Cuando Hanji salió de la habitación pasado el mediodía, se dirigió a la habitación donde Matthew había dormido, no había notado que durmió en la misma cama con ella y con Levi la madrugada anterior. Su aspecto era deplorable; ojeras negras le surcaban la base de los ojos. Se alarmó y comenzó a recorrer la cabaña. Eren y Mikasa tampoco estaban y al dirigirse a la sala, se topó con Levi hablando con Annie Leonhardt.

- Gracias por esto – Hanji jamás en su vida le había escuchado agradecer nada a nadie.

- No hay por qué – dijo Annie, sencilla, directa y concisa como siempre – De no ser por ti, habríamos muerto tanto Bert como Reiner y yo misma, así que estamos a mano – y Hanji vio como le tendía la mano antes de voltear a mirarla - ¡Ah, Teniente Zoe, me alegro que continúe con vida! – y se acercó a ella murmurando – Procure que Smith no la mate, debe estar furioso – y seria, salió sin más de la cabaña, dándoles la espalda.

- Levi, ¿Dónde está Matt? – dijo Hanji, preocupada.

- Con Mikasa y Eren. Los custodia ella, así que estarán bien. Mikasa no dejará que nadie toque a nuestro hijo – y le tomó la mano – Acompáñame, Hanji – y la forma en que dijo su nombre, acariciadora y dulcemente, le recordó algo, una sensación. No pudiendo recordar qué era, se dejó guiar de su mano a la habitación donde durmieron la noche anterior y le pidió que se sentara quitándose la chaqueta sin rodeos, sentándose a su lado.


- Quiero saber si Erwin te violó.

Hanji, avergonzada, lo miró un poco asombradamente y bajó la vista apretando la tela del camisón blanco.

- No me hagas esas preguntas, yo… - Rodaban lágrimas por sus mejillas. Levi le alzó el rostro y la miró de frente.

- No bajes la vista. Mírame. No tienes nada de qué avergonzarte. Si Erwin te violó o no, no es importante o relevante para mí, pero sí es relevante para la situación en que estamos poniendo a Matt. Si es así, el ejército estipula que puedes divorciarte, con la atenuante de que…

- No tengo hijos con él – lo interrumpió casi murmurando.

- Sí. No necesitas probar que Matthew es mi hijo, pues es evidente que lo es – y tironéandole del cabello con delicadeza, la estrechó en sus brazos ante el asombro de ella. Una de las mejores cosas para ella fue escuchar su corazón latir una vez más, que pese a ser la persona más callada que conocía, Levi tenía un corazón que latía, fuerte, vibrante bajo la superficie. Hanji se relajó, sintió que después de tanto tiempo, aunque no sabía cómo, podía ser nuevamente ella misma.

- Erwin me violó… Desde el día que Matthew nació. Por lo menos… 3 o 4 veces por semana… - y lo miró – a veces… Me escondía en el armario y… - constipada de llanto, continuó- Y Erwin me sacaba a golpes, me empujaba contra la pared y abusaba de mí por horas de... Muchas formas… Levi… ¿Tu no me odias por eso, verdad? – dijo con profunda angustia y éste sólo se acercó a ella y la besó en los labios posesivamente, robándole la palabra y el aliento. Hanji correspondió como si nunca hubiera sido besada. Hacía mucho tiempo que no besaba a nadie por voluntad propia más que a Matt y no era la misma forma de besar…

La forma de besarla de Levi era tan amable, tan delicada, que la dejó temporalmente sin fuerzas. Poco a poco fueron echándose hacia atrás en la cama, mientras casi como si una fuerza más allá de ellos dos los hubiese puesto allí, Levi fue desnudándola de a poco, sutilmente y sin prisa. A su vez, ella no podía no responder. Era tan profundamente cuidadoso, tan amable, tan dulce…

No. Tengo miedo. Me dolerá. Se dará cuenta de todo lo que Erwin me hizo.

El murmullo que usualmente murmuraba tímidamente en su cabeza, esta vez gritaba con todas sus fuerzas negándole continuar.

Se incorporó mirándolo avergonzada.

- Levi, no puedo… - y bajó la cara, al borde del llanto.

