba que lo tratase como un niño consentido, cosa que aún ocurría, para desgracia suya.

tía Marge golpeó a Harry en las espinillas con el bastón para impedir que ganara a Dudley en el juego de las estatuas musicales.

Silbidos de protestas fue lo único que se escuchó en el comedor, mientras que Vernon se le ponía, una vez más, su rostro morado de ira.

—Si alguna vez tengo a esa mujer enfrente mío, no duden en que la hechizaré. Nadie impide que mi ahijado no gane un juego porque la tía es una tramposa— rugió Sirius, mirando a Dursley oscuramente. Tío Vernon se estremeció.

—Ni mucho menos lo golpean con un bastón— estrechó los ojos Remus, mirando amenazadoramente a Vernon.

El muggle tiritó. Esos dos hombres serían un martirio para él. De eso estaba segurísimo dado a que siempre le tocaba a él el castigo. Suspiró y le rogó a su esposa que continuará, porque quería que los magos se callasen y que esos dos no lo siguiesen mirando como lo hacían. Petunia, entendiendo a Vernon, siguió leyendo sin demoras.

Unos años después, por Navidad, apareció con un robot automático para Dudley y una caja de galletas de perro para Harry.

Sirius estrechó los ojos y maldijo entre dientes. Remus miró oscuramente. Tonks gruñó. Arthur apretó los dientes. Molly frunció el ceño y se cruzó de brazos. Ron apretó los puños. Y Hermione agarró fuertemente la varita.

Los siete se encontraban bastantes enojados y querían hechizar a Vernon en nombre de Marge, pero se estaban conteniendo porque no querían ser expulsados del comedor. Era mejor no hacer nada y seguir escuchando la lectura, por más desagradable que fuese.

Harry, en tanto, ladeaba la cabeza de lado a lado. Si reaccionaban así por una pequeñez, no quería ni imaginar lo que dirían del accidente con tía Marge. Sacudió, entonces, la cabeza y le pidió a tía Petunia que siguiese leyendo.

Ella lo hizo, frunciendo los labios ante las reacciones de esas siete personas.

En su última visita, el año anterior a su ingreso en Hogwarts, Harry le había pisado una pata sin querer a su perro favorito.

—¡Oh, vamos! — se quejó Neville, apretando los dientes—. No me digas que algo te hará esa señora, Harry.

—Algo pasará, sí; pero…— se interrumpió Harry, encogiéndose de hombros.

Todos lo miraron confundidos, especialmente sus amigos. Dudley, en cambio, trataba de no reír. Ese recuerdo aún le hacía aullar de la risa y ahora tendría que volver a recordarla. Cruzó, entonces, una mirada con Harry. Ambos se veían divertidos, aunque en caso de su primo había entrecerrado los ojos y él sabía la razón. Creía que aun le molestaba aquel hecho. Sacudió la cabeza y le hizo un gesto a su madre para que continuase leyendo. Ella lo hizo sin demoras.

Ripper persiguió a Harry, obligándole a salir al jardín y a subirse a un árbol,

La mitad del comedor tenía las mandíbulas desencajadas de la impresión y la otra mitad miraba a Harry con sorpresa.

Dudley, sonriendo por lo bajo, le hizo un gesto a su madre para que siguiese leyendo.

y tía Marge no había querido llamar al perro hasta pasada la medianoche.

Sirius apretó los puños, mientras que Remus, Tonks, Arthur y Molly gruñían.

Harry rodó los ojos y espero a que su tía continuase leyendo.

El recuerdo de aquel incidente todavía hacía llorar a Dudley de la risa.

Dudley asintió consigo mismo. Y a pesar de que se comenzaba a llevar mejor con su primo, ese recuerdo era muy gracioso para olvidarlo o no reírse.

Los demás, especialmente Sirius y Remus, miraron al joven Dursley enojados. Él, en respuesta, se encogió de hombros y le pidió a su mamá que volviese a leer.

Marge pasará aquí una semana —gruñó tío Vernon—. Y ya que hablamos de esto —y señaló a Harry con un dedo amenazador

Sirius, Remus, Tonks, Arthur y Molly gruñeron antes que Petunia continuase leyendo.

, quiero dejar claras algunas cosas antes de ir a recogerla.

Harry miró a Vernon sonriendo de oreja a oreja. Su tío tragó saliva nerviosamente, ya que estaba seguro que ninguno de esos dos hombres le tendría consideración cuando se leyese que le había dicho a Marge que Harry asistía al Centro de Seguridad San Bruto. Volvió a tragar saliva y le rogó a su mujer con la mirada que leyese lo más rápido que pudiese.

Dudley sonrió y apartó la vista de la tele. Su entretenimiento favorito era contemplar a Harry cuando tío Vernon lo reprendía.

—Ya no— se apresuró a decir Dudley, entrelazando sus dedos.

—Más te vale— gruñó Sirius.

Dudley asintió y Petunia, para que el reo no siguiese regañando a su hijo, siguió leyendo.

Primero —gruñó tío Vernon—, usarás un lenguaje educado cuando te dirijas a tía Marge.

De acuerdo —contestó Harry con resentimiento—, si ella lo usa también conmigo.

— ¡Así se habla, Harry! — aplaudió Dean.

Pronto a él se le unió Gryffindor, Hufflepuff, Ravenclaw y un par de profesores. Sirius y Remus inflaban su pecho orgullosos Igual a sus padres. No hay duda.

Segundo —prosiguió el tío Vernon, como si no hubiera oído la puntualización de Harry

Ginny gruñó. No le gustaban las partes donde se hacía ver a Harry como una persona invisible. Ella hubiera dado lo que fuera por poner en su lugar al muggle, pero se debía contener para que no la expulsaran de la sala.

Harry, dándose cuenta de esa reacción, le dio un pequeño beso. Ginny le sonrió y se acurrucó en su pecho antes de que la lectura siguiese.

: como Marge no sabe nada de tu anormalidad, no quiero ninguna exhibición extraña mientras esté aquí. Compórtate, ¿entendido?

Silbidos de protesta se escucharon a lo largo del comedor. Todos se enfadaron con aquel comentario.

—Nosotros no somos anormales— gritó Draco Malfoy, apretando los puños—. Tú eres el anormal, muggle del demonio.

Vernon retrocedió y tragó saliva, provocando los aplausos del resto del alumnado. Petunia, viendo la reacción de su marido, se apresuró a leer una vez más. Ella no quería que él saliese herido por culpa de la lectura.

Me comportaré si ella se comporta —contestó Harry apretando los dientes.

— ¡Bien dicho! — aplaudió el comedor.

Vernon ardía en rabia, pero se contuvo lo más que pudo. No quería armar una pelea ni nada por el estilo de momento.

Y tercero —siguió tío Vernon, casi cerrando los ojos pequeños y mezquinos, en medio de su rostro colorado

Pero con esta oración, Vernon tembló. A nadie le iba a gustar lo que él diría. Estaba seguro que ese tal Black y Lupin no se quedarían callados con lo que oirían. Sin ser consciente, se pasó la mano por la frente, la cual estaba llena de sudor. Esto no sería nada bueno para su integridad.

Harry, percatándose de la reacción de su tío muggle, sonrió con malicia y se frotó las manos anticipadamente. Dejaría que Sirius y Remus le dijesen unas cuantas verdades a su tío, aunque hubiese querido hacerlo él, sin embargo, se daría el gusto de dejárselo a los mejores amigos de su padre.

: le hemos dicho a Marge que acudes al Centro de Seguridad San Bruto para Delincuentes Juveniles Incurables.

Un silencio atónito e incrédulo se instaló en el Gran Comedor y durante varios minutos, nadie se movió ni emitió comentario alguno. La frase había dejado a todos desconcertados, sobre todo a Sirius, Remus, Ron y Hermione. Estos dos últimos alternaban la mirada uno con otro, perplejos. No obstante;

— ¿Perdón? — gritó Sirius indignado, interrumpiendo aquel silencio—, ¿tú le has dicho qué a esa gorda?

Sirius apuntó con el dedo a Vernon, quien tragó saliva nerviosamente.

—Ella no sabía nada de su condición— se defendió Vernon, tomando el brazo de Dudley— ¿qué querían que dijese?

— Cualquier cosa, menos que asiste a un centro de no sé qué —gruñó Remus.

—P-pero es un m-m-mago, ¿qué más podía decir? — tartamudeó, tragando saliva.

Sirius se paró y comenzó a deambular de lado a lado con las manos en su espalda. Remus imitó la acción, pero con las manos sobándose la sien. Los demás no emitían comentario alguno, incluyendo a Dudley quien miraba compadecido a su padre. Petunia frunció el ceño, abrió el libro y quiso continuar leyendo, sin embargo, Harry le envió una mirada de advertencia. Ella asintió y cerró el libro de golpe. Luego, miró la escena intensamente.

— ¿Y crees que ser mago hace que mi ahijado sea una delincuente juvenil incurable? — preguntó Sirius, parando enfrente de Vernon.

—N-no— contestó, aferrándose fuertemente del brazo de su hijo—. De ninguna manera, señor.

—Entonces, ¿para qué le dijiste eso a aquella señora? — le interrogó Remus, levantando la ceja.

—Yo…no…yo no lo sé, señor.

—¿Cuál es la finalidad de hacer eso? — insistió Sirius, apuntándolo con su varita.

