Sé que me he tardado años en actualizar pero yo jamás dejo un fic inconcluso, así que disfruta u ódialo lo que prefieras. Y siento no haber podido enviar mi fanfic para el reto pero tuve ciertos imprevistos. Por cierto ya vi la peli TMI Ciudad de Hueso esta shjhgwiygf . ¿Ya escucharon la canción Heart By Heart de Demi Lovato? Esta genial la ponen en el beso del invernadero.
Capítulo 2
Clary se despertó con dolor de cabeza, pero el solo recuerdo de ayer; hizo que repentinamente se le subiera el ánimo, hoy estaban citados a las 6:30. De hecho ayer también habían tenido su encuentro a la misma hora y por alguna razón quería verse bien, pero no era una cita, realmente. Bueno ellos no sabían en qué consistía su relación de cualquier manera todo había empezado solo ayer; no era gran cosa, quería pensar Clary.
Se puso una blusa hueso de encaje y unos jeans que Isabelle le había prestado que cortaban la circulación. Bajó por las escaleras y vio a su madre y Luke observando un folleto sobre agencias de viajes. Seguramente estaban viendo a donde irían de luna de miel.
-¿Mamá?- dijo Clary intentando atraer su atención; pero estaba muy enfocada discutiendo con Luke acerca de que ella no se subiría jamás en la vida a un barco. Rodó los ojos.- ¡Mamá! Voy a ir al instituto regreso como a eso de las 9:00. Adiós.
-¿Por qué vas tan temprano? Apenas son las 4:00.- le preguntó Jocelyn con preocupación. Clary se había convertido en una cazadora de sombras nata pero todavía tenía mucho que aprender y cualquiera que la reconociera podría resultar peligroso. Todo el Submundo sabía acerca de los hijos Morgenstern y sus peculiares poderes. Sobretodo Clary.
Porque quiero ver a Alec todo el tiempo que pueda, pensó con entusiasmo.
-Porque… sí. Mamá, tranquila no me pasara nada, ¿sí? De todas maneras solo estaré en la habitación de Isabelle probándonos ropa y hablando de chicos. Bueno, adiós.- vio que Jocelyn iba a replicar y antes de que lo hiciera cerró la puerta y salió a una velocidad impresionante.
Se dirigió al instituto de Nueva York, que quedaba un poco lejos. Tenía que alzar la cabeza para ver la terminación de esa gran iglesia. Fue a la entrada y musitó el juramento Nephilim para que pudiera entrar. Las velas estaban prendidas lo que significaba que había gente en casa. Fue directamente al dormitorio de Izzy para hacer tiempo en lo que daban las seis treinta y aparte de que ir a la de Jace suponía incomodidad por ambas partes. Ella seguía sin creer como él le había pedido "tiempo"
Tocó la puerta y oyó que una voz femenina decía "adelante" Abrió la puerta y vio a una chica con cabello negro noche, sentada observando dos vestidos. Ese mismo cabello le producía una serie de estremecimientos internos muy preocupantes.
-Hey Clary.-Tienes que probarte este vestido nuevo, lo compré pensando en ti.- se le quedo mirando a Clary expectante, y ella no sabía por qué- Este es el momento en el que dices "Wow, gracias Izzy, eres la mejor amiga más espectacular del universo"- imitó la voz de la pelirroja más aguda de lo normal en la última parte.
-¡Oh, lo siento!- se aclaró la garganta como si fuera a decir un discurso de importancia mundial y procedió a decirlo con tono solemne.- Eres la persona más maravillosa, asombrosa, fabulosa, perfecta e increíble que conocí, conozco y conoceré en toda mi existencia, Isabelle Sophia Lightwood. Cualquiera que diga lo contrario será calificado como algo inaudito.
-Eso quería oír.- Isabelle parecía complacida y estaba segura de que su ego había aumentado un 20%. De repente se oyó un bramido estruendoso y muy furioso.
-¡Isabelle!- Era Maryse y no se oía nada feliz.- ¡Isabelle!- Izzy rodó los ojos- ¡ISABELLE SOPHIA LIGHTWOOD TRUEBLOOD! (N/A: Para los que no lo sepan este es el nombre completo de Isabelle, en el libro de Princesa Mecánica viene el árbol genealógico de Los Carstairs, Herondales y Lightwoods)
-¡Por el Ángel, madre! ¿Qué sucede contigo?- gritaba mientras salía de la habitación y le señalaba con una mirada de muerte que se probara el vestido.
