Había sucedido en un segundo y no pudo hacer nada para evitarlo. Se sentía tan miserablemente culpable porque con claridad, habían sido sus acciones las que llevaron a que Sakura fuese atropellada, y ahora, ahora se encontraba ahí, echada en una mullida cama de hospital, con fracturas en sus costillas, en la clavícula y contusiones en todos lados ¿Cómo no sentirse culpable? Si tan solo hubiese esperado al menos un día, o quizás, mandarle un mensaje a Hinata. Ella le hubiese respondido, pues no era de las que no contestaban. Hinata era justa, escuchaba y después decidía, y claro, era una cualidad oculta que Sakura había sabido hacer resurgir. Había sucedido todo en un segundo, y ahora todo lo que podía hacer era brindarle su apoyo a Hinata e intentar decirle lo mucho que lamentaba la situación, ya se había diaculpado, y la Hyuūga le dijo que no era culpa suya, pues ni él ni ella sabían que la Haruno llegaría, y en consecuencia, no habrían podido evitar lo demás.
Hinata estaba al pie de la cama a un costado, sentada en una silla de aluminio y revestida con un asiento acolchonado, sus manos reposaban en una pálida mano ―la cual tenía una pinza en su dedo índice, que monitoreaba los signos vitales― de Sakura. La respiración se la Haruno era acompasada, y esta tenía una bata blanca la cual se pegaba a su figura, y de su cintura hacia abajo estaba cubierta por una manta que quizás, no cubría tanto el frío. Su cabello rosa se esparcía por la blanca almohada y la mano desocupada, la cual no tomaba Hinata, yacía envuelta en yeso, a consecuencia de una fractura.
― Hinata, si necesitas algo, yo... estaré afuera. – Se ofreció Naruto.
― Gracias. – Respondió quedamente Hinata.
Naruto salió en silencio, en dirección a la puerta, la cual abrió y cerró con tal quietud que Hinata no pudo averiguar en qué momento lo hizo. Una vez fuera, se encontró con Sai e Ino, quienes habían sido avisados por la propia Hyuūga, ambos estaban tomados de la mano, Naruto se acercó a ellos y sonrió sin gana.
― ¿Cómo sigue Sakura-chan? – cuestionó con preocupación mientras saludaba con un beso en la mejilla al Uzumaki.
― Ahh...– suspiró – al parecer, una vez que se le pase la anestesia, verificarán como está mentalmente.
― Bien, estamos aquí para visitarla, aunque esté inconsciente, queremos ayudar un poco a Hinata-chan. – Replicó Ino.
― Puedes pasar, necesitará apoyo, yo tengo que ir a casa. – dijo Naruto.
― No te preocupes, Naruto. – Intervino Sai – nosotros nos quedaremos.
Naruto asintió, y con un apretón de manos se despidió de Sai, el cual le devolvió su característica intrigante sonrisa. Siguió caminando por el inmaculado pasillo blanco, hasta que salió del hospital, donde se encontró con Karin, quién venía con una bolsa de plástico con, aparentemente, cosas que venía a entregarle a Hinata. Ella le sonrió cuando lo vio, y Naruto escondió sus brazos en los bolsillos de su short deportivo. Karin corrió a abrazarlo, colgándose de su cuello, y tal acción lo tomó por sorpresa, tanto que se desequilibró y cayó de espaldas, con Karin encima de él.
― ¡Hey! No peso tanto – vociferó con aparente dolencia.
― ¡Karin-chan, es que no me lo esperaba, Dattebayo! – Respondió el rubio.
Lo sentía todo. Desde sus pechos que subían y bajaban, hasta sus piernas enredadas con las de él. Sus brazos habían amortiguado la caída en la cabeza de Naruto ―cosa que agradecía― y se sobresaltó, primero, porque su erección se había disparado, y en segundo, po que quería revisarle los nudillos a Karin. Se incorporó de manera rápida y una vez que se hubo levantado, ayudó a la Uzumaki a levantarse. Ella se sacudió el polvo que había en su diminuto short de mezclilla, y estiró un poco más su blusa de tirantes holgada con el logotipo de una banda de rock.
― Ne Karin-chan ¿Cómo has sabido que estaba aquí? – Dijo un tanto apenado Naruto.
― Me ha mandado un mensaje Ino, me ha dicho que Sakura tuvo un accidente, y como Hinata me cayó tan bien el día que habíamos salido, decidí venirle a echar una mano. – respondió con seriedad.
A Naruto se le hizo extraño que la Uzumaki no mencionase "aquello" que le sucedió a su cuerpo, estaba seguro que lo había sentido, pues su miembro había quedado justo en donde él anhelaba entrar... ¿De verdad había pensado aquello? ¡Debía de ser un enfermo de solo pensarlo! era su prima, no podía, no debía...pero lo quería.
La Uzumaki enrojeció un poco, y giró sobre sus talones para entrar al hospital, no sin antes recoger lo que se le había tirado. Volvió su vista a Naruto y le sonrió.
― Vamos, llévame con Hinata.
Ambos comenzaron a caminar por los pasillos del hospital, los mismos que Naruto había recorrido para salir de dicho edificio, pasaron varios cuartos, algunos estaban abiertos y el Uzumaki no se había percatado de que todos tenían un aspecto demacrante, casi cadavérico. El olor a enfermedad y muerte era abundante, y aquello lo estremeció. Karin tomó la mano de Naruto con su mano libre, donde no tenía la bolsa de plástico, y le dedicó una sonrisa, transmitiéndole seguridad.
Continuaron así, hasta llegar a los elevadores, Naruto tecleó el sexto piso, y subieron en silencio. Le alteraba la presencia de Karin, y nunca había sido así. Desde que tenía memoria, siempre habían dormido, e inclusive, bañado juntos en la misma habitación, y no suponía nada para él, pero ahora, ahora no podía siguiera sentir su abrazo porque ya estaba sintiéndose excitado, ella lo alteraba y aquello le angustiaba en demasía ¿Cómo continuar con aquella relación que antes gozaban y que ahora se había deteriorado? ¿Era quizás por qué habían crecido? sin duda ella lo había hecho, se transformó en una belleza. Piernas largas, cintura diminuta, senos y trasero equilibrados, dedos finos al igual que sus labios, y sus pestañas negras eran espesas, tanto que hacían resaltar aún más sus ojos rojizos ¿Cómo combