¡Saludos!

Dejo la continuación de la historia. Nos vamos acercando al final del fic :') espero les esté gustando. ¡Muchas gracias a las personas que me dejaron sus reviews en el último! Y les aviso que no se sorprendan, ¡aún falta otro capítulo más emocionante por venir!


Capítulo 17

—Por fin…—soltó el líder del equipo azul.

Su expresión denotaba total victoria y satisfacción. Abajo, en las instalaciones que habían sido diseñadas específicamente para ese propósito, el enorme pokemon legendario creador de los océanos yacía finalmente capturado. Sus aletas estaban fuertemente sujetas por dos enormes argollas de acero, y una tercera argolla cerraba su boca para evitar que cualquier técnica saliera de ella. El cubo en donde Kyogre estaba contenido también contenía agua del mar que entraba por ductos en la base marina del equipo Aqua.

El pokemon azul ya estaba repuesto de la sacudida eléctrica con la que lo habían controlado, y a pesar de que había sido atacado, apresado y capturado, se mostraba completamente tranquilo y no había hecho el menor intento por escaparse. Se limitaba a observar fijamente con sus ojos amarillos al hombre que le venía haciendo compañía desde que lo encerraran allí. Ya se había grabado para siempre su imagen en la mente, y todo el odio que el pokemon era capaz de sentir había recaído en esa imagen. Era fácil de notar por su gesto tan frío y apacible.

Archie de algún modo pudo sentir los oscuros pensamientos y sentimientos que Kyogre transmitía, a pesar de que él no era del tipo de entrenador que lograba sentir nada llegándole desde los pokemon. Éste sin embargo podía transmitirle sus sentimientos de desprecio, y él lo consideró una señal de unión entre ellos: él estaba destinado a ese pokemon.

Se pasó la mano por la frente y se quitó el pañuelo humedecido: hacía un calor infernal allí abajo pero él no le dio importancia. Primero tenía que calmarse de la emoción producida al ver su sueño de controlar a Kyogre y preparar la expansión de las aguas tan cerca de estar en sus manos. Observó una última vez al pokemon azul y luego subió por las escaleras a los niveles superiores.

En cuanto le vio partir, Kyogre desvió la mirada sin poder pensar en una forma de salir de allí. Las argollas que le contenían eran fuertes y tendría dificultades para destruirlas, más si no podía lanzar un hiper rayo para intentar liberarse. Su odio hacia aquel humano destructivo y codicioso se vio rápidamente reemplazado por una terrible preocupación: lo último que recordaba era haber visto a Groudon siendo atacado por los pokemon de agua de estos humanos. Sabía que el pokemon era muy poderoso pero igualmente seguía teniendo cierta debilidad al tipo acuático. Esperaba que no hubiera salido lastimado.

"Groudon…"—pensó el pokemon, siendo tomado por la tristeza.

No sabía cuáles eran los planes que aquel sujeto tenía para él, pero no podía ser nada bueno. Recordaba a los humanos como criaturas ambiciosas: no todos lo eran, ciertamente, pero a los que más recordaba era a aquellos que habían intentado hacerse con algunos de sus hermanos en el pasado y a los que ahora destruían sus aguas y a sus criaturas. ¿Por qué las cosas tenían que ser así? Rememoró la conversación que había tenido con el pokemon rojo respecto al libre albedrío que se les había dado a todas las criaturas para hacer con sus destinos lo que quisieran. A su juicio, los humanos nunca debieron haber recibido aquel regalo tan importante.

Recordó de pronto que aquella mañana se había despertado listo y deseoso para confesar sus sentimientos al pokemon de tierra. Él le había dicho que había descifrado el acertijo que le había dejado. ¿Habría acertado? ¿Habría hecho Groudon la suposición correcta y se había percatado de que era él el poseedor de sus sentimientos? Kyogre suspiró aplastado por los sentimientos y el pesar de haber estado a solo una respuesta de haberlo sabido. Tal vez ahora nunca lo sabría, y tal vez no podría volver a ver a Groudon jamás.

En las salas superiores, los miembros del equipo Aqua estaban en plena actividad: redactaban informes, recopilaban datos, estudiaban al pokemon encerrado en la cámara inferior y se preparaban. A cada minuto debían parar para quitarse el sudor que les caía en los ojos y entorpecía la vista. Todas las ventanas estaban abiertas y ni siquiera el sistema de ventilación conseguía apaciguar la alta temperatura que se sentía en el lugar: Groudon estaba furioso y se los estaba haciendo saber.

