Disclaimer: Frozen no me pertenece
NOTA: este capítulo tiene un par de escenas un poco más subidas de tono de lo que los tengo acostumbrados en este fic, aunque no creo que sea un problema, ( oh no me miren mal, que todos sabemos porque estamos en el mundo del fanfiction ¬_¬… si no me creen pregúntenle a los fans de Naruto, ellos sí que saben cómo es, para ser honesto creo que somos el fandom más pervertido en el mundo de los fandoms) en fin… mientras escribía la escena escuchaba la banda sonora de Mansfield Park (1999) los temas "lovers vows" y "introductions", yo les recomendaría que mientras leen la "escena" los escuchen por You tube, realmente son dos temas muy hermosos y recogen la esencia de lo que quise con el fic. En fin los dejo con el capitulo.
[capitulo 7: Juego de Hermanas: Anna]
No había nadie en este mundo que se comparara a Anna y Elsa jugando a la búsqueda del tesoro. Anna recordaba que cuando las dos princesas eran pequeñas, en aquel entonces, una de sus niñeras solía hacer un juego que ella llamaba "búsqueda del tesoro". La mucama escondía un objeto, y les correspondía a las dos niñas buscar aquello con las pistas que les diera la mujer.
Normalmente, las dos princesas solían repartirse las tareas, Anna era la mejor a la hora de sacarle información a su niñera, y de conseguir las pistas adecuadas, pero, Elsa era una maestra al unirlo todo para encontrar la respuesta. Una de las cualidades que más admiraba la menor, era la paciencia de la mayor, pues la chica podía esperar por horas, silenciosa y meticulosa hasta que veía el momento adecuado para atacar.
Tal vez, era gracias a este recuerdo que Anna no dudaba que su hermana aún se acordaba de ella, a pesar de que ya había pasado un mes más en Malengrad, y aún no se oían noticias de un ataque de Arandelle, y probablemente, esta era la misma razón, para que la princesa decidiera que aún no era momento oportuno para dejar el castillo, a pesar de lo mucho que se lo pidiera Kristoff, Anna sabía que aún no podía escapar, es más, no debía hacerlo, pues ella era la única ficha que tenía Elsa en aquel lugar, y su misión, era serle útil a como diera lugar, y conseguir información para ella.
— Espero que estés preparado para perder hermanote — se burló Dominic con una sonrisa astuta en su cara mientras colocaba cuidadosamente las piezas negras sobre el tablero de ajedrez.
— Lo mismo te digo hermanito — contestó Florian mientras que hacía lo mismo con las fichas blancas.
Aquella tarde de domingo, una de las primeras de aquel otoño, Florian, Dominic, Anna y las dos hermanas menores de los príncipes, decidieron pasarla tranquilamente sentados en el jardín del palacio, mientras que las niñas, en compañía de la princesa de Arandelle, exploraban los jardines e improvisaban juegos para entretenerse.
— Ya verán cuando las atrape… — dijo Anna quien tenía sus ojos cubiertos, como parte del juego de la "gallina ciega" que había montado con Amelia y Stella, mientras que ellas reían correteando a su alrededor.
De repente, Anna dio un paso en falso y calló de frente contra el suelo, más exactamente, en el barro.
— ¡Anna! — exclamó Florian en tanto se levantaba de su asiento y se dirigía a toda velocidad hacía donde se encontraba la princesa, quien no dejaba de reírse mientras retiraba la venda de sus ojos — ¿Anna, te encuentras bien? — preguntó el príncipe en cuanto se agachaba y la tomaba del codo para ayudarle a levantarse.
— Sí, lo único que me he herido ha sido el orgullo — respondió Anna restándole importancia — ahora, tus hermanas nunca volverán a tomarme en serio — se quejó mientras ellas dejaban salir una serie de risitas.
— Será mejor que me cambie de vestido, más tarde tengo que tomar el té con Lady Catherine, no será bien visto si llego allí completamente cubierta de lodo — opinó Anna mientras que se soltaba del agarre de Florian.
Anna fue a su habitación, se cambió rápidamente y regresó al jardín, sin embargo, justo antes de que diera la vuelta por la esquina, escuchó el fragmento de una conversación que la interesó.
— Escuché que recibiste una nueva carta de Elsa — comentó Dominic sin dejar de mirar las piezas del ajedrez.
— Sí, pero no es la gran cosa, un poco de lo de siempre, básicamente me amenaza de muerte si no le entrego a su hermana— contestó descuidadamente Florian.
— Pero, aún no ha hecho ningún movimiento ¿no es verdad? — preguntó el menor.
— No, ninguno, ella tiene sus hombres a lo largo de la frontera y sobre todo en Bert. Pero, no ha hecho nada, y no creo que la reina planee dar el primer movimiento— opinó el regente con el seño fruncido.
— ¿Qué es lo que planea? — preguntó Dominic — probablemente son amenazas falsas, probablemente, ella no piensa realmente irse a la guerra — sugirió el menor, por lo que Florian le dedicó una mirada irónica.
— ¿Tu realmente crees que ella dejará que me case con Anna, y siga tan tranquilo? — se burló el regente — está planeando algo, y para ser honesto, me asusta.
— ¿Por qué? — preguntó nuevamente Dominic — nuestro ejército es más fuerte, y estamos mucho más preparados para una guerra de lo que ella nunca lo estará — opinó el más joven.
— Dominic, los dos sabemos que eso no es todo, que ella podría aprender a manejar esos poderes que tiene, y eso es demasiado peligroso— sugirió Florian con las manos entrecruzadas sobre la mesa mientras planeaba su siguiente movimiento.
— No creo que lo haga — respondió Dominic moviendo uno de sus peones.
— Pero podría hacerlo — rebatió el mayor mientras que movía una de sus propias fichas y comía el peón que Dominic movió instantes antes.
— Entonces, ¿Qué es lo que planeas hacer? — preguntó Dominic — probablemente, lo más sensato sería regresar a Anna a su hogar y volver a esa guerra fría que teníamos con las Islas del Sur— dijo el muchacho resignado.
— No seas idiota Dominic — dijo mientras Florian intentaba mover su reina, pero finalmente se arrepintió y tomó su torre — Anna es una pieza mucho más valiosa de lo que parece. Ella no solo es la heredera de los terrenos de Bert, también es la segunda heredera al trono — complementó Florian.
— Florian… lo que estas sugiriendo es muy peligroso — comentó el príncipe con el seño fruncido.
— Pero es lo mejor no lo crees, ¿Qué pasaría si Elsa muere en este momento? Puede que su popularidad haya subido en Arandelle, pero no lo suficiente, además, si me caso con Anna, y ella se vuelve la reina indiscutible, no habrá nadie que se atreva a cuestionar su derecho al trono. Si lo piensas, el plan de Westergard era básico, pero no descabellado: cásate con la princesita, mata a la hermana y quédate con el reino, no puede haber nada más simple que aquello ¿no es verdad? — preguntó Florian astutamente, por lo que Dominic le respondió con una sonrisa casi irónica.
— Tienes razón, es básico, pero no es descabellado — reconoció el príncipe — ¿ya sabes cómo mandarás matarla? — preguntó Dominic.
— Tengo una idea, quiero que parezca como si lo hiciera uno de los tantos opositores de Elsa en Arandelle, pero creo que lo mejor será discutir los detalles en el concejo de guerra que habrá en el baile de la próxima semana, lo único que sé, es que tiene que ser lo más rápido posible, antes de que la reina se me adelante y finamente haga un movimiento — dijo el regente mientras que finalmente movía su torre, y tomaba la reina blanca de su hermano.
— Vaya idea la tuya, programar un concejo de guerra justo después de un baile, es lo más tonto que he escuchado, te aseguro que todos nuestros ministros estarán completamente ebrios, será un desastre — intervino Dominic.
— Es lo más obvio ¿no es verdad? — preguntó Florian —precisamente por eso, es que necesito que el concejo se celebre el día más ridículo de todos, sí es que tenemos algún espía, él ni siquiera sospechará de ello.
— Es brillante — reconoció Dominic — pero sé que hay alguien que no te agradecerá que decidieras matar a su hermana — concluyó el segundo príncipe.
— Ahh… ni siquiera me lo recuerdes Dominic — exhaló Florian en tanto dejaba caer su cabeza hacia atrás — no sé que voy a hacer con ella. Considero que manejo el arte de la mentira y la manipulación excepcionalmente, pero nunca me volví maestro en el de la crueldad. ¿Cómo diablos voy a forzarla a estar conmigo si ella no lo quiere? — preguntó Florian.
— Supongo que no te ayuda el hecho de que ella sea más joven que tú — comentó casualmente Dominic mientras tomaba la torre de su hermano— ¡Ha! Anna es es dulce, parece una especie de princesa de los cuentos de hadas, sólo falta que hable con los pajaritos y toda la cosa — se burló sarcásticamente el menor.
