NOTA: este es un pequeño fic que me vino ayer por la noche, es bonito y familiar y que os guste.
-¡RICK, QUEREIS SALIR YA DEL AGUA! ¡JAIMIE SE VA A RESFRIAR!
Aunque estábamos en la segunda semana de Septiembre hacía un día muy bueno en Nueva York y aún mejor en los Hamptomps, donde decidí llevarme a mi familia a pasar el fin de semana. Llegamos el viernes por la tarde-noche, cenamos fuera, en el jardín, la comida que habíamos recogido de Remy´s antes de salir de Nueva York y justo después de cenar Kate cogió varias mantas y los tres, con Jaimie entre ambos, nos tumbamos a ver las estrellas pero mi hijo estaba más entusiasmado por el agua, nunca se había bañado en una bañera tan grande decía.
-Jajajaja, Jaimie cielo, eso no es una bañera, es el mar.
-¿Maaa?
-Sí, mar. Ahí viven peces, grandes y pequeños y pasan barcos, que son como casas en el mar. –Su madre estaba emocionada explicándole que era el mar pues desde que nuestro hijo había cumplido el año, hace ya un mes, estábamos deseando traerlo a la playa.
-Amos a maa
-No, cariño, de noche da mucho miedo. –Me miró con un amago de sonrisa, quizás recordando que a nosotros dos el mar nunca nos ha dado miedo de noche –Mejor venimos mañana a bañarnos vale?
-Ae
El niño se fue a la cama más tarde que nunca porque estábamos tan a gusto en el jardín, con la brisa azotándonos la cara y apretujados, dándonos calor. Estos momentos así, con los dos, bueno con los tres, no podía olvidar que Kate estaba embarazada, era lo que llenaba mi vida de magia, esto, el disfrutar de las pequeñas cosas, de los pequeños detalles, me lo había enseñado mi musa, con los años yo me he convertido en otro hombre, en uno mejor, gracias a Kate Beckett. Esa noche, en nuestra cama, se lo dije:
-Kate, antes en el jardín, bajo las estrellas, con Jaimie, contigo y con el bebe –esto último lo dije acariciando su tripita, que apenas se notaba – me he dado cuenta de las oportunidades que da la vida, de lo mucho que te cambia la vida una persona. Eres extraordinaria Kate y te quiero, te quiero con toda mi alma.
Y por toda respuesta mi musa dijo justo lo que yo esperaba oír. –SIEMPRE
Así que esa mañana de sábado con un sol abrasador, habíamos decidido cumplir nuestra promesa de llevar a Jaimie al agua. Primero paseamos por la orilla y el niño cuando sentía que el agua le rozaba sus pequeños pies se asustaba y salía corriendo pero cuando llegaba a la arena caliente, que lo quemaba volvía a correr a nuestro lado sin saber qué hacer. Cuando se acostumbró e incluso se divirtió sintiendo el agua en sus pies decidimos ponerle los manguitos y meternos con él en el agua.
-¿Jaimie, te gusta el agua? ¿Sí? –y cuando su madre le hizo esa pregunta el niño comenzó a llorar en mis brazos. –No, ¿no te gusta Jaimie? Si es como una bañera grande.
-Ia,ia,ia
-Dice que esta fría Kate. Dejamelo. Voy a moverme con él para que se le pase. –Cuando lo tuve en mis brazos ella se sumergió en el agua y como una diosa comenzó a nadar. Mi hijo asombrado por lo que había hecho su madre intentó meter la cabeza bajo el agua –eh eh, quieto. Ven vamos a nadar de otra manera.
-¿Anar?
-Nadar, James, nadar.
Lo cogí de los brazos y tiré de él, le dije que chapotease con sus pequeños pies y así nos tiramos, nadando y lanzándonos agua, y capuzándonos hasta que nos llamo su madre.
-¡LLEVAIS MUCHO EN EL AGUA! ¡VENGA, SALIR YA!
-Eres una aguafiestas .le dije ya fuera del agua- ¿verdad, colega? Dile a mama que es una aguafiestas.
-Auatestas
-Claro que sí mi amor –me quitó al niño de las manos y se fue a casa, sin ni siquiera pasarme la toalla.
*DING DONG*
-¡VOY! –fui a abrir la puerta y ahí estaban, mi niña, su novio y mi madre. Kate les había llamado para pasar el fin de semana con nosotros.
-¡Hola, papa! Vamos a cambiarnos de ropa y nos vamos a la piscina, que quiero bañarme con mi hermanito.
En cuanto Jameson la vio aparecer por la puerta salió corriendo tras ella para enseñarle las conchas que su madre y él habían cogido. Una vez cambiados todos nos fuimos a la piscina, con agua templada para que el niño no pasara frío. Alexis cogió una pelota y todos comenzamos a jugar al waterpolo con ella. Pasaron horas sin que nos diéramos cuenta, al salir todos estábamos arrugados, mi hijo parecía un niño viejo.
-¡PAPA, VAMOS A PASAR EL MEJOR FIN DE SEMANA EN FAMILIA DE NUESTRA VIDA!
-Amilia, sí.
