Capítulo 2: primera noche.
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Caminaba hacia su casa con paso lento, tratando de no tardar demasiado ya que los copos de nieve caían constantes, estos comenzaban a tapizar ligeramente el asfalto, y este de poco a poco se volvía resbaloso. Cada que exhalaba sacaba una humarola, y cuando inhalaba, el aire helado le calaba las fosas nasales. Sacaba constantemente sus manos enfundadas en esos guantes negros de lana para frotárselos y, una vez que estaban lo suficientemente calientes, volvía a meterlas a sus bolsillos, acomodaba de entre tanto, su bufanda, procurando cubrir desde su nariz hasta el cuello, al igual que las orejas.
Caminaba pensando y, analizando ―como él bien sabía hacerlo― a cerca de todo lo que había sucedido desde que había amanecido hasta ese punto de la noche; se había despertado temprano, puesto que nunca podía dormir más de tres horas por la noche, había salido a correr por la mañana, regresado a su casa y darse un baño para limpiar la suciedad de su cuerpo, había oído como tocaban la puerta y abierto para descubrir que su dobe le pedía "permiso" para quedarse hasta las diez de la noche, lo había invitado a pasar y como siempre sucedía cuando estaban a solas, se habían amado el uno al otro, él había admirado el cuerpo desnudo de su amante y lo había penetrado hasta que el miembro le dijo "para", le gustaba de verdad hacerlo con él, por que no necesitaba decirle nada para que entendiese que se gustaban muchísimo, y muy a pesar de todo, lo comenzaba a amar, quizá. Entonces, fue cuando llegó aquella irreverente chica, con sus medias negras y faldas cortas, con su cabello en llamas y sus ojos como gemas, rebelde, caótica, llamativa, ajena al sentimiento de la vergüenza cuando mostraba sus... Era todo lo que él detestaba, y si le gustaran las chicas, definitivamente, no le habría llamado la más mínima atención.
Pensando en todo esto, cuando menos lo esperó, llegó a su hogar, constaba de solo un piso, pero, era bastante grande, sus padres que yacían tres metros bajo tierra se la habían dejado a él y a su hermano, éste último terminó sus estudios como abogado en materia de derecho y partió a mudarse, decía que prefería darle privacidad a él y a su novio, sin temor a que fuesen ser vistos por el Uchiha mayor, y no es que le desagradase o agradace ver a su hermano tomado de la mano con un hombre, no, la respuesta era por mucho, muy sencilla e inusual, la privacidad de la vida del menor Uchiha, aunque al aludido se le hacía algo innecesario.
Introdujo la llave a la cerradura y la giró, ésta hizo un "click" y se abrió, colgó sus cosas en el perchero y no se molestó en encender las luces, por que si lo hacía solamente corroboraría como siempre, el hecho de que estaba y estaría siempre solo una vez que cayera la noche. Se dirigió a la blanca cocina, dispuesto a prepararse un café, puso a hervir la tetera y, mientras se apoyaba en el frío azulejo blanco, se dedico a observar por la ventana, la cual dejaba ver un blanco paisaje.
Se dedico a buscar una respuesta lógica a lo que había visto, a decir verdad, jamás se había fijado demasiado en una mujer, es decir, viendo detenidamente sus curvas. Eran unas criaturas hermosas en verdad, pero en lo que concierne a los asuntos amorosos, eran molestas, la vida de las mujeres giraba demasiado en torno al amor. Encontró la respuesta al por que muy fácil, y era muy probablemente por instinto, para un hombre el ver a una "hembra" ―refiriéndose de la manera científica― era quizá por el apreamiento, hasta el mismo rubio se le habían ido los ojos una que otra vez, cuando pasaba su tímida amiga Hyuuga, así que su reacción al ver las piernas de la pelirroja eran más que comprensibles.
No le dio tiempo de pensar en mas nada, puesto que ya había comenzado a sonar la tetera, el silbido que soltó lo sobresalto, pero volvió en si. Sirvió con cuidado el agua y procedió a prepararse el café, asegurándose que estuviese bastante cargado, no quería dormir y pensar en su pasado, no podría, teniendo tanto en la cabeza.
Una vez que terminó, se dirigió a la sala, prendió el televisor y le cambió al canal de noticias, en él se veía un hombre de mediana edad informando a cerca de la entrada de un frente frío, el cual, afectaría a varias zonas de la ciudad, después, pasaron una toma satelital donde mostraba en donde lo haría, y pudo ver que parte de su vecindario sería una de las zonas donde más caería nieve. Eran al rededor de las diez y media, los buses dejarían de pasar, así que decidió irse de ahí.
