Disclaimer: Dragon Ball Z y sus personajes son propiedad de Akira Toriyama. La trama de la historia tampoco es de mi pertenencia ya que éste fic es una adaptación de la película "That Awkward Moment".


Capítulo XII: Problemas

–Así que le dije a tu padre, después de nuestro almuerzo, que pensaba que ustedes dos serían perfectos el uno para el otro. – comentaba la mujer pelinegra.

–Mamá. – se exaltaba Chichi que oía las palabras de su madre, acompañada de Gokú.

–Bueno, siendo honesto, creo que sería perfecto para cualquiera – explicaba el pelinegro. –Con Chichi, sólo tuve suerte de estar en el lugar indicado y el momento indicado. – volteó la cabeza, mirándola a los ojos, y le sonrió para finalmente acomodar su brazo derecho hacia ella y apegarla más a él, dándole un pequeño abrazo. –Ya saben, como trabajar en Google.

–¿Trabajas en Google? – preguntó el gigante hombre, Ox satán, integrándose a la conversación.

–No, sólo estaba…Ya sabes, eso no es… – intentaba, nervioso, explicar.

–Posible – terminó la oración el padre de la pelinegra.

–Claro.

–Papá. Gokú justo estaba diciéndole a mamá que él es demasiado bueno para mí. – explicaba Chichi, bromeando con el pelinegro. –Dice que soy demasiada afortunada de encontrarlo y tenerlo para mí. – habló con su tono bromista, para molestar a su "amigo".

–Bueno…Yo. Usted está…sacando cosas del contexto– intentaba zafarse. – Es todo lo contrario. Yo soy el afortunado.

–Bueno, tranquilo, Gokú. Sabemos que no eres demasiado bueno para Chichi. – aclaraba el padre, imponiéndose a las excusas del joven.

–¡Ox! – regañaba su esposa.

–¡¿Papá?! – al igual que su madre, adoptó la posición de mano en la cadera, frunciendo el ceño molesta por el comentario.

Ella sólo bromeaba, tampoco quería que humillaran o avergonzaran al pelinegro. Estaba sorprendida. Su padre no es malo ni ofendía a los demás. La actitud era típico actitud de padre, reluciendo a su hija.

–Y bien. Estamos muy felices de tenerlos aquí. – terminó de hablar el hombre mayor, excusándose. Conociendo a su esposa, ya estaba en problemas y meterse con su hija más, era sentenciar su propia muerte. –Bueno, tenemos muchos tragos de calidad, podría necesitar un compañero de bebida.

–Gracias. La verdad me gustaría un trago en éste momento.

–¡Vamos por un trago! – Chichi tomó a Gokú y lo sacó de la sala para dejar de lado a sus padres.

–De acuerdo.

–¡Los espantaste! – regañó la mujer a su esposo mientras veían cómo se alejaban la joven pareja.


En otra parte de la ciudad. Un cementerio donde una pequeña muchedumbre se encontraba reunida, despidiéndose del viejo Brief, un ser querido por muchos.

Bulma vestía una polera negra y unos vaqueros, negros también, junto con un saco del mismo color. No dejaba de llorar junto a su madre.

Más allá del dolor de la pérdida de su padre, Bulma estaba dolida por el rechazo de Vegeta. Creyó que aparecería y, como siempre, le sacaría una sonrisa. La haría olvidarse de sus problemas para, simplemente, pensar en el mundo donde sólo ellos estaban felices sin preocupaciones, enamorados viviendo para siempre.

Esa no era la realidad. Ya todos se había ido y su madre la esperaba afuera del cementerio y no había rastro alguno de la presencia de Vegeta. Tal vez ella malinterpretó las cosas. Tal vez sólo salían y ya, tampoco habían iniciado una relación. Pero, como no ilusionarse, si el mismo pelinegro insistía en acortejarla, enamorarla y ella cayó en sus redes.

