CAPITULO 14- LAZOS FAMILIARES

Mis dedos recorren rápido el teclado del ordenador mientras las ideas fluyen tan rápido como el caudal de un río. Son las dos de la mañana y estoy sentado en mi despacho en bóxers y con los pies sobre el escritorio, Heat y Rook acaban de embarcarse en una luna de miel espeluznante es entonces cuando por el intercomunicador, que me he traído aquí para que Jamie no despierte a Kate, escucho el llanto de mi bebé, rápidamente dejo el portátil en la mesa y subo las escaleras, enciendo la luz y Jamie, de tres meses ya, tiene sus ojos azules encharcados en lágrimas y su pelo castaño mojado por el sudor, sus mofletes están más rojos de lo normal.

-Eh colega, me parece que alguien está malito.- En cuanto lo tomo en brazos mi hijo suaviza el llanto así que sigo meciéndolo y acariciando su cabeza hasta que deja de llorar pero respira con dificultad. Tiene 38´5ºC así que decido darle un baño calentito para que le baje la fiebre y este pequeñín que es como su madre adora estar en la bañera, ésta enseguida le hace el efecto deseado –Espero que te sientas mejor bebé, ahora vamos a darte un poco de leche e intentaremos dormir un poco- bajamos juntos las escaleras, me acerco a la puerta de mi dormitorio y cuando me aseguro de que mi mujer está dormida cierro la puerta, -Es mejor que mamá no se despierte porque se va a preocupar ¿verdad? –El bebé no sabe lo que le digo pero me sonríe y asiente.

Tras darle el biberón, me tumbo en la cheslón del sofá y sabiendo que le relaja escuchar el latido de mi corazón, apoyo la cabeza de Jamie contra mi pecho mientras le acaricio la espalda, la cual he tapado antes con una manta, enseguida los dos nos quedamos dormidos porque como buen Castle que es, a mi hijo le encanta dormir.

Me despierto con las primeras luces de la mañana y no siento al bebé sobre mí, me alarmo y me levanto de golpe, no está. Subo las escaleras como si él lo pudiese hacer solo, tiene tres meses, es imposible. –Mierda, ¿dónde está?- Bajo las escaleras de dos en dos y entonces veo a Kate salir con él del dormitorio, ambos en albornoz y sonrientes, parece que mi hijo está mejor.

-Eh, buenos días cielo, ¿le damos un beso a papá, bebé? – mi hijo levanta las manitas hacía mi queriendo que lo coja y cuando lo hago se ríe tocando mi barba de dos días, tiene una manía con la barba. –He llamado al médico hace media hora, le he dicho que a las cinco tenía 38 pero que ahora mismo le ha bajado bastante y me ha pedido que lo lleve para que lo revise. ¿Te duchas y nos vamos?

-Eh…sí, cinco minutos- Kate se ríe diciéndole al bebé: "me parece que papá va a tardar más". Me ducho rápidamente, me visto, me tomo el café que me ha preparado Kate y nos vamos al médico.

Una vez allí nos dice que la fiebre nocturna es muy normal en los bebes de pocos meses, que puede ser que se haya destapado a media noche y le haya cambiado la temperatura y por eso le subiese la fiebre. –Aun así para estar tranquilos os receto un jarabe para que se lo deis justo antes de llevarlo a dormir y que así no le suba mucho la temperatura. Jamie es un bebe fuerte seguro que hoy no llora ni nada. –Mientras Patrick, el pediatra de mi hijo, dice todo esto yo me quedo mirando la estampa que tengo a mi lado. Kate, con el niño sobre su regazo, lo aprieta fuertemente contra su pecho mientras él juega con el collar que su madre lleva puesto al cuello. Me sorprendo del amor que Kate rebosa por nuestro hijo, cada parte de su cuerpo consigue amoldarse al pequeño y su instinto protector apareció en el mismo momento en el que lo tuvo en brazos. Es la madre perfecta, es todo lo que Meredith nunca fue con Alexis. Cada mañana despierta a nuestro hijo con cosquillas, besos y pedorretas y tras cambiarle el pañal y darle el pecho vienen a despertarme a mí si aun estoy durmiendo, me levantan de la misma manera pero esta vez mi hijo le sigue el juego. Mientras Kate y yo desayunamos, aprovechando para hacernos arrumacos ^.^, él se queda en su parquecito tranquilo sin molestar y como recompensa, mi madre, Alexis, su nuevo novio, Jim, mi mujer y yo nos lo llevamos al parque, comemos juntos la mayoría de las veces y por la tarde le encanta dormir la siesta sobre el pecho de su madre y no hay manera de dejarlo en su cuna para poder disfrutar de tiempo para nosotros, porque en cuanto lo separamos de su madre llora y patalea lo que me provoca unos celos tremendos porque desde el mismísimo día en que el niño llegó a casa, su madre y yo no hemos hecho el amor. Toda nuestra atención la acapara él y me encanta, ha dado más alegría si cabe a nuestra pequeña familia pero un hombre tiene unas necesidades con su esposa…

Al salir de la consulta del médico me quedo parado frente a ellos, les saco una foto y sonrío embobado, entonces Kate dice: ¿Qué pasa Rick, tenemos monos en la cara?.

-No, es solo que estoy tan feliz de la familia que tú y yo hemos formado, te quiero.

-Siempre. – y nos damos un beso dulce y lento, en el que me demuestra todo el amor que siente y lo agradecida que está ella también por nuestra familia.