Alas de Libertad Capítulo 9:
-Guilty-
"… There is a darkness
I check my habit true
I can't erase it
Believing you'll come back to me
That is the notion
Just between you and me
(You got me urging)
No waiting out anymore… "
Hanji salió corriendo detrás de Levi por el pasillo, como desbloqueada, inconsciente, frenéticamente. El pasillo estaba vacío, pero no vaciló en su intento y siguió corriendo. La suela de sus botas resonaba en el suelo de piedra. Corría tan rápido que no estuvo a tiempo de detenerse ante el brazo que se detuvo de pronto frente a ella, y deslizándose por su pecho, la atrajo hacia la obscuridad de una habitación vacía. Toda esa ala era inasequible para nadie que no tuviese por lo menos grado de teniente en la tropa.
Los relieves de la madera tallada de la puerta le hacían daño en la espalda. Su respiración parecía la de alguien que, como ella, había hecho una gran carrera. Pero ella, a diferencia de quien corría carreras, estaba lejos de ganar. Su pecho se elevaba y bajaba, y cansada, cerró los ojos un momento. Quien sea que la hubiera asido de esa manera, lo había hecho porque deseaba detenerla, mas no hacerle ningún daño. Respiró unos segundos con los ojos cerrados y al abrirlos, los pequeños e inquisidores ojos de Levi Ackerman, grises como los de un gato gruñón, estaban puestos fijamente en sus propios ojos.
No cabía asustarse, no. ¡Era lo que más deseaba!
Sus brazos respondieron a sus deseos más obscuros. Se alzaron sobre sus hombros para abrazar al hombre, diez centímetros más bajo que ella, y de pronto algo en su interior hizo click, como cuando enciendes algún aparato.
"… I'm in a maze of fears and sorrows
Save me from here so somebody please
Desire burning out of control …"
Algo en ella se desnudó, más allá de su cuerpo que ahora, frío, no tenía nada que ofrecer más que las mismas cicatrices, la misma piel apiñonada, la misma suavidad y humedad vahosa de sus partes más íntimas, las que a pesar de conocer a otro hombre, no manifestaban placer alguno más que con ése que ahora la abrazaba.
Tan segura estaba de ello, que sentía la urgencia de apagar esas llamas de inconfundible deseo con él y sólo con él. Sólo él provocaba en ella las más intensas sensaciones eróticas, más allá sólo del contacto con su cuerpo. La prueba estaba en que cada vez que debía cumplir la obligación de acostarse con Erwin Smith, debía concentrar su pensamientos en los últimos recuerdos que tenía de Levi antes de haber sido alejados uno del otro.
"… I sacrificed my pain to satisfy myself
Don't wanna lose your love
Instead I deal in lies
Your soul is worth a shot to satisfy my soul
I'm calling out your name
Because of you I know I feel insane …"
El insondable dolor de sus heridas. El ardor de su piel bañada en sangre, doliente, abierta como una flor. Desgarrado su sexo groseramente, como una rosa a la que le han sido arrancados inclementemente los pétalos…
La herida que aún no terminaba de cerrar y que estaba en el borde de su espalda baja, donde los carnosos muslos de su cuerpo trabajado, comenzaban a alzarse, respingones.
Su rostro continuaba con ciertos signos de golpes. Su ojo apenas comenzaba a mostrar signos de mejorar. La hinchazón había bajado, ya no se veía amoratado, aunque aún tenía el párpado ligeramente tapado, pues le caía parcialmente hinchado sobre el globo ocular que en el extremo del lagrimal aún conservaba un muy tenue tono rojizo donde Levi había provocado un derrame.
Todo eso no importó.
Levi temblaba. Acariciaba sus brazos y le retiró la chaqueta sin explicación alguna, la que dejó caer al suelo sin prestar importancia. Hanji comenzó a hablar mientras Levi no podía reprimirse de tocar sus mejillas y pasar sus dedos finos con cuidado sobre los moretones en su rostro. Era como revivir ese golpe y tratar de absorber el dolor provocado con éste mientras deslizaba sus dedos.
- Levi, yo no escribí esa carta, yo nunca…
- Ya lo sé, idiota – Sus labios se deslizaron con suavidad por la mejilla de Hanji.