Clary bufó. Se quitó los zapatos, los jeans y por último la blusa quedando en ropa interior, justo cuando se aproximaba por el vestido se escucharon pisadas sonoras acercándose y la puerta se abrió dejando a la vista una figura masculina de ojos azules.
Alec.
-Izzy, ¿sabes dónde está mi…- pero se cortó repentinamente al levantar la vista y observar a la hermosa pelirroja en paños menores. Clary solo usaba sujetador y bragas blancas y no podía verse más malditamente provocativa. Estaba boquiabierto, totalmente shockeado, al igual que ella; pero ninguno se sonrojó o sintió vergüenza. De hecho cuando estaban juntos jamás sentían pena, se sentía tan normal, tan familiar.
Una fuerza invisible los empujaba hacia el otro, se acercaban lentamente hasta que no hubo un centímetro de distancia. Posó sus manos en los costados desnudos de ella y los acarició como si fueran sagrados. Ella asimismo le tocó el cabello oscuro igual al de su hermana y rozaba las Marcas de su cuello. Los dos estaban emocionados con el nuevo pasatiempo que habían adoptado. Y les gustaba, no podían negarlo. Esto era más que solo caricias amistosas, se había convertido en algo mucho más fuerte y poderoso. El deseo carnal. Eran todo sensaciones, ese sentir electrizante que recorría las arterias hasta las plantas de los pies y viceversa. El jadeo constante de los pulmones y el congelamiento de las venas calientes. El zumbido enloquecedor de la pasión agolpándose en tu estómago. Y esa vocecita en tu cerebro que exigía algo más.
Aproximó sus dedos a su cabello, apartándoselo para besar la hondonada de la oreja.
-Eres tan hermosa, Clay.- ¿Clay? ¿Acaso era su nuevo apodo para ella? Y si era así le fascinó, se sentía tan íntimo, tan de ellos.
Entonces se percató hacia donde se dirigía su mano, estaba en la parte posterior del cuello, descendiendo peligrosamente por los omoplatos y luego por la espina dorsal capturando el prendedor del sujetador blanco y quitó uno de los tres. Como un acto reflejo se tensó, ni siquiera Jace había llegado a quitar uno solo de los broches.
-Tranquila, mi Clay, eres la mujer más perfecta que he visto.
Y quitó el segundo.
Clary hasta ahora se daba cuenta del inmenso poder de la lujuria. Solo quedaba uno para que esa prenda desapareciera. Todo se había evaporado como niebla; ya no existía Jace, ni Jonathan, ni el hecho de que el parabatai de su novio estaba quitándole la ropa en la habitación de la hermana de él y la mejor amiga de ella. Solo estaban ella y él. Clary y Alec.
Pero no era lo único que estaba sucediendo, Alec estaba acercándose al rostro de ella; podía olfatear su olor mentolado y varonil, su aliento cálido llegándole como bruma de la mañana o como el aire puro y espeso de las montañas. Fijó sus ojos en los labios de él y cerró los ojos, expectante a lo que sabía que pasaría y anhelaba. Su sujetador iba aflojando la presión en su tersa piel y las copas se aligeraban mostrando más de lo debido pero tampoco descubriendo ninguna parte prohibida. Sintió las manos del chico en el último prendedor, la superficie suave y dulce de su labio inferior que solo estaba a un milímetro de distancia, la respiración acompasada con la suya, el ligero toque de la punta de su recta nariz y la ternura de sus pestañas ligeras como el revoloteo de una mariposa emprendiendo su vuelo .
La burbuja estalló con los gritos frustrados de Isabelle llegando del ascensor. Los dos se separaron y se miraron con cara de horror al darse cuenta de lo que estaban a punto de hacer de no ser por la intervención de Isabelle, él le ayudó a abrochar los prendedores y rápidamente se puso el vestido mientras Alec se dirigía a la puerta y paró en seco.
-Clay.- la llamó por su nuevo nombre, Clary volteó.-Nos vemos en el tercer piso.
