Saludos c:

Paso a dejar el segundo capítulo del fic ^^ muchas gracias a rayquazashiny por haberse dado el tiempo de leer y revisar c: ojalá más personas deseen dejar sus opiniones también :) Sin más, el siguiente cap~~


Capítulo 2

Un extraño sonido se escuchó proveniente desde algún punto en aquel gran volcán inactivo. Un sonido nunca antes escuchado por esos lados, y que espantó a los pokemon que vivían en aquel lugar. Él ni siquiera pudo percibirlo al principio, pero varios minutos después este extraño ruido penetraba en las varias capas de tierra bajo las que él estaba sepultado. Gruñó un poco ante su sueño perturbado, pero se dispuso a continuar durmiendo e intentó hacer caso omiso. Sin embargo, este insoportable sonido fue haciéndose cada vez peor, hasta que todas las cavernas subterráneas repetían su eco, volviendo imposible el siquiera hacer un intento por tener los ojos cerrados.

Groudon abrió lentamente los ojos, después de no haberlo hecho por algunos miles de años. Se tardó varios segundos en despertar enteramente, levantarse sobre sus patas y erguir la cabeza: observó en rededor la caverna magmática en la que llevaba dormido tanto tiempo. No recordaba exactamente cómo había llegado allí, pero dado que siempre le había gustado dormir en lugares cerrados y cálidos como aquel, no le dio mayor importancia. Lo que le irritaba era ese sonido insoportable.

Nunca antes había escuchado nada similar. No pudo hacerse a la idea de qué sería. Era como si un pokemon de acero intentara desesperadamente destruir una gigantesca roca con sus piezas metálicas. ¿Sería eso acaso? ¿Un pokemon de por allí que estaba atrapado, o algo por el estilo? No le parecía. Este ruido infernal le hacía pensar en algo grande y que se estaba acercando a su espacio.

El enorme pokemon sacudió un poco la cabeza para terminar de despertar, se levantó despacio y dio movilidad lentamente a cada parte de su adormecido cuerpo. ¿Cuánto tiempo llevaba dormido? Era asiduo a largas siestas. Tal vez de varios días o semanas, pero ahora había perdido enteramente la noción del tiempo. Se cubrió los oídos en cuanto el sonido pareció acercarse todavía más, de forma persistente y endemoniada. ¿Qué rayos era? Como estaba ya muy cerca, Groudon le dejó acercarse.

Un gigantesco taladro de acero irrumpió finalmente al interior de la caverna. El pokemon jamás había visto nada igual, por lo que quedó desconcertado. Retrocedió un poco estudiando lo que ocurría: varios humanos, todos de iguales ropas descendieron cargando aparatos y pokemon. Muchos y grandes pokemon. Se dieron órdenes los unos a los otros, se ubicaron a su alrededor y él rápidamente dilucidó lo que ocurría: venían a atacarle.

Groudon no se sentía en condiciones de pelear. Su cuerpo aún estaba embotado y el lugar era peligroso para luchar. Ordenó a los pokemon que acompañaban a esos humanos que los tomaran y se marcharan, pero éstos prefirieron hacer caso de sus criadores y le atacaron.

Sus ataques eran débiles, pero bastaron para irritarle de igual modo. A sabiendas de la gran diferencia de poderes que existía entre él y esos pokemon, Groudon volvió a insistir para que se marcharan, pero cuando fueran los humanos quienes con sus extraños aparatos comenzaran a dispararle también, el pokemon perdió rápidamente la paciencia y atacó. Su lanzallamas alcanzó a varios enemigos e hizo retroceder a muchos otros. Arremetió contra la enorme máquina y poniendo toda su fuerza, la tumbó y obligó a varios a escapar de allí. Siguió largando intensas llamaradas desde su boca, hasta que ya no quedó nadie y se pudo tranquilizar.

Observó enfurecido el agujero por el cual los extraños habían entrado, y supo que aquel lugar ya no era seguro para él. Bufó exhalando gigantescas volutas de vapor hirviendo de su boca, y maldiciendo su suerte, salió por el mismo agujero a buscar un nuevo refugio.

Afuera las cosas estaban casi como las recordaba, puesto que aquella zona todavía era salvaje e inhabitada. Salió por uno de los costados del volcán inactivo y echó a andar. Recordaba vagamente en qué dirección se encontraban los poblados y ciudades, por lo que las evitó totalmente y buscó caminos desolados y seguros para él. Los pokemon que encontraba en el camino no le hacían daño, pero igualmente se mostraban muy sorprendidos de verle.