- ¿Lo sabes? – dijo Hanji esperanzada, casi al borde del llanto. Parecía creer en ella.
- Lo sé. Tu jamás escribes cartas y todas las que tengo son más bien notas. Notas de una sola frase que jamás narran nada alrededor. Cosas como "Te veo en el muro" o "Apresúrate enano" – dijo Levi con sorna.
- ¿Y entonces por qué te fuiste?
- Porque estás con él – y se alejó un instante, para luego aplastarla literalmente contra la puerta.
Sus labios apresaron los de ella con necesidad, con una urgencia más allá de su propio control. Lo dominaba por completo su olor, la forma de sus labios y el cómo éstos parecían amoldarse a su propia boca cuando la besaba. Le deshizo la coleta halando de la liga que la sostenía y acarició entonces su nuca mientras ella era incapaz de moverse. Sólo sus labios prometían más de sí misma, su lengua húmeda que relamía las comisuras de sus labios mientras continuaba besándola lo enloquecían y en definitiva, parecía estar atrapado, a pesar de que era él quien aparentaba tener el control total de la situación.
Su boca se deslizó por su cuello y Hanji se permitió abandonarse echando atrás la cabeza, como si se estuviera entregando, porque moría por entregarse a él. Porque no podía vivir sin su aliento dándole vida ni sin su cuerpo atrayéndola a ella, de hecho, a vivir.
La mano de Levi esta vez desabotonó despacio su blusa, prodigando dulces caricias a todo su cuerpo, que antes fuera maltratado y humillado por él mismo.
Pero esta vez, era él quien la necesitaba a ella.
Su cuerpo temblaba y se estremecía ante la suavidad de sus labios rudos, que de pronto parecían suavizar aún más su caricia y por momentos parecían querer arrancarle la vida a sus poros.
Hanji comenzó a acariciar su nuca, donde el cabello en su cabeza era más corto, mientras él luchaba con los botones de su blusa. Tanta era su ansiedad que los arrancó. Hanji en un gesto involuntario se echó atrás, como si su cerebro hubiese quedado irremediablemente programado después de aquella golpiza para sentir temor cuando él tomaba acciones bruscas cerca de ella.
Levi la miró a los ojos, y el temor inconsciente reflejado en éstos lo obligaron a detenerse.
- ¿Estás segura, Hanji? – la llamó por su nombre. Para ella, su voz sonaba más profunda aún cuando la llamaba por su nombre y sabía bien que era una mala señal. Lo miró atentamente, casi al borde de un ataque de pánico y su respiración aparecía de pronto pesada y jadeante.
- Estoy segura. Sólo… Tengo un poco de miedo.
- ¿Crees que te lastimaré? – preguntó con un dejo de ofensa patente en sus palabras.
- No lo sé… No sé…
Levi la besó de lleno en los labios y alejándose un poco, con su aliento aun chocando contra el de ella, la abrazó por encima de sus hombros a pesar de su menor estatura, posesivo, confiado, ansioso pero al mismo tiempo protectoramente.
- Nunca volveré a hacerte daño. Lo siento.
Hanji rompió en llanto y le anudó los brazos al cuello besándole con pasión.
Sabía que su afirmación era cierta y que podía confiar en su palabra. Sabía por qué estaba unido a Mikasa. Sabía que ya no había motivo para aceptar estar con Erwin.
Erwin.
Trataba de hacerla feliz. Pero… ¿Cómo Levi habría obtenido esas pantaletas? ¿Cómo es que tenía una carta supuestamente escrita por ella de no ser porque Erwin de algún modo se la había hecho llegar?
Era una trampa de la que ya se ocuparía luego.
