::::La furia italiana:::::

Disclaimer: no, hetalia no me pertenece.

Cap 24:

Isabel Carriedo

De regreso con la historia principal weee. Se me alargo un poco el fic, pero bueno, tenía que resolver lo de la familia Vargas. Espero que les guste el ultimo capitulo.

Esperar a Rómulo para enfrentarlo, se me hace angustiante. De cierta manera había llegado a quererlo y ahora no sé qué siento… Hoy me desperté muy temprano. Con ayuda de mi sorella, preparamos el desayuno. Felicia lucía preocupada, pero intentaba esconderlo. La conozco demasiado bien, se cuándo está verdaderamente feliz y cuando no.

-Todo va a estar bien-le dije sosteniendo su mano.

-¿Lo prometes?-agrego preocupada.

-Te lo juro, yo nunca rompo mi palabra-le aseguré.

Me dedicó una sonrisa verdadera y el resto de la mañana la vi tranquila. Toda la tarde me quede sentada en el sofá, esperando a que llegara Rómulo. Antonio me hacía compañía, tratando de conversar conmigo sobre el tema, mas yo le aseguraba que no quería hablar de eso… Al final de la tarde llegó, escuche su auto, suspire hondo y de paso noté la creciente preocupación en los rostros de mis amigos, sin embargo Felicia parecía tranquila. Mi abuelo abrió la puerta y entró sonriente.

-Hola chicos, ¿Qué tal sigue tu pierna amore?-dijo acercándose a mí con la intención de abrazarme.

-¡Ni lo pienses!-exclame levantándome del sofá-Creo que esto te pertenece-le dije lanzando a sus pies el álbum que había encontrado en el ático.

-Puedo explicarlo…-contestó recogiendo el álbum.

-¡Nos mentiste todo este tiempo!

-¡No quiero volver a perderlos!-exclamó desesperado.

-No soy tu hijo-dije mirándolo con seriedad.

-Perdónenme se los suplico…

-Pero, no soy quien para juzgar-le interrumpí acercándome a él-Tú y Felicia son todo lo que tengo…

-Y eres lo que siempre anhelamos-dijo Felicia.

-Una familia-agregue.

Ambas abrazamos a nuestro abuelo, el cual no paraba de llorar, mientras nos devolvía el gesto. Escuche la exclamación de alegría de mis amigos y por algún motivo, se les ocurrió que unirse al abrazo sería una buena idea. La puerta principal se abrió nuevamente y solo pude escuchar una voz exclamar.

-¡¿Qué está pasando?! ¡¿Por qué están llorando?! ¡Contéstenme!-Brenhard nos miraba confuso.

Tras una larga explicación de lo que aconteció, el alemán pudo comprender que sucedía. Rómulo nos llevó de vuelta al internado, ya que la última semana del campamento la pasamos en mi casa. Por más increíble que me parezca, todo mi vida ha cambiado, todo lo que creía o conocía, se tornó distinto, pero sinceramente o me arrepiento de nada.

Un nuevo día llego y de alguna manera no me sentía de mal humor. Lleve a cabo mi rutina de siempre y al estar lista con uniforme, mire hacia el reloj, 4:30 am marcaba -aún tengo tiempo para volver a dormir-pensé, me acomodé en la cama empujando bruscamente a mi amigo, quien cuando duerme parece una piedra y cerré los ojos durmiendo profundamente.

-¡Lovi! ¡Lovi!-exclama Antonio sacudiéndome.

-¿Qué merda quieres?-dije levantándome de la cama.

-Ya es tarde, apresúrate-respondió acelerado.

-¿Cómo que tarde?-pregunté mientras miraba el reloj- ¡8:00 de la mañana! ¿Cómo es posible?

-Me desperté tarde y salí corriendo al baño-se excusó él.

-¿Por qué carajos no me despertaste?-le reclamé.

-No lo pensé-contestó angustiado.

-Maldito bastardo, vámonos ¿qué estás esperando?

-¡Si señor!-exclamo corriendo hacia la puerta conmigo.

Corrimos como si no hubiese un mañana, nunca antes había bajado escaleras tan rápido. Al llegar a la puerta nuestro salón, Antonio entro corriendo, sin embargo se quedó parado repentinamente, provocando que yo chocara contra él, tan fuertemente, que ambos acabamos en el suelo.

-¡¿Qué merda te pasa?!- le reclame molesta.

