-Gore-
Una vez más, Mikasa ardía en fiebre. Hanji habría podido explicar perfectamente el motivo, sin embargo eso no iba a suceder. Hanji no estaba allí.
Eren se preguntaba por qué el sargento había tardado tanto en traerla de vuelta.
Y es que lo preocupante era que Hanji se había ido por su propia voluntad y no parecía tener intenciones de volver a decir de Erwin, que de pronto había entrado furiosamente a su oficina y golpeado cosas dentro de ésta. Eren le había escuchado lanzar cosas furiosamente sin aparente motivo.
- Oe, Hanji, ¿Te gusta? – preguntó Levi, con la fusta de su caballo ensangrentada. La mueca a modo de sonrisa que lucía en su rostro era irreprochable. Hanji alzó el rostro y lo fulminó con una mirada más que furiosa, lasciva. Su rostro lucía desencajado de dolor pero sonreía con esa mueca demente que Levi sólo le había visto mientras capturaba titanes o los sometía a diversas pruebas.
- Eres un monstruo – y se limpió la sangre de la boca. Las sábanas blancas estaban teñidas en la sangre de ambos, pero difícilmente podría decirse que ésta provenía también de él. Sin una sola prenda, hincada y sostenida de las sábanas, jadeaba cansada. Sus piernas temblaban y de pronto sintió la mano firme de Levi recorrer su muslo y darle una fuerte palmada en uno de los glúteos cruzados de golpes con la fusta, golpes que le habían provocado sangrar.
- Tsk.Todo está tan endemoniadamente sucio. Me pregunto cómo es que puedes considerar este lugar como una casa. Es una pocilga – y estiró tres de sus dedos los que internó de inmediato en su sexo húmedo. Hanji se estremeció de placer y dolor y escondió la cara en el colchón. Sus gemidos adoloridos llenaban el lugar. Levi, que aún tenía la camisa puesta, se la quitó doblándola con cuidado y colocándola sobre una repisa, aún cuando estaba salpicada de sangre. Se acercó a ella hincándose justo detrás. Ya no fue su mano lo que entró en el cuerpo de Hanji, sino su miembro que deslizó, inclemente, en su interior. Gruesas lágrimas lavaban las mejillas ensangrentadas de ella, que apretaba los párpados en cada embestida, pero que sin embargo entreabría los labios, jadeando, gimiendo cada vez más, presa de un placer malsano que iba más allá de su propia comprensión. Se sabía masoquista, se sabía atraída por esa tensión que sólo él sabía provocar en ella. Se sabía atraída profundamente por esa manía de recordarle que existía en su vida y que no la dejaría ir sin importar nada.
- Por favor .- suplicó por un momento – Levi… Por favor para…
- ¿Parar? – Dijo éste, casi burlándose- Imposible, señorita jinete- dijo entonces, insultándola – Te acostaste con Erwin ¿No? – dijo, justificándose - Vamos, Hanji, ¿Vas a decirme que él es mejor que yo? ¡¿Me lo dirás?! Imposible y te lo demostraré. Ese semental de quinta se te quitará de la cabeza en dos segundos- y perdiendo completamente el control, salió de ella sólo para voltearla tumbándola en la cama, le abrió las piernas con suma violencia y dejó que su miembro la penetrara en una sola estocada, desgarrándola por dentro una vez más. Ésta, incapaz de escapar, o moverse, echó la cara a un lado. Las mejillas rojas de excitación, delataban cuánto deseaba que continuara poseyéndola, sin embargo, también su dignidad la traicionaba, pues de sus ojos sólo podían manar lágrimas que contenían todos sus sentimientos, que se entremezclaban por igual: decepción, duda, rabia, lujuria y por supuesto, que contenían a partes iguales su orgullo, su dignidad y su amor.
Levi no dejaba de mirarla y le tomó con una mano de la barbilla con rudeza. La lastimaba una y otra vez y Hanji en vez de pelear o mejor dicho después de pelear sin conseguir nada, se dejaba humillar a sabiendas del grave error que había cometido.
Sabía que no era el orgullo herido de Levi lo que lo movía a hacerle tales cosas. Lo movía su amor herido. Ése que ella había despreciado al irse sin siquiera escuchar razones de ninguna persona. Era muy tarde para detenerse. Ella lo sabía.
Levi había terminado una vez más, sólo para alejarse jadeando de ella. Algo, después de esa cuarta vez durante la tarde y noche de ese dia, le había hecho comprender lo que había hecho, pues de pronto miró a Hanji con profunda vergüenza. El cuerpo de ella, por lo natural moldeado y bien formado, en ese momento se desparramaba sobre la cama. Hanji miraba perdidamente al techo, sin siquiera parecer reparar en su presencia, jadeando pesadamente como si estuviese en sus últimos minutos de vida. Su pecho se alzaba y caía con dificultad y por fin, luego de unos segundos, sus párpados cayeron sobre sus ojos cafés, que de pronto parecían febriles y extraviados.
En ese momento, Levi reparó en sus propias acciones, como si la imagen de ella reposando en la cama sobre un literal charco de sangre, su propia sangre, le hiriera más que el haberla escuchado gemir mientras era otro el que le hacía el amor. Los ojos de Levi se aguaron un momento y su odio hacia sí mismo pudo más que cualquier otro sentimiento. Con rapidez se puso los pantalones y acercándose a Hanji la sostuvo en sus brazos. Depositaba besos en sus mejillas llenas de rasguños y hematomas, murmuraba su nombre, le daba palmaditas suaves en los pómulos. Hanji reposaba, profundamente cansada, con las lágrimas marcando su recorrido hasta su cuello donde las manchas de éstas se perdían. Dejando a Hanji en la cama un momento después de asegurarse que estaba viva, abrió la ducha y se lavó rápida pero meticulosamente. Hecho esto, nuevamente se puso la misma ropa que tenía antes y aunque le había repugnado tal cosa, no tenía opción. Ya había dejado la tina llena de agua tibia y alzando el cuerpo desnudo de Hanji en sus brazos, a sabiendas de que estaría adolorida y quizá ni siquiera despertaría, la depositó con muchísimo cuidado en la tina. Acomodó bajo su cabeza la almohada de su cama y la miró un segundo.