Ella limitase a asentir. Y él le besó la comisura de la boca.
-Hasta entonces, mi Clay.- y salió como un rayo por la puerta.
-Regresé- anunció Izzy entrando y ocasionando una sacudida de sobresalto por parte de la pelirroja.-¿Estas bien?- le preguntó perpleja. Clary estaba muy pálida, mucho más de su tono habitual. Y eso era decir mucho.
-Nunca he estado mejor, Iz.- contestó con sinceridad.
-Okayy.- dijo ante la firmeza con que lo decía.-Te queda perfecto, y tengo mucha ropa que te quedaría genial.-dando saltitos de emoción.
-Mmhh.-y lo último que vio Clary es como la ropa de Isabelle le caía encima.
A las 6:26
-¡Isabelle! Déjame ir.- demandaba mientras intentaba sujetarse lo más fuerte que podía a la cerradura de la puerta e Izzy la jalaba del otro brazo.
-¡No! Solo un minuto más.- pedía como una niñita a la que no le quieren comprar un juguete. Clary no podía quedarse, faltaban solo unos minutos. Y no quería llegar tarde. La única manera de librarse de Isabelle, era haciendo un negocio.
-Izzy, hagamos un trato.- ahora Isabelle sí que prestaba atención. Vio como le brillaban los ojos como una gran negociadora al acecho de su próximo cliente.- Si me dejas ir ahora, yo vendré mañana contigo y haremos todo lo que tú quieras por el resto del día.- sabía que se estaba condenando pero no había otra salida.
-Sin protestar, y yo elegiré tu ropa cuando salgamos de compras.- ¿¡Que!? Esto es una estafa, pensó Clary.
-Bien, es un trato, Sophia.- aceptó entre dientes, Izzy gruñó, Clary sabía lo mucho que le molestaba que la llamaran Sophia al igual que a ella le molestaba Adele. Isabelle la soltó y procedió a tomar un esmalte de uñas color rosa neón. Clary salió corriendo y llegó al ascensor, oprimiendo los botones como loca. El ascensor se abrió. Y vio a la última persona que esperaba ver.
Jace. Pero no estaba solo. Había una chica, era cazadora de sombras, se le podían ver sus Marcas, estaba junto a él y lo abrazaba y le daba besos en la mejilla.
Ella no sabía si correr o hacerse la desinteresada. Cuando él la vio rápidamente se puso pálido, él tampoco esperaba verla y menos en esos términos.
-Clary, ¿Qué haces aquí?- preguntó contrariado, pero con la suavidad suficiente en la pronunciación de su nombre.
-Bueno, yo vine a ver a Izzy.- quiso decir con seguridad pero le tembló la voz. Jace sintió una punzada de decepción. Él también tenía un rostro de dolor. Alejarse de Clary había sido lo más difícil que él hubiera hecho en toda su vida, pero era para protegerla. Verla había sido un milagro y sabía que cualquier cosa que le debiera al Cielo o al Infierno, lo tendría en cuenta.
La chica era muy bonita, tenía el cabello rubio y ojos color chocolate, que la miraban con desprecio y celos. ¿Celos? Si ella es la que esta con Jace, ¿Por qué tiene celos de mí?, pensó Clary. Ahora ya no sentía dolor, era una sensación que la recorría de la medula hasta el estómago y hacerla querer apretar los puños y golpear a la pared hasta perder la conciencia. Encajarse cristales rotos en la piel y rasguñar su cara hasta romperse las uñas. Rabia.
Clary entró en el ascensor. Se cerraron las puertas y se quedaron mirando el reflejo en las paredes de metal, muy incomodos. Excepto ella, a la chica se le miraba muy radiante, acariciándole el pecho a Jace. Mientras que él estaba pálido como la nieve y rígido como tabla, a comparación de su piel siempre dorada y su porte desenvuelto. Jace oprimió el botón para el primer piso y en ese momento ella se dio cuenta de por qué estaba ahí. Se suponía que era en el tercero. Estaba a punto de decirle a Jace que no se dirigía a esa planta, cuando se percató de que no podía decírselo, porque le preguntaría que iría a hacer allí. Y ella no podía decírselo. Menos con esa chica presente.
