::::La furia italiana:::::

Disclaimer: no, hetalia no me pertenece.

Cap 25:

Quella sfortunata

(La desafortunada)

Espero que disfruten de este capítulo, realmente me costó escribirlo, pero lo logré, así que estoy feliz por ello.

-Insúltame, háblame, al menos explícame ¿Por qué de repente ya no quieres estar conmigo?-suplico tomando mi brazo.

-¡¿De verdad quieres saber?! ¡Pues te lo mostraré!-exclame tirando del cuello de su camisa.

Apretando con fuerza la tela de la misma, besé sus labios con extrema dureza. De alguna manera sé que esto lo alejará de mí, pero es lo mejor para los dos, él ya tiene alguien a su lado, no interrumpiré en la felicidad de persona que amo. Aun si no puedo estar con él, quiero que sea feliz y si para que sea feliz debo hacer que me odie, lo haré, siempre fui buena haciendo que me odien.

-…-Me separé de él y noté el asombro en su rostro, al cabo de dos segundos huyó, tal como lo había previsto.

-La vita come la ricordi, un giorno se ne andò con te (La vida como la recordaba, un día se fue contigo)-pensé dejando el agua salada correr.

Me convertí en un mar en tempestad. Escape sin pensar, simplemente avance en mi carrera contra la vergüenza, no me detuve hasta salir de la academia, llegue lo más lejos que mis piernas me lo permitieron. Corrí hasta perder el aliento. Llegué a un puente, el cual está suspendido sobre un rio, miré el agua correr. Jugando con mi suerte me senté en el borde del mismo. Permanecí ahí toda la tarde, dejando que la música del agua corriendo, lavara mi vergüenza.

Al ver que anochecía decidí regresar. Camine a paso lento, tratando de matar el tiempo. Al llegar a la academia escalé la cerca, sin embargo caí mal, no fue nada grave, un par de rasguños no me mataran. Seguí mi camino hasta la habitación que comparto con Antonio. Esperaba encontrarlo dormido, ya que es bastante tarde, sin embargo la luz que se cuela por debajo de la puerta, me hizo dudar de mi plan.

Abrí la puerta, encontrándome con él, está despierto y luce preocupado. Se levantó, puesto que se encontraba sentado sobre su cama, caminó hasta donde yo estaba y al ver el par de raspones que llevaba se alarmó.

-¿Dónde te habías metido? Te busque por todas partes y ¿Qué te ha pasado?-peguntó sosteniendo mi rostro.

-Suéltame-murmure.

-Contesta mis preguntas-insistió.

-¡Deja de confundirme!-exclamé dándole un puñetazo.

Cuando volteó para verme, descubrí que le había roto la boca. Su rostro luce contrariado y yo no sé qué hacer, me sentí culpable por haberlo lastimado, ya que él no me regreso el golpe, simplemente se quedó en silencio, me miraba incrédulo. Trató de acercarse a mí dando un paso hacia adelante, pero yo di uno hacia atrás.

-¿No vas a golpearme?-pregunté molesta.

-No…

-Cobarde, masoquista de merda, ¡vamos haslo!-le reté iracunda.

-¿De qué manera eso me haría valiente? ¿En qué forma eso me haría recuperar tu amistad? Yo te quiero…

-¡Cállate!-exclamé dando dos pasos para atrás.

-Necesito que me escuches, solo no huyas-me pidió.

-No quiero oírte-murmure.

Salí corriendo de mi habitación, él trato de detenerme, pero yo soy más rápida. Escuche sus pasos tras de mí, mas no me detuve, avance hasta encontrar un lugar donde esconderme. Un balcón de la academia fue mi refugio, estaba tan cansada que me quede dormida ahí. En la mañana, la luz del sol me hizo despertar. Todo el cuerpo me duele, debido a la mala posición que adopte al dormir.

Ni siquiera sé qué hora es, pero preferí quedarme en mi escondite. Permanecí sentada en la baranda del balcón, pensando en todo y a la vez en nada, todas esas tonterías que hice desde que puedo recordar; como todo ha cambiado para mí. Sentí la brisa de la mañana llegar hasta mí y al ver al cielo observe un par de aves que volaban en él -quisiera tener alas y escapar de mi realidad-pensé parándome en la baranda, mientras abría los brazos, manteniendo el equilibrio, trataba de imaginar lo que se sentiría volar.

