NOTA: para el siguiente capitulo Jaime ya tendra como once meses porque si no avanzo con él no puedo avanzar en la historia.
Estoy todavía en los brazos de Morfeo cuando noto pequeños golpes en el pecho, decido pasar de ellos y seguir durmiendo pero lo que en un principio eran golpes se tornan en besos por mi pecho, por mi cuello, por mis ojos y finalmente en mi boca, es mi musa, sin lugar a dudas, aunque no haya abierto los ojos lo se, es ella; así que continuo el beso y la atraigo hacia mí con lo que queda a horcajadas sobre mis piernas –Castle, no quiero hacer el amor, Rick, despierta, necesito hablar contigo- acto seguido vuelve a bajarse de mi regazo y cuando abro los ojos la encuentro nerviosa, pasándose la mano por el pelo, gesto que hace cuando está preocupada o cuando no quiere hacer algo pero sabe que tiene que hacerlo.
-Me parece que se lo que te pasa – cuando me mira con cara de pena, con sus preciosos ojos mirándome anhelantes de comprensión me derrite y me trasmite su pena – Estas triste porque no quieres irte a trabajar mañana, bueno hoy –digo mirando el despertador de su mesilla- porque no quieres separarte del pequeño ¿verdad?
-Sí –y se le quiebra la voz, y las lágrimas que había estado conteniendo salen y se abalanza contra mi pecho, la abrazo y espero a que se calme para poder consolarla –es muy duro Castle, no sabía que iba a ser así de difícil separarme de él, voy a pasar de no verlo a tener que verlo unas horas al volver del trabajo y para colmo tu ya no vas a estar trabajando conmigo, también me tengo que acostumbrar a eso.
-Eh, eh Kate, mírame. Vamos a hacer una cosa, cuando estés en el trabajo y sientas que echas muchísimo de menos a Jaime, o a mí –digo poniendo morritos, lo que enseguida la hace sonreir –me llamas y nosotros iremos corriendo, se que el niño solo tiene seis meses y que piensas que la comisaria no es un ambiente adecuado para él pero razona, va a estar en un sitio lleno de policías armados dispuestos a protegerlo, con los mimos de sus tíos y tías y van a ser solo unas horas para que así no sientas que lo vas a ver muy poco –cuando veo que se relaja, que sonríe incluso, continuo – además así yo os podre ayudar con algo del caso cuando estéis atascados porque seguro que os vais a atascar sin mis conocimientos.
-Oh sí, ya lo creo escritor.
-¿Sabes? Ya que me has despertado con lloriqueos podrías compensarme con un poco de amor –la cara de mi mujer cambia, en sus ojos, que se han oscurecido, se refleja pasión. Mira hacia el despertador de su mesilla y tras un "aún me quedan dos horas" hacemos el amor como solo ella y yo sabemos.
OOOOOO
-Bu –cuando aparte las manos de mi cara poniendo una cara graciosa, mi hijo reia a carcajadas y era el sonido más bonito del mundo, nunca me cansaría de escucharlo. Adoraba jugar con él y estaba deseando que creciese para que se interesase por los cuentos que le leo o para jugar con él al laser tags, este niño me había devuelto la juventud, los recuerdos de cuando era padre de Alexis. –Ahora Jaime vamos a cambiarte ese pañal y nos vamos a ir a la tienda de comics porque papi tiene que surtirse de las nuevas ediciones.
Mientras realizaba y cronometraba la ardua tarea de cambiarle el pañal a mi hijo, que no se estaba quieto y solo quería jugar, mi teléfono, en el salón, comenzó a sonar –Venga, Jaime, estate quieto y déjame que te cambie el pañal. –Para cuando el revoltoso miniCastle me dejó terminar de ponerle el pañal, el móvil había sonado tres veces. –Ven aquí colega, ¿sabes? Seguro que la que llamaba era mama porque te echa de menos y quiere que pasemos a verla pero ahora estará enfadada con papa por no cogerle el teléfono –Jaime ajeno a lo que estaba diciendo no dejaba de reírse y tocar mi barba.
Tres llamadas perdidas de Kate, mierda. –Hola cielo, sí, lo sé, perdón, tu hijo se ha puesto tonto y no se estaba quieto cuando le estaba cambiando el pañal, no he podido batir mi record. ¿Qué? Ah, sí, Jaime calla, ¿qué? Vale, enseguida vamos.
Vestí a mi hijo con una camisa blanca, un mono azul marino unos patucos deportivos y una boina que le había comprado mi madre, lo coloqué en la silleta con su peluche de Sulley de Monstruos S.A y nos encaminamos a la comisaría -¡VAMOS A VER A MAMA!
Al llegar todos los recuerdos vinieron a mi mente de golpe, la primera vez que había estado allí, cuantas cosas habían cambiado de golpe…Nada más salir del ascensor ese olor tan característico de mi comisaria, porque sí, sentía que formo parte de esta familia, me dibujó una enorme sonrisa en el rostro. Saqué a Jaime de la silleta y me acerqué a la mesa de Kate, ésta al vernos sonrió y se acercó corriendo pero para mi decepción primero besó y abrazo a Jaime y a mí me dio un casto beso en los labios.
Pasamos toda la mañana en comisaría y mi hijo pasaba de mano en mano pero él estaba impaciente porque los que lo cogieran fueran sus titos Espo y Ryan, que estaban en un interrogatorio y todavía no habían visto a su sobrino. Kate estaba sensible, cogía al niño cada dos por tres para sentir que no perdia el tiempo que podía estar con su hijo.
Estando en la sala de descanso se acercaron Javi y Kevin que ya sabían que estábamos aquí pero querían ir a por una cosa que tenían en el coche, tras besar al niño le entregaron un paquete a Kate que contenía un chaleco, un chaleco de policía en el que por delante se leía POLICE y por detrás WRITER.
-Vimos un chaleco mini, ideal para él y pedimos que escribieran las profesiones de sus padres para que os podáis echar una foto todos juntitos e igual vestidos –a Kate se le encendió la bombilla, fue al coche y cogió nuestros chalecos, le puso a Jaime el suyo y quedó guardada la foto para la posteridad.
