Rick, eh Rick, ¿estás despierto? –una mano me tocó la espalda pero mis ojos se negaban a abrirse y mi cuerpo no quería responder así que seguí durmiendo –Rick, despierta –volvieron a tocarme la espalda y esta vez reaccioné, me giré para el lado contrario al de Kate –Rick, vámonos a la ducha, quiero sexo. –Me levanté de un salto al oír la última frase de mi musa y la miré para ver si lo decía en serio y ella también se había levantado así que dejamos a Jaimie durmiendo en nuestra cama y nos fuimos al baño.

-Dentro, Rick, dentro –una vez dentro me giré para dejar un poco de espacio en la ducha y pronto un chorro de agua helada me reboto en la cabeza y por todo el cuerpo para cuando me giré para pillar a Kate, ésta ya salía por la puerta del baño, riéndose y murmurando "eso por la vergüenza que me has hecho pasar antes".

-¡KATE, ABREME LA PUERTA! ¡ME VOY A HELAR AQUÍ DENTRO! ¡ABRE!

Pero desistí en el intento de intentar abrir la puerta así que espere y según el reloj del baño pasaron dos horas, dos horas en las que estuve helado y desnudo y cuál fue mi sorpresa cuando mi hijo abre la puerta y vuelve a preguntar : ¿papi, que haces desnudo?

-Jaimie, tu mama es muy graciosa y ha querido jugar a un juego, me ha quitado la ropa y me ha encerrado en el baño, como el escondite, pero de adultos.

Tras un encogimiento de hombros el niño se marcho con su oso de peluche a las escaleras, tras ponerme los calzoncillos y una bata seguí a mi bebe escaleras abajo. En la cocina Kate le daba el desayuno a Johanna, que berreaba por no querer comerse la comida y tenía mucho sueño. Cogí mi desayuno y lo serví en una bandeja, salí al jardín y en la mesa del porche desayune haciendo notar mi enfado ante Kate.

Unos brazos me rodearon los hombros –oye Rick, ¿te has enfadado? –su tono no parecía de sorpresa o asombro sino más bien de compasión. Bajo las manos hasta mi bajo vientre y las dejó ahí mientras apoyaba su cabeza en la mía. Normalmente me habría encantado estar así con mi mujer pero en estos momentos, enfadado y helado no me parecía la mejor opción. Respondí con un seco 'Sí' y seguí desayunando, para cuando volví a la cocina Kate se había marchado a trabajar y Johanna jugaba con sus juguetes.

-Colega, ¿qué haces?

-Un dibujo para el cole

-Y ¿qué tienes que dibujar?

-Cosas que pasan en casa. Mira, Johanna con mamá tomando el biberón, tú jugando conmigo a los lasertags, el abuelo jugando conmigo al beisbol, la abuela haciéndonos una actuación mientras Alexis me abraza y la ultima somos mama, tú y yo en la cama, durmiendo abrazados.

-Ah ¡qué bien mi vida!

Lo dejé a él dibujando y yo me acerqué a la pequeña de la casa, una mini-Kate en estado puro, ojos verdes que cada día adquirían más un tono avellana, hoyuelos preciosos en esa perfecta sonrisa y, aunque el pelo marrón oscuro lo había heredado de mí, los rizos eran de su madre. También había heredado de ella su figura, la niña era esbelta y con unas curvas que con apenas dos años eran cada vez más prominentes. Para mí, un padre orgulloso y enamorado de su hija, Johanna es un ángel caído del cielo.

-Hola, peque, ¿qué haces?

-Tutah

-Ah, y ¿con que juegas?

-dudes

-Ah –a pesar de mis esfuerzos no había conseguido que la niña dijera más palabra coherente que papa y mama. Palabras como 'tutah' o 'tatua' se pueden entender pues ,al menos para mí, significan jugar y agua pero otras como 'dudes' o ''tinchat' eran incomprensibles. Mi experiencia enseñando a hablar a mis hijos había sido de lo más satisfactoria. Alexis había pronunciado como primeras palabras la estructura narrativa al completo y Jaimie con apenas un año sabía pronunciar más de diez palabras correctamente pero algo fallaba en la niña. Así que volví a intentarlo:

-Mira Jo, esto son muñecas

-cas

-sí, muñecas y esto, esto es un bebe

-be

-No, a ver, no repitas las ultimas silabas cielo, di, mu-ñe-cas

-ecas

-¡SÍ! Casi lo consigues, mu-ñe-cas

-Ecas

-bueno, vale, lo dejamos así, ahora esto qué es Johanna, ¿qué es esto?

-Ecas

La cogí y la levante en el aire, le di vueltas y vueltas pero de repente escuché un golpe, un ¡PLOM! Muy fuerte. Dejé a la niña en el sofá y me dirigí al vestíbulo, Jaimie tenía una mano sobre la nariz, aparentemente rota y la otra mano en una postura fuera de lo normal, él sollozaba y se retorcía de dolor.

