Saludos lectores c:
Mil perdones por el retraso, me olvidé por entero de subir el siguiente cap ;A; espero me perdonen. Les dejo el siguiente capítulo, espero les guste :D Muchas gracias a las personas que me dejaron sus comentarios en el capitulo anterior ^^
Capítulo 20
Toda la noche Kyogre estuvo dándole vueltas a los nuevos recuerdos que ahora poseía. Cada vez iba sacando más cosas en claro, pero el dolor en su corazón no hacía más que volverse oscuro y profundo, tal como los abismos marinos. Lloró amargamente al comparar ese pasado tan duro y cruel con el tiempo apacible que había pasado al lado de la misma criatura a la que había intentado destruir, preguntándose cómo era posible todo aquello. ¿Cómo las circunstancias habían cambiado tanto la forma en que dos seres podían entenderse? Despreció una y mil veces a los humanos por haber arruinado su tranquilidad y amenazar de muerte los sentimientos que habían echado raíces dentro de él. No quería desprenderse de ellos, pero tampoco quería revivir las situaciones del pasado y llegar a sentir odio por su amado Groudon.
Sin embargo, todo aquello también guardaba algo de positivo: pequeño, pero lo tenía. Kyogre pudo recordar gratos momentos del pasado, tanto junto a las criaturas del mar como a sus hermanos, los hijos del creador. Pudo recordar muchos momentos previos a su encuentro cataclísmico con Groudon al lado de su querido hermano Rayquaza, pero nada fue suficiente para apaciguar la herida latente que ahora tenía al saber su cruda realidad con la única criatura a la que había sabido amar.
Amar a alguien y odiarlo a la vez. Él nunca se había referido a aquello de esa forma.
Muy temprano decidió salir a ver a Groudon. El pokemon debía salir de allí y buscar un nuevo refugio. Él intentaría ayudarlo, pero después de eso dejarían de verse por el bien de ambos y de los demás. Nadó en dirección del lugar en donde le había dejado, imaginando que el pokemon le atosigaría con preguntas por lo ocurrido el día anterior. Intentaría explicarle cuanto pudiera, se lo merecía después de haberse arriesgado y haberlo salvado. En cuanto subió a la superficie, vio al pokemon de tierra de pie cerca de la orilla, mirando hacia la lejanía.
Él titubeó un poco antes de acercarse y llamarlo.
—Groudon…
El otro dio un respingo y giró la cabeza para verle. Tenía el ceño fruncido y una mirada amenazante. Kyogre lo supo comprender.
—Yo…
—Vete—ordenó Groudon repentinamente.
El pokemon azul bajó un poco la cabeza, bastante dolido. Él hubiera deseado haber podido ser tan frío para tomar decisiones así, pero le costaba demasiado desligarse de él…
— ¡Vete!—volvió a decir Groudon, girándose enteramente y levantando la voz.
El otro retrocedió un poco, creyendo que el pokemon reaccionaría de manera agresiva. Después de todo, ahora sabía lo que en verdad era capaz de hacer, pero le costaba imaginar que de un día para otro Groudon lo desechara de aquella forma.
—Vine para llevarte a otro sitio…—trató de decir Kyogre.
Groudon enfureció y entró en el agua, empujándole por la cabeza para que se alejara.
— ¡Te digo que te vayas!—exclamó— ¡Esos malditos están aquí de nuevo!
— ¿Eh?—soltó el menor.
Escuchó un sonido extraño acercándose rápidamente y miró en la misma dirección en la que Groudon miraba anteriormente. Uno de los yates del equipo Aqua que había sobrevivido a la destrucción del día anterior se acercaba rápidamente a la isla, y muchos pokemon de agua venían con él. Kyogre no pudo dar crédito a lo que veía, pero rápidamente sintió temor de que otra vez pudieran hacerle pasar la experiencia del día anterior. Este temor le impulsó a alejarse de inmediato de allí, pero su consciencia le hizo detenerse en seco.
— ¡No!—exclamó, volviéndose a ver al otro— ¡No puedo dejarte aquí!
— ¡Que te marches!—ordenó Groudon— ¡Te buscan a ti, no a mí! Intentaré retrasarlos pero tienes que irte lejos, lo más lejos posible.
Kyogre sintió un estremecimiento. Aún con todo lo ocurrido entre ellos y lo que le había dicho, ese pokemon iba a seguir luchando por él. Se culpó hondamente por haber querido dejarlo y se negó de lleno a abandonarlo allí y dejar que fuera blanco fácil para esos humanos y sus pokemon acuáticos.
— ¿Después de lo que les hiciste ayer, esperas que pasen de largo de ti?—preguntó, sin intención de moverse— ¡Se vengarán por lo que les hiciste!
— ¡Ballena testaruda!—exclamó el pokemon rojo, exasperándose ante la terquedad del otro de irse.