Se abrazó al cuerpo más pequeño en estatura del soldado que la besaba y echó la cabeza hacia atrás mientras este relamía la piel de sus pechos que sobresalía de su sostén. Poco a poco la ansiedad se fue agotando mientras la luz de la luna se cernía sobre la piel de la teniente que ahora jadeaba entrecortadamente, excitada y llorosa aún. Los labios de él cubrieron los de ella, cálidos, húmedos, adaptándose una vez más a sus labios, a cada parte de su cuerpo que besaba. Le desató los cinturones y le bajó los pantalones. Hanji entonces bajó las manos y comenzó a quitarle la pañoleta impoluta que su cuello tenía para después deslizar su camisa blanquísima hacia atrás. Acarició su pecho reció y sonrió aspirando su aroma ligeramente perfumado. Cualquiera que no conociera a Levi pensaría que era afeminado, pero ese olor no dejaba duda de que, a pesar de ser esencia de limón y maderas, era la esencia de la masculinidad. El olor cosquilleaba en la punta de su nariz y la obligó a sonreír. Levi se detuvo sin alejarse de sus labios y pasó sus dedos por los párpados de Hanji, que abrió los ojos. Lo miró y no dejó de sonreír.
- ¿Qué pasa? – preguntó involuntariamente temerosa.
- Que te amo – contesto el soldado que le tomó con suavidad la mano y la sentó con suavidad en la cama. Desconcertada, vio como éste daba la vuelta por el otro lado de la cama de esa habitación y se sentaba del otro lado, mirándola casi comprensivamente.
- ¿Por qué te vas hacia allá?
- ¿Estás segura de esto? – preguntó sin ninguna inflexión vocal que delatara que en realidad estaba más asustado él que ella.
- Muy segura – y se acercó de rodillas besándolo de nuevo en los labios.
Abrazándolo medio desnuda, dejó que Levi desabrochase su sostén del más absoluto blanco. Sus pantaletas eran similares a las que le había tirado en su propia cara. No pareció reparar en ello y si lo hizo, no dijo una palabra. Las deslizó por sus piernas, que aún conservaban los moretones de los golpes y torceduras y abrió despacio sus rodillas. Su lengua se deslizó con suavidad en su entrepierna para luego tocar el escaso vello de su sexo e internarse tocando su clítoris, esta vez ligeramente con la lengua y masajeando la parte interna de las paredes de su sexo con dos de sus dedos. Nada de manoseos groseros, nada de caricias odiosas, nada de puñetazos ni latigueos que dejarían la marca y la promesa de un dolor físico en los días subsecuentes.
Ahora todo él era considerado, amable, dulce.
Y ella se sentía ligera como una pluma… Y feliz.
Acarició su cabello. Seguía teniendo una mata castaña y espesa de hermoso cabello ondulado y largo. Levi se llevó un mechón a los labios y aspiró su aroma. Flores. Esta mujer jamás, ni por más sucia y andrajosa que estuviese (y él la conocía muy bien y sabia que a veces podía estar realmente andrajosa) dejaba de tener ese aroma en su cabello. Aspiró una vez más la fragancia y su mueca seria se transformó en una sardónica, como si fuera irónico tal hecho para él.
No cabía duda que la necesitaba con toda su alma.
Masajeó una vez más sus pechos y se detuvo al sentirla retorcerse. Hanji lo miró mientras se quitaba los pantalones y al fin desnudos los dos, alzó la sábana y ambos se situaron debajo.
Levi acariciaba su espalda, su cuello… Bajaba y subía su mano con frenesí por la espalda de ella mientras Hanji sin saber cómo acercarse e iniciar de nueva cuenta el contacto, comenzó a masajear y masturbar su miembro de arriba abajo en un vaivén que para Levi comenzaba a antojársele enloquecedor. Echaba éste la cabeza hacia atrás, y gruñendo, reprimía los gemidos que su boca se negaba a ocultar. Su garganta era lo único que le permitía respirar mientras entonces ella atrapaba de pronto sus labios y lo besaba introduciéndole su lengua, moviéndola dentro de la boca de él al ritmo de las embestidas que su mano simulaba con su miembro. Lo conocía tan bien que sabía cómo enloquecerlo y si había algo que a Levi le gustaba, era estar a punto de terminar después de tocarla, parar y reiniciar para luego montarse sobre él. A menudo bromeaba con que ella era su jinete y generalmente ella reía, pues era verdad. Hanji era excelente montando a caballo.
Levi sonrió sin poder evitar pensar que le tenía justo donde lo había querido.