-¡Vargas, cuida tu boca en mi presencia!-Exclamo Brenhard parado frente a nosotros.

-¿Qué merda haces tú aquí?-le pregunte parándome frente a él.

-Chiquillo insolente, harás una plana de 1000 páginas y escribirás "debo respetar a mis mayores"-dijo levantándome por el cuello de mi camisa.

-¡Que la haga su madre!-le grité, sintiendo como me suspendía en el aire.

-¡Eres un grosero!-me regañó.

-¡Y usted un cara de papa!-respondí.

Me zafé de su agarre y le di una patada en el estómago. Todos los presentes miraban con la boca abierta, como el gigantesco alemán trataba de recuperar el aire. Brenhard me miro iracundo y preparo su puño para atacarme, sin embargo el puñetazo no impacto mi rostro, sino el de mi amigo español, el cual se metió entre el alemán y yo. Acto seguido cayó al suelo inconsciente.

-¡Lo ha matado!-gritaron en el salón.

-Mira lo que le hiciste a mi amigo-le reclamé.

-¡Él se metió!-respondió iracundo.

-Francis ayúdame a llevarlo a la enfermería-le dije al francés, el cual abrió la puerta, para que yo sacara al español a rastras.

Recibiré el regaño de mi vida, por parte de Brenhard, uno por llegar tarde y dos por insultarlo frente a la clase, pero no me importa, lo importante ahora mismo, es el bastardo noqueado que llevo en brazos, con la ayuda de Francis, logramos llegar a la enfermería. Yo me quede al lado de Antonio, ya que Francis se retiró, diciéndome que buscaría comida para mí y el inconsciente. Tras un par de minutos escuche que la puerta se abría.

-Ya era hora de que llegaras Fran…-no termine la oración ya que no fue Francis con quien me tope.

-Hola-me dijo una chica desconocida- no era yo quien esperabas ¿cierto?-agrego ella.

Sin duda es bonita, alta de cabello café, ojos verdes y una encantadora sonrisa. Se acercó a mí sonriendo y se presentó.

-Mucho gusto, me llamo Isabel Cariedo-dijo extendiendo su mano.

-Romano Vargas-respondí aceptando el gesto.

Nunca imagine que tiraría de mí para abrazarme. La aleje de mí, avergonzada e incrédula, ¿Cómo puede abrazar a alguien que ni siquiera conoce? Me miro sonriente, ni una pisca de vergüenza en su cara, ahora si la he visto todo, yo que creía que solo Antonio podía ser así.

-Hay lo siento, ¿te asuste? –preguntó, ante lo cual yo negué con la cabeza rápidamente- que bueno, es que eres adorable.

-Isabel-al voltear me encontré con Antonio ya despierto.

-Qué alegría verte Toño-dijo ella corriendo a abrazarlo.

-Sí, a mí también me alegra verte-respondió devolviendo el abrazo- Oh por cierto, Isa él es…

-No te preocupes, ya me presente-le interrumpió restándole importancia- y dime Romanito, ¿eres amigo de Toño?-preguntó curiosa.

-Romano, Ro-ma-no, ¿a quién carajo le llamas Romanito?-dije molesto.

-Se ve tan lindo cuando se enoja-respondió ella juntando sus manos con las mías.

-Sí, te lo dije-comentó Antonio sonriente.

Me zafe bruscamente de su agarre, esa chica me incomoda demasiado. Ella simplemente me sonrió. Pasándola por alto, me acerque a mi amigo para preguntarle cómo se sentía, Antonio respondió que solo le duele la cabeza, al igual que en la vez anterior en que se metió en una de mis peleas, le regañe diciéndole que yo habría esquivado el golpe sin problemas. Durante todo ese tiempo ella seguía ahí, demasiado cerca de Antonio y yo.

-Sabes, no tienes que preocuparte, yo cuidare de Toño, tú puedes ir a comer-dijo ella al escuchar la campana del receso.

-Pero Francis…

-Está bien, ve a comer-me interrumpió Antonio.

-Pues bien, me largo, total ni quería cuidarte-comenté caminando hacia la puerta.

Cerré la enfermería de un portazo -¿Quién se cree esa tipa?-pensé molesta mientras bajaba las escaleras. Finalmente decidí ir a comer con las chicas, así que me encontraba caminando, hacia el lugar en el que ellas suelen ir a comer, sin embargo me topé con Francis antes de llegar.