— Bien… respecto a eso…
— ¿Qué? — Preguntó Dominic sorprendido — ¿también habla con los pajaritos?
— Pues… ella tiene esta curiosa costumbre, que descubrí mientras caminábamos por el bosque, de imitar los ruidos de las aves y lo más inquietante es que ellas le responden — comentó el mayor.
— Oh por favor… tiene que ser una broma, Florian, dime que es una broma— pidió el menor quien parecía a punto de estallar en carcajadas.
— No, ella realmente lo hace — aseguró el mayor en tanto Dominic dejaba de reír y lo miraba seriamente.
— ¿Realmente te estás enamorando de ella no es verdad? — preguntó Dominc preocupado, pero Florian no respondió.
— Lamento que sea yo quien tenga que decírtelo hermano — empezó nuevamente Dominic — pero he escuchado rumores, ella es demasiado amigable con un sujeto de los establos, nadie puede decir a ciencia cierta si son más que amigos pero…
— Yo le pagué — intervino Florian.
— ¿Qué? ¿Qué es lo que sucede contigo? — preguntó Dominic alarmado y molesto — realmente no te entiendo, sí se supone que te gusta, ¿Por qué te saboteas de semejante manera? No sé porque siempre tienes que hacer esa clase de idioteces — lo regañó el menor.
— Porque no quiero que llegue virgen al matrimonio, sí ahora ni siquiera puedo concebir tocarla, imagínate cómo me sentiría si tuviera que obligarla a tener su primera experiencia conmigo, ya de por sí, ha de ser traumático tener que compartir cama con el asesino de su hermana, tan solo piensa como se sentiría sí esa fuera su primera vez — se defendió Florian.
— Woow… que considerado… — comentó sarcásticamente Dominic mientras rodaba los ojos — ¿Por qué no intentas agradarle?, ¿has tratado de hacerlo? ¿Cómo una persona normal?
— Dominic — empezó Florian mientras se inclinaba hacia su hermano — si tu estuvieras en su lugar, ¿querrías acostarte con el asesino de tu hermana?
— No — respondió Dominic honestamente.
— Perfecto, eso era todo lo que quería saber — dijo el príncipe mientras reasumía su posición — en todo caso, no importa, el supuesto "galán" es patético, tiene las habilidades románticas de una maldita piedra, estoy seguro de que ni siquiera la ha besado, y el desdichado matrimonio es en poco menos de un mes. — se quejó el príncipe quien tomó un trago del café junto al tablero de ajedrez.
— ¿Qué es eso? — preguntó Dominic mientras miraba la taza directamente.
— Café — respondió Florian sin dejar de mirar el tablero.
— Pero tiene brandy, hasta aquí puedo olerlo — dijo Dominic molesto como Anna nunca lo había visto.
— Claro que no, solo está muy cargado — rebatió el mayor.
— Florian, ¿Cuántas copas has bebido hoy? — preguntó el menor.
— Querrás decir "tazas", ya que ese solo es café — lo corrigió Florian.
— Oh, en ese caso ¿serías tan amable de decirme cuantas tazas has bebido hoy? — preguntó nuevamente con un deje sarcástico en su voz, pero Florian no respondió, por lo que Dominic se levanto furioso de la mesa en tanto deliberadamente empujaba la taza de café de su hermano al piso.
En cuanto lo vio partir, Anna se acercó lentamente a Florian en tanto pensaba seriamente en todo lo que había escuchado, debatiéndose entre una punzada de odio asesino, que la hacía querer matar a aquel sujeto en ese mismo instante, antes de que él pudiera dañar a su hermana; y un emergente sentimiento de lástima por él, porque hasta un ciego podía ver la gigantesca carga que llevaba en los hombros, de la que nunca podría verse completamente libre.
— Florian — llamó Anna por lo que él se levantó de la mesa, se dio media vuelta y la enfrentó.
— Oh, Anna, ya estás de vuelta — comentó el príncipe amablemente mientras que ella caminaba hacía él. En ese momento, una empleada se acercó a la pareja con una bandeja e hizo una leve reverencia.
— Su Majestad — empezó la chica refiriéndose a el príncipe — aquí está la taza de café que solicitó — añadió.
— ¿Mas café? — preguntó Anna fingiendo que no sabía nada acerca de su habito.
— Sí, lo necesito — respondió Florian mientras tomaba la taza de la bandeja, pero Anna puso su mano sobre la del regente y lo detuvo.
— No es verdad, si bebes más café no dormirás esta noche, de seguro que te enfermarás— añadió Anna quien en realidad no quería que Florian siguiera con aquello.
— Vamos, solo es una taza…
— Por favor— pidió la chica mirándolo a los ojos
— Está bien — asintió Florian mientras soltaba la taza, por lo que Anna le dedicó una suave sonrisa.
La relación que Anna tenía con Florian era una de las más extrañas que la chica hubiera tenido con nadie en su vida, incluyendo a Elsa, y eso era mucho decir. Por un lado, lo despreciaba, y no podía ser para menos, ya que él quería apoderarse de su reino, asesinar a su hermana y alejarla de Kristoff, todo, para su propia conveniencia. Sin embargo, la chica no podía dejar de preguntarse si debajo de todas aquellas acciones había un hombre común, que se veía arrastrado por la corriente, y aplastado por el peso de sus propias obligaciones. Un hombre, que de no tener una corona sobre su cabeza , sería una persona decente, a la que Anna probablemente hubiera podido llegar a querer.
.
.
.
Kristoff caminó entre las desiertas arboledas del palacio mientras sostenía a Anna de la mano. Él sabía a la perfección que aquel no era el movimiento más acertado, ya que en cualquier momento alguien podría verlos, pero, paradójicamente, esto también podría ser lo mejor, pues si Florian se enteraba de que él en realidad no había seguido sus instrucciones, probablemente podría terminar con su cabeza en la horca antes de tener la posibilidad de sacar a Anna de aquel lugar.
— Los nobles tratan de evitarme — comentó Anna — me hablan porque saben que seré su reina, pero yo sé que se burlan de mi a mis espaldas— concluyó.
— ¿Te molesta? — preguntó Kristoff.
— Un poco— reconoció Anna — todos especulan sobre porqué dejé el castillo de Arandelle, y acerca de cómo me gané la vida durante esos meses, he llegado a escuchar que hay quienes creen que fui una prostituta — se burló Anna, quien, a pesar de sus palabras, Kristoff sabía que se hallaba muy molesta por toda la situación.
— ¿Y Florian? ¿Cómo te trata? — preguntó nuevamente el recolector de hielo.
— Bien — respondió Anna — no podría quejarme de él, creo que quiere conocerme mejor antes de casarse conmigo, a veces vamos al teatro, otras a cabalgar, pero creo que tiene un problema con la bebida — exhaló la chica quien obviamente estaba preocupada por todo aquello.
— ¿Es grave? — preguntó nuevamente el chico.
— No lo sé, si lo es, él es muy bueno disimulándolo— concluyó la chica.
A Kristoff le constaba que aquello era cierto, ya que a él mismo le correspondía cuidar los caballos del carruaje de Anna y Florian, es más, aún recordaba como un par de semanas atrás, tras alistar el vehículo, vio a la pareja real aproximarse acompañados de un par de pajes, mientras se preparaban para ir al teatro.
— Si me permite… — dijo Florian galantemente con una sonrisa, en tanto le ofrecía su mano para ayudarla a subir al coche. Por su parte, Anna pasó su mirada del príncipe al vehículo como si no entendiera algo en aquella escena.
— Pensé que había dicho que no quería volver a compartir carruaje con nadie — comentó Anna, por lo que Florian dejó salir una ligera risa.
— Por su puesto, puedo hacer una excepción por usted princesa — dijo Florian galantemente mientras que se reacomodaba su sombrero de copa y su abrigo, sin embargo, Anna siguió sin tomar su mano, es más, la princesa tomó la manija del carruaje por sí misma, y subió a este sin prestarle la menor atención. Al verse humillado, Florian le dirigió una mirada resentida a Kristoff y subió al vehículo junto a su prometida.
Kristoff ya se había dado cuenta que Florian se estaba encariñando con Anna más de la cuenta, después de todo, sí era que el príncipe tan solo quería a la chica como una herramienta para obtener más y más poder, ¿Por qué la llevaba consigo a cuanto lugar visitaba?. Por supuesto, él no podía culparlo, después de todo, él mismo había caído en el encanto de la princesa de Arandelle desde hacía tiempo atrás. El recolector de hielo sabía que lo más sensato era sentir celos de este sujeto que amenazaba con separarlo para siempre de Anna, pero, no podía llevarse a sentir aquello, después de todo, para ello se necesitaba que la chica por lo menos diera el menor rastro de amor por el regente, algo que definitivamente faltaba.
