DISCLAIMER: Esta historia está basada en los libros escritos por Rick Riordan, los derechos pertenecen a él.

DISCLAIMER 2: La presente historia es una traducción autorizada por el autor original vPxForerunner x. Para visitar su perfil o leer la historia original, he dejado los links directos en mi propio perfil.


(Annabeth)

La última cosa que recuerdo es estar buscando en mi memoria todas las ideas estúpidas de sesos de alga antes de que me besara y nos lanzara a ambos al río. Cuando Percy me explicó lo que se sentía caer y tomar un baño en el estigio, lo describió como la experiencia más dolorosa de su vida y viniendo de alguien que ha sido apuñalado, aplastado por el mismo cielo, envenenado, hecho explotar, etc., me hacía pensar. No creo que quiera tomar el baño pero el idiota no me dio opción y cuando me las va a pagar.

Sin embargo me di cuenta rápidamente de que me sentía bien, exceptuando por la falta de aire que usualmente encuentras bajo el agua (a menos que seas hijo de Poseidón) y podía ver todo claro a mí alrededor. Percy aún seguía a mi lado, murmurando palabras a alguien que no podía ni ver ni oír y con la cara de molestia. Al acercarme a él, agarré su mano para atraer su atención de lo que fuera que lo distrajera y que creara una burbuja de aire alrededor de mí para que pudiera respirar.

—Percy, ¿cuál es el problema? —le pregunté.

—He estado hablando con el Estigio, quien no está muy feliz de que perdiera su bendición e intentara recuperarla —me contestó haciendo volver su mirada de molestia. Ahora podía ver a una chica con piel pálida aparecer en el agua a cierta distancia, quien asumí, era la personificación del río.

—Bueno, entonces, qué es lo que quiere que hagamos, ¿no podemos mejor irnos?

—No, esa es la cosa. Nos dará su bendición pero pondrá unas condiciones especiales esta vez y no creo que te gusten.


(Percy)

La primera vez que tomé un baño en el estigio, allá en el inframundo con Nico y antes de la batalla de Manhattan, todo lo que pasó fue que Aquiles me previno de los riesgos y los sentí en cuanto puse pie en el río. El dolor fue inmenso. Ahora, esto se sentía como si realmente tomara un simple baño, me sentía tan bien que solté la mano de Annabeth (lo siento). Claro, esto fue antes de que la voz de una mujer empezara a llenar mis oídos, gracias a que venía de todos lados.

—Perseus Jackson, ¿qué estás haciendo nuevamente en mi río? Sólo doy mi bendición una vez.

—Espera, ¿eres el espíritu del río?

—Por supuesto hijo idiota de Poseidón. Al igual que los ríos de la superficie, los de inframundo también son gobernados por dioses. Incluso aunque Lethe es una inútil y nunca recuerda las reuniones, pero supongo es parte de su naturaleza… como sea, ¿qué haces en mi río, hijo del mar?

—Mi amiga y yo necesitamos la maldición de Aquiles para ayudarnos a pelear contra la horda de monstruos y ayudar a los dioses a cerrar las puertas de la muerte para detener la destrucción del mundo a manos de Gaia.

—¡No es una maldición! ¡Es una bendición! Una que rara vez doy, solo porque el tonto de Aquiles se las arregló para ser asesinado al final con la ayuda de un dios que encontró su punto débil, Luke Castellan se mató a sí mismo y tú la perdiste en el Tíber. Si no hubiera sido por mi bendición, todos ustedes hubieran muerto mucho antes. Aquiles no hubiera sido capaz de matar a los troyanos por tantos años, Luke hubiera muerto en cuanto la esencia de Kronos entró en su cuerpo y tú nunca hubieras llegado a Nueva Roma, las gorgonas te hubieran matado en cuanto dejaste la casa del lobo.

—De acuerdo, admito que fue muy útil pero no cambia las cosas. Necesitamos tu ayuda si queremos salir de aquí y salvar al Olimpo —le rogué intentando sonar lo más sincero posible.

—Haré una excepción, pero solo esta vez y habrán condiciones para esta 'maldición' como la llamas.

—¿Qué quieres decir con condiciones? —pregunté levantando la ceja a tiempo que empecé a ver formarse una figura en el agua y la voz, que antes venía de todos lados, ahora parecía venir de dicha figura.

—Condición número uno: si llegas a romper cualquier juramento hecho a nombre de mi río, morirás y tu alma no irá al inframundo, vendrá al río y pasaras una eternidad conmigo. Condición número dos: si alguno de ustedes muerte en batalla portando mi bendición, el otro perderá casi por completo la suya haciendo que se vuelva intermitente, o si tu cerebro no me entiende, protegeré al superviviente cuando yo quiera. Condición número tres: tú amiga, como la llamas, no sabrá donde se situará su punto débil, yo lo seleccionaré y es su responsabilidad el ser cuidadosa. Tú tendrás el mismo punto débil que la otra vez.

