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[CAPITULO 3 la Huida Parte 2]

Anna observó el reloj de la estación, aún faltaba demasiado tiempo para que ella pudiera comprar su boleto, por lo que no le quedó más remedio que volverse a sumergir en sus recuerdos, pero esta vez, se trataban de unos más recientes, los de la noche anterior.

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[La noche del baile: Anna]

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Bien dice el refrán que lo que mal empieza mal termina, y aquella noche empezó mal como ninguna otra. Para comenzar, Anna tuvo aquella irritante reunión con Elsa y Kristoff en la cocina del palacio, y ahora, las cosas no iban cómo ella las había planeado.

— Su alteza aquí está su vestido blanco — dijo Daniele en tanto arrastraba su maniquí a través del piso — lamento que no hubiera podido usar el color rosa, pero la próxima vez será. La lavandera me dijo esta mañana que ya estaba listo, pero hace un par de minutos cambió de opinión.

Anna no contestó. La verdad, es que poco o nada le importaba el dichoso vestido rosa, o si existía una oportunidad en el futuro para utilizarlo. En realidad, la princesa quería ponérselo aquella noche, ya que este no era la gran cosa, completamente sencillo y sin vida, que por demás, ni siquiera combinaba con su cabello rojizo, pero perfecto para que el príncipe Florian ni siquiera se percatara de su existencia. En cambio, Anna tenía ante sí su vestido favorito, el más caro y elegante de todo su ajuar, y una mucama joven e inexperta que se moría por vestirla cómo a una muñeca de carne y hueso, parecía que finalmente la corte de Arandelle conseguiría venderla como un pedazo de carne.

— ¿Quiere que la peine de alguna manera en particular, su alteza? — preguntó Daniele con un ilusión en sus ojos.

— Estaré feliz con lo que tu desees hacer— respondió Anna resignada a que nada saldría cómo ella lo planeó. Daniele tan solo respondió con un pequeño chillido muy parecido a los que ella solía hacer cuando se emocionaba, pero que no pudo dejar de alegrarla un poco, pues, por alguna extraña razón, a la princesa le agradaba hacer feliz a aquella chica.

— Oh se ve hermosa… — suspiró Daniele casi dos horas después. Al tiempo en que Anna se volteaba y miraba su reflejo en el espejo. La verdad es que a ella no le parecía que su apariencia fuese especialmente extraordinaria, por supuesto, Daniele hizo un gran trabajo con su cabello, y aquel vestido de encaje blanco y escote amplio que dejaba los hombros al descubierto era sencillamente una obra de arte, pero, a fin de cuentas, la chica debajo de todos aquellos adornos y joyas seguía siendo ella misma, su triste y aburrido "yo" de todos los días.

— Hiciste un gran trabajo Daniele — dijo Anna con una sonrisa falsa en sus labios.

— Su alteza — preguntó el mayordomo al otro lado de la puerta en tanto tocaba ligeramente— Princesa Anna. Su majestad me envió a preguntarle sí ya está lista, ella me mandó informarle que ya es hora de que baje, los invitados esperan — dijo el sujeto.

— Ya estoy lista — le contestó Anna — bajaré en unos segundos.

Anna dejó su habitación y bajo las escaleras hacía el recibidor al lado del salón, en donde tendría lugar la celebración.

— Es tarde. Te tardaste mucho — la regañó Elsa al verla.

— Hubo un inconveniente con el vestido rosa, al parecer seguía con la lavandera — se disculpó Anna sin sentirlo realmente.

— Oh, bueno, no importa, te ves más hermosa con este — comentó Elsa mientras acomodaba las mangas del vestido de su hermana menor.

— Gracias — respondió Anna sencillamente y sin emoción, por lo que Elsa se mordió el labio y la miró con tristeza.

— Anna, sé que odias todo esto, pero te pido que hagas un pequeño esfuerzo, por mi, y por Arandelle. Solo será esta noche, después, te prometo que encontraré una excusa para rechazar su propuesta de matrimonio, te lo prometo — suspiró Elsa en tanto tomaba la mano de Anna y la apretaba contra su pecho.

— ¿De verdad? — preguntó Anna.

— Sí— contestó Elsa con una ligera sonrisa.

— Pero… ¿Qué pasará con el tratado? ¿Y con las Islas del Sur? — preguntó Anna.

— No te preocupes, ya nos las arreglaremos— respondió Elsa.

— ¿Cómo? — insistió Anna— nosotros necesitamos ese tratado, tú no has firmado ningún otro con Corona o Barona, e incluso rompimos el que teníamos con Weselton, necesitamos llegar a un acuerdo o si no…

— Anna — la interrumpió Elsa tajantemente — yo me encargaré de eso, tú solo trata de ser encantadora y amable esta noche, y te prometo que idearé algo— la dijo la reina.

— Trataré, pero desde lo que pasó la última vez… el príncipe Florian me asusta. No quiero volver a quedarme a solas con él, por favor Elsa, él es intimidante — le pidió Anna.

— No digas tonterías, sabes que yo no dejaría que él te lastimara — le dijo Elsa en tanto tomaba el rostro de su hermana entre sus manos — te lo prometo.

— Gracias— respondió Anna, quien le dedicó a su hermana una de las pocas sonrisas genuinas que había tenido en los últimos meses. — él podría ser mi padre, y eso es eww… — dijo la chica haciendo una mueca de asco.

— Anna, no seas exagerada, tan solo tiene 35 años, ni siquiera te dobla la edad — opinó Elsa tratando de calmarla.

— Que consuelo — murmuró Anna irónicamente — un año más, y me doblaría la edad. Elsa, realmente, no quiero irme con él — se quejó.

— Buenas noches — dijo una voz a espaldas de las dos hermanas

— Buenas noches — respondieron las dos chicas en tanto dejaban de conversar y Anna hacía una leve reverencia para recibir a Florian y a su hermano menor Dominic.

— Su majestad, princesa Anna, es un gusto volver a verlas — dijo galantemente Dominic.

— Lo mismo digo, príncipe Dominic — respondió Elsa dedicándole una suave sonrisa.

— ¿Podría pedirle el primer baile, su majestad? — le preguntó el menor.

— Lo lamento, pero yo no bailo— se disculpó Elsa. Por lo que los dos hermanos sonrieron.

— Eres afortunado, Dominic — opinó Florian.

— Sí, es mi día de suerte, para ser honesto, a mí no me gusta bailar — admitió Dominic.

— ¿En serio? — preguntó Elsa casi sorprendida.

— No, tuve que aprender por obligación, pero realmente prefiero no hacerlo. — respondió Dominic

El sonido de las trompetas llamó la atención de los cuatro, por lo que se dieron cuenta de entrar al salón con los demás invitados.

— Princesa… — dijo Florian ofreciéndole su brazo para que Anna lo tomara. La chica dudó, no quería tocarlo, ni que él lo hiciera con ella, pero tras una breve mirada a Elsa, decidió aceptar su invitación.

— ¿Por qué dudo? — preguntó Florian divertido mientras entraban al salón y los nobles allí presentes rompían en aplausos — no me diga que mi propuesta la asustó, sé que usted es joven, pero creo que en un futuro podremos ser una buena pareja, además, los dos sabemos que Malengrad y Arandelle necesitan esta alianza — comentó el príncipe casi arrogantemente.

La cena dio inicio, mientras que Anna nuevamente cayó en la trampa y no pudo contener su curiosidad por todos los viajes de Florian. El sujeto parecía haberlo visto todo, y visitado cada lugar sobre la tierra.

— Así que… — comenzó Florian — ¿es verdad que usted estuvo comprometida con el príncipe Hans Westergard de las Islas del Sur? — preguntó curiosamente el príncipe mientras miraba a Anna por encima de su copa con una sonrisa, pero, al ver que la chica frunció el entrecejo, esta desapareció.

— No me tiene que contestar si no quiere — se apresuró a añadir Florian.

— No hay problema — respondió Anna fríamente — los rumores son ciertos, estuve comprometida con él, pero decidí terminar el compromiso, él es… él no era de fiar ¿Por qué quiere saberlo? — contrainterrogó la princesa, A lo que Florian respondió con una sonrisa casi irónica.

— Por nada en especial, solo quería conocer a otra persona en este mundo que conociera al verdadero Hans Westergard — comentó Florian mientras bebía otro sorbo de su vaso.

— ¿Disculpe? — preguntó Anna confundida.

— Creo que sobra decir que los dos pensamos que él es un maldito bastardo, vamos, no tiene que ocultarlo, lo vi en su mirada desde que lo mencioné — dijo casi burlonamente al ver que Anna abría los ojos sorprendida por su franqueza.

— Bueno pues… sí, la verdad es que sí— Asintió Anna.

— Ese niñito me molesta, aunque, también me asusta. Anda por el mundo fingiendo ser "el príncipe encantador", complaciendo a todos y dándoles aquello que quieren ver. Pero él no me engaña, yo sé exactamente qué clase de persona es, solo un timador— opinó el príncipe mientras se cruzaba de brazos y hablaba en un tono profundo.

— Para ser honesta, yo estoy de acuerdo con usted. Pero, ¿cómo fue que se dio cuenta de aquello? — preguntó Anna con curiosidad.

— ¡Ha! — Exclamó Florian— no debería decírselo, pero lo haré.

— Yo conocí al príncipe hace algunos años, cuando él acababa de graduarse de la academia militar, fue un estudiante modelo, por lo que la Real Academia de Malengrad le dio una beca para que estudiara allí lo últimos años. A decir verdad, a mí no me impresionó mucho cuando lo vi por primera vez, era tan solo uno más de los tantos amigos de Dominic, otro aristócrata deseoso de poder y dinero, nada diferente al resto, pero en una desafortunada posición, ya que él es el treceavo hijo de una numerosa familia— le narró Florian.

— Eso lo sé — asintió Anna— pero no sabía que fuera amigo del príncipe Dominic.

— Déjeme que la corrija Anna: el fue amigo del príncipe Dominic, fue, en pasado, porque ya no lo es. — comentó Florian.

— ¿Y qué pasó? — preguntó la chica curiosa.

— La guerra, eso pasó — respondió Florian — usted debe saber que entre Malengrad y las Islas del Sur hubo una guerra hace poco.

— Sí lo sé. Y si no estoy mal, ustedes, quiero decir Malengrad… hum, bueno… — balbuceó la princesa incómodamente.

— Nosotros perdimos, dígalo sin vergüenza Anna — la instó el príncipe — nosotros perdimos, esa es la verdad, y la verdad no debe ser callada.

