-¡CASTLE! ¿ESTAIS PREPARADOS? ¡DAOS PRISA QUE VAN A LLEGAR LOS INVITADOS!
-Jaimie, acabas de escuchar a tu madre, o dejas que te ponga la ropa o nos saca la pistola y nos mata.
-No mata mama, mama buena.
-Sí, cuando quiere. –El niño que estaba sentado en el centro de mi cama, desafiándome, no estaba por la labor de ponerse la ropa y faltaban quince minutos para que llegaran nuestros invitados así que me lance sobre la cama, con el traje puesto, y lo agarré entre mis brazos. Conseguí tumbarlo en la cama y meterle los mini-pantalones de vestir que le había regalado su abuelo. Pero la camisa fue más complicada porque el niño se escurrió de mis brazos y salió disparado hacia el salón, gritando y riendo. -¡JAIMESON JOHN ALEXANDER CASTLE, VEN AQUÍ AHORA MISMO!
Tras dos minutos esperando a que viniese y ver que iba a ser tarea imposible salí al salón –Woaw –mi mujer, vestida con un elegante y corto vestido rojo apretado y unos tacones negros, estaba agachada intentando ponerle la camisa a mi hijo que seguía resistiéndose, yo en cambio no pude resistirme y me dirigí hacia el sofá me coloqué sobre su espalda apoyando mi entrepierna abultada sobre su trasero y susurrándole al oído: "me muero por desenvolver mi regalo de Navidad"- soltó las manos del niño quien salió corriendo con la camisa abierta a su rincón de los juguetes y se giró hacia mí también susurrándome: "¿y si te digo que no llevo nada debajo?" –Tragué saliva y me dirigí hacia el rincón con mi hijo para abrocharle la camisa y relajarme porque en esos momentos deseaba que nunca hubiésemos dicho nada de dar una fiesta en Nochebuena.
Diez minutos después con el niño perfectamente vestido y peinado y todos relajados y alegres abrimos la puerta a los primeros invitados que eran la familia Ryan, Kevin, Sarah Grace y una Jenny de cinco meses que se lanzó rápidamente a hablar con Kate sobre embarazos y bebes mientras nosotros no sentamos en la isla de la cocina esperando, con un buen whisky, a los siguientes invitados. Primero llegaron mi madre y Alexis y antes de que la puerta se cerrara un sonriente Jim entraba en la casa, los últimos en llegar fueron Lanie y Esposito que traían el postre favorito de Lanie y cervezas por si, según Espo, faltaban.
Tras media hora de reunión en el sofá, charlando y contando viejas anécdotas, nos sentamos todos a la mesa y Alexis junto con Kate sirvieron la deliciosa comida (pavo relleno con la receta especial de Jim, los ravioli que mejor me salían, un típico plato irlandés de patata por cortesía de Kevin Ryan y los deliciosos postres de Lanie y Kate). Estando en el postre, Lanie se levantó, carraspeo y alzó su copa de champán:
-¿puedo decir algo? –tras un "adelante" dijo: Tengo algo que enseñaros –y alzando su mano y mirando a Javier con ojos de enamorada mostró el precioso anillo de compromiso que brillaba en su dedo.
Kate se levantó ruidosamente- ¡NO, NO, NO PUEDE SER! –se precipitó a abrazar a su amiga y nosotros a Javi y fue entonces cuando mi madre se levantó y dijo:
-Yo también quiero decir algo hijo. Hace unos meses hice una audición para una película en la que hago de viuda y madre de tres jóvenes solteras que quiere enseñarles a sus hijas la verdad del amor, quiere ayudarlas a encontrar el amor verdadero y a ser felices. Me han cogido.
-OH, ¡eso es fantástico madre!
-Sí…el problema es que el rodaje dura cuatro meses y es en Canadá. Y no solo eso, tras el lanzamiento de la película me tendré que embarcar en un tour para promocionarla en festivales y fiestas, quizás incluso por Europa – trataba de mostrar tristeza y pesadumbre pero no lo conseguía pues ese había sido su sueño, un sueño que yo una vez arruiné.
-Madre, te echaremos de menos, muchísimo, sobre todo Jaimie que no puede dejar de ver a su abuela pero es una gran oportunidad para ti. Aunque si espero que encuentres un hueco para venir al parto de Kate.
