Saludos lectores ^^

Paso a dejar el siguiente capítulo c: muchas gracias a las personas que me comentaron y también a la persona que me odia y me ama por el fic xDDD qué sentimientos tan dificiles de entender (?). Nos vamos acercando lentamente al final de la historia :D


Capítulo 19

Los dos pokemon cayeron al agua, uno abrazado al otro. Kyogre sintió el agua fría envolviéndolo y esto por un momento sirvió para hacerlo reaccionar. Vio que estaba fuera de su prisión de regreso en sus amadas aguas, pero no por esto su semblante cambió. Bajó la mirada y vio a Groudon cayendo cabeza abajo junto con él, sosteniendo su cuerpo sin fuerzas y con los ojos cerrados, deseando que aquello se acabara pronto. Su peor pesadilla se hacía realidad y él estaba demasiado agotado como para intentar enfrentarla.

Nunca había sentido tanto frío. Sentía más frío que temor. Groudon no intentó nada estando allí abajo pues sabía que no podía hacer nada para intentar salvarse. La profundidad lo arrastraría y se lo tragaría. Nunca había sentido miedo de morir, pero no era esa la forma en que hubiera querido dejar ese mundo. Su visión se volvió borrosa y el dolor en su pecho por el agua que le ahogaba era insoportable. Le hubiera gustado hacer un inventario de su vida, pero su mente estaba obnubilada. Lo último que recordó fue haberse hecho una pregunta que intentó hacerle llegar al pokemon entre sus brazos antes de desvanecerse:

¿Yo era ese del que te enamoraste?

Kyogre le observó y le comparó al pokemon que ahora tenía en sus recuerdos: ciertamente eran iguales…pero eran muy diferentes a la vez. Sintió su cuerpo arrastrado por el peso de Groudon mientras en su mente se revolvían muchas cosas a la vez. Desconocía si Groudon alguna vez le habría mentido respecto del pasado de ambos. Si es que él recordaba algo de lo ocurrido y no había querido decírselo por cualquier razón. Tal vez había sentido curiosidad de su enemigo y había intentado averiguar cómo era en lugar de intentar destruirse el uno al otro. Pero Kyogre sabía que esto era inútil: el odio natural que ambos se tuvieron alguna vez anidaba dentro de sus corazones y emergería tarde o temprano. Esto acentuó el dolor dentro de sí.

Vio como el pokemon rojo se soltaba lentamente de él al comenzar a perder la consciencia. Empezó a hundirse rápidamente por su gran peso y a desaparecer abajo, en la profunda y fría oscuridad. Kyogre le miró un momento y vio emerger las últimas burbujas que contenían lo que le quedaba de vida a Groudon. Se preguntó si debía dejar que las cosas fueran así: si uno de ellos no estaba, entonces el mundo jamás se vería amenazado y no tendría que pagar por la furia de ambos al descubrirse en realidad quienes eran.

Levantó la mirada hacia la profundidad sin alcanzar a verlo, sintiendo algo amargo invadirle al tiempo que sus recuerdos oscuros se mezclaban con los contados y deliciosos momentos que había pasado al lado de esa criatura. Tan breves…tan cargados de felicidad y tristeza a la vez. Había añorado poder crear muchos más momentos dulces y pacíficos al lado de ese ser de poder y verdad, pero con lo que ahora sabía, intuía que dichos momentos jamás llegarían. Lo que habían pasado solo había sido alguna clase de ilusión, una hermosa, dulce y dolorosa a la vez.

Como fuere, Kyogre lo amaba. Soltó un gemido cuando su corazón se lo recordó y se impulsó rápidamente, como si su vida dependiera de la de Groudon.

Arriba, Suicune observaba confundido la superficie agitada del mar. Había pasado demasiado tiempo y ninguno de los dos pokemon emergía. ¿Qué estaba sucediendo? Retrocedió al ver la enorme masa de agua emerger y salpicarle. Al mirar, Groudon estaba desmayado sobre la espalda de Kyogre. Si estaba vivo o no, Suicune no lo sabía, pero abrigaba la esperanza de que una criatura legendaria tan poderosa pudiera sobrevivir.

Kyogre le observó y en silencio le agradeció. El pokemon más joven le sonrió y agachó solemnemente la cabeza, en señal de respeto hacia un ser superior a él. Ambos se volvieron y se alejaron en direcciones opuestas, sin percatarse de los soldados que en yates, observaban desde lejos el hundimiento de todos sus sueños y logros.