En cambio, Kristoff sentía pena por él, pues debía ser terrible encontrarse en una posición como aquella, corriendo tras una mujer que no tiene la menor intención de corresponder sus sentimientos, es más, ella esperaba, con la mayor de las ansias, que sus planes y deseos se vinieran abajo. El recolector de hielo también entendía que una de las razones por las que podía sentir aquello era porque sabía a ciencia cierta que él no había lastimado a Anna de ninguna forma, pues de haberlo hecho, probablemente sus sentimientos no serían tan nobles.
Ya estaba muy oscuro cuando finalmente Anna y Kristoff llegaron a las caballerizas, en donde, para su sorpresa se encontraron con Florian quien se hallaba completamente solo, ensillando su caballo.
— Su majestad — empezó Kristoff incómodo — ¿necesita que haga eso por usted? — preguntó el muchacho al ver que el príncipe luchaba con los amarres. Por su parte, Florian, quien no se había percatado de la presencia de la pareja, los miró por encima de su hombro.
— Oh Christopher, eres tú, con mi querida prometida… — comenzó Florian quien no se despegaba del caballo— sí, sí, ven aquí, necesito una mano con esto — le indicó mientras le hacía un gesto con la mano para que se acercara.
— Esta borracho… — susurró muy suavemente Kristoff a Anna por lo que ella se le quedó mirando sorprendida.
— No es cierto — aseguró la chica.
— Claro que sí, míralo bien, Anna — comentó el muchacho, quien partió de su lado y comenzó a ayudarle al príncipe a ensillar su caballo.
— Florian — empezó Anna amablemente, mientras se acercaba al príncipe — ¿vas a ir a cabalgar? Creo que no deberías hacerlo, ya es tarde, y esta noche será muy oscura, es luna nueva — comentó.
— Tonterías, estaré bien — contestó el príncipe, por lo que Anna se mordió el labio en señal de preocupación.
— Kristoff, por favor ¿podría ir a revisar a mi caballo?, creo que necesita que le miren — sugirió Anna, quien, si bien quería que el recolector de hielo se alejara un poco, y la dejara hablar con Florian, no deseaba quedarse completamente a solas con él.
— Si su alteza — respondió Kristoff y partió al otro lado de los establos.
—Florian — empezó nuevamente Anna, esta vez en un tono más suave — por favor, no vayas a cabalgar esta noche — prácticamente le rogó la princesa.
— Tranquila, no me pasará nada — dijo sencillamente el príncipe con una sonrisa— de todas formas, no es que a ti te importe mucho lo que me pase ¿no es verdad?.
— No digas eso, sé que no compartimos intereses — reconoció Anna suavemente — pero me dolería verte herido, por favor, no vayas a cabalgar esta noche — pidió la chica nuevamente, quien solo deseaba meter algo de cordura en su dura cabeza. De repente, Florian movió su mano a la mejilla de Anna y la acarició suavemente.
— Ah… Anna, ¿Qué voy a hacer contigo? — preguntó el príncipe más para sí mismo que para ella.
— Por favor no vayas, podrías caer del caballo y romperte el cuello — murmuró Anna quien aún sentía la mano de Florian en su mejilla, acompañada por la mirada penetrante de Krsitoff, quien veía en silencio toda la escena.
— ¿Qué estabas haciendo con el encargado de las caballerizas, Anna? — susurró nuevamente Florian. Por un momento, Anna se preguntó a donde quería llegar el príncipe con todo aquello, después de todo, él mismo le había pagado a Kristoff para que pasara tiempo con ella.
— Kristoff es mi amigo, él siempre me acompaña a caminar por las arboledas y habla conmigo, es muy amable, mucho más de lo que podría ser cualquiera en este castillo— contestó Anna algo resentida, por lo que Florian sonrió tristemente y colocó su mano libre en su otra mejilla, casi cariñosamente.
— Pobre Anna ¿ya te diste cuenta, no es verdad? — preguntó Florian sin soltar su rostro — creo que ya sabes lo que la gente dice de ti, no te preocupes, ellos dicen cosas peores de mi — comentó el príncipe a quien Anna nunca había visto de esta manera, definitivamente, Kristoff tenía razón, Florian estaba ebrio.
— Por favor no montes ese caballo — volvió a insistir Anna, quien no vio venir lo que pasó a continuación, ya que él se acercó y la besó, pero no fue igual al del baile de invierno en Arandelle, en el que la princesa pudo sentir la mala intención con la que lo hizo. En este beso algo era muy diferente, había necesidad, casi cómo tratara de tomar un trago de agua tras una larga caminata.
— No, no más… — exhaló Anna alejando a Florian de ella, por lo que él le dedicó una mirada melancólica. — ¿Por qué no volvemos al palacio? — preguntó la chica amablemente, tras lo que miró por encima del hombro a Kristoff quien los miraba con el seño fruncido mientras ensillaba y cepillaba el lomo de su caballo, sin duda estaba furioso, y lo único que esperaba la chica es que no se molestara con ella.
— Cómo quieras… — finalmente aceptó Florian quien la tomó por la cintura y la acercó a él.
— Sí, eso es, vamos al palacio, lo mejor será que te recuestes, te ves cansado— insistió Anna quien estaba contenta por su pequeña victoria.
— Haré lo que tú quieras — contestó mientras movía su mano de la cintura de Anna hacía la base de su nuca, cómo sí pretendiera besarla nuevamente. Pero la princesa fue más rápida y puso las manos en su pecho para evitar que lo hiciera.
— ¿Qué es lo que estas mirando Christian? — preguntó mientras soltaba a Anna, y hacía el intento de dirigirse al otro lado de la habitación, en donde permanecía Kristoff silencioso, pero sin bajar su desafiante mirada.
— Espera — lo detuvo Anna tomando el brazo de Florian — espera, pensé que iríamos al palacio, por favor, ven conmigo— pidió la chica lastimeramente, en tanto que aumentaba la presión en su brazo. Después, la princesa miró a Kristoff tratando de buscar su apoyo, pero él no bajó su mirada, por lo que no hacía más molestar aún más al príncipe.
— Sí yo fuera tú, recordaría cuál es tu lugar, Christian — comentó arrogantemente Florian.
— No, por favor, vamos al palacio, tú me dijiste que irías conmigo, por favor — pidió Anna suavemente mientras prácticamente halaba al príncipe para que no fuera directo hacía el recolector de hielo, quien, tampoco hacía mucho por traer algo de sensatez a la situación. Honestamente, Anna siempre se consideró como el extremo irracional en su relación con Kristoff, mientras que él se comportaba de una manera más predecible y sensata. Simplemente, no entendía que le sucedía, porque tenía que desafiar a Florian silenciosamente, aún cuando hasta un ciego podría ver que él tenía todas las de perder.
— Vamos — insistió Anna. — ya déjalo, solo es el encargado de los establos, no sé supone que deberías buscar pelea con alguien como él, menos tú, que serás su rey — murmuró la princesa en el oído de Florian.
— Tienes razón — asintió torpemente el príncipe. — tienes razón Anna, vamos — comentó en tanto pasaba un brazo por los hombros de la princesa y daban media vuelta para emprender camino hacia el palacio.
A decir verdad, Anna no fue capaz de mirar a Kristoff nuevamente, puede que él no la hubiere escuchado, pero aún así sabía que no podía darse el lujo de perder la confianza del regente, más aún cuando estaba tan cerca de obtener información para evitar que él asesinara a su hermana.
— Anna, Anna, Anna — murmuró Florian mientras frotaba su rostro en su cuello, en tanto la chica luchaba por prácticamente arrastrarlo a su habitación.
— Busque a una mucama, su majestad no se siente bien, necesito que alguien me ayude a cambiarlo y a ponerlo en su cama— comentó la chica a un mayordomo mientras cargaba el peso del príncipe a través del marco de la puerta de su habitación.
— Querrá decir: otro mayordomo, su alteza, es el personal masculino quien se encarga de atender a su majestad — contestó el sujeto en un tono que rayaba en la arrogancia. En ese momento, Anna sintió ira, estaba harta de que todos en aquel lugar la trataran como basura, y sí se suponía que ella sería su reina, era momento de enseñarles a tratarla como tal.
— No me importa a quien busque, necesito ayuda ahora, es una orden, dese prisa — dijo Anna mientras dejaba caer a Florian pesadamente en su cama.
— Sí su alteza — respondió el sujeto mientras que hacía una leve reverencia y procedía a dejar la habitación.
— Por fin estás entendiendo como funcionan las cosas acá — comentó Florian desde la cama — debes infundirles algo de miedo, de lo contrario no te respetarán— aseguró. Después, se levantó y se sentó en el borde de su cama.