— ¡No puedes hacer nada contra ellos estando en el mar!—refutó el menor.
— ¿Quieres ver?—le desafió el otro.
Malgastaron aquellos preciosos minutos mientras el yate finalmente se detenía cerca de la isla. Los soldados sobrevivientes ordenaron a sus pokemon rodear a Groudon primero y atacar todos juntos con surf para arrastrarlo a las aguas y librarse de él. En cuanto la gigantesca ola se levantó, Kyogre nadó en dirección a esta y a una simple orden suya la pared de agua se deshizo como una torre de naipes barrida por un fuerte viento. Los demás pokemon siguieron atacando a Groudon mientras un grupo de Chinchou y Lanturn eran liberados para alcanzar a Kyogre con sus golpes eléctricos y debilitarlo.
Todo esto transcurría mientras la neblina se hacía densa y el cielo se oscurecía lentamente, sin que nadie se percatara de ello. Groudon repelió a sus enemigos con sus llamaradas y evaporando sus disparos de agua, pero Kyogre fue alcanzado por las ondas eléctricas que navegaron por las olas y lo electrificaron.
— ¡Kyogre!—rugió el pokemon.
Entró en el agua e hizo ademán de ir a buscar a su compañero, pero los Lanturn se interpusieron y lo hicieron retroceder con sus hidro bomba. A lo lejos, Kyogre le escuchó rugir y vio las capas densas de vapor que salían de la coraza hirviente del pokemon rojo.
— ¡Groudon!—exclamó, aterrorizado de que lo fueran a lastimar.
Hizo un esfuerzo y nadó en la dirección de ellos, levantando una ola delante de él que barrió a los pokemon enemigos y los alejó del pokemon de tierra. Kyogre se reunió con él y le ayudó a ponerse de pie.
— ¿Estás bien?
El otro sacudió la cabeza y se afirmó un instante contra el pokemon azul. Fue en eso cuando una sacudida atronadora reventó por sobre las cabezas de todos, espantando a humanos y pokemon por igual. Todos se volvieron a ver el cielo, el que repentinamente se había vuelto negro y dorado: poderosos haces eléctricos surcaban las nubes oscuras y amenazaban con llover sobre todos los implicados.
— ¿Qué es eso?—soltaron los científicos.
Nunca habían visto un fenómeno climático producirse tan repentinamente y con tal magnitud de poder. Los dos legendarios abajo estaban igualmente desconcertados: Kyogre obviamente no había liberado una tormenta eléctrica, porque no era su habilidad el producirlas.
— ¡Humanos…!—se escuchó una voz de trueno proviniendo del cielo, la que hizo temblar a las criaturas bípedas.
Todos vieron con asombro como un haz alargado de color esmeralda atravesaba las nubes más bajas, para luego desaparecer entre las nubes más oscuras. Una segunda mancha similar apareció nuevamente y volvió a esconderse en otra nube, mientras otro trueno sacudía el cielo y obligaba a los soldados a cubrirse los oídos.
Finalmente el dueño de aquella voz atronadora se dio a mostrar. El cuerpo alargado y poderoso de Rayquaza descendió desde las espesas nubes oscuras, mientras chispazos eléctricos recorrían su larga fisonomía de dragón. Sus ojos estaban encendidos tal y como los rayos que circulaban a su alrededor, y obviamente no se veía feliz. Kyogre y Groudon se mostraron igual de impresionados, pero los soldados y científicos lo estaban todavía más.
— ¡Ambiciosos y miserables humanos!—rugió el pokemon, volviendo a sacudir el cielo con su voz— Teníamos tantas esperanzas puestas en ustedes… ¡fueron creados perfectos por un ser perfecto para convivir con nosotros en este mundo, y esto es lo que hacen con el regalo de la vida que se les ha dado!
Los aludidos no podían comprender de lleno lo que el pokemon les estaba diciendo, pero su sola furia y la ferocidad con que les observaba desde lo alto era suficiente para hacerles entender. Todos, sus pokemon incluidos, temblaban de temor ante la omnipotencia que aquella figura de los cielos representaba.
—Tienen suerte de que no es a mí a quien deben rendir cuentas—advirtió la mística criatura, ondeando su largo cuerpo de esmeralda—, ¡pero hasta entonces quiero que desaparezcan de mi vista!
El pokemon movió su cola, y con aquel simple movimiento liberó un ciclón gigantesco que barrió a todos los pokemon del equipo Aqua y desestabilizó por completo el yate, al punto de casi voltearlo. Los soldados y científicos tomaron de inmediato aquella peligrosa advertencia y regresando a sus pokemon con ellos, enfilaron sin demora la nave y se alejaron tan rápido como les fue posible, con el corazón a punto de salírseles del pecho y sin poder olvidar aquella aparición durante el resto de sus vidas.
Continuará...