A Clary le entró una llamarada de osadía y sonrió. Y se le formó una expresión maliciosa.
Jace la miró extrañado, ¿acaso ella no estaba dolida? Sabía que el pensamiento era egoísta, pero ella no habría podido olvidarlo tan fácilmente, ¿O sí? Hacía que se le comprimiese el corazón.
-Creo que no nos conocemos, soy Clary. Tu eres…- se presentó con una sonrisa falsa.
-Mi nombre es Allison Hillstone. Tú debes ser Clarissa Morgenstern, la hija de Valentine.- quiso decirle en tono de reproche como si ella fuera culpable de los actos de su difunto padre. Miraba a Clary con burla, como queriendo decirle con los ojos que ella no era nada en comparación con ella. Y eso era cierto, Allison era alta y curvilínea y con ropa que hacia resaltar su cuerpo agraciado.
-Sí, esa soy yo.- le dijo como si nada. Odiaba que mencionaran a cualquier miembro de su familia.
-Vengo del Instituto de Australia y me enviaron aquí para completar mi entrenamiento. Jace se ofreció como mi tutor, ¿no es lindo?- y lo abrazó más contra sí, como si estuviera diciendo: ahora es mío. Mas rabia se acumulaba en el corazón de Clary. Pero no iba a sucumbir a los intentos de hacerla sufrir de esta chica. Mientras, Jace se encogía en los brazos de Allison como si así fuera a desparecer, Clary no parecía molesta o indignada, su rostro permanecía inexpresivo. Él se atrevió a verla y se encontró con su mirada inescrutable, él bajo la vista rehuyendo de sus ojos como un cachorro asustado. Esa expresión en la cara de ella le recordaba mucho a Valentine, la forma de las cejas en un ceño levemente fruncido, el apretamiento inconsciente de los dientes y esos ojos destilando fuego negro. La amargura con que la comisura de la boca se desfiguraba en una mueca de clara decepción. En ese momento era como si fuera transportado en el pasado y su padre lo mirara como si hubiera cometido un gran error. Se estremeció por el enorme parecido que ahora notaba.
Clary lo vio y sonrió, sabía que era cruel pero ella estaba harta de ser siempre la chica frágil a la que todos podían pisotear y no se defendería. Estaba cansada de ser la niñita inocente que todos creían que era.
-Sí, es muy considerado de su parte.- dijo con voz segura esta vez.
-De hecho, hoy tendremos una cita. Jacie me invitó a salir.- Y esa fue la gota que derramó el vaso. Clary prácticamente quería prender su cuerpo en llamas, sumergirse entre agujas o tirarse de un edificio.
-¿En serio? Te aconsejo que vayan al invernadero, pueden suceder muchas cosas allí.- Miró a Jace por última vez hasta que al fin las puertas del elevador se abrieron.
-Clary, yo…- Ella no quería oír nada de lo que él fuera a decir. Ahora mas que nunca quería estar con Alec, él la consolaba. Y eso era lo que ella necesitaba ahora que había visto a Jace con su nueva conquista. Y con aire altanero y orgulloso salió muy digna de allí con la cabeza en alto. El alivio de la pelirroja fue tal que dejó salir el oxígeno que había almacenado en sus pulmones sin percatarse, ese maldito elevador se había tardado siglos.
Ahora lo importante era buscar una manera de llegar a Alec, evitando a los tortolos. Y lo peor de todo no había traído su estela para crear un portal. Tendría que hacerlo a la manera antigua. Había visto hacer lo mismo a Jace. Jace. Su nombre le hacía temblar de dolor todo el cuerpo. Con la adrenalina al máximo a causa de la rabia que todavía bullía en sus venas se atrevió a escalar la iglesia. Tomó como asidero las gárgolas de ángeles, y su corazón latía al compás de las ráfagas del viento. Dando giros y saltos entre los acabados de mármol que servían como impulso, Clary había obtenido mucha fuerza en su preparación y ahora podía incluso hacer lo mismo que Jace, era normal, la misma sangre de Ithuriel corría por sus venas. Por lo tanto eran iguales. Llegó al gran ventanal del tercer piso y lo abrió con agilidad, cayendo con gracia felina, a pesar de los altos tacones. Prácticamente corrió hacia la habitación de siempre y reviso el reloj. 6:38. ¡Maldición!, pensó molesta.