— Realmente me excedí esta vez ¿no es verdad? Creo que bebí mucho esta tarde — reconoció el príncipe mientras frotaba su rostro con sus manos.
— Sí, creo que lo hiciste — concedió Anna.
— Ven acá — dijo el regente mientras el estiraba su mano para que ella la tomara, por lo que la princesa decidió seguirle la corriente y tomarla. Florian la haló con fuerza, y la sentó en sus piernas, pero, Anna no hizo nada, pues algo le decía que tenía que jugar su juego, al menos por ahora.
— ¿Qué hacer contigo Anna? — preguntó Florian. — eres todo un problema, al igual que tu hermana. Ustedes par de niñitas han puesto el mundo de cabeza sin siquiera intentarlo — comentó mientras jugaba con el extremo de una de las trenzas de Anna.
— No sé a qué te refieres — respondió Anna.
— Puede que no, pero tú sí sabes que está planeando tu hermana mayor, anda, dímelo — la instó Florian.
— Claro que no sé que intenta hacer, puede que no lo parezca, pero Elsa siempre fue un misterio, incluso para mí — contestó Anna.
— Algo me dice que no debo confiar en ti, que todo lo que sale de estos lindos labios no son más que mentiras— dijo Florian pasando sus dedos por los labios de Anna — pero aún así, me siguen atrayendo, dime algo Anna, ¿tú eres mi enemiga? — preguntó el regente.
En principio, Anna pensó en responderle que sí, que sí lo era, después de todo, él quería destruir su familia y a su reino. Pero, algo en el fondo de su cerebro le dijo que aún no era el momento indicado de enfrentarse a Florian, debía esperar.
— No lo sé, estoy confundida — respondió Anna fríamente.
— ¿Por qué? No tienes ninguna razón para quererme — afirmó.
— Pero aún no tengo ninguna para odiarte — rebatió Anna, por lo que Florian le sonrió.
— Aún no estalla la guerra, pero en cuanto lo haga tú me detestarás mi querida Anna — comentó en tanto le daba un sencillo beso en los labios al que Anna no respondió — ¿hay alguna posibilidad de que pueda comprar tu cariño? — preguntó Florian.
— ¿A qué te refieres? — preguntó el Anna.
— Tu sabes a lo que me refiero — aseguró Florian tomando su cintura y reacomodándola mejor para evitar que se cayera — yo tengo un trono que ofrecerte, pero ¿hay algo más que pudiese darte para hacer que dejes el lado de tu hermana y me elijas? Vamos, todos quisieran se rey, y tú serás una reina, eso es un gran incentivo ¿no lo crees? — preguntó el príncipe.
— Yo… — comenzó Anna, pero, en ese momento, el sonido de la puerta la sobresaltó, por lo que ella se puso de pie y se alejó a toda velocidad de él.
— Princesa Anna — dijo Dominic en cuanto entraba a la habitación — lamento interrumpir pero escuché que necesitaba ayuda — comentó amablemente.
— Sí, este… — empezó Anna quien no sabía cómo explicarle todo al segundo príncipe.
— ¡Dominic! — Saludó Florian alegremente, en tanto su hermano abría los ojos en señal de entendimiento.
— Muchas gracias por su ayuda Princesa Anna, yo me puedo encargar de aquí en adelante — aseguró Dominic
— ¿Está seguro de que no quiere mi ayuda? — preguntó Anna.
— No, no hay problema, yo puedo valerme solo de aquí en adelante — continuó el príncipe.
— Bien — asintió Anna quien hizo una pequeña reverencia y se dispuso a salir del la habitación, pero antes de que pudiera hacerlo, la voz de Florian resonó nuevamente.
— Anna — empezó — piensa en lo que te he dicho— dijo Florian.
— Lo haré — contestó.
— Oh, Anna, casi lo olvido, gracias por todo — agradeció Florian, a lo que ella contestó con una sencilla sonrisa.
En cuanto Anna cruzó la puerta, ella entendió que se había ganado la confianza de Florian, él realmente pensaba que tenía una oportunidad con ella, y eso haría que él bajara su guardia, poniéndola más cerca de saber exactamente cómo y cuando el príncipe intentaría matar a su hermana. Definitivamente, la princesa estaba feliz por cómo iban las cosas, y se odiaba a sí misma por pensar esto .
.
.
.
Finalmente llegó el viernes, pensó Anna mientras que se miraba al espejo en tanto un par de diligentes mucamas la alistaban para el baile de aquella noche. La anticipación mataba a la princesa, pues se suponía que se llevaría a cabo el concejo de guerra en el que se decidiría como asesinar a su hermana antes de que ella diera el primer movimiento en la guerra que se avecinaba.
— Su alteza— la llamó una de las mucamas — ¿le gustaría usar este vestido? — preguntó la chica en tanto arrastraba un hermoso vestido verde oscuro a través de la habitación.
— Por su puesto — respondió amablemente Anna mientras que pasivamente dejaba que su personal continuara preparándola. A decir verdad, lo último que le interesaba a la princesa era su apariencia, su mente se encontraba demasiado inquieta, pensando una y otra vez en cómo obtendría aquella valiosa información de Florian.
Finalmente, Anna se encontró a sí misma en el espejo, y le costaba reconocer a quien veía, pues hacía mucho tiempo que no llevaba uno de esos suntuosos vestidos de gala. Era casi paradójico, cómo en menos de un año su reflejo había cambiado, de princesa infeliz, a mucama, y finalmente, a reina, sin embargo, por más cómoda que se hubiera sentido como niñera, la verdad es que ella tampoco era Annabelle Mesonge, en realidad, Anna sentía que no encajaba en ninguna parte, no era miembro del pueblo, pero tampoco era una noble en sentido estricto, pues sus padres la habían criado demasiado alejada de ese mundo como para considerarse una de ellos. Entonces, ¿Cuál era su lugar? ¿En donde encajaba realmente?
Anna abandonó sus pensamientos y bajó al recibidor en donde la esperaba Florian. Por su puesto, el príncipe regente se veía galante y perfecto cómo siempre, pero no escapó de la vista de la princesa el omnipresente vaso en su mano, es más, ahora que lo pensaba en mejor detalle, no entendía cómo no había notado antes el problema de su prometido, pues, desde que lo conoció siempre hubo una bebida de por medio: primero, el famoso coñac por el que ella y Elsa pelearon, después, su siempre presente comentario "creo que necesito un trago" , y un sin fin de detalles que le decían a la chica que esto no era exactamente nuevo.
— Anna— dijo Florian con una sonrisa mientras le ofrecía su brazo — te ves muy hermosa.
— Gracias — contestó Anna en tanto tomaba su brazo.
— Tengo que confesarte algo — comenzó el príncipe mientras el mayordomo anunciaba su presencia y las gigantescas puertas de roble frente a ellos se abrían dando paso a una multitud que los vitoreaba. De repente, Anna se cruzó con un rostro conocido al que no quería ver.
— No puedo creer que invitaras a Hans — gruñó entre dientes la princesa en tanto luchaba por mantener su falsa sonrisa.
— Lo lamento, sabía que te molestarías por eso decidí no decirte nada — reconoció el regente en tanto que junto a Anna ocupaban su lugar en la mesa principal.
— Esta bien… — murmuró Anna de mal humor — pero, desde este momento, seremos la pareja más feliz de todo el continente ¿me entendiste? — preguntó princesa.
— ¿A qué te refieres? — la interrogó Florian confundido.
— A que me niego a que él me vea infeliz, no le daré esa satisfacción— contestó Anna firmemente, por lo que Florian le dedicó una sonrisa, tomó su mano y besó sus dedos.
— A partir de este momento princesa, somos la pareja más feliz del mundo, sí es que eso molestará a Westerguard, yo participaré un tu juego — comentó, por lo que Anna no pudo más que sonreír.
— Gracias — respondió la chica.
La comida y el baile fueron apacibles y bastante predecibles, pero, en cuanto Anna cruzaba la mirada con alguno de los grandes generales o ministros de Florian, estos lucían extrañamente lúgubres, más parecía que estuvieran en una especie de reunión de negocios que en un baile, lo que le indicaba a la princesa que las palabras de su prometido eran ciertas, después de aquel evento habría un concejo de guerra. Incluso Florian se veía particularmente serio esa noche.
— Retira esto por favor — dijo el príncipe regente mientras le pasaba la jarra de vino a una de las mucamas.
— Anna— se dirigió a ella — ¿te molestaría si esta noche solo bebemos agua? — preguntó Florian.
— No, claro que no, de todas formas, tú sabes que yo no bebo — respondió la chica amablemente.
— Y oíste a la princesa — le dijo Florian nuevamente a la mucama — solo agua para nosotros.
Florian y Anna hicieron todo lo que los invitados de aquella fiesta esperaban de ellos, bailaron, comieron y rieron, cómo la perfecta pareja que se suponía debían ser, mientras que la princesa sentía la mirada de Hans constantemente en su nuca.
