Saludos estimados lectores~ :D

Paso a dejar el siguiente capítulo de esta historia. Espero que les guste y quieran dejarme sus comentarios, pues son importantes para mi~ Por cierto, alguien en el último cap me dijo que este fic tenía incesto xD aaghhh, si dije en el primer capítulo que todos los legendarios se tratan entre sí de "hermanos" pero que no por eso tienen lazos consanguíneos xDD

En fin, se los dejo~!


Capítulo 23

— ¡Aahh~!—suspiraba el pokemon de alargado cuerpo con desazón—Es increíble lo mucho que uno se esfuerza para que las cosas salgan bien y el destino acaba torciendo de cualquier modo los planes.

Había oscurecido hacía un buen rato y la luna brillaba intensamente a lo lejos. Rayquaza la observaba con cierta tristeza, a pesar de que la sonrisa nunca se desvanecía de su rostro. Tenía su largo y poderoso cuerpo echado cómodamente sobre una esponjada cama blanca de suaves nubes, y un bebé Drifloon que le hacía compañía se deslizaba por su lado, arrastrado por una imperceptible brisa.

El pokemon dragón estiraba su mano y tomaba al pequeño por sus patitas cuando se alejaba, acercándolo nuevamente a él mientras el pokemon de nuevo se dejaba llevar por el suave soplo de viento, jugando tranquilamente con su guardián. A Rayquaza no le molestaba la compañía de sus criaturas y siempre recibía amablemente a quien deseara visitarle. A la criatura legendaria no parecía importarle hacerlas de niñero pues le encantaban los pokemon pequeños.

Drifloon se volvió a verlo con gesto de curiosidad. Era raro ver a Rayquaza con el semblante decaído.

—Son mis hermanos—explicó el mayor—. Están pasando por una situación muy difícil y me veo incapacitados para ayudarlos. Los amo mucho pero no estoy viendo ninguna solución para su problema.

La criaturita púrpura giró sobre su cabeza en su sitio y parpadeó un par de veces con sus pequeños ojos negros.

—Sí, ya lo sé—dijo el dragón—. Lo más probable es que tenga la solución en frente de mis narices pero no la estoy viendo: la preocupación no es de mucha ayuda cuando hay que pensar bien las cosas.

El globo dio unos ligeros botes con su cuerpo, pidiendo algo de diversión. Rayquaza sonrió y accedió, inspirando un poco y soplando suavemente una brisa de aire que arrastró a Drifloon un par de metros, haciéndole dar vueltas. El pequeño se aferró de una nube esponjada con sus patitas y se metió dentro de ella, jugando a hacerse el desaparecido. El pokemon mayor rió levemente y le siguió el juego:

— ¡Oh, no! ¡Drifloon se me ha perdido!—exclamó, fingiéndose alarmado—Lo tenía aquí hace un momento…

El bebé rió despacio y asomó su cabeza. Rayquaza abrió su boca cuando lo encontró, pero antes de decir nada se quedó estático en su sitio, con las fauces abiertas y los ojos amarillos fijos en la imagen del pequeño Drifloon escondido en su nube. Cerró despacio la boca y parpadeó con fuerza mientras salía de su asombro.

— ¡Eso es!—exclamó, levantándose un poco de su cama acolchada y estirando su mano para sostener delicadamente en ella al pokemon a su cuidado— ¡Drifloon, eres brillante como las luces de la aurora!—dijo, acercando al bebé a su cabeza y acariciándolo con su nariz—No puedo esperar a que amanezca para contarle a mis hermanos de tu estupendo plan~

El aludido sonrió con sus mejillas hinchadas de felicidad. No tenía la menor idea de cuál había sido su parte en aquella historia, pero estaba contento de ello de cualquier modo.

A la mañana siguiente y con las primeras luces del día, Rayquaza descendió feliz y emocionado desde las alturas. Enfiló hacia el pequeño trozo de tierra en donde Kyogre y Groudon estaban temporalmente encallados, y aterrizó silenciosamente mientras su sonrisa se ensanchaba en su rostro alargado. Los dos pokemon seguían dormidos, con Kyogre aún en brazos de Groudon y viéndose peligrosamente adorables en aquella posición. El dragón contempló un instante la escena y después saludó con grandes ánimos:

— ¡Buenos días, mis amados hermanos~!