Abrió la puerta, casi queriendo tirarla. La habitación solo estaba alumbrada por velas blancas y rojas aromáticas, todo el ambiente estaba impregnado de un olor a rosas y jazmín. Y las llamas de fuego le daban un efecto de sombra a la habitación dándole un toque romántico y sensible. Pero no se hallaba Alec, ¿dónde se suponía que estaba?
-Te estaba esperando.- una voz le susurró al oído. Causando que Clary se sobresaltara y soltara un grito ahogado llevándose la mano al corazón. Volteándose hacia atrás para encontrar a la persona que tanto ansiaba ver- ¿Clary? ¿Por qué lloras? No me digas que te asuste tanto. Lo siento.- Hasta ese momento ella no se había dado cuenta de que las lágrimas le escurrían por el lagrimal hasta las mejillas y barbilla. Esas lagrimas eran la evidencia de su dolor, que por más que luchara, por más que lo ignorara o se mostrara orgullosa no podría jamás vencer el terrible sentimiento que había dejado él en su alma, en su ser. Jace había llegado a su vida para quedarse, había dejado una marca en su corazón, había tatuado su imagen en su piel y sus besos estaban recientes en su memoria. No pudo más y se lanzó a los brazos de Alec, llorando y berreando en su pecho. Él acepto su abrazo y le susurró palabras de afecto, él siempre hacía eso con ella. Él sabía por qué Clary lloraba, era por Jace. Conocía el sentimiento, cuando la persona más importante para ti te abandona y te da la espalda a pesar de tus súplicas o lamentos. Era lo mismo que le sucedía a ella.
-Alec yo...- intentó decir entre jadeos y ruidos ahogados.
-Shh… no digas nada.- Él tenía una gran necesidad de aliviar su pena y no se le ocurría otra cosa más.-Cierra los ojos.
-¿Qué?- preguntó con la voz más calmada, la presencia de Alec la tranquilizaba y le hacía recuperar la cordura.
-Solo hazlo, mi Clay, confía en mí.- le pidió con dulzura. Los parpados cubrieron con su piel a los globos oculares, resaltando las pestañas cobrizas sobre sus pómulos sonrosados. Se fue acercando más y más hasta que pudo oír su pulso latiendo rápidamente, su olor floral tan característico de ella, la esponjosidad de sus labios, su respiración irregular, el cabello rojo brillante, el tono pálido de su piel y ese aire extraño que había en ella, que solo ella y ninguna otra mujer tenía: el brillo abrasador con el que su risa iluminaba una habitación, la sonrisa con finos dientes blancos hipnotizadores y la belleza que había en su interior y exterior. Tocó finalmente los labios de ella y fue como si lo hubieran despertado de un sueño y lo devolvieran a la realidad, como si mil rayos le hubieran atravesado la cabeza, como morir y resucitar de las oscuras sombras. Todo era claro.
No era Jace, no era Magnus ni ningún otro chico, era ella. Ella y solo ella. Era un sentimiento inexplicable pero que podía verlo, sentirlo incluso como si lo pudiera rozar con los dedos. Procedió a separar sus labios y poder sentir con agudeza la miel de su boca.
Clary, por su parte, estaba desconcertada, un sentimiento que solo podría definirse como alguna rareza le cruzó como flecha la mente. Era algo burbujeante en la boca de su estómago, algo que le nacía de las costillas y se dirigía hacia su cerebro dando órdenes de proseguir y no parar nunca. Sentir los labios de Alec, había sido como saborear la gloria con el paladar, igual de dulce que el almíbar pero con un toque a hierbabuena al final. Cada vez era más profundo, le tocó la mejilla con la palma y la otra estaba en su pecho, explorando territorios desconocidos.
Él no soportaba sus toques, eran tan electrizantes, era igual a tocar un cable con la mano húmeda y electrocutarte pero la adrenalina se te subía hasta la cabeza que seguías haciéndolo. Tomó su cintura y acarició el hueso que daba inicio a la pelvis bajando un poco el pantalón de ella para llegar a su destino. Sacó su lengua y lamió el labio inferior de ella, pidiendo permiso a su boca. Ella segura se lo concedió, no tenía ni idea de hasta donde llegarían, pero lo que estaban haciendo era sumamente gratificante.