— El general Demian, de las Islas del Sur, en el mar de Aurburn, cerca a Corona. Él fue quien terminó la guerra, ¿no es así?— añadió Anna quien recordaba haber leído aquello en el periódico.

— Sí, el nos venció, pero tengo muy malos recuerdos de su ex prometido — dijo Florian.

— ¿Por qué? — preguntó la princesa genuinamente curiosa.

— Cuando la guerra terminó, Hans Westergard era vicealmirante. Sobra decir que estoy seguro de que llegó ahí a través de la influencia de su familia, después de todo, para algo tenía que servirle ser príncipe. El sujeto no era la gran cosa, tan solo un niñito recién graduado de la academia y muy ambicioso, por supuesto, mi padre envió a Annibal Crane, nuestro mejor general, quien me atrevería a decir, que es uno de los más hábiles estrategas de nuestros tiempos. Todos pensamos que sería una masacre, incluso, recuerdo a uno de nuestros nobles diciendo que en una semana la guerra terminaría, lo cual era altamente conveniente, pues, a decir verdad, nuestros ejércitos no estaban en la mejor forma.

— ¿Y qué pasó? — preguntó Anna quien se había perdido completamente en la historia.

— Hans lo recibió con una propuesta de paz. Por su puesto, papá confió en el juicio de Annibal y lo dejó seguir con las negociaciones. Según escuché, él treceavo príncipe, encantó a mi general, se mostró a sí mismo como un pupilo ansioso por aprender todo lo que el viejo lobo quisiera enseñarle, todos los que vieron aquello dijeron que Hans Westergard parecía que en realidad tenía la intención de llegar a un acuerdo, y de negociar con Malengrad… ¡Ha! — exclamó irónicamente el príncipe mientras se cruzaba de brazos.

— Incluso condecoraron oficiales de los ejércitos enemigos, como "señal de paz" — se burlo Florian con una sonrisa cargada de sarcasmo — le dije a papá que no era buena idea, pero él no me escuchó, por supuesto que no. El resultado de toda aquella farsa fue una tregua, que se fue al demonio unos cuantos meses después, considerando que Annibal había bajado la guardia, y nuestros soldados no se encontraban en las mejores condiciones, sobra decir que fue una carnicería — concluyó Florian.

— Así que ¿usted piensa que Hans nunca tuvo la intención de respetar la tregua? — preguntó Anna.

— No, yo sé que él nunca tuvo la intención de respetar la tregua— corrigió Florian quien posó su intensa mirada en Anna y usó un tono aún más profundo — el error de mi papá y de Annibal fue clave. Ellos olvidaron con quien estaban tratando: con un aristócrata, y uno de la peor calaña, uno de los que nacieron sin poder, pero que lo desean más que nada, mientras que nuestro general, fue un soldado durante toda su vida, él era hijo de un burócrata, pero no era parte de la nobleza, y cometió la grave falla de pensar que nada menos y nada más que un príncipe se pondría a su nivel, lo tomaría en serio, y además, lo admiraría. Anna, recuerde mis palabras, usted no puede confiar en un noble, mucho menos si se interpone en su camino hacia el poder — le aconsejó el príncipe en tono grave.

— Usted habla como si los dos no fuéramos nobles, y la última vez que yo revisé, yo soy una princesa, y usted es el heredero al trono de su país— intervino Anna.

— Eso es otro de los aspectos que me gustan de usted, Anna — dijo Florian — usted no parece la cortesana promedio que esperé encontrar cuando llegué a Arandelle. Supongo que se debe a que sus padres la alejaron de la corte desde que era pequeña. Y, para ser honesto, me gusta pensar que yo tampoco soy el aristócrata promedio— dijo el príncipe, quien, al ver que Anna se hallaba a punto de intervenir, la interrumpió— Sé que no lo parece, pero me subí a un barco al oriente cuando tenía 14 años, y desde entonces, hasta que asumí el poder hace dos años, viajé por el mundo. Pero sí algo aprendí en el tiempo en que estuve por fuera de la corte es que para sobrevivir en ella, tenía que adaptarme, aprender todas sus normas y sus reglas, y jugar con ellas. Yo le recomendaría hacer lo mismo Anna. — le aconsejó Florian. La princesa no respondió, por lo que el sujeto continuó.

— Hans Westergard también aprendió a sobrevivir, pero él, a diferencia nuestra, sí que es un noble. Siempre he pensado que la fortaleza de ese sujeto no está en su posición, está en su talento para manipular a la gente, y en crear esta imagen completamente falsa frente a todos. Supongo que al no tener posibilidad en ascender al trono, el pobre debía inventar una herramienta para adquirir más poder.

— Por "el poder", ¿usted dice que él es capaz de hacer todo solo por "el poder"? — preguntó Anna quien a pesar de entender todo el asunto aún se encontraba sorprendida por la franqueza con la que hablaba Florian.

— Que pregunta… ¡Claro que sí! — exclamó el príncipe — mire bien a toda esta gente — dijo señalando con el dedo a los demás invitados que compartían la mesa con ellos — todos son iguales, todos harían lo que fuera por el poder.

— Incluso, me atrevería a decir, que yo también he comenzado a caer en los encantos del poder. Antes de ser regente, nunca me hubiera imaginado estar en una posición como en la que me encuentro hoy, pero ahora míreme, aquí, tratando de hacer una conveniente alianza para nuestras dos naciones, mientras que prácticamente le ruego a una princesa que me acepte como su esposo, a pesar de que es demasiado, demasiado joven para mí, y que yo sé muy bien que está aterrorizada , pues, probablemente, piensa que soy alguna clase de perverso monstruo mitológico— se burló Florian mientras que Anna abría los ojos de par en par sin despegar su mirada de su plato, en tanto enrojecía por la vergüenza de haber sido puesta en evidencia.

— Y…Yo… Yo n-no creo que sea un mons- monstruo mitológico— tartamudeó la princesa.

— Si, si lo hace— la corrigió Florian sonriendo — yo la aterro. No puede esconderlo Anna, usted es la clase de personas que llevan sus emociones a flor de piel.

— Puede ser — aceptó Anna — pero usted se equivocó respecto a alguien. Elsa no es cómo usted dice, ella no está obsesionada por el poder, eso no es verdad, si lo fuera, ella ya habría usado sus poderes para su conveniencia.

— ¡Ha! — Se burló Florian — ¿Cuánto tiempo lleva su hermana en el trono?

— Nueve meses, ¿Por qué? — contraatacó Anna.

— Dele un par de años más, y entonces, usted me dirá que piensa acerca del asunto — sugirió en un tono burlón que le daba a entender a la chica que él sabía mucho más que ella sobre el mundo. Anna no contestó, pero desvió su mirada hacía la cabecera contraria de la mesa, en donde se encontraba la reina sonriendo y charlando con el príncipe Dominic. Y en ese momento, la princesa no pudo evitar sentir un poco de ese instinto protector que siempre parecía tener Elsa, pues, la chica se preguntaba cómo lograría su pobre hermana mayor, quien tan solo llevaba nueve meses en el poder, no tenía el apoyo de sus súbditos y apenas salía de su habitación, seguirle el paso a aquel zorro altamente experimentado durante las negociaciones.

— ¿Quiere salir de aquí? — preguntó Florian de repente — yo sí, creo que me asfixiaré sí sigo en este lugar — dijo el príncipe. Por su parte, Anna tuvo un pequeño ataque de pánico al escuchar aquello, pues lo último que quería era tener que pasar tiempo a solas con el regente.

— Pues… tendríamos que preguntarle a Elsa, ya vio cómo se puso la última vez, no quiero volver a tener problemas con ella — respondió Anna quien pensaba en que lo mejor sería usar a su hermana como excusa, ella de seguro se negaría a dejarla pasar tiempo con Florian, esa era su última salvación.

— Sí, creo que lo mejor será preguntarle — asintió el príncipe Florian con una sonrisa casi sarcástica en sus labios. Anna se levantó de su silla y caminó hacía su hermana mientras que el príncipe la imitaba.

— Elsa… perdón, reina Elsa, perdón, su majestad— balbuceó la chica torpemente mientras hacía un remedo de reverencia.

— ¿Sí? — preguntó la reina con una amable y falsa sonrisa.

— El príncipe Florian me preguntó si podemos dejar el comedor por unos minutos, ¿te molestaría si nos retiramos de la mesa y salimos? — preguntó Anna quien quería desesperadamente que su hermana se negara, pero, en cambio esta se mordió el labio y miró a los demás presentes.

— No tienes que pedirme permiso para algo como eso… — respondió Elsa casualmente — por supuesto que puedes acompañar al príncipe Florian, pero no se tarden, el baile comenzará pronto— dijo la reina con la misma amable y falsa sonrisa, mientras que Anna no pudo evitar apretar los labios firmemente y dedicarle una mirada cargada de resentimiento, pues su hermana le había prometido que ella no tendría que pasar tiempo a solas con él.

— Como diga majestad — asintió Anna haciendo una nueva reverencia. Después, la chica tomó el brazo de Florian y caminó hacia la entrada con él.

— Espera — intervino Elsa antes de que la pareja pudiera dejar el comedor. Al escucharla, Anna y Florian se dieron la vuelta — diez minutos — murmuró la reina— solo tienen diez minutos antes de que comience el baile, por favor, vuelvan para entonces — pidió Elsa educadamente.

— No se preocupe majestad— intervino el regente — estaremos de vuelta.

Anna y Florian salieron del salón y caminaron por los jardines por un buen rato mientras que él seguía contándole historias acerca de sus viajes y ella escuchándole con atención mientras que de vez en cuando lo interrumpía para hacerle preguntas. De repente, Anna se encontró cerca de los establos, en los cuales había una luz de una lámpara prendida. La chica escuchó con atención, y se dio cuenta de que una tenue tonada de laúd sonaba a la distancia, por lo que se preguntó si se trataría de Kristoff, quien solía pasar horas tocando junto a Sven antes de irse a dormir. La princesa miró por encima de su hombro tratando de robar una mirada al interior, pero no lo logró, no podía encontrarlo.

— ¡Anna! — La llamó Florian, por lo que Anna volvió su rostro hacía él — ¿me está escuchando? — preguntó.

— Por supuesto que sí — respondió la princesa, a quien la curiosidad venció y volvió a girar su cabeza hacía las caballerizas, con la intención de encontrar a Kristoff con su mirada por las puertas entreabiertas de los establos.

— ¡Hey! — volvió a llamarla el príncipe mientras que con el dedo rotó la quijada de Anna hasta que sus ojos volvieron a encontrarse.

