¡Saludos~!

Paso a dejar el siguiente capítulo, uno de mis favoritos de este fic ^^ espero que a ustedes también les guste y quieran dejar sus comentarios :D Gracias a las personas que todavía siguen esta historia y me comentan cx


Capítulo 18

El rugido de Groudon sacudió por entero la isla y espantó a los Wingull que estaban allí. El pokemon rojo tenía su coraza al rojo vivo y el agua alrededor de sus patas se evaporaba, rodeándolo de una nube densa de vapor caliente. Hacía más de una hora rugía y maldecía su debilidad al agua y su incapacidad para nadar. Odiaba el estar encerrado en aquella isla que alguna vez le había dado felicidad y ahora se había convertido en su prisión; una prisión sin rejas que lo tenía para siempre allí anclado. La búsqueda de su paz y soledad se habían vuelto repentinamente en su contra.

— ¡Maldita sea!—rugía el pokemon, presionando la arena entre sus dedos— ¡Malditos humanos! ¡Pagarán por esto, juro que los haré pagar!

Todavía no tenía idea de cómo, pero se vengaría de los que le habían arrebatado a Kyogre. Si se atrevían a hacerle daño no habría agua suficiente en el mundo para salvarlos de su ira.

Una fuerte ráfaga de viento salado sopló por encima de la isla, pero él no pudo sentirla. Los Wingull, que vivían navegando en las corrientes de aire, la sintieron antes de venir y se levantaron de su sitio graznando y tratando de llamar la atención del pokemon. Groudon los escuchó y levantó la cabeza. Al instante le pareció escuchar un sonido distante que provenía desde el mar. Observó en la lejanía y vio algo que lo dejó pasmado: un pokemon venía a toda velocidad corriendo por sobre el agua…jamás había visto una cosa así por lo que se tardó un poco en salir de su impresión.

El aparecido llegó junto con una segunda brisa fuerte y salada. Se detuvo a varios metros de la orilla y caminó el último tramo para descansar de su carrera de varios miles de kilómetros de recorrido. Groudon enseñó los dientes como siempre hacía ante los desconocidos, pero éste en particular le resultó de algún modo familiar. Cercano. No tenía el aire de ser su enemigo a pesar de su mirada austera. El pokemon sin embargo era hermoso, elegante y soberbio, eso tuvo que reconocerlo.

— ¿Quién eres?—quiso saber Groudon.

El recién llegado le miró fijamente un momento: luego desvió su mirada abajo en un repentino gesto de respeto que desconcertó al mayor.

—Soy uno de los hijos del agua—dijo, agachando un poco la cabeza en gesto solemne—, Suicune. Soy una de las creaciones jóvenes de nuestro señor.

—Por eso no me resultas conocido—dijo Groudon frunciendo el ceño.

—Entei me habló de ti: él es mi hermano. Me dijo que el hacedor de los continentes estaba en pie y caminaba por esta tierra. Es un honor poder conocerte.

— ¿A qué has venido y cómo has sabido que estoy aquí?—quiso saber el pokemon mayor saltándose las formalidades, que no eran lo suyo.

Suicune no se mostró sorprendido, pues su hermano le había comentado respecto del carácter áspero del pokemon que tenía en frente.

—Kyogre es el océano y yo soy parte de él—explicó el más joven—, es por ello que he venido a saber de ti y de donde te encontrabas. Pero también tengo tratos con el viento—dijo, volviendo la cabeza mientras una suave brisa movía la espuma que le coronaba—, y es por él que tu rugido de furia ha llegado hasta mí. El mar ya me ha hablado y sé que los humanos han venido finalmente por nuestro guardián.

—Así es: se lo llevaron hace un rato. No pude detenerlos, se fueron por mar…

—Es por eso que estoy aquí—dijo Suicune mostrando una imperceptible sonrisa—. Como parte que soy del océano he venido a ayudarte a recuperarlo. Mis poderes no son tales como para hacer frente a los humanos y sus armas, pero si puedo hacer algo para que tú puedas rescatarlo, lo haré. Tú eres uno de los primeros hijos de la creación, así que confío en que podrás traerlo de regreso.