-No, eso sería muy cobarde-dije en voz baja. Huir de mis problemas no los arreglará y lo sé.

-¡Oye!-escuché que gritaban tras de mí.

Al voltear perdí el equilibrio, por lo tanto caí, mas logre sostenerme a tiempo de la baranda, rápidamente alguien comenzó a tirar de mis manos, al subir la mirada, reconocí a Vash, el amigo de Lily.

-¡¿Que merda te pasa? casi me haces caer figlio di puttana!-le reclamé molesta.

-¿Acaso piensas que el suicidio solucionara tus tontos problemas?-preguntó ayudándome a subir.

-¿Suicidio? ¿Te pegaste con la pared en la cabeza, antes de venir aquí?-le cuestioné molesta.

-Por supuesto que no-respondió enojado.

-¿Cómo puedes ser tan tonto?-murmuré.

-Entonces… tu no…

-No-dije secamente.

-uff-suspiró aliviado- de todos modos te salve, me debes algo-agregó.

-No te debo ni un carajo-respondí cruzando los brazos.

-Escucha, solo quiero saber ¿Qué hay entre tú y Lily?-preguntó frunciendo el ceño.

-No soy lo que tú crees-me limite a responder.

-Oh, así que, bateas para el otro lado-dijo nervioso, alejándose un poco de mí.

-Serás imbécil, soy una mujer-le dije mirándolo feo.

-Tú, mu-mujer, no, eso es…

-hay ocasiones en que incluso a mí se me olvida-le interrumpí.

-¿Por qué?...

-Es una larga historia… difícil de contar-respondí.

-Por alguna razón, Lily te estima mucho… sé que no somos amigos, pero si de algo sirve, tengo tiempo para escuchar-dijo fingiendo desinterés.

-Lily te ama…

-…-no respondió, simplemente se sonrojó.

-Nunca se lo he contado a nadie… pero si Lily confía en ti, yo también lo haré, además salvaste mi vida hace un rato… escucha bien porque no repetiré nada:

Hace tiempo, cuando sentí por primera vez, el amor en la voz de mi madre y mi padre. Soñé que ese amor no moriría nunca y que por siempre mi mundo estaría rodeado de las canciones de cuna de mi mamma, de su maravillosa voz.

Pero la crisis económica fue tan grande, que en ocasiones no había suficiente comida, así que mi padre solía trabajar demasiado. No siempre fue así, recuerdo los postres de mi madre, siempre fue muy buena cocinera…pero ya no había suficientes ingresos y con el paso del tiempo, todo empeoraba.

A pesar de todo viví días maravillosos, amaba a mis padres… aun lo hago.

Un día en especial, Papá acompañó a mamá a buscar un trabajo.

Pasaron las horas y ellos no habían regresado, lo que había iniciado como una llovizna en la tarde, se convirtió en una tormenta y las tétricas voces de los truenos, nos arrebataron las esperanzas…

Ellos nunca volvieron.

Recuerdo que ser una niña muy valiente, pero descubrí de la peor manera, que hay algunos sueños que no suelen durar. A Felicia y a mí nos encerraron en un orfanato, donde supuestamente tendríamos la oportunidad de encontrar a una familia, sin embargo siempre fui una niña problemática… nadie me quería adoptar, pero a Felicia, a la dulce Feli, quien encantaba a todos los que nos rodeaban con su amabilidad y ternura… querían arrebatarme a la última familia que me quedaba.

Desde el principio prometieron en darnos en adopción juntas, pero dadas las circunstancias, finalmente cedieron a entregar a mi hermana, yo no estaba incluida, nunca más. Sé que no tenían suficiente dinero para mantener a todos los huérfanos, pero me importaba un comino todas las excusas. Un día antes de que llegaran los padres adoptivos de mi sorella, huimos y como era de esperarse, nadie fue a buscarnos… éramos dos bocas menos que alimentar.