-Por supuesto querido, no me perdería el nacimiento de mi nieta por nada del mundo.
Y fue entonces cuando Jenny se levantó y anunció delante de todos: Kevin y yo estamos esperando gemelos. Lo sabemos desde hace dos semanas que fuimos a la ultima eco, no queríamos decíroslo hasta que estuviéramos en una ocasión especial y esta lo es.
Todos prorrumpimos en aplausos y besos para los futuros papas que no sabían la que se les avecinaba encima con tres bebes en casa. Entonces Kate fue la que se levantó y dijo:
-Rick y yo nos vamos a mudar, la casa se nos hace poco familiar, cuando éramos nosotros dos solos era la mejor casa del mundo pero ahora que vamos a ser cuatro queremos una casa más familiar, no muy lejos de aquí para que me pille cerca del trabajo.
-Oh, ¡eso es fantástico Katie, podríais veniros a la urbanización que hay junto a mi casa así mi nieto y yo podemos ir a jugar al beisbol al parque de al lado todas las mañanas. ¡Fantástico!
Fue una velada de sorpresas, Sarah y Jaimie que se habían entretenido dibujando en la mesa del salón nos repartieron dibujos para todos y después de acostarlos a ambos en la cama de Jaimie decidimos echarnos unas partidas de póker como en los viejos tiempos dejando vacía la silla de Roy.
-Mami…
Sarah Grace bajo las escaleras con su mantita en la mano y frotando sus pequeños ojos, quería irse a casa, a su cama así que decidimos que era hora de terminar la fiesta.
-Adiós chicos, gracias por venir. Adiós Sarah, que duermas bien.
-Tenemos que dejar los regalos de Jaimie en el árbol para cuando mañana se despierta lo abramos con él y después quiero destapar mi regalo en la cama. –le dije a mi preciosa mujer tras cerrar la puerta.
Fuimos corriendo al armario de la entrada donde estaban guardados todos los paquetes para el niño y los pusimos junto al árbol, cuando Kate estaba despistada coloqué el suyo muy escondido entre los del niño para que no lo notara.
Estaba tumbado en la cama cuando Kate apareció todavía vestida con su precioso vestido rojo, cuando me miró a los ojos sonrío y se subió a la cama, se acercó a mi despacio, colocó cada una de sus piernas a cada lado de las mías y comenzó a besar mi cuello, me mordió el lóbulo de la oreja para después besar mis labios con pasión. Nos quedamos así, probando uno el sabor de la otra y viceversa. Cuando el aliento nos faltó y nos separamos mis manos se posaron justo donde terminaba su vestido, sospechosamente cerca de su trasero y fui subiendo lentamente para comprobar que efectivamente no me había mentido cuando dijo que no llevaba nada debajo. Cuando quedo desnuda ante mí comencé a disfrutar de las curvas de su cuerpo, de su pequeña cintura de avispa, de su abultado vientre que me dediqué a besar con la mayor ternura que jamás ha salido de mí, cuando llegué a su cuello aspiré su delicioso aroma a cerezas y me deleite besándolo pero mi musa se impacientaba y quería desnudarme a mí así que cambiamos de posiciones quedando ella debajo y así tuvo más facilidad para desabrocharme los botones y mientras besaba mi pecho sus manos desataban el cinturón y me quitaban el pantalón que oprimía mi imponente erección.
-Rick…-y no le hizo faltar terminar la frase porque ambos pensábamos lo mismo en esos momentos. Cuando estuve dentro de ella sentí los labios de su clítoris contraerse y me excite aún más, aumente el ritmo de mis embestidas hasta escucharla gritar, cuando la vi disfrutar de placer sonreí y ella lo hizo también porque sabía que mi ego se hinchaba aún más cada vez que lograba sacarle un orgasmo, era el mayor disfrute d emi vida.
Unos minutos más tarde mientras yo le daba un masaje a Kate, ésta, antes de quedarse dormida, me dijo:
-Rick, ha sido la mejor velada de mi vida y por primera vez en mucho tiempo estoy deseando que llegue enero para poder disfrutar de nuestra nueva casa. Eres lo más importante de mi vida, también Jaimie claro, pero nunca nunca jamás podre sacarte de mi corazón. Te quiero.
-Siempre. –con esa promesa y tras un tierno beso en la sien ambos nos quedamos dormidos abrazados bajo las sabanas.