—Solo necesito llegar hasta ellos—dijo el pokemon rojo, ansioso.

—Puedo hacerlo—sentenció el menor.

Se volvió hacia la gran extensión azul que se abría tras de sí y soltó un único llamado, largo y melodioso como el sonido del viento navegando sobre las olas. Groudon no comprendió qué se supone que había conseguido con ello: él ya había rugido bastante hacia el mar y no es que éste hubiera reaccionado de modo alguno. Pero él no era parte del océano así que era imposible que éste le respondiera, por lo que observó asombrado cuando una gigantesca masa de agua se levantó a varios metros de la isla, y un monstruoso Wailord salió desde la profundidad levantando enormes olas que casi arrojaron a Groudon al suelo.

Sacudió la cabeza y observó boquiabierto al pokemon más grande que él hubiera visto jamás. La enorme ballena se acercó lo que más pudo a la isla, quedando igualmente a varios metros de distancia de la orilla. Suicune se volvió a ver a Groudon, quien despertó de su sorpresa y se acercó con el agua hasta la cintura, subió con dificultad a la espalda del animal y hundió sus garras en su piel en una reacción natural al verse rodeado por el mar. Wailord apenas pareció percibir el daño.

— ¡Vamos!—ordenó Suicune, volviéndose en la misma dirección en la que el equipo Aqua había escapado.

Corrió ágil y ligero por sobre las olas, siendo seguido de cerca por la ballena azul con Groudon sobre él. Como era parte del océano sabía en qué dirección debía ir, y a pesar de que no tenía brújula ni punto de referencia, el pokemon no se extravió y cruzó largas millas de agua hasta llegar dentro de casi una hora de recorrido hasta la base en donde presentía que Kyogre estaba encerrado. Podía escucharle desde afuera sin que el pokemon emitiera el menor sonido.

Cuando estuvieron cerca, Groudon observó el lugar preguntándose donde tendrían a Kyogre.

—Supongo que no sabes dónde está—dijo al más joven que estaba abajo.

—No, pero sé que está allí: lo siento—respondió, cerrando los ojos y abriéndolos luego—. Wailord y yo te ayudaremos a entrar e intentaremos alejar a los humanos si nos es posible, pero no comprometeré su seguridad—dijo, refiriéndose al tercer pokemon que los acompañaba—: la codicia de los humanos no tiene barreras y no dudarán en intentar quitar de su camino a quien sea, por los métodos que sea.

—Si es así, serás tú quien deberá tener cuidado—advirtió Groudon, levantándose sobre sus dos patas—, eres el más pequeño por aquí.

Suicune sonrió con sorna al verse subestimado, pero no dijo nada. Indicó a Wailord que se acercara y el pokemon obedeció.

Adentro, Archie se encontraba nuevamente junto al enorme pokemon azul, acompañado de sus dos administradores. La esfera azul resplandecía en su mano y el hombre podía sentir con claridad un pulso de energía subiendo por su brazo: tenía que reconocerle a su rival su acierto respecto al cambio de las esferas, pero seguía riéndose para sus adentros de haberlo engañado. Lleno de convicción, Archie levantó la esfera y bramó:

— ¡Responde a mi llamado, Kyogre!

El objeto brilló intensamente de un resplandeciente color zafiro que llenó por completo la estancia. Kyogre levantó la cabeza al sentir algo extraño y desconcertante encima de él. Nunca había sentido nada igual y no podía decir qué era. Vio las luces arriba sin comprender qué ocurría y comenzando a ponerse nervioso. La esfera azul se desprendió de la mano de Archie, se elevó en el aire y se dejó caer en el agua, como buscando a su portador original. La joya se hundió hasta tocar la piel del pokemon pez y comenzó a entrar en su cuerpo, buscando regresar al lugar que correspondía.

