De nuevo yo, espero que no estén hartos de la chica loca de raros fanfics, pero veo que algunas personitas no lo ven así y quiero agradecerles. Perdón por el retraso, pero mi cerebro tuvo dificultades imaginativas, ustedes son los que me motivan a seguir escribiendo. I love Ü
Capítulo 3
Cálidas respiraciones y contacto de piel hicieron que Clary despertara en el cuarto idéntico a todos los demás en el instituto, pero tan especial que se había vuelto. Gimió, ordenando a sus parpados a abrirse y dejar a la vista sus ojos brillando como gemas.
Ambos yacían aun en la cama, desnudos y Alec dormido con la cabeza en el hueco de su cuello. La luz del reloj en la mesita anunciaba las 9:20 am.
Cerró los ojos de nuevo frunciendo el ceño y tanteó hacia el lado izquierdo, buscando a Alec con los ojos cerrados, pero lo que encontró fue algo suave y duro. Lo palmeó más, intentando deducir que era.
-Ese es un movimiento peligroso, ¿sabes?- susurró Alec junto a su cuello, ocasionando que se le dilataran los poros y su fragancia natural saliera de entre su piel metiéndose a sus fosas nasales e incitándolo a reclamarla en ese instante. Clary fijó sus ojos en lo que tenía en la mano y se sonrojó violentamente, alejando su mano.
-No puedo creer que te sonrojes a estas alturas. Te acabó de quitar la virginidad justo ayer y tú estabas como si nada, pero claro tocarme, eso sí es imperdonable.- replicó un poco enfadado.
-Lo siento, es que no estoy acostumbrada; todo pasó muy rápido.- se disculpó poniéndose encima de él para aligerar el semblante molesto de su amante.
-Perdóname, mi Clay. No debí reaccionar así, pero es que anhelo tanto tus caricias. Quiero que me toques.- le hizo saber sin más preámbulos y tomó la mano de ella para ubicarla en su propio pecho. Movió su palma en círculos en el centro de sus pectorales y descendió hasta los músculos del vientre, rasguñando con cuidado la piel blanca. Gracias a que estaba sobre él pudo poner su boca en su cuello, dio inicio a una serie de besos húmedos y succiones que esperaba que dejaran chupetones. Era una clara prueba de pertenencia. Tomó la iniciativa de tocar el miembro de Alec que se retorcía cada vez más. Siempre que Clary lo tocaba sentía una fuerza interior, como si pudiera ser capaz de destruir el mundo con cada caricia. Sintió a su "amigo" despertar, tomó a Clary de las caderas y la puso en la cama.
-¿Ahora?- le preguntó ella.
-No hay nada mejor que un orgasmo por la mañana.
Fue una suerte que Jocelyn llamara en la noche y Alec le dijera que se había quedado dormida en el cuarto de Isabelle. Se habían vestido y estaban bajando sigilosamente por el ascensor, eran conscientes de que iban a encontrarse a Jace y lo peor de todo a Allison. La sola idea de recordar su nombre o cómo tocaba a Jace enfrente de su cara la hizo querer quedarse en el cuarto del tercer piso y repetir con Alec todo lo que habían hecho en la mañana. Ella todavía no sabía que iba a pasar con Alec, no tenía ni la más remota idea de si esto iba a ser cotidiano o solo hasta que ellos regresaran con sus respectivas parejas; pero sí tenía claro conocimiento de que no quería dejarlo aun. Alec tomó la mano de Clary y la hizo acercarse, pegando sus cuerpos y labios. Jamás se cansaría de la textura de los labios de Clary, eran una mezcla de cereza y carne húmeda sabor a ella. Piel, esa piel que había estado en contacto con la suya hace unos instantes y que lo había hechizado con su calidez inesperada. Uno jamás sabía lo que le depararía el destino. Y sabía que lo habían liado al de Clary, juntos funcionaban a la perfección; al menos eso era lo que pensaba él. En cambio ella, tenía sentimientos encontrados y jamás imaginó que estaría en la conformación de un triángulo amoroso. Pero no era exactamente un triángulo, ya que Jace ya no amaba a Clary. Esa situación sería más bien como una cadena y sabía que con un solo movimiento equivocado podía desatar conflictos que durarían toda una vida. Hasta un grado incluso de agresiones físicas que ella tenía la responsabilidad de evitar.