—N-no lo sé, señor.

—¿Cómo no lo vas a saber, morsa? — rodó los ojos Remus.

Vernon se quedó callado, sintiendo su piel de gallina. El resto se debatía entre reír por la expresión del muggle o aplaudir a los merodeadores. Al final, optaron por seguir deleitándose con la escena.

—Espero que esta sea la última vez que dices o haces algo como esto. La próxima vez, te golpearé hasta que me canse. No es una amenaza, es una advertencia— sentenció Sirius, volviendo a su puesto. Remus asintió e hizo lo mismo que su amigo.

El muggle se pasó la mano por la frente. Quería salir corriendo de este lugar y no volver, ya que sabía que esos hombres cumplirían con su amenaza cuando leyesen lo que él y su hermana dijeron sobre los Potter. Entonces, se removió incómodo en su asiento. Este capítulo sería largo para él y su integridad física. Luego, le imploró a Petunia que siguiese leyendo.

Ella, primero, miró a su sobrino el cual asintió con la cabeza. Inmediatamente, Petunia supo que podía seguir con la lectura del capítulo.

¿Qué? —gritó Harry.

Y eso es lo que dirás tú también, si no quieres tener problemas —soltó tío Vernon.

—Los problemas los tendrás tú si es que dices o haces cualquier otra cosa en contra de mi ahijado— le advirtió Sirius, mirándolo intensamente.

—Y que no te quepa duda que tanto los señores Weasley como Tonks y yo estaremos de lado de Sirius— añadió Remus.

Todos los nombrados asintieron con la cabeza, provocando que Vernon Dursley temblara de pies a cabeza.

Albus, Minerva, Flitwick, Sprout, Snape, Hagrid y Fudge suspiraron. Esos cinco les sacarían de quicio y estaban seguros que nada podrían hacer contra ellos.

La única que no se veía feliz era Umbrigde quien tenía los labios fuertemente apretados y miraba con desdén al comedor. Sin embargo, no se atrevió a decir palabra alguna porque sabía que pronto ella tendría su venganza. Espero, entonces, que la lectura continuase.

Harry permaneció sentado en su sitio, con la cara blanca de ira, mirando a tío Vernon, casi incapaz de creer lo que oía.

—En realidad es difícil de creer lo que este señor ha hecho— siseó Ginny, entrecerrando los ojos.

—Calma, Ginny— le tranquilizó Harry, besando su cuello—. Fue solo algo momentáneo.

—Pero que aún así molesta— interrumpió Hermione, mirando con odio a Vernon.

—Además, jamás nos habías dicho esto y se supone que somos tus amigos— gruñó Ron, cruzándose de brazos—. Tus mejores amigos.

—Lo siento, chicos— se disculpó Harry—. Pero hay ciertas cosas en mi vida de las cuales no me gusta hablar porque me hacen mal. Lo deberían comprender.

—Te entendemos, no obstante, eso no quita que nos de coraje y rabia leer cómo te trata este señor y cómo te guardas todo esto para ti solo, Harry— insistió Hermione, apretando los dientes.

—Es mi forma de ser y punto— Harry apretó los puños—. No hay nada más que hacer. Ahora, déjenme escuchar la lectura. Queda mucho y no ha pasado la mejor parte.

Sus dos amigos asintieron, mientras que Ginny le ponía una mano en sobre el pecho para que él se tranquilizase.

Para fortuna de las cuatro, nadie les pregunto qué conversaban o hacían; por lo que, Petunia decidió que era mejor seguir leyendo.

Que tía Marge se presentase para pasar toda una semana era el peor regalo de cumpleaños que los Dursley le habían hecho nunca, incluido el par de calcetines viejos de tío Vernon.

Sirius, Remus, Tonks, Mollyy Arthur gruñeron entre dientes; mientras que Bill, Charlie, Ron, Hermione, Fred y George apretaban los puños.

Bueno, Petunia —dijo tío Vernon, levantándose con dificultad—, me marcho a la estación.

—Al fin se va la morsa— le susurró Hannah a Susan.

Ella asintió antes de volver a prestar atención a la lectura.

¿Quieres venir; Dudders?

No —respondió Dudley, que había vuelto a fijarse en la tele en cuanto tío Vernon acabó de reprender a Harry

Dean y Seamus miraron a Dudley oscuramente. Él, en respuesta, se encogió de hombros temblando un poco.

Duddy tiene que ponerse elegante para recibir a su tía —dijo tía Petunia alisando el espeso pelo rubio de Dudley—. Mamá le ha comprado una preciosa pajarita nueva.

Varios rieron por lo bajo, provocando el sonrojo de Dudley.

Tío Vernon dio a Dudley una palmadita en su hombro porcino.

Dudley miró a su primo atónito, al tiempo que la mitad del comedor reía de la descripción del hombro.

Vuelvo enseguida —dijo, y salió de la cocina.

— ¡Por fin! — exclamó Neville, alzando las manos al cielo.

Todos asintieron. Vernon se volvió morado de la rabia y le pidió a su esposa que siguiese leyendo.

Harry, que había quedado en una especie de trance causado por el terror; tuvo de repente una idea.

Harry esbozó una media sonrisa. La idea había ido bien hasta que a tía Marge se le ocurrió decir esas cosas de sus padres. Suspiró y le pidió a su tía Petunia que continuase leyendo. Ella prosiguió con un comedor curioso por saber la idea que tuvo Harry aquel día.

Dejó la tostada, se puso de pie rápidamente y siguió a tío Vernon hasta la puerta.

Sirius frunció el ceño. Algo le decía que no le gustaría lo que se leería. Sacudió, entonces, la cabeza y siguió prestando atención al libro.

Tío Vernon se ponía la chaqueta que usaba para conducir:

No te voy a llevar —gruñó, volviéndose hacia Harry; que lo estaba mirando.

—Como si Harry quisiese ir, morsa— rodaron los ojos Neville, Ginny y Luna.

Petunia miró al trío extrañada antes de seguir leyendo.

Como si yo quisiera ir —repuso Harry

Neville, Luna y Ginny le sonrieron a Harry y chocaron la mano con él, mientras la gran mayoría los miraba perplejos.

Tía Petunia prefirió seguir con la lectura del capítulo antes de volver a vivir una escena extraña como la recién vivida.

. Quiero pedirte algo. —Tío Vernon lo miró con suspicacia—. A los de tercero, en Hog... en mi colegio, a veces los dejan ir al pueblo.

—¡Oh! — exclamó Hermione, sonriendo—. Te comprendo.

—Fue una buena idea, amigo— suspiró Ron.

—Pero no funciono— se encogió de hombros Harry.

La mitad del comedor lo miró extrañado; la otra mitad, confundido. Harry rodó los ojos y le pidió a su tía seguir leyendo. Ella lo hizo sin demoras.

¿Y qué? —le soltó tío Vernon, cogiendo las llaves de un gancho que había junto a la puerta.

Necesito que me firmes la autorización —dijo Harry apresuradamente.

—¿A dónde quieres llegar, Harry? — le preguntó Sirius, intuyendo hacia donde se dirigía la conversación.

—Ya lo verás— contestó Harry, haciéndole un gesto a su tía para que continuase leyendo.

Ella asintió con cierta curiosidad posada en su rostro dado a que nunca supo de esta petición. Frunció los labios y miró a su marido enojada. Él, en respuesta, gruñó y le insistió que volviese a leer.

Petunia suspiró y siguió leyendo.

¿Y por qué habría de hacerlo? —preguntó tío Vernon con desdén.

Bueno —repuso Harry, eligiendo cuidadosamente las palabras—, será difícil simular ante tía Marge que voy a ese Centro... ¿cómo se llamaba?

— ¡Fantástico! — gritó Fred, aplaudiendo.

— ¡Fenomenal! — silbó George, impresionado.

Sirius y Remus, en tanto, chocaron las manos entre sí e inflaron sus pechos orgullosos. Los demás aplaudían, mientras Vernon se ponía morado de furia.

—Veamos qué harás ahora, muggle— se burló Justin, chocando las manos con sus compañeros de casa.

Esto aumentó los aplausos. Harry rodó los ojos, sin embargo, le pidió a su tía que siguiese leyendo. Estaba ansioso por leer a tía Marge inflándose.

Petunia, al ver el gesto de su sobrino, siguió leyendo sin demoras.

¡Centro de Seguridad San Bruto para Delincuentes Juveniles Incurables! —bramó tío Vernon.

Y a Harry le encantó percibir una nota de terror en la voz de tío Vernon.

Al igual que el comedor, el cual se frotó las manos anticipadamente.

Ajá —dijo Harry mirando a tío Vernon a la cara, tranquilo—. Es demasiado largo para recordarlo. Tendré que decirlo de manera convincente, ¿no? ¿Qué pasaría si me equivocara?

—No lo tientes, Harry— le susurró Ginny, mirándolo preocupada.

—No pasó nada— sonrió Harry.

Ginny suspiró y siguió escuchando la lectura.

Te lo haría recordar a golpes —rugió tío Vernon, abalanzándose contra Harry con el puño en alto.

Hubo treinta segundos de un silencio atónito antes que los silbidos y gritos enfurecidos inundaran al Gran Comedor. Vernon apretó los puños y lanzó un gruñido, que se perdió entre los sonidos de las protestas. No obstante, un grito sobresalió de todos.