— ¿Qué es lo que sucede? — Preguntó susurrando Florian, mientras sonreía— ¿a quién estamos buscando? ¿A quien toca el laúd? — insistió.

— ¡No!, claro que no, nadie toca el laúd, bueno, sí toca el laúd, pero no sé, no sé de que está hablando, digo, no, claro que no… — negó Anna de una forma nada convincente, por lo que Florian dejó salir una suave y amarga risa.

— Ah… — suspiró pasándose la mano por las sienes — esto se pone mejor y mejor a cada momento, creo que necesito una copa… — se quejó el príncipe irónicamente, pero sin perder su sonrisa.

— Lo siento mucho príncipe Florian, realmente no es mi intención incomodarlo, por favor, sólo entiéndame. Usted tiene casi el doble de mi edad, y yo… yo apenas lo conozco. Por favor, por favor perdóneme— se disculpó Anna — yo también quiero llegar a una alianza pero no creo que pueda casarme con usted — dijo la chica, por lo que Florian se cruzó de brazos y puso uno de sus dedos en su boca en un gesto pensativo.

— Príncipe…— lo llamó la chica al ver que él no contestaba.

— Sí, la escuché — respondió Florian mientras salía de su ensimismamiento — pero creo que no podrá ser, Anna. Usted es mucho más útil de lo que se imagina, lo siento, pero yo no puedo retirar mi oferta.

— Útil… — repitió Anna con voz ahogada.

— Sí, me temo que sí, pero no se ponga así… realmente no es mi intención hacerla miserable — dijo el príncipe al ver que Anna se tornaba pálida y dejaba caer sus hombros. De repente, Florian volvió a sonreír— creo que finalmente perdió el miedo que sentía por mí. — comentó, por lo que Anna le devolvió la sonrisa.

Florian le ofreció nuevamente su brazo — venga, tenemos que entrar, pronto se cumplirán los 10 minutos de su hermana, y estoy seguro de que si usted no está en el salón en el minuto 11, ella mandará a sus guardias a buscarme, y para ser franco, prefiero evitar darle oportunidad para que ponga mi cabeza en una lanza, como un ejemplo para los próximos pretendientes que vengan a este palacio — comentó irónicamente el príncipe.

— Mi hermana no haría eso — la defendió Anna — ella lo convertiría en una estatua de hielo con sus poderes, y lo pondría en el centro de la plaza para que se derrita, Elsa no necesita que los guardias la defiendan— agregó la chica siguiéndole el juego.

— Oh… eso es… reconfortante — asintió Florian siguiendo el mismo juego— por lo menos tendré la posibilidad de conservar mi cabeza.

El baile dio inicios, y a diferencia de Dominic, parecía que Florian sí que era todo un bailarín, hasta que se separó de ella, parecía que finalmente el príncipe se había quedado sin fuerzas, ya que por primera vez en aquella hora se compadecía de ella en tanto la conducía fuera de la pista de baile.

— Princesa Anna usted tiene una energía formidable— exhaló el sujeto mientras recuperaba el aliento — nunca había encontrado una pareja de baile que fuera capaz de seguirme el paso.

— Gracias alteza, usted ta-también tiene mu- mucha ene- energía — suspiró Anna mientras se dejaba caer en uno de los tantos divanes acomodados alrededor del salón para que los bailarines se sentaran a descansar.

A continuación, Florian siguió a Anna y se sentó junto a ella, mientras que la princesa podía sentir todas y cada una de las miradas de los nobles sobre ellos, quienes esperaban que no arruinara aquella valiosa oportunidad para una alianza.

— ¿Qué es esto? — preguntó el príncipe mientras se acercaba a ella inspeccionando su cabello. Anna de inmediato se alarmó, pues Florian no la había tocado con aquella familiaridad, ni siquiera cuando se encontraban solos, por lo que no entendía su repentino cambio.

— Mi cabello, señor— respondió Anna, por lo que el príncipe rió suavemente.

— Ya sé que es cabello — se burló florian.

— Quiero decir… flores, son flores y cabello, no, flores en mi cabello, no son insectos, los puso Daniele, no sé que puso ahí, pero no son insectos, no señor, no lo son, Daniele es mi mucama personal, pero no son insectos, definitivamente no lo son, son solo flores, aunque no sé qué clase de flores… mejor guardo silencio — dijo Anna quien estaba comenzando a sentirse ridícula — Lo lamento — agregó.

— No hay porqué— contestó casualmente el príncipe, quien de una manera casi imperceptible se acercó más a ella, al punto, que Anna casi podía sentirlo encima suyo. En ese momento, la princesa entendió que había algo detrás de aquel repentino cambio de personalidad de Florian, quien había pasado de ser amablemente distante a convertirse en alguien amenazador, el problema era que ella no entendía que lo había ocasionado .

— Es hermoso — murmuró en tanto comenzaba a rozar su intrincado peinado con las yemas de los dedos. Anna estaba estupefacta, su primer impulso fue mover su codo hacía el costado del príncipe y apartarlo de ella, pues no le gustaba que alguien se le acercara de semejante manera, y mucho menos, sin su permiso. Sin embargo, los ojos de la chica se cruzaron con los del ministro de gobierno, quien al ver lo que se hallaba dispuesta a hacer, negó con la cabeza, dándole a entender que no podía negársele al príncipe.

Al ver que no encontraría apoyo en los presentes, Anna recurrió a su última esperanza: Elsa. En cuanto la princesa encontró la mirada de su hermana se dio cuenta de que ella se había encontrado observando la escena. Pero, justo cuando la chica le devolvió la mirada, Elsa decidió ignorarla y seguir con la conversación que sostenía con el príncipe Dominic, quien lucía preocupado y con el seño fruncido. En ese momento, Anna nunca se había sentido tan traicionada y abandonada como en aquella ocasión, y no pudo evitar preguntarse si las palabras de Florian serían ciertas, si en realidad, era cuestión de tiempo antes de que la mayor se convirtiera en una aristócrata más, hambrienta por el poder, dispuesta a lo que fuese necesario para conseguir más.

— Su perfume huele muy bien… — en tanto se acercaba aún más.

— Aléjese de mí — gruñó Anna entre dientes, quien había decidido que sí nadie la ayudaba, ella misma tendría que hacerlo, pues no se hallaba dispuesta a soportar más humillaciones.

— No — respondió sencillamente Florian — Aún hay algo que debo probar aquí— agregó.

— Ya no más, la gente nos mira— dijo Anna mientras halaba su brazo y trataba de moverse lejos de él.

— Ese es el punto; ¿no lo cree así? — preguntó Florian en tanto tomaba la cintura de Anna impidiéndole que se alejara de él.

— ¿De qué está hablando? ¡Suélteme! — exclamó Anna quien se sentía cada vez más irritada con él príncipe, y con ella misma, por no haber anticipado aquella situación.

— Usted y yo, vivimos en tiempos en donde la "moral y las buenas costumbres" se supone que son la base de la sociedad ¿no es verdad? — preguntó retóricamente — se supone que deberíamos vivir bajo el estricto código de moral victoriano, donde ni siquiera es bien visto que un hombre y una mujer pasen tiempo juntos, a solas, sin compañía de un chaperón, ¿no es verdad?

— Pues, a pesar de eso, mírenos, usted y yo, prácticamente dando un espectáculo en frente de la nobleza de nuestros dos países, y nadie dice nada, completamente mudos, incluso su hermana quien claramente me odia —murmuró en su mejilla, mientras que luchaba por soltarse.

— Usted debe entender, que es prerrogativa de quien tiene el poder hacer lo que se le viene en gana, ya ve que la moral que se aplica a unos no cobija a todos. Puede que yo no tenga la capacidad de ofrecerle lo mismo que el sujeto que tocaba el laúd, pero soy el rey, y si usted me acepta, será mi reina, le daré todo el poder que usted quiera, y los sabemos, que en la versión del mundo en la que vivimos, eso significa lo que usted más quiere: libertad — murmuró el príncipe — podría ir por fuera de estas murallas, ¿no es lo que usted desea? ¿Escapar de su hermana? — preguntó.

— Yo amo a Elsa— respondió Anna indignada.

— Oh… claro que sí, pero, ¿ella la ama a usted? — preguntó venenosamente en su oído, mientras que jugaba con la manga de su vestido — mírelos— dijo Florian mientras señalaba hacía la multitud — tan formales, tan correctos y tan hipócritas. Se supone que son la piedra angular de la moralidad, pero, aún así, henos aquí, mientras todos, incluida su adorada hermana, la ven como si fuera un cordero listo para el sacrificio. Yo le ofrezco toda la libertad que usted quiere, incluso más… — dijo Florian quien rápidamente, con su mano libre la tomó del hombro y la besó en los labios.

— Ouch… — se quejó el príncipe quien se alejó de Anna con el labio ligeramente ensangrentado. — vaya, me imaginé todo, literalmente todo, un par de bofetadas, el hielo de su hermana, y tal vez una patada, pero nunca pensé que usted haría algo como eso — comentó Florian evidentemente divertido por la reacción de Anna, en tanto sacaba un pañuelo de su chaqueta y se limpiaba el labio con él. Por su parte, la princesa se levantó a toda velocidad del diván y miró al regente altivamente.

— Entonces, ¿Por qué lo hizo? — preguntó Anna de una forma casi arrogante.

— Para probarnos un punto, a usted y a mí mismo— respondió.

— ¿Cuál? — volvió a interrogarlo la princesa.

— A mí, me demostró realmente cuanto necesita su hermana de esta alianza, y por lo que veo, es mucho más de lo que pensé inicialmente, mírela, se ha quedado callada durante este tiempo. Y a usted… — empezó El príncipe con una sonrisa — a usted, estoy seguro que le demostró que a pesar de todas las buenas intenciones de la reina Elsa, ella no la va a defender, ni va a hacer sacrificios por usted.

— Eso no es cierto, ella decidió permanecer escondida y aislada solo por mí, para protegerme — afirmó Anna.

— ¿Eso fue lo que ella le dijo? — preguntó Florian con un gesto irónico— porque lo que yo veo es algo muy diferente, veo a una mujer centrada en sí misma, aterrorizada por sus propios poderes, ella no va a interceder por usted, porque los dos sabemos que eso implicaría sacrificios que ella no está dispuesta a hacer. Es por todo eso, que le insisto en que debe aceptarme, Anna, yo le daré un trono, y con él, herramientas para sobrevivir y la libertad. Usted finalmente podrá salir de este palacio.

— ¿Por qué debería confiar en usted? — volvió a preguntarle Anna.

