Saludos queridos lectores ^^
¡Oh gawd, han llegado más lectores! Me alegra que les vaya gustando el fic C: muchas gracias por los comentarios que han dejado ^^ Respondiendo a la duda que me dejó "anónimo", sí, los dos personajes vienen a ser macho -aunque la mayoría de los legendarios no posee género, en este fic se catalogan de machos ambos-.
Sin más, les dejo el siguiente capítulo c:
Capítulo 5
Al día siguiente y con un abrasador sol de verano sobre sus cabezas, los dos pokemon seguían en donde habían anclado la noche anterior. Groudon estaba extenuado y no tenía intenciones de despertarse. Pero Kyogre lo necesitaba despierto y con urgencia.
—Groudon…Groudon—le llamó, tratando de moverlo—despierta…
El aludido refunfuñó algo incomprensible y siguió durmiendo. Kyogre lo intentó de nuevo, como venía haciendo desde la mañana.
—Groudon…levántate por favor…—llamaba el pokemon pez, tratando de zafarse del poderoso brazo del otro—me estás matando…
Al escuchar esto, el pokemon de tierra abrió levemente los ojos, bajó la cabeza y vio que bajo su brazo izquierdo el pokemon azul estaba atrapado, tratando de hacer un vano intento por regresar al mar. Su piel estaba dañada por el sol que había recibido en las primeras horas, las más calurosas.
— ¡Rayos!—soltó Groudon, levantándose rápidamente y liberando al otro de su gran peso.
Se puso en frente de él y con ambas manos lo empujó de regreso al agua. Kyogre se sumergió enteramente, agradeciendo a los cielos por el agua fría sobre su cuerpo dañado y probablemente enrojecido. Se quedó allí casi un minuto completo, hasta que se sintió mejor y asomó la cabeza a la superficie.
Groudon observaba el trabajo del día anterior: la isla era muy grande y tendría suficiente espacio para moverse. Su superficie era de tierra y arena, y la había levantado desde los lechos marinos a varios kilómetros de profundidad, por lo que traía algunos corales y conchas. Movió la cabeza de derecha a izquierda, pensando, haciendo una imagen mental de cómo quería su nuevo hogar y luego se puso a trabajar. Kyogre lo observó en silencio y sorprendido de que el otro no dejara su trabajo. Él por el contrario, era muy perezoso. En sus cuatro patas, el pokemon de tierra encendió el fuego interno de su cuerpo y echó a caminar, mientras desde las grandes grietas de su coraza caían minerales calientes, polvo, ceniza y nutrientes que crecían de forma natural en su piel y que se le adherían además por vivir bajo tierra. Recorrió la isla entera mientas el pokemon pez le seguía desde el agua. Era callado y metódico para sus cosas.
— ¿Qué estás haciendo?—preguntó Kyogre al cabo de un rato y sin poder responderse.
—Nutro el suelo—respondió el otro a secas.
— ¿Para qué?
—Para que cuando llueva la tierra comience a florecer. Aunque…—dijo, al tiempo que se detenía para descansar y miraba el cielo tan claro y despejado, sin la menor nube avistándose en la distancia—no creo que con este clima consiga lluvia hasta dentro de mucho tiempo…
—Yo puedo ayudarte—dijo el pez, sonriendo y mostrándose entusiasmado.
Groudon lo miró hacia abajo con gesto serio.
—No me sirve el agua salada…
Kyogre soltó un chasquido y entornó los ojos.
—Ya lo sé. Hablaba de hacer llover.
— ¿Puedes hacerlo?—preguntó el otro muy sorprendido.
El pokemon azul asintió. Groudon lo siguió viendo con gesto ceñudo.
— ¿Qué?—quiso saber el atacado.
— ¿Vas a ayudarme de nuevo?—Kyogre asintió— ¿Y eso por qué? No recuerdo haberte hecho tantos favores.
—Bueno…no lo sé. Supongo que si no lo hago te quedarás esperando hasta el invierno, o hasta que venga un repentino temporal.
—Ah. Te sientes obligado.
— ¡N-no!—exclamó el pez— ¡Solo intentaba ser amable! Te cuesta eso de la amabilidad, ¿uh?
—No es eso…
—Ni siquiera me has agradecido que te trajera hasta este lugar.
— ¿Eh? ¡Y-yo levanté este sitio en primera instancia!
—Sí, pero no llegaste a estar en medio del océano porque viniste nadando—dijo Kyogre irónicamente— ¿O sí?
Groudon se ofendió. Su cara lucía abochornada, pero no se atrevió a rebatir aquello. Soltó un bufido y miró en cualquier dirección mientras decía muy toscamente:
—"Gracias".
—No me gusta tu forma de agradecer—soltó el otro, negando con su gran cabeza.
— ¡Es la única que tengo!—rugió el pokemon de fuego.
— ¡Hmph! Ya lo veremos…
El pokemon azul se sumergió de una vez y desapareció de la vista. Groudon se quedó viendo el sitio en donde había estado el pez anteriormente, sin comprender a qué venía la amabilidad del otro y su último comentario. Negó tratando de restarle importancia, y encendiendo nuevamente su cuerpo, comenzó a soltar más minerales, tierra y ceniza sobre la nueva isla.
Un par de horas luego dio por concluida su tarea. Agotado, se echó a pocos metros de la orilla observando hacia el océano. El pez no se había avistado desde entonces, por lo que imaginaba que se había quedado finalmente solo. Se encogió de hombros, se acomodó y se largó a dormir. Durmió durante los próximos seis días, despertándose solo en las mañanas para observar el cielo, buscando alguna nube y sin que ninguna apareciera. Esto le ponía de malas. Lo que Kyogre había dicho era cierto: hasta que no llegara la época fría o un repentino temporal apareciera en medio del océano, tendría para largo esperando las lluvias.
Al séptimo día y durante las primeras horas del anochecer, Groudon despertó al sentir unas gotas sobre su piel. Abrió repentinamente los ojos y se levantó, observando el cielo encapotado sobre su cabeza. La lluvia no tardó en dejarse caer. El pokemon sonrió, feliz de su buena suerte, cuando a lo lejos vio aquella silueta gigantesca y de formas redondeadas, saltar del agua y dejarse caer, con su gran cuerpo levantando olas. Al instante Groudon lo comprendió. Se quedó con los ojos fijos en las pequeñas olas que llegaban hasta la orilla, hasta que el enorme pez azulado se acercó silenciosamente. El otro levantó la cabeza y le miró: su expresión denotaba cierto abatimiento; Kyogre pudo notarlo.
—Gracias—dijo el pokemon rojo, con tanta sinceridad y arrepentimiento en su voz, que el otro casi se sintió mal por él.
Sin embargo, la amabilidad puesta en aquella sencilla palabra le removió algo dentro que le hizo sonreír.
—Esta vez sí me ha gustado—soltó el pez, preparándose para marchar.
— ¿Qué cosa?—preguntó el otro sin comprender.
—Tu agradecimiento—respondió él—. La amabilidad te queda mucho mejor.
Y diciendo esto, le sonrió una última vez y se sumergió. Las nubes se quedaron junto al pokemon de tierra durante varias horas, hasta que finalmente se cansaron de llover y comenzaron a disiparse lentamente en el cielo oscuro de aquella noche.
Continuará...
Nota de la autora: Hay muchos detalles headcanon en esta historia, como por ejemplo, que Groudon libere tierra y nutrientes de su cuerpo c: si ven más adelante otros "detalles" que les parezcan raros háganmelos saber para aclararles posibles dudas. ¡Hasta el siguiente capítulo!