— ¡Maldito, muggle!

Vernon retrocedió ante la furia de Sirius Black, quien se abalanzaba a él con los puños en alto, dispuesto a golpearlo. Sin embargo;

—¡Alto! — gritó Harry, poniéndose entre su tío y su padrino—. No puedo permitir esto.

—Pero, Harry— se quejó Sirius, haciendo una pequeña mueca—. Este muggle te iba a pegar.

—Lo sé, Sirius, créeme que lo sé—respondió Harry, mirando a su tío con odio—. Sin embargo, por ahora es mejor que no le hagas nada, porque lo peor está por venir.

—¿Qué quieres decir? — le preguntó Sirius, perplejo.

—Espera y verás. Yo solo te digo que no puedo permitirte que te adelantes a los hechos. Si tío Vernon sufre ahora las consecuencias por esta pequeñez, tú no podrás vengarte en unos minutos más por lo que él y tía Marge dirán.

Sirius lo miró atónito, así como también Remus, Tonks, los señores Weasley, Ron y Hermione, ¿qué significaba eso? No lo sabían, pero por la reacción de Vernon – quien emitió un gemido y se pasó la mano por la frente – supusieron que era algo grave.

—Está bien— suspiró Sirius, apretando los dientes—. No me adelantaré a los hechos.

Harry respiró aliviado y se pidió a su tío y padrino que volviesen a sus puestos. Ambos le hicieron caso. Una vez que se hubieron sentado, Sirius anotó algo en un pergamino y Petunia volvió a leer.

Pero Harry no retrocedió.

—¡Bien! — aplaudió Parvati.

Los demás la imitaron, igual aplaudieron.

Eso no le hará olvidar a tía Marge lo que yo le haya dicho —dijo Harry en tono serio.

—¡Excelente respuesta! — comentó Kingsley, hablando por primera vez en este capítulo.

La gente que estaba cerca de él, asintió de acuerdo con esas palabras.

Tío Vernon se detuvo con el puño aún levantado y el rostro desagradablemente amoratado.

Sirius y Remus levantaron el pulgar y sonrieron ampliamente. Harry se estaba defendiendo bastante bien.

Pero si firmas la autorización, te juro que recordaré el colegio al que se supone que voy, y que actuaré como un mug... como una persona normal, y todo eso.

Ron y Hermione apretaron los dientes. Su amigo no tendría que haber pasado por eso. Era detestable todo lo que aquel muggle le hacía y que ellos nunca supieron hasta hoy. Gruñeron antes de que la lectura continuase.

Harry vio que tío Vernon meditaba lo que le acababa de decir; aunque enseñaba los dientes, y le palpitaba la vena de la sien.

El comedor se inclinó un poco más al libro, sabiendo que Vernon cedería ante la petición.

De acuerdo —atajó de manera brusca

Alumnos, profesores y adultos aplaudieron. Vernon, en tanto, apretó los puños enrabiado.

, te vigilaré muy atentamente durante la estancia de Marge. Si al final te has sabido comportar y no has desmentido la historia, firmaré esa cochina autorización.

La profesora McGonagall frunció el ceño y apretó los labios con fuerza. Para ella era difícil y doloroso enterarse de que el hijo de dos de sus mejores alumnos sufriera de esta forma. Sin querer, le gruñó a Albus antes de que la voz de Petunia Dursley la sacase de sus pensamientos.

Dio media vuelta, abrió la puerta de la casa y la cerró con un golpe tan fuerte que se cayó uno de los cristales de arriba.

La mitad le gruñó al tío Vernon, mientras la otra se cruzaba de brazos.

Harry no volvió a la cocina. Regresó por las escaleras a su habitación. Si tenía que obrar como un auténtico muggle, mejor empezar en aquel momento.

Harry suspiró antes de volver a escuchar a su tía.

Muy despacio y con tristeza, fue recogiendo todos los regalos y tarjetas de cumpleaños y los escondió debajo de la tabla suelta, junto con sus deberes.

Sirius, Remus, Tonks y los señores Weasley gruñeron.

Se dirigió a la jaula de Hedwig. Parecía que Errol se había recuperado.

Percy miró aliviado al libro.

Hedwig y él estaban dormidos, con la cabeza bajo el ala. Suspiró. Los despertó con un golpecito.

Dudley se comenzó a sentir realmente mal por su primo. Harry no se merecía haber pasado por todo aquello por culpa de su familia. Miró, entonces, apenado a su madre. Petunia captó la mirada de su hijo, pero mantuvo una expresión neutral y siguió leyendo.

Hedwig —dijo un poco triste—, tendrás que desaparecer una semana. Vete con Errol. Ron cuidará de ti. Voy a escribirle una nota para darle una explicación.

—Una explicación bastante vaga para lo que realmente aconteció, he de decir— dijo Ron, acaparando la atención del comedor—: "Querido Ron — comenzó a recitar—: Vendrá la hermana de mi tío Vernon, que no sabe que soy mago. Por lo tanto, no puedo tenerla en casa. Cuida de Hedwig, nos vemos en Kring Kross. Saludos, Harry"

Harry sintió su rostro cubrirse de color rojo al tiempo que entrelazaba sus dedos. Los demás lo miraban perplejos.

—Tía Petunia, siga leyendo, por favor — le rogó Harry.

Ella asintió y volvió a leer.

Y no me mires así.

Hedwig lo miraba con sus grandes ojos ambarinos, con reproche.

Harry se sobó la sien antes de seguir prestando atención a la lectura.

No es culpa mía. No hay otra manera de que me permitan visitar Hogsmeade con Ron y Hermione.

—Sí la hubo— le sonrió Harry a Ron y Hermione.

Ellos dos asintieron. Para suerte de los tres, nadie a excepción de Ginny, los oyó.

—Ya lo sabrás— le prometió Harry, besando su mejilla.

Ella, en respuesta, asintió con la cabeza y se acurrucó más fuerte al pecho de su novio. Billy y Charlie entrecerraron los ojos antes eso.

Diez minutos más tarde, Errol y Hedwig (ésta con una nota para Ron atada a la pata) salieron por la ventana y volaron hasta perderse de vista. Harry, muy triste, cogió la jaula y la escondió en el armario.

Sirius y Remus apretaron los puños. Era una injustica todo lo que estaba pasando Harry.

Pero no tuvo mucho tiempo para entristecerse. Enseguida tía Petunia le empezó a gritar para que bajara y se preparase para recibir a la invitada.

Harry gimió, mientras que Petunia frunció los labios.

¡Péinate bien! —le dijo imperiosamente tía Petunia en cuanto llegó al vestíbulo.

—No funcionará —dijo Fred, negando con la cabeza.

Varios asintieron de acuerdo con él.

Harry no entendía por qué tenía que aplastarse el pelo contra el cuero cabelludo. A tía Marge le encantaba criticarle, así que cuanto menos se arreglara, más contenta estaría ella.

—No deberías pensar así— gruñó Ginny.

En respuesta, Harry se encogió de hombros y besó el cuello de ella. Ginny rodó los ojos, mientras que Sirius y Remus maldecían entre dientes.

Oyó crujir la gravilla bajo las ruedas del coche de tío Vernon. Luego, los golpes de las puertas del coche y pasos por el camino del jardín.

Varios suspiraron resignados. Vernon miró con odio a los magos.

¡Abre la puerta! —susurró tía Petunia a Harry

Harry abrió la puerta con un sentimiento de pesadumbre.

Mismo sentimiento que tenían en el comedor.

En el umbral de la puerta estaba tía Marge. Se parecía mucho a tío Vernon: era grande, robusta y tenía la cara colorada. Incluso tenía bigote,

—Veo el parecido— se burló Sirius, mientras el resto del comedor reía a carcajadas.

Vernon, una vez más, apretó los puños. Y Petunia volvió a leer para que la gente parase de reírse de su marido.

aunque no tan poblado como el de tío Vernon. En una mano llevaba una maleta enorme; y debajo de la otra se hallaba un perro viejo y con malas pulgas.

Sirius frunció el ceño, pero se contuvo de hacer comentarios que lo pudiesen perjudicar.

¿Dónde está mi Dudders? —rugió tía Marge

Mientras la gran mayoría reía, Dudley se volvía rojo de vergüenza. Petunia se apresuró a leer.

. ¿Dónde está mi sobrinito querido?

Dudley se acercó andando como un pato, con el pelo rubio totalmente pegado al gordo cráneo y una pajarita que apenas se veía debajo de las múltiples papadas.

—Harry— gimió Dudley, tapándose el rostro con las manos.

—Lo siento— se disculpó Harry, riendo.

El comedor seguía con las risas. Y Petunia se vio en la obligación de seguir leyendo.

Tía Marge tiró la maleta contra el estómago de Harry (y le cortó la respiración),

Sirius y Remus gruñeron con fuerza. Tonks se encargó que ambos se calmasen un poco para que la lectura pudiese continuar.

estrechó a Dudley fuertemente con un solo brazo, y le plantó en la mejilla un beso sonoro.

Dudley agachó su cabeza, avergonzado. Petunia, viendo la acción de su hijo, volvió a leer.

Harry sabía bien que Dudley soportaba los abrazos de tía Marge sólo porque le pagaba muy bien por ello, y con toda seguridad, al separarse después del abrazo, Dudley encontraría un billete de veinte libras en el interior de su manaza.