Felicia aun soñaba, que mis padres regresarían y viviríamos felices una vez más, pero yo sabía que eso jamás pasaría. Sobrevivimos de muchas maneras, fue así como perdí mi infancia, a los nueve años, robando para sobrevivir en las frías calles de Italia, solía disfrazarme con ropa que robaba, para que nadie me confundiese con mi gemela. No quería que la lastimaran por mi culpa…

Recuerdo noches de frio y hambre intensa, moretones y sangre seca. Odiaba tanto el sabor salado de las lágrimas y aun así no podía detenerme cuando sabía que Felicia estaba dormida; siempre fui la "fuerte"… por tanto tiempo había soñado, que mi vida sería tan distinta al maldito infierno que viví y en esos instantes, fue como si la vida se hubiese propuesto a asesinar todos mis sueños.

-Eso es todo…-murmuré sintiendo el escozor en mis ojos.

-Eso fue… Lo siento mucho-murmuró posando su mano en hombro- no le diré a nadie-prometió mirándome a los ojos.

-Si eres como dice Lily, entonces te creo-respondí sonriendo levemente.

-Tú ropa está sucia, puedo prestarte de la mía, pareces de mi talla-dijo señalándome.

-Que flacucho-respondí.

-Mira quien lo dice-contrataco.

-Bien, dame la puta ropa-dije levantándome del suelo.

-Grosera-murmuró cruzando sus brazos.

-Insoportable-continúe con la batalla verbal.

-No estarás contenta hasta que seas la última en insultar ¿cierto?

-Exacto-respondí.

-Me caes bien-dijo el suizo.

Vash me llevo a su habitación, por fin pude ducharme y cambiarme de ropa. Ciertamente me queda la ropa de mi nuevo amigo, un poco grande, pero me queda en fin. Permanecí todo el día en su habitación, no tengo ganas de encontrarme con Antonio, quiero dejar de pelear.

Escuche la puerta de la habitación abrirse y fue muy grande mi sorpresa al descubrir a Lily tras de ella. Mi amiga corrió hacia mí y me abrazo. Ella luce tan alegre de verme, no deja de abrazarme diciéndome lo preocupada que estaba.

-Te estuvimos buscando por todos lados, las chicas están preocupadas-dijo angustiada.

-Lo siento mucho-le respondí entristecida-no quería preocuparlas.

Accedí a ir a ver a las chicas y para mi sorpresa Isabel esta con ellas, todas fueron a abrazarme, ya que estaban alegres de verme sana y salva. Mi hermana me reclamo muy a su manera, el porqué de mis actos, sin embargo por más que ella preguntase, jamás le diría la verdad de mis motivos, simplemente respondí cualquier cosa para salir de apuros, no sé si me cree, pero no me importa, este asunto es solo mío, no hay nada que ella pueda hacer para ayudarme, además mi decisión ya está tomada.

-Oye Romano, ¿puedo hablar contigo?-preguntó Isabel tomando mi brazo.

-Sí, como quieras-respondí restándole importancia.

Me llevo fuera de la habitación, al estar solos en el pasillo, me dedico una sonrisa nerviosa. La notó angustiada, es como si algo la estuviese molestando, repentinamente pensé en Antonio, probablemente él le ha pedido que hable conmigo, para convencerme de que le escuche…

-Isabel, si estás aquí para hablar de Antonio, yo me voy-le dije notando su preocupación.

-Romanito, perdón, sé que están peleados, pero no soporto verlos así-dijo mirando el suelo con pena.

-Isabel…

-Tú también luces triste, a pesar de no conocerte desde hace mucho, yo te quiero y Antonio también…

-Ya basta, esto no tiene que ver contigo, es entre el bastardo y yo-respondí enojada.

-Lo siento…-murmuró tomando mi mano.

-Olvídalo ya-contesté alejándome de ella.

-Espera, ¿Puedes acompañarme a la biblioteca?

-¿Por qué debería?-le pregunté.

-por favor-pidió juntando las manos.

La expresión de su rostro me recordó terriblemente a Antonio, ante esto no pude hacer más nada que aceptar. Caminé junto a ella por los largos pasillos, Isabel toma mi brazo y sonríe como suele hacerlo Antonio, es casi la misma sonrisa. Me habla sin parar de temas de los que no siento interés alguno, sin embargo asiento haciéndole ver que le presto mi atención. Al llegar la noté inquieta, mas le reste importancia a ese hecho, cuando entré, supe la razón de su inquietud. Antonio, quien se encontraba sentado frente a una de las mesas de estudio, se levantó rápidamente al verme.

