Eren se alejó rápidamente, con Matthew en brazos. Por un lado, en su mente infantil no podía procesar con rapidez la situación. ¿Su madre y ése hombre idéntico a él eran esposos y no su madre y Erwin Smith, el que él pensaba que era su padre? Era muy difícil de comprender, había cosas del mundo que él simplemente desconocía. Por otro lado era genial ser cargado por Eren Jeager, el chico al que todo el mundo se refería como "La esperanza de la humanidad". Eren había sido por largo tiempo, el único nexo que los humanos tenían con la posible destrucción de los titanes, curiosamente, siendo un titán. Para Matthew, el cambio de situación parecía brumoso y desolador pero al mismo tiempo, estaba conociendo el mundo de sus padres antes de él y eso lo emocionaba sobremanera.

Cuando Eren se acercó a Mikasa con el niño en brazos, ella abrió mucho los ojos, analizándolo, callada. Los ojos de acero de Matthew, idénticos a los de su tía, la examinaron meticulosamente y concluyó en su primer vistazo que le agradaba. Mikasa alzó la mano y Matthew temió que le golpease, no sabía por qué, sólo sentía que tal vez le darían una reprimenda por llorar, como hacía su padre… No, como hacía el Comandante Smith el tiempo que se dijo ser su padre. Sintió que se le hinchaba el corazón de lágrimas y apretó los ojos esperando un golpe que jamás llegó. Mikasa le acarició suavemente el cabello y en silencio le ofreció un caramelo de una bandeja cercana a la mesa de los invitados sobre la plataforma. Mikasa lo distraía de lo que se desarrollaba al frente, esperaba que Levi no se hiciese demasiado daño. La sorprendió profundamente la reacción de Matthew a la cercanía. "Este niño ha sido golpeado antes y no fue la teniente la que lo golpeó… Ése hijo de puta…". Bien, Mikasa era fuerte. Mikasa era muy fuerte. Y Mikasa se hizo el propósito, sin siquiera darse cuenta, de protegerlo a partir de entonces.


Recordó por un momento aquel día, con dieciocho años; el día que pensó que Eren Jaeger había muerto junto con todo el escuadrón 104.

Se acercó a Armin que lloraba desconsolado y dijo, totalmente desconectada de sus sentimientos: "Armin – y tomó su mano – Respira profundo. No es momento de ser emocionales " – se levantó y se dirigió a Marco Bodt hablándole del gas en sus equipos de maniobras. Algunos lerdos, que en efecto, en la actualidad no eran más que parte de la tierra que ahora pisaban y de los cuales seguro ya no quedaba nada, comenzaron a lloriquear. "No podremos hacerlo", "No podríamos saltar el muro, ni aun teniéndote a ti, Mikasa, son demasiados titanes…". Los ojos fríos, muertos y desolados de Mikasa Ackerman los miraron y dijo con claridad: "Soy fuerte. Soy demasiado fuerte. Soy más fuerte que todos ustedes juntos" y luego la voz chillona de alguna estúpida mocosa que replicaba que no podrían hacerlo. Entonces Mikasa, exasperada, replicó: "Puedo matar a todos esos titanes, incluso haciéndolo yo sola", "No no puedes" – replicó la voz chillona y entonces Mikasa respondió: "Por supuesto que puedo, ustedes pueden quedarse aquí siendo unos cobardes y chupándose el dedo, vamos, hagan eso, si lucho, tal vez gane, pero si no lucho, moriré aquí". Intentaba infundirles interés por vivir, porque ella ya no lo tenía.

Eren.

Eren había muerto y no sabía qué sería de ella.

La única persona que la había enseñado a continuar, que le había enseñado a pelear y a luchar hasta el final, había sido Eren y ahora Eren había sido comido por una de las criaturas que pretendía asesinar en su primer misión.