Dudley, Petunia y Vernon asintieron de acuerdo con aquella afirmación; mientras la gran mayoría fruncía el ceño.

¡Petunia! —gritó tía Marge

Petunia hizo una mueca antes de seguir leyendo.

pasando junto a Harry sin mirarlo, como si fuera un perchero.

Ginny gruñó, mientras que Sirius y Remus entrecerraban los ojos; y Ron y Hermione apretaban los puños.

Harry, percatándose de esas reacciones, le imploró con la mirada a su tía que continuase leyendo.

Tía Marge y tía Petunia se dieron un beso, o más bien tía Marge golpeó con su prominente mandíbula el huesudo pómulo de tía Petunia.

Petunia Dursley gruñó y frunció el ceño, sintiendo aún aquel golpe. Nadie se movió ni dijo nada, ya que quedaron sorprendidos con aquella frase y su posterior reacción.

Vernon, en cambio, sintió la ira invadir su cuerpo; entonces, apretó los puños. Su mujer le debía una explicación por aquel arrebato, pero por el momento, él deseaba que se terminase este capítulo lo más pronto posible. Así que esperó a que Petunia siguiese leyendo.

Entró tío Vernon sonriendo jovialmente mientras cerraba la puerta.

¿Un té, Marge? —preguntó—. ¿Y qué tomará Ripper?

—Ripper— se burló Sirius—. Es el peor nombre que pudiese tener un perro. Y es más, ofenden a toda la raza canina con eso.

Vernon, Petunia, Dudley y muchos otros quedaron sorprendidos con aquel comentario que no tenía razón de ser; pero lo dejaron pasar. Era mejor seguir leyendo. Y así lo entendió Petunia, quien luego de darle una mirada de desdén a Sirius, continúo con la lectura.

Ripper sorberá el té que se me derrame en el plato —dijo tía Marge

—¡Qué asqueroso! — exclamó asqueada Cho.

Petunia hizo un gesto de desagrado y siguió leyendo.

mientras entraban todos en tropel en la cocina, dejando a Harry solo en el vestíbulo con la maleta.

Seamus, Dean, Neville, Luna, Lavender y Parvati gruñeron en dirección de Vernon; quien tragó saliva.

Pero Harry no lo lamentó; cualquier cosa era mejor que estar con tía Marge.

—En eso tiene toda la razón— dijo Neville, sacudiendo la cabeza.

Varios asintieron de acuerdo con él antes de que Petunia siguiese con la lectura.

Subió la maleta por las escaleras hasta la habitación de invitados lo más despacio que pudo.

Cuando regresó a la cocina, a tía Marge le habían servido té y pastel de frutas, y Ripper lamía té en un rincón, haciendo mucho ruido.

Marietta, Susan, Hannah, Lavender y Parvati hicieron una mueca de desagrado.

Harry notó que tía Petunia se estremecía al ver a Ripper manchando el suelo de té y babas.

—Me dejó todo el suelo asqueroso— detuvo la lectura Petunia Dursley, mirando asqueada al libro—. Ese perro es sucio.

Cho y Marietta asintieron de acuerdo con ella. Petunia medio sonrió antes de volver a leer.

Tía Petunia odiaba a los animales.

Petunia asintió de acuerdo con esa frase.

¿Has dejado a alguien al cuidado de los otros perros, Marge? —inquirió tío Vernon.

El coronel Fubster los cuida —dijo tía Marge con voz de trueno

—Es mejor él que ella — comentó Justin.

Vernon volvió a apretar los puños. Y Petunia, esbozando una pequeña e imperceptible sonrisa, siguió leyendo. No podía negarlo, amaba cómo las personas del comedor reaccionaban con Marge.

. Está jubilado. Le viene bien tener algo que hacer. Pero no podría dejar al viejo y pobre Ripper. ¡Sufre tanto si no está conmigo...!

—Claro, lo que digas— dijo Luna con su singular voz.

Petunia la miró extrañada antes de continuar leyendo.

Ripper volvió a gruñir cuando se sentó Harry. Tía Marge se fijó en él por primera vez.

El comedor se quejó, mientras Harry suspiraba resignado. Esto sería difícil.

Conque todavía estás por aquí, ¿eh? —bramó.

Sí —respondió Harry

No digas sí en ese tono maleducado —gruñó tía Marge

—¿Maleducado? — parpadeó Sirius, mirando incrédulo a Vernon—, ¿es enserio?

—No lo dije yo— se defendió Vernon, tragando saliva.

—Es lo mismo, ya que es tu familia— gruñó Sirius.

—Además, es ella quien ha sido maleducada con Harry desde que llegó— añadió Remus.

Vernon tembló y se aferró a los brazos de su hijo una vez más. Petunia, viendo aquello, se apresuró a leer.

. Demasiado bien te tratan Vernon y Petunia teniéndote aquí con ellos. Yo en su lugar no lo hubiera hecho.

—Y yo en su lugar, te hubiese echado de mi casa por grosera, maleducada y antipática— declaró Molly, provocando los aplausos del comedor.

Vernon gruñó, mientras que Petunia volvió a esbozar una pequeña e imperceptible sonrisa. Luego de aquello, continúo leyendo.

Si te hubieran abandonado a la puerta de mi casa te habría enviado directamente al orfanato.

—Y yo te hubiese ido a dejar a un basurero, que es lo que le corresponde a la gente como tú— siseó Molly.

Una vez más el comedor aplaudió, aunque se podía notar en los rostros de todos que se encontraban enojados por las cosas horribles que estaba diciendo esa señora.

Harry estuvo a punto de decir que hubiera preferido un orfanato a vivir con los Dursley,

Petunia lo miró sorprendida. Vernon lo ignoró. Y Dudley agachó su cabeza, avergonzado. En cuanto a los demás, se encontraban tan perplejos que no hallaron qué decir. Tía Petunia, aún anonadada, siguió leyendo.

pero se contuvo al recordar la autorización para ir a Hogsmeade. Se le dibujó en la cara una triste sonrisa.

Misma sonrisa que tenía el comedor. Se sentían pésimos leyendo el libro. Pero, esto sirvió para que la vergüenza de Dudley aumentase.

¡No pongas esa cara! —rugió tía Marge—. Ya veo que no has mejorado desde la última vez que te vi. Esperaba que el colegio te hubiera enseñado modales.

—Modales te enseñaremos a ti— gruñó la profesora McGonagall.

Vernon tragó saliva. Esa profesora era de temer y más si lo miraban directo a él. Gimió, deseando que el capítulo acabara de una buena vez.

Tomó un largo sorbo de té, se limpió el bigote y preguntó

Cho arrugó la nariz. Esa muggle necesitaba con urgencia una clase de modales.

: ¿Adónde me has dicho que lo enviáis, Vernon?

—A un colegio asqueroso— siseó Arthur, mirando con odio a Vernon, quien una vez más tembló de cabeza a pies.

Al colegio San Bruto —dijo con prontitud tío Vernon—. Es una institución de primera categoría para casos desesperados.

Tonks gruñó.

Bien —dijo tía Marge—. ¿Utilizan la vara en San Bruto, chico? —dijo, orientando la boca hacia el otro lado de la mesa.

Sirius y Remus gruñeron, golpeando la mesa. Los comentarios de esa señora lo estaban comenzando a sacar de sus casillas y ahora podían ver porque Harry había dicho cuando comenzó el capítulo que perfectamente podría haber hecho lo que hizo mucho antes.

Bueeenooo...

Tío Vernon asentía detrás de tía Marge.

Sirius gruñó una vez más.

—Te estás ganando una golpiza, muggle— le amenazó el padrino de Harry.

Vernon deseó desaparecer de ahí en esos momentos.

Sí —dijo Harry, y luego, pensando que era mejor hacer las cosas bien, añadió—: sin parar.

Silbidos de protestas se escucharon fuertes y claros a lo largo del Gran Comedor. Nadie estaba contento con lo que estaba pasando en el libro y comprendieron la razón por la que Harry dijo lo que dijo al inicio del capítulo.

Excelente —dijo tía Marge—. No comprendo esas ñoñerías de no pegar a los que se lo merecen. Una buena paliza es lo que haría falta en el noventa y nueve por ciento de los casos.

—Una buena paliza es la que te daremos a ti, Marge, si te tuviéramos al frente— dijo Tonks, apretando los puños.

Varios asintieron de acuerdo con ella. Vernon volvió a tiritar. Estaba seguro que él recibiría un buen merecido y quería evitarlo, huyendo del lugar. No obstante, no había escapatoria posible.

¿Te han sacudido con frecuencia?

Ya lo creo —respondió Harry—, muchísimas veces.

Tía Marge arrugó el entrecejo.

Misma acción que se repetía a lo largo del comedor, solo que está vez por los comentarios de esa señora desagradable.

Sigue sin gustarme tu tono, muchacho. Si puedes hablar tan tranquilamente de los azotes que te dan, es que no te sacuden bastante fuerte.

Minerva gruñó con fuerza, así como también los demás profesores. A nadie le estaba gustando la forma en que trataba Marge a Harry.

Petunia, yo en tu lugar escribiría. Explica con claridad que con este chico admites la utilización de los métodos más enérgicos.

La gente gritó una salva de obscenidades. Era tal el punto que odiaban a Marge que sabían que si la hubiesen tenido al frente, ella sufriría con los hechizos que le lanzarían por ser tan antipática, cruel y grosera con Harry.