-Amo tus labios.- musitó Alec contra la boca de ella, rozando su aliento cálido que incluso pudo saborear con el paladar.
-¿Ah sí? ¿Qué más amas de mí?- lo desafió. Sabiendo lo penoso que él era.
-Tus ojos, que podrían congelarme y quedarme viéndolos toda una vida; tus piernas iguales a las de una diosa, tus pechos tan suaves que podrían ser comestibles, tu cabello rojo despeinado que le da un toque salvaje como si hubieras acabado de salir de la cama. De mi cama.- enfatizó.- Tu trasero.- y la tomó por sus glúteos apretándolos un poco.- Su forma redondeada y la manera en que encajan perfectamente en mi mano. Que incluso me dan ganas de darte por atrás- se lo susurraba en su oído y ella estaba a punto de morir de sobrexcitación.- Y tu centro, ese delicioso jugo que expulsa que podría ser el elixir de la vida.- gruñó, un sonido que contenía pensamientos impuros.- Que justo ahora está saliendo de tu coño y empapando tus bragas y que deseo con ansias beber.
Clary emitió un gemido ante toda esa explicación, deseaba a Alec más que a cualquier persona. Nunca, desde que lo conoce, había visto ese instinto apasionado y devorador que ahora estaba tan familiarizada. Él le sonrió con malicia en sus ojos. Se separaron a regañadientes sabiendo que casi estaban por llegar. Las puertas del elevador se abrieron y descubrieron una Isabelle entusiasta al verlos.
-Wow, Clary, llegaste rápido. Hola, hermanito.- los saludó y ellos estaban pálidos como la leche. Hace un minuto estaban susurrándose palabras sucias y habían estado casi al borde de que Isabelle los viera prácticamente sobándose.- ¿Qué les pasa?- cuestionó contrariada.
-Nada.- contestaron al unísono y dándose una bofetada internamente por ser tan obvios.
-De acuerdo.-dijo con un encogimiento de hombros, restándole importancia. Pero con un deje de que los tenía en la mira- Ya que estás aquí Clary quédate a desayunar con nosotros.
-Creo que yo paso.
-Yo no cociné.- Isabelle dijo rodando los ojos.
-Entonces, sí.- A veces la comida de Isabelle podía ser un arma mortal para quienes la ingerían.
Caminaron en silencio, Isabelle encabezando la marcha por varios pasos delante de ellos. Alec se inclinó en el oído de su amante lo suficientemente cerca como para que Izzy no los escuchara.
-Después del desayuno, cumpliré mi promesa.- dijo como quien no quiere la cosa. Clary arqueó una ceja, confundida.
-¿Qué? ¿Cuál promesa?- No recordaba que él le hubiera prometido nada.
-Después de deshacernos de mi hermana, te voy a acorralar en mi cuarto y a darte por detrás.- y tuvo la osadía de morderle el lóbulo a una velocidad que seguramente Izzy no captó, ya que esta parecía estar demasiado ensimismada y distraída. Caminaron por el pasillo hasta la cocina y como esperaba ahí estaban todos. Jace sentado viendo la mesa como si fuera lo más interesante del mundo, Allison cortando la comida de Jace y hablándole con una gran sonrisa fingida y este simplemente asintiendo en los momentos incorrectos. Maryse se encontraba en la barra pelando la fruta con destreza. Solo ella volteó cuando entraron.
-Clary, no sabía que ibas a venir. ¿Quieres un poco?- le ofreció amablemente. Vio por el rabillo del ojo como Jace y Allison se giraron a verla cuando mencionaron su nombre. Había amenaza en sus ojos y en los de Jace era difícil deducir su estado de ánimo, pero sin duda estaba distraído.
-No creo que…
-Por supuesto que quiere.- Isabelle interrumpió. Como siempre ella era tan oportuna. Izzy jaló a Clary del brazo y la sentó junto a ella. Allison, Jace y Alec estaban enfrente de las dos amigas. Por un momento, hubo un silencio sepulcral que se extendió como la marea alta. Y nadie sabía que decir, ni siquiera Isabelle; que fue la que rompió la tangible tensión.