-Para esto querías que te acompañara-le reclame a la chica.

-Es que, solo…

-No puedo creer que me engañaras…merda-murmuré.

-No es su culpa, yo se lo pedí-dijo él apresurado- sabía que si yo te lo pedía, no me escucharías-concluyo.

-Supones bien-respondí enojada-me largo-agregue dándoles la espalda.

-¡Espera!-exclamó Isabel tomando mi brazo-solo habla con él, traten de arreglar todo…

-¡No!-grité zafándome de ella-¡Ya déjenme en paz!

-¡Romano no le grites de esa manera a Isabel, ella solo quería ayudar!-exclamó Antonio acercándose a mí con rapidez.

-¡Entonces deja de involucrarla!-respondí iracunda.

-¡¿Joder cuál es tu maldito problema?! ¡Solo quiero solucionar todo y tú solo te comportas como un cobarde, al escapar todo el maldito tiempo! -me gritó desesperado.

-¡Antonio!-exclamo Isa al notar que sus palabras me lastimaban.

-El maldito problema… ¡yo soy el maldito problema!-me arde el rostro de la rabia y la impotencia, mientras amenazan con salir las gotas saladas que retengo, para salvar el poco orgullo que me queda.

-Lovi… lo siento yo…

-perché sono sempre io quella sfortunata (Por qué soy siempre la desafortunada)?-le interrumpí sabiendo que ellos no comprenden-Non voglio più amarti e seppellire questo dolore, voglio che il mio cuore ti dimentichi (quiero dejar de amarte y enterrar este dolor, quiero que mi corazón te olvide).

-Lovi, yo no, no entiendo, explícame por favor-suplicó angustiado.

-voglio essere io la forte, perché chiedere scusa, non è corretto (quiero ser la fuerte, ya para que pedir perdón, no es lo correcto)-continúe a pesar de sus suplicas-Non sono la signora del tuo cuore (no soy la dueña de tu corazón)…

-Romano por favor, si nos hablas en español, te vamos a entender-dijo Isabel ante la desesperación de Antonio.

-Yo soy él que sobra aquí-respondí volteándome nuevamente.

Lo que vi me congelo. Felicia me mira incrédula desde la puerta, junto a ella se encuentran las chicas y Ludwig. Me sentí tan expuesta, tan avergonzada, si ella escucho todo lo que dije, ahora sabe la verdadera razón por la cual le he dejado de hablar a Antonio, si es así, mi hermana descubrió que le mentí…

-Fratello…

-¡¿Per quanto tempo sono state (cuanto tiempo llevan allí)?!-exclame

-Dall'inizio (desde el principio)-confesó avergonzada-Dimmi perchè, tu menti mi (Dime porque me mientes)…

-Ti prego perdonami (Perdoname)-dije para luego huir ante la confusa mirada de todos.

Corrí lo más rápido que pude, no me detuve ante nada, en mi mente lo único que tiene espacio es la vergüenza. Nuevamente siento la necesidad de esconderme, pero no tengo a quien recurrir…-Francis tenía razón- pensé sintiendo un nudo en mi garganta. Fue en ese momento que recordé sus palabras-si tienes algún problema, déjaselo todo al hermano Francis-eso fue lo que dijo y esto dista de ser un puto problema, es más bien una maldita catástrofe. Avance en dirección a la habitación del francés, al estar frente a su puerta, la abrí estrellándola con fuerza.

-Romano que alegría ver… ¡¿Qué te ha pasado?!

Sin importar que Gilbert estuviese presente, me abrace a Francis y lloré desconsoladamente, sentí tan débiles mis piernas, así que me aferré a él con fuerza, quien me sostuvo equilibrándose para no caer. Su mano palmeaba suavemente mi espalda, me permitió descargarme, sacar todo lo que guardaba en mi pecho, me dejo llorar hasta que ya no pude más…

-Tenías razón-murmuré hipeando, sin atreverme a mirarlo a la cara.

-¿Qué está pasando? ¿Has peleado con Antonio?-pregunto Gilbert claramente preocupado

-Gilbo déjanos solos, luego te explico-le pidió Francis.

Contra su voluntad, el alemán se marchó de la habitación. Una vez solos Francis me pidió que trate de relajarme, Pero simplemente no podía controlar mi estado, él solo suspiro y sentándome sobre su cama, se dedicó a mirarme inquieto y preocupado.