Se acostaron en la cama, Clary bajo Alec, y él no supo que más hacer, así que le empezó a chupar y succionar el cuello con la fuerza suficiente para dejar moretones que valdrían la pena. Ella fue más rápida y le quitó de una vez por todas; la camisa negra. Dejando a la vista su bien tonificado torso, sus músculos rectos y lineales cubiertos con una fina capa de piel pálida. Los tocó con timidez, Alec en un impulso de valentía y enternecido por la inexperiencia de ella, guió la mano de Clary a su propio pecho para que le acariciara con confianza. Ella podía tocar todo lo que quisiera. En juegos tan peligrosos como estos, no hay reglas. Trazó con las yemas la separación de cada musculo, y cuando hubo terminado arañó juguetonamente bajo las costillas; y estiró el cuello para besar la clavícula. Él jadeó. Esto ya se estaba intensificando, le quitó la blusa dejándola en el sujetador blanco que había visto hace unas horas.
-Hazlo.- medio le rogó ella. Puso sus dedos en los broches y los quitó todos de un jalón.
-Pudiste haber hecho eso en el cuarto de Izzy.- le reprochó indignada.
-No iba a hacerte el amor en la habitación de mi hermana.- y cuando oyó la frase "hacerte el amor" se estremeció. La espera la estaba matando, los estaba matando a los dos. Arrojó el sujetador al suelo y se le colorearon muy levemente las mejillas a Clary, Alec la estaba viendo semi desnuda, sus ojos estaban cargados de deseo carnal y con una última sonrisa que procuraba promesas pervertidas, tomó uno de los rosados y blandos pezones en su boca, amasando el otro pecho con la mano. Ella emitía ruiditos ahogados que tenía que silenciarse con la mano, ya que eran muy vergonzosos. Y arqueaba la espalda para llegar más a su lengua.
-No.- susurró liberando aliento cálido contra la carne cremosa, causándole un gemido sonoro.- Quiero oírte. Quiero saber que te gusta.- Jamás desde que conocía a Alec, pensó oírlo decir esas palabras en ese tono tan lujurioso y esa mirada que la observaba igual que un adicto observa la heroína.
-Me gusta. Mucho. Por favor, sigue.- gimió jadeante en súplica.
-Hare algo mejor.- le quitó el pantalón, mostrando sus bragas delgadas color blanco y sus cortas piernas tersas. Besó su estómago y metió la lengua en su ombligo, tentándola. Siguió arrastrando la cabeza dejando que solo la nariz rozara la piel, recorriendo la extensión de su vientre hasta la parte de su vello púbico depilado, inhalando profundamente el olor dulzón del néctar de su feminidad por encima de la ropa interior. Esta jadeó y arqueó la pelvis, guiada por el instinto. Eludió más esa zona no permitida y continuó acariciando sus pequeñas piernas y besó sus muslos repasándolos con la lengua, carne húmeda contra carne caliente. Una mezcla voraz.
-Alec, por favor.-suplicaba Clary con pequeños gemidos que nublaban la vista del cazador de sombras.
-¿Qué es exactamente lo que quieres que te haga, Clarissa?- le retó a decírselo. Clary se envalentonó para hacerlo.
-Quiero que me quites toda la ropa, pases tu lengua por mi centro, muerdas mis pechos y me poseas hasta hacerme gritar y desfallecer.- Alec estaba pasmado, no creía que ella de verdad fuera a decírselo y tampoco se imaginó que sería tan jodidamente sexy. Sus instintos naturales le animaron a seguir y despojó a la pelirroja de su última prenda; dejándola en toda su gloria. Era como ver la perfección personificada, igual a un ángel ante sus ojos o a un ser imaginario sacado de sus más profundas anhelaciones. Todo en su cuerpo destilaba grandeza y él estaría encantado de alabarla noche tras noche durante la eternidad.
Clary estaba nerviosa y no sabía que debía hacer, Alec se había quedado como en una especie de letargo, como si estuviera estudiando su cuerpo con atención. Cerró los ojos esperando lo que sea que iba a pasar. Y sintió el más increíble de los placeres: la lengua de él estaba en una zona que solo Clary había tocado, una zona desconocida para el mundo pero que se estaba volviendo tan familiar para Alec. Su lengua arremolinaba su clítoris en un patrón de círculos y la hacía retorcerse y aruñar las sabanas hasta dejarse los nudillos blancos, arqueándose en busca de la boca de Alec.