-Papi..papi…

-¡Jaimie,¡¿qué ha pasado?! ¡¿ESTÁS BIEN HIJO?!

-Me cadido de la escalera.

-¡¿Cómo!? Pero si tú ya sabes subir solito las escaleras, además ya te dije que si no te acordaras subieras como los perritos, a cuatro patas.

-He saltado de la barantilla.

-¡MADRE MÍA, ¿TE DUELE MUCHO COLEGA?

-Sí.

Reaccione deprisa, subí a mi habitación cogí el abrigo y las llaves del coche y la cartera donde llevaba las tarjetas sanitarias de los niños también recogí el abrigo de Jiamie y el de Johanna.

-Vale campeón, ¿puedes levantarte? –cuando se incorporó todavía le sangraba la nariz, lo cogí en brazos poniéndole con delicadeza la mano sobre mi hombro para que no la tuviera que mover y lo llevé al garaje, sentado en su sillita le puse un cojín de los que teníamos para cuando Kate está embarazada, para sus dolores de espalda, y apoyó ahí la mano. Para la nariz cogí del botiquín unas gasas y las coloqué con espadatrapo pero no pude hacer mucho, no soy médico.

-Papa, te dejas a Jo

Salí zumbando al sofá cogí a mi hija le puse el abrigo y la monte en el coche, salí a toda pastilla o al menos lo más rápido que me permitía el tráfico hacia el hospital más cercano, aparqué en urgencias y entré en la sala, cuál fue mi decepción cuando observé que la cola daba la vuelta a la sala.

-Tenemos que esperar un rato chicos, aguanta colega.

MEDIA HORA MÁS TARDE

El teléfono de Kate daba comunicando y al menos la había llamado treinta veces en esa media hora pero tuve que dejar de llamarla cuando llegamos al mostrador, Jaimie estaba pálido y sudoroso y lloraba sin parar aunque dudaba que le siguiera quedando agua en el cuerpo.

-Hola, necesito que atiendan a mi hijo rápidamente, se ha caído de las escaleras y se ha roto la nariz y parece que también la mano.

-Vale, ¿cómo se llama?

-Jameson Castle

-Jameson John Alexander Castle, usted debe ser su padre Richard Castle, bien, ¿la tarjeta sanitaria del pequeño?

-Ah, sí, sí, está…-rebusque en mis bolsillos y por fin la encontré – aquí.

-Bien, el pediatra lo atenderá en apenas diez minutos.

-Papi…me duele mucho –mi hijo comenzó a poner los ojos en blanco y justo en ese momento mi teléfono empezó a vibrar –Castle

-Rick, veo que estas desesperado por pedirme perdón ¿no?

-Pues no Kate, no es eso, Jaimie estaba jugando en las escaleras y ha decidido ser un superhéroe y al subirse a la barandilla se ha caído, estamos en urgencias.

-¡¿QUÉ!? ¡SE PUEDE SABER PORQUE HAS TARDADO TANTO EN DECIRMELO!

-Kate, te he llamado treinta veces y salía el contestador, ¿Qué querías que hiciera? Que fuera a la comisaria en lugar de a urgencias.

-Sí, es verdad, eh…¿lo han atendido? ¿qué tiene? Voy ahora mismo para allá –tapó el auricular y escuche entre murmullos la conversación de Kate y de Espo- en siez minutos estoy allí.

-Va..le –no pude terminar la última frase, Kate me había colgado antes de darme tiempo a despedirme.

'JAMESON CASTLE, sala 2' dijeron cinco minutos después de hablar con Kate

Cogí a la niña en brazos y me coloqué a Jaimie en la espalda sujetándolo con la mano libre. Una vez dentro de la sala del doctor, éste me dijo que sentara a Jaimie en la camilla y que relatase lo sucedido.

-Pues… -la puerta se cerró de un portazo y Kate se precipitó a la camilla a abrazar al niño- esta es mi mujer doctor. A ver, deje al niño pintando en la cocina y mientras me dirigí al salón donde estaba esta pequeñaja jugando a las muñecas y puesto que no sabe hablar todavía, aunque tiene dos años, me dispuse a enseñarle y cuando conseguí que casi pronunciara perfectamente la palabra muñecas escuché un fuerte golpe en el recibidor. Mi hijo estaba tirado en el suelo, sangrando por la nariz y con la mano en una posición extraña. Me asusté, él me dijo que se había caído de la barantilla así que viendo que la hemorragia no paraba lo traje derechito hasta aquí pero desde hace quince minutos le ha bajado la hinchazón de la nariz.

-Vale, bonita historia señor Castle. Señora, ¿me deja oscultar a su hijo? –P. Parson, así se llamaba el doctor, revisó la nariz del niño al igual que su muñeca y tras varios minutos anunció –parece que si está fracturada pero me lo voy a llevar para una radiografía, ¿están de acuerdo?