-¿Y qué tal va el entrenamiento?- No pudiste haber hecho una mejor pregunta, pensó Clary con ironía.
-Excelente, Jacie es un instructor estupendo. Nuestra cita de anoche fue tan romántica.- Y se recostó contra él, mientras este se removió.
-¿Cita? ¿De que estas hablando?- preguntó Isabelle, confusa. Oh, oh; pensó la pelirroja.
-Creo que se me pasó decírtelo.-dijo al fin Clary.-Isabelle, nosotros…
-Terminaron, eso es lo que trata de decirte.- Allison intervino complacida, gozando cada momento, igual a la boca de una serpiente y cada palabra salieran como lengüetazos venenosos. Isabelle se giró atónita, alternando miradas entre Jace y Clary.
-Pero… pero. ¡Eso es imposible! ¿Cómo pudiste Jace? Después de todo lo que han pasado, solo la dejas así. ¿Recuerdas cuantas veces arriesgó la vida para salvar tu maldito trasero?- ella explotó como un volcán, todos saltaron en su silla, incluso Maryse que estaba concentrada en la cocina; nadie pensaba que Izzy pudiera reaccionar de ese modo.- Es totalmente inaudito, Jace Lightwood. La abandonas por una fulana que seguramente solo se abre de piernas para calentar tu cama y...
-¡Isabelle!- en toda la conversación Alec no había hablado y ahora estaba rojo de rabia y lo dijo con tanta ferocidad que Iz se calló.- Si Jace quiere acostarse con Allison, que lo haga, no veo en que te incumba. Ellos terminaron déjalo pasar.
Los dos hermanos se miraron con desafío, Isabelle se cruzó de brazos admitiendo su derrota. Jace que había estado callado tenía una expresión de culpa.
-Izzy.- la llamó él, intentando tocar su mano; pero la apartó antes de que entrara en contacto con su piel.
-No.- se volteó en dirección a Clary.- Y tú, ¿no vas a decir nada?
-Isabelle, es mejor así. Jace está con Allison y yo estoy…-Clary se percató de que iba a decir "Alec" y miró de reojo hacia él que ahora estaba rígido y blanco a diferencia de hace un minuto en el que estaba carmesí.- estoy bien.- terminó la oración con un final más adecuado.
-Como quieran, pero cuando te canses de ella, Jace, Clary no te perdonara.- señaló a Allison como si fuera alguna especie de animal enfermizo.- Clary, vámonos tenemos mucho que comprar, Alec tu vienes con nosotras.
Él se mostró confundido, pero no replicó. Cuando Isabelle se ponía así era mejor hacer todo lo que ella ordenara si apreciabas tu vida.
-¿Por qué Alec?- preguntó Maryse que también había estado en shock con el estallido de su hija.
-Alguien tiene que cargar las bolsas.- contestó como si fuera lo más obvio. Tomó a Clary y Alec de los antebrazos sin nada de cariño y salieron de ahí inmediatamente.
-Izzy, ¿A dónde iremos?- Alec no sabía nada sobre su salida, Clary no le había mencionado nada y eso se interponía en los planes de 24 horas bajo las sábanas que tenía en mente Alec.
-De compras, vamos a recorrer todo Nueva York si es necesario.
Cuando Isabelle dijo que recorrerían toda la ciudad si era necesario no hablaba en broma. Los había llevado de aquí a allá sin parar, no sabían cómo era posible que Isabelle pudiera caminar tanto con esos enormes tacones de 10 cm. Había llevado a Clary a tiendas de zapatos, joyería, perfumes; toda clase de accesorios, hasta que dieron con una tienda que hizo que Alec abriera los ojos en expectación. Lencería.
Era una sucursal de Victoria Secret. Esto será bueno, pensaba un Alec lujurioso.
Entraron y era como entrar al paraíso, ahí se encontraba de todo, desde sujetadores blancos de algodón hasta tangas transparentes de hilo dental. Intentó imaginarse a Clary vestida con esas batas tan cortas que llegaban a un cuarto de muslo y en las que se podía distinguir todo. Su miembro dio un brinco ante la imagen tan prometedora. Vio de reojo a su amante y esta estaba levemente ruborizada.