Archie entró media hora después de su visita a Kyogre: se había sosegado del éxtasis que le producía tener al legendario pokemon en sus manos al fin. Ya tenía la cabeza fría y estaba preparado para la siguiente fase de su plan. Pidió un resumen de los datos recopilados por sus expertos y cuando estuvo conforme, llamó a sus dos administradores aparte.

—Procederemos ahora—les informó.

Los dos soldados de alto rango asintieron y acompañaron a su líder a su sala personal en el lado este de la base marina. Cerraron la puerta y aguardaron en silencio. El hombre fue hasta su escritorio y sobre un pedestal dentro de una caja de vidrio estaba la gema roja: brillante y con el símbolo grabado en su interior. Levantó la tapa y cogió la esfera, frotándola entre sus manos sintiendo nuevamente la emoción.

—Este día lo recordarán por siempre, señores—dijo a sus administradores, quienes sonrieron complacidos de ver los sueños de su líder finalmente realizados.

Salieron del lugar y enfilaron hacia los niveles inferiores. Llegaron hasta el cubículo gigantesco en donde estaba el pokemon encerrado, y desde la plataforma de metal que estaba suspendida sobre el agua, Archie levantó la esfera y bramó con energía:

— ¡Escucha y únete a mí, poderoso Kyogre! ¡Es hora de que tú y yo cumplamos nuestro destino y extendamos las aguas por toda esta tierra!

El hombre hubiera jurado sentir una vibración en la mano en donde sostenía la esfera, pero esto no fue más que una alucinación por parte de su emoción. Se quedó con el brazo en alto y sin que nada ocurriera. Sus administradores se quedaron pasmados y abrieron expresivamente los ojos y la boca. Archie se negó a creerlo.

— ¡Kyogre!—rugió, presionando con fuerza la gema— ¡Obedece! ¡Dame una muestra de que me escuchas!

Pero el pokemon no reaccionó. Ni siquiera hizo algún intento por mover sus aletas o su cola, o siquiera levantó la mirada hacia el que le llamaba. Archie tardó largos segundos en comprender y observó la joya en su mano, furioso ante la realidad que lo golpeaba por segunda vez.

—No funciona…—dijo, aferrándose a la baranda.

Maldijo y se volvió bruscamente. Sus dos hombres le siguieron.

—El móvil está en mi escritorio—masculló el sujeto, furioso de tener que dar su brazo a torcer y hacer aquella llamada.

Media hora después, el mismo helicóptero que visitara aquella base anclada en medio del mar aparecía en el cielo y aterrizaba en el helipuerto. Su tripulación descendió sin que por tratarse de una llamada por parte de Archie los nuevos tuvieran mejor recibimiento. Magno y su equipo fueron escoltados hasta la sala en donde el pirata aguardaba, sentado tras su escritorio y presionándose los nudillos con fuerza.

A Magno le bastó una mirada para comprender que el otro había fallado en su plan, tal y como él había predicho.

— ¿Fuiste por Kyogre?—preguntó, saltándose cualquier saludo.

—Así es—mintió el otro. Había planeado mentirle de todos modos pero Magno se lo había facilitado más.

—Y fallaste.

Archie asintió con la cabeza sin quitar sus ojos del otro. El líder del equipo Magma soltó un gesto condescendiente.

—Te lo dije—soltó, sonriendo con ironía.

El aludido se levantó haciendo un esfuerzo por contener su furia.

—Puedes reírte de mí todo lo que quieras, pero si no tienes la esfera roja no vas a conseguir controlar a Groudon. Eso, y si lo encuentras—dijo sonriendo apenas. La mejor parte es que él sí conocía la ubicación del pokemon de tierra y teniendo la esfera azul en su poder podría deshacerse de su enemigo natural antes de que el equipo Magma pudiera ponerle las manos encima.

Magno recibió bien su sarcasmo y le observó de reojo al tiempo que decía:

— ¿Crees que te la voy a intercambiar así sin más?

Esto tomó por sorpresa a Archie.

— ¿De qué hablas?—exigió saber.

—Tú tienes la ubicación de tu pokemon—dijo el hombre de cabello rojo, sin cambiar su expresión seria—, pero yo aún no tengo la del mío. Si quieres que intercambiemos estas esferas, va a tener que ser bajo mis condiciones.

Su rival enseñó los dientes en un gesto de furia. Esto no estaba entre sus planes y obviamente iba a retrasar mucho sus progresos. No tenía ni tiempo ni paciencia para esa clase de cosas.

—Te quitaré la esfera por la fuerza si no me la das por las buenas—amenazó.

