NOTA: FELIZ SANTO VITORIA MIA! TE QUIERO MUCHO Y GRACIAS POR AMAR ESTA HISTO Y A SUS PERSONAJES. MI REGALO PARA TI.

-¡APÁ, NARDIN!¡NARDIN, MAMÁ!

Solo hacía dos días que habíamos terminado con la mudanza en la nueva casa, un precioso chalé de dos plantas y sótano. La primera planta era muy espaciosa, la cocina estaba abierta al comedor el cual daba acceso mediante arcos a un salón muy luminoso con una gran puerta de acceso al jardín trasero, además había un baño y una habitación que había convertido en despacho, tres de las cuatro paredes de ésta estaban ocupadas por inmensas estanterías con todos mis libros excepto una repisa con fotos familiares, la otra pared y de cara a la puerta contaba con mi viejo escritorio y todas las cosas de mi antiguo despacho.

La segunda planta tenía cuatro habitaciones, la más grande con baño propio era la nuestra y la de al lado pintada exactamente igual que en el loft se encontraba la habitación de Jaimie. Frente a nuestra habitación, en un rosa clarito con las princesas Disney en una de las paredes y equipada con la cuna, el cambiador, los juguetes y los armarios estaba la habitación de la niña. Junto a ésta un baño y la habitación de invitados. Había una pequeña habitación de no menos de 4 m cuadrados que la vendedora nos había dicho que era ideal para guardar la ropa de cama y las mantas de invierno así que eso hicimos.

Para el sótano teníamos grandes expectativas, era muy amplio y tenía la habitación de la caldera y otra habitación totalmente aislada de la humedad lista para ser usada, aún pensábamos que uso darle, pero sin duda el espacio preferido de nuestro hijo era el jardín, en estos momentos ligeramente nevado. Desde que llegamos quería estar en el jardín con nosotros pero no teníamos tiempo así que mandábamos al niño al parque con Jim para que nosotros pudiéramos estar tranquilos ordenando y limpiando.

Pero la mudanza había terminado y creimos que era momento de disfrutar con el niño en el jardín, nos pusimos los abrigos y los guantes y los tres juntos nos tumbamos en el centro e hicimos ángeles en la nieve, un muñeco de nieve, sacamos el trineo y lo paseamos por todo el jardín e incluso Kate accedió a que el niño y yo le tirásemos bolas de nieve aunque ella por alguna inexplicable razón solo me las tiraba a mí. Fue una mañana intensa que nos dejó agotados así que dormimos la siesta los tres juntos en nuestra preciosa cama hasta las siete de la tarde cuando tuvimos que empezar a arreglarnos porque esa noche dábamos la fiesta de inauguración de la nueva casa y venían todos nuestros amigos. Fue una velada agradable, llena de risas y amor y nuestro hijo le enseñó a todo el mundo el precioso muñeco de nieve que sus papas y él habían hecho.

Eran pasadas las doce cuando todos se habían ido y vi como mi hijo, sentado en el sofá con su mantita se frotaba sus ojitos azules, rojos de cansancio. Kate subió a acostarlo mientras yo elegía un cuento pues el niño era incapaz de dormir sin que yo se lo leyese.

Cuando llegué el niño estaba impaciente, apoyado en el pecho de su madre y aguardando para que empezara la historia, me senté en la mecedora junto a su cama y al lado del osito de peluche gigantesco que le habían regalado sus titos y comencé. Cuando el caballero todavía no se había enfrentado al dragón, más o menos al principio del cueto mi hijo ya se había quedado profundamente dormido, Kate le besó la cabeza y se fue porque sabía que a mi siempre me gustaba arropar al pequeño y encenderle la luz en forma de Mickey para que no tuviera miedo en la oscuridad.

-Ya se ha dormido – dije al entrar en la habitación. –Estaba tan cansad..

Mi boca se descolgó nada más ver a Kate sentada al borde de la cama en lencería y msi partes bajas admiraron su semidesnuded.

-Tenemos que estrenar la cama nueva, ¿no? –a pesar de estar embarazada de seis meses, de que su enorme barriga ocupara casi todo su cuerpo, era la mujer más maravillosa que jamás hubiese visto. Rápidamente me quité la ropa y me lancé a la cama subiéndose ella sobre mí, salvajemente, sin ningún rastro de inocencia, con los ojos verdes oscurecidos por la pasión. Me hizo el amor con más pasión si cabe y éramos tan insaciables que tuvimos que probarnos el uno al otro otras tres veces más para quedar satisfechos. Únicamente después de esas cuatro veces nos quedamos dormidos, con nuestras manos entrelazadas y deseosos de comenzar nuevos y maravillosos recuerdos en esta casa.