- No voy a obligarte como él, Hanji. Pero quiero que sepas que no voy a hacerte daño. Y tampoco te haré el amor a la fuerza. Es como si no fueses tú. Haré lo que sea necesario para que sepas que aún… - y sin terminar, la besó nuevamente estrechándola entre sus brazos que se sentían firmes. Era a lo único firme en que Hanji sentía que podía aferrarse en su loco mundo vacilante…

La besó más. Hanji para entonces ya no podía escuchar el grito en su cabeza, que parecía haber desaparecido. Levi sin pensar dos veces hundió el rostro entre sus pechos cubiertos solo por el camisón blanco. Hanji jadeaba sin siquiera poder alejarse y aunque lo hubiera querido, Levi la había atrapado entre sus brazos y no parecía querer dejarla ir. Aspiró el aroma de su cuello y la besó despacio. Cada movimiento era una caricia y no había en él nada malicioso o que la hiciera sentir forzada.

Hacía años que nadie se había preocupado por ella.

Abrió los ojos y lo miró estrechándolo contra su cuerpo. Para él, esto fue una señal de obvia aceptación y despacio, deslizó el camisón por sus hombros hacia abajo. Como única prenda, llevaba una delicada prenda interior de color blanco que Levi, sin dejar de tocar suavemente la piel de sus piernas, deslizó hacia abajo dejándola por fin completamente desnuda.

- Sigues siendo justo como te recuerdo – Murmuró él en la penumbra de la habitación – tienes más marcas, pero sólo han hecho la función de hacerte lucir más deseable, ¿sabes? – y comenzó a quitarse la camisa y los pantalones frente a ella que apenas podía distinguirlo en la semi-obscuridad.

- No creí volver a verte jamás – murmuró ella, atreviéndose. Él no era Erwin, dijera lo que dijera, él no la lastimaría nunca.

Se acercó, desnudo al fin, y la estrechó entonces contra su cuerpo.

- Nunca pensé que volvería a verte. Nunca imaginé que Erwin fuera tan estúpido de presentarse frente a mí – Al pasar las manos por la espalda de Levi, Hanji acarició varias cicatrices nuevas. Lo besó dejándose llevar de inmediato por su contacto, por su olor a lavanda, por sus ojos grises brillando en la obscuridad, por cómo se sentía su piel contra la suya.

Es tan atractivo. ¿Cómo se habrá hecho estas cicatrices? Tal vez un día pueda preguntarle sobre sus aventuras todo este tiempo..."

El roce era exquisito, ninguno se dio tregua. Levi besaba cada parte de su cuerpo con peculiar cuidado, como si fuese algo demasiado precioso para dañarlo por no tener precaución. Hanji jadeaba pesadamente mientras éste acariciaba con sus manos su cadera, amasándola, moldeándola con sus dedos como si fuese arcilla. Subía sus manos por su cintura y al llegar a sus pechos, los amoldaba también y al fin inclinaba los labios y atrapaba sus pezones lamiéndolos con dulzura. No había parte de su cuerpo que no deseara tocar de nuevo, ni momento que con ella no quisiera pasar. Hanji gemía y de pronto pensó en que quizá Matthew podía volver. Pero éste pensamiento pronto se ahuyentó cuando escuchó truenos.

Llovería.

De pronto se escuchó un relámpago fuera y Levi la atrajo a él.

- No te preocupes – dijo besándola mientras su lengua jugueteaba con la de ella que no podía evitar dejarse hacer, disfrutándolo sobremanera – Está con Eren y Mikasa… No volverán pronto… Deben estarse divirtiendo… No como nosotros… - y con el rostro inexpresivo de siempre, se incorporó acomodando su cuerpo sobre el cuerpo de ella, delgado, ligero y la miró fijamente mientras murmuraba en su oído - ¿Puedo? – De pronto los dedos de Levi se hundieron en su húmeda cavidad y Hanji no pudo ni quiso responder, mientras movía su cadera al ritmo de las embestidas de él que comenzaba a abrir poco a poco su sexo - ¿Te duele? – preguntó preocupado, pero las mejillas rojas, perceptibles aun en la penumbra, los párpados apretados y los labios curvados en un gesto de placer indescriptible, le hicieron entender la repentina emisión de los dulces sonidos de su placer, mismos que Hanji no podía controlar en lo más mínimo.