— ¿Tiene usted otra opción? — contrainterrogó Florian. Aquello golpeó a Anna como una bofetada, pero ella decidió mantenerse callada, no le iba a dar la satisfacción de saber que había dado justamente en el punto — Anna — continuó el príncipe al ver que la chica no se decidía. En ese momento, Anna trató de alejarse, e irse, pero él fue más rápido, se inclinó hacia adelante y le tomo el antebrazo fuertemente.

— Piénselo bien, yo puedo ser muy bueno con usted si me lo permite, lo único que pido a cambio son un par de herederos, desafortunadamente, yo no me hago más joven con el tiempo, y mis ministros siguen insistiendo en que debo encargarme rápidamente de ese asunto. Después de que me dé lo que necesito, la dejaré en paz, haré lo que usted quiera, le daré una villa en el campo, sí eso es lo que desea , por alguna razón eso es lo que piden todas las reinas consortes que yo conozco…. — comentó casualmente— oh, aunque últimamente está muy de moda entre las nobles irse a viajar por el mundo— le propuso tras lo que sonrió de una manera desagradable — incluso … sí es que los rumores son ciertos, yo podría fingir que no sé nada, y eventualmente permitir que llevara a su… ¿Qué es lo que decía la gente que era? Un leñador, un recolector de algo, realmente no sé, ni me importa, pero creo que usted entiende la idea.

— No — negó rápidamente Anna — eso no — dijo indignada, por lo que el príncipe dejó salir una ligera risa.

— Está bien, eso no, eso no, pero mi propuesta sigue en pie — dijo Florian conservando su sonrisa. Anna tan solo se lo quedó mirando, sin duda, no se había equivocado respecto al príncipe, él era una persona voluntariosa, que hacía lo que quería, pero, aún así, parecía alguien práctico que no realizaba una acción sin que esta le sirviera de algo. Y por primera vez desde que Anna recibió la propuesta del regente contempló la idea de aceptar casarse con él.

— "¿Y qué harás con Kristoff…?" — murmuró una voz en la cabeza de Anna.

— Yo no puedo tomar esa decisión — dijo Anna rápidamente.

— ¿No puede? — preguntó Florian.

— No. Usted es optimista al creer que yo tengo alguna posibilidad de decidir cualquier cosa en este castillo, si quiere una respuesta tendrá que arreglárselas con ella — contestó Anna mientras que con la cabeza hacía un gesto en dirección a Elsa. La princesa miró a su alrededor, y se dio cuenta de que no podía soportarlo más.

— Ya déjeme — dijo Anna mientras halaba su brazo.

— Esta bien — asintió Florian quien lucía preocupado, mientras la soltaba — Anna, por favor perdóneme, sé que no lo parece, pero realmente no es mi intención hacerla sentir mal, entiéndame, así es la política — aseguró el príncipe. La princesa no fue capaz de contestar, solo hizo una pequeña reverencia y se fue del salón, por lo que no logró ver cómo tras su partida al mismo tiempo que el príncipe tomaba una copa de champagne que uno de los meseros le ofreció, esta se reventaba en pedazos dejando salir cristales de licor completamente congelados, ni tampoco pudo observar la mirada casi asesina que Elsa le dedicó al regente, en tanto este le respondía con una descarada sonrisa y un brindis con los restos de la base de la copa que aún permanecía en su mano.

Lo único que Anna pudo ver fue la sucesión de pasillos interminables que atravesó rápidamente con las piernas temblorosas y la cabeza dándole vueltas. La princesa sintió nauseas al recordar toda la escena, por lo que llevó su mano a su boca para reprimir un sollozo, después, entró al salón, que conducía al tejado, en el que casi dos meses antes había tomado la decisión de dejar el palacio.

Anna corrió hacía la ventana y miró a través de ella, hacía las murallas del castillo, tal y como lo hizo el día de la coronación de Elsa, la diferencia, era que ella no era la misma persona, esa mujer había desaparecido, y ya no observaba las velas de los barcos con la ilusión de conocer a "esa persona", ahora solo quería dejar aquella prisión de concreto.

Posiblemente, la propuesta de Florian no se escuchaba tan descabellada como al principio. Al fin al cabo, si sus papás estuvieran vivos , lo más seguro es que ella ya estaría casada. Anna no era tan estúpida, al menos no cómo todos parecían pensar, ya que hacía tiempo atrás, se había acostumbrado a la idea de que algún día ella tendría que ser la responsable de darle un heredero al trono de Arandelle, pues Elsa, quien para ese tiempo, ni siquiera dejaba su habitación, no parecía tener interés en el tema, el cual amenazaba con volverse un serio problema si no era tratado con rapidez.

Momentáneamente, Anna se olvidó de aquello, ya que con la llegada de Kristoff y el transitorio cambio de Elsa, la princesa tuvo algo diferente en que pensar, desafortunadamente, ahora el dichoso asunto volvía con más fuerza que nunca.

En aquel instante, Anna vio a Kristoff atravesar el jardín, y sintió un pesar indescriptible. Si había algo que la entristecía, era pensar que tendría que olvidarse definitivamente de él. Aunque, el recolector de hielo no era la persona más confiable del mundo, el muy mentiroso había desaparecido por casi tres meses tras decirle que solo se ausentaría por un fin de semana, tiempo, que por demás, habían sido una pesadilla para ella. Aquella misma tarde, la princesa tuvo una conversación con el muchacho, y esperó que él le diera finalmente una explicación, no obstante, él se quedó callado, completamente silencioso. Aunque probablemente, él no tenía explicación, tal vez la había dejado porque estaba harto de ella, y ahora volvía nuevamente, pues necesitaba un sitio donde quedarse durante la temporada invernal. Pero, aún así, ella era lo suficientemente ridícula como para seguirlo queriendo.

— "Oh Anna, si hubiera alguien aquí que te amara…" — retumbó en su cabeza, por lo que finalmente Anna no pudo contenerse más, y rompió en llanto mientras se dejaba caer junto a la ventana.

— S-Su Alteza — tartamudeó una vocecita desde la entrada.

— Daniele, ¿Qué sucede? — preguntó Anna algo irritada.

— Yo … su alteza , le traje esto— enseñándole una bandeja con una bebida caliente y una caja pequeña.

— Son chocolates — dijo sonriente — esta noche hace frio así que pensé…

— Gracias — contestó Anna — ven, siéntate conmigo — le indicó la princesa por lo que la niña se ubicó en el suelo junto a Anna.

— Su Alteza … si la señora Malthus me viera sentada con usted aquí, me reprendería— dijo casi temerosa, refiriéndose a la ama de llaves.

— No te preocupes, no se dará cuenta — respondió Anna con la boca llena en tanto engullía tres chocolates de un solo mordisco.

— ¿De dónde sacaste el chocolate? — preguntó Anna intrigada.

— La señora Malthus los esconde de usted— dijo la niña — ella dice que se los comería todos de un solo mordisco si pudiera — comentó.

— ¿Qué? Eso no es verdad— se defendió Anna quien al meter nuevamente la mano en la caja tan solo encontró uno.

— Es mi impresión, ¿o ahora vienen menos chocolates en estos empaques? — preguntó Anna.

— No, no lo creo su alteza — respondió Daniele.

— Son deliciosos…— comentó la princesa.

— Pues, si usted lo dice alteza — aceptó la niña.

— ¿Acaso nunca los has probado?

—No — negó Daniele

— Que nunca lo has ¿Qué? ¿Cómo es posible? — preguntó Anna estupefacta.

— Su alteza, el chocolate es traído de las colonias, es muy caro — murmuró Daniele, por lo que Anna se sonrojó. ¿Cómo era posible que fuera tan estúpida? Por supuesto, no todos tenían dinero para tal lujo.

— Bien… pues si no lo has probado yo te daré una prueba de lo mejor de lo mejor — dijo Anna — estira tu mano — le indicó, por lo que Danile la obedeció y la princesa le dio el chocolate y ella se lo metió a la boca.

— Ahora mi querida Daniele, no podrás decir que esto no es lo mejor que has probado— comentó Anna con una sonrisa.

— ¡Si, está muy bueno! — Exclamó Daniele riendo de una forma en la que se suponía que una mucama nunca debía hacerlo frente a la princesa, por lo que Anna no pudo evitar reír con ella.

— Muchas Gracias alteza — dijo la niña.

— No, gracias a ti— respondió Anna. En ese momento, uno de los mayordomos llegó corriendo por lo que Daniele se levantó a toda velocidad.

— Su alteza, la reina necesita hablar con usted — dijo el sujeto.

— Perfecto — afirmó Anna — yo también necesito hablar con ella — aseveró.

— ¿En dónde está? — preguntó la princesa.

— En su biblioteca— respondió el mayordomo.

Anna volvió al pasillo y caminó hacía la oficina de Elsa. La verdad, es que hiciera lo que hiciera, nada cambiaría en aquel castillo, sería cuestión de tiempo antes que su hermana volviera a tener uno de sus "episodios" y decidiera cerrar las puertas, de eso no había la menor duda. No obstante, la princesa no planeaba sentarse a esperar que la vida se le consumiera mientras que ella esperaba su oportunidad de ser libre. Adicionalmente, estaba Kristoff, aquella tarde, ella le dio la oportunidad para que hablara, para que le explicara lo que sucedió, sin embargo, él no había dicho nada, lo que le indicaba que en realidad a él no le importaba ella.

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Anna terminó de recordar aquella incómoda noche, la cual no hizo más que empeorar hasta que finalmente tuvo su punto máximo con la discusión que tuvo con Kristoff en el salón de música

"Pequeña princesa tonta y egoísta, es mejor para ti que Elsa te tenga aquí, para que no cometas tonterías, no sabes todo lo que perdí por tu culpa, tienes razón, tu no vales la pena cómo para tomarse la molestia… "

Aquellas palabras del recolector de hielo hicieron eco a través de la mente de Anna, y al igual que el famoso "oh Anna si hubiera una persona aquí que te amara" de Hans, se quedarían grabadas en su memoria recordándole que nunca más debía volver así de estúpida, así de confiada, y le impedirían repetir los errores del pasado. No obstante, una parte de ella le agradecía, ya que aquella discusión finalmente le dio la fuerza necesaria para dejar la seguridad del castillo y llevar a cabo su plan.

