Los últimos rayos de sol se filtraban por las pequeñas rejas de los ventanales del sótano
Antonio abrió los ojos suavemente. Hacía tiempo que no dormía tan bien. Sintió algo tibio y suave al lado suyo. Era Lovino, dormido y abrazado a él.
Sonrió y le corrió unos mechones de su cabello del rostro.
Se veía tan tierno cuando dormía. Sin darse cuenta, lo contempló por quién-sabe-cuánto tiempo hasta que despertó
-Buenas tardes. -lo saludó, esbozando una sonrisa.
-¿Qué? ¿Que hora es? -miró la ventana. -Es muy tarde. ¿Cómo nos dormimos?
-No me acuerdo, pero hacía mucho que dormía tan bien~
-Bien por ti. -bostezó. -Voy arriba para ver si no pasó nada.
Lovino buscó torpemente las llaves de la celda y cuando salió la volvió a cerrar. Antonio decidió levantarse, pero primero debía juntar suficiente voluntad para despegarse de la ahora cómoda cama. Empezó a estirarse, esperando desperezarse. Las sábanas olían a Lovino. Las tomó y empezó a olfatearlas.
Dejó que ese aroma lo embriagara.
-¿Qué haces?
-¡Ah! ¡Me asustaste! Avisa cuando llegas. -soltó la tela y se sentó,
-¿Por qué hueles las mantas?- luego de quedarse mirando por unos segundos muy incómodos, tomó el cuello de su camisa y lo olió. Olía normal. ¿Qué tanto olía ese bastardo? Si se había bañado a la mañana.
-¿Y-y? ¿Pasó algo?
-No, nada. Todo normal... Bien... Creo...
-... ¿Puedo ir al baño?
Al llegar a la noche, Antonio no pudo dormir.
Pero, ¿por qué? ¿Si hoy a la tarde durmió perfectamente, por qué ahora no?
-¡Despierta!
¿Qué? ¿Qué pasaba? ¿Por qué lo sacudían?
-¡Despierta idiota! ¡Levántate de una maldita vez!
-¿¡Eh?!
-¡Debemos irnos ahora!
-¿Qué? ¿¡Qué pasó?! ¡¿Invaden el Muro Rose?!
-¡Que te levantes!
Apenas Antonio dejó la cama, fue arrastrado hacia las escaleras. Al fin pudo ponerse de pie correctamente cuando Lovino cerró la puerta de una habitación
-¿Qué fue eso?
-...- Lovino intentó recuperar el aliento. -No me han dado muchos detalles, pero viene otro a la celda.
-¿Otro?
-Sí, otro, como tú.
-¿¡Qué?!
-En Trost, cuando los novatos fueron enviados al frente, la mayoría terminaron muertos. Uno de ellos, no me acuerdo su nombre, Eren, Here, Ellen, ¡no sé!, fue encontrado en el cuello de un titán. Así como yo lo hice contigo. Y el capitano Rivaille ha decidido ponerlo en el sótano.
-¿¡P-pero y si descubro que tenemos algo en común?! Me hubieses dejado ahí.
-Antonio -lo tomó por los hombros. -, lo encontraron ayer, lo amenazaron de muerte y mañana irá a juicio para ver si lo matan, lo examinan o qué. No quiero que te pase lo mismo.
-Espera, ¿¡si tú me hubieses reportado, me hubiesen hecho eso?!
-No sé... ¿¡Y cómo sabes que no te he reportado?!
-Lo has dicho. Además de la forma en que me empujaste por todo el camino sin que nadie nos viera. Y porque no me dejaste en la celda. Por cierto, ¿esta es tu habitación?
-... Bueno, no sabía dónde esconderte.
-¿Tienes tu propia habitación? Qué lujo...
-No sé qué le pasó a mi antiguo compañero. Creo que el muy bastardo se largó o algo así.
-¿Y los demás no se preguntarán dónde estás ahora?
-... Ponte cómodo y no toques nada. Ya vuelvo. Si alguien toca la puerta, no le respondes, y si entra, te escondes. -una vez terminado de decir esto, salió, dejándolo solo, ota vez.
-... -Antonio contempló la ya cerrada puerta. ¿Cuando volvería? ¿Qué estaría haciendo? Seguro que algo genial como preparar las cuchillas para ese híbrido con sus mismos problemas. Sí, los chicos como Lovino deben tener un día lleno de aventuras, armas y titanes.
Miró alrededor del cuarto. -Podrías limpiar un poco al menos.
Lovino suspiró.
-Vamos, el mocoso todavía está dormido y no quiero polvo. Limpien. Denle sin miedo. -dijo Levi, lustrando los barrotes de la última celda, en donde sería "hospedado" el titán.
Nadie dijo nada. Ya todos sabían de la extraña obsesión que tiene el capitán con la pulcritud.
Y a Lovino no se le da la limpieza.