Mirar a Matthew había removido esos recuerdos y ahora, ver al pequeño desolado y al mismo tiempo encerrando las emociones que evidentemente lo conflictuaban en ese instante, la incomodó. Recordó entonces el día que había comenzado todo eso, hacía años, cuando la teniente Zoe había pensado que ella y Levi eran amantes y habían robado sus notas. Y entonces la mirada de Matthew se encontró con los ojos de ella y fue como si todo hubiera sido muy claro para Mikasa, como si cada hecho, cada situación, cada momento, cada segundo antes de entonces, tuviera un sentido y un significado en todo aquello y hubiera entonces dado a su vez sentido a la actualidad.

El niño era hijo de Hanji Zoe y de Levi Ackerman, su hermano.

"Un hombre Ackerman". - Y sonrió para si misma, sonriéndole a Matthew.


No había otra explicación. Y el mismo comandante Smith lo había dicho. Eren había enmudecido y apenas si trató de explicárselo a ella, que estaba conmocionada al igual que el niño.

Se acercó entonces a Matt y quitándoselo de los brazos a Eren, lo tomó ella misma en sus brazos.

"¿Sabes quién soy yo? –y al movimiento negativo de cabeza del pequeño, Mikasa sonrió levemente – Soy Mikasa Ackerman y al parecer tú eres mi único sobrino – y lo estrechó maternalmente en sus brazos, con un extraño contento, con gusto, con una emoción que desconocía y que era muy similar a la que experimentaría si alguien le dijera que tendría un hijo de Eren. Matthew, a su vez, sintió ese nuevo amor, que jamás había tenido oportunidad de tener y le pasó los brazos por el cuello, contento, emocionado. Jamás había tenido contacto con otra mujer además de su madre y Mikasa parecía no estar incómoda compartiendo tiempo con él. ¡Una tía! ¡Qué maravilloso sería tener una tía que lo llevase a volar y le comprara dulces y paseara con él!

Matthew, después de todo y pese a su naturaleza inhibida, no era más que un niño. Y como todos los niños, quería sólo reír y divertirse.


Quienes se divertían demasiado en ese momento eran nada menos que Erwin y Levi. Por un lado, Erwin al principio no pensaba responder a la afrenta de Levi y se había dejado golpear para pasar por la víctima inocente en la situación. Las personas de Shiganshina, de la Guardia, del Gobierno y de la Corte Real, no tenían ni idea de nada sobre el pasado, así que el ataque de Levi a Erwin era algo aislado que debían solucionar de otra forma y no rompiéndose los huesos. Pero Levi, haciendo gala de su incisiva y acertada lengua (en el sentido específicamente verbal) dio justo en el punto de quiebra de Erwin.

- Vaya, Comandante Smith, no sabía que usted había sido el elegido para esta cuestión de la Guardia Real. Me imagino que no tuvieron que buscar mucho, unos cuantos millones en oro y tienen a su líder ¿No es así? – Literalmente, Levi estaba acusando a Erwin de haber sobornado a alguien para lograr el nuevo cargo.

Si le hubieran dicho que era un asesino, no se habría sentido tan ofendido. Se abalanzó contra Levi y comenzó a golpearlo a puñetazos. Se podían escuchar los golpes a pesar de todo el ruido de fondo, la banda de música y los niños jugando cerca. Pero Levi, pese a haber regresado bastante herido, tenía puños mucho más rápidos que los del fornido comandante que estaba fuera de forma tras años de inactividad. En menos de tres minutos, tenía la cara de Smith aplastada contra el suelo.

"¿Cómo te atreviste a quemar a Hanji? – y Levi golpeaba aun con más fuerza el rostro del comandante que reía mientras dos soldados de la Guardia intentaban separarlos - ¡¿Cómo pudiste hacerle eso?! ¡Dijiste que no le harías daño, me convenciste de que yo se lo hacía! – Pero pese a la golpiza que estaba propinándole, Erwin que ya tenía las mejillas amoratadas y escupía sangre, no paraba de reír y contestó entre balbuceos gorgoteantes mirando a los ojos a Hanji que estaba completamente aterrorizada ante lo que veía y oía.