-¿qué haces aquí amor? Ya iba para haya, o es que me viniste a buscar-dijo galante.

-No, claro que no, Antonio se quedó con una tal Isa y ella me corrió de la enfermería-respondí molesta.

-Celosa-me dijo sonriente.

-¡¿Qué por quién coño me tomas?! No estoy celosa…celoso, celoso, ¡no estoy celoso!-grite al darme cuenta de mi error.

-Lo sabía-celebró él con alegría.

-¡Nada, no sabes nada, ni siquiera sé de qué estás hablando¡-exclame sintiendo descubierta.

-Oh querida, tenía mis dudas, pero las has aclarado todas-dijo tomando mi barbilla.

-No me toques-siseé enojada.

-Linda, quiero que pienses en esto, ya no tienes por qué esconderte tras esas ropas-comento sosteniendo mi mano-eres preciosa y si Antonio te viese otra vez, vestida de Ciara, ese beso se repetiría-finalizo besando mi mano.

-¿Cómo?...

-¿Qué? ¿Cómo supe?-me interrumpió sonriendo- siempre tuve sospechas, toda la vida… pero cuando te vi con ese bello vestido, lo supe.

-Merda-murmure bajando la cabeza con vergüenza.

-Antonio es mi mejor amigo, yo lo conozco, le gustas y mucho-dijo acariciando mi cabeza.

-¿Qué me quieres decir?

-Dile, demuestra quien eres en verdad y si tienes algún problema, déjaselo todo al hermano Francis-comentó, mientras levantaba mi cabeza con su mano.

-No puedo hacerlo, me da miedo-confesé avergonzada.

-Mon Dieu, nunca creí escuchar eso de ti-dijo con asombro.

-…-

-Oh vamos, tienes que hacer algo, que tal si te lo roban, Antonio nunca aceptará que le gustas si eres un chico-agregó guiñándome un ojo- aunque yo si lo haría.

-¡Francis!-exclamé con vergüenza.

-Es broma…bueno, más o menos-aseguró entre risas-Por favor, no pongas esa cara, una niña tan linda como tú, no debe estar triste-beso mi mejilla con amabilidad y se retiró.

Lo observe alejarse a paso lento, justo antes de cruzar a otro pasillo se volteó y me lanzo un beso. Avergonzada me di la vuelta y avance hacia el lugar al que había planeado; en el camino pensé en todo lo que Francis había dicho y en conclusión, sé que él tiene razón, suspire angustiada, mientras seguía caminando. Al llegar donde las chicas ellas me saludaron animadas, les devolví el gesto pero con menos emoción.

-¿Qué te pasa Lovi?-preguntó Julchen preocupada.

-Nada, solo estoy cansada-respondí sentándome junto a ella.

-¿Cansada?-me volvió a preguntar.

-Merda-dije agarrándome la cabeza con frustración.

-kesesesese, ya Eli me explico, tranquila-se burló.

-Ustedes son, son… Las mejores amigas del mundo-dije riéndome con fuerza.

-Lo sabemos, somos asombrosas, pero yo más-comentó Jul hablando por el grupo.

-Se lo tomo muy bien-comentó Emma sonriendo gatunamente.

-Sí, me sorprendió bastante-agregó Eli.

-Bueno chicas, mi asombrosidad se retira, mi oso me espera-dijo Julchen levantándose del suelo.

-¿Tú oso?-pregunté curiosa.

-Su novio-respondió Lily.

-Bueno, adelante, seguro que es mentira o te lo estas imaginando, ya deja las drogas Jul-le dije en broma.

-¿Da? Pues soy bastante real-dijo una voz conocida tras de mí.

-¿Ivan?

-Oh, hola Romano, así que tú eres Lovi-menciono sonriendo tenebrosamente.

-Por favor, no me llames así-dije inquieta, escuchar ese apodo saliendo de su boca, me produce escalofríos.

-Hola amor, me extrañaste, yo sé que sí, porque soy asombrosa-dijo Julchen tirando del brazo de Ivan.

Me sorprende la paciencia de ese ruso, yo ya le habría gritado que se callará. Se alejaron del grupo, mientras Julchen seguía hablando y hablando. El asunto quedo olvidado tras unos segundos, ya que me concentré en hablar con ellas. Al finalizar el receso, las chicas me acompañaron hasta mi salón. Para mi sorpresa, ahí se encontraba Isabel, ella estaba hablando con Antonio, mas al verme llegar camino apresurada hacia mí y me abrazo.