La princesa suspiró y siguió esperando en su silla, aún faltaban cerca de dos horas para que comenzaran a vender los boletos, y ni siquiera se atrevía a pensar cuanto tiempo hacía falta para comenzar a embarcar. No obstante, ya eran cerca de las nueve de la mañana, lo que significaba que la plaza de mercado cercana a Bert abriría sus puertas, y Anna podría comprar los víveres que le hacían falta para el viaje. La chica sacó de su cartera de mano una lista que había elaborado en el trascurso de los dos últimos meses, lapso que aprovechó para preparar su viaje. Anna se cuidó de los grandes detalles: la ropa que llevaría, aprender un oficio para poder trabajar, consiguió documentos de viaje falsos, e incluso obtuvo consejos de mucamas y personas que habían realizado grandes trayectos marítimos, por lo que tenía una idea general de lo que debía esperar.

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Mientras tanto, Elsa estaba comenzando a perder la cabeza al no encontrar a su hermana por ninguna parte, en ese momento la reina hubiera dado todo por cambiar los hechos de la noche anterior.

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[La noche del baile: Elsa]

Elsa atravesó el pasillo y subió las escaleras desde el gran salón hasta su oficina mientas escuchaba una serie de ruegos inteligibles de personas que corrían tras ella.

— Su majestad, su majestad — rogó Dominic — por favor, su majestad, discúlpelo. Sé que sus modales son terribles, y que lo que él hizo estuvo mal, pero, por favor no hay que dejar que esto dañe nuestras relaciones, o un posible acuerdo que podría surgir entre Malengrad y Arandelle.

— ¿Qué lo que hizo estuvo mal? — Preguntó Elsa furiosa en tanto se volteaba y encaraba al príncipe— lo que él hizo está por fuera de lo "malo". Es indignante, y degradante, humilló a mi hermana en frente de toda la corte. Dios… pobre Anna, ni siquiera quiero imaginarme cómo se debe sentir — se quejó la reina completamente frustrada, tras lo que tomó el pomo de la puerta de su oficina y se dispuso a abrirla .

— Dígale a su hermano que esto se acabó , que si él quiere llegar a un acuerdo yo negociaré, pero le prohíbo que vuelva a acercarse a mi hermana — concluyó la reina en tanto entraba a la habitación.

— ¿Y por qué mejor no me lo dice usted misma? — preguntó una voz profunda que ya se encontraba en el interior de su oficina, y que para disgusto de Elsa pertenecía a Florian.

— ¿Cómo se atreve a entrar sin mi autorización? — Preguntó Elsa — este es mi estudio privado — replicó Elsa quien sabía muy bien que estaba comenzando a hacer que la temperatura descendiera.

— Su majestad, estoy seguro que lo único que él quiere es disculparse por… — trató de decir Dominic.

— Cállate Dominic — lo silenció Florian— ahora, lárgate.

— Como ordenes— respondió con resignación el muchacho.

— Usted también debe largarse de aquí — dijo Elsa furiosa, una vez se encontraron solos — no lo quiero volver a ver dentro de este castillo — afirmó. En ese momento, Florian río suavemente.

— Su majestad, si yo me voy, nuestras negociaciones se irán al diablo, y los dos sabemos que no puede permitirse que eso suceda — murmuró el príncipe venenosamente.

— Príncipe Florian — Empezó Elsa autoritariamente — nunca me he considerado una persona difícil, ni conflictiva, así que si usted quiere negociar, yo estaré abierta a toda posibilidad, no obstante, mi hermana queda por fuera de la discusión, así que le agradecería que no se volviera a acercar a ella — dijo Elsa tranquilizándose a sí misma.

— Reina Elsa — comenzó Florian en una burla del tono elegante y formal que había utilizado la chica instantes antes — los dos sabemos muy bien, que su hermana no puede quedar por fuera del trato. Porque, los dos sabemos muy bien, qué tierras heredará ella, y que importancia tienen. A Anna le corresponde el distrito del ducado de Bert ¿no es verdad? — preguntó Florian.

— Puede ser, pero yo seguiré siendo la reina de esas tierras— sentenció Elsa arrogantemente.

— Elsa, deje de fingir, usted entiende la situación a la perfección. A mí no me interesa gobernar Bert, lo único que me importa es tener el derecho a pasar libremente con todas mis tropas a su puerto en Bert. En caso de que unos "amigos" que tenemos en común quieran hacernos una "visita" — continuó Florian, haciendo referencia a una posible invasión por parte de las Islas del Sur a Arandelle y Malengrad.

— Mírelo por donde lo mire, los dos salimos ganando: yo puedo mover mis tropas hacía el mar, y de paso, defenderé a Arandelle de las Islas del Sur. Beneficio para ambas partes, con la ventaja añadida de que me podré quedar con su hermana, y arreglaré el problema que tengo con todo el asunto del heredero, mis concejeros no me han dejado en paz por meses— dijo casualmente Florian mientras descaradamente se dejaba caer en la silla del escritorio de Elsa.

— Usted no se quedará con nada — replicó Elsa firmemente — Además, dice que nos defenderá de las Islas del Sur, pero ¿Quién nos defenderá de usted? ¿Cómo puedo estar segura de que el día de mañana usted no nos traicionará? Si yo dejo que pase libremente por Bert usted podrá quitarme esas tierras— razonó la reina altivamente.

— Cuanta desconfianza… — murmuró el príncipe Florian mientras se reclinaba en el escritorio de Elsa sin dejar de mirarla a los ojos — propio de una persona que no conoce más que el miedo. Miedo al qué dirán, a que su hermana finalmente deje de quererla, y por supuesto, a usted misma— opinó el príncipe.

— Sí está tratando de jugar con mi cerebro, no podrá conseguirlo si sigue por ese camino — respondió Elsa arrogantemente.

— Su majestad, dígame una cosa, ¿Usted conoce Bret? — preguntó Florian en tanto se levantaba de la silla, rodeaba el escritorio y se posicionaba justo en frente de Elsa.

— Ese no es su problema— contestó Elsa.

— Eso significa que no — concluyó el príncipe — y supongo que durante los últimos años apenas se ha tomado el trabajo de conocer su propio reino. Claro que no, después de todo, ha permanecido prácticamente encerrada en su habitación por más de una década— continuó.

— Ahora, usted me dice que no es una persona conflictiva, pero, lo que yo , y el resto del mundo, hemos visto desde su coronación , es muy diferente. Desde que se convirtió en reina, congeló a su propio país en un ataque de ira, rompió una relación comercial de casi 100 años con Weselton, expulsó a uno de los príncipes de las Islas del Sur, quien desafortunadamente para usted, resulta ser el almirante de una de las flotas navales más fuertes del mundo, y ahora, usted se encuentra dispuesta a mandarme al diablo, a mí, la única nación vecina con la que no ha tenido problemas — dijo el príncipe acaloradamente.

— Usted no entiende — respondió Elsa — no sabe la historia completa.

— No, no la sé — reconoció Florian — y a decir verdad, tampoco me importa. Bienvenida al mundo real, a nadie le interesa lo difícil que sea, ni sus temores o ansiedades internas, lo único que valen son los resultados. Y por ahora , le digo que desde mi experiencia, es claro que usted va directo hacía el fracaso — sentenció el príncipe.

— Yo… — trató de comenzar Elsa, pero no halló las palabras ni la fuerza para continuar.

— Antes de irme, le voy a dar un consejo, reina Elsa— dijo altivamente Florian mientras se levantaba de la silla — deje de preocuparse tanto por sus dramas personales, sus poderes, sus padres , su hermana, etc, y comience a preocuparse un poco por su propio reino, si es que no valora el bienestar de sus propios súbditos, supongo que sí aprecia su propia vida, y sí es que llega a tener una sublevación en sus manos, nadie se detendrá a pensar en lo mal que usted se siente, le aseguro que allá afuera hay gente que lo está pasando cien veces peor— le advirtió Florian.

— Míreme a mí. A decir verdad, yo no tengo muchas ganas de casarme, puede que encuentre a su hermana linda, y que piense que es encantadora, pero he compartido un par de horas con ella, y definitivamente pienso que es muy joven para mí, aún así, heme aquí, convenciéndola a usted. ¿Sabe porque lo hago? Por qué soy el rey, y tengo que gobernar, esa es mi tarea— concluyó Florian.

— Bien, creo que eso es todo lo que tengo que decirle. Buenas noches — se despidió, tras lo que el regente se fue dejando la habitación y a Elsa sola y confundida.

Desde que conoció a Florian, a Elsa no le causó una buena impresión el príncipe, en realidad, el sujeto parecía un niño de esos que siempre obtienen lo que quieren, y si no lo hacen, montan en cólera. No obstante, el regente no era un niño, todo lo contrario, era un adulto, y uno muy poderoso y también altamente peligroso, y a pesar todo, tristemente todas sus palabras fueran ciertas, pero no importaba, ella no le daría a su hermana por nada en el mundo.

— Kai — llamó Elsa a su mayordomo — por favor, dile a Anna que venga, tengo que hablar con ella.

— Si señora— contestó.

Anna no tardó más que unos minutos en llegar, y en cuanto Elsa la vio supo que su hermana no se encontraba nada bien, pues tenía los ojos hinchados y se vía pálida.

— Anna… lamento lo que pasó esta noche, sé que te prometí que esto no pasaría, pero yo te fallé, no tendrás que volver a verlo, ya hablé con él, te aseguro que no volverá — dijo Elsa quien observaba a la menor, sentada desde la silla de su escritorio.

— En realidad, de eso quería hablarte, Elsa — comenzó Anna — he estado pensando, y creo que lo mejor será aceptar la propuesta del príncipe — dijo la chica en un tono inusualmente firme.

— ¿Qué? — preguntó Elsa mientras se ponía de pie y golpeaba su escritorio con las palmas de la mano — ¿te volviste loca? — preguntó la reina furiosa.

— De ninguna manera permitiré que hagas tal cosa — dijo la mayor.

— Y entonces, dime Elsa, ¿Qué planeas hacer? — Preguntó Anna insolentemente — ¿Acaso piensas restablecer el tratado con Weselton?, después de todo lo que pasó. O tal vez ¿piensas viajar por Corona, Barona o Genovia para conseguir otros tratados nuevos? — preguntó sarcásticamente la princesa.

A decir verdad, Elsa no sabía qué responder, no podía hacerlo, ya que ella jamás había contemplado la remota posibilidad de dejar Arandelle, pero, ahora que su hermana lo ponía en esos términos, era claro que esa era la única forma de evitar ese fatídico matrimonio.

— Eso pensé… — dijo Anna al ver que ella no respondía — sabía que tu no dejarías tu habitación, ni tu palacio, y mucho menos Arandelle. Y tú sabes lo que eso significa ¿no es verdad? —Preguntó nuevamente Anna casi al borde de los gritos — eso significa que la única posibilidad que tenemos es Malengrad.

