Aquí está el segundo cap, espero que os guste ^^
-'La sexualidad en la época victoriana'. ¿De verdad vas a centrarte en eso?- Alec sintió cómo se ruborizaba al leer el título.
Magnus se encogió de hombros.
-También tenía pesando hablar sobre los problemas de prostitución, ¿por qué?
-Porque... porque...- Alec se trabó y enrojeció aún más.- La asignatura es historia, así que el trabajo no debería ser de.. ¿historia?
Magnus resopló.
-Si la sexualidad es importante hoy en día, también lo era entonces.
Alec agachó la cabeza hacia el cuaderno que descansaba en su regazo, se preguntó si en aquella época también habido gente a la que le... Sacudió la cabeza, no quería pensar en eso ahora mismo.
-¿Entonces vamos a centrarnos en la sociedad victoriana?
Magnus lo consideró un momento y entonces sonrió.
-Lo veo bien.
Alec intentó no fijarse en cómo resaltaban sus dientes blancos contra su piel tostada o en cómo cuando sonreía sus ojos brillaban más salvajes que de costumbre. Puso toda su atención en un libro de los que había cogido y pasó las hojas en busca de algo que pudiera servirle.
Al principio Alec no había pensado que Magnus se tomase en serio el trabajo, había creído que buscaría cualquier excusa para no ir y que se entretendría mientras él escribía, por eso cuando anunció que volvía dentro de dos minutos ni siquiera levantó la vista del cuaderno donde estaba tomando notas. Su sorpresa fue enorme al verle de vuelta con los brazos cargados de libros. Parpadeó mientras él se dejaba caer a su lado sonriendo, parecía un niño pequeño orgulloso de sí mismo.
-He encontrado uno buenísimo.- canturreó mientras se lo enseñaba. Alec extendió las manos para cogerlo, pero entonces recibió un golpe en el antebrazo con la contraportada del libro.- Ah, no, no. De eso nada. El libro es mérito mío, así que si quieres leerlo acerca la silla como toda persona civilizada.
Algo confuso, Alec arrugó la frente, aunque le hizo caso y arrastró la silla hacia adelante; al hacerlo percibió el olor del otro chico, era agradable, fresco, inusual, algo como...
¿Sándalo?
La arruga de su frente se pronunció más mientras clavaba los codos en la mesa, por Dios, ¿qué estaba haciendo? Llevó los ojos a las hojas y no pudo evitar asombrarse.
-Es justo lo que hemos estado buscando.
La sonrisa de Magnus se hizo más amplia.
-Lo sé.
Alec comenzó a pasar las hojas, tenía buenas ilustraciones y para colmo el texto no daba rodeos innecesarios. Su sonrisa murió al llegar a un nuevo apartado Homosexualidad en el siglo XIX. Miró las letras fijamente, como si se tratasen de una broma cruel; de pronto quiso saber qué ponía se inclinó más y...
-¿Alexander estás bien?
Alec se ruborizó violentamente y cerró el libro. ¿Lo ha visto? Pero Magnus lo miraba a él, entre confuso y preocupado. Luchó para calmarse.
-Sí, sí... yo eh... Creo que se nos ha hecho tarde.
La boca de Magnus se abrió en un silencioso 'oh' mientras se echaba hacia atrás y sacaba el móvil; lo miró unos segundos sin moverse.
-Tienes razón, han pasado más de dos horas.
Alec tuvo que contenerse para no dejar ver su incredulidad, había soltado la primera excusa que le había venido, pero nunca habría creído que hubiera pasado tanto tiempo.
-Se me ha pasado volando.- Magnus le sonrió antes de empezar a guardar las cosas en la mochila.
A mí también.
Alec no dijo nada, simplemente asintió en dirección al libro.
-¿Qué hacemos con...?
-¿Mañana venimos de nuevo?- Alec asintió.- Bien, entonces vamos a asegurarnos de que siga aquí.- sonrió traviesamente antes de coger la silla y el libro.
Alec, movido por la curiosidad, le siguió hasta unos estantes del fondo, donde Magnus se subió a la silla para esconder el libro. Mientras su compañero canturreaba los títulos para encontrar un buen escondite, Alec no pudo evitar reparar en su espalda; cuando se puso de puntillas la camiseta se le subió, revelando un trozo de piel tostada y lisa.
-¡Ah, este es perfecto! Justo detrás de la vida de Alejandro Magno. ¿Te acordarás, no?- bromeó mientras se giraba para sonreirle.
Alec sintió cómo se ruborizaba hasta la raíz del pelo y agachó la cabeza a toda prisa, murmurando algo ininteligible.
Magnus saltó al suelo y devolvió la silla a su sitio, después de recoger las cosas ambos salieron al exterior y observaron paralizados el tiempo.
Aquella mañana había amanecido sin una sola nube; cuando habían entrado en la biblioteca el sol brillaba espléndidamente. Ahora mismo parecía el segundo diluvio universal.
Magnus se golpeó la frente con la palma de la mano.