-Romanito-dijo mientras me asfixiaba.

-Sueltameee-decía siendo ignorada.

-Hey, ya suéltalo, lo asfixias-dijo Emma metiéndose en el abrazo.

-No sabía que tenías novia Romanito-comento ella desanimada.

-no somos novios-dije a la par de Emma.

-Y ya te dije que soy Romano, Ro-ma-no-expliqué molesta.

-Hay pero que lindo-comentó halando de mi mejilla.

-¡No soy lindo!-exclamé apartándome.

-Calma Lovi-dijo Antonio sosteniéndome por la espalda.

-¡Calma! ¡Yo estoy calmado!-grité inquieta.

-Romano, deja de gritar-me amenazó Brenhard entrando por la puerta del salón.

-Tú otra vez, merda-me quejé.

-Tenemos que hablar de tu castigo-dijo severo.

-Métete tu castigo por el ano-fue mi respuesta.

-¡Lovi!-exclamo Antonio preocupado.

-A si, pues usted y el joven Fernández, se quedaran en el salón por una hora, después de que suene el timbre de la salida y escribirán en sus libretas, un ensayo de cincuenta páginas, con el tema, porque no debo llegar tarde a clase…

-Ptfff, que fácil-dije bufando.

-¡Lovi!-nuevamente exclamó mi amigo.

-¡59!

-Hay por favor

-Yo creo que ya es suficiente-dijo Antonio nervioso.

-¡60!

-Creía que ya te habías cayado-respondí.

-Joder-Murmuro Antonio.

-¡68!

-¡Bingo!-exclamé, provocando la risa colectiva de todos los presentes.

-¡80!

-Te saltaste el 70

-¡99 páginas!

-Hay pobrecito no sabe contar-dije con pena fingida.

-¡100!

-Ya quiero verte revisando ese ensayo-me burlé.

-Moriré-dijo Antonio con tristeza.

Tras el incidente, traté de hablar con Antonio, sin embargo Isabel no dejaba de meterse, cada vez que trato de hablar con mi amigo, ella dice alguna tontería y lo peor de todo es que Antonio le responde. Quiero dispararle o gritarle, Isabel solo habla babosadas y lo peor de todo es que ella es talentosa y bonita. Baila, cocina, canta, es femenina y toca la guitarra, a se me olvidaba, es española. En ocasiones habla con Antonio de cosas que no entiendo y eso me enoja.

Nunca antes estuve más contenta de estar castigada, ya que al sonar la campana, todos se retiraron, hasta Isabel, definitivamente Dios me ama. Después de escribir en unas 20 páginas "llegar tarde es malo, porque Brenhard es un cara de papa", lo cual por cierto escribí con letra tamaño 98; me puse a pensar en lo que Francis me había dicho –no tengas miedo, seguramente lo tomará tan bien como las chicas-pensé aterrorizada.

-Antonio… hay algo muy importante que necesito decirte-dije en voz alta.

-Claro, dime lo que quieras-dijo sonriente.

-Quería que… bueno, lo que pasa es que yo…

-Hola~, me extrañaron-dijo Isa entrando al salón.

-¿Por qué a mí?-murmuré, para empezar a escribir nuevamente.

-Hola Isa, ¿ha pasado algo?-preguntó Antonio.

-Solo vine a hacerles compañía-comentó sonriente-¿Cómo vas con la plana Romanito?-me preguntó ella.

-Ya acabe-dije secamente.

-Entonces, ya te puedes retirar, ¿verdad?

-Me largo-dije molesta.

-¿Quieres que te acompañe?-pregunto sonriendo.

-Isabel ya déjalo tranquilo-protestó Antonio.

-Bueno, entonces me quedare contigo Toño.

Salí muy enojada, lo peor de todo, es que ella no es mala persona, simplemente, creo que le tengo celos y ahora se va a quedar con Antonio, quien sabe por cuánto tiempo. Me siento derrotada, ya que no logre decirle la verdad a él… pero qué tal si no lo toma tan bien como las chicas, que haría yo si él me odia, nunca antes me había importado la opinión de alguien, hasta ahora.