Groudon fue el primero en despertar al reconocer su voz. Se sentó de un impulso en la arena y Kyogre despertó a su vez por el movimiento. El pokemon rojo volvió la cabeza buscando al otro y al verlo se puso rápidamente de pie, dejando a su compañero sin mucho cuidado en la arena.

—Espero no estar interrumpiendo nada~—siguió Rayquaza, dando un ligero bote con su cuerpo elástico.

—Nada, nada…—respondió el mayor de ellos, avergonzado y mirando en cualquier dirección.

Kyogre se libró de la modorra sacudiendo un poco la cabeza. Sonrió al ver a su hermano mayor y le saludó a su vez. El pokemon dragón se acercó a ellos y flotó a pocos metros de sus compañeros.

—Espero que hayan tenido una larga charla sobre los últimos sucesos~ La conversación es muy útil en cualquier tipo de relación.

— ¿A qué te refieres?—preguntó Groudon, volviéndose a verlo.

—A eso mismo que he dicho~—respondió el otro, esquivando el verdadero motivo de la pregunta—La mejor forma de llevarse bien y buscar solución a los problemas es conversando. Yo ayer, por ejemplo, estaba conversando con un amigo mío sobre este asunto tan delicado que nos concierne, y de hecho me estuve preguntando algunas cosas.

— ¿Qué cosas?—preguntó Kyogre.

Rayquaza cerró los ojos sin dejar de sonreír, en un gesto un tanto enigmático. A Groudon le pareció extraño, pero Kyogre presentía por esa sonrisa que el mayor tenía una buena noticia para ellos.

— ¿Han decidido qué es lo que van a hacer de ahora en adelante?—preguntó el dragón—Ya no es seguro regresar a la isla de Groudon, considerando que los humanos saben de su ubicación.

—Lo sabemos—respondió el pokemon rojo seriamente—. Ya no tenemos un lugar a donde ir: los humanos nos perseguirán allá a donde vayamos.

Su compañero marino mostró pesar ante esta triste realidad, pero Rayquaza no dejaba su gesto brillante y emocionado.

—Tú, mi estimado hermano mayor, podrías irte a lo más profundo de un volcán activo: ninguna criatura viviente se atrevería a buscarte allí. Y el océano tiene muchas cavidades profundas y misteriosas que los humanos nunca podrían alcanzar.

—Es que no…—soltó Kyogre, trabándose un poco—no queremos…distanciarnos…

— ¡Oohhh…!—exclamó Rayquaza, fingiéndose muy sorprendido y mirando en cualquier dirección—Entiendo, entiendo~ eso complica un poco las cosas. Pero ya saben lo que dicen~

Los dos pokemon se quedaron viéndolo esperando que el otro terminara la frase. El pokemon esmeralda esperaba que los otros terminaran la frase así que se hizo un silencio de varios segundos.

— ¡¿Qué dicen?!—exclamó el monstruo de tierra, impacientándose.

—"Todo tiene solución, excepto la muerte". Y como nadie se ha muerto por aquí, pues vamos a solucionar este problema—dijo el dragón muy feliz.

Sus hermanos le observaron un tanto confundidos, pero igualmente expectantes de saber qué tenía el otro que decir.

—Kyogre—siguió hablando Rayquaza— ¿crees que puedas ayudar a Groudon a encontrar un lugar muy alejado y perdido en la nada del océano para que pueda vivir?

—Creo que puedo, pero…

— ¿Pero?

— ¿Qué caso tiene?—preguntó Groudon, cerrando los puños—Ya encontraron la primera isla, encontrarán la segunda, la tercera y todas las demás—dijo, bufando aire caliente por la nariz.

— ¡Aahhh~! Pero yo no estaba con ustedes en ese entonces, ¿cierto?

Los otros dos negaron con la cabeza. Rayquaza asintió y se irguió orgullosamente.

— ¡Vamos entonces!—exclamó, apuntando al cielo—Viajemos y busquemos el lugar más apartado del océano para construir vuestro nuevo hogar~ Si ya pudimos construir la casa de millones de seres vivos entre los tres, sé que podremos hacer una nueva y perfecta para ustedes también.