-Sí –dijimos Kate y yo al unísono

Viendo que su hermano se iba con el doctor Johanna comenzó a llorar llamándolo 'Ja,Ja' –tu hermano viene enseguida Jo, tranquila. Enseguida viene.

Sin embargo tardaron más de media hora en hacerle la radiografía, aproveché para llamar a mi madre y Kate a su padre quienes se ofrecieron a pasarse esa tarde por la casa para animar al niño. Cuando volvió Jaimie llevaba vendada la nariz y se agarraba la mano –Bien, señores Castle, la muñeca del niño está fracturada no totalmente rota así que voy a colocarle una venda, no una escayola, sin embargo lo que lleva en la nariz si que es escayola, por supuesto le permite respirar y no es muy incómoda. Lo que quiero que hagan es que pongan su mano en agua fría a media tarde hasta dentro de seis días cuando volverán a mi consulta para revisar al pequeño. En cuanto a la escayola de la nariz deberá llevarla dos semanas porque de lo contrario puede que se le quede deformada y Jiamie es tan guapo como su madre y no queremos eso.

Esa tarde el niño fue el centro de atención de toda la casa, sus abuelos y su hermana lo colmaron a besos y abrazos y jugaron con él por supuesto con la mano buena y cuando ya se fueron todos me ofrecí a bañar y acostar a los niños mientras Kate terminaba varios informes.

-¡PAPA, METETE CON NOSOTROS! ¡MAMA LO HACE! –me desnude y me mete en la bañera que afortunadamente era lo suficientemente grande para los tres, senté a Johanna entre mis piernas y Jaimie se sentó frente a nosotros, nos hicimos bigotes de espuma, le pusimos una película de espuma a Johanna y jugamos con los patitos. –Papi, voy a ser el mejor de mi clase porque ninguno lleva una cayola en la nariz. –Se dice escayola Jaimie, no cayola.

-Es-cayola. Vale. Papa, antes de acostarno teno que enseñaros mi dibujos.

-Vale cielo pero vamos a aclararnos y nos secamos que nos vamos a arrugar.

Después de aclararnos saqué a cada uno de mis hijos y los sequé con una toalla, les puse el pijama y los calcetines pero antes de dirigirme a su habitación me dice:

-¡PAPA, NOS TIENES QUE SECAR EL PELO! AQUÍ –el niño se paró en mi habitación y se tumbó boca arriba en la cama dejando caer el pelo, ya largo, hacia abajo y lo mismo hizo su hermana.

-Esto…esperad. –Baje al salón donde Kate estaba en el sofá trabajando –Mi amor, acabo de bañar a los niños, ¿les secas el pelo y cuando termines voy yo a acostarlos?

-Vale.

Cruzó la habitación sin mirarme. Y quince minutos después me llamó para que subiera porque el niño quería contarnos lo que decían sus dibujos. Acostamos a Johanna y lo escuchamos:

Estos somos mi papa y yo jugando a los láser, estas son mi mama y mi hermanita que las dos son las más guapas del mundo, aquí etamos mi abuelito Jim y yo jugando al beisbol y aquí mi abuela haciendo teato para nosotros, esta pelirroja es mi tata Alexis que tene 24 años. Y aquí estamos mi mama, mi papa y yo dumiendo en la cama de mis papas, ellos no tienen ropa porque tenían calor pero yo sí porque tenía fio .

Mis ojos se abrieron de par en par y miraron alternativamente a Kate y a mi hijo. –Jaimie, eso ultimo que has dicho no lo puedes decir porque es privado, tu dices que estábamos durmiendo y ya esta y luego les cuentas como papa te quita siempre a los monstos de la cama, ¿vale?

Para cuando lo acostamos el niño parecía convencido de que no debía contar nada.

-Dios, que vergüenza he pasado. ¿Crees que lo va a contar mañana?

-No creo, parecía bastante convencido.

-mm, y ¿tú? ¿me vas a pedir perdón por hacerme pasar vergüenza anoche y por ser un insaciable?

-Te pediré perdón por la vergüenza solo si tu me lo pides por lo del baño. Además no me puedes echar todas las culpas a mi porque te recuerdo que siempre has sido una insaciable en lo que al sexo respecta.

-¿Perdona? Pero te recuerdo que yo no fui la que anoche vine pidiendo sexo.

-Ya, pero tampoco replicaste ninguna de las cinco veces.

-El caso es que tenemos que tener cuidado porque esto puede causarle un trauma a nuestros hijos y lo sabes.

-Sí, porque como vuelva a escuchar un '¿por qué estais desnudos?' me tiro por la ventana.

-Vale, pues te perdono pero no hay sexo mientras los niños estén en casa, cuando se vayan con los chicos o con sus abuelos entonces podemos ser insaciables todo lo que queramos, ¿de acuerdo?

-Vale. Te quiero

-Y yo – y se acerco a mis labios, me dio un suave beso en los labios y se acurrucó para dormir en mi pecho.