Llegué a la habitación y me lance sobre la cama, mientras pensaba de qué manera decirle sin que él se enojase conmigo. Me quede dormida entre mis pensamientos. Al cabo de unas horas desperté, ya es de madrugada y Antonio no está en la habitación, me preocupe al no verlo, él nunca se despierta tan temprano.

Me lo encontré más tarde, estaba desayunando con los de siempre, pero hoy había alguien más entre ellos…Isabel….Dios no me ayudes tanto, nótese el sarcasmo. Camine hasta ellos y los salude de mala gana, quería sentarme junto a Antonio, pero Isabel se me pego como chicle.

-Bastardo, tenemos que hablar-dije con cara de asesino en serie.

-Claro Lovi-respondió nervioso.

-¿Problemas en el paraíso?-preguntó Gilbert.

-Tendrás problemas con ya sabes quién, si me sigues jodiendo-contesté malhumorada.

-Antonio contrólalo, deberías comprarle un bozal-dijo burlón.

Haciendo caso omiso a las palabras de Gilbert, me lleve a Antonio, halándolo del brazo. Tras verificar que no hubiese nadie en el pasillo, lo mire con seriedad, más él parecía muy tranquilo, cosa que me tranquilizo un poco.

-¿Qué querías decirme?-pregunto inocente.

-Lo que pasa es que yo… bueno soy ammm…

-Chicos al fin los encuentro-dijo Isabel corriendo hacia nosotros.

En fin, pase toda la semana tratando de decirle la verdad al bastardo, pero cada vez que lo intentaba, Isabel salía de la nada y me interrumpía, al cabo de una semana deje de intentarlo, puesto que ya no sabía qué hacer, para encontrar un momento de privacidad.

Siendo el fin de semana, creí que encontraría el momento perfecto para hablar con mi amigo, sin embargo me equivoque, Isabel permaneció con nosotros todo el día.

-Chicos iré al baño, ya vuelvo-dijo Isabel separándose de nosotros.

El momento perfecto. Cuando vi que ya estaba lo suficientemente lejos, halé del brazo de Antonio, llevándomelo lejos de ahí con prisa.

-¿A dónde vamos, no vas a esperar a Isa?-me preguntó.

-Olvide algo en nuestra habitación-me justifiqué falsamente.

-Pero Isa llegará y no nos encontrará-respondió-déjame mandarle un mensaje para que no se preocupe.

-No, luego nos encontramos con ella

-Lovi, no seas así, pobre Isa…

-Y una merda, Isa esto, Isa lo otro, Isa, Isa, Isa, es de lo único que hablas, ¡Ya me tiene harto la Isa esa!-exclamé encarando a mi amigo.

-Romano, Isabel es…

-Sabes que, vete con tu Isabel, ¡no me interesa lo que tengas que decirme!-grite molesta.

-Lovi déjame hablar-me pidió.

-No quiero escucharte maldición, desde que llego esa, se la pasa metiéndose y metiéndose ¡me tiene harto esa metiche!-le reclame.

-¡No hables así de Isabel!-exclamo molesto.

-¡Hablo como se me venga en gana, de quien me dé la reverendísima gana!-grite empujándolo.

-¿qué te pasa?-me haló del cuello de mi camisa.

-Suéltame-murmuré.

-No hasta que me escuches-contestó severamente.

-¡Qué me sueltes te dije!-exclamé empujándolo tan fuerte, que cayó al suelo.

-Lovi…-me miraba confuso.

-¿Que acabo de hacer?-pensé preocupada.

La vergüenza me hizo huir, corrí hasta llegar a mi cuarto y cerré la puerta tras de mí –me va a odiar-pensé angustiada. Tras un par de horas, descubrí que mi amigo no me buscaría como en otras ocasiones, esperé un par de minutos más, pero nunca llego. Entristecida salí de la habitación. Mis pies me llevaron a la oficina de mi abuelo, el cual al verme se alarmó.

-Amore, ¿por qué lloras?-me pregunto preocupado.

-Estoy cansada-murmuré.

Su mirada es confusa, sé que él no entiende a que me refiero, pero simplemente quería que alguien me escuchara, que me abrazaran y así él lo hizo. Me dejo llorar todo lo que necesité y al finalizar, me pidió que le explique.

-Ya no quiero ser Romano nonno-respondí.

-Está bien bella, yo te apoyaré en todo…

-Pero, es que no sé cómo dejar de serlo-le explique.

-Cuando estés lista, podrás dejarlo fácilmente-contestó él.

