Pasó una semana desde que llegaron a ese paraíso que era las Maldivas, el tiempo había viajado con ellos, acompañándolos en sus juegos de cama, sus cafés matutinos, sus días de playa; también baños con delfines y alguna que otra fiesta. Kate se sentía distinta, se sentía plena, más joven y por fin, después de mucho tiempo sin ningún muro que le impidiese ser feliz, lo era del todo, con Richard Castle, su escritor favorito, su compañero, su marido. Era el salvavidas que siempre la impedía ahogarse, era quien con un abrazo o una caricia la hacía sonreir, se sentía segura en sus brazos y sólo en sus brazos. En esas estaba, pensando en su vida todavía acostada en la cama con los ojos cerrados cuando sintió que el hombre de su vida se acercaba, depositaba una bandeja a su lado y acto seguido le acariciaba la mejilla, ella se hizo la remolona soltando un "mm" y abriendo los ojos. Cuál fue su sorpresa al ver que Rick estaba en pijama junto a ella todo sonriente y le acercaba la bandeja con el desayuno sin hablar, sin decir nada, porque era lo que él quería, mirarla a los ojos y después a la bandeja. Una taza de café con leche, tortitas, huevos con beicon y el periódico de Nueva York abierto por una página en concreto y sin poder dejar su trabajo de detective a un lado, lo primero que cogió fue el periódico. Estaba abierto por la página de sociedad y un artículo resaltaba en concreto, literalmente, porque estaba subrayado en amarillo fosforescente, el titular decía: "RICHARD CASTLE, TRAS UNA SEMANA DE CASADO LE DEDICA UN ARTÍCULO A SU AMADA MUJER"

-¿Rick, que es esto? – pero él no quería decir nada, solo le acerco más el periódico, le acarició la mejilla y ella supo que quería que lo leyese entero.

"Kate: cuando duermes haces un ruidito muy mono que parece el batir de unas alas, cuando sueñas en voz alta siempre pronuncias mi nombre y siempre me quedo admirándote porque toda tu, tus curvas, incluso la babilla que te cae al dormir, todas tus partes son hermosas. Cuando bebes el café que te preparo por las mañanas y que tú aceptas con esa preciosa sonrisa que me deslumbra, lo haces sorbito a sorbito, saboreando cada sensación, cada sabor de ese café. Cuando te bañas en el mar o con los delfines lo haces con una gracia y un cariño que no había visto nunca. Kate, hoy hace una semana que nos casamos, una semana que dijiste la palabra más bonita y con más sentido que he visto salir de tus labios, sí quiero y quiero que sepas que me hiciste el hombre más feliz del mundo, desde que nos conocemos que tu estuvieses en el altar junto a mi era mi propósito, el primer lugar en mi lista vital. Gracias por estos días en los que solo estamos nosotros, en los que no existe nada más, gracias mi vida. Quiero que sepas que QUIERO PASAR EL RESTO DE MI VIDA CONTIGO, siempre. Rick"

Una lágrima se derramó sobre el periódico y la señora Castle se abalanzó sobre su marido para besarlo con ternura y decirle: "Yo también quiero pasar el resto de mi vida contigo, gracias por esto mi amor"

Castle hizo lo último que Kate hubiese esperado, se separo de sus labios y le dijo:" Siempre, y ahora termina tu desayuno, nos queda un largo día por delante"

Tras terminarse el delicioso desayuno en la cama entre besos, caricias y risas se sumergieron en un día ajetreado que comenzó en la playa, bañándose y tomando el sol.

-Cariño, ¿quieres que después de comer vallamos de visita al pueblo y pasamos allí la tarde? He oído que hay un museo de pintura contemporánea y varios monumentos famosos, sería divertido.

-mmm…bueno, sí, sería divertido y podemos ver si hay algún musical que nunca hemos ido juntos a ver uno.

-Oh, inspectora Beckett, ¿es usted de musicales?

-Rick, ya sabías que sí, además seguro que si te suben al escenario lo haces mejor que ellos, ¿verdad?