-¿Podrías decirme, por qué peleaste con Antonio?-pidió amablemente.

-No quiero hablar de él-respondí con dificultad.

-De acuerdo-dijo tras suspirar derrotado.

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POV Antonio

Romano huyó de la biblioteca, sin explicarme detalladamente lo que dijo en su idioma natal, más las únicas palabras que me permitió comprender me hicieron sentir culpable- yo soy él que sobra aquí- esas palabra resuenan en mi mente como un eco. Miraba hacia el suelo sintiéndome estúpido y culpable, pero al sentir la mirada de alguien sobre mí, levante mi cabeza encontrándome con los llorosos ojos de Felicia… ella debió comprender lo que su hermano dijo, una sola cosa vino a mi mente-tengo que preguntarle a Feli, el significado de las palabras de su hermano-…

-Antonio tengo que hablar contigo y es muy importante-dijo Felicia, la cual ante la incrédula mirada de todos lucia muy seria.

-Vale…

-En privado-interrumpió haciéndome señales para que la siguiera.

Caminamos por largos minutos, hasta llegar a un salón vacío, al estar dentro ella puso sus manos tras su espalda, mostrándome un expresión de preocupación, yo tome asiento en una de las tantas sillas bacías y con paciencia esperé que ella encontrará las palabras adecuadas, ya que por lo visto lo que me iba a decir es delicado.

-Antonio, lo que te ha dicho mi hermano es algo… ¿tú… sabes lo que él siente?-preguntó preocupada.

-Yo…si lo sé, él me lo dijo-respondí sintiendo mi rostro arder, ante el recuerdo de la abrupta confesión.

-Él esta triste, porque tú amas a otra persona y se está alejando de ti porque quiere dejar de quererte-explicó Felicia.

-Pero yo… - "si lo quiero", no me atreví a completar esas palabras- pero yo no tengo a nadie de pareja-dije inquieto.

-Entonces ¿Por qué lastimas a mi fratello?-me reclamó.

-Yo solo he intentado hablar con él, pero no quiere, además yo no tengo novia ¿Cómo pudo llegar a esa conclusión?

Isabel… esa es la única razón que se me ocurre, tengo que reparar todo esto.

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POV Romano

Mi nueva rutina me hace sentir miserable, escapar, esconderme y estar sola. Francis ha tratado de hablar conmigo acerca de Antonio, mas yo siempre termino cambiando el tema, odio que todos se preocupen y me da vergüenza hablar con mi hermana al respecto, sin embargo ella no me ha pedido que le explique nada, simplemente ha sido tan compresiva, que actúa como si no hubiese pasado nada hace una semana en esa biblioteca.

-Te ves cansada-me dijo Felicia sentándose junto a mí.

-¿Por qué no estás con el patatero? ¿Acaso pasaras todo el receso conmigo?-pregunté.

-Solo quiero estar un rato contigo, no he venido a molestarte ve-dijo sonriendo ampliamente.

-…-la miró en silencio y agradecida. Ella me conoce perfectamente, sabe que me siento sola, quizá hemos cambiado bastante durante este año, sin embargo seguimos siendo gemelas.

-Ti voglio bene-susurró tomando mi mano.

-Yo también-respondí abrazándola con suavidad.

-Hice pasta solo para ti-me dijo ella animada.

-Gracias sorella…

Todos los recesos los pasó acompañada de Felicia, son los únicos momentos felices y tranquilos que puedo tener en la academia, ya que ella es la única que no me exige que arregles las cosas con Antonio, hasta cierto día, en el que decidió hablar al respecto conmigo.

-Sorella, sé que no me incumbe ve, pero ¿no has pensado en decirle la verdad a Antonio?...

-Lo último que me faltaba, merda… no quiero hablar del puto tema, me largo-respondí molesta.

Felicia no trató de alcanzarme, ya que sabe perfectamente que hablar conmigo en este estado de ánimo, es casi imposible. Entré a la academia y recorrí los pasillos divagante, no tengo nada más que hacer aquí, no debería permanecer en este lugar, de todos modos yo no quería venir al principio… repentinamente me sentí vigilada, probablemente solo sea paranoia, pero ya empezaba verdaderamente a asustarme, cuando con el paso de los minutos, me pareció escuchar pasos tras de mí.