En cuanto terminó, Annabeth agarró mi mano y al voltear a mirarla me di cuenta que su cara estaba cambiando de color por la falta de oxígeno. Rápidamente hice aparecer una burbuja de aire para su alivio y concentró su atención en la figura distante con la que estaba charlando.

Decidió rápidamente cuestionarme sobre la situación y me vi obligado a explicarle las condiciones que el Estigio estaba poniendo.

—No tengo problema con las primeras dos, deberíamos poder evitar romper juramentos y hemos hecho un gran trabajo evitando morir en los últimos años pero ¿por qué no puedo saber dónde estará mi punto débil?, ¿cómo se supone que lo protegeré si no tengo idea de donde se supone que debo proteger? Podría ponerlo en cualquier lugar —finalizó con tono indignada enfocándose en la figura del río.

—Annabeth, si queremos salir de aquí no tenemos opción. Me quedaré a tu lado y me aseguraré que nada te lastime y tal vez puedas calcular tu talón de Aquiles a prueba y error si es necesario —traté de sonar seguro de lo que decía pero creo que fallé estrepitosamente juzgando su cara de horror, probablemente por mí idea de prueba y error. Parece que en su cabeza no existía más que hechos seguros, seguramente culpa de Athena y no podía concebir no conocer algo —.Mira el lado positivo, serás la cuarta persona en recibir la maldición en la historia —traté de usar su lado orgulloso y esta vez su mirada cambió. Estaba teniendo éxito —.Evita enfrascarte en combates abiertos. Usa golpear y correr como antes y nadie debería ser capaz de ser una amenaza para ti.

—Bien, pero nos quedaremos juntos de ahora en adelante y ya no quiero tener que recibir apuñalamientos dirigidos a tu espalda, como aquella vez del puente. Dioses, aún lo siento —me respondió sarcásticamente.

—Muy bien, quizás quieran prepararse, esto puede doler un poco por si no recuerdas, Perseus —el espíritu dijo y perdí la sensación de todo menos dolor. Traté de mantener la mano de Annabeth cerca de la mía con todas mis fuerzas.


(Annabeth)

Aún no podía creer que el río decidiera mantener una información tan vital en secreto pero luego recordé que sería famosa solo por llevar la maldición y sumado a todo lo que he hecho… ni modo, mí punto débil era el orgullo como me quedó claro en mi viaje al mar de los monstruos cuando escuché la canción de las sirenas. Los edificios de la ciudad Olímpica podrían ser reconstruidos decenas de veces pero la fama sería eterna, además, el punto débil de Percy lo llevaría a defenderme sin importar el costo.

Estaba pensando esto, cuando el río nos dijo que nos preparásemos. Cuando lo sentí; nada que hubiera vivido antes me hubiera preparado para lo que el río me hizo sentir, todo lo que supe era un dolor indescriptible, era como si mi terminal nerviosa estuviera en llamas. Mi cuerpo entero quería encorvarse y desaparecer pero de repente sentí una nueva sensación en mi pecho cuando Percy me agarró por la cintura y abrazó con fuerza. Empecé a ver imágenes de mi familia y amigos: primeros mis hermanos en el campo mestizo, luego mis hermanos mortales Mathew y Bobby junto a mi madrastra y mi papá, luego Atenea y la mirada de orgullo implantada en su cara cuando me nombró arquitecta del Olimpo, después Thalia y Luke en los viejos tiempos y finalmente Percy, con su cabellera negra indomable soplando una brisa imaginaria, sus ojos verde mar con la iris dorada que aún me seguía sorprendiendo; me besó y dijo dos palabras:

—Despierta.

Al despertarme me encontré a mí misma al filo del río, con Percy recostado sobre mí, mirándome preocupadamente antes de notar que mis ojos ya se encontraban abiertos y me abrazó con tanta fuerza que pudo haber aplastado a un cíclope. Punto para recordar: mi pecho es invulnerable.

—Me tenías muy preocupado. Estuviste en el río mucho más tiempo que yo e incluso la señorita Estigio no estaba segura de tu condición.

—Por Hades, ¿cómo es posible que quisieras tomar el baño por segunda vez? Fue peor que cargar el cielo —pregunté sorprendida. Después de todo ambos sabíamos lo que se sentía al tener el cielo en los hombros.

—No fue tan malo esta vez —me contestó sinceramente.

Miré devuelta al río para ver a la figura flotante sobre la superficie y tengo que decir que parecía ser una mujer muy hermosa, con pelo negro que contrastaba con su piel extremadamente pálida, incluso más que la de Hades, aunque por supuesto, Hades puede ir a la superficie de vez en cuando mientras que su río empieza en el inframundo y fluye hasta terminar en el Tártaro… supongo que no le llega mucha luz solar.