Comenzó a repetir su nombre mientras los dedos de Levi ahora jugueteaban con su clítoris que, completamente estimulado, temblaba junto con el resto del cuerpo de la mujer que, perdida de excitación, movía las caderas siguiendo el rítmico movimiento de los dedos que se internaban en sus líquidos de dulce humor.

Levi de pronto movía los dedos un poco más rápido, acariciando su sexo con suavidad y succionando de uno de sus pezones, mientras ella gemía y jadeaba cada vez con menos control, fue bajando poco a poco hasta quedar su rostro entre las piernas de ella que se abrieron como los pétalos de una flor.

Sintió que Levi aspiró su aroma. Le tomó los muslos con suavidad y su lengua entonces acarició su clítoris. ¡Ah, qué delicia, qué vaivén en su voluntad antaño perdida!

No había duda, la deseaba y la amaba y esto era la prueba. No había nada del cuerpo de uno que el otro no supiera y por eso Hanji comenzó a moverse. Sabía que sus movimientos lo excitaban y aplicó lo que recordaba, cosas que sabía más por instinto que por memoria mecánica.

Después de brindarle placer con sus labios, nuevamente se incorporó sobre ella y sin cerrar sus piernas, la miró con fijeza.

- ¿Puedo entrar en ti?

Y Hanji lo miró recordando aquel día en que le hizo una cicatriz que, aunque no empequeñecía ninguna que Erwin le hubiera hecho, había dejado más marcas en ella que ninguna otra. Lo miró y acarició su rostro.

- Sí – contestó simplemente y le rodeó con las piernas y con sus brazos, anudándoselos alrededor del cuello.

Su miembro se deslizó sin obstáculo entre sus paredes. Hanji echó la cabeza atrás; la sensación de placer era infinita, y ni una sola vez en todos los años que se acostó con Erwin había sentido tal sensación con él. Su cadera comenzó a moverse pidiendo más. Levi se movía sobre ella con rapidez, no pudiendo controlar su excitación ni la profundidad de sus movimientos. Se había acostado con muchas mujeres antes de ella, pero después de ella, ninguna le había interesado, por lo que no había sentido a nadie después de haberla visto por última vez. Sin saberlo, Levi era un romántico en toda regla, más aún que ella misma y abrió los ojos cuando lo pensó. Él los tenía abiertos, concentrado en sus reacciones, en su cara, en sus gemidos que lo excitaban más que nada, en las cicatrices de su cuello, de sus hombros, de sus pechos y de toda la piel en su cuerpo… La deseaba más que nunca y ella podía verlo en sus ojos fijos que parecían devorarla como si fuesen dos llamas acerosas dispuestas a acabar con ella. Hanji se movía entonces con frenesí, dispuesta, ansiosa, como si su interior clamara por ese instante, por el delicioso roce de su sexo en el de ella, por su interior húmedo, por la piel lisa de su pene, erecta y vigorosa que entraba una y otra vez quemándola más aún que el acero que hirvió en sus manos y las hizo arder.

Se besaban y no podían dejar de abrazarse. Jamás imaginaron que eso sucedería pero más que pensar que era un momento, que era un simple segundo, ambos pensaban, aunque no de forma consciente, que esto era definitivo. Que tocarse, abrazarse, besarse y hacerse el amor, era algo para siempre, un momento perfecto que no tendría repetición y que cada vez que sucediese, tendría siempre un elemento distinto y por eso no deseaban siquiera desperdiciar su propio aire; jadeaban y aspiraban el aire que el otro jadeaba, excitados, perdidos, entregándose al placer que no deseaban dejar ir.

La lluvia arreciaba. Y como la lluvia, Levi la penetraba más fuertemente, mirándola a los ojos, mordiéndole los labios, apretando sus pechos, cosa que la hacía gemir con más fuerza.

Tomándola por la cintura, la incorporó y la sentó sobre su miembro. Sentada sobre él, comenzó a moverse mientras él sin dejar de tocar su espalda, comenzó a acariciar aquella añeja cicatriz y succionó de sus senos con más fuerza.

Y entonces, el placer, ése que en Hanji había dejado de existir hacía tantos años, renació como un ave fénix, removiendo un cúmulo inmenso de cenizas y alimentándose de ellas y ardió entonces entre sus piernas en el momento que Levi Ackerman tomó sus caderas penetrándola con más fuerza y un chorro de semen salió de su cuerpo, bañando su interior.

Ninguno dejó de mirarse a los ojos.