Summary: Algunas de las cosas que pasaron entretanto.

Dulce castigo

XIX

«Al menos ahora sé quién soy. Eso no podría cambiarlo».

Tres años antes de que Koushiro pronunciase esa frase, ni siquiera podía imaginar que lo pensaría algún día. Apenas se hacía la pregunta ya. Se dedicaba a dejarse llevar. Comenzaba la semana, se levantaba siempre a la misma hora, iba al trabajo, comía en una cafetería con sus compañeros, acababa sobre las cuatro de la tarde, daba un paseo, hacía algo rápido para cenar, trabajaba un par de horas en su portátil, actualizaba sus correos, y se echaba a dormir, no sin antes comprobar que la alarma estaba activada.

Miraba el calendario y se quedaba pensando en la última fecha de la que era consciente. Se palpaba los párpados hinchados y se preguntaba, «¿cuánto tiempo ha pasado ya?» Parecía un año entero. Pero no eran más que un par de meses. A veces, parecía todo lo contrario. Cuando la señora Izumi le recriminaba que ya hacían diez días desde la última vez que habían hablabdo, Koushiro lo negaba convencido, como si realmente no hubiesen pasado más de dos días en Los Ángeles.

Aprendió el idioma muy rápido, pero pareció un lustro.

Se despidió de Mimi, siempre parecía ayer.

Pero cuando ella llamó a su puerta, se hizo presente que sí habían pasado dos años. La tela de su vestido era muy fina, caía sobre su cuerpo, como si estuviera diseñado para delinear solo lo esencial. No sonreía. No lo miraba. Nunca la había visto tan delicada, aunque, por un momento, tuvo la sensación de que siempre había sido así, que la recordaba mal. Colocó los brazos en sus caderas, con la impresión de que podía agarrarla del hueso. Lo hizo con suavidad, lentitud, pidiendo permiso, comunicándose con inspiraciones profundas. Mimi respondió brusca, presionándole la boca y la espalda. Se apartó, su rostro mostraba enfado, también culpa. Koushiro, entre conjeturas, perdió la erección antes de atreverse a preguntar.

—¿Qué ocurre?

—No lo sé.

—¿Algo malo?

—No lo sé.

—¿Me deseas?

Asintió con los ojos cerrado y la respiración entrecortada. Si hubiese podido, habría retrocedido años enteros para no conocer su boca.

—Yo también, Mimi. Pienso mucho en ti, aunque no lo quieras creer.

Mimi continuó con los ojos cerrados. Apoyó la frente sobre su hombro y se deshizo en dos gestos del vestido, que apartó con un pie. Apenas hizo nada más. Se dejó llevar, como se dejaba llevar Koushiro por los días, con la creencia de que era lo fácil. Después, le asaltaron las mismas dudas que la habían atormentado dos años atrás. La solución era un laberinto que comenzaba en el centro.

.***.

—Sé qué es lo correcto aquí. En un par de semanas debería coger un avión a Los Ángeles, darle un beso e irnos a vivir juntos para que el pueda jugar a la ciencia y yo ser extranjera. La vida no debería ser tan complicada —se quejó Mimi y removió su infusión. Hiro, con la espalda apoyada en cocina de su apartamento, la miró de reojo. Tras pagarle la multa, cenar juntos a las tantas de la madrugada se convirtió en una costumbre. Cena tras cena, una semana escuchando lo mismo. Sabía qué palabras venían a continuación, pero la dejaba expresarse, encontraba divertido hacerlo.

—Solo sé que no quiero ir. Pero quiero estar con él. Pero si estoy con él más tiempo, sé que se estropeará. Y, si no está cerca, tampoco tengo nada. Total, que ya no sé si no quiero ir por no mudarme o porque prefiero que estemos separados. O si solo quiero ir por no estar sola. Y es que me siento como interrumpida, como si todo me esperase un tiempo de silencio muy largo. No sé qué pensar, ¿tú qué piensas?

—Que, si trabajases doce horas al día, no tendrías tiempo de pensar tanto.

—¡Menuda ayuda!

—No prometí ayudarte. Solo te pregunté qué te pasaba. No puedo saber qué es lo que quieres, ni cómo te imaginas el futuro o cómo piensas llegar a eso. Pero nadie lo sabe, no realmente. Solo tienes lo de ahora y solo lo tendrás una vez.

Mimi fijó la vista en la sombra que proyectaba su taza.

—Yo quería que me quisiesen y me admirasen. Pero ¿por qué iban a hacerlo? Pienso en eso. ¿Por qué motivo? Soy mala gente.

»No me mires así, es la verdad. Mentí, bastantes veces, ya ni sé qué es verdad y qué no. Nunca se me dio bien seguir reglas, me subo en los trenes equivocados, incumplo promesas porque… quién sabe qué pensaba al prometerlo, olvido tan rápido... mañana ya habré olvidado lo mal que me siento hoy, quizá reiré con ganas. Y lo peor es que soy superficial, materialista y egoísta, soy de lo más egoísta que existe. Y me empeño en negarlo. Me lo dijeron muchas veces, que solo pensaba en mí… que no podía ser siempre lo que yo quería.

—No digas eso… —Hiro bajó la mirada—. Mimi, tengo que confesarte algo.

Mimi cortó la respiración ante la pausa de Hiro.

—Pero me cuesta —continuó Hiro.

—Dilo, simplemente. O no lo digas. Pero, con esa frase, si no continúas, me pondré a pensar lo peor. —Se rascó el cuello—. ¿Traficas en el restaurante?