Tal vez a tío Vernon le preocupara que Harry pudiera olvidar el trato que acababan de hacer; de cualquier forma, cambió abruptamente de tema:

—Te has salvado por ahora, muggle — le advirtió Sirius a Vernon.

Vernon asintió, nervioso.

¿Has oído las noticias esta mañana, Marge? ¿Qué te parece lo de ese preso que ha escapado?

Sirius silbó enojado, pero Harry le pidió que se calmase. Él se tranquilizo de a poco. Petunia, entonces, considero prudente volver a leer.

Con tía Marge en casa, Harry empezaba a echar de menos la vida en el número 4 de Privet Drive tal como era antes de su aparición.

Aunque nadie lo dijo en voz alta, todos estaban de acuerdo con esa afirmación.

Tío Vernon y tía Petunia solían preferir que Harry se perdiera de vista, cosa que ponía a Harry la mar de contento.

—A todos nos pone contentos — puntualizó Tonks, cruzada de brazos.

Petunia optó por seguir leyendo.

Tía Marge, por el contrario, quería tener a Harry continuamente vigilado, para poder lanzar sugerencias encaminadas a mejorar su comportamiento.

Los gruñidos no se hicieron esperar. Todos silbaron, molestos con la actitud de Marge con Harry.

—Yo ya hubiese inflado a la ballena hace rato— le susurró Ron, hablando seriamente.

Hermione asintió, mientras Harry esbozaba una sonrisa.

A ella le encantaba comparar a Harry con Dudley,

—Y nosotros estaremos contentos de comparar al héroe del mundo mágico con un chiquillo común y corriente— gruñó Ojoloco, hablando por primera vez en este capítulo.

Todos asintieron, provocando el sonrojo de Dudley. Harry, en cambio, rodó los ojos.

y le producía un placer especial entregarle a éste regalos caros mientras fulminaba a Harry con la mirada, como si quisiera que Harry se atreviera a preguntar por qué no le daba nada a él.

—Francamente, jamás se me pasó por la cabeza preguntarle por qué no me daba regalos— dijo Harry, encogiéndose de hombros.

Los aplausos no se hicieron esperar, mientras que Vernon apretaba los dientes. Petunia, en tanto, creyó conveniente volver a leer.

No dejaba de lanzar indirectas sobre los defectos de Harry.

Remus fue el que gruñó en esta ocasión. A cada minuto que pasaba, más ganas tenían de golpear a algo, lo que fuese.

No debes culparte por cómo ha salido el chico, Vernon —dijo el tercer día, a la hora de la comida—. Si está podrido por dentro, no hay nada que hacer.

—Ahora sí que se ha pasado— gruñó Sirius, parándose y preparándose para golpear al muggle.

Harry se disponía a parar la pelea, cuando un globo con la imagen de Marge apareció en el medio del comedor.

Y aunque al principio, todos se quedaron perplejos, al siguiente instante, el globo había sido calcinado tantos encantamientos que le fue lanzado.

Luego de aquello, Petunia algo asustada, volvió a leer.

Harry intentaba pensar en la comida, pero le temblaban las manos y el rostro le ardía de ira.

Lo mismo pasaba en el comedor, salvo que se podían dar el lujo de lanzarle maleficios al globo.

«Tengo que recordar la autorización, tengo que pensar en Hogsmeade, no debo decir nada, no debo levantarme.»

Sirius, Remus, Ron y Hermione entrecerraron los ojos antes de que Petunia siguiese leyendo.

Tía Marge alargó el brazo para coger la copa de vino.

Es una de las normas básicas de la crianza, se ve claramente en los perros: de tal palo, tal astilla.

—¿Qué? — gritó Sirius, golpeando la mesa.

El comedor ardía en rabia, tanta fue esa furia que el globo fue sustituido por otro a consecuencia de las decenas de hechizos que le fueron lanzados.

—Calma Sirius— le susurró Harry, viendo los hechizos volar directo al globo de tía Marge—. Lo peor no viene aún.

Sirius lo miró anonadado, ¿todavía no venía lo peor? Esto preocupó al animago. Y no solo a él, sino a todos cuantos escucharon porque intuían que algo grave pasaría.

Ron y Hermione se miraron largamente, intranquilos. Podían entender los motivos de su amigo para que haya perdido los estribos con esa tía.

Petunia, viendo los hechizos seguir volando en dirección a aquel globo, se apresuró a leer.

En aquel momento estalló la copa de vino que tía Marge tenía en la mano.

Un silencio rotundo y perplejo se instaló en el Gran Comedor. Nadie hallaba cómo reaccionar ante lo que se acababa de leer. Era imposible esa frase.

—¿Es magia accidental? — preguntó la profesora McGonagall, mirando medio nerviosa y medio asombrada a Harry.

—Así es— confirmó Albus, ajustando sus gafas.

A la mitad del comedor se le cayeron las mandíbulas de la impresión. La otra mitad se giró en dirección a Harry atónitos.

Harry ignoró esas miradas y miró al anciano director intensamente.

—Es un fenómeno inusual que un mago controlado, a esas alturas, pierda los estribos de esa manera, provocando que ocurra magia accidental. Pero ha habido casos— puntualizó Albus suspirando Raros y desconocidos casos.

—¿Podría nombrar alguno? — pidió Neville, curioso.

—Lily— dijo Petunia antes de que el director abriese su boca y acaparando la atención del comedor.

—¿Cómo? — preguntó Harry, estremeciéndose ligeramente.

—Lo que oyes, sobrino—Petunia miró directo a los ojos de Harry. Los ojos que le recordaban tanto a su hermana fallecida y que la hacían temblar de sólo verlos—. Cuando tenía trece años, al igual que tú, hizo magia accidental. Lo recuerdo como si hubiera sido ayer. Mamá y papá no estaban en la casa y yo comencé a burlarme de su condición de bruja. No entraré en detalles, pero de un momento a otro, se enfado tanto que hizo estallar el espejo de la casa. Me asustó en su momento— confesó, estremeciéndose ante el recuerdo.

Nadie emitió comentario alguno. La confesión había dejado estupefactos a todos, sobre todo a los merodeadores, Snape, Albus y los profesores.

Harry no sabía qué pensar ni qué decir. No se esperaba aquel comentario de parte de su tía ni mucho menos se imaginaba a su madre haciendo algo como eso, aunque sabía de ante mano que ella tenía un carácter explosivo. Sin embargo, no quería seguir pensando en eso, prefirió hacerle un gesto a su tía para que siguiese leyendo. Más tarde le pediría los detalles de esa discusión.

En todas direcciones salieron volando fragmentos de cristal, y tía Marge parpadeó y farfulló algo. De su cara grande y encarnada caían gotas de vino.

Aunque aún la gran mayoría se encontraba atónito por lo que había ocurrido recientemente, igualmente se echaron a reír. Se podían imaginar a la perfección la cara de Marge con gotas de vino en ella.

¡Marge! —chilló tía Petunia—. ¡Marge!, ¿te encuentras bien?

Petunia frunció el ceño. Si ella había chillado fue precisamente porque recordó el episodio de su hermana, de otra manera, hubiese esperado que su marido interviniese en ese asunto. Suspiro, luego de aquello, y volvió a leer.

No te preocupes —gruñó tía Marge secándose la cara con la servilleta—. Debo de haber apretado la copa demasiado fuerte. Me pasó lo mismo el otro día, en casa del coronel Fubster. No tiene importancia, Petunia, es que cojo las cosas con demasiada fuerza...

La gente dudó que eso haya ocurrido así, pero lo dejaron pasar.

Pero tanto tía Petunia como tío Vernon miraban a Harry suspicazmente, de forma que éste decidió quedarse sin tomar el pudín y levantarse de la mesa lo antes posible.

Nadie se quejó porque todos hubiesen hecho lo mismo en aquella situación.

Se apoyó en la pared del vestíbulo, respirando hondo. Hacía mucho tiempo que no perdía el control de aquella manera, haciendo estallar algo. No podía permitirse que aquello se repitiera.

Y se repitió Pensó Harry, sobándose la sien.

Los demás miraban enojados a los Dursley. Petunia prefirió seguir leyendo.

La autorización para ir a Hogsmeade no era lo único que estaba en juego... Si continuaba así, tendría problemas con el Ministerio de Magia.

Fudge frunció el ceño. Ahora entendía los motivos de Harry para inflar a su tía de aquella manera y no lo culpaba, en lo absoluto.

Harry era todavía un brujo menor de edad y tenía prohibido por la legislación del mundo mágico hacer magia fuera del colegio. Su expediente no estaba completamente limpio.

Sirius gruñó y miró a Dobby enojado. El elfo se escondió debajo de la mesa.

El verano anterior le habían enviado una amonestación oficial en la que se decía claramente que si el Ministerio volvía a tener constancia de que se empleaba la magia en Privet Drive, expulsarían a Harry del colegio.

—Cosa que no ocurrirá jamás— puntualizó Tonks, haciendo sonreír a Harry.

Oyó a los Dursley levantarse de la mesa y se apresuró a desaparecer escaleras arriba.

Harry soportó los tres días siguientes obligándose a pensar en el Manual de mantenimiento de la escoba voladora cada vez que tía Marge se metía con él.