A punto de terminar él, Hanji se alejó y se montó sobre su miembro dejándole deslizarlo en su interior. Se llevó la mano a los labios, un dolor acuciante se apoderó de su sexo, más lo soporto y entera, se irguió después de estar un momento en silencio. Levi la observaba, más que curioso, preocupado y la tomó por los hombros unos segundos antes de que ella comenzara a moverse.
- Oe, Hanji… ¿Estás bien? ¿Te duele algo? – Hanji asintió con dos gruesos lagrimones en los extremos de sus ojos.
- Algo… Creo que… Aún no ha… - y Levi negó con la cabeza.
- Relájate – y su mano se deslizó por su mejilla mientras la otra acariciaba su cintura y atrajo luego su torno apegando el suyo al de ella mientras con la mano en su cintura aún, dirigía sus embestidas, primero muy cuidadosamente.
No aceleró la velocidad hasta que notó la expresión excitada de ella. Una expresión que jamás, en toda su vida, había visto en ninguna otra mujer. Ni siquiera en ninguna otra persona.
Poco a poco, mientras le sentía entrar y deslizarse en ella, sintió también como todo su amor, ése que de pronto ellos habían decidido ignorar, se deslizaba sobre y dentro de sí. Murmuraba mientras se movía en ella, besándola, sin dejar de acariciar su rostro, sus hombros, su cuello y su espalda y tomándose todo el tiempo del mundo para dejar su marca en ella, no como antes, con tortura y sufrimiento, sino suave y dulcemente, hasta que ella pudiera nuevamente reconectarse con las sensaciones de insanidad y locura de que ambos eran capaces en la cama (o en otros lugares no muy ortodoxos). Él, sin embargo, entendía que tal vez había dejado una huella imborrable, para mal, y que tenía el deber de borrar con cierta consideración aunque eso no fuese fácil para él tampoco. Él lo había provocado todo y esa era la fría verdad de la que se alejaba cuando había decidido alejarse de ella.
Se movió dándole la vuelta y comenzó a penetrarla, perdido. La ansiedad volvía, como una espiral que todo lo envolvía. La acariciaba aún, jadeaba y se estremecía sobre ella mientras ésta tenía los párpados cerrados, jadeaba, pero no se movía apenas. Lo abrazaba como si deseara sentirlo todo, memorizando cada detalle. Pronto abrió los ojos y moviéndose sonrió ligeramente. Entonces Levi volvió a ver ese destello de locura en ella, cuando comenzó a moverse más fuerte, con más ansiedad, con más jadeos.
Fuera, una enorme sombra escuchaba todo detrás de la puerta, como alguna vez el dueño de esa sombra sabía que Levi le había escuchado dentro de otra habitación con esa misma mujer.
No, Erwin Smith no era un hombre que reaccionara por impulso.
Probablemente Hanji había descubierto su plan, pero no importaba.
Ella, sin saberlo, ya era suya.
Si no por amor, si no por deseo, si no siquiera por compasión, Hanji Zoe, segunda teniente al mando de la Tropa de Reconocimiento, ya era suya.
Esbozó una leve sonrisa de lado. "Disfruta, mi amor", pensó complacido cuidando de no hacer un solo ruido. "Ten por seguro que será muy divertido cuando Levi sepa que has firmado esto".
Si cualquiera hubiese pasado junto a él, habría podido leer las letras enormes de esténcil en tinta negra y las firmas que aquel documento tenía impresas, junto con sellos de goma de un tono marrón.
Ese documento ataba de por vida su universo ante el hombre que poco a poco la había alejado de todo lo que amaba y del hombre al que amaba.
Claramente se leía "Acta de Matrimonio". Y más abajo, después de una serie de cláusulas de grado militar, pues la milicia constituía al matrimonio como un acto del nivel más solemne y discreto, las firmas de Erwin Smith, con impecable caligrafía y Hanji Zoe, con hermosa letra de carta, perfecta y ligeramente desgarbada, brillaban a la luz del pedazo de leña encendido que Erwin llevaba en la mano.
Las risas alegres de Hanji, de pronto resonaron en los muros de piedra.
No tenía ni idea de que en mucho tiempo, esas serían sus últimas risas.
Gracias por leer!
Kat.