-¡Mira, este te quedaría perfecto!- Isabelle intervino arrojándole un sostén negro a juego con una tanga de encaje y medias de redecilla.
-Isabelle, yo jamás me pondría esto.- Clary horrorizada de las diminutas prendas, ella nunca había necesitado esa clase de ropa. Hasta ahora.
-Bien, pero al menos pruébate esto y las medias.- le señaló un camisón morado demasiado corto que se abría desde el espacio de entre los senos y caía liso por los costados. Isabelle no necesito respuesta para empujar a Clary al probador. Era posible escuchar todo si mantenías agudizado el oído. Como sonaba la rozadura de tela con piel, el sonoro zip de las cremalleras y la caída de las ropas al suelo. No tardó mucho para que saliera pero para Alec pudieron haber pasado cien años luz, pero sin duda lo que tenía ante sus ojos era digno de esperarse mil eternidades. Clary estaba… caliente; sí, esa era la palabra; caliente. Su camisón le rodeaba las caderas y cintura como una capa amoratada. Parecía una diosa de la noche y combinaba perfectamente con sus medias que le daban a sus piernas un toque más provocador y lo mejor es que traía tacones de aguja. Estaba lo que le seguía a estupefacto, anonadado, pasmado, boquiabierto, atónito y todos los sinónimos que existieran en el diccionario. Entrelazó su mirada con la de ella y la vio de arriba abajo como si inspeccionara su almuerzo e hizo algo que solo puso a Clary más sonrojada: se pasó la punta de la lengua por su labio superior y le guiñó el ojo. Izzy dio pasos alrededor, juzgando los resultados.
-Estas increíble.- dictaminó en conclusión, sonriendo arrogantemente por su claro triunfo.
-Increíble es poco.- masculló Alec por lo bajo, todavía en shock.
-¿Dijiste algo?- preguntó Isabelle a su hermano.
-N-no. ¿Por qué?- tartamudeó estúpidamente y mirando a Clary por una milésima de segundo que estaba clavada en su lugar.
-Por nada.- vio a los dos con cautela, intentando deducir que se traían entre manos. Sacudió su cabeza para despejar su mente.- En fin, voy a ir a pagar eso.- buscó su billetera en el bolso, meneando frenéticamente y vaciando las cosas en uno de los asientos.- Oh, mierda.- masculló muy molesta.
-¿Qué sucede, Izzy?-le preguntó su hermano.
-Mi cartera la dejé en la otra tienda. Chicos, quédense aquí, sé que está lejos pero regresaré en un rato.- y se alejó por las escaleras con paso firme, casi corriendo hasta que se perdió de vista.
-Creo que al fin estamos solos, ¿no te parece mi Clay?- susurró en su cuello, alborotándole los cabellos rojos con el aire que era su aliento. Esta lo miró como si se hubiera vuelto loco.
-Alec, no pretenderás que…- no terminó la frase viendo la expresión tan emocionada de él. Oh, por supuesto que lo haría. Y aún más viendo con tal claridad cada curva, cada ángulo de sus caderas; quería memorizarlo hasta que quedara permanente en su mente igual a una runa y pudiera llevárselo a cualquier lugar que hubiera cuando abandonara este despojo mortal. Verlo en todas partes a donde fuera y lo observara incluso cuando cerrara los ojos, tatuado bajo sus parpados. La haló de la mano con la misma delicadeza que si tomara una muñeca de cristal. Era una suerte que los probadores estuvieran en la segunda planta y que todas las vendedoras estuvieran abajo acomodando los nuevos cargamentos y además no se encontrara ni un alma aparte de ellos. Se encerraron en uno de los vestidores y cerró las cortinas de satén. Clary hizo algo que ninguno esperaba: sentó a Alec en el sofá rojo para una persona, colocándose en su regazo y lo besó como si no hubiera un mañana. Su cercanía era tan luminosa que lo cegaba igual a una llama resplandeciente en un paisaje oscuro y solo ella fuera capaz de poder ser esa llama que aclarara su camino, su mundo y todas las sombras y fantasmas que habían sido sus fieles compañeros por toda una vida y solo ahora pudiera saber cómo es esa luz que tanto había aguardado.