—Bueno— suspiró Hermione—. Me alegro que el manual te haya servido para controlarte un poco.

Harry sonrió a medias, ya que igualmente había perdido los estribos.

El truco funcionó bastante bien, aunque debía de darle aspecto de atontado y tía Marge había empezado a decir que era subnormal.

—Subnormal es ella— gruñó Molly.

Todos asintieron de acuerdo con la señora Weasley.

Por fin llegó la última noche que había de pasar tía Marge en la casa.

La gente aplaudió con ganas, incluyendo a los profesores. Estaban hartos de Marge.

Tía Petunia preparó una cena por todo lo alto y tío Vernon descorchó varias botellas de vino. Tomaron la sopa y el salmón sin hacer ninguna referencia a los defectos de Harry;

—Por el momento no ha pasado nada — se tranquilizó Sirius, aunque no del todo convencido, ya que recordaba a su ahijado solo en medio de la noche. Algo saldría mal, de eso estaba completamente seguro.

durante el pastel de merengue de limón, tío Vernon aburrió a todos con un largo discurso sobre Grunnings, la empresa de taladros para la que trabajaba;

Fred y George rodaron los ojos.

luego tía Petunia preparó café y tío Vernon sacó una botella de brandy.

¿Puedo tentarte, Marge?

Cho hizo una mueca de desagrado antes de que Petunia siguiese leyendo.

Tía Marge había bebido ya bastante vino. Su rostro grande estaba muy colorado.

—Borracha— murmuró Seamus, asqueado.

Sólo un poquito —dijo con una sonrisita—. Bueno, un poquito más... un poco mas... ya vale.

La gente rodó los ojos.

Dudley se comía su cuarta ración de pastel.

Dudley miró avergonzado.

Tía Petunia sorbía el café con el dedo meñique estirado. Harry habría querido subir a su habitación, pero tropezó con los ojos pequeños e iracundos de tío Vernon y supo que debía quedarse allí.

Harry miró a su tío, diciéndole con esa mirada: Tú fuiste el culpable de todo.

Vernon lo ignoró y siguió escuchando la lectura.

¡Aaah! —dijo tía Marge lamiéndose los labios y dejando la copa vacía en la mesa—. Una comilona estupenda, Petunia. Por las noches me contento con cualquier frito. Con doce perros que cuidar... —Eructó a sus anchas y se dio una palmada en la voluminosa barriga—. Perdón.

—¡Qué asco, por Merlín! — exclamaron asqueadas Cho y Marietta.

Varios le dieron la razón. Eso había sido repugnante.

Pero me gusta ver a un buen mozo —prosiguió guiñándole el ojo a Dudley—. Serás un hombre de buen tamaño, Dudders, como tu padre.

Dudley se sonrojó y le pidió a su madre que se apresurara en leer.

Sí, tomaré una gota más de brandy,

Vernon... En cuanto a éste... Señaló a Harry con la cabeza. El muchacho sintió que se le encogía el estómago.

«El manual», pensó con rapidez.

La gente gruñó y preparó su varita para hechizar al globo cuando se requiriese. Harry, en tanto, se preparaba mentalmente para lo que vendría a continuación. Y Petunia aceleró la lectura para acabar lo más pronto posible este capítulo.

Éste no tiene buena planta, ha salido pequeñajo.

Sirius y Remus gruñeron.

Pasa también con los perros. El año pasado tuve que pedirle al coronel Fubster que asfixiara a uno, porque era raquítico. Débil. De mala raza.

Sirius y Remus ardían de rabia. En cualquier momento, saltarían y golpearían a Vernon en lugar de Marge. Él sufriría las consecuencias, a pesar que estuviesen el globo justo enfrente de ellos.

Harry intentó recordar la página 12 de su libro: «Encantamiento para los que van al revés.»

Hermione se mordió las uñas y Ron entrecerró los ojos.

Como decía el otro día, todo se hereda. La mala sangre prevalece. No digo nada contra tu familia, Petunia. —Con su mano de pala dio una palmadita sobre la mano huesuda de tía Petunia—. Pero tu hermana era la oveja negra.

—Se equivoca, ballena del demonio— rugió Snape, lanzándole un hechizo al globo—. Lily no era la oveja negra de la familia, esa eres tú, Marge.

Nadie se movió ni dijo comentario alguno ante el arrebato del profesor de pociones. Harry, no obstante, lo miró confundido y extrañado, pero no dijo nada. Prefirió seguir escuchando la lectura.

Siempre hay alguna, hasta en las mejores familias. Y se escapó con un gandul. Aquí tenemos el resultado.

—Lily era la mejor en su familia. Es Marge la oveja negra— rugieron Sirius, Remus y Minerva, golpeando la mesa.

Los profesores asintieron y le lanzaron maleficios al globo, tratando de tranquilizarse.

Dudley, en tanto, miraba la escena asombrado. No imaginaba que su tía fuese tan querida en este mundo. Se encogió de hombros y le pidió a su madre que siguiese leyendo. Ella lo hizo sin demoras, ya que estaba comenzando a odiar a su hermana nuevamente.

Harry miraba su plato, sintiendo un extraño zumbido en los oídos.

Muchos lo miraron confundidos, pero Harry apuntó el libro. Petunia comprendió que debía seguir leyendo.

«Sujétese la escoba por el palo.» No podía recordar cómo seguía. La voz de tía Marge parecía perforar su cabeza como un taladro de tío Vernon.

Sirius apretó los puños. Ahora comprendía porque su ahijado le había dicho que lo peor estaba por venir.

Ese Potter —dijo tía Marge en voz alta, cogiendo la botella de brandy y vertiendo más en su copa y en el mantel

—Que no se atreva a meterse con mi amigo— sisearon Sirius y Remus, entrecerrando los ojos.

Vernon, de repente, encontró interesante la puerta del comedor. Quería huir de ese lugar de inmediato.

, nunca me dijisteis a qué se dedicaba.

Tío Vernon y tía Petunia estaban completamente tensos.

Igual como el comedor debido a que todos sabían que algo iba a ocurrir.

Incluso Dudley había retirado los ojos del pastel y miraba a sus padres boquiabierto.

Y en la actualidad, Dudley estaba atento a lo que dirían Sirius y Remus.

No... no trabajaba —dijo tío Vernon, mirando a Harry de reojo—. Estaba parado.

—Él no estaba parado— gritó Sirius, parándose y quedando enfrente del muggle—. Para tu información mi amigo era millonario. Se podía dar el lujo de no trabajar en toda su vida— Sirius para ese entonces tenía al tío Vernon sujeto por el cuello, mientras el comedor miraba estupefacto la escena—. Pero James Potter, a pesar de aquello, era miembro activo de la orden del fénix. Él se iba a misiones peligrosas para salvar al mundo mágico de Voldemort, ¡entiendes, muggle! — Vernon asintió—. Así que cuando cualquiera de tus amigos te pregunte por los padres de Harry tú dirás que ellos eran del FBI o la CIA -que es lo que se compara a la orden - y que murieron en una misión peligrosa.

Tras acabar su discurso, Sirius le dio un puñetazo en la nariz a Vernon. Este se tambaleó un poco y le comenzó a salir sangre. Petunia chilló, pero su marido la calló con una mirada de furia.

Entonces, se volvió a sentar con mitad del comedor mirando boquiabierto a Sirius y al muggle; el resto, conteniendo la respiración.

Harry, Remus, Ron, Hermione, Molly, Arthur, Tonks, Minerva, Hagrid, Sporut y Flitwick esbozaban amplias sonrisas.

Dudley, en tanto, se encontraba impresionado. Jamás imaginó que su tío era millonario ni mucho menos que trabajaba en una orden.

Petunia, quien luego de que Vernon la mirase de esa manera mantenía el ceño fruncido, prefirió seguir leyendo.

Lo que me imaginaba! —comentó tía Marge echándose un buen trago de brandy y limpiándose la barbilla con la manga—. Un inútil, un vago y un gorrón que...

Un millar de maleficios le llegaron al globo, que quedó nuevamente calcinado tanto hechizo que le llegó. Odiaban a Marge y querían que el capítulo se terminase luego para que nunca más se hablase de ella.

No era nada de eso —interrumpió Harry de repente. Todos se callaron.

Y en el comedor, todos contuvieron la respiración.

Harry temblaba de arriba abajo. Nunca había estado tan enfadado.

¡MÁS BRANDY! —gritó tío Vernon, que se había puesto pálido.

Al igual como estaba ahora, solo que estaba vez sus ojos viajaron hasta la puerta del comedor.

Vació la botella en la copa de tía Marge—. Tú, chico —gruñó a Harry—, vete a la cama.

No, Vernon —dijo entre hipidos tía Marge, levantando una mano.

La tensión estaba al límite, ya que quería leer qué sucedería con esto.

Fijó en los de Harry sus ojos pequeños y enrojecidos—. Sigue, muchacho, sigue. Conque estás orgulloso de tus padres, ¿eh?

—Por supuesto— se contestó a sí mismo Harry.

Nadie lo escuchó porque todos se encontraban absortos en lo que diría Marge.

Van y se matan en un accidente de coche... borrachos, me imagino...

—No murieron en ningún accidente de coche— rugió la mitad del comedor, lanzando un maleficio al globo.

Petunia optó por seguir leyendo.

No murieron en ningún accidente de coche —repuso Harry, que sin darse cuenta se había levantado.