-¿Quién carajo está ahí?-pregunte molesta y asustada. Obviamente no obtuve respuestas. Mire en todas direcciones tratando de encontrar a alguien o algo, mas no vi nada, por lo que continúe caminando, sin embargo la sensación sigue ahí, di otro par de pasos más y me topé con él pollo de Gilbert- Uff, que puto susto me diste-dije aliviada de conocer que era lo que me perseguía… pero un pollito no puede dar pasos como un humano, entonces… ¿de quién?

Alguien me atrapo por la espalda para impedir que me moviese, justo cuando planeaba escapar, llevo un pañuelo a mi cara, el cual huele como a un químico fuerte… ¿Cloroformo?

POV Francis

-¡Sacrè bleu! ¿Qué le has hecho?-dije preocupado, al ver a la chica inconsciente.

-Lo que me pediste-respondió Gilbert.

-Te dije que lo trajeras, no que lo noquearas-le reclamé molesto.

-¡Estás loco, traerlo consiente me costaría mis regiones vitales!-exclamó exageradamente-además mira lo tierno que se ve dormido kesesesesesese, esta pasará a la posteridad-agrego Gilbert tomándole una foto a la italiana.

-¡¿Por qué no le quitaste el flash?!-le reclamé, temiendo que la despertará.

-Creo que lo olvide-dijo nervioso.

-Si se hubiese despertado, ahí si te podías despedir de tus regiones vitales-le dije molesto.

-Lo siento Fran kesesese.

-No estoy bromeando, ¿Ahora cómo le explicaré, el por qué estaba dormida en mi cama?-dije alterado.

-Fácil, dile que la encontraste desmayada en el suelo del pasillo-respondió con simpleza.

-Claro que no, no voy a decir eso, me dejará como un pervertido…

-Pero si tú eres un pervertido-comentó Gilbert burlón.

-Al menos no soy tan egocéntrico como tú-respondí molesto.

-El asombroso yo, no es egocéntrico-contestó airado.

Así comenzó una pelea verbal acerca de nuestras personalidades, haciéndonos olvidar por completo de que la italiana estaba ahí y continuo hasta llevarnos a lanzarnos, el uno al otro, objetos de la habitación, sin embargo los gritos de la chica nos devolvieron a la realidad.

POV Romano

-¡¿Qué carajos hago yo aquí?! ¡Trogloditas de merda, dejen de lanzarse cosas y que alguien me explique! ¡¿Por qué merda me hicieron aspirar cloroformo?!-exclamé levantándome mareada de la cama.

-Fue Gilbert-dijo Francis rápidamente.

-Pero tú me dijiste que te lo trajera-reclamó Gilbert molesto.

-No te dije que lo drogaras- respondió el otro.

-Bene, bene ya cállense me duele la puta cabeza coño-dije para sentarme sobre la cama y sostener mi cabeza entre mis manos.

-Eso fue mi culpa, te deje caer por las escaleras sin querer-confesó el alemán.

-Que te den imbécil, ¿cómo merda puedes ser tan inútil?

-Aaaa pues…

-Realmente crees que le interesa que le respondas-le interrumpió Francis.

-Al fin alguien inteligente-dije sarcástica.

-¡Oye!-exclamó Gilbert ofendido-No me quedaré aquí a que se burlen de mí-agrego saliendo de la habitación.

-¿No vas a buscarlo?-cuestioné a Francis, el cual lucia muy tranquilo.

-Ya volverá, siempre vuelve-respondió confiado. Al cabo de un par de segundos la puerta fue abierta por Gilbert, el cual lucia agitado-Te lo dije-agregó el Francés.

-¡Antonio viene para acá!-exclamo el alemán.

-Merda, sácame de aquí-le pedí a él.

-Si hacemos eso te verá-respondió rápidamente.

-¡El closet!-exclamo Francis.

-Sobre mi cadáver-sisee.

-¿tienes una mejor idea?-me pregunto el francés.

-No… de acuerdo, entraré al puto closet-dije abriendo las puertas del mismo y encerrándome ahí.

Escuche como la puerta se abría, Antonio saluda a sus amigos, ellos tratan de sacarlo de la habitación y no le permiten hablar, sin embargo el insiste en quedarse en la habitación de su amigo.