"Con hierro caliente para marcar a los caballos. ¿Te acuerdas, Señora Smith? No habían pasado veinte minutos de que tu hijo había nacido cuando ya te tenía suplicando por su vida, de rodillas sobre la paja. ¿Recuerdas nuestro trato? Él vive gracias a mí. – y miró a Levi, soberbio – ¡De no ser por mí, tu bastardo estaría tres metros bajo tierra con el cuello roto!

Hanji lloraba apretando contra si el saco de Levi, humillada, resentida… Pero ni toda su humillación la hizo irse, porque su hijo estaba presente y de pronto sentía que tenía un montón de cosas qué explicar. Murmuró mirando alrededor, viendo los rostros de los asistentes, que la miraban como si todo fuese culpa suya.

"Erwin, basta. Matthew no tiene que ver en esto. Por favor, déjame ir…"

Levi noqueó por fin al Comandante, que yacía tirado frente a los vacilantes miembros de la Guardia.

Tambaleándose, se acercó a Hanji y ésta bajó asustada la cara con los párpados apretados.

"No fui fuerte. No me lleve a Matthew y no te dije que existía".

Levi la abrazó contra su pecho. La mujer que era ahora, parecía haberse hecho pequeña y triste. Le acarició el cabello y la sostuvo acercándola a la plataforma, a donde con una seña, Mikasa y Eren bajaron con Matthew con rapidez.

Hanji sólo pudo escuchar a Levi dándole órdenes a Mikasa.

- Ve por los caballos. Nos largamos de aquí. Oe, Eren, di a Annie Leonhardt que necesito cobrarme el favor que me debe. Sólo allí estaremos a salvo. Esto se va a poner feo.

- Sí, Capitán, ahora mismo busco a Annie, señor. – Para Matthew, el trato de Eren hacia Levi fue un rasgo interesante del momento.

Mikasa se acercó a Hanji y le entregó a Matthew.

"Teniente Zoe, usted y yo tenemos que hablar de algo. Lo haremos después. Quiero que sepa que me alegro de saber que Smith no la ha matado".

Por fin, algo de su espontaneidad volvió y contestó:

"Habría preferido que me hubiera matado".

Matthew miró a su madre y por primera vez sintió un profundo miedo. ¡Su mamá morirse! ¡Entonces él también quería morir!

- Teniente Zoe, no es buen momento para eso - comento Mikasa fría y objetiva como siempre – Vamos, rápido.

Comenzaron a caminar detrás de las gradas mientras la guardia se movilizaba. Sin embargo, gracias a Jean, la Guardia los buscaba en el lado opuesto mientras el Comandante Smith se levantaba con la ayuda de otros miembros de la misma, de forma débil y fatigosa. Tenía la camisa gris bañada en sangre, el saco y el pantalón rasgados y en general, una pinta de que había recibido la lección de su vida. Erwin vio que se iban, sin embargo, Matthew cruzó sus ojos con él y éste, sin poder evitarlo, sintió un profundo remordimiento y calló cuando los vio. De algún modo y por algún motivo les estaba dando oportunidad de escapar.


Cuando llegaron a lo que había sido Stohess, ya eran más allá de las dos de la madrugada. Todos bajaron de los caballos y sin desensillarlos siquiera, los encerraron en el granero con rapidez aun cuando los embargaba una tremenda obscuridad.

Mikasa se llevó de inmediato a Matthew, Levi y Hanji tenían mucho que hablar. Pero todos estaban en el entendido de que eran fugitivos.

"Vaya, cómo en dos segundos las cosas cambiaron a este nivel. De héroes a perseguidos…"

Acostó al pequeño que, agotado, besó a su madre en total silencio. Ésta se negaba a dejarlo pero Matthew recapacitó a las palabras de Eren: "Cuentos de titanes". ¡Cómo se iba a perder una historia relatada por Eren Jaeger!

Cuando al fin se durmió junto con Eren en la cama, Mikasa los cubrió a ambos y salió de la habitación entornando la puerta. Hanji salía del baño con ropa prestada de Annie y el cabello húmedo goteando y Levi se acercó tomándole el brazo. Mikasa de inmediato se puso a la defensiva.