La gente aplaudió a Harry, olvidando que habían dicho lo mismo.

¡Murieron en un accidente de coche, sucio embustero, y te dejaron para que fueras una carga para tus decentes y trabajadores tíos! —gritó tía Marge, inflándose de ira—. Eres un niño insolente, desagradecido y...

—Ahora sí que traspasó todos los límites esa señora— rugió Sirius—. Lunático, Molly, Arthur, Tonks y todo el que quiera, les dejó el globo para ustedes. Destrócenlo. Yo me encargaré de este muggle, que no hizo nada o prácticamente nada para esa ballena no dijese esas cosas.

Acto seguido, los magos y brujas se arremangaron las mangas de las túnicas, se pararon de sus asientos y formaron una fila frente al globo. Sirius, tomó a Vernon por el cuello. Pero, en ese momento, una luz brillante inundó el comedor, cegando a todos.

Cuando la luz se hubo ido, la gente se sobó los ojos y delante de ellos vieron a una señora gorda, parecida a Vernon. La perplejidad se apoderó del Gran Comedor, nadie se movía ni decía algo. Justo en ese momento, un aullador cayó del cielo y comenzó a hablar.

Pueden desquitarse con ella, lanzándole maleficios o lo que quieran. Lo importante es que sufra, tienen nuestra autorización. Además, nos las hemos arreglado para que cuando desaparezca de aquí, luego que la hechicen, Marge no recuerde nada de lo que le pasó.

Disfruten.

Cuando el aullador terminó de hablar, un silencio tenso se apoderó de las personas. Pero antes de que alguien pudiese hacer o decir algo;

—¡Marge! — chilló Vernon— Corre lo más rápido que puedas. Ahora.

Marge no comprendió a lo que se refería su hermano. Y los magos se encontraban impresionados para actuar.

—No te entiendo, Vernon— gimió Marge—. Además, ¿qué es este lugar y qué hace ese mocoso insufrible, prepotente, insolente y desagradable aquí?

Esa pregunta hizo reaccionar al comedor. Y de pronto la gente se abalanzó sobre Marge. Ella atinó a correr, esquivando los rayos de colores que le lanzaban. Sin embargo, no pudo esquivar todos y, de pronto, estaba en el suelo con un aspecto irreconocible. Su rostro se había casi desfigurado y vomitaba babosas por la boca.

Todos suspiraron aliviados, ya que se pudieron vengar de esa señora. En ese momento, la luz envolvió a Marge y esta desapareció de la vista del comedor.

Vernon y Petunia tiritaban de miedo. Dudley miraba anonadado la escena, mientras que Harry sonría satisfecho. Umbridge abría y cerraba los ojos, anonadada y pensando en expulsar a todos el comedor. En ese instante, el aullador volvió a aparecer.

Marge ha vuelto a su casa. No recuerda nada, ya no vomita babosas, pero sí quedó con la cara un poco inflamada. Pero no se preocupen, ella pensará que rodó por las escaleras.

¡Bien hecho!

Con eso, el aullador explotó y la gente aplaudió su hazaña. Luego, las personas volvieron a su puesto con tranquilidad. Cuando se hubo sentando, Petunia agarró el libro y siguió leyendo.

Pero tía Marge se cortó en seco.

Y la gente miró expectante al libro.

Por un momento fue como si le faltasen las palabras. Se hinchaba con una ira indescriptible...

Harry sonrió ampliamente y se frotó las manos anticipadamente. Ron y Hermione, viendo la reacción de su amigo, supieron que había llegado el momento.

Pero la hinchazón no se detenía. Su gran cara encarnada comenzó a aumentar de tamaño. Se le agrandaron los pequeños ojos y la boca se le estiró tanto que no podía hablar.

Al cabo de un instante, saltaron varios botones de su chaqueta de mezclilla y golpearon en las paredes... Se inflaba como un globo monstruoso. El estómago se expandió y reventó la cintura de la falda de mezclilla. Los dedos se le pusieron como morcillas...

Durante varios minutos, el silencio atónito, perplejo e incrédulo inundó el Gran Comedor. Nadie reaccionó ante lo que acontecía en el libro. Petunia, en ese momento, tuvo la delicadeza de dejar el libro de lado y mirar al comedor, aguardando lo que sucedería con una sonrisa. Esperaba que fuese algo muy bueno.

Y no se equivocó, ya que, de pronto, los aplausos, los vítores y los gritos de júbilo se escucharon fuerte y claro.

—Así se hace, Harry— silbó Fred, impresionando y riendo.

—Se merecía inflarse como un verdadero globo— dijo George, dándole una palmada en el hombro a Harry.

—Ese es mi ahijado. Hiciste algo único y épico— rió Sirius, hinchando su pecho orgulloso.

—Eres un mago brillante— vitoreó Remus, chocando las manos con Sirius.

Harry sonrió más ampliamente y chocó las manos con sus dos amigos, quienes lo miraban satisfechos.

—Un gran merecido tuvo esa ballena— Hermione aplaudió con ganas.

—Se merecía con creces inflarse— Ron rió a carcajadas.

—Ha sido lo máximo, Harry— le susurró Ginny, sonriendo.

Harry seguía con una sonrisa de oreja a oreja, mientras los demás sonreían orgullosos por lo que le había hecho a Marge.

Sin embargo, en la mesa de profesores, a pesar de la felicidad que les embargó al leer que Marge se inflaba, no pudieron dejar de mirarse estupefactos.

—Si quieren mi opinión— habló Alastor, suspirando—. Esa fue una magia accidental absolutamente poderosa, mayor que la del vidrio que se desvaneció.

—Estamos pensando en la misma línea— admitió Kingsley, mirando atónito a Harry.

—Yo no sé, pero creo que el señor Potter aún no nos ha demostrado su real potencial y estoy segura que guarda algo bajo la manga— apuntó Minerva, viendo orgullosa a su alumno.

—Pienso lo mismo que tú, Minerva— aclaró Sprout—. No todos pueden inflar de esa manera a una persona solo enfureciéndose.

—Estimados— dijo Albus, acaparando la tención de sus profesores—. Creo que esto no fue magia accidental. En mi opinión es una demostración poderos de hechizos no- verbales.

—¿Lo crees, Albus? — preguntó Fudge, perplejo. Mientras que Percy miraba atónito a sus antiguos profesores.

—No completamente, pero es probable.

—Pero también es probable que haya sido un descontrol y una magia accidental poderosísima— le contradijo Alastor.

—O ambas— añadió Flitwick, chillando.

—Creo que nunca lo sabremos— finalizó Dumbledore, dando por terminada aquella conversación.

Los profesores se quedaron callados, pero aún siguieron pensando en lo que había dicho Albus. Sin embargo, se vieron interrumpidos por la voz de Petunia, quien volvía a leer luego que terminó el alboroto.

¡MARGE! —gritaron a la vez tío Vernon y tía Petunia, cuando el cuerpo de tía Marge comenzó a elevarse de la silla hacia el techo.

La gente aplaudió con más ganas. Marge se lo merecía.

Estaba completamente redonda, como un inmenso globo con ojos de cerdito. Ascendía emitiendo leves ruidos como de estallidos.

Y ante esto, la gente rompió a reír escandalosamente.

—Se merecía eso y mucho más— se burló Sirius, provocando la ira de Vernon.

Ripper entró en la habitación ladrando sin parar.

¡NOOOOOOO!

Tío Vernon cogió a Marge por un pie y trató de bajarla,

La gente bufó y resopló indignada. Todos querían verla volar por los aires y perderse de vista para siempre.

Vernon seguía enojado, pero no decía nada. Ya había tenido suficiente con ese tal Sirius Black.

pero faltó poco para que se elevara también con ella. Un instante después, Ripper dio un salto y hundió los colmillos en la pierna de tío Vernon.

Las personas seguían riéndose, mofándose e imaginando la situación.

—Debió ser lo máximo, Harry— se rió Neville.

—Fue— sonrió Harry.

Petunia decidió volver a leer.

Harry salió corriendo del comedor, antes de que nadie lo pudiera detener; y se dirigió al armario que había debajo de las escaleras.

La gente miró confundida a Harry, quién rodó los ojos y le pidió a su tía seguir leyendo.

Por arte de magia, la puerta del armario se abrió de golpe cuando llegó ante ella.

Los alumnos se quedaron atónitos ante eso, sin hallar qué decir, se encontraban impresionados. En la mesa de profesores, en cambio, la reacción fue otra.

—Esto quiere decir que lo que supuso Albus es cierto— declaró Fudge, perplejo.

—Al parecer sí— contestó Sprout, mirando estupefacta a Harry.

—No nos adelantemos a los hechos, señores— rodó los ojos Snape—. Puede ser que haya usado magia accidental.

—Pero lo que dice el libro es demasiado para que fuese magia accidental— lo contradijo Flitwick—. Yo pienso como Albus. Utilizó hechizos no-verbales.

Todos asintieron de acuerdo con el profesor.

—No saquemos conclusiones por algo que no sabemos con exactitud. Habrá que buscar y leer otras situaciones de Harry Potter en este contexto para saberlo— habló Dumbledore, suspirando.

—Quieres decir que esperaras a que haya una situación parecida a esta, ¿no es así?

—Sí, Alastor.