Kyogre y Groudon estuvieron por preguntar pero como el dragón iniciara el vuelo, el pokemon de tierra ayudó a Kyogre a volver al agua, luego éste cargó a su compañero en su espalda y salieron mar adentro a buscar un punto perdido en la amplitud de las aguas. Viajaron durante dos días a un lugar que el pokemon azul consideraba apropiado, sin que en todo aquel tiempo Rayquaza dijera nada sobre el plan que tenía entre manos.

Cuando finalmente llegaron a un lugar inhóspito y desconocido, Rayquaza indicó al mayor de sus hermanos que por favor levantara una isla al gusto de sus exigencias.

— ¿Para qué?—volvió a preguntar Groudon, sin terminar de comprender qué ganarían haciendo lo mismo de antes.

—Tú espera y verás~—respondió su hermano más joven.

Kyogre le instó a tener confianza y Groudon aceptó, a regañadientes. Tal y como en la primera ocasión, reunió toda su energía y la liberó poco a poco, llamando a la tierra desde la profundidad del mar y levantando el suelo seco y arenoso por sobre el agua. La nueva isla tenía dimensiones similares a la primera, pero su arena era todavía más blanca por la ubicación en la que se encontraban. El pokemon azul dejó a su compañero en tierra, aliviado de no traer su monumental peso encima.

Groudon observó en rededor y suspiró con el ceño fruncido.

— ¿Qué ocurre?—preguntó el pokemon esmeralda.

—Está vacía—respondió el otro—. Tardaré mucho en que vuelva a florecer como la otra…

—No hay motivo para tener esa cara larga—dijo Rayquaza, flotando por sobre la arena—. Kyogre y tú tendrán todo el tiempo del mundo para volver este lugar un paraíso hermoso y florido en donde podrán convivir. Juntos. A solas…~

Los otros dos se volvieron a verle mientras el dragón desviaba su atención y escondía su sonrisa.

— ¿Qué te hace pensar que no la perderemos igual que la primera?—quiso saber Groudon—Todavía no nos has explicado…

—Siempre tan impaciente, hermano mío—respondió el otro.

El legendario del cielo se elevó algunos metros en el aire con la mirada de sus compañeros puestas en él. Cerró los ojos, se concentró profundamente y luego los abrió, con estos destellando un intenso color dorado resplandeciente. Rayquaza llamó a los vientos, a la niebla y a las nubes, los que rápidamente acudieron a su llamado y rodearon la isla varios kilómetros a la redonda.

Kyogre y Groudon observaron impresionados esta demostración de poder y control sobre los elementos naturales, tan impresionante como lo era el de ellos, pero diferente en todos los aspectos. Los vientos moldearon suavemente y con maestría las nubes esponjadas y la rodearon con niebla, ocultando por entero a la isla por sus lados pero dejando siempre el cielo claro y brillante por sobre sus cabezas. A la orden de su señor, las nubes esconderían la isla cuando la presencia humana estuviera cerca.

Cuando acabó su labor, el pokemon dragón descendió y sus ojos volvieron a la normalidad. Sonrió anchamente y esperó elogios por parte de sus hermanos.

— ¿Y bien?—preguntó.

El enorme pez azul sonrió, emocionado y feliz al comprender lo que el otro había hecho. Nadó veloz hasta estar cerca de él y Rayquaza se acercó para recibir su afecto.

— ¡Es fantástico!—exclamó Kyogre— ¡Esto que has hecho es…!

— ¡Lo es!—exclamó el dragón, compartiendo su felicidad y acariciando su gran cabeza— Aunque no se me ocurrió a mí, sino a mi amigo Drifloon~

Groudon cerró la boca después de la impresión que se había llevado y se volvió a ver al alegre dúo. Se acercó lentamente y se rascó el cuello.

—Gracias, Rayquaza—soltó. Le costaba un poco ser amable pero no podía no agradecer el tremendo favor que les había hecho su hermano. Más que un favor: los había salvado a ambos.

El dragón esmeralda sonrió y asintió con la cabeza. Hizo espacio con su hermano pequeño y se deslizó hasta estar entre ambos.

—El resto se los dejo a ustedes—dijo, mirando a sus amados compañeros con una sonrisa llena de satisfacción—. Sé que harán de este lugar un hogar hermoso para los dos, lleno de vida y color. Después de todo—soltó, guiñando un ojo—, ambos fueron hechos para hacer estas maravillas juntos.

