Lovino miró a su alrededor. Estaba perdido.
Decidió dejar de correr y continuó caminando en la dirección que había tomado. No quería mirar hacia atrás.
No podía creerlo, estuvo a punto de besar a Antonio, a un hombre. Y no hizo nada al respecto. Pudo haberlo empujarlo hacia el río, más no lo hizo. En cambio, se dejó acariciar, que le susurre y hasta que le besara el cachete. Incluso en un momento había deseado que dejara tanto los mimos y ya se besaran de una maldita vez. Necesitaba pensar. Necesitaba meterse en su cama, tapado hasta la cabeza, y quedarse encerrado por todo el día. Necesitaba volver al Cuartel.
"Algo está mal conmigo" pensó, abriéndose paso entre la gente. Además, ¿qué hubiese pasado si lo hubiesen hecho, si se hubieran besado? ¿Estarían mirándose incómodamente? ¿Estarían recostados sobre el césped, besándose, tomados de las manos, hasta que ambos se quedaran sin aliento? ¿O sentados, mirando al cielo, susurrándose cosas bellas al oído?
No, espera. ¿Por qué imaginaba todo tan romántico? Debía pensar cosas realistas. Tal vez el bastardo hubiese ido con sus amigos y estaría burlándose ahora mismo. Sí, le parecía más realista. Definitivamente eso le parecía más razonable, mucho más que la idea de que lo anterior había pasado por alguna razón sentimental. Ja, como si Antonio se pudiera enamorar de alguien como él.
Quería llorar.
Pero estaba en público. Debía encontrar algún rincón alejado y poder expresar todo lo que sentía.

Dio una risa sin ánimo al ver el techo del cuartel.
Arrastró los pies por el piso, pensativo. Le llamaba la atención que no hubiese mucha gente dentro. Luego recordó que estaban en el juicio.
Otro humano que se podía transformar en titán. Otro como Antonio. ¿Si lo hubiese reportado, qué hubiese pasado?
-No me hagas esto. -suspiró, intentando abrir la puerta de su habitación. Dejó que su cabeza se golpeará pesadamente contra la puerta antes de que Mike se le acercara. -Eh... -lo saludó sin ganas.
El recién llegado no dijo nada. Se acercó hacia él y empezó a oler, antes de señalarle el cuello, haciendo que recordara de que tenía la llave colgando. Entró y se tiró sin ánimo a su cama. Mike miró hacia el interior, seguro de que algo había estado allí, pero como no vio a nadie más, cerró la puerta.
Lovino suspiró. No iba a llorar pero tampoco se quedaría mirando hacia la nada.

Un ruido lo sacó de sus pensamientos. Miró alrededor de la habitación. Había una piedra pequeña cerca de la ventana. Cuando se acercó, otra piedra le golpeó la cabeza.
-¡Ey, mira hacia do...!
-¡Lovi~!
-Ay no.