Kyogre soltó un rugido estremecedor desde lo más hondo de su pecho. No sentía dolor alguno, pero su cuerpo se vio sacudido por violentas ondas de energía que le transmitieron oscuros y desagradables deseos y sentimientos.

— ¡Detente!—rugió el pokemon desesperado.

Intentó zafarse violentamente de sus ataduras para alejarse de lo que fuera que estuviera ocurriendo, y las argollas ancladas a las paredes del cubo en donde estaba encerrado emitieron sonidos indicando que se habían zafado ligeramente. Los administradores se asustaron un poco ante aquello, pues si bien habían calculado la fuerza aproximada del pokemon y el cubo había sido diseñado para retenerlo, no imaginaron que Kyogre tendría todavía más fuerza para dañar en parte la construcción. Archie ni siquiera prestó atención a esto: no podía estar más emocionado y ansioso por lo que ocurría.

— ¡Sí! ¡SI! ¡Kyogre finalmente será mío!

El pokemon se debatió durante largos minutos, sacudiendo el agua con su cola y haciendo desesperados intentos por liberarse. La gema en su interior se disolvió y todos los fragmentos de sus memorias de hace millones de años regresaron a su mente y tomaron su debido lugar. Kyogre se sacudía y trataba de algún modo de mantener aquellas horribles imágenes fuera de su cabeza pero resultó en vano: en todas las imágenes estaba él. Él y un pokemon al que conocía bien y que había intentado matarle. Una criatura tan cargada de furia, odio y desprecio, que Kyogre se negó tajantemente a creer que era el mismo. Tenía que ser otro. Debían ser pesadillas que habían metido en su cabeza para obligarle a reaccionar de igual forma. Estaban intentando controlarle.

Sin embargo y en esas mismas imágenes, el pokemon podía sentir con claridad como él mismo había albergado similares sentimientos hacia esa criatura. Le había odiado de igual modo y también había tenido un ferviente deseo de deshacerse de él. El dolor que aquellos sentimientos le causaron le hizo soltar un largo aullido de auxilio que sacudió por entero la base y puso a todos sobre alerta.

— ¡Kyogre!—soltó el pokemon rojo afuera al escucharle.

Rugió con furia y abrió la boca después de haber estado varios segundos absorbiendo los rayos de sol que caían con intensidad sobre él. Los soldados del equipo Aqua al interior de la base no se percataron de su presencia hasta que el pokemon encerrado abajo rugió y los estremeció a todos. Recién entonces algunos levantaron la cabeza de los documentos y de las computadoras, y los que estaban cerca de la ventana gritaron con espanto al ver una intensa luz cegándolos desde afuera. Fue lo último que hicieron en esa vida.

El rayo solar atravesó completamente el área superior de investigación, llevándose materiales y personas con él. Ese día la misericordia de Groudon estaba muy sepultada bajo densas capas de desprecio y venganza. Cuando tuvo el paso libre, Wailord se acercó todavía más y el pokemon rojo pudo subirse a las instalaciones ahora destruidas y en llamas. Rugió llamando a Kyogre pero el pokemon no estaba por allí.

Suicune subió de un salto a su lado y volvió la cabeza: presentía a Kyogre más abajo, por lo que indicó a Groudon que lo siguiera. Ambos recorrieron solo un breve tramo entre los escombros hasta que un grupo de soldados aparecieron desde los niveles inferiores: todos traían armas y a sus pokemon acuáticos afuera.

— ¿Cómo ha llegado ese monstruo aquí?—preguntó uno de ellos.

— ¡Liquídenlo!—ordenó el que estaba a la cabeza.

Los pokemon obedecieron y dispararon chorros de agua contra el pokemon de tierra. Groudon abrió la boca para lanzar sus llamaradas, pero Suicune se interpuso y con su rayo aurora detuvo todas las técnicas y congeló a varios de los pokemon enemigos. Los humanos regresaron a sus compañeros y llamaron a otros, mientras algunos soldados se posicionaban para disparar.

