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CAPÍTULO 7

"Circunstancias Súbitas"


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- Sr. Rogers, permiso.

- Adelante Sr. Hummel. El motivo por el que le pedí que viniera es para informarle que usted ha sido seleccionado para ocupar el nuevo cargo de administración del hotel. Por lo general toma un año de entrenamiento, pero debido al tiempo que tiene trabajando aquí y el informe que he recibido por parte de sus superiores acerca de su desempeño, el entrenamiento será sólo de 6 semanas. Si lo aprueba, y no tengo duda de que así será, el puesto es suyo.

El ojiazul estaba totalmente atónito ante la noticia.

- El Sr. Chang entregó la copia de sus papeles y la planilla con los datos, pero dijo que usted no recordaba el número de seguro social, así que le devuelvo el documento para que complete ese y otros datos que faltaron.

- Sí, seguro. ¡Gracias!

- Sr. Hummel, le pregunté a Samantha si ella creía que usted era el indicado para el puesto, sé lo estricta que es ella y no se deja llevar por ningún agente externo que no sea el desempeño laboral de cada empleado y cuando me dijo que sin ninguna duda usted era la persona idónea, no dudé en llamarlo. Yo también lo he estado observando y es un gran empleado, siempre yendo un paso más adelante de lo que se necesita o se le solicita, amable y respetuoso con los huéspedes y sus compañeros. Realmente son una gran lista de virtudes.

- No tengo palabras Sr. Rogers.

- No necesita decir nada Sr. Hummel, sólo demostrar que no nos equivocamos al elegirlo para ese puesto.

- Muchas gracias, de verdad muchas gracias por confiar en mí y por la oportunidad.

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- Michael Robert Chang, ¿dónde estás? – el ojiazul entró furioso al espacio reservado para los empleados, ya que alguien le había informado que se encontraba ahí.

- ¡Hey Kurt! ¿Qué sucede?

- ¿Cómo te atreviste?

- No entiendo.

- ¿Por qué entregaste mis papeles para el puesto de administración? No tenías ningún derecho de hacer algo así, deja de meterte en mi vida.

- Ok, primero, no tienes por qué gritarme, segundo, lo hice porque según tú desde hace 2 años vienes solicitando ese puesto y habías entregado todo ya. Ayer hablé con Samantha sobre ti y me dijo que encantada ella te recomendaría pero que jamás había visto tus papeles. Imagínate mi sorpresa al saber que mi mejor amigo me ha mentido durante 2 años.

2 años en los que te escucho decir que quieres dejar el uniforme, que quieres dejar de ser un camarero y ocupar un mujer puesto y cuando hay la oportunidad, no la aprovechas. ¿Qué es lo que te pasa? Ese no es le Kurt que conozco.

- Eso no es problema tuyo, no tenías ningún derecho a hacerlo.

- ¿A qué le tienes miedo Kurt? Es la oportunidad de tu vida y sabes qué, tal vez no los entregas por miedo, pero no puedes pasar teniendo miedo siempre. Estos son los mejores años de tu vida, los años en los que tienes que tomar todo lo que llegue a ti para garantizarte un mejor futuro para ti y para tu hijo. Y si no lo haces, te vas a arrepentir, porque estos años no volverán.

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Kurt y Ty iban de camino a su casa – escúchame bien hijo, lo que hicimos hoy no estuvo para nada bien.

- Pero papá, no mentimos.

- Él cree que soy huésped del hotel y no uno de los camareros. Hacerle creer a una persona algo que no es cierto es igual que mentir.

- Papá pero si somos honestos, él no está detrás de tu dinero sino de ti y tu cuerpo.

- ¡Tyler Hummel no puedo creer que dijeras eso!

- Puedo ser un niño, pero me doy cuenta perfectamente de las cosas y Blaine se quedaba como bobo viéndote a los ojos, te sonreía mucho y en varias ocasiones lo sorprendí mirándote de pies a cabeza, incluso en algunos momentos cuando no te dabas cuenta, él no dejaba de mirarte el trasero.

- ¡Tyler!

- Perdón, ya sé que no te gusta que diga esa palabra.

El ojiazul no sabía si sentirse avergonzado o halagado ante la información que su hijo le había revelado.

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Otra semana empezaba y Kurt llegó al hotel con su pequeño, esta vez se lo dejó encargado a Puck.