— Estoy exhausta — dijo Anna separándose de Florian. — Voy a ir a refrescarse — anunció la chica.
— Esta bien— contestó Florian con el seño fruncido — no me esperes, vuelve a tu cuarto, yo tengo que atender unos asuntos — comentó el príncipe.
— Bien — contestó Anna mientras que trataba de ingeniar una manera para obtener la información.
Anna se separó de Florian, pero no se alejó mucho del salón de baile, todo lo contrario, ella se quedó rondando los oscuros pasillos mientras miraba por la rendijas al príncipe departir con sus ministros y generales.
— Por fin… — dijo una voz detrás de ella.
— ¡Hans! — Exclamó Anna enfrentándolo.
— ¿Qué es lo que quieres de mi? — preguntó Anna furiosa.
— Oh por favor, ¿Por qué siempre tienes que esperar lo peor de mí? — preguntó Hans. Por lo que Anna se cruzó de brazos mirándolo sarcásticamente.
— Esta bien, está bien, vengo en son de paz — aceptó Hans tras dirigirle una pequeña sonrisa.
— ¿Qué es lo que quieres? — repitió Anna incómoda.
— No, ¿Qué es lo que tú quieres? ¿Por qué estás espiando a Florian? — preguntó Hans.
— No lo estoy espiando — negó Anna orgullosamente.
— Mentira— afirmó Hans — tú quieres sabotearlo, pero, ¿cómo lo lograrás Anna? — preguntó el príncipe mientras se acercaba a ella amenazadoramente.
— No sé a lo que te refieres — aseguró Anna.
— Otra mentira. A mí me da igual, realmente me tiene sin cuidado lo que quieras hacer con Florian — dijo el príncipe arrogantemente mientras que se recostaba descuidadamente en una pared. — solo te daré un consejo, sí quieres sacar algún tipo de información, tienes que ensuciarte las manos.
— ¿A qué te refieres? — preguntó Anna algo intrigada.
— Sí, tu y Elsa andan por el mundo creyéndose moralmente superiores a todos, y puede que lo sean, pero eso no las mantendrá en el poder, no pueden pretender hacer todo limpiamente mientras se enfrentan a los más poderosos. Mi querida Anna, si quieres derrumbar a Florian, tienes que ensuciarte la manos — afirmó el príncipe.
— Tiene gracia que tú me digas eso — comentó Anna sarcásticamente.
— Para ser honesto, si bien a las Islas del Sur le conviene tener una alianza con Malengrad, a mi no — comentó Hans mientras tomaba jugaba con una copa de licor que traía en una de sus manos — desde que hicimos el trato con ellos los precios del trigo han caído, ahora hay muchas más facilidades para comerciar. Desafortunadamente, mis plantaciones en la región occidental se han visto afectadas, por lo que a mí me convendría más que volviéramos a tener dificultad en nuestras relaciones.
— Sí es así, entonces, ¿Por qué me entregaste a Florian? — preguntó Anna verdaderamente confundida.
— Cómo Príncipe de las Islas, y almirante de su armada naval, ha sido todo un honor para mí lograr un acercamiento entre las dos naciones, eso es algo que por más que la negociaciones fracasen, nadie podrá quitarme — empezó arrogantemente Hans — pero, como el hombre de negocios que soy, esta alianza me está matando.
— Déjame entender mejor, ¿tú quieres que yo derrumbe la alianza Malengrad- Islas del Sur, para que tú puedas salvar tu negocio? — preguntó Anna sin dar crédito a sus palabras.
— ¡Exacto! — aceptó Hans — yo ya disfruté de los beneficios de esta alianza, mis hermanos y demás colegas militares piensan que soy un genio al lograr un acuerdo temporal, pero a mí no me conviene que esta situación perdure, perdería gran parte de mi fortuna.
— ¡Eso es alta traición! — exclamó Anna horrorizada — serías capaz de deshacer la única posibilidad que tu país tiene para evitar una guerra con Malengrad a para beneficiarte a ti mismo, ¡eres despreciable! — afirmó la chica con asco.
—Ya, Ya, deja de ser tan moralmente aburrida, a los dos nos conviene, yo conseguiré la información que necesitas, y tú te harás cargo de llevarla a Elsa. Nuestra queridísima reina destroza a Florian en el campo de batalla, y la alianza Malengrad- Islas del Sur se va al demonio. Es una excelente idea y ambos salimos ganando — ofreció Hans con una sonrisa en su rostro.
— ¿Por qué debería confiar en ti? — preguntó Anna escépticamente.
— ¿Tienes otra opción? — contrainterrogó Hans.
— Te esperaré en la fuente al lado del vestíbulo justo cuando termine la reunión — dijo Anna sin despegar la mirada de la de Hans.
.
.
.
Las luces del palacio de Malengrad se habían extinto casi por completo, cuando una figura femenina se aproximó a la fuente del jardín interno junto al vestíbulo, tal y como lo había acordado, hasta que unos minutos más tarde, otra persona se unió a ella.
— No puedo creer que hubieras cumplido con tu palabra — comentó Anna resentida al ver a Hans aproximarse.
— Ya te lo dije, a mi conviene que las princesas de Arandelle ganen esta contienda— comentó Hans.
— Me cuesta trabajo creer que tú quieras ayudarnos después de que el año pasado casi decapitas a mi hermana — respondió Anna.
— Todo es relativo, en ese momento la necesitaba muerta, ahora quiero que salga victoriosa, al igual que tu, princesa — contestó arrogantemente Hans, por lo que ella se lo quedó mirando por algunos instantes.
— Tu nunca pierdes ¿no es verdad? Y cuando lo haces, en realidad ganas — lo acusó la chica quien a cada momento se convencía de que estaba en frente de una de las personas más peligrosas que jamás llegaría a conocer.
— ¡Exacto! — exclamó Hans. — te alegrará saber que me enteré que tu amado prometido no atacará Bert, en realidad, piensa reconducir sus tropas por las montañas de Linddsen, y enviar una flota de las Islas del Sur hacía la capital a través del mar, la cual, convenientemente, yo no podré dirigir pues, para ese momento, me encontraré en un barco hacia el continente oriental. Adviértele a tu hermana, estoy seguro de que ella no espera que Florian tome las villas de las montañas, ella espera verlo en Bert, y si Elsa está sobre aviso, él perderá la ventaja de la sorpresa — le informó el príncipe de las Islas del Sur.
— ¿Estás seguro? — verificó Anna.
— Sí, pero no te inquietes, Florian tiene documentos que comprueban cada una de mis palabras, se los llevó consigo. Asumo que los escondería en sus habitaciones privadas, debe creer que es demasiado arriesgado dejarlos en su estudio — aseguró Hans.
— ¿Y sobre el asesinato de Elsa? — preguntó Anna impaciente.
— ¿El qué? — interrogó Hans confundido.
— El asesinato de Elsa, Florian dijo que lo planearía esta noche — afirmó la chica.
—No entiendo — dijo el príncipe verdaderamente sorprendido, por lo que Anna procedió a contarle la conversación que escuchó entre Florian y Dominic.
— Así con que esas tenemos… tu prometido quería quedarse con Arandelle, y probablemente, después traicionaría su alianza con las Islas del Sur. Vaya, vaya, estás llena de sorpresas Anna, nunca dejas de maravillarme — comentó Hans divertido.
— Entonces, ¿no sabes la fecha? — preguntó Anna perdiendo la paciencia.
— No, ese es un asunto que Florian no discutió frente a nosotros, pero creo que la respuesta la encontrarás en los documentos que él firmó en la reunión, ahí debe haber alguna especie de decreto real o algo por el estilo que nos brinde una respuesta — comentó pensativamente Hans mientras se frotaba la barbilla.
— Pero, ¿cómo lograre entrar a su habitación? — preguntó Anna preocupada, mientras que Hans solo la observaba detenidamente.
— ¿Qué? — Preguntó Anna al notar que él no dejaba de mirarla— Hans — repitió Annna tratando de llamar su atención.
— No puedo creer que seas así de básica y estúpida… Usa tu linda cara y haz que él te acepte en su habitación, después de todo, eres su prometida— dijo Hans cómo si fuera lo más obvio. En principio, Anna no comprendió sus palabras, pero en cuanto le entendió, se ruborizó completamente.
— No puedo creer que sugieras algo tan ruin como eso — dijo Anna escandalizada — no soy una prostituta.
— Bien princesa, sí es que quieres salvar a tu hermana tendrás que ensuciarte las manos — rebatió Hans seriamente.
— Yo no podría, a él ni siquiera le atraigo — afirmó Anna frotándose nerviosamente las manos.