"Ella tiene razón" – pensó - "Soy un monstruo".
Con el mayor de los cuidados la lavó y limpió cada herida que él mismo había provocado en su cuerpo. Pero conocía el temple de su, en ese momento, antagonista.
Hanji Zoë era la persona más dulce y vivaz del mundo, pero era una guerrera letal que no se tocaría el corazón para vengar una afrenta como la que acababa de sufrir de parte de él.
Y él sabía cuánto ella lo amaba.
Si se había sentido tan traicionada al pensar que él se había llevado sus investigaciones por escrito a la batalla y se las había dado a Mikasa Ackerman (lo que no era verdad y le parecía lo más ridículo de todo lo que ella lo acusaba) podían solucionarlo. Pero Hanji no toleraba la traición porque sabía que él tampoco. Lo había dejado humillarla porque se estaba disculpando y también lo había echado a perder.
Cuando terminó de limpiarla, la sacó con dificultad de la tina y acomodándola en su sillón favorito la secó y vendó cada herida posible de vendar. La vistió con la mejor ropa que encontró y calzándola con sus botas favoritas y envuelta en una capa colgada en su puerta, después de vestirse, la cargó llevándola de regreso al cuartel.
Cuando Moblit la vió, un dejo de profundo desprecio cruzó sus pupilas y Levi pudo percibirlo devolviéndole mirada por mirada, como si se disculpara. Sentía que de pronto, todo mundo podía leer su mente.
Sentía que todo el mundo podía saber quién le había hecho eso a la chica más buena de todas.
Cuando Hanji abrió los ojos, sólo había un techo conocido.
Su antigua habitación.
Sus ojos nuevamente se llenaron de lágrimas al observar los rasguños en sus manos delgadas. No había nadie en la habitación y se llevó las manos a la cara, presa de un pánico superior a todo el que jamás sintiera matando titanes.
Su historia personal de maltrato era una cosa. Por eso saberse humillada, maltratada y abusada por la persona por la cual habría dado su vida (cosa que había ya intentado unas cuantas veces) la puso en una situación emocional desventajosa. Toda ella era un amasijo de nervios y enjugándose los ojos, trató de levantarse de la cama. Al poner los pies desnudos en el piso e intentar incorporarse, un agudo dolor hizo presa de su espalda. Sosteniéndose de la cama y siguiendo la pared con su mano izquierda, se acercó al espejo de cuerpo entero de la puerta de su ropero.
Observándose a los ojos, descubrió a una mujer furiosa, llena de una fusta, con puntos en algunas de las heridas en sus brazos. Al voltearse y levantarse la camisola de dormir que tenía encima, descubrió sobre las cicatrices de sus quemaduras en la espalda, una herida nueva que la cruzaba también. La fusta le había abierto la piel sobre su espalda baja. Estaba hecha con tal violencia que terminaba justo a la mitad de uno de sus glúteos.
Lo que ella recordaba más como una sensación que como una imagen gráfica en su mente, la estremeció de miedo. Era nuevamente el golpe que Levi le había dado en el glúteo mientras la penetraba.
Miró la ventana y sintió reptar en su corazón un profundo desprecio.
Como pudo, se acercó a su ropero y lo abrió. Sus uniformes seguían allí y tomó uno. Se desnudó y luego comenzó a vestirlo.
Había vuelto y no volvería a irse.
No sabía para qué pretendía quedarse pero sí sabía una cosa que se iba a convertir en su objetivo a partir de entonces.
Levi era su enemigo. Y para siempre, iba a ahogar el amor de su corazón en el dolor físico, intenso y envolvente que había provocado en su cuerpo.
Una vez vestida, se dirigió a la oficina de Erwin, donde nunca imaginó que podría sentirse un poco mejor. Tocó tres veces y al abrir la puerta, Erwin se levantó acercándose a ella, preocupado.
A partir de ese instante, Hanji había perdido cierta conexión con la realidad y todas sus acciones estarían ligadas a Erwin y no a Levi.
Erwin hablaba, preocupado, tratando de saber qué había pasado. Hanji trató de relatarlo todo con cuidado, aunque omitió muchos de los detalles que por vergüenza no se atrevía a mencionar. Todo esto lo hizo sin sospechar que Levi estaba en un calabozo, después de que, luego de ver la golpiza que le había propinado a Hanji, Erwin lo diese de baja y lo golpeara hasta el cansancio.
De pronto, algo en la mirada de Erwin, lo delató.
- Erwin… Espera… ¿Dónde está Levi?
- No puede volver a hacerte daño – dijo con simpleza.
- ¿Por qué? Erwin… ¿Dónde está?
- No volverá a acercarse a ti. Ve a descansar. Tienes una semana para recuperarte. Después de eso iremos a Shiganshina y me gustaría estés repuesta para reiniciar tu investigación. Levi no volverá a hacerte daño. No está aquí.
Erwin había ordenado a todos callar sobre el particular.
Levi le había puesto las cosas sumamente fáciles y si era su oportunidad de tener a Hanji, no iba a dejarla pasar.
Gracias por leer y por sus maravillosos reviews!
Kat~