Los científicos vieron a Kyogre emerger cargando al pesado pokemon de tierra a sus espaldas y alejarse mar adentro. Muchos de ellos estaban desolados por toda la pérdida y destrucción, y la mayoría de los soldados solo querían regresar a casa para iniciar otras vidas después de las que habían perdido. Pero aún quedaban muchos que no se resignaban a los golpes crueles del destino y llamaron a los otros a seguir adelante.

—No podemos dejar que todos nuestros esfuerzos se hundan aquí—dijeron varios de ellos, alentando a los demás—. ¡Vamos! Kyogre se ha marchado y tiene la esfera azul en su cuerpo. Aún podemos terminar lo que Archie no pudo completar.

Muchos se contagiaron de esta nueva decisión y enfilaron las naves en dirección de donde el gran pez se había marchado. Pocos minutos después, una misteriosa y densa niebla, tan espesa y gris que los humanos apenas podían ver sus narices, fue cerrándoles el paso a medida que Kyogre y su compañero se alejaban, consiguiendo así separar a los dos grupos pero solo de manera temporal.

El pokemon azul se dirigía a la isla de Groudon, pero a medio camino se detuvo y se reprochó su insensatez: los humanos ya conocían la ubicación de dicho lugar e intentarían llegar allí de nuevo, así que resultaba imposible volver ahí otra vez. Cambió su rumbo y buscó en la lejanía una de las muchas pequeñas islas perdidas en medio del mar. Sentía la respiración del pokemon rojo en su espalda, leve y apagada, muy diferente a la que había sentido con agrado una vez sobre su lomo: caliente y profunda. Totalmente acogedora. Cerró los ojos y se obligó a dejar aquellos recuerdos de lado. Tendría que deshacerse de ellos eventualmente si no quería hacerse daño a sí mismo.

Atardecía cuando Kyogre finalmente depositaba a Groudon en una isla, bastante más pequeña que la suya, pero que tenía suficiente espacio para que el pokemon al menos pudiera caminar. Le dejó con esfuerzo alejado de la orilla y le empujó con su cabeza para intentar hacerlo reaccionar. Después de un par de intentos, Groudon reaccionó y devolvió el agua salada que no había terminado de salir de su pecho durante el recorrido. Kyogre le vio solo durante un instante y retrocedió para marcharse. El pokemon rojo levantó la cabeza justo cuando el otro se estaba sumergiendo.

— ¡Espera!—rugió, levantándose con torpeza y apoyándose en sus cuatro patas sobre la arena.

El aludido deseó haber sido más fuerte para haberse marchado e ignorar el llamado del otro. Pero sabía que no lo era. No al menos con Groudon. Se detuvo en su sitio y se volvió a verle. El pokemon rojo avanzó un poco sobre el agua, primero con gesto preocupado y después algo más tranquilo.

—Kyogre…—soltó, aliviado de tener finalmente a la criatura consigo— ¿Estás bien?

Estiró sus brazos para alcanzar la cabeza grande del menor, pero éste se apartó dejándolo a él muy confundido.

— ¿Qué ocurre?—quiso saber.

El pokemon azul bajó la mirada. No sabía cómo explicarle todo lo que traía dentro y que el otro entendiera. Ni siquiera él entendía qué era lo que había pasado.

— ¿Te hicieron daño?—preguntó Groudon ante su silencio.

Finalmente Kyogre negó con la cabeza y habló:

—Gracias por haberme salvado…aunque no debiste.

— ¿Qué?—soltó el otro, entre sarcástico e indignado. Parpadeó un par de veces como tratando de despejarse— ¿Qué estás diciendo? ¡Claro que tenía que ir por ti!

—No. No debiste hacerlo—sentenció el menor, con un tono apagado y frío—. Ahora los humanos no solo me perseguirán a mí; también lo harán contigo. Además…

— ¿Además qué?—preguntó Groudon, como si ya no tuviera suficiente con toda la aventura del día, los humanos molestándole y la indiferencia de Kyogre.

El pokemon azul no pudo decirlo. Le costaba pronunciar aquellas palabras.

— ¿Además qué?—volvió a repetir el otro, abriendo las manos y esperando.

—Tú y yo…no podemos volver a vernos—dijo, retrocediendo otro poco de imaginar la reacción de Groudon.

Éste lo quedó viendo con gesto confuso al principio, pero muy enfadado después. Frunció el ceño sin saber de qué iban aquellas desagradables palabras.

— ¿De qué estás hablando?—exigió saber— ¿Por qué no?