Kyogre sonrió al escuchar estas palabras, sintiendo una alegría inusitada en su corazón: era tal y como él lo había imaginado alguna vez, y esta realidad no podía hacerle más feliz. Se acercó a su hermano y le agradeció con una caricia de su cabeza cargada de afecto.

—Gracias, Rayquaza…

—No me las des~—dijo el pokemon, devolviéndole el gesto—Sabes que haría lo que fuera por ustedes, siempre que esté en mis manos.

— ¿Tú que harás ahora?

— ¡Ahh~! Yo me iré a vigilar desde arriba, en los cielos, y a ayudar a otros de nuestros hermanos a intentar mantener las cosas tan tranquilas como se pueda en la tierra. Son tiempos muy peligrosos tanto para los pokemon como para los mismos humanos, y a pesar de que son como son, no podemos dejar simplemente que se destruyan y se lleven a los demás con ellos~ No eran esos los planes del creador para ninguna criatura, así que me esforzaré porque sus propósitos se lleven a cabo.

—No cuentes conmigo para ello—sentenció Groudon, con los brazos cruzados y bufando.

— ¡Ahahaha! No lo haré, mi estimado hermano. Por ahora lo que más quiero es que ustedes tengan su merecido tiempo de paz y tranquilidad juntos. Tal vez más adelante quieran unirse al resto de nosotros para restablecer las cosas, pero mientras tanto trabajen unidos y hagan de este sitio un bello lugar para los dos. Vendré a visitarlos alguna vez—dijo, mientras se levantaba del suelo y comenzaba a ascender lentamente—, ¡pero no me esperen~!

Kyogre y Groudon lo observaron elevarse, despidiéndose con su mano en alto y con su gesto siempre afable en la mirada. Los dos pokemon le despidieron desde abajo: Kyogre sonriente y salpicando agua desde su cabeza, Groudon con su gesto típico y su mano quieta sobre su cabeza. Rayquaza los observó detenidamente un último momento, deseando desde el fondo de su corazón que aquellas amadas criaturas fueran felices y tuvieran finalmente su ansiada paz. Él los estaría cuidando desde arriba, como siempre había hecho. Pronto enviaría a sus pequeños mensajeros Wingull en una brisa de viento para hacerles compañía y tener noticias de ellos, cuando él estuviera lejos. Luego se volvió, y alejándose, desapareció.

Los dos pokemon abajo lo vieron marcharse y luego se miraron entre ellos. Habían pasado por cosas muy difíciles, pero habían conseguido mantenerse juntos por aquel inusitado sentimiento que los había unido, y les había dado fuerzas para llegar tan lejos. De ahora en adelante tendrían la eternidad para conocerse, reconciliarse, compartir, aprender mucho el uno del otro, y trabajar unidos en construir el nuevo hogar que su hermano había resguardado para ellos entre las nubes plácidas que navegaban sobre las aguas.

¿Dónde está esa isla ahora? Nadie lo sabe, pero lo que sí es seguro es que Kyogre y Groudon viven tranquila y pacíficamente allí. Se puede saber porque su historia es llevada por el viento, como una romántica canción de las olas.

FIN


Lady Beelze: ¿No se lo esperaban? :'D no quería poner en la intro que la historia acababa aquí, pero así es~ Uno de los poquísimos fics que he conseguido terminar y del que estoy muy feliz por el resultado TwT Espero que les haya gustado y me dejen sus opiniones. ¡Muchas gracias a las personas que me han acompañado hasta aquí con sus reviews! Los aprecio mucho en verdad :3

Quiero comentarles que acabo de subir otro fic de pokemon que ya está terminado también. Se llama "Heridas", también es un shonen-ai de dos de mis pokemon preferidos (no legendarios). Las personas que lo han leído me comentaron: "ninguno de los pokemon me gustaba/es de mis preferidos, pero la historia realmente vale la pena" e hice llorar a algunos con ella :') así que les pido de corazón que le den una oportunidad aún cuando vean que no son los pokes más populares precisamente. Si ya más adelante creen que está fea, sientánse libres de dejarla cx

Nuevamente agradeciendo los comentarios y apoyo ^^ ¡Nos vemos en el siguiente fic!