-Imagino que no tendrás un paraguas de sobra, ¿verdad?
Alec, aún medio boqueando, negó con la cabeza; Magnus gimió y se llevó las manos al pelo, como despidiéndose del peinado que la lluvia no tardaría en arruinar. Alec sacó el móvil y descubrió que tenía un mensaje de su madre:
Alec, cariño, tengo que llevar a tu abuelo Alosius al hospital, así que no podré ir a recogerte (P.D: no es nada grave, creo que solo finge estar enfermo para librarse de las tareas domésticas).
Encima había olvidado el monedero en su taquilla e Izzy ya estaría con el coche en la otra punta de la ciudad. Genial, aquello era fantástico.
-¿Vives muy lejos?
-A media hora andando, más o menos.
Magnus silbó por lo bajo.
-Mi casa está a menos de diez minutos, podemos ir corriendo hasta allí y puedes esperar hasta que el tiempo se calme.
Alec se removió inseguro.
-No sé...
Magnus puso los ojos en blanco.
-Vamos, al menos pásate a coger un paraguas.
Alec sonrió levemente al ver su tenacidad.
-Está bien.- cedió.
-Bien, pues sígueme y... corre.
Magnus se lanzó a la calle, Alec intentó pegarse a sus talones; tuvo que reconocer que su compañero era mucho más rápido de lo que había pensado, pero puesto que el joven llevaba años acostumbrado a correr detrás de Jace, tampoco le supuso ningún problema seguir a Magnus por debajo de todos los alféizares que podían encontrar por el camino. Como Magnus parecía haber diseñado una ruta que evitaba la mayor parte de los semáforos, apenas tuvieron que detenerse; pese a eso, no pudieron evitar calarse del todo.
-Es aquí.- Magnus señaló un agradable bloque de edificios no muy alto.
Tan pronto como abrió la puerta del portal Magnus se apoyó contra la pared para recuperar el aliento; Alec entró detrás de él y esbozó una mueca, los vaqueros empapados se le pegaban a la piel y le dificultaban el movimiento.
Magnus sonrió al verle y se encogió de hombros antes de señalar sus propias ropas: él mismo tampoco había salido mucho mejor parado.
Una vez dentro del ascensor Magnus pulsó el botón hacia el último piso, entonces se movió levemente y Alec vio cómo se petrificaba con una cara de horror.
-Oh, no.
-¿Qué?
Alarmado, se movió para ver lo que su compañero estaba viendo; se sintió totalmente confuso al ver un espejo.
-Mira.- Magnus señaló hacia el reflejo.
-¿Qué?- repitió.
Magnus gimió y se llevó las manos al pelo mientras murmuraba por lo bajo algo que sonaba muy parecido a 'arruinado, totalmente arruinado'...
Alec lo contempló en silenció un par de instantes y entonces, sin que pudiera controlarlo, estalló en una carcajada. Fue breve y espontánea, totalmente sincera, e hizo que se sintiese mucho más ligero. Era algo totalmente inusual en él reírse así con desconocidos; recuperó la compostura mientras las puertas del ascensor se abrían. Miró a Magnus, temiendo que se hubiese ofendido, pero éste lo miraba divertido con una pequeña sonrisa, al parecer había olvidado por completo su peinado.
Acababa de meter la llave en la cerradura cuando, antes de que pudiera girarla, la puerta se abrió y apareció una mujer. Sus rasgos eran finos y delicados, con la misma piel tostada y cabello oscuro que Magnus, sus ojos también eran oscuros, grandes y almendrados; Alec se sorprendió de lo joven que parecía.
-Magnus, cariño; estaba a punto de...- se interrumpió al mirarlos detenidamente.- ¡Pero si estáis empapados! Vamos, adentro.- abrió la puerta de par en par y prácticamente los arrastró al interior antes de correr a por un par de toallas.- Magnus vas a tener que dejarle algo a tu amigo para que se ponga.
Alec, que se secaba el pelo como podía con una toalla que le había dado, intentó protestar.
-No... no hace falta. Solo venía a por un paraguas...
-¿Paraguas?- la mujer lo miró de hito en hito.- No puedes ir a casa con la que está cayendo, pillarás una pulmonía.- sacudió la cabeza.- Quédate aquí hasta que el tiempo se calme, cámbiate, come algo...- Al ver que el joven intentaba excusarse sacudió la cabeza.- Tengo que irme a trabajar y no os voy a molestar, así que no te preocupes. Tú sólo espera a que deje de llover.- sonrió.
Alec farfulló algo incomprensible mientras buscaba desesperado a Magnus con la mirada, pero éste parecía haber desaparecido.
-Oh, se ha ido a su habitación. Supongo que estará intentando ordenarla; es un desastre.- a pesar de las palabras sonrió con cariño, Alec se mordisqueó el labio antes de sonreír tímidamente.
La mujer llamó a un puerta.
-Magnus...