Cerró las ventanas, se aseguro de dejar todo perfectamente acomodado y una vez que terminó, subió a su habitación para realizar su maleta, metiendo solo lo de dos noches, una vez que terminó, se aseguró de cubrirse bien y bajo las escaleras, para cerrar su hogar con seguro y partir a quién sabe donde.
Ambos primos se encontraban recostados en el sillón, cubiertos por una enorme y gruesa cobija que los cubría del frío, ella posaba sus piernas arriba de los muslos de él, y como ambos usaban shorts, sus pieles se tocaban; quizá era su imaginación, pero la pelirroja podía notar como la luz del televisor iluminaba un tono carmín en el rubio, decidió ignorarlo y seguir viendo las noticias, el presentador daba los pormenores del ascenso de la rubia Tsunade, como nueva presidenta de konoha, también anunciaba como el científico Orochimaru, había estado buscando arduamente la cura para distintas enfermedades, entre ellas la bipolaridad. Se daban las once y anunciaban que el clima empeoraría aún más, el rubio se preocupo puesto que el azabache vivía en una de las zonas donde esa tormenta caería. La pelirroja notó dicha preocupación y le insitó a que hablase.
― Bien, lo haré, será mejor así, no quiero estar preocupado.
El rubio tomó su celular que se encontraba a un costado de él, en la mesita, y comezó a marcar el número. Sonaba inmediatamente "el número que está tratando de marcar esta apagado o se encuentra fuera del área de servicio, le sugerimos llamar más tarde", botó la misma frase al menos unas cuatro veces más y se dio por vencido, entonces, supo que si esperaba un poco más, el Uchiha intentaría comunicarse con él.
― Naruto, vamos, ven acá - dijo la pelirroja, haciéndole ademán al chico para que se acurrucase en su regazo, éste lo hizo - recuerdas cuando de pequeños solíamos estar así? me encantaba, era muy relajante.
El ojiazul comenzó a recordar cuando ambos se acostaban juntos, y charlaban de cosas que, en aquél entonces, eran de suma importancia, aquello le trajo a la mente un fragmento de su infancia, recordó algo que sí fue importante. Se sonrojó al hacerlo.
― Oye... - comenzó a hablar tímidamente, pero la pelirroja dijo algo que él no esperaba oír.
― Sigo siendo virgen... Si era eso lo que querías preguntarme. - inflando los cachetes, miró hacia algún lugar
El Uzumaki se quedó mudo, de alguna forma le gustaba oír eso, puesto que aquella pelirroja era demasiado para cualquier hombre. Aunque quizás..
― ¿A caso también te burlarás por que soy virgen? - continuó ella.
― No, al contrario... me alegra.
Hubo un silencio cómodo, la pelirroja se inclinó adelante y beso la frente de su primo, este sonrió, recordando aquellos días de su infancia, cuando no existía ni una chica que le hubiese roto el corazón, cuando la única chica que jamás le rompería el corazón era Karin, su Karin.
Un sonido proveniente de la puerta lo sacó de sus sueños, se levantó tratando de no despertar a Karin y pensando en coronillas de flores y cabellos rojos. Supo que, aquél sonido era de emalguien /emtocando; se acercó a ella y miro por el ojo de la puerta y se sorprendió. La abrió con rapidez, y dejó entrar al Uchiha.
― Vamos, entra- susurró el rubio - no hagas ruido, Karin-chan está dormida.
El azabache entró con cuidado, cerró la puerta detrás de sí y dejó su bufanda colgada en el perchero.
― Decidí venir acá, Dobe.
El Uzumaki asintió, procesando todo lo que el azabache le estaba contando, le ofreció un chocolate caliente, a lo que él aceptó gustoso, el rubio le indico que fuera a la sala, y éste lo hizo, al principio no sabía que hacía aquél bulto de cobijas en ese sillón, pero luego reparó en aquella figura curvilínea a la cual se le pegaba aquella cobija, divisó una mano fuera de ésta y unos cuantos cabellos rojizos. Se le hacía mentira la manera tan despreocupada en que esta dormía, al igual de su forma tan pacífica de respirar, puesto que su busto subía y bajaba compasadamente.
«atracción animal ―pensaba el Uchiha― solo eso»
El rubio volvió con el chocolate y, ambos prosiguieron su charla en susurros, claro esta, para no despertar a la chica de ojos y cabello rojos, como el fuego. Se dieron las dos de la mañana y ambos decidieron ir a acostarse, el Uchiha dormiría en el cuarto del rubio, mientras que este dormiría junto con Karin en el cuarto de ella, la cargó entre sus brazos, tratando de subir con cuidado para no despertarla, se sorprendía del sueño tan profundo que ésta estaba teniendo, puesto que se le veía dormir plácidamente, aún con tanto movimiento por parte de su primo que la cagaba en brazos. La dejó con cuidado en la alcoba y, con sumo cuidado la tapó, ella se estiraba y subió sus brazos por encima de su cabeza, dejando descubierto su pecho; el rubio intentaba apartar la mirada de los redondos senos de su pelirroja karin, e intentaba no fijarse en los pezones que se habían hachicado a causa del frío, ni en como subían y bajaban ambos montículos, tampoco en sus largas y esbeltas piernas que se enrollaban en la cobija.