Suspiró. Se había trasladado a Nueva York, por culpa de su ex, para pensar en ella y su futuro. Se había jurado que no volvería a equivocarse, pero allí estaba parada en la solitaria tumba de su padre, mirando hacia la nada, esperando a alguien que no irá y que lo mejor sería acabar con todo y no volver a verlo. Soltó una última lágrima y salió del lugar, dirigiéndose al automóvil para irse a casa y descansar.


Vegeta había tomado una decisión. Lo mejor sería dejar de seguir insistiendo. Conquistar a Bulma no fue tan difícil pero sí fue peligroso. Jugó con fuego y se quemó. Tenía sentimientos por la peliazul, eso ya lo sabía, mas no lo aceptaba. Él era Vegeta, no se enamoraba simplemente porque no quería terminar lastimado. Que mal que reaccionó tarde pues los sentimientos ya estaban allí. Pero eso no significaba que no podía apaciguarlos. Y debía comenzar ahora. Así que, sin nada más que pensar, le pidió al taxi que se detuviera en la casa de la abuela de Chichi.

Salió del automóvil y entró al lugar.


Después de haber tomado el trago, Gokú se dirigió al baño. Detrás de él, entró Chichi tapándole los ojos.

–He querido arrancarte la ropa desde que llegaste aquí – susurró en su oído, mordiéndole el lóbulo.

–¡Por Dios! Abuela, tus manos huelen a comida. – bromeaba el pelinegro.

Ambos rieron por el comentario y se acercaron para besarse. Chichi lo tomó del rostro y lo acercó a la pared mientras seguían aguantando la respiración en su apasionado beso.

–Espera, espera. No sé. ¿Deberíamos hacerlo ahora?

–¿Qué, vas a decir que no al sexo?

–No. Me encanta el sexo. Me encanta acostarme contigo. – se explicaba el pelinegro. –Pero sólo digo, o sea, porque tu familia está ahí afuera y eso.

–Ah, sí.

–Y tu padre ya intentó intimidarme. Si es que era su plan, lo consiguió.

–¿Sabes qué? Tal vez debes dejar de ser tan marica – se alejó de él y retrocedió un par de pasos, mientras lo hacía empezaba a desabrochar su camiseta.

–De acuerdo.


Dentro de la casa estaba Vegeta que miraba todo el lugar, el decorado de la casa, la gente disfrutando de las presencias de los demás. Tomó una copa de Martini y siguió caminando por el lugar.

Afuera de la casa, se estacionaba otro taxi. De éste salió el pequeño hombre con un trago, que había comprado antes, en la mano. Se lo veía molesto. Simplemente ese no había sido su día.


En el baño, dentro de la ducha, Gokú tomaba los labios de la pelinegra ferozmente. La tenía apegada en la pared, ésta tenía sus piernas abrazadas de su cintura.

En ese momento escucharon que alguien abría la puerta. Se detuvieron.

–¿Cerraste la puerta con llave? – preguntó, la pelinegra, susurrando.

–Creo que sí.

–¿Crees o lo sabes?

–Tú entraste después de mí. Tú deberías haber cerrado con llave.

–¡Cállate!

Vegeta tomó su bebida y se acercó al inodoro para disponerse a orinar.

–Creo que es tu abuela. Seguro me vio entrar y ahora viene por mí. – susurró, bromeando, el de cabello alborotado.– Chichi se tapó la boca para que no la escucharan reírse. –Sabía que no debí haberle regalado esas flores.

Después de orinar, Vegeta se acercó al lavamanos para enjuagarse. Sacó la toalla que estaba en la puerta de cristal, dándole una vista al panorama que se vivía adentro de las regaderas. Gokú y Chichi se miraron el uno al otro al ver que Vegeta era quien entró al baño y que había quitado la toalla de la puerta, dejándolos a la vista.

Vegeta se quedó un momento mirando al espejo, sin percatarse de la presencia de los otros dos. Se dio media vuelta y volteó la mirada a la ducha.

–Dios. ¿Qué carajo está pasando?

–Hola amigo. – soltó a Chichi y salió rápidamente para saludar a su amigo.

–¿Qué carajo están haciendo ahí?