— Anna no, cálmate, buscaremos otra manera… — trató de calmarla Elsa.

— ¿Cuál? ¿Cuál? Elsa, dime cual. Solo hay otra solución, pero ambas sabemos que implica un sacrificio que tú no estás dispuesta a hacer, entonces, no me queda más que callarme, resignarme y aceptar, eso es lo que yo siempre hago: callarme, resignarme e ir tras de ti, para que te dignes a darme una mirada. Pues bien, por lo menos, si me caso podré salir de aquí — gritó Anna. Elsa se sintió como si ella le hubiera dado una bofetada.

— ¿Así que a eso va todo esto? ¿No es verdad? — Preguntó Elsa quien estaba comenzando a alterarse — tu quieres irte, y por eso quieres aceptar su propuesta de matrimonio. ¿Cómo puedes caer nuevamente en el mismo error? ¿Cómo puedes ser tan tonta, tan estúpida? ¿Que no ves que él te está utilizando? Él me dijo hace unos instantes que la razón por la que quería casarse contigo es porque tu heredaras el ducado de Bert, y él necesita que sus tropas pasen por ahí — respondió Elsa quien tan solo trataba de introducir algo de sensatez en la dura cabeza de su hermana.

— Claro que sí, yo sé que él me está utilizando, él me lo dijo, me dijo que tan solo le soy "Útil" , pues bien, prefiero serle útil allá en Malengrad que ser un poco más que un objeto decorativo aquí en Arandelle— replicó Anna.

—Anna … — suspiró Elsa , quien no podía creer que estuviera frente a la misma niñita que prácticamente cantaba de la felicidad el día de su coronación, la misma que creía en cuentos de hadas y "amor verdadero", y que revoloteaba por el mundo como una especie de mariposa mientras entregaba su corazón en cada uno de sus actos.

— ¿Cómo que un objeto decorativo? No digas tonterías, tú sabes bien lo que significaría ser su reina, ¿realmente estás dispuesta? Además, Tú no eres ningún objeto decorativo, eres una princesa, Anna — dijo la reina calmadamente al ver que aquella discusión amenazaba con volverse una pelea tan terrible como la de hacía dos meses.

— ¡No es cierto! Aquí yo no soy nada — gritó Anna — no soy nada, ni nadie, no soy parte del pueblo, pero tampoco soy parte de la realeza, tan solo paso día tras día consumiéndome en este castillo, si me voy, seguiré siendo el mismo cero a la izquierda, pero, por lo menos podré salir que aquí — volvió a gritar, por lo que Elsa la observó horrorizada, nunca se imaginó que ella se sentía de aquella manera.

— No es cierto Anna, no eres cero a la izquierda — dijo Elsa tomando su rostro con sus manos— por favor Anna yo…

— ¡Suéltame! — gritó Anna en tanto se alejaba de Elsa retirando las manos de su hermana de su rostro.

— Anna, cálmate — le pidió Elsa — de ninguna manera voy a dejar que te vayas con él, y mucho menos en ese estado en el que te encuentras ahora. Piénsalo bien. ¿Qué hay de Kristoff? Yo sé que todavía lo quieres

— A mi no me interesa lo que le pase, ¿Por qué voy a preocuparme por un sujeto al que ni si quiera le importo? Tú tenías razón, él se fue por tres meses y ahora volvió, tan sólo necesita un lugar para quedarse mientras pasa la temporada de invierno, hoy traté de hablar con él ¿pero sabes qué explicación me dio? Ninguna, él no me dio ninguna explicación, probablemente, porque no existe, tal vez él solo se cansó de mí porque no tengo nada extraordinario que ofrecerle, no importa si yo todavía… Ughh, ¡Ya lo pensé bien, déjame ir! — se quejó Anna.

— ¡Bien! —respondió Elsa firmemente, quien ya se había dado por vencida en intentar razonar con ella, pues estaba claro que no lo lograría, tenía que asustarla o tranquilizarla, lo que fuera, simplemente no la podía dejar cometer una locura cómo esa.

— Entonces vete. Ve con él, fuera de este castillo, no durarías ni un solo día. ¿Cuándo dejarás de ser tan estúpida y comenzarás a usar tu cabeza para variar? Si quieres ser su reina entonces hazlo, pero tú sola te enfrentarás a las consecuencias — dijo.

— Bien, empacaré e iré a hablar con el príncipe Florian, mañana no estaré aquí, no te volveré a molestar, lamento los problemas Elsa, realmente lamento haberte gritado — afirmó Anna más calmada mientras recuperaba su aliento. En ese momento, Elsa entendió que su hermana no bromeaba, este no era un capricho parecido al que había tenido meses atrás cuando conoció a Hans. Había ocurrido un cambio muy profundo en Anna desde ese entonces, ella estaba dispuesta a aceptar todo lo que conllevaba ser la reina de Malengrad y casarse con él príncipe.

— No… — susurró Elsa — No, no puedes — negó la reina con voz ahogada.

— ¿Qué? — Preguntó Anna confundida — tu acabaste de decir que…

— Sé que dije, pero cambie mi opinión. No saldrás de este castillo — sentenció Elsa — es más, no volverás a dejar este lugar hasta que me demuestres tener algo de sentido común, algo que tu obviamente careces, hasta entonces, volveremos a cerrar las puertas.

— No, por favor, no puedes hacerme eso, no otra vez — pidió Anna.

— Anna, por favor, no hagas esto más difícil para mí — suspiró Elsa mientras la tomaba por los hombros.

— Déjame en paz — gritó Anna soltándose de ella, después, la chica salió corriendo por el pasillo.

— ¡Anna! — gritó Elsa. — ¡Anna! — la reina no pudo alcanzar a su hermana pero sí se preguntó porque todas sus fiestas acababan de aquella manera, ¿Por qué su atolondrada hermana sentía impulsos de casarse con el primer fulano que se asomaba a la puerta de su castillo? Definitivamente, no volvería a hacer un baile en mucho tiempo.

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Elsa volvió a la realidad, en tanto seguía al capitán de su guardia personal entre los rincones más recónditos del puerto frente al castillo de Arandelle. En ese momento, una voz la alertó.

— Su majestad — la llamó la última persona a la que la reina quería ver: el príncipe Florian.

— Majestad — respondió Elsa formalmente haciendo una insignificante reverencia. Al recibir su saludo, Florian dejó el muelle en el que se hallaba encallado su barco, y se dirigió hacia la Reina.

— ¿A qué se debe el placer de su presencia esta mañana? — preguntó el príncipe en un tono que rayaba en el sarcasmo. — pensé que ya habíamos concluido nuestros asuntos con la conversación que tuvimos ayer— dijo arrogantemente Florian.

— Oh, déjeme adivinar, usted quiere despedirse de mi hermano, deme un momento, en seguida lo llamaré — insinuó el regente con una desagradable sonrisa en los labios.

— No, no vine a despedirlo — contestó Elsa tajantemente — aunque yo no le veo nada de malo en decirle adiós al príncipe Dominic, él es una persona que vale la pena conocer— comentó la Reina con su frio pero cortés tono.

— Entonces… ¿pensó en lo que le dije ayer? — preguntó Florian sin perder esa ridícula sonrisa que estaba comenzando a ponerle los nervios de punta.

— Sí, si lo hice — mintió la reina.

— ¿Y cuál ha sido su decisión? — preguntó. Por su parte Elsa se mordió el labio, no sabía que decirle, ni que hacer, ¿cómo podría confesarle que en el trascurso de la noche Anna había escapado? No podía reconocerlo en frente de ese hombre. Además, las palabras de su hermana eran desafortunadamente ciertas, Arandelle necesitaba el tratado y la protección de Malengrad, por lo que la chica sabía a la perfección que no podía darse el lujo de rechazarlo.

— Príncipe Florian, por favor, entienda mi posición, usted me está pidiendo que le entregue a la única familia que me queda — dijo Elsa en el tono más lastimero que pudo utilizar. Ella sabía muy bien que había demasiado en juego, y no podía darse el lujo de perder, ahora que su cabeza y la de todo Arandelle estaban en juego, y como en la guerra todo se vale, la reina decidió que utilizaría el arma más vieja y sencilla de todas: las lagrimas.

—Por favor Príncipe Florian, usted tiene razón, he cometido muchos errores, yo he sido una pésima reina, todo lo que usted dijo es correcto— aceptó Elsa fingiendo humildad — pero durante casi trece años he vivido alejada de ella, siempre me mantuve a una distancia prudencial, porque tenía miedo de lastimarla, pero ahora, por primera vez, tengo cierto control sobre mis poderes, y puedo pasar tiempo con ella — explicó Elsa.

— Tan solo hemos pasado nueve meses juntas, y ahora, usted viene aquí y me dice que se la dé, ella dejó de ser una niña hace muy poco tiempo. Por favor, sea razonable — pidió la chica, a lo que Florian respondió con un gesto de preocupación, lo que le indicaba a la reina que, su plan estaba funcionando.

— Entonces, ¿Qué es lo que usted propone? Su majestad — dijo Florian.

— Deje a mi hermana hasta abril conmigo, para entonces ella ya tendrá 19 años, en ese momento, la dejaré casarse con usted, por favor, solo deme ese tiempo con ella. Mientras tanto, podemos a poner en funcionamiento un tratado provisional ¿qué le parece? — prácticamente le rogó Elsa.

— No lo sé… la situación es apremiante, la guerra con las Islas del Sur podría estallar en cualquier momento, y mi ejercito necesita tener paso por las tierras de Bert. Además, tal y como le dije a su hermana anoche, yo no me hago más joven, necesito un heredero — respondió el sujeto, por lo que Elsa decidió insistir.

— No se preocupe, como parte de nuestro tratado temporal, yo lo dejaré pasar, con cierto número de soldados, por el puerto de Bert, sólo, si la situación con las Islas del Sur se vuelve insostenible — prometió la reina.

— Usted pone demasiadas condiciones, pero creo que son razonables, así que acepto — dijo el príncipe Florian casualmente. Después, la sonrisa en sus labios desapareció y miró a Elsa a los ojos — pero, si para finales de abril no recibo a Anna en mi puerto, junto con los documentos que prueban que ella es la heredera del ducado de Bert, le prometo que volverá a saber de mí— la amenazó el príncipe.

— Esta bien, muchas gracias majestad, por favor entienda, yo solo quiero pasar tiempo con mi hermana — comentó Elsa mientras dejaba salir un par de lagrimas, a lo que él respondió con una mirada condescendiente.

— Sí, sí, no tiene porque agradecerme, solo cumpla con su parte del trato y yo cumpliré con la mía — aceptó Florian desinteresadamente.