-Clary.- musitó tan bajo que se preguntó si lo había imaginado. Lo decía con tanta pureza, como si pronunciara el mismísimo nombre de Dios y las palabras le salieran igual a si recitara su propio credo. Deslizó su boca hasta su cuello y succionó al igual a si estuviera bebiendo su sangre. Y él apostaba a que su sangre debía de saber deliciosa. Todo en ella era perfecto y sus defectos la hacían aún más perfecta.
-Oh, Alec.- gimió suavemente y le desabrochó la camisa café, botón a botón, desesperándolo y deslizándolo por sus hombros. Despegó, no sin cierto esfuerzo la boca de Alec de su cuello. Sus labios hinchados y sus ojos enfebrecidos en locura la miraban como ninguna otra persona la había mirado. Besó su pecho y las Marcas que lo adornaba como trofeos de guerra. Alec no pudo más y se paró tomando a Clary de los muslos y poniéndola contra la pared para poder tener su cuerpo adherido al suyo. Encajaban perfectamente igual a un rompecabezas. Le quitó su camisón tan rápido como una cobra y solo quedó en sus bragas de algodón que pronto desparecieron. Estaba desnuda y no era la primera vez que la veía así, pero jamás se acostumbraría a la magnificencia que era su diminuta figura. La curva de sus senos, pequeños pero perfectamente delineados y erguidos por su entusiasmo. No los chupó, ni mordisqueó; se limitó a verlos. Solo eso, observarlos con detenimiento como si estuviera analizando un complejo problema de algebra, inclinando la cabeza para ver más de cerca. Tenía a Clary agarrada por los muslos así que solo depositó sus pies de nuevo en el suelo, ella no sabía qué hacía pero no dijo nada. Le abrió las piernas mostrando su templo sagrado y ya no tan virgen, Alec se había encargado de eso. Y de nuevo solo lo vio, lo vio y nada más.
-Alec, ¿Qué estás haciendo?- su curiosidad pudo más con ella.
-Te observó.- dijo solo eso.- Eres la criatura más increíble que he visto. No hay nada que se asemeje contigo y, lo mejor de todo es que eres mía.-y le dio un casto beso a su feminidad ya húmeda.- Y te lo mostraré ahora.
Desabrochó sus pantalones y bajó sus bóxer. Él ya estaba más que listo, su miembro estaba duro y erecto a causa de todas esas horas de espera. La penetró solo dirigiéndole una mirada de devoción mientras se introducía completamente en ella, inició el vaivén con desesperación como si nunca fuera suficiente y sabían que jamás sería suficiente. Por más que hicieran el amor mil veces durante el resto de su vida nunca se cansarían del calor del otro y su esencia seguiría impregnada en su piel. Gemidos salían de la garganta de Clary y se contuvo por gritar el nombre de Alec, el asimismo solo echaba la cabeza para atrás cuando llegaron al clímax en el momento más hermoso que podría imaginar. Era el momento de los dos, suyo y de nadie más. Las amarguras desaparecen siempre que están cerca y no hay mejor medicamento que la sonrisa del otro, un guiño, una mirada, un beso. Lo que fuese, siempre seria digno de recordar en cualquier espacio y tiempo posterior a este.
Se recuperaron de su ardua actividad y se vistieron. Clary ya traía su ropa normal y Alec no pudo evitar una punzada de decepción. Ella en serio se veía sexy con eso.
-De verdad, te ves muy bien con eso puesto.- comentó Alec casual. Ella sonrió.
-¿Ah sí? La verdad es que me veo mejor sin nada puesto.- arrogancia se notaba en su voz y él no opuso resistencia al devolverle la sonrisa maliciosa.
-Puedes apostar a que sí.- Clary le rodeó el cuello con los brazos y él la cintura y se besaron con sus lenguas traviesas. Se oyó un fuerte grito agudo.
-¡No es posible!- Bramó alguien y la voz era reconocible para los dos: Isabelle.