–¡No mires mi maldito pene! – se exaltó y tomó la toalla para taparse ya que no llevaba nada puesto.

–Por Dios. ¿Acaso ustedes se están acostando?

–No es lo que crees. – se excusaba Gokú. Chichi sólo terminaba de vestirse sin decir nada.

–¿Ah? ¿No?

–No. No significa eso. – aquellas palabras molestaron a la pelinegra.

–¿Ah, no? ¿Qué significa nuestra relación para ti, Gokú? – preguntó Chichi, claramente molesta.

–¿Relación?¿Ustedes están en una relación? – preguntó sorprendido el de cabello de flama.

–¿No le contaste? – interrumpió Chichi. –¡Me dijiste que le contaste! Me mentiste.

–Lo que debería haber dicho en esta situación es que no lo hice. – se excusaba Gokú.

–Oh, por supuesto. Vamos inventa una excusa como les dice a todas las demás.

–No estamos saliendo, ok. Si eso es lo que crees…

–Oh, maldita sea. ¿Sabes qué? Vete al carajo – interrumpió la pelinegra molesta y enfurecida.

–¿Qué carajo? – interrumpía Krilin, quien había escuchado la discusión desde afuera y entró para asegurarse de que todo esté bien.

–¡Que mierda! – respondieron los tres, sorprendidos, al unísono al ver a Krilin.

–¡Diablos! Qué acaso nadie de ustedes cierra con llave. Cómo carajo van al baño. – comentaba Chichi.

–¿De dónde vienes? – preguntó Vegeta.

–Estaba con Maron. – respondió cabizbajo.

–¿Qué carajo dijiste? ¿Tu ex-esposa? – preguntó molesto. Todo este tiempo que lo estaba "ayudando", él veía a su ex-esposa a sus espaldas. Todos sus esfuerzos y planes de ayuda, al carajo. –¿Por qué estabas con Maron?

–Porque estaba tratando de hacer que funcione de nuevo. – finalmente lo había dicho. Ya nada le importaba, pues, de todos modos, nada había funcionado. –Pero todo se acabó.

–Oye amigo. – dijo Gokú acercándose al pequeño hombre para demostrarle su apoyo.

–No me abraces sin el pantalón puesto.

–Tienes razón. Respeto, hermano.

–¿Por qué estabas tratando de hacer que las cosas funcione con Maron? – preguntó curioso Vegeta, interrumpiendo a sus amigos.

–Porque es lo que hago, Vegeta. Intento hacer que las cosas funcionen. Pero tú no sabes nada de eso porque siempre apuestas a lo seguro sin arriesgarte a nada – terminó de responder el pelón, claramente defendiendo sus acciones.

–No, porque teníamos un trato. – respondió Vegeta. –Nos íbamos a quedar solteros. ¿Lo olvidas?

–Espera ¿solteros? Me dijiste que era un simple pacto de niños de no ligar con muchas mujeres para tener más tiempo para ustedes y así ayudar a Krilin.– interrumpía Chichi.

–Es una larga historia. Hablaremos de eso luego. – intentaba tranquilizar Gokú.

–Púdrete. – respondió arrojándole su chaqueta con furia.

–No fui al funeral por ustedes. Y me la pagan mintiéndome. –Espera, espera, espera. – respondió Krilin. –No hiciste nada de esta mierda por nosotros. Tú haces todo por ti.– pausó un momento – Tú quieres que seamos como tú. Y no pienso en nada de eso en lo más mínimos.

–Tu esposa se acostó con otro hombre y ahora vienes a descargarte conmigo.

Gokú sólo intentaba calmar a ambos hombres.

–¿Quieres decir eso de nuevo? – retó Krilin bastante molesto por el comentario.

–Ella podría estar ahora mismo cogiendo con ese tipo y tú aún sigues intentando arreglar las cos…. – no terminó de hablar ya que recibió un puñete de sorpresa, cortesía de Krilin.