Hiro rio, se frotó las sienes y cogió aire.

—¿Recuerdas aquel día en la Universidad, cuando encontraste la cartera? Pues me la quedé. No vino nadie a por ella y me la quedé —contó con naturalidad, Mimi le miraba sin pestañear y con la boca entreabierta—. Te estoy diciendo la verdad. Cada vez que te veía me acordaba de eso y me sentía incómodo, esa no es la palabra, pero… ya sabes. Te pagué la multa y no quiero que me lo devuelvas. Podría justificarme de varias maneras, y seguiría sin ser correcto. Así que, por favor, no me cuentes otra vez lo mala que eres. Nadie es del todo bueno. ¿Que has hecho cosas mal? Perdónate. Todos hacemos cosas que nos avergüenzan, eso no te puede definir. Lo cierto es que podría pasarme el día diciendo cosas que me gustan de ti.

Mimi se mordió el labio y escondió las manos bajo la barra de la cocina.

—Mimi…

—No sé qué decirte ahora mismo —interrumpió.

Mimi utilizó una de sus manos para colocar un mechón de pelo detrás de su oreja y luego apoyó la frente sobre ella, tratando de escuchar sus pensamientos. El torbellino de frases se había esfumado de golpe. Todo era silencio.

—Me siento algo cansada —se disculpó—. Se ha hecho bastante tarde.

—Quédate aquí. Yo puedo dormir en el suelo. Lo he hecho muchas veces.

.***.

Mimi se sorprendió pensando que darse la mano podía ser mucho más íntimo que un polvo, pero no dijo nada al respecto, creyendo que Koushiro no entendía ese tipo de apreciaciones. Que estaban bien sin decirse nada.

—¿Estás con alguien? —preguntó Mimi.

Koushiro soltó su mano y le acarició el brazo.

—¿Eso es un sí?

—No es nada serio. No tengo demasiado tiempo.

—Claro.

Koushiro bostezó.

—¿Es solo por el sexo, no?

—No. El sexo no…

—¿Es aburrido?

—Es otra cosa. —Suspiró y se tumbó boca arriba con los ojos cerrados—. Es por intentarlo. Al besar y tocar a alguien, se produce oxitocina y…

—¿Y qué? ¡Dime! ¿Qué ocurre con eso? —preguntó zarandeándole de un hombro. Koushiro solo respondió entreabriendo los ojos y buscando otra vez su mano. Poco después su respiración se hizo más profunda. Ella se soltó, y se marchó tan pronto notó el frío en su cuerpo.

.***.

Dos meses después de su primer contacto con Los Ángeles, Koushiro se autoconcedió un día libre. No creía merecerlo, pero no podía más. Necesitaba pasar un día sin una pantalla a menos de cuarenta centímetros de distancia.

Sin unos auriculares pegados a su oreja, sentado en un banco, prestó atención a los ruidos que tenía olvidados. Cada diez o quince segundos pasaba un coche que no era capaz de ver, el sol le cegaba, creándole un gesto amargo en la mirada. Si rasgaba con la uña el borde de su vaso de cartón, este parecía quejarse. De las personas con las que se cruzaba, entendía alguna palabra suelta. «Esto debe ser lo que sienten los bebés», pensó, «murmullos y poco significado». Se fijaba en sus caras, todas muy diferentes, sin encontrar ninguna en especial.

Pese a concentrar tanto su atención en lo que le rodeaba y existía, no era capaz de desprenderse de lo que cada vez era más lejano, como si cada una de las veces que lo recordase, solo lo alejase más, reproduciéndolo en su mente de un modo cada vez más distorsionado. ¿Había ocurrido algo así? ¿De qué color llevaba Mimi el pelo? No importaba.

—Ya he dicho que lo siento. Pero podrías entenderlo. Tengo una vida aquí, aunque no lo parezca.

—No es eso, Mimi. Nunca has dicho un lo siento sincero.

—Siempre tuve mis motivos.

—Cuáles.

—Unos que ni yo sé.

—Eso es como no tener ninguno.

—No, solo significa que no lo sé. No hables como si lo supieras todo. No te enfades solo porque no lo comprendes.

«No me enfado», pensó Koushiro, «me hubiese gustado decirle que no me enfado».

A ojos extraños, solo era alguien tranquilo. Un recién llegado más, uno cualquiera que esperaba a otro como él en un banco.

Enjoy, man.

Koushiro miró a la extraña que se había sentado a su lado. Vestía de blanco, tenía el cabello recogido en un gran moño, un gran anillo y sorbía un granizado. Ante el silencio, se arrimó más a él.

—I said: enjoy. Why are you so blue? You just gonna be here once. That can be good or not.

—Sorry. I don't understand.

—I see, but you will. For sure. —La chica se rio exageradamente y, antes de despedirse, le escribió un número de teléfono en el brazo.

En momentos como ese, se le ocurría pensar que, fuera del centro donde trabajaba, nunca conseguiría adaptarse.

.***.

Traducción de las frases:

"Enjoy, man" : disfruta, hombre.

"I said: enjoy. Why are you so blue? You just gonna be here once. That can be good or not." Dije: disfruta. ¿Por qué estás tan triste? Solo vas a estar aquí una vez. Eso puede estar bien o no.

"Sorry. I don't understand" : Lo siento. No entiendo.

"I see, but you will. For sure": Me doy cuenta, pero lo harás. Sin duda.