Cuando despertó, estaba en una cama rodeado de médicos. ¿Por qué cada vez era peor?
-Increíble, está despierto.
Se escucharon unos pasos nerviosos. Pronto apareció Lovino. Antonio notó que no estaba vestido con su uniforme. Se paró al lado de su cama. Su expresión denotaba preocupación mezclada con culpa.
El doctor se acomodó sus anteojos. Era castaño y tenía un rulo saliendo de su cabeza. Sus ojos eran violetas y tenía un lunar. -Tienes mucha suerte. Cualquiera hubiese muerto. -el moreno los miró confundido, luego se giró hacia Lovino. -¿Te importa si te hacemos unas preguntas? -él asintió. -¿Recuerdas lo que pasó antes de que cayeras? -asintió. -¿Es verdad de que fuiste a Trost solamente para buscar ropa? -volvió a asentir. -¿Es verdad de que fue un accidente? -se quedó pensando, pero asintió. -Bien, solamente eso. En un par de horas te daremos tu informe y... -miró a Lovino. -El señorito Vargas se quedará contigo para cuidarte. Que descanses.
El aristocrático doctor se levantó y, junto con su ejército de doctores y enfermeros, salieron de la habitación.
-Retírate Iván, parece que no hay que operarlo... Todavía. -dijo el doctor mientras cerraba la puerta.
Lovino giró hacia Antonio. Se puso de cuclillas y le tomó la mano. -¿Estás bien? -volvió a asentir, esta vez con una sonrisa. -Bien, porque en cuanto te recuperes te vuelves a la celda.
-Me halagas, Lovi. -se rió irónico el ojiverde. -Con que tu apellido es Vargas...
-Llegas a hacer un chiste sobre eso y te rompo lo que se te regeneró. -empezó a mirarle la mano. -Hablando de regenerar, ¿puedes moverte? -Antonio movió sus piernas y sus brazos. -Incredibile.
-¿Te he metido en problemas?
-Un poco. Dijeron que era muy peligroso ingresar a Trost. Y luego te caíste. ¡¿Sabes el susto que me diste?!
-Pero si supuestamente soy un titán, me regenero.
-¿Crees que me acordé en ese momento? ¿Que alguien lo haría? Me... Me asustaste. -evitó el contacto visual mirando hacia otro lado. -No vuelvas a caerte. Ni a gritar en mi oído. Bastardo.
Antonio sonrió nuevamente. Luego recayeron de que seguían tomados de las manos. Aun así, cuando Lovino intentó soltarse, el primero empezó a hacerle círculos con el pulgar en la palma de la mano.
-¿De verdad estabas tan preocupado por mí?
-Cállate.
Lovino miró esos dedos tostados que se entrelazaban con los suyos. Luego subió la vista hacia su dueño, el cuál le sonreía. Le sonreía como si estar tomados de las manos fuera lo más normal. De hecho, como si todo fuera normal; como si esa situación no tenía nada fuera de lo ordinario; como si pudiera asegurar de que mañana saldría el sol; como si al siguiente día no hubiese problemas, que todo estaría bien y que él, Lovino Vargas, sonreiría sin importar qué. Esa sonrisa que Antonio poseía era única. Lo hacía sentir especial, diferente. Tenía algo que le provocaba... como un cosquilleo.
-Lovi, creo que estás rojo.
-Y yo creo que estás en perfectas condiciones de volver a la celda.

-Muy bien~, hasta podría jurar que nunca te hubiese pasado nada. -le sonrió Iván, sacudiendo el termómetro antes de guardarlo en el bolsillo de su bata médica.
Lovino lo miró con desconfianza. Sabía que Antonio estaba en perfectas condiciones e incluso se preguntaba a si mismo el por qué nadie se daba cuenta de que era un titán, pero Iván había exigido verlo aunque sea una vez más.
El ruso no tenía fama de buen doctor (y algunas de sus operaciones eran un poco... sangrientas), pero aún así se preocupaba por sus pacientes. "Seguro que está aquí para ver si no le tiene que amputar algo" pensó el italiano, cruzando los brazos. "Y el idiota le sonríe como si fuera un amigo"
-Te has portado muy bien, y estás completamente sano. Te mereces una recompensa,da. -Buscó en su bolsillo una paleta, sabor cereza. -Toma, te la ganaste.
-¡Wiii!- la aceptó como un niño pequeño.
-Ahora, -dijo, volteándose hacia el castaño. -Hablemos, señor Vargas. A Antonio le falta descanso. Parece que no puede dormir bien.
-Yo lo dejo aquí en el hospital para que descanse.
-Pero parece que aún así no puede conciliar el sueño fácilmente. -se volteó hacia el paciente. -¿Por qué no puedes dormir?
-No lo sé. Simplemente no me siento cómodo. Está todo oscuro y quieto. ¿Que me recomienda, doctor?
-Estoy seguro de que Vargas te encontrará un buen y lindo lugar para que te sientas cómodo, ¿a que no? De acuerdo, creo que mañana podrás salir del hospital. Además, necesitamos más cuartos para los heridos del ataque de ayer.Пока-Пока!
Ambos se quedaron callados mientras el doctor Braginsky salía del cuarto. Cuando escucharon sus pasos por el pasillo, Lovino descruzó los brazos.
-¿Y dónde me quedaré?- le preguntó el moreno con una expresión infantil.
-En la celda.