Los primeros disparos tomaron por sorpresa al pokemon de agua, quien de ágiles saltos debió evadirlos, descuidando su espalda y recibiendo las técnicas de los pokemon enemigos, cayendo con un fuerte golpe al suelo. Groudon lanzó densas bolas de lodo de su boca, aplastando con ellas a los soldados armados y barriéndolos luego con un golpe de su enorme cola. Los únicos que quedaron en pie fueron los pokemon acuáticos.

—Ve con Kyogre—dijo Suicune, poniéndose de pie—, ellos serán fáciles para mí.

El otro no rebatió y continuó avanzando. En el camino se encontró con humanos que no traían pokemon o armas: eran científicos e investigadores, por lo que se apartaron aterrados de en medio dejando pasar al pokemon. Groudon revisó todo ese nivel sin encontrar nada, por lo que supuso que tendrían a Kyogre abajo. Levantó su garra y dejándola caer con un potentísimo golpe, sacudió toda la base y abrió el suelo de metal bajo sus pies en una gigantesca grieta que le permitió llegar sin problemas a los niveles inferiores.

En el lugar, Kyogre había dejado de sacudirse. Archie y sus administradores escucharon todo el desastre ocurriendo arriba sin comprender qué estaba pasando. Sus dos hombres subieron rápidamente y a medio camino se encontraron con lo más inesperado: el pokemon rojo los vio y los reconoció de inmediato, y antes de que alcanzaran a quitarse las pokebolas del cinto, Groudon largó una feroz llamarada que los carbonizó por completo. Aún le estaba faltando uno: ese que traía un pañuelo en la cabeza.

— ¡Respondan, maldita sea!—rugía Archie al comunicador en su mano— ¡Liberen a Kyogre ahora mismo! ¡Ya está bajo mi control!—decía, ignorando por completo la realidad de las cosas.

Daba órdenes a sus soldados arriba, pero era imposible que éstos atendieran. Maldijo y decidió él mismo ir a inspeccionar. Subió las escaleras con largas zancadas y llegó al nivel superior, encontrándose con algo que definitivamente no esperaba: los cuerpos tiznados de sus dos hombres de confianza y al pokemon de tierra. Se quedó perplejo, y al ver como la criatura abría su boca para atacar, el hombre se soltó de las barras de seguridad de las escaleras y cayó de regreso al nivel inferior, esquivando por poco las llamas que casi lo calcinaron a él también. ¿Cómo había llegado esa criatura hasta ellos? ¿Y por qué? ¿Sería acaso que había venido a buscar a Kyogre, tal vez para destruirlo? ¿Sería posible que Magno tuviera algo que ver?

Sacudió la cabeza y se libró de estos pensamientos. Tenía que actuar rápidamente para salvar su vida y escapar de la bestia que comenzaba a abrir el techo sobre él para llegar al piso de abajo.

— ¡Milotic, Sharpedo!—llamó, lanzando sus pokebolas.

Los dos pokemon emergieron y vieron como el monstruo arriba estaba por entrar.

— ¡En cuanto esa cosa llegue aquí, usen surf!—ordenó.

Groudon no tardó mucho en abrir suficiente espacio con sus poderosas garras y llegar frente a los dos pokemon. Estos reaccionaron a la par y levantaron agua desde afuera de la base, golpearon con ella los cristales alrededor e impactaron de lleno en Groudon con una poderosa ola que lo arrastró metros contra la pared. Archie rió levemente sabiendo de la debilidad del pokemon a esas técnicas.

Repentinamente Milotic reaccionó y se arrojó sobre su entrenador con su largo y pesado cuerpo, cubriéndolo. Sharpedo no fue tan rápido y se vio impactado contra la misma pared contra la que había chocado Groudon por un chorro de agua tan grande y potente, que el tiburón quedó noqueado de inmediato. Archie soltó una maldición y vio qué había sido aquello: ¡un Wailord asomaba desde los grandes ventanales destruidos y había atacado! El hombre rugió y se levantó a la par que su pokemon.