— ¿Estás segura? — preguntó incrédulamente Hans, en tanto Anna sentía que recuerdos de los días pasados la embargaban, en realidad, la chica tenía serios indicios de que Florian se sentía atraído por ella.
— No, yo ni siquiera soy bonita, y soy muy torpe, eso no puede ser— comentó Anna tratando de convencerse a sí misma de que no tendría que hacer lo que Hans le sugería.
— Bien, Anna, realmente yo tampoco entiendo porque él está tan interesado en ti, pero deberás pensar en alguna forma de atraerlo— concluyó el príncipe antes de que se comenzaran a oír pasos por el pasillo.
— Alguien viene… — empezó Anna quien fue silenciada por Hans quien la tomó por la cintura y la besó en los labios.
— ¡Aléjate de mí! — gritó Anna quien lo apartó y le dio una bofetada tan fuerte que le reventó el labio y lo hizo sangrar, al tiempo que los propietarios de las pisadas se acercaban a ellos. Al verlos, la chica entendió que Hans había sido más inteligente de lo que ella esperaba, ya que de seguro pensarían que se trataba de un simple coqueteo palaciego, y no de un complot.
— ¡Perra! — Siseó Hans mientras se llevaba la mano al labio — me hiciste sangrar.
— Ah… Westergard te lo tienes merecido, bien por ti Anna — se burló Dominic quien venía acompañado de su hermano mayor, que miraba a Hans bastante molesto.
— Dominic, acompaña a Westerguard, y consigue algo de hielo para su boca — ordenó suavemente, al tiempo que los dos príncipes se iban por el largo pasillo.
— ¿Estás bien Anna? — preguntó suavemente Florian en tanto le ponía ambas manos en los hombros.
— Sí, es un idiota, pero estoy bien — respondió la chica sonriente — le di un buen golpe ¿no es verdad? — preguntó Anna.
— Sí, tengo que reconocer que pegas bastante fuerte para ser una chica tan pequeña — contestó Florian con una sonrisa en su cara — déjame llevarte a tu habitación — agregó el príncipe en tanto le ofrecía su brazo para que ella lo tomara.
— ¿Te divertiste esta noche Anna? — volvió a interrogarla Florian.
— Sí, la pasé muy bien, fue un baile muy agradable — respondió Anna quien estaba intranquila por la conversación que tuvo instantes antes con Hans.
— ¿Qué sucede? Hay algo mal en ti, puedo sentirlo— afirmó Florian.
— Sí, en realidad es que yo… yo he estado pensando — balbuceó Anna nerviosa.
— ¿En qué? — preguntó Florian casi desconfiado.
— En que nos casamos en dos semanas — respondió Anna aún más asustada.
— Sí, lo sé — reconoció el regente.
— Y yo… yo nunca… yo no he hecho… yo no… — comenzó a tartamudear Anna, aún más torpemente, y por un momento, dudó si estaba asustada por la tarea que debía cumplir, o por la perspectiva de lo que podría pasar.
— Entiendo lo que quieres decir — la interrumpió Florian casi fríamente.
— Sí… sí, yo no sé… yo me preguntaba, si yo no sé… yo estoy asustada — reconoció Anna, por lo que Florian frunció aún más el seño.
— Anna, ¿Qué es lo que deseas? — preguntó el príncipe quien obviamente ya estaba perdiendo la paciencia.
— Quiero que me enseñes — dijo sencillamente Anna a sabiendas que su petición debió escucharse como lo más descabellado del mundo.
— ¿Por qué? — preguntó seriamente Florian, por lo que Anna se asustó aún más al pensar que el pudiese desconfiar de ella.
— Porque… porque si nos vamos a casar, no quiero que mi primera vez sea un evento humillante, no quiero darles a todos la satisfacción morbosa de convertirme en una presa de sacrificio en este perverso juego, quiero tener menos miedo del que siento ahora — aseguró Anna, por lo que por primera vez Florian pareció prestarle verdadera atención y detuvo su marcha.
— ¿Tienes la menor idea de lo que me estás pidiendo? — preguntó el príncipe quien se dio media vuelta mientras la miraba a los ojos.
— S..s-s-sí… No… — reconoció Anna tartamudeando— pero, es por eso que quiero que ocurra esta noche y no después— aseguró la chica tratando de parecer lo más sincera posible, aunque en su voz no había más que miedo.
— Pensé que tenías algo con Chistian— comentó Florian fríamente.
— Kristoff — corrigió Anna — no, él es mi amigo, creo que le gusto un poco, pero él no es mi tipo, y no lo quiero a él— mintió la chica en tanto daba un paso hacía Florian sin despegar su mirada de la del príncipe.
Anna nunca se creyó capaz de una cosa así, jamás planeó caer tan bajo. Sin embargo, Hans tenía algo de razón, la vida la había puesto a ella y a su hermana en una difícil posición, en la que cualquier paso que dieran afectaría a miles de personas, y si el regente ganaba, no solo su hermana sufriría, sino todos aquellos habitantes de los pueblos de Arandelle que serían devastados por la guerra, así que sí en realidad debía "ensuciarse las manos", mentir, engañar, robar y seducir, pues que así fuera, porque, ella no perdería la contienda por nada del mundo.
— Me es difícil creer que me deseas a mí— confesó Florian.
— Puede que sea cierto, puede que no te desee necesariamente a ti, pero la persona a quien quiero está demasiado lejos, y me es inalcanzable ya — dijo Anna con tristeza en su voz.
— ¿Entonces, soy su reemplazo? — preguntó Florian.
— No — negó Anna — sí no me hubieras traído a este lugar, yo no estaría en esta posición — suspiró la princesa mientras que sentía que unas lagrimas se le escapaban.
— Por favor, no hagas esto más difícil— pidió Anna casi sin aliento. De repente Florian se acercó a ella y tomó nuevamente su brazo enlazándolo con el suyo y la condujo por los pasillos, pero esta vez, la princesa sabía a la perfección que no se dirigían a su habitación sino a la del regente.
En cuanto llegaron a su destino, Anna entró cuidadosamente, casi como si pisara sobre carbón ardiente, en tanto sentía que sus miembros se deshacían por la tensión. La princesa pasó su mirada por la habitación, y de repente encontró un pequeño escritorio en una esquina, completamente abarrotado de papeles y documentos importantes, de seguro, aquel era su objetivo.
— Anna — dijo Florian llamando su atención.
— ¿S..sí? — tartamudeó la chica.
— Lo que me pides es una locura — afirmó el príncipe.
— ¿Por qué? ¿Es que acaso soy tan repugnante para ti? — preguntó Anna mirando a los ojos negros de Florian, por lo que él se acercó y puso su mano en su mejilla.
— Tú sabes perfectamente que no lo eres Anna — negó el príncipe casi sin aliento.
— ¿Entonces, que te detiene? — preguntó Anna empinándose para acercarse a sus labios.
— No lo sé — confesó el príncipe en un suspiro, después, él la besó lentamente, perdiéndose por completo en el acto.
— Escrúpulos, supongo — exhalo Florian separándose de ella, tras lo que puso sus manos en sus brazos y la empujo suave y lentamente hacía la cama en donde Anna se sentó.
— No hay forma de que yo haga esto en mis cinco sentidos, ni tú tampoco — afirmó Florian.
— ¿A qué te refieres? — preguntó Anna.
— Espérame, no te muevas de aquí — le ordenó Florian firmemente, tras lo que le dedicó una disimulada mirada a su escritorio. — Si te mueves de ahí, yo lo sabré, y te prometo que habrá consecuencias — le advirtió en un tono que bien hubiera podido significar amenaza.
— No me moveré — aseguró Anna sin despegar su mirada de la de Florian. Después, él salió por la puerta lateral de su habitación dejándola sola. Por un momento, la princesa pensó en levantarse y dar una ojeada a los papeles del escritorio, pero la misma voz que días antes le advirtió que debía ganarse la confianza de Florian le dijo que se quedara en su lugar, que debía ser paciente.
Finalmente, tras una corta espera, el príncipe apareció nuevamente por la puerta llevando consigo una caja de madera lacada.
— ¿Qué es eso? — preguntó Anna realmente curiosa.
— Ya verás— respondió Florian mientras se sentaba con las piernas cruzadas en el centro de la cama y abría la caja dando a descubrir un tubo largo, cuyas piezas ensambló en uno solo.
— Parece una pipa — comentó Anna intrigada al ver que él tomaba un fosforo y la encendía.
— Es una pipa — contestó, por lo que la princesa entendió de inmediato que se trataba de un instrumento para fumar opio.
— Yo no quiero acercarme a esa cosa — se negó Anna mientras la miraba asqueada, pues, si bien, él estaba perdido en sus propio infierno, no significaba que dejaría que la arrastrara con él.