- Levi, este no es momento para…

- En esto no te involucres, Mikasa, Hanji y yo vamos a hablar esta noche. Tu deberías ir a descansar.

- No me obligues a patearte el trasero, Capitán Ackerman, suéltala. Ya la maltrataron suficiente hoy.

"Por ocho años, Mikasa, por ocho años…"

- Para patearme el trasero necesitarías más que tu bonita cara o a tu estúpido mocoso – dijo refiriéndose a Eren – pero… - y tuvo que aceptarlo – Tienes razón – y se dirigió a Hanji - ¿Podemos hablar, por favor? Quiero saber todo.


"Cuando la comadrona mencionó que yo debía tener familia oriental porque el bebé tenía el cabello más obscuro que había visto, Erwin me amenazó con matarlo, matarme a mí y buscarte a ti para que vieses nuestros restos y al final matarte también… Me… Me hizo ir a las caballerizas, unos minutos después de que naciera Matthew y… - A este punto, Hanji crispó los puños, impotente y llorosa – y… -Levi la detuvo y le tomó las manos volteándole las palmas hacia arriba. Las observó con fijeza, como si dentro de él su dolor sólo hubiese encontrado un segundo hogar.

- Y te sometió poniendo en tus manos abiertas dos bolas de hierro ardiendo.

Esto lo dijo con tanta seguridad, que Hanji rompió en llanto llevándose las manos a la cara, reviviendo, dolida, humillada, devastada desde el rincón más recóndito de su alma.

"¿Por qué no me dijiste que Matt existía? ¿Por qué no me buscaste?"

Le quitó las manos de la cara y le alzó el rostro. Sus ojos tenían el mismo color caramelo de antes pero también había dentro algo nuevo que no podía descifrar. Le limpió las lágrimas con sus dedos. Se acercó a su rostro y le besó la frente, comprensivo.

"No volveré a dejar que te haga daño. Tienes mi palabra de que tú y mi hijo estarán a salvo".

Levi la recostó en la cama. Su contacto había sido mínimo. Algo en ella le dejaba ver que tendría un difícil camino hasta su corazón.

"Te he amado siempre".

No tenía que decirlo, ambos lo sabían.


Hanji tuvo pesadillas toda esa noche. Las manos blancas que, como garras, se aferraban a sus muñecas, a sus senos, a sus labios y la ahogaban luego aunque las mordiera, la sometían mientras un intenso dolor entre sus piernas la dejaba exhausta. Gritaba y lloraba soñando lo mismo una y otra vez mientras Levi acallaba sus sollozos abrazándola y acurrucándola contra su cuerpo.

Permaneció despierto a la luz de una vela, sosteniéndola, contemplando su sufrimiento en introspectivo silencio.

Por fin, alrededor de las seis de la mañana, cayó rendido junto a ella.

Nada había sido como él pensaba.

"Pero estás aquí. Y él existe. No sé por qué te hizo todo este daño, Hanji, pero no los abandonaré. ¿Por qué creyó que podría quedarse con mi hijo? ¿Con mi mujer? Tsk. No importa cuántas veces tenga que romperme los puños con su rostro, pero si tengo que matarlo, nada volverá a detenerme.

Sin darse cuenta, se abrazó a ella y silenciosas lágrimas cayeron sobre la delgada tela del camisón de Hanji.

Escuchó entonces un ruido que lo puso en guardia. La puerta rechinó y se abrió.

De inmediato se incorporó, defensivo y cruzó su mirada con los ojos grises de Matthew.

El pequeño, sin mediar palabra, se acercó a la cama y lo miró, subiendo a ella.

"¿Tú eres mi padre?"

"Yo soy tu padre".

"Tengo miedo".

No tengas miedo. Yo te protegeré.

Levi lo estrechó entonces contra su pecho y apretó los dientes.

Los hombres no enseñan a sus hijos a llorar, sino a reír.