—Recuerden mis condiciones, héroes. Por mucho que me gustaría compañía, sería una pena volver a verlos —dijo a tiempo que se desvanecía bajo el agua.


(Percy)

Pues estoy feliz de que todo esto terminara, aunque no puedo evitar preocuparme por Annabeth. No conocer tu punto débil apesta y prometí que haría todo lo posible para protegerla. Estaba tan preocupado porque le tomó casi una hora para despertarse, aunque admito que se siente bien el saber la hora exacta en cada momento, pero ahora sabía que nuestra pequeña aventura aquí abajo había sido un día entero. En la superficie, nos estábamos quedando sin tiempo si queríamos alcanzar a los demás en las puertas.

Regresamos a donde Kronos se desvaneció y recogimos nuestros regalos. Annabeth ahora era capaz de usar las dagas a pesar de ser de hierro del estigio gracias a que su esencia estaba protegida del poder de absorción del alma de las dagas, mismo poder que las de Nico o las de Hades. Me sentí un poco celoso, las dagas se veían grandiosas con los tres metales fundidos en forma de hélices desde la empuñadura hasta la punta. Cuando tomé a Backbiter noté unas cuantas diferencias: ahora se encontraba bañada de bronce celestial con unas letras grabadas en oro imperial, las cuales me tomó tiempo entender gracias a mi dislexia. "Kronos me empuño en venganza, Perseus, me empuña con esperanza de arrepentirme de mis pecados, mi nombre es Maelstrom (Vórtice)". Miré la espada sostenida en mi mano y finalmente comprendí las palabras finales del titán sobre la espada y secretamente esperaba poder ayudar a que ambos legados fueran aún más grandes lo que ya había sido. Sin embargo, el nuevo nombre de mi espada me puso a pensar sobre las cuchillas de Annabeth, había que ponerles un nombre.

—Haz estado mirando esa espada una eternidad, Percy —me dijo con clara molestia en su voz y me di cuenta que ya había pasado casi media hora. La dislexia apesta, ¿por qué el grabado no pudo haber estado en griego?, pensé mientras levantaba la espada y la guardaba en la vaina para darme cuenta que ahí también estaba escrita la inscripción: en griego. Tal vez sí que tengo sesos de alga después de todo. Decidí mostrársela a Annabeth (obviamente el lado en griego) y se sorprendió aunque mostró una cara de satisfacción como si finalmente creyera que Kronos se arrepintió al final.

—Estaba pensando Annabeth, que deberíamos darles nombre a tus cuchillas, después de todo yo tengo a Contracorriente y a Maelstrom. Son armas bastante únicas y merecen también un nombre para ser recordadas —le dije mientras ya barajaba en mi mente opciones para nombrarlas.

—Supongo, pero no se me ocurre nada que les haga justicia. ¿Debería nombrarlas individualmente o contarlas como pares? Podría ponerles cualquier nombre pero realmente no viene a mi mente nada que se ajuste a ellas —me contestó sorprendiéndome, normalmente ella daría con el nombre perfecto en cuestión de segundos, después de todo era Annabeth Chase, hija de Atenea, la diosa de la sabiduría. En ese momento el nombre perfecto apareció en mi mente.

—Annabeth, sé de un nombre que se ajustará perfectamente —me miró con algo de recelo e incredulidad.

—Bien, dilo. No tenemos todo el día.

—¿Qué te parece Chasing Wisdom (Buscando sabiduría), después de todo tu apellido es Chase y bueno, tu mamá es Atenea. ¿Qué piensas? —me miró sorprendida y después una sonrisa se dibujó en su rostro a tiempo que la idea se asentaba en su cabeza. Se lanzó hacia mí y me besó. Estaba agradecido que la maldición nos dejara sentir algo o nuestro futuro podría haber sido bastante aburrido.

Cuando nos separamos, decidimos qué hacer con nuestras nuevas armas: Annabeth ató sus cuchillas a su cinturón de manera que pudiera desenvainar ambas al mismo tiempo mientras que yo me encontré en un dilema; me encontraba sosteniendo un sable de metro y medio, lo que significaba que podría ponerla en mi cintura y arrastrarla por el suelo o podía amarrarla a mi espalda para que la empuñadura estuviera detrás de mi cabeza y la punta de la espada terminara a la altura de mis rodillas, lo que haría incomodo cuando me tuviera que sentar pero en combate haría que la vaina actuara como armadura para mi punto débil, lo que era bastante conveniente debido a que no solía usar nada para cubrirme, por lo que me decanté por esta idea.