—Adelante—le desafió Magno sonriendo levemente—, inténtalo si quieres: no traigo la esfera azul conmigo después de todo—Archie golpeó con su puño en la mesa, divirtiéndolo a él—. ¿Crees que soy alguna clase de estúpido?

Al otro no le quedó más que aceptar. Se sosegó y tragó saliva. Luego se pasó la mano por la frente: qué calor de infierno hacía en ese lugar.

— ¿Cuáles son tus condiciones?—quiso saber.

Varios minutos luego, Magno terminaba de explicarle sus términos a Archie: el equipo técnico de su grupo había registrado cada rincón de la geografía terrestre del planeta sin encontrar rastros de Groudon. El pokemon había conseguido escapar por mar de algún modo que ellos no podían explicarse, y dado que no poseían los instrumentos para detectarlo y buscarlo en la oceanografía, no al menos sin grandes cantidades de dinero, trabajo y tiempo, el equipo Aqua cedería sus instrumentos para que ellos pudieran localizarlo. De ese modo, ambos grupos tendrían oportunidad de probarse teniendo a cada legendario de su parte: después se vería quien ganaría el derecho a expandir los continentes o las aguas.

Lo que Magno no imaginaba era que su rival había encendido el transmisor escondido bajo su escritorio y la conversación se había escuchado en la base de comandos. Como Archie accediera a las condiciones del equipo Magma, sus administradores rápidamente interfirieron sus propios aparatos y utilizando los datos que habían recopilado esa misma mañana, cambiaron la ubicación del pokemon de tierra a una zona lo bastante alejada como para mantener a sus rivales ocupados por un buen tiempo: Groudon estaría supuestamente escondido en una isla al otro lado del planeta. Borraron los registros que tenían del pokemon y regresaron a su trabajo habitual.

Poco después, los dos líderes ingresaban al lugar y Archie daba instrucciones a sus hombres de apartarse de las computadoras para cederlas a sus invitados. Magno, sus dos administradores y dos hombres más que habían traído como apoyo y que se especializaban en operar dichos instrumentos, se sentaron ante las máquinas y trabajaron durante treinta minutos aproximadamente, utilizando sus propios conocimientos y los datos que habían traído almacenados en un dispositivo para dar con la ubicación de Groudon.

Archie observó de reojo a su administrador a su derecha: éste le sonrió levemente indicándole con ese gesto que todo marchaba perfectamente. El otro sonrió complacido y luego se fingió atento a lo que sus rivales hacían en las computadoras.

El equipo Magma cayó perfectamente en la trampa y la computadora encontró a Groudon en una isla al otro lado del globo. Los hombres que acompañaban a Magno no podían comprender cómo el pokemon había llegado allí. Pobres ingenuos, se burló el marino.

Terminaron de guardar la data en sus dispositivos de almacenamiento y se levantaron, listos para partir.

—No tan rápido—les detuvo el líder del grupo azul.

Sus soldados les retuvieron con armas y con sus pokemon fuera de las pokebolas. Magno observó al otro con desprecio.

— ¿Piensas que soy alguna clase de estúpido?—preguntó Archie, cruzándose de brazos y usando las mismas palabras del otro— ¿Crees que te dejaré ir con la data a buscar a tu pokemon y tenerme aquí esperándote hasta entonces?

— ¿Qué crees que haces?

—Uno de tus hombres va a ir y a traerme esa esfera—ordenó el hombre—, tú y los demás se quedarán aquí, solo como aval—dijo, encogiéndose de hombros.

Magno frunció el ceño, pero se mantuvo sereno. Bufó por la nariz y retomó su actitud parca.

—Veo que no eres tan tonto como imaginaba, Archie, felicidades.

—Y yo supongo que no eres tan tonto como para arriesgar tu vida sin tener algo valioso que dar por ella.

El otro sonrió con un atisbo de furia en la mirada. Al parecer lo habían atrapado. Archie estiró su mano:

—La esfera azul—demandó.

—Está arriba, en el helicóptero.

—Vamos a buscarla entonces.

Minutos luego, la esfera azul se encontraba en manos del líder del equipo Aqua, mientras la roja, en manos de Magno, se elevaba cientos de metros en el aire y desaparecía de su vista, de camino a las montañas volcánicas en donde el equipo Magma tenía su base. Cuando estuvieron lo suficientemente lejos y el sonido del helicóptero ya no fue perceptible, Archie soltó una ligera risa. Su risa se estiró y se estiró, volviéndose más fuerte y atronadora, hasta convertirse en una carcajada desquiciante y malévola que llegó a asustar incluso a sus propios soldados.

Continuará...


Lady Beelze: Después de este capítulo empecé a shippear a los dos líderes... y descubrí que no era la única xD