— ¡Milotic, giga impacto!—ordenó.

El pokemon se concentró, y flotando veloz por la abertura que estaba hecha, reunió toda su energía en su cola y golpeó con potencia contra la ballena, sacudiéndola por completo y haciéndola rugir. Los soldados que luchaban contra Suicune arriba se percataron entonces de la presencia del gran animal que estaba más abajo y vieron al Milotic de su líder: le estaba molestando y ellos debían ayudar. Sacaron Golbat y Crobat que se lanzaron contra Wailord y comenzaron a herirle con sus mordidas venenosas.

— ¡Wailord!—exclamó el pokemon de agua.

Estaba cansado por la batalla, pero igualmente se levantó y saltando fuera de la base, liberó una ventisca congelante desde su cuerpo que convirtió a todos los pokemon atacantes en estatuas de hielo que se perdieron abajo en el mar. Suicune aterrizó sobre la piel lastimada de Wailord, viendo que había sido mordido en muchos puntos, y las heridas supuraban sangre y veneno.

—Márchate—ordenó Suicune— ¡de prisa!

El enorme pokemon obedeció y se sumergió, desapareciendo del lugar. Suicune quedó con sus pies ligeros sobre el mar y observó la situación justo cuando algo terrible ocurría.

Milotic retrocedió junto a su entrenador para reposar del poderoso ataque que había liberado, sin percatarse de que atrás Groudon retomaba su lugar y de un movimiento, lo sostuvo entre sus poderosas garras por el cuello y lo inmovilizó contra el suelo con su gran peso. Ejerció presión cortándole la respiración a su rival mientras éste sacudía su largo cuerpo para intentar liberarse. Archie observó con horror mientras intentaba llamar a su pokemon.

—Si te vas ahora—advirtió Groudon traspasándole desde arriba con sus ojos amarillos—te perdonaré la vida.

El pokemon abajo hizo un esfuerzo por hablar y respondió:

—Mi entrenador…es mi vida…

—Bien…

Groudon rugió calentando su cuerpo a temperaturas infernales y liberó un estallido desde su interior que llenó por completo la sala de fuego y ceniza. Milotic murió ante el calor volcánico que lo traspasó por completo: Archie lo vio agonizar un último segundo antes de ser alcanzado por la onda calórica y caer convertido en cenizas.

Cuando la explosión terminó, toda la base del equipo Aqua se sacudía y las alarmas de peligro atronaban por doquier. Los soldados y el equipo de investigación que habían sobrevivido, se habían puesto a resguardo en los yates y se habían alejado cuanto les fue posible mientras veían como todo su trabajo y años de esfuerzo se venían abajo. Suicune dio un salto ligero y entró al lugar justo en el momento en que Groudon se dejaba caer al cubo enorme lleno de agua en donde se encontraba Kyogre prisionero.

El pokemon azul no escuchaba las alarmas ni había prestado atención a ninguno de los hechos que se habían desarrollado justo encima de él. Estaba desolado y su mirada estaba por entero vacía y apagada. Solo quería cerrar los ojos y desaparecer de la faz del planeta: nunca volver a despertar y así no tener que vivir con lo que ahora tenía. Horribles recuerdos cargados de odio, rencor y muerte. Sentimientos oscuros y dolorosos contra la única criatura a la que había amado en su larga vida. ¿Realmente era posible? Se había preguntado, antes de caer en aquel estado indiferente. Que dos criaturas que se habían despreciado hasta el grado de querer eliminarse y llevarse a medio mundo con ellos pudieran ahora convivir en paz. Lo más seguro es que solo fuera una cuestión pasajera. Tarde o temprano esos sentimientos de odio regresarían a ellos y amenazarían no solo sus vidas, sino la de todas las criaturas vivientes del planeta. Esto dio más motivos a Kyogre para despreciar su existencia: el creador debió haber cometido alguna clase de error cuando los había traído a ellos. A Groudon o a él. Uno de los dos no estaba bien en aquel universo. Eran dispares. No podían armonizar como él había imaginado.