–¡Basta muchachos! ¡Ya basta! – interrumpía Chichi separando a los dos hombres con ayuda de Gokú. Éste tomó a Krilin y Vegeta se alejó.

–Tu pene me está tocando – se quejó el pequeño.

–Lo siento.

–¿Saben qué? ¡Jódanse! – Vegeta se aceró a la puerta – .Puedo volver a mi vida, mi diversión. ¡Toda es mierda! Y sin ustedes – los miró a los dos hombres – ¡Se suponía que no íbamos a meternos en relaciones! ¡Ese era el trato! – se exaltó –¡Ahora miren la mierda en la que se metieron!

–Eres un triste hombre – comentó Krilin.

–Sí, vete al carajo. – se dio la vuelta y abrió la puerta para salir de allí. –Feliz día de Acción de Gracias a todos. Que tengan un momento especial. – les dijo a todos los presentes que se encontraban afuera del baño, ya que habían escuchado la fuerte discusión, mirando lo que sucedía.

Vegeta salió del baño para dirigirse a la salida. Detrás de él, le siguió Krilin aun con la botella de Whisky en su mano, con la que había llegado al lugar. Y por último, Gokú salía del lugar con su pantalón y chaqueta tomados en la mano y tapándose su entrepierna, con ambas vestimenta.

Todos les siguieron con la mirada a los tres hombres que salían del lugar. Y luego dirigieron su mirada hacia Chichi, quien sonrió nerviosamente y se excusó para ir a su habitación.


Pasaron los días y no se volvieron a hablar. Vegeta trabajaba separado de Gokú, que sólo se limitaba a verlo desde una esquina a otra. Vegeta ignoraba totalmente al pelinegro, además de haber botado a su amigo de su apartamento una vez que llegó a su hogar.

Se sentía solo. Veía a muchas parejas caminar por las calles tan felices y grupos de amigos pasándoselas tan bien. Le gustaría volver a ver a sus amigos. Extrañaba los momentos que pasaba con ellos, pero su orgullo no le permitía disculparse. ¿Si los otros no lo tomaban en cuenta por qué él tendría que hacerlo?

Se quedó parado en la acera, pensando qué hacer, entonces la vio. Era Bulma, eso no había duda. La peliazul caminaba por la misma calle, en la otra acera. Vegeta, sin pensar, cruzó la calle para acercársele.

–¿Bulma? Hola – la saludó –Oye, mira, me encantaría...

–¿Te encantaría qué? –Ir a tomarnos un café. Hablar un par de horas y luego ¿ir por un trago?

–Vegeta…

–¿Qué? ¿No es eso lo que quieres? Juro que acabo de escucharte decir que querías…

–¡Vegeta!

–¿Qué? – Bulma se acercó hacia él. Vegeta sonrió pensando que lo abrazaría, o habría aceptado su invitación o algo por el estilo. Que equivocado estaba, se dio cuenta de su error al ver las pequeñas lágrimas brotarse de sus ojos. En ese momento, borró su sonrisa reemplazándola con un ceño fruncido.

–No estuviste allí para mí. – dijo entrecortadamente –En un día en el que yo realmente te necesitaba. – pausó un momento para tomar aire – Eso es lo que se hace en una relación, Vegeta. Eso es lo que significa "el uno al otro".

Metió su mano en el bolsillo de su chaqueta y sacó la llave, que él le había regalado aquella noche cuando se entraron al parque privado. Se la entregó y se fue.

Vegeta la tomó y se le quedó mirando. Por primera vez en su vida, se arrepentía de lo que había hecho. Simplemente había arruinado todo lo mejor que pudo haber tenido.

Continuará…


N/A: Hola, Otra vez aquí actualizando jeje :D Espero que les haya gustado el cap. Creo que el próximo será el final. Bueno aun no lo he decidido pero no quedan más de dos capítulos. Como siempre les digo, muchas gracias por sus comentarios. Aprecio cada uno de sus Reviews y fueron los que me alentaron a seguir escribiendo éste fic.
Bueno, nos vemos en la próxima actualización. ¡Cuídense mucho, hasta pronto!