Comió un poco de todo en el camino, sintiendo que no había probado nada en días: rocas, tierra, pastos, árboles y arbustos. Bebió tanta agua que casi se tragó a la mitad de los pokemon que vivían en el río en donde se había detenido. Siguió caminando mientras hacía algunas comparaciones: la tierra ya no estaba tan nutrida ni florecía como él recordara. Lo mismo las aguas ya no estaban tan dulces. Ambos tenían un sabor amargo. Se preguntó la razón.

Un par de días después en su recorrido, una extraña aparición se cruzó en su camino. Un pokemon joven que él no había alcanzado a conocer, pero con el cual compartía un fuerte vínculo.

—Tú debes ser Groudon; el creador de los continentes—dijo el aparecido, con su voz potente y grave.

— ¿Quién eres tú?—quiso saber él.

—Uno de los hijos del fuego: Entei. Soy una de las últimas criaturas hechas por el creador.

—No tuve el placer de verte nacer—dijo Groudon, con su tono serio y sin que aquello le importara mucho—. ¿Por qué te cruzas en mi camino?

—Has de saber que has pasado mucho tiempo dormido—le informó el majestuoso león—. Miles de años. Las cosas ya no son lo que solían ser en tu época.

Esto por supuesto, sorprendió enteramente al pokemon. ¿Miles de años? ¡Eso era inconcebible! Aunque por un lado…explicaría la extraña tecnología que poseían los humanos ahora.

— ¿Tanto tiempo ha pasado?—preguntó Groudon, sin poder dar crédito a lo que había oído.

Entei asintió y prosiguió:

—Si los humanos pecaron de avaricia por el poder en tu tiempo, hoy son mil veces peores que antes. Recorren el mundo entero tratando de conseguir a todos los hijos del creador, aún al predilecto de ellos.

— ¿Mew?—soltó el mayor, sin poder creerlo. Qué osadía e irreverencia más grandes por parte de criaturas tan débiles.

El león volvió a asentir con pesar.

—Si te has despertado es porque han ido a ti e intentaron cazarte.

—Creo que es lo que han intentado hace poco—respondió Groudon—. Ellos y sus pokemon acompañantes me atacaron.

—Es como lo imaginé. Han intentado ir por ti.

El más joven cerró los ojos y negó con la cabeza, con su gran melena siguiendo el vaivén. Parecía afectado por lo que estaba ocurriendo, y Groudon comenzaba a sentirse igual.

—Escucha el consejo que tengo que darte—dijo Entei—. Sé que soy más joven que tú, pero me ha tocado la desdicha de vivir en esta época y ver los desastres de los cuales los humanos son capaces con tal de satisfacer sus ambiciones. Huye. Márchate lejos y escóndete. Ellos regresarán por ti y no te dejarán en paz hasta que seas su propiedad.

—Ellos no pueden intentar domarme—sentenció Groudon, enfureciendo y con su cuerpo encendiéndose al rojo vivo—. ¡Yo soy Groudon! ¡Soy uno de los primeros hijos del creador! ¡Fui quien levantó esta tierra y la unificó para que ellos pudieran vivir en ella!

—Yo lo sé—respondió Entei—, pero ellos lo olvidaron. Lo olvidaron o no les importa. Hasta ese grado ha llegado la ingratitud humana.

—Gracias por tu consejo—dijo el mayor, preparándose para marchar.

Avanzó varios pasos antes de que el otro se volviera y le preguntara:

— ¿Qué harás? No será grato para el creador el que respondas a estas amenazas con fuego. Una destrucción muy grande podría volver a suceder.

— ¿A qué te refieres?—preguntó Groudon, volviéndose a verlo también.

—Muchas cosas han pasado mientras has estado dormido. Demasiado sufrimiento para que quieras escucharlo y saber. Si por este lazo que nos une puedo pedirte algo, entonces por favor, no contribuyas a que haya más destrucción: ya ha sido bastante.

Y diciendo esto el gran animal se volvió, dio un salto y remontó una montaña que se levantaba a pocos metros de ellos. Groudon lo vio partir sin imaginar de qué podría estar hablando. Sin embargo y si era cierto lo que decía, aunque no imaginaba a un hijo del creador mintiendo, muchas y terribles cosas habían pasado. Él ciertamente no era partidario de la destrucción y el dolor ajenos, por lo que cerró los ojos con el orgullo herido y echó a caminar, buscando un lugar en donde poder refugiarse de los humanos y así no tener que responder ante sus muestras de violencia y ambición. Sería lo mejor para los dos.

Continuará...