Ojoloco asintió, así como los demás profesores. Albus suspiró, acomodándose sus gafas de media luna. Harry estaba demostrando ser un mago absolutamente poderoso. Luego de pensar aquello, le pidió a Petunia que siguiese leyendo. Ella asintió y la lectura continúo.

En unos segundos arrastró el baúl hasta la puerta de la casa. Subió las escaleras rápidamente, se echó bajo la cama, levantó la tabla suelta y sacó la funda de almohada llena de libros y regalos de cumpleaños.

El comedor aplaudió. Era mejor salir de esa casa que quedarse en ella y recibir un castigo de parte de Vernon.

Salió de debajo de la cama, cogió la jaula vacía de Hedwig, bajó las escaleras corriendo y llegó al baúl en el instante en que tío Vernon salía del comedor con la pernera del pantalón hecha jirones.

La gente gimió, pero esperó a que la lectura continuase para saber qué pasaría.

¡VEN AQUÍ! —bramó—. ¡REGRESA Y ARREGLA LO QUE HAS HECHO!

Sirius y Remus gruñeron ante eso, haciendo que Vernon temblase de cabeza a pies una vez más.

Pero una rabia imprudente se había apoderado de Harry. Abrió el baúl de una patada, sacó la varita y apuntó con ella a tío Vernon.

La mitad del comedor miró estupefacto a Harry, la otra mitad aplaudió despacio. En realidad, nadie sabía si estaba bien o no lo que estaba haciendo Harry Potter en el libro.

Tía Marge se lo merecía —dijo Harry jadeando—. Se merecía lo que le ha pasado. No te acerques.

—Tienes razón, Harry— sonrió Luna.

Harry le agradeció con una sonrisa.

Tentó a sus espaldas buscando el tirador de la puerta.

Me voy —añadió—. Ya he tenido bastante.

El comedor suspiro resignado.

Momentos después arrastraba el pesado baúl, con la jaula de Hedwig debajo del brazo, por la oscura y silenciosa calle.

—Es el final— anunció Petunia, suspirando lentamente.

La mitad gimió, la otra mitad aplaudió. En cuanto a Vernon, suspiro aliviado. Al fin el capítulo maldito había concluido.


Hola, ya volví.

Antes de comenzar, quería disculparme por haber tardado tanto en actualizar; pero la Universidad me tuvo realmente ocupada. Fue demasiado lo que me absorbió, más con la práctica progresiva. El lado bueno de esto es que sólo me resta los exámenes finales ( son tres los que rendiré y a partir de mañana). Así que, laotra semana no hay actualización, pero no importa porque luego tendré...¡Vacaciones de invierno! ¡Yeah! Desde el 6 de Julio hasta el 5 de Agosto, casi un mes completo. Podré actualizar más, ¿no lo creen? Además, se vienen muchas cosas para esta historia y otras cosas por ahí que no diré. Añadiré algo como recordatorio: Jamás, oiga bien, jamás abandonaré esta historia, la aprecio mucho. Y terminaré la saga completo aunque tarde unos años en hacerlo, dale.

Así que, ahora, quiero agradecer a todos los review, alertas, favoritos, son geniales chicos. Me alegra saber que esta historia gusta tanto.

Pasando a otro tema, quiero aclarar algunas cosas:

- Me estuve debatiendo mucho a causa de Marge, ya que no sabía si poner el globo en cuanto se nombró o minutos antes de inflarse; pero al final me decidí por lo que leyeron. Espero que le gustase.

-Sobre los hechizos no verbales, no estoy segura que existan, ¿alguien me dice si es así o no? Pero lo puse así porque seguí el consejo de un lector ( tú sabes quién eres) que me rogaba que hiciera un Harry Poderoso, y pensé que esto se asemejaba un poco al Harry mago poderoso xd.

-Sobre Vernon recibiendo castigo y siendo maltratado. Me gusta hacerlo sufrir y pensé que sería un buen momento para añadirle este ingrediente extra que fue sufrir por Marge Jajajajajja xd, soy perversa.

-Sobre Teddy: Lo digo desde ya, vendrá en el capítulo de: Las garras de té y un hipogrifo. Falta poco, muy poco.

-Sobre la re-edición de la piedra filosofal para los que están atentos a ella, desde el lunes 8 comienzan los capítulos nuevamente actualizados,dale.


Eso es. Ahora, responderé los review anónimos:

Yami Kagamine : Hola!, me alegro que hayas encontrado genial el capítulo. Y sí, quedó divertida la parte de Vernon, espero que con esta parte igual hayas sentido lo mismo. Fui presionada solo un poco, pero lo bueno es que ya casi termino mi semestre. Besos .

CapaPluma279 : Hola! Me alegro que hayas encotrado genial el capítulo y más los recuerdos de los merodeadores. Besos.

CHI: Hola!, ¿Seguiste extrañando mi fic? Espero que sí. Ahora estoy más relajada, creo. Solo me faltan mis exámenes finales y vacaciones de invierno, ¡yes!. Me alegro que te gustase el capítulo. Besos.

emmaupperput : Hola! Lo importa es que lo leíste y me comentaste. Eso me alegro. Me alegro que te gustase el capítulo. Estúpido y sensual Sirius, es también uno de mis personajes preferidos. Yo terminaré el libro, aunque me demoré un poco por la Uni, pero lo haré. Ya se demostrará la inocencia de Sirius. Besos.

Fiore: Hola! Me alegro que te guste la historia. Seguiré actualizando en cuanto pueda. Besos.

Marina amaya: Hola! No me agradezcas. Siempre actualizaré aunque no tenga tiempo. Me haces sonrojar. No merezco tanto, pero se agradece que me digas esas cosas. Espero que te haya gustado el cómo se tomó el comedor lo de Marge jajaja. Bueno, un poco tarde me volviste a leer, pero lo has hecho. Gracias. Besos.

Vale: Hola! Pues ya llegamos a la parte de Marge, espero que te haya gustado, besos.

Kote: Hola: Me alegro que te guste la historia. Y admito que me dejaste sorprendida con lo que pusiste. Pero luego recapacité, y tengo solo una opción para alguien que no se ha podido pasar por acá, ¿es Sev? Contesta, tiempo que no sé de él. Se agradece si es un sí o un no. Besos.

Haruka : Hola! No tienes que agradecer porque escribo esto, ya que me apasiona escribir. Me ha ido bastante bien en la Uni. Besos.

Juliana G V: Hola! Gracias, me alegra que te encante la historia. Ya las leerás, tranquila. Andaba muy ocupa con la Uni, no podía ni respirar (ok, exagero). Ya actualicé, espero que lo hayas disfrutado. Besos.

krishi26 : Hola, me alegro que te haya gustado el capítulo. Espero que disfrutes este. Besos.

Ieliza: Hola! No hay nada que agradecer, escribo por placer y porque me gusta. Me alegro que te haya hecho feliz con los capítulos. Me hace sentir bien. Espero que te haya ido bien en la U. Ya tendrás los demás capítulos, dale. Espera con paciencia. Y Teddy ya llegará. Besos.

Chloe Breacklan: Hola! Pues me agrada saber que eres una fiel lectora y agradezco la preocupación porque no había actualizado, pero ya sabes los motivos por lo que no actualicé. Seguiré siempre con la historia, aunque me demoré un montón en tener los capítulos. Besos y a tener paciencia conmigo. Besos.

Jaz: Hola! Tu petición es una orden, pero aún no es el momento de hacerla sufrir. Más avanzado los capítulos la haré sufrir. Paciencia, que tengo planeado todo lo referente a la cara de sapo JAJAJAJJAJAJAAJJA XD! Aunque tu idea no está tan alejada a lo que pensé. Gracias, me alegra saber que pienses que tengo talento para escribir. Entiendo español, estudio algo relacionado con eso. Inglés lo entiendo a veces, pero no soy ágil con ese idioma. En fin. Besos.

Guest: Hola! Ya sabes por qué no actualicé antes. Espero que lo disfrutes. Besos.

Daniela : Hola! Ya actualicé, espero que lo hayas disfrutado. Besos.

KarlitaMcgonagal: Hola! Actualicé, espero que te haya gustado. E incluí más maltrato a Vernon ajajaj xd! Besos.

Wow: Hola! Ya lo continúe, espero que te haya gustado. Y sí, es uno de los más esperados. Ya sabes los motivos para que no pueda actualizar seguido, la Uni es una cosa horrenda, pero ahora que estoy casi de vacaciones, vendrán más actualizaciones. Besos.

Ann.D.A: Hola! Me alegra que encuentres genial el capítulo. Y más las personalidades de los personajes. Ya lo tienes, espero que te haya gustado. Besos.

Gissy: Hola! Me importa que leas, pero se agradece la sinceridad. Y más agradezco que entiendas las demoras y que valdrá la pena el siguiente capítulo. Ya sabrás cómo se desarrollará el resto de la historia. Me emociona saber que te encanta lo que hago. Seguiré así. Espero verte en este capítulo comentando. Besos.

Dalia: Hola! Me alegra saber que te guste cómo escribo. Y ya tienes este capítulo. Besos.

Taba: Hola! Creo que ya lo leíste más arriba, pero el primero no está completo porque está siendo sometido a una edición completa (errores, más reacciones, etc). Espero que lo hayas entendido. Besos.


A todos los demás, los espero en los review.

Besos y saludos.

PD: Ya me dirán qué piensan del capítulo.