Decidió que sería mejor idea dormir junto con el azabache. Soltó un suspiro de cansansio y se encaminó a la puerta, cerrándola una vez que estavo fuera. Cruzó el pasillo y tocó varias veces la puerta, avisándole al Uchiha que él entraría, cuando lo hizo, pudo verlo recostado en la cama con la luz del pequeño buró que estaba a un costado encendida mientras leía el gran gatsby, el azabache alzó la vista y cerró el libro, dejándolo en el buró./
― ¿Sucede algo? - cuestionó el ojinegro.
― Nah, nada... solo que quería dormir contigo - mintió él.
Se acercó a la cama y se aventó en ella, cruzó sus brazos por detrás de su cabeza y se quedó así, el azabache volvió a tomar el libro y de nuevo continuó con la lectura; al parecer aquellas hojas no le hacían para nada efecto en dejar de pensar en sus instintos animales, por mucho que se consentrara en la perspectiva de aquél mundo lleno de infidelidades contadas por Nick* no le llenaba el ojo y mucho menos, el interés. Se salió de aquél mundo cuando notó la mano del rubio por encima de sus pantalones, acariciándole lentamente, él seguía sosteniendo el libro, mientras veía como el rubio le bajaba el cierre, y, posteriormente, como liberaba a su miembro de los boxers que traía. El azabache acercó su mano a la mejilla del Uzumaki, fue reduciendo el espacio entre sus labios hasta que ya no lo había. Los besos eran desesperados, por parte de ambos, buscando algo que se les había perdido en algún punto del día. Se tocaban por aquí y por allá, tratando de reconocer que el cuerpo de quién tocaban era el de un hombre, y no el de una mujer de ojos rubíes.
Ambos se alejaron del uno al otro, como resorte. se miraban con los ojos sorprendidos y, una vez que entraron en sí, se cubrieron los cuerpos. El azabache se puso su camisola de botones, y el Uzumaki su playera. Estaban consternados, no sabían si lo que habían visto era un espejismo, si era en verdad emella,/em y lo que tampoco sabían era si ambos habían visto lo mismo, o si solo uno de ellos se lo imaginó.
Sea cual fuere la respuesta, no dijeron nada, ni hicieron nada. Se acostaron en silencio, preguntándose el por qué de aquel suceso.
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El frío la despertó.
Quizá, de no haber sido por aquella costumbre suya de dormir tan alocadamente, la cobija no hubiese caído al suelo y en consecuencia, no habría tenido frío, lo que conllevaba a su despertar tan repentino a tales horas de la madrugada. Por que para ella, las ocho eran aún madrugadas. Se desperezó y le entraron las locas ganas de tomar un baño, desestresar tantas horas de viaje y de paso, relajarse. Así que salió con cuidado de su cuarto, con dirección al cuarto de baño, cruzando el pequeño corredor, pasando por la puerta del cuarto de su primo y llegó a la puerta deseada, abrió y cerró detrás suyo. Se acercó a la tina de azulejo y abrió el agua, mediandola hasta una temperatura tibia, mientras esta se llenaba, se comenzó a quitar la blusa de manga corta y su short lila, seguidas sus bragas. Las deslizó por su cuerpo y quedaron en el piso, se agachó para recogerlas y las dobló, dejándolas en el canasto tejido, a lado del retrete. Terminó, puso agua con olor a lavanda y canela, una vez que hubo hecho espuma, se sujetó de la pared y se introdujo a la tina. Sentía como el agua iba calentando su cuerpo, le gustó sentir como esta tocaba sus mas íntimas partes hasta quedarse sentada. Se recorrió aún más y undió su cabeza, hasta que el rojo de su cabello se tornó más oscuro, apagándolo.
La calma que le inundaba en ese momento la llenó, sabía que esa calma seguiría, nada le recordaría a él, y aún más, sabía que había tomado la decisión correcta, dado que si permanecía más tiempo en Kusagakure, afectaría de sobremanera el pensar en él. De alguna manera su mano viajó por su vientre, bajando por su pelvis, hasta llegar a esa parte de ella, sus dedos acariciaban con ternura sus pliegues, frotándolos constantemente, la tibiez del agua la ponía aún más, y el pensar en el amado ―que, a pesar del daño que le hizo lo seguía amando― que había dejado por su propio bien, unas lagrimas le cayeron por las mejillas, seguido de aquello a quienes muchos llamaban le petit mort.
