Con ésta ya era la octava vez que miraba el despertador junto a su cama; tras haberse desvelado producto de las ansias, no halló nada mejor que alistarse antes de lo previsto. Eligió la mejor tenida posible para esta ocasión, aunque lo más sutil posible ya que sería demasiado obvio y podía asegurar que su acompañante notaría tal detalle. Aquella facultad perceptiva le fascinaba, pero al mismo tiempo le asustaba; debía ser cuidadoso o sus intenciones serían evidentes.

Recordaba en eso que encendía el cuarto cigarrillo:

"-Mañana vendré por ti cuanto antes –exclamó con convicción empuñando su mano en señal de triunfo-".

"-Realmente no pareces alguien puntual, Kougami-kun –respondió esbozando una suave sonrisa muy característica de su personalidad-".

Repetía una y otra vez aquel recuerdo. La imperturbable voz del platinado resonaba cálida e incitante en su cabeza, hasta que volvía a caer en el hecho de que se trataba de un chico.

No le era un problema es absoluto, es más; lo que realmente le hacía gracia era haber conseguido una "chance", como así le llamaba, siendo tan sólo él mismo y sin necesidad de galantería ni palabras engorrosas a las cuales debía recurrir de vez en cuando. Las chicas de hoy en día resultaban ser bastante fastidiosas a la hora de entablar una conversación mundana o para tan sólo pasar un buen rato, como la nueva inspectora, por ejemplo; tras pasar una noche juntos, al otro día huía de él evitando incluso en ocasiones su labor como superior. En cambio, con este chico que a primera vista le llamó la atención no sólo por su singular aspecto y su cabellera platinada, tocaban todo tipo de temas a la par sin necesidad de ser pedantes.

Aún recordaba el día exacto en que lo había conocido pues, cómo olvidarlo; debía hacer entrega de un par de libros que solicitó en la biblioteca central hace meses, por lo que la sanción y el regaño que le dieron no fueron mínimos y, sin embargo, sabiendo que la suspensión duraría un buen periodo, pasó de todas formas a hojear algún texto de su interés.

El piso que solía frecuentar era de los menos visitados y comprendía bien que no fuera uno de los más populares puesto que las novelas romántico-eróticas y los de autoayuda estaban en su total apogeo; pero no era algo que le preocupara, sinceramente; todo lo contrario, era feliz de poder disponer con toda libertad de los ejemplares que se encontraban ahí.

Fue entonces como conoció a su ahora acompañante. Éste se hallaba frente a la sección de ficción simplemente observando la estantería, lo cual le pareció más extraño. Era como si pudiera comunicarse con cada uno de los libros y éstos de igual manera pudieran comunicarse con él; una atmósfera inusual, por demás decir y la que a lo lejos le dejó sorprendido sin así detener su paso en dirección a él.

-No logro entender el porqué han sido catalogados como ficción. Deben estar mal de la cabeza –comentaba cruzándose de brazos a espaldas del platinado-.

-Tal vez para ellos la realidad es más bien una fantasía en vez de un hecho –respondió al comentario manteniéndose en su posición pero con un claro gesto de satisfacción al oír exactamente lo que estaba pensando- "La ficción es una forma de contar la verdad".

Aquel desconocido no habrá tardado más de dos segundos en contestarle por lo que el ejecutor parpadeó asombrado y porque la última frase le dejó un rotundo eco en los oídos ante singular respuesta.

Capítulo 1

(Segunda parte en proceso. Gracias por leer~)