-Oh, eso seguro –dijo Castle riéndose y dándole un piquito a la sonrisa de Kate.

Tras la comida y un viaje en coche de quince minutos llegaron al pueblecito de la ciudad, un lugar pintoresco, lleno de edificios y plantas bajas, la gente circulaba en bici por lo que la pareja decidió alquilar un par para recorrer la ciudad. Parecían niños, echando carreras y haciendo piruetas; no dejaban de reírse mientras sentían el viento de media mañana en sus caras.

-Kate, este es el museo –estaban parados ante el único edificio de piedra antigua que se habían encontrado, había un gran cartel que decía "MUSEO REGIONAL DE ARTE MODERNO" – o eso creo, ¿tu piensas que si pone museo de arte moderno es un museo, verdad?

Su mujer no pudo hacer otra cosa que reír, las tonterías de su marido eran eso tonterías. Dejaron las bicis en el estacionamiento y tras comprar dos entradas se adentraron en el mar de cuadros y esculturas, había pinturas abstractas, cubistas y esculturas modernas que para Kate no tenían ningún sentido pero se lo pasaban bien, comentando los cuadros y jugando a "adivinar formas" en las pinturas cubistas; mientras que Rick solo veía gente teniendo sexo, Kate veía a una pareja besándose y sonriendo. Al salir del museo decidieron ir andando puesto que estaban en la calle principal y la que más sitios de interés tenía, se cogieron de la mano y no llevaban más de diez minutos andando cuando Rick se paró miró a esos ojos verde avellana, vislumbró una sonrisa maléfica y dijo :·"la calle está despejada, te reto a una carrera detective" y haciendo trampas salió corriendo calle arriba, la cual efectivamente estaba vacía. Pero la inspectora, haciendo acopio de toda su forma física, no tardó en alcanzarle, así que la imagen figuraba la de dos adolescentes enamorados que se retan y se incitan a cambio de un beso; para cuando el escritor llegó al final de la calle su musa hacía cinco minutos que estaba allí pero ella contenta y feliz de que su hombre hubiese querido hacer una carrera, lo abrazó muy fuerte, le quitó las gafas de sol de la cara y algo de sudor y tras acariciarle la comisura de los labios se los besó con pasión, Rick pronto siguió su juego de manera que las lenguas de ambos se sincronizaban en una sola. Cuando les empezaba a faltar el aire se separaron y siguieron su camino pero esta vez abrazados y sonriendo.

Todo en ese viaje turístico parecía sacado de una película de amor, una pareja paseando por la calle abrazados, observando los monumentos, sacando fotos y selfies, parando en tiendas de souvenirs y como dos locos neoyorkinos probándose sombreros, gafas e incluso bigotes de pega.

-¿Crees que me quedaría bien un bigote así, inglés?-dijo Rick probándose un bigote acaracolado y acariciándolo como los malos de las películas antiguas.

-No cariño –dijo Kate mientras reía- estás más guapo así, sin bigote y con todo el pelo en la cabeza.

-O sea, que admites que calvo no me querrías –comenzó a acosar a Kate con su voz de niño molesto - ¿tan superficial eres?

-Sí –y su preciosa mujer salió corriendo de la tienda seguida dos minutos después por su perfecto caballero. La gente que pasaba a su alrededor pensaba que estaban locos, que efectivamente eso eran, dos locos enamorados. Dos personas que en esos momentos compartían un helado de vainilla y se reían por su particular y más íntima broma, quienes los veían pensaban, están hechos el uno para el otro sin ninguna duda.

Tras horas andando y recorriendo calles llegaron al gran teatro de la ciudad y eligieron el musical del rey león tan famoso últimamente. Se metieron en el baño donde Castle le dio a su esposa una careta de leona con espacio suficiente para ver y respirar, "así no te la tienes que quitar". Dos locos enamorados viendo un musical como si de ello dependiera su vida, con caretas, siguiendo los bailes y canciones; disfrutando el momento y queriéndose con toda su alma.

Ya eran pasadas las dos cuando regresaron al hotel completamente derrotados.