Suspiró, cansada. Casada de quererlo. Cansada de depender de alguien. Pero sabía muy bien que jamás dejaría que sucediese lo mismo, por que ella era fuerte, era libre, por que ella era Karin.
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El tocar de la puerta la despertó, se había quedado dormida en toalla fuera de la tina, y comenzaba a sentir mucho, mucho frío.
― Karin-chan, ¿estás? - dijo una voz con preocupación.
Naruto.
― Si, si... me... me ponía crema corporal, ya salgo! - se apresuró en contestar ella.
― De acuerdo. Si necesitas algo, solo... solo dílo.
― Vale, vale... gracias.
Se apresuró en levantarse, abrió la puerta y se topo con el rubio, él la miro dee arriba a bajo, con esas mejillas sonrosadas, se tapó con rapidez los ojos.
― Karin-chan! - gritó sonrosado el Uzumaki.
― No te preocupes Naruto, si te gustasen las mujeres, me enfadaría - respondió con una sonrisa la pelirroja - lo mismo con tu novio.
La pelirroja hizo ademán de apuntar detrás del rubio, este se giró y se encontró con un apenado azabache, el cual se tapaba la boca y parte de la cara con su mano derecha, tratando inútilmente de ocultar sus mejillas carmín. La pelirroja se metió a su cuarto para continuar vistiendose. El rubio, una vez que terminó de percatarse donde estaba se giro para ver al azabache, pero él ya no estaba ahí.
El Uzumaki estaba confundido, habían sucedio muchas cosas después de la llegada de la pelirroja, y no comprendía exactamente el por que de todo aquello, no sabía más aún por que hasta ahora si ya había convivido con ella, quizá no demasiado tiempo como lo haría a partir de ahora, pero a fin de cuentas, ya lo había estado con ella, era algo que en verdad lo consternaba. Se fue a su cuarto de nueva cuenta, tenía la esperanza de que, al pasar los días, todo lo que vio cuando lo hacía con el Uchiha fuese, solo fuese una adaptación que se iría quitando. De verdad que lo esperaba.
. . .
«Joder ―pensó ― debo evitar pensar demasiado»
El Uchiha se repetía eso una y mill veces, sabía que debía de resolver aquél inconveniente suyo, y la mejor manera era hechar un buen polvo con su dobe,si, eso era.
El ojiazul estaba profundamente dormido a un lado suyo, así que, apagó las luces y abrió la cortina, la cual dejaba ver el lucero azul, que tocaba el azulejo del cuarto y se extendía hasta llegar a él. El Uzumaki sintió aquello y abrió los ojos, giró su cabeza y vio al Uchiha al pie de la cama.
― ¿Qué sucede teme? - preguntó éste.
El ojos de ónix no dijo nada, solo lo observaba con la respiración entrecortada. El Uzumaki hizo cara de no comprender que estaba sucediendo, entonces, el azabache decidió comenzar.
Se desabotonaba la camisa con lentitud, tratando de no quitar la vista del Uzumaki, una vez que termino de desabrocharla, la dejó abierta, permitiendo al ojiazul ver el abdomen tan moldeado del azabache, éste era como si hubiese sido tallado sobre granito, fuerte y duro. Se acercó al de mejillas a rayas y lo besó lentamene, reconociendo esos labios que ya conocía de hacía tiempo. Reconociendo la lengua que se movía al apar que la suya, y sintiendo esa piel que tantas veces había sentido. El Ojinegro, con la mirada, desnudaba poco a poco al Uzumaki, y este por alguna fuerza desconocida, se desnudaba cada parte que el Uchiha tocaba. Por fin podía sentir al Uzumaki, y no a ella. Ese era el cuerpo que él tanto conocía y quería, por que siempre lo quería para estar dentro de él. Cuando el rubio estaba completamente desnudo, el azabache lo tomó de las caderas y lo giro, las elevó, de forma que su pecho y sus rodillas tocaban el colchón, quedando su culo al aire, muy cerca del palpitante miembro del azabache, entonces, éste se metió con urgencia, reconociendo lo que estaba rozando, lo que tocaba, todo.
Lo que ambos no sabían, era que desde ese preciso instante, algo muy dentro de ellos estaba cambiando, y ya no podían dar marcha atrás, por mucho que quisiesen, ya era tarde.
Nick: protagonista que narra la historia de el gran gatsby,un misterioso hombre de negocios con un tremendo éxito en ellos.