- No hagas travesuras Ty y tú – miro a Puck – no lo consientas tanto.

- Yo no – se defendió el hombre con una sonrisa burlona.

En ese momento el ojiazul vio el periódico y se le abrieron los ojos enormes - ¿Me lo prestas?

- Seguro, llévalo, pero me lo traes luego porque todavía no lo leo.

- Claro.

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Kurt corría por el vestidor hasta que encontró a Mike y lo tomó del brazo y se lo llevó casi arrastrado a otro lado.

- ¿Qué te ocurre?

- Mira esto – le entregó el periódico.

- ¿Qué hay con esto?

- ¿Estás bromeando? Estoy en la primera plana del periódico.

- Nadie sabrá que eres tú Kurt, con esa ropa y de espalda. ¿Quién pensaría al ver la foto del famoso político con alguien, que ese alguien es Kurt Hummel?

- ¿Y si alguien me descubre?

- Por lo que más quieras, deja de ser paranoico. No va a ocurrir nada, tranquilo. Ahora relájate y vamos a trabajar.

- Pero…

- Nada Kurt, no va a pasar nada – le dio un abrazo reconfortante - ¿Mejor? Vamos a que tomes un té primero porque estás pálido.

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En un desayuno de negocios estaba Blaine con varios hombres importantes, Artie se acercó con cortesía y les dijo que tenía que informarle algo importante al moreno, el cual se levantó y fue con su asesor.

- ¿Qué sucede?

- Esto sucede – dijo enojado mostrándole el periódico – He recibido más de 100 llamadas de los diferentes medios indagando la identidad del hombre que te acompañaba en el parque y del niño. ¿Tienes idea de lo que hiciste?

- No veo cuál es el problema Artie, relájate.

- El problema es que los medios deberían estar interesados en tus cualidades no en él.

- Yo diría que tiene hermosas cualidades – rió con picardía y se fue a sentar.

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Elliot y su mejor amigo hacían ejercicio en su Suite dirigidos por un entrenador personal cuando entro Kurt – lo siento, pensé que no había nadie y venía a limpiar, regresaré después.

- Tranquilo cariño, puedes entrar – contestó el pelinegro.

- Tráeme toallas, de prisa, que para eso te pagan – dijo con prepotencia el otro hombre.

El ojiazul tenía ganas de decirle que él no tenía por qué darle órdenes, ya que no era un huésped del hotel, pero prefirió morderse la lengua, le dejó las toallas a un costado y entró a la habitación, cerró la puerta casi en su totalidad para no interrumpirlos. Llevaba entre las cosas el traje que había usado cuando salió a pasear con el político.

Alguien tocó a la puerta – Sr. Gilbert, permiso, soy Lionel.

- Dígame.

- Tengo un mensaje del señor Anderson.

- ¿Sr. Anderson?

- Sí, el Sr. Blaine Anderson.

- ¿El guapísimo político? – preguntó el amigo de Gilbert.

- Así es. Está hospedado en la Suite Marrón y quiere saber si usted acepta o no su invitación.

Elliot no entendía nada - ¿Qué invitación?

- Ayer le dejé un sobre que él le envió, tal vez no lo ha visto. Oh, mire, aquí está – se lo entregó.

Elliot lo revisó – me está invitando a almorzar – dijo sorprendido.

Kurt escuchó eso y los ojos se le abrieron como platos.

- ¿Tiene la respuesta Sr. Gilbert?

- Claro que sí Lionel, dígale que encantado almorzaré con él.

- Perfecto. Con permiso.

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- Blaine Anderson, o sea, Blaine Anderson te invitó a almorzar – decía el amigo anonadado. ¿De dónde lo conoces o qué?

- Lo conocí el año pasado en un evento, pero no pensé que se acordaría de mí. Aunque yo sentí una conexión con él, ahora me doy cuenta que Blaine también sintió esa conexión, es obvio, imagínate que después de un año se entera que coincidimos en un hotel y me invita a almorzar – Elliot estaba demasiado emocionado.

- ¡Eso es genial! Yo moriría si Blaine Anderson me hubiese invitado a comer.

- No sé qué me voy a poner, vamos a ver – dijo el pelinegro y se dirigió hacia la habitación.

Kurt corrió al baño para que no se dieran cuenta que estaba escuchando. Salió como si nada y Elliot lo detuvo – por favor muñeco, necesito que me traigas los trajes de Armani que ayer llevaste a devolver.