— No seas tonta, acércate — le dijo Florian tras haber dado una inhalación al humo de la pipa, en tanto Anna se subía a la cama y se sentaba junto a él. Nuevamente as lágrimas se formaron en sus ojos, pues estaba asustada como nunca se había sentido, ¿Qué sería de ella? ¿Acabaría adicta e infeliz como aquel sujeto?
— No llores— pidió Florian mientras que soltaba la pipa y comenzaba a desatar el complejo nudo de su apretado carvat, pasando a su chaleco, por lo que Anna dejó salir un nuevo sollozo, simplemente, no podía creer que esto le estuviera pasando a ella.
— Por favor, déjame ir con mi hermana— pidió por última vez Anna deseando con todas sus fuerzas que el accediera, pues no estaba segura de llegar hasta el final con aquello. Al verla llorar, Florian tomó una nueva bocanada de humo que lo adormeció más de la cuenta haciendo que su visión se tornara algo nebulosa y sus sentidos se aturdieran.
— No llores, pensé que tú querías esto — comentó el príncipe haciendo a un lado el flequillo de Anna — eso fue lo que tu dijiste mi querida Anna — susurro en tanto bajaba su mentón y comenzaba a besar su cuello.
Por su parte, Anna también se dejo llevar por su instinto, en tanto con los ojos entrecerrados miraba detenidamente el escritorio al extremo de su habitación, después de todo, ese era su objetivo final.
— Anna… — exhaló Florian tras lo que se alejó brevemente de ella y tomó una nueva bocanada de humo. Torpemente, Florian volvió a besar su cuello mientras que con dificultad comenzaba a deshacer los broches de la parte de atrás de su vestido, y de repente, Anna entendió, mejor que nunca, que no lograría escapar, pero que aún así, debía ser fuerte y esperar.
— No parece que también quieras esto — comento Florian quien lentamente bajo las mangas del vestido retirando la parte de arriba de este.
— Yo no lo quiero — afirmó Anna bruscamente — pero, ¿acaso tengo otra opción? — preguntó con amargura.
— Podemos esperar dos semanas hasta que llegue la noche de bodas — sugirió Florian quien había comenzado a jugar con el lazo de su corset.
— Entonces no solo estaré desesperada porque tengo que hacer esto contigo, sino porque seré tu esposa — dijo Anna aún más molesta.
— Como quieras Anna — aceptó Florian quien se levantó de la cama y se ubicó frente a esta.
— Ven aquí — le indicó por lo que Anna le siguió, nuevamente, Florian comenzó a deshacer lo broches del vestido pero esta vez lo sacó casi delicadamente por encima de su cabeza y lo lanzó lejos.
— Odio que las mujeres tengan que usar tantos armatostes como este — dijo, observando las enaguas y el armazón que daba forma a su voluminoso traje.
— Uno de los tantos privilegios de ser mujer — ironizó Anna mientras el procedía a deshacer los nudos del armazón.
— Eres hábil para este tipo de cosas — comentó sarcásticamente Anna mientras pacientemente esperaba a que la desvistiera, por lo que él dejó salir una muy breve risa.
— Tengo algo de practica — comentó descaradamente el príncipe, pero Anna decidió permanecer callada, ya que finalmente se deshizo del armazón, por lo que ahora ella se encontraba tan solo en sus enaguas y corset, mucho más descubierta de lo que ninguna persona la hubiera visto antes, por lo que cruzó sus brazos sobre su pecho tapándose.
— Ven conmigo — le indicó Florian como lo hubiera hecho momentos antes, y la condujo hacía la cama. Una vez allí, el príncipe volvió a tomar una bocanada de humo de su pipa que lo adormeció aún más, y lo dejó en un estado de aletargamiento que hizo sus movimientos mucho más lentos de lo que ya eran.
Lo que pasó a partir de eso, sucedió como si se tratara de una especie de sueño en el que Anna era una simple espectadora, mientras que la propietaria de aquel cuerpo se ausentaba de él por esos breves e incalculables instantes. La princesa permaneció inerme mientras que sentía cómo las torpes y aletargadas manos de Florian deshacían los nudos de su corset, en tanto ella se dejaba caer en la cama y veía como el príncipe se ubicaba sobre ella. Nuevamente y por unos breves instantes, él se alejó de ella e inhaló de su pipa.
Anna contuvo el aliento al sentir cómo el corset finalmente abandonaba su cuerpo, lo que significaba que se hallaba completamente expuesta mientras él la acariciaba, pero aún así, no se atrevió a dirigir la mirada a otro punto que no fuera el decorado techo de aquella hermosa habitación, esperando que todo aquello acabara prontamente.
— Anna… — exhaló Florian como si se tratara de un quejido — creo que ya ha sido suficiente aprendizaje por hoy, para ser honesto, creo que se me fue la mano, no podría hacerlo contigo en este estado, además, ¿Por qué tienes tanto afán? No mi linda Anna, si tú no tienes sentido común, yo tendré que tenerlo por los dos, esperaremos — concluyó Florian exhalando aquellas palabras en su cuello desnudo. El príncipe se apartó, tomó una última bocanada de humo y se dejó caer pesadamente sobre la cama junto a Anna.
A la princesa la espera le pareció eterna, mientras que él dormía. Anna no se atrevía a moverse, apenas si respiraba, pero tras un tiempo prudencial, entendió que el príncipe se hallaba completamente inconsciente en un pesado sueño que serviría para su conveniencia, por lo que ella se levantó cuidadosamente, cerró su corset lo mejor que pudo, y caminó hasta el escritorio en donde vio una serie de documentos.
Anna trató de mirarlos sin moverlos de su puesto, hasta que encontró un grupo que se hallaban atados por un fino cordón rojo de seda, y cuya tinta aún parecía hallarse ligeramente húmeda. La princesa leyó rápidamente la información y en los primeros encontró una confirmación de la información que Hans le dio. Sin embargo, al llegar a los últimos se encontró con la información que tanto había ansiado encontrar.
El asesinato de Elsa se llevaría a cabo en una semana, durante una de las tantas visitas que la reina de Arandelle había planeado a una de las villas cercanas al puerto de Bert. El crimen se realizaría exactamente a las tres de la tarde, mientras que la reina daba su discurso, lo llevaría a cabo uno de los tantos mercenarios de Florian. Pero, el golpe de gracia, se daría en la noche, cuando los concejales de la reina se hallaran demasiado aturdidos y confundidos por la pérdida de su gobernante, entonces, una escuadra del ejercito de Malengrad se acercaría por las montañas que dividían la frontera entre los dos reinos y arrasarían con tres de las ciudades principales hasta llegar a la capital. Frenéticamente, la princesa sacó papel, y con pluma y tintero redacto una descuidada carta para su hermana en la que le explicaba los pormenores del plan del regente.
Con cuidado, Anna devolvió los documentos a su estado original y se vistió lo mejor que pudo, dejando de lado el pesado armazón y soltando su cabello, ya que el peinado de horas antes se encontraba completamente deshecho. Rápidamente, la princesa salió de la habitación pensando en quien sería el indicado para llevar este mensaje tan importante. Obviamente, Hans pensó que ella acudiría a él, pero la princesa prefería pasar una eternidad en el infierno antes que dejar aquel encargo en las manos del príncipe de las Islas del Sur, el mismo que sería capaz de vender a su propia madre si ello le trajera algún beneficio.
Finalmente, Anna llegó a los establos, los que apenas estaban iluminados por una tenue luz acompañada por la suave tonada de un laúd.
— Kristoff — susurró Anna — Kristoff — repitió nuevamente la chica, al tiempo que escuchaba que finalmente la música del instrumento se detenía. En aquel instante, la luz comenzó a acercarse a ella iluminando la parte de los establos en que se encontraba la chica.
— ¿Qué haces en este lugar? — preguntó el recolector de hielo mirándola atentamente.
— Kristoff he descubierto algo muy importante, tienes que ayudarme, media Arandelle será arrasada si no hacemos algo pronto, por favor, tienes que ayudarme — pidió Anna mientras sostenía firmemente el cuello de la camisa del muchacho.
— Anna cálmate — pidió Kristoff alejándola ligeramente de él — toma aire y explícame — pidió el muchacho, por lo que la chica comenzó a narrarle su descubrimiento y le enseñó la carta que había preparado para Elsa.
— Tienes que llevarla — pidió Anna conteniendo las lagrimas. Kristoff tomó el papel con las manos temblorosas.
— Anna, ¿cómo obtuviste esta información? — preguntó Kristoff temeroso al ver a Anna tan descompuesta y pálida.
— La obtuve de Florian — confesó Anna por lo que el recolector de hielo cerró sus ojos y sostuvo el aliento por unos breves instantes.
— No voy a preguntar cómo, porque creo que ya sé la manera en que lo hiciste — dijo aún con los ojos cerrados.