-Chicos, es algo serio, de verdad, ¿ninguno de ustedes ha visto a Lovi?-pregunto preocupado.

Su estúpida voz me hace sentir estúpidas mariposas en el estómago, suena preocupado y aunque me enoje, eso me hace feliz, mas todo se va a la basura cuando recuerdo porque estoy huyendo de él.

-Amigo mío, puedo decirte que si le he visto pero no recuerdo cuando-mintió Francis.

-Si yo también-dijo Gilbert nervioso. Merda, si el alemán continúa así Antonio se va a dar cuenta.

-Ah, qué mal, lo he estado buscando pero no lo encuentro-dijo desanimado… cierto estamos hablando de Antonio, su estupidez no tiene límites.

-Tranquilo Antoine, solo tienes que encontrarlo y hablar con él-comento el francés.

-Ya lo he intentado Fran, pero él simplemente no me quiere escuchar, estoy desesperado-dijo angustiado.

-¿Por qué?-le preguntó Francis.

-Porque él es importante para mí-respondió el rápidamente.

-¿Qué tanto?-le preguntó nuevamente.

-¿A qué quieres llegar Fran?-le cuestionó nervioso.

-Solo quiero saber, ¿Qué tan importante para ti es él?...

-Bastante… como ustedes chicos-agrego rápidamente.

-Eso suena gay Antonio kesesesese-se burló el alemán.

-Gilbo cierra tu linda bocota-le regañó Francis.

-Escuchen, yo verdaderamente extraño a Lovi, él es especial para mí y ya me había acostumbrado a dormir con él y a aguantar sus golpes, cuando todo lo que yo quería era abrazarlo y ahora estamos donde empezamos y peor, porque antes, aunque no quería ser mi amigo, al menos no escapaba de mí…

Su voz se escuchaba quebrada y cansada, me hizo sentir como escoria. Finalmente comprendí que era cierto lo que él me había dicho, ya que tiempo atrás yo dudaba que alguien como él pudiese estar triste… y él me había dicho que si yo dejará querer ser su amigo, él entristecería, sentía que todo estaba bien cuando dijo eso, salvo que ahora yo no puedo ser su amigo…

-No entiendo nada, de verdad, que dramáticos son ustedes dos, lo único que sé es que todo estaba bien hasta que llego Isa de España-interrumpió Gilbert molesto.

-¡Gilbert!-exclamó Francis regañándolo.

-¡¿Qué te pasa? Yo quiero a Isa, no voy a pedirle que se devuelva a España por esto, estoy feliz de que ella este aquí, además no puedo elegir entre Lovi y ella! Isabel es…

-¡Ya cállense todos, solo gritan y gritan!-exclamé iracunda, saliendo del closet.

La expresión del rostro de Antonio era indescifrable. Al notar que me miraba, salí corriendo de la habitación, sin embargo el me siguió y tomándome de mi brazo me hizo parar. No me atreví a levantarle la mano, ya no quiero herirlo.

-Por favor no huyas-dijo desesperado.

-Suéltame…

-Felicia me explico lo de la vez pasada y…

-Suéltame

-Solo quiero hablar contigo-murmuro.

-suéltame

-No voy a dejarte ir…

-suéltame

-Por favor-dijo con voz quebrada, mientras miraba en dirección al suelo.

-déjame ir…

-Solo escúchame, será solo un momento…

-Ya te oí, ahora suéltame.

-pero es que…

-Tú sabes lo que siento y ahora yo sé lo que tu sientes, solo déjame ir-le interrumpí viéndolo con seriedad.

No me sueltes, mi corazón grita al sentir que alejas tu mano de mi brazo.

No te alejes, explotan mis sentidos a ver que das dos pasos hacia atrás.

Io ti amo, pienso mientras avanzo alejándome con rapidez.

Siento que mi corazón estallará.

Como es de idiota el amor y como duele.

Listo eso fue todo por hoy, omg casi lloro mientras lo revisaba y releía, soy muy sensible. Realmente espero que les haya gustado, tuve un pequeño bloqueo mental y por eso demore… Déjenme sus reviews para leer sus opiniones, discúlpenme si hay algún horror ortográfico. Acepto todo tipo de crítica y sugerencias nos leemos luego ciao~