—No vas a entenderlo…

— ¿Y pretendes dejarme simplemente con eso y no aparecer nunca más en frente de mí?—preguntó Groudon sarcásticamente—Tú haces todo muy fácil, ¿lo sabías?

— ¡No estoy jugando!

— ¡Pues yo tampoco!—rugió el mayor, enfurecido— ¡Está bien si quieres considerarme un necio pero al menos deja que peque de necio y no de ignorante! ¿Qué es esa basura de que no podemos volver a vernos?

Kyogre cerró con fuerza los ojos y luego observó al otro arriba.

— ¿Quieres saber por qué tu y yo vivimos en la misma época durante la creación y nunca nos conocimos?

— ¿Qué demonios tiene eso que ver con todo esto?

— ¡Todo!—exclamó el pez— ¡Absolutamente todo! Después de que hicieran los cielos y la tierra, vine al mundo e hice las aguas, todas las aguas. Cuando estuvo hecho nos apartamos: Rayquaza, tú y yo. No te vi durante mucho tiempo, pero cuando volvimos a encontrarnos tú y yo…—dijo, deteniéndose mientras los recuerdos regresaban a su cabeza y le herían. Hizo un esfuerzo y continuó—nosotros…nosotros nos odiábamos…

— ¿Qué?—soltó Groudon con cierto desdén. Esto le resultaba bastante increíble y salido de la nada.

—Los humanos salieron a cazar a los hijos del creador…tú entre ellos. Los castigaste con una sequía infernal que también amenazó a las criaturas marinas.

— ¿De qué estás hablando?—preguntó el pokemon rojo sin tragarse nada de eso—Yo no he hecho tal cosa…

—Sí lo hiciste—sentenció Kyogre—, lo hiciste pero no lo recuerdas. Fue hace millones de años. Yo hice venir la lluvia sobre la tierra para proteger a mis seres marinos del sol. Tú apareciste entonces y me recriminaste por haber inundado todo...

El pokemon azul hizo una pausa, pues tenía un nudo atorado en la garganta de ver en su memoria tantos seres terrestres muriendo por las inundaciones. No había imaginado en ese entonces que sus lluvias torrenciales causarían tanto mal: había sido una decisión que había tomado pensando únicamente en el bienestar de las criaturas bajo su cuidado.

—Los dos cometimos un error…un gran y terrible error. Causamos la muerte de millones y todavía causamos más daño y destrucción cuando intentamos destruirnos…

— ¿Destruirnos?—repitió Groudon dando un leve respingo.

—Tú…me odiabas tanto por lo que le había hecho a tu creación—dijo Kyogre, con los ojos cristalizados por las dolorosas memorias—, a tu hermosa tierra…se había convertido en un lodazal gigante que se tragaba a todos los seres en ella. Cuánto desprecio me tenías entonces…y yo te respondí de igual modo…

—Basta—le cortó el pokemon rojo.

Kyogre levantó la cabeza al tiempo que las lágrimas bajaban de sus ojos. Groudon tenía un gesto duro y dolido de escuchar esas cosas. No entraba en su cabeza que tales cosas fueran ciertas. Negó y cerró sus puños con fuerza.

—Esos miserables humanos…ellos te han hecho creer todo esto.

—No…

— ¡Lo hicieron! ¡Te han inventado mentiras de ti y de mí para ponernos en contra! ¡Saben de nuestro poder y por eso quieren hacer que nos destruyamos!

— ¡No!—exclamó el menor—No. No es así. Los humanos tienen parte en esto, sí, es cierto, pero todo lo demás lo hicimos nosotros. Si nos quedamos juntos volveremos a odiarnos y a repetir nuestros errores del pasado. ¡Tú y yo nunca podremos coexistir!

— ¡No es verdad…!

— ¡Lo es! ¡Yo lo sé porque lo recuerdo! Me regresaron esas memorias, no sé cómo pero lo hicieron. Todo ese pasado faltante dentro de mí lo tengo ahora, pero tú…tú no lo tienes…—sollozó el menor, con los ojos húmedos y abnegados de tristeza—y no sabes cuánto te envidio por ello…

Se dio un impulso hacia atrás y se sumergió rápidamente para alejarse de allí. Groudon se adentró en el mar llamándolo pero el otro no apareció. El pokemon rojo dejó salir su frustración en un largo rugido, y estuvo exhalando llamaradas de furia y desconcierto hasta que se quedó sin energías y se durmió.

Continuará...