- Los trajes están en el closet todavía, los dejé ahí por si los quería volver a ver.

- ¡Eres maravilloso! ¡Cuánta eficiencia! ¿Me los puedes traer por favor?

- Seguro – fue a buscar los trajes y se los entregó.

- ¿Cuál crees que me debería poner? – le preguntó el millonario a su amigo.

- Yo combinaría las prendas, pero usaría algo que no tienes aquí. Me pondría una camisa transparente en color rojo, un pantalón negro muy ceñido con un color diferente en el frente y detrás, encima el saco de Armani.

- Kurt, ¿tú qué me recomiendas?

- Por favor, ¿por qué le preguntas a ese? Es obvio que apenas sabrá leer y escribir, de seguro ni habla bien. ¿Cómo crees que va a conocer de moda? – lo miró con desprecio al castaño.

El ojiazul apretó los puños y respiró profundo, puso su mejor cara y sonrió – Sr. Gilbert, le recomiendo el pantalón plisado con la camisa gris perlada que tiene en el closet, use dos botones abiertos y el saco oscuro de Armani. Eso le dará un look casual, pero elegante con un toque sexy pero sin ser vulgar ni dar el mensaje equivocado.

- ¡Eso es genial! ¡Me encanta! – Elliot sonrió, será lo que usaré definitivamente. Aunque lo de la camisa transparente suena…

- Si me permite un consejo, camisa transparente con un pantalón apretado y colores llamativos tanto en la parte del frente como en la posterior, no es algo que alguien como usted deba usar jamás, eso es para hombres desesperados que buscan sexo de una noche y que quieren que todos sepan que están totalmente disponibles a lo que venga.

- ¿Cómo te atreves? – replicó el hombre – me estás ofendiendo – no eres más que un criado imbécil.

- Oh por favor, cállate. Kurt tiene razón, es de muy mal gusto lo que sugeriste. Podrás ser mi mejor amigo, pero reconozco que en ocasiones sueles ser un tanto vulgar.

El ojiazul sonrió con autosuficiencia – Si eso es todo, me retiro.

Sí, Kurt, es todo. Gracias, de verdad eres maravilloso cariño. Voy a dar muy buenas recomendaciones de ti cuando me vaya.

- Muchas gracias señor. Permiso.

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Kurt estaba entrenando con ayuda de Lionel. Tenían que atender una comida importante le habían comunicado al ojiazul y él estaba muy empeñoso.

- Lo haces muy bien – decía el hombre mayor – Vamos a ver qué tanto has aprendido de los procedimientos para servir una mesa. Hoy estaremos cubriendo el almuerzo de la Suite Marrón.

Al escuchar eso el ojiazul se asustó, no podía presentarse ahí sin que Blaine lo viera y se diera cuenta de que él no era la persona que pensaba.

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- Sr. Anderson, soy Lionel, venimos a poner la mesa.

Blaine abrió – buenas tardes, pasen por favor, me voy a terminar de arreglar.

- Seguro, con permiso – entró seguido por Kurt quien se iba tapando con todo lo que podía y miraba asustado a todos lados.

El mayordomo le daba algunas instrucciones al castaño para arreglar la mesa y éste lo hacía muy bien, aunque era evidente que estaba nervioso y se estaba ocultando tras cualquier objeto que le fuese posible.

Kurt sonrió al ver un pingüino grande y hermoso que seguramente Blaine había comprado para Ty.

La puerta sonó – yo abro – dijo el moreno emocionado y se sorprendió al ver a un hombre alto, fornido de cabello negro y ojos azules frente a él.

- ¡Hola cielo! ¡Gracias por la invitación!

Blaine no entendía qué estaba ocurriendo y quién era ese hombre.

- Disculpa, estoy esperando a Elliot.

- Cariño, aquí me tienes. Reconozco que he cambiado un poco mi look desde el año pasado, pero soy yo. ¡Qué maravilla que quisieras que nos encontráramos aquí en tu Suite!

- ¿Elliot?

- Sí mi vida, algo me decía que tú y yo habíamos hecho conexión en el evento del año pasado – lo tomó por el rostro y lo besó suavemente en los labios, luego empezó a inspeccionar el lugar.

Blaine tenía cara de ¿WTF? Y miró asustado a Lionel mientras el pelinegro de ojos azules no dejaba de hablar.