-Oh, Alexander. No pares.- pidió entrecortadamente y jadeaba como si se le fuera la vida en ello.
Los jugos que expiraba Clary eran tan exquisitos, una mezcla agridulce y ácida saboreándose en su paladar. No había duda de que esto era lo mejor que le había podido pasar en su vida, ni aunque viviera mil años. Sintió un bulto crecer en sus pantalones, no es que fuera nuevo para él; pero con una mujer sí, lo que lo convertía automáticamente en virgen. Se suponía que se perdía la virginidad al haber sexo hombre-mujer, así que ambos eran vírgenes para alivio de Clary y para nerviosismo de Alec. Él no sabía que debía hacer.
-Clay, yo… no sé qué hacer. Jamás he hecho esto con una mujer.- Clary al darse cuenta de la misma inexperiencia de Alec con las mujeres, decidió autonombrarse como la instructora. Se sentó con tranquilidad y le desabrochó el cinturón y pantalón bajándolos por sus piernas bien trabajadas. Dejándolo solo en bóxer, vio la tremenda imponencia de su masculinidad. Se atrevió a acariciarlo por encima de la tela, provocando en consecuencia que Alec escondiera la cara en su cabello fuego y le susurrara gemiditos y ronroneos junto al oído como una canción. Tomó el elástico y lo bajó hasta que se reunió con la demás ropa, dejando a su miembro erecto decir hola.
Se recostó de nuevo en la cama y haló a Alec encima de ella indicándole con el dedo donde se suponía que debía entrar. Él dirigió su virilidad a su entrada y entró cuidadosamente, milímetro a milímetro. Hasta que llegó a la muralla que los separaba, su himen. La miró pidiéndole permiso, ese era un gran paso en la vida de una mujer y necesitaba estar seguro de que ella quería que fuera el primer hombre en su vida. Asintió y fue como si le dieran permiso para entrar al Jardín del Edén. La rompió con sumo cuidado y Clary soltó un grito desgarrador que seguramente resonó en todo el instituto. La primera vez siempre era la más difícil pero también la mejor de todas. Le tapó la boca con la suya disminuyendo solo a gritos ahogados, que pronto se volvieron gemidos agudos. El dolor pasaba, transformándose en placer creciente e incesante que llegó al punto de lanzar alaridos. Si pensaban que el sexo oral era excelente, el sexo puro era tocar las nubes con las manos y tomar la luna como cama.
El vaivén empezó y con mucho entusiasmo, las embestidas tomaban fuerza y Alec llegó a agarrar la cabecera como impulso, rompiéndola un poquito y dejando caer astillas y aserrín al suelo. Mientras que Clary seguía retorciéndose murmurando cosas apenas inteligibles.
-Oh, Clarissa, eres tan apretada.- ronroneó entre dientes. Clary agitaba sus caderas al compás de las de su amante en un ritmo seductor.
Los dos sintieron una energía punzante, apabullante, creciendo de las fibras más recónditas de su ser emergiendo de sus cuerpos y vibraciones impresionantes creándose en su sistema nervioso. Una sensación que recorría de las puntas de los dedos hasta el corazón igual a si te estuvieran electrocutando.
A Clary le dieron arcadas y Alec solo abrió la boca sin emitir sonido alguno en una mueca de placer puro y arrasaron en el orgasmo consumidor.
Literalmente cayeron en la cama, sus cuerpos casi inertes y débiles. Apenas pudiendo respirar.
-Alec, eso fue tan… increíble.
-Puedo decir lo mismo de ti, tienes un sabor sin igual.- Y le guiñó el ojo en una expresión coqueta nada característica de él, haciendo que se ruborizara al fin.
-Estoy muy cansada.- dijo mientras sentía el peso de los parpados.
-Lo sé, duerme, mi Clay. Yo estaré aquí para ti.- Y la acunó en la protección de sus brazos. Clary se entregó a los brazos de Morpheo, esperando el amanecer.