— Por supuesto que lo haré — dijo Elsa quien tras aquello se despidió tanto de Florian como de Dominic.

Mientras el barco de los dos príncipes partía, Elsa se secó las lagrimas, las cuales, a decir verdad, no eran más que lagrimas de cocodrilo. En realidad, la reina tan solo dejaría a Anna casarse con aquel príncipe cuando los cerdos volaran, por supuesto, él no sabía aquello. Su plan era sencillo, usaría aquellos meses para establecer nuevos tratados con otros países y fortalecer su propio ejército, mientras que Arandelle se beneficiaba del tratado provisional con Malengrad, pero, cuando llegara el momento , ella se negaría a entregarle a su hermana. Elsa, conocía muy bien la situación actual del país vecino, y sabía que Florian era tan solo un perro que ladraba mucho y mordía poco, él no se atrevería a declararle la guerra, ellos ya tenían demasiados problemas con las Islas del Sur como para darse el lujo de entablar una disputa en un segundo frente, así que no dudaría en hacer todo a su alcance para cumplir la promesa que ella le hizo la noche anterior a Anna.

Durante todos sus años de preparación para ocupar el puesto de reina, Elsa tuvo que estudiar mucho, leyó cuanto libro sobre de política existía, pero nunca se imaginó que en realidad tendría que valerse de tantas artimañas para mantenerse en el trono, y velar por la seguridad de su reino, pero no importaba, ella aprendería a jugar, aprendería todas las curvas y trampas, tenía que hacerlo, pues era la única forma en que ella y su hermana lograrían sobrevivir. Definitivamente, Florian tenía razón, era momento, de dejar de sentir miedo y compasión por sí misma, tomar su corona y comportarse cómo lo que realmente era: una reina.

El ducado de Bert, ¿Quién diría que ese lugar traería tantos problemas? Par ser honesta, hasta el momento, esas tierras no habían traído más que beneficios para Elsa, pues en ellas se encontraban los más grandes cultivos de Arandelle, y por supuesto, él más grande y exitoso puerto… ¡El puerto!.

— ¡Guardías! — Exclamó Elsa alarmada — preparen todo, necesito que una escuadra me acompañe a Bert. — gritó la reina mientras regresaba al castillo a toda velocidad. Por su puesto, ¿cómo era que no lo había pensado antes? Si es que Anna deseaba salir de Arandelle, Bert era el sitio ideal para hacerlo.

— ¡Kristoff! — exclamó nuevamente la reina cuando vio al recolector de hielo caminando hacia ella — creo que sé donde está Anna.

— De eso te iba hablar, ella piensa emigrar a otro país y trabajar, estoy seguro de que ella ha planeado esto por meses— respondió Kristoff mientras comenzaba a caminar al lado de la reina.

— ¿Qué? — Preguntó Elsa — eso no puede ser posible, Anna no podría… ¿cómo no me di cuenta? — balbuceó la reina mientras se tomaba la cabeza.

— Ya sé en donde está, estoy segura de que se encuentra en el puerto de Bert, queda a tres horas de aquí, ella debió haber viajado en diligencia por lo que debió haberse tomado un par de horas de más, aún estamos a tiempo — afirmó Elsa — voy a seguirla, y voy a detenerla — aseguró.

— Yo te acompaño — respondió Kristoff.

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Anna regresó a la estación tras comprar los víveres que necesitaría para el viaje a Corona, mientras que arrastraba la pequeña carreta en donde llevaba el baúl con dificultad. Se suponía que el trayecto duraba aproximadamente un mes, en el cuál, ella misma debía llevar sus provisiones. La princesa estaba aterrada, a decir verdad, había conseguido gran cantidad de información sobre los viajes en barco, sin embargo, una cosa era saber la teoría, y otra muy diferente, tener que vivirlo en carne propia. La chica se hallaba a punto de sentarse nuevamente en la banca en la que había pasado la última hora, pero el filo de una espada la alertó, estaba segura que se trataba de un guardia, pero no cualquiera, uno que provenía de la ciudad Capital.

Anna sintió pánico, pues sabía bien que aquel soldado debía ser parte de la guardia personal de Elsa, lo que implicaba que ella se encontraba en algún lugar cerca de allí. La princesa no entendía bien que había sucedido, estaba completamente fuera de sus planes, se suponía que la reina se quedaría en la capital de Arandelle buscándola en el puerto frente al castillo, después de todo, su hermana mayor apenas si había salido de la ciudad, y la chica no esperaba que comenzara a hacerlo justo ahora.

La princesa no planeaba esperar a ser descubierta, así que no perdió el tiempo y caminó rápidamente hacía la taquilla.

— Disculpe — llamó Anna al dependiente.

— Señorita, no comenzaremos a vender los boletos para el barco que parte a Corona hasta dentro de una hora más, y…

— Necesito un boleto ahora mismo, no importa hacía donde se dirija el barco — lo interrumpió tajantemente Anna, por lo que el dependiente alzó una ceja en señal de sorpresa.

— Necesito un boleto — repitió la chica — no importa cuál, lo único que importa es que el barco zarpe ahora mismo — le explicó Anna.

— Bien… déjeme mirar — respondió el sujeto mientras revisaba los papeles sobre su escritorio. — hay uno, pero tendrá que tomar uno de los pequeños barcos a vapor que la llevarán hasta el segundo muelle, donde está el grande encallado, y debe entregarles su equipaje ahora mismo, de lo contrario no podrá abordar.

—Perfecto, démelos — respondió Anna.

— ¡Oh! — exclamó el sujeto— solo me quedan boletos en el entrepuente — dijo refiriéndose al nombre con el que se le conocía a la tercera clase. — pero si espera por una hora puedo darle mejores acomodaciones en el barco que va a Corona.

— No, no puedo esperar — dijo Anna quien estaba segura de que había visto otro de los soldados de la guardia personal de Elsa.

— Deme un boleto en el entrepuente — pidió Anna.

— ¿Usted quiere viajar en el entrepuente? — preguntó el dependiente escépticamente examinándola de pies a cabeza.

— Sí, ¿hay algún problema? —preguntó Anna altivamente.

— No, pero usted no parece el tipo de personas que viajaría en la tercera clase, para ser honesto, ni siquiera parece alguien que viajaría en segunda, más bien se ve como una aristócrata que tan solo conoce la primera. No sé si usted sabe, pero el entrepuente es la más baja, y los tiquetes son los más baratos — opinó el sujeto.

—Mejor para mí, no me sobra el dinero en este momento — bromeó Anna — por favor, deme el boleto.

— Está bien — dijo el dependiente mientras arrancaba una de las papeletas — pero se lo advierto, no será nada cómodo, es un viaje de tres semanas, con docenas de personas, en dos gigantescas habitaciones, durmiendo juntos, en literas y espacios muy reducidos, lo digo en serio — le advirtió.

— No me importa si no es cómodo, solo necesito llegar a… ¿a donde fue que dijo que se dirige ese barco? — preguntó Anna por lo que el dependiente dejó salir una ligera risa.

— A las Islas del Sur — contestó nuevamente el vendedor. Ese era el último lugar del mundo al que Anna quería ir, pero, al ver un tercer guardia, decidió que no era tan malo como parecía.

— ¿Está seguro de que va a las Islas del sur?— le preguntó Anna casi desesperada.

— Sí, va las Islas del Sur — respondió el dependiente.

— oh… — se quejó Anna — bien, bien, deme el boleto.

— Llene este formulario — dijo el sujeto entregándole una pluma y una pieza de papel — es para el control de la lista de pasajeros, y aquí están las recomendaciones para los pasajeros, y estas son las reglas de la embarcación. ¿Tiene listos los víveres qué llevará? Recuerde que quienes viajan en segunda clase y en tercera no tienen derecho a alimentación, tienen que llevar sus propias raciones — dijo el sujeto quien aún parecía tratar de persuadirla de que no se montara en aquel barco.

— ¡Ya está! — exclamó Anna quien le devolvió el formulario al hombre— y sí, ya tengo mis víveres, muchas gracias— respondió la chica en tanto recibía los documentos y el boleto de manos del dependiente.

— Buen viaje señorita… Mesonge, Anabelle Mesonge— le deseó el dependiente en tanto miraba su nombre en el formulario.

— Muchas gracias — agradeció Anna en tanto se retiraba del escritorio del dependiente — espere un momento, ¿Dónde se supone que está el barco? — preguntó Anna inspeccionando el muelle.

— Tiene que tomar los pequeños barcos a vapor que están allí— dijo señalándole el lugar —ellos la llevarán al barco en el puerto auxiliar, pero, primero, debe dejar su equipaje y el baúl en donde lleva sus víveres. Después, embarcaran los pasajeros, los que viajan en el entrepuente serán los últimos en subir. — explicó.

— Gracias — respondió Anna antes de irse. La princesa arrastró su baúl y su maleta con dificultad por entre la multitud que se iba formando al rededor de los otros dos gigantescos barcos que partirían en un par de horas, hasta que finalmente llegó al sitio que le había indicado el dependiente.

Anna había acabado de dejar su equipaje con el encargado, cuando sintió que toda la multitud al lado de ella se silenció de repente.

— La reina… — alguien murmuró, por lo que Anna se dio media vuelta sintiéndose aterrorizada, pero decidió no correr, ya que así llamaría aún más la atención entre toda la multitud que permanecía silenciosa e inmóvil, por lo que caminó lentamente a un lugar casi desierto mientras que solo esperaba que Elsa no pudiera verla entre el mar de gente frente a ella.

En aquel momento, la reina hizo su aparición, vistiendo su vestido azul claro favorito, y rodeada de soldados, lo que, a opinión de Anna, la hacía completamente y ajena a la escena que se llevaba a cabo frente a sus ojos. La princesa ya había visto la reacción de la gente cuando su hermana hacía una de sus esporádicas apariciones en la ciudad Capital, por lo que esperaba que en cualquier momento la multitud rompiera en aplausos.

— Booh… largo, fuera — gritó un hombre que Anna no pudo identificar, por lo que la chica no pudo evitar abrir los ojos de par en par, ¿cómo se atrevían a hacerle eso a su hermana?. De inmediato, la princesa volvió a ver a Elsa quien parecía tan estupefacta como ella. De repente, al primer hombre se unieron más voces.

— Largo, fuera, largo— gritaba disonantemente la multitud. Anna volvió a posar su mirada en Elsa, quien lucía completamente descorazonada, y nuevamente, volvió a sentir el mismo deseo de protegerla que tuvo la noche anterior, quería hacer algo, y que esta gente dejara de atacarla, pues lo último que la chica deseaba era verla sufrir.