Repentinamente la imagen roja que había estado en su memoria apareció ante él, pero él no reaccionó. Groudon no perdió tiempo pues aparte de estar sumergido debía liberar a Kyogre y no morir ahogado en el intento. Lentamente a causa de su peso en el agua, intentó destruir con sus propias manos las argollas que contenían las aletas del pokemon. Debió hacer un gran esfuerzo para lograrlo, pero la primera de ellas cedió finalmente. Arrancó de un movimiento el aro que cerraba la boca de su compañero y luego comenzó a forcejear con la segunda argolla.

En su esfuerzo soltó parte del aire retenido en su pecho. Se detuvo un instante, se concentró y volvió a intentarlo. Kyogre ni siquiera se volvió a verlo o hizo el menor intento por ayudar. Cuando la segunda argolla se rompió, Groudon pudo sentir el dolor en sus pulmones y supo que su resistencia se había terminado. Pero todavía estaban allí encerrados. Suicune observó impotente desde arriba a las dos criaturas encerradas en aquella caja de acero, y él sin poder hacer algo para ayudarles a salir. ¿Por qué Kyogre no atacaba las paredes y salían?

El pokemon rojo utilizó un último recurso para salir de ahí. Afuera era fácil disparar un rayo solar por la cantidad de energía que había, pero allí abajo no llegaba nada y moriría antes de poder cargar un ataque, por lo que abrió la boca y reuniendo lo que le quedaba de energía, disparó un potente hiper rayo que abrió un gigantesco agujero en una de las paredes, y el agua salada salió rápidamente vaciando la caja. Con el descenso del agua, el cuerpo de Kyogre tocó el fondo de la celda pero el pokemon no se movió. Groudon tosió recuperando el aire y sintiéndose totalmente exhausto. Su cuerpo temblaba por el cansancio y la pérdida de energía que le había significado estar bajo el agua. Se acercó a su compañero y puso ambas manos sobre su cabeza.

—Kyogre—le llamó, bajando la cabeza para verlo a los ojos— ¿estás bien? ¡Kyogre!

El otro no respondió. Groudon no comprendió lo que le pasaba, pero levantó la cabeza al escuchar a Suicune llamar desde arriba.

— ¡Groudon, debemos salir de aquí!—advirtió— ¡Este lugar se hundirá si no termina de reventar primero!

El aludido asintió. Intentó empujar al pez desde su cabeza, pero había trozos afilados de metal en el borde de la salida causados por el disparo suyo. A Kyogre se le abriría el vientre de pasar por allí.

— ¡Coopera un poco!—rugió el pokemon de tierra, exasperado de que el otro no se moviera.

Se agachó y lo sostuvo entre sus brazos, levantándolo con dificultad por el espacio cerrado y por el cansancio. Avanzó lentamente por encima de la abertura y se encontró con el mar abajo: gigantesco, inquieto e infinitamente profundo. Groudon se detuvo en seco al borde de la salida y titubeó. Su corazón latió con fuerza como raras veces le ocurría al enfrentar a su enemigo natural. Tragó saliva con dificultad mientras las explosiones arriba le apresuraban para saltar.

Suicune salió del lugar cuando los escombros comenzaron a caer a su alrededor. Aterrizó ligero sobre el agua y se volvió a ver la abertura y los dos pokemon arriba: sabía que Groudon tenía debilidad al mar pero también sabía que Kyogre le rescataría en cuanto estuvieran abajo.

— ¡De prisa!—llamó el más joven.

Groudon miró al pokemon entre sus brazos una última vez: no parecía herido pero por alguna razón no respondía cuando le llamaba. Cerró con fuerza los ojos y apretó los dientes, recordando algo que el amo del océano le había dicho alguna vez:

"Mientras yo esté aquí, nunca nada malo te pasará en el mar… te lo prometo"

El pokemon de tierra se aferró a esta promesa y se dejó caer.

Continuará...