— Nada pasó — se apresuró a añadir Anna mientras trataba de tomarle del brazo, pro el recolector de hielo se retiro impidiéndole que ella lo tocara.
— Pero bien hubiera podido suceder ¿no es verdad? — preguntó Kristoff finalmente enfrentándola.
— Sí — reconoció Anna altivamente — bien hubiera podido suceder, si es que con ello hubiera obtenido esta información, yo lo haría cualquier cosa por Elsa y por Arandelle, y tú lo sabes, así que sí quieres que me disculpe, que llore e implore tu perdón, has venido al lugar equivocado. Yo hice lo que debía y ahora necesito tu ayuda por favor — pidió Anna mientras que el recolector de hielo negaba con la cabeza.
— No puedo creerlo, realmente no puedo creerlo, estás acá confesándome que por poco duermes con otra persona y además, exiges mi ayuda— exclamó Kristoff molesto.
— No la exijo, te la pido, por favor Kristoff, eres la única persona en la que puedo confiar, debes llevarle ese mensaje a Elsa— insistió Anna.
— No lo haré niña tonta, ¿es que acaso no te das cuenta? — preguntó Kristoff exasperado — en cuanto el plan de Florian falle, él descubrirá que hay un espía dentro de su propio palacio, y tú serás la primera persona a la que él mirará. El príncipe es muy orgulloso ¿Qué crees que te hará cuando descubra que usaste sus sentimientos en su contra? — preguntó el recolector de hielo. En ese momento, sus ojos se encontraron con los de Anna y vio en ellos una firmeza e intensidad que lo sobrecogió.
— Yo lo sé Kristoff, yo ya había pensado en ello — dijo Anna muy segura de sí misma.
— Anna… — suspiró el muchacho — él podría matarte, o torturarte.
— Lo sé, yo lo sé, Kristoff — contestó la princesa firmemente. En ese momento, el recolector de hielo vio en aquella chica, la misma que un año antes decidió cruzar por sí sola las montañas de Arandelle para encontrar a su hermana. En realidad, Anna sí sabía a la clase de peligros a los que se enfrentaba, cómo en aquel breve instante en el fiordo en que ella se interpuso entre la espada del príncipe Hans y su hermana, con la certeza de que no sobreviviría, no cabía duda de que su princesa era una de las personas más valientes y desinteresadas a las que hubiera conocido.
Lentamente, Kristoff dio un par de pasos hacia adelante, la tomó por los hombros y le dio un suave beso en la frente, pues ya no le importaba que hubiera podido pasar con Florian, ya que sabía perfectamente donde estaba el corazón de su princesa, se encontraba en Arandelle, con Elsa, y con él. Anna levantó su rostro y le dio un beso en los labios mientras que él sentía lagrimas correr por el rostro de la chica.
— Debería negarme, debería decirte que no me iré de aquí si no te llevo a mi lado — comentó Kristoff con voz ahogada.
— No puedo marcharme, si lo hago él sabrá que llevo la información para Elsa y cambiará sus planes — aseguró Anna.
— Pero si permaneces aquí él te matara — contestó Kristoff.
— Pues que así sea — concluyó Anna con los ojos ligeramente cerrados — pero Arandelle y Elsa estarán a salvo.
— ¿Arandelle y Elsa? — Preguntó Kristoff casi ofendido — ¿y qué hay de mí? ¿Y qué hay de nosotros dos? ¿Es que acaso eso no significa nada para ti? — argumentó el chico por lo que Anna tomó su rostro con ambas manos y pegó su frente a la de él.
— Yo te amo Kristoff, pero es momento de dejar de pensar en nosotros mismos, hay miles de personas cuyas vidas dependen de que tu llegues a tiempo a Arandelle — aseguró la chica con la misma intensidad que siempre le quitaba el aliento. Y en ese momento, él entendió que era inútil luchar contra este argumento. Nuevamente, su memoria lo traicionó, y volvió al trascurso de aquel viaje que los dos hicieron con el propósito de buscar a Elsa, más exactamente, a la expresión de Anna al ver la capital de su reino completamente sepultada bajo nieve, en aquel momento debió haber entendido que la princesa no era una noble como los demás, en realidad estaba frente a un ser humano completamente diferente a los que el recolector de hielo conoció durante el transcurso de su vida.
— Es una locura — murmuró Kristoff abrazándola fuertemente y susurrando aquellas palabras contra su nuca.
— Lo sé, y no puedo si quiera describir lo asustada que me siento. Kristoff, tengo tanto miedo… — se quejó Anna mientras le devolvía el abrazo.
— Llevaré tu mensaje a Elsa — afirmó Kristoff sin saber bien lo que se hallaba diciendo.
— Oh Kristoff… gracias, gracias — dijo Anna emotivamente — no tienes la menor idea de cuánto significa esto para mí — aseguró la chica casi sin aliento.
Rápidamente, Kristoff alistó sus cosas y se preparó para marchar mientras que se movía de un lado al otro en un silencio absoluto, tratando de hallar algo de paz bajo la mirada aterrorizada de Anna, quien se hallaba esperando que el recolector de hielo no se arrepintiera y cambiara su decisión.
— Estoy listo — anunció Kristoff quien ya se hallaba completamente preparado con su indumentaria de viaje, mientras él y Anna permanecían parados en la puerta del establo — será mejor que me vaya, el sol saldrá pronto— agregó, sin embargo, la princesa no pudo evitar lanzar sus brazos alrededor del cuello del muchacho, tras lo que le dio un beso en los labios.
— Gracias — dijo Anna sin dejar de mirarlo a los ojos.
— No me lo agradezcas, espero que entiendas lo que esto significa para mí. Estoy renunciando a ti, tirando a la basura el futuro que pudimos haber tenido juntos — aseguró Kristoff bruscamente, por lo que Anna se apartó y hundió su rostro en sus manos dejando entrever que se hallaba al borde de las lagrimas.
— Por favor, no hagas esto más difícil, yo también estoy renunciando a todo, sin mencionar que aún no sé que pueda hacerme Florian cuando se entere de todo — murmuró Anna desesperadamente.
Kristoff sabía que jamás olvidaría la mirada que le dedicó Anna en aquel momento, cómo si algo dentro de ella hubiese muerto, y pensar que dentro de su bolsillo tenía un simple papel en el que puso tenía todas sus esperanzas, lo sobrecogió.
— Te Amo, no lo olvides — se despidió Kristoff dándole un beso en los labios.
— Yo también, aunque entenderé si decides no perdonarme por lo que pasó esta noche — afirmó.
— Niña tonta, lo que pasó ya no importa — aseguró Kristoff quien tenía la plena seguridad de que pasara lo que pasara, fracasara o fuera un éxito su misión, su pobre Anna sería quien tendría que sufrir las consecuencias y la ira de Florian.
— Adiós Anna — susurró Kristoff.
— Adiós — contestó ella antes de que el recolector se diera vuelta y se internara en la oscuridad de la noche.
Hola a todos, como verán, me demore con este capítulo más de lo que había planeado inicialmente, la verdad es que esta vez sí tengo excusa, hace un par de semanas compré el libro "Mansfield Park " de Jane Austen, todo comenzó inocentemente cuando fui a la librería cerca de mi universidad y escogí uno de los dos libros de la autora que no había leído (el otro es Northanger Abbey) y pensé: oh bien, algo de lectura ligera mientras estoy en el bus camino al trabajo. Pues resulta que la "lectura ligera" se me volvió obsesión, en serio, no había tenido un episodio de este tipo desde que leí Harry Potter, ¡y eso fue hace años!.
En dos semanas ya he leído el libro dos veces, buscado todos los fanfics que podrían interesarme y he visto las dos versiones para el cine, las cuales debo confesar que no acaban de satisfacerme completamente, (en especial la que se hizo en 1999, esa Fanny Price es demasiado diferente a la del libro, demasiado "Hollywood" para mi gusto. La de 2007 es un poco más fiel al libro, solo un poco, pero tengo que confesar que cuando vi el aspecto físico de la actriz, jamás se me hubiera ocurrido que ella podría representar a Fanny Price, pero creo que en general hizo un buen trabajo, aún así, se nota que quitaron escenas del libro porque estaban cortos de presupuesto). En fin… ¿Cómo logro hacer todo esto, y además trabajar y estudiar al mismo tiempo? Ni siquiera me lo pregunten, cualquiera que se una a un fandom, sabe a lo que se enfrenta. Ahhh… y se me olvidaba, ya tengo la mitad de un oneshot escrito XD (es en serio…).
Finalmente, quiero darles las gracias a todos los que me escribieron y me dejaron comentarios, hoy no voy a responder reviews porque siempre me da pena hacerlo cuando me demoro más de la cuenta con un capítulo, pero sí fue bueno o malo, no olviden dejar su comentario en la casillita de abajo, adiós.