-No quiero esperar-me quejé.

-Eres idéntica a tu padre, igual de impaciente-dijo mientras suspiraba-Dime, ahora ¿Qué hiciste?-me pregunto preocupado.

-Traté mal a mi mejor amigo

-Pues búscalo y discúlpate de corazón- dijo con simpleza.

-No es tan fácil-respondí.

-Escúchame bien amore, será tan fácil como tú quieras que sea-me aconsejó sonriente.

-Tienes razón-dije animada-iré disculparme ahora mismo.

Antes de salir, lo último que vi fue la sonrisa sincera de mi abuelo. Avance apresuradamente, al lugar en el que habíamos estado con Isabel. Lo que vi me congelo, Antonio e Isabel se están abrazando, me escondí para que no me viesen y tras aquella muestra de afecto, se separaron, dedicándose unas sonrisas comprometedoras. Me quede quieta donde estoy, sintiendo mi corazón romperse. Las palabras de Francis llegaron a mi memoria-pero yo lo intente-pensé iracunda-no es justo-pensaba. Ellos se hablan y sonríen, se toman de las manos…Creo que ya vi suficiente, me levante de mi escondite y camine en silencio por los pasillos.

Ya no puedo seguir con esto y ya no quiero. Puedo sentir una extraña opresión en el pecho, no sé qué hacer, hace tanto tiempo que no sentía agonía. Derrotada, rechazada e inútil, ya no tengo por qué decirle algo a él, seguramente ni le interesaría escucharme, estará muy ocupado con Isabel…

Comencé a ignorar a Antonio. Llego muy tarde a la habitación y salgo de ella lo más temprano que puedo. Eh estado permaneciendo lejos de él, sin embargo no estoy enojada con Isabel, ya que al fin y al cabo, ella no es mala y tampoco tiene la culpa de nada. En varias ocasiones Antonio ha tratado de hablar conmigo, mas yo lo evito. Ya ni siquiera somos compañeros de mesa, ahora me siento con el austriaco afeminado, a petición del profesor, ya que me la pasaba, según él, desconcentrando a Antonio.

En educación física todos miraban extrañados que mi compañero de ejercicios no fuera Antonio, sino Gilbert, ya que todos saben que los alemanes no me agradan mucho, además el español fue mi compañero desde que llegue a la academia. Hasta el mismo Antonio nos miraba incrédulo.

-Oye Romano, yo sé que soy awesome y todo lo demás, pero ¿por qué no escogiste a Tony?-me pregunto curioso.

-No te incumbe-respondí seca.

-Ustedes son mis amigos y eso es suficiente para que me incumba-comentó.

-Eres mejor que él en futbol-me excuse falsamente.

-Eso ya lo sé kesesese-respondió con su ego inflado- pero deberías hablar con él, esta como zombie y eso no es asombroso-finalizo preocupado.

Pase por alto el último comentario de mi amigo, a pesar de que él se veía muy preocupado. Mis planes son únicamente, terminar mi último año en la academia y desaparecer de la vida todos los que he conocido hasta ahora.

-Hola Romano-me saludó Isabel acercándose a mí.

-Ciao-dije indiferente.

-Quería saber, ¿estas peleado con Toño o algo?-preguntó preocupada.

-No quiero hablar de eso-contesté dándole la espalda.

-Solo quiero decirte que, seria lindo que se hablaran de nuevo.

Emma, Feli y Eli también hablaron conmigo, mas yo lo pase por alto todo lo que me dijeron. Al final de la clase, esperé a que todos se cambiaran, para poder hacerlo también, sin embargo no me esperaba encontrarme con Antonio ahí…

-Lovi…

-…-Pasé de largo sin siquiera mirarlo.

-¿Por qué me ignoras?-pregunto siguiéndome-¿sigues molesto por lo de Isa?

-…-permanecí en silencio, mientras le daba la espalda.

-Insúltame, háblame, al menos explícame ¿Por qué de repente ya no quieres estar conmigo?-suplico tomando mi brazo.

-¡¿De verdad quieres saber?! ¡Pues te lo mostraré!-exclame tirando del cuello de su camisa.

Listo cumplí con mi palabra :3. Mentí, este no es el último capítulo XD Déjenme sus reviews para leer sus opiniones, discúlpenme si hay algún error ortográfico. Acepto todo tipo de crítica y sugerencias nos leemos luego ciao~