—¿Qué te parece si salimos de aquí, Percy? Creo que ya tengo suficientes recuerdos de este lugar para toda mi vida —dijo señalando el camino que Kronos nos señaló, siguiendo la orilla del estigio corriente arriba hacia los muros del Tártaro. Asentí con la cabeza y comenzamos nuestro camino en silencio, sumidos en pensamientos de todo lo que había ocurrido el día de hoy o más bien desde que llegamos al Tártaro, el tiempo parecía actuar extraño aquí abajo. Annabeth finalmente me preguntó algo que tenía molestando mi mente desde hace rato —.Percy, ¿quién crees que nos estará esperando para ayudarnos? Kronos dijo que sería tanto amigo como enemigo, ¿qué habrá querido decir con eso?

Admito que a pesar de tener algunos nombres en mente, ninguno parecía posible. Muchos habían pretendido ser nuestros amigos sólo para traicionarnos. Inmediatamente pensé en Luke pero cuando le pregunté su destino a Nico me aseguró que decidió renacer después de que le otorgaran los Eliseos. Habían algunos otros como Ethan Nakamura o Circe pero ninguno de los dos apuntaban a ser ese 'amigo'. Probablemente lo estuviera mirando desde el lado equivocado, puede ser que estemos hablando de un enemigo que terminó siendo amigo, aunque no podía recordar muchos de esos y menos alguien que pudiera estar dentro del Tártaro para brindarnos ayuda.

Después de unas cuantas horas pudimos escuchar el sonido de una cascada cerca. Cuando la oscuridad desapareció un poco, se reveló un risco tan alto como mi ojo podía alcanzar a ver y el estigio parecía estar cayendo en un lago profundo antes de volver a correr por otro lado. Cambiamos el rumbo y antes de partir pude ver una última mirada de Lady Estigio, mirándonos con tristeza en su cara. Me sentí mal por ella, atrapada siempre en el inframundo y aún peor que sus únicos visitantes o querían algo o estaban ahí para ser castigados por romper sus juramentos, los cuales eran normalmente dioses, lo que significaba que no podía castigarlos y por lo tanto, no tenía visitas.

Mientras seguimos bordeando el risco, el terreno se empezó a volver más plano y sin niebla lo que nos dejaba ver una buena distancia y pudimos observar una inmensa figura, alrededor de un kilómetro distancia, peleando con un pequeño ejército de monstruos.

Decidimos apurarnos en caso de que uno de nuestros amigos o algún dios necesitara nuestra ayuda, o tal vez sería nuestro misterioso 'amigo'. Cuando nos acercamos pude ver una figura que tenía puesta una armadura negra y empuñaba con ambas manos una gran lanza, sin embargo, se encontraba sangrando ichor dorado desde distintos puntos debajo de su armadura.

Aunque parecía estar manteniendo a raya a los atacantes, había cientos de ellos y alguno inevitablemente llegaba a tener un golpe de suerte. Cuando se volteó para atravesar a un perro del infierno que trató de atacarlo por la espalda, tuve un vistazo a su cara y entendí lo que Kronos dijo y porqué Annabeth no tenía ni idea de quién podía ser. Después de todo, ella no estuvo presente cuando robaron la espada de Hades.

—¿Conoces quién es ese, Percy? Obviamente es inmortal pero no lo reconozco de entre los dioses, aunque Kronos dijo que lo haríamos —me preguntó esperanzada que supiera quien era.

—Sí, lo reconozco. Tenemos que ayudarlo —dije antes de correr rumbo a la figura que había entablado combate con mi monstruo favorito, el hijo de Pasífae. Corrí entre las dos figuras antes de cortar desde abajo al Minotauro, directo a la mandíbula mandándolo hacía atrás, con el resto de la horda que se nos acercó cautelosamente. Unas empusas parecían estar susurrando entre ellas causando que se fueran deteniendo cuando les llegaba cualquiera que fuera el rumor. Cuando miré alrededor reconocí algunos otros monstruos, como a Geryon y Kelli, la empusa de la escuela secundaria Goode.

El gigante con armadura oscura finalmente miró hacia abajo al notarle y me miró a los ojos obteniendo que su mirada se convirtiera en una de asombro que iluminaba su cara llena de cicatrices.

—Buena entra y encantado de que finalmente llegaste. Veo que ya hablaste con mi hermano, Lord Perseus —volteé la espalda a la horda de monstruos de la cual parecía que algunos estaban huyendo de la parte de atrás.

—Me alegra volver a verte, Bob.


Buenas gente

Aquí les dejo el capítulo 3 de Titan of the Hunt. Las cosas empiezan a tomar rumbo y en el siguiente se viene algo de peleas. Ya aquí notamos los cambios de narrador entre Annabeth y Percy pero en el futuro habrán más. Comenten que es lo que más les va gustando de la historia hasta el momento :3 y recuerden evitar poner spoilers de la historia original (que les recuerdo pueden encontrarla con link directo en mi perfil).

Como siempre, agradecimientos eternos a mi beta kathitha.

Saludos
ReyAlex