— ¡Te encontré! — afirmó una voz masculina mientras la tomaba por los brazos

— ¡Kristoff! — exclamó Anna mientras luchaba por soltarse — Déjame, suéltame — dijo Anna mientras que trataba de soltarse, pero, rápidamente la chica se dio cuenta de que tratar de entablar cualquier tipo de lucha física con él era completamente inútil, después de todo, el levantaba decenas de bloques de hielo todos los días, que pesaban un poco más que ella.

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— ¿Qué estás haciendo aquí? — preguntó Anna molesta, en tanto a Kristoff se le detenía el corazón, pues, por un momento, pensó que no la volvería a ver.

— Yo… — comenzó nervioso — ¿Qué no es obvio? Vine por ti — dijo Kristoff más bruscamente de lo que planeaba.

— No voy a volver — aseguró Anna.

— Tienes que volver, Elsa también está aquí, ya no tienes a donde ir, yo sólo tengo que dar la voz de alerta y una docena de guardias nos rodearán— dijo Kristoff molesto.

— Entonces, ¿es así cómo serán las cosas? — preguntó Anna mientras que él veía grandes lagrimas formarse en sus ojos — me llevarán de vuelta al palacio, con cadenas y grilletes, como una especie de fugitiva — dijo la chica con voz temblorosa.

— Anna… — suspiró Kristoff sintiéndose descorazonado— no tiene que ser así, por favor, sé razonable, vuelve conmigo— pidió el recolector de hielo mientras ponía sus dos manos a cada lado del rostro de Anna — por favor — pidió en tanto pegaba su frente a la de ella.

— No lo sé… — murmuró Anna quien ahora parecía dudar.

— Anna, todo será diferente, te lo aseguro, por favor, ven conmigo — murmuró Kristoff sin soltarla. En ese momento, la princesa alzó una de sus manos y entrelazó sus dedos con los que el recolector tenía en la base de su nuca.

— Cuando te fuiste, me lastimaste mucho— comentó Anna con voz ahogada — realmente, no quiero volver a ser herida así, solo dime, ¿Por qué lo hiciste?

— Y-yo lo sé… tú no lo entenderías— mintió Kristoff poco convincentemente, pues él aún no se hallaba listo para decirle sus temores, aunque la voz de Sven le dijera una y otra vez "díselo, díselo, ella te entenderá…"— pero eso no importa, no volverá a pasar, acepta ir conmigo, Elsa tampoco quiere perderte, ella no volverá a cerrar las puertas, todo será como antes, cuando nos conocimos — le prometió Kristoff.

— Si… eso me gustaría — asintió Anna mientras finalmente le dejaba ver una pequeña sonrisa.

— Sí, ven conmigo por favor — pidió Kristoff, quien le dio un corto beso en los labios, pero, se separó de ella al ver que Anna se había puesto rígida.

— No, aún no… no — balbuceó Anna en tanto se alejaba de él, por lo que Kristoff entendió que seguía molesta por su discusión de la noche anterior.

—Yo… yo sé que ayer me excedí, lo lamento, por favor perdóname, por eso, por dejarte y por las mentiras —se disculpó nuevamente en tanto buscaba algo en su chaqueta — toma — dijo entregándole el brazalete de la noche anterior.

— No lo quiero, es mejor que tu lo tengas — respondió Anna negando suavemente con la cabeza.

— No, yo tampoco lo quiero, tienes que recibirlo. Tú crees que yo solamente te quiero porque quiero algo de ti, pero eso no es cierto — aseguró Kristoff.

— No lo sé — murmuró Anna mientras jugaba nerviosamente con las faldas de su vestido — oh Kristoff… ¿Qué fue lo que estuve a punto de hacer? — preguntó la princesa contrariada mientras negaba con la cabeza.

— Una locura, eso es claro — asintió el recolector de hielo en tanto tomaba la mano de la chica — pero ya no importa, mejor vamos a casa, ven conmigo, yo te llevaré con Elsa.

— Que tonta soy, que estúpida — dijo la princesa en tanto seguía negando con la cabeza y lucía arrepentida.

— No importa, ya pasó— trató de calmarla Kristoff mientras caminaban, y en tanto el muchacho pasaba su brazo sobre los hombros de Anna y la acercaba a su cuerpo. — de hecho, fue muy estúpido lo que hiciste, pero no pasó a mayores, así que mejor volvamos al castillo — le aconsejó el recolector en tanto con el índice tocaba las mejillas de la princesa y le dirigía una sonrisa amable.

— Si… estúpida Anna — murmuró la chica de una forma que le encogió el corazón.

— No seas tan dura contigo misma, todos tenemos derecho a tener berrinches de vez en cuando, mírame a mí, tu tuviste que soportar uno de los míos ayer — le dijo Kristoff en tanto la acercaba aún más a él en un reconfortante abrazo.

— ¡Kristoff! — exclamó Anna alarmada en tanto se alejaba de él.

— ¿Qué sucede? — preguntó Kristoff sobresaltado por el repentino grito de Anna.

— Mi maleta, tenemos que recuperar mi maleta — dijo la chica en tanto lo tomaba por la solapa de la camisa.

— ¿Si? ¿Tienes algo importante allí? — preguntó Kristoff al ver que nuevamente recuperaba a su Anna, la misma distraída y alegre persona que había dejado hace meses.

— Sí, mi sello real está allí— dijo la chica.

— ¿Tu sello real? — preguntó sorprendido.

— Sí, un sello real es casi el equivalente a la firma para un noble. Si llegase a caer en manos de alguien malintencionado…. Oh no, no quiero imaginármelo, podrían escribir toda clase de documentos y decir que un miembro de la casa real de Arandelle lo firmo— exclamó la chica horrorizada.

— Ven— dijo Kristoff mientras la tomaba del antebrazo— tienes que recuperar tu valija — asintió el recolector de hielo.

— ¿Dónde está tu barco? — preguntó nuevamente el muchacho.

— Ahí — señalo Anna con el índice, en dirección a un gran barco. La pareja caminó lo más cerca que pudieron de la nave hasta que un marinero los detuvo.

— Disculpen, pero me temo que no pueden pasar, es peligroso acercarse, podría caer un objeto pesado— dijo el hombre.

— Lo sé, pero necesitamos recuperar una valija, es muy importante — explicó Kristoff, quien al no ver ninguna reacción en los ojos del trabajador continuó — ¿reconoce a esta chica? es la princesa Anna, ella les dejó su valija, pero ahora debe recuperarla.

— No digas sandeces muchacho— se quejó el hombre mientras lo apartaba.

— ¿Así que cree que son sandeces? , entonces, ¿Por qué otra razón estaría la reina aquí? — preguntó Kristoff por lo que el marinero pareció meditarlo por unos segundos.

— Por favor señor, tengo que recuperar mi sello real, de lo contrario me meteré en graves problemas — dijo Anna por lo que el sujeto pareció meditarlo mejor.

— Está bien— acepto el sujeto — pero solo puede pasar uno de los dos— dijo el marinero antes de irse y regresar su atención al equipaje del enorme barco frente a ellos.

— Creo que lo mejor será que yo vaya por tu maleta. Ya escuchaste a ese sujeto, objetos pesados podrían caer, y yo soy bueno con los objetos pesados — bromeó el muchacho quien le sonrió a Anna. — espérame aquí — le indicó Kristoff, lo que ella respondió con un sencillo beso en los labios.

— Estaré aquí esperándote, te lo prometo— murmuró Anna gentilmente, quien de inmediato se mordió el labio y adoptó un gesto de preocupación — pero date prisa, si no recupero mi sello, Elsa me trasformará en una paleta— dijo la princesa asustada por lo que él le sonrió.

Kristoff se alejó de ella, y caminó hacía las poleas que los marineros usaban para subir el equipaje a la borda del barco, en donde subió una rampa. El muchacho volteó hacía Anna, a quien encontró sonriéndole, y cuando ella vio que él la miraba, le dedicó un dulce saludo con la mano. Era increíble, pero Elsa en realidad había tenido la razón, su hermana menor realmente tenía una gran capacidad para perdonar, y mientras caminaba, el muchacho se prometió a sí mismo que esta vez no se acobardaría, ella realmente le dio una segunda oportunidad y todo sería diferente.

— ¿Qué quieres muchacho? — le preguntó un marinero ya anciano.

— Disculpe, necesito recobrar el equipaje de una pasajera, ella ha decidido que no viajará, y hay objetos de valor en esa valija — dijo Kristoff en tanto miraba el nombre del barco: "Dafta" leyó el chico — ¿hacía donde va este barco? — preguntó el muchacho.

— A Corona, parte en unas cuantas horas, pero es extraño, creo que tu chica te está mintiendo, muchacho, aún no hemos subido el equipaje de los pasajeros, ni siquiera han comenzado a vender los boletos — dijo.

— ¿Qué? — preguntó el recolector de hielo alarmado. Lo que pasó después, ocurrió en un par de segundos, aunque a él le parecieron eternos. Kristoff volvió a mirar a Anna, pero en vez de la sonrisa de minutos antes, encontró con una mirada dura como el acero. La princesa se dio media vuelta y comenzó a correr entre la multitud, por lo que él la siguió a toda velocidad.

Kristoff no entendía como había podido ser tan estúpido, debió haberlo intuido, ella se negó a recibir sus besos, y también rehusó el brazalete. Simplemente, no podía creer que Anna lo hubiera manipulado de esa manera, ¿estaba tan desesperada? ¿Realmente ella era tan infeliz como para preferir renunciar a todo? Aquellas preguntas retumbaron en la mente del muchacho, mientras que luchaba por encontrarla en medio de toda la multitud, pero, ya era tarde, él la había perdido.


Hola a todos, ¿apuesto a que no esperaban eso?, espero que no, y si lo hicieron… diablos, fui predecible. Sobre el capítulo de hoy les digo que tiene bastantes escenas, para ser honesta, hay algunas que dude en meterlas, pues aparentemente no aportan a la historia, pero la verdad, es que serán muy importantes en un futuro, en especial al principio de este capítulo. Cómo les decía, la idea era que este capítulo y el anterior fueran uno solo, pero cómo pueden ver, es demasiado grande, no podía hacer aquello.

Ahora, les agradezco nuevamente a quienes me escribieron y me dejaron comentarios, sé que fui algo dura con Anna, y también con Elsa, pero la idea era crear una situación tan extrema que ella sintiera que de verdad tenía que salir de ahí. Bueno, sin más me despido, adiós.