-¡Espera!- se escuchó el sonido del ajetreó y luego un portazo.- Ya
Tan pronto como la puerta se abrió Alec se encontró asaltado por colores: paredes naranjas, muebles verdes, un cubrecamas que imitaba el juego del twister... No era que los colores desentonasen entre sí pero, en comparación con la habitación azul y blanca de Alec era un mundo nuevo.
-Magnus me voy al trabajo, trata bien a nuestro invitado.- sonrió a Alec.- Y tú quédate todo el tiempo que quieras.- les dijo antes de marcharse.
Magnus agradeció más que nunca que su armario fuese enorme y de dos puertas dobles; abrió la puerta donde no había escondido toda la ropa que tenía desperdigada por su habitación y comenzó a rebuscar algo para Alexander.
-Creo que tengo un par de... ¡Ah! Aquí están.- orgulloso, sacó unos pantalones de chándal negros y largos; eran lisos, sin ningún color ni dibujo y Magnus los había llevado con aquella camiseta dorada llena de purpurina para hacer deporte. Pero posiblemente Alexander huiría si le mostraba la camiseta. Suspiró. Supongo que nadie es perfecto.
No tardó mucho en encontrar una camiseta de manga corta blanca, tenía el logotipo encima del pecho, pero supuso que a Alexander le parecería algo 'normal'. Pasó las prendas a su compañero y sonrió cuando le vio suspirar de alivio.
-¿Sorprendido?
-Sí.- Magnus enarcó una ceja y casi al instante él abrió mucho los ojos, como disculpándose.- Quiero decir... eh... bueno... tú siempre vistes con muchos colores y...- hizo un gesto con las manos.- brillas. En comparación esto es...- señaló la ropa que le había pasado y se mordió el labio como intentando buscar la palabra adecuada.
-¿Menos extravagante?- Magnus rompió a reír.
Alexander se ruborizó un poco, pero consiguió esbozar una leve sonrisa.
-Venga, tienes que estar helado.- Magnus le agarró por el brazo (oh, Dios, qué brazo) y le mostró el camino hasta el baño.- ¿Quieres tomar algo?- Alexander comenzó a negar con la cabeza. - ¿Un bocadillo? ¿Galletas? ¿Chocolate? ¿Café?- El joven vaciló, Magnus no le dio tiempo para inventarse una excusa.- ¿Sólo o con leche?
Alexander se mordió el labio, titubeando.
-Con leche...
-Muy bien.- lo empujó hasta el baño y cerró la puerta.
Después entró de nuevo en su habitación y se cambió de ropa en un tiempo récord, si su madre hubiera estado en casa sin duda se habría sorprendido.
Acababa de preparar la taza de café cuando captó la silueta de Alexander, caminando inseguro por el pasillo hacia el salón. Titubeó frente al sofá rosa chicle que tanto le gustaba a la madre de Magnus y en su lugar optó por el sillón crema que estaba un poco más alejado. Magnus tuvo que contenerse para no sonreír, pese a las circunstancias mentiría si dijese que la visión de Alexander en su casa no le agradaba.
Se había puesto la ropa que le había dado y aunque el pantalón le quedase un poco más largo que a Magnus, al ser más ancho de espaldas, la camiseta se le ajustaba marcando ligeramente, dejando adivinar el cuerpo firme que se ocultaba debajo.
-No sabía cuántas cucharadas querrías, así que no le he echado nada.
Magnus le pasó la taza y el azucarillo antes de coger el café que había preparado para sí mismo.
-Oye.- Alexander volvió a moverse incómodo.- Siento mucho esto. Yo... eh... me voy ahora mismo...
Magnus puso los ojos en blanco y despachó sus palabras con un gesto de la mano.
-¿No has oído a mi madre? Nada de marcharte hasta que deje de llover.- caminó hacia el ventanal y apartó las cortinas; fuera seguía cayendo una cascada de agua.- Ella es la jefa, así que...- sonrió.- ¿Quieres ver algo?- encendió la tele.
-¿Qué sueles ver?
Magnus se sorprendió de que el chico le hubiese hecho una pregunta personal, incluso Alexander parecía sorprendido de sí mismo; por un momento pensó en poner Gossip Girl o los reportajes de moda que solían dar a aquellas horas, pero dudaba de que ese fuera el estilo de su amigo.
-¿Qué tal una pelí?- Como si le hubiese entendido el título de una película apareció en pantalla: Los Becarios.-¿Una de humor?
Alexander asintió.
-Bien.
Magnus tamborileó con los dedos pensativamente.
-Humm... ¿Te apetecen palomitas?
El chico sonrió.
-Mi hermana Izzy una vez dejó en paquete en el microondas y cuando lo sacamos estaba en llamas.
Magnus abrió los ojos y después rió.
-¿En serio?- la sonrisa de Alexander se hizo más amplia.- Bueno, si es por eso no tengas miedo, soy un experto haciendo palomitas.- al ver que su amigo no las tenía todas consiguió insistió persuasivamente.- Vamos, lo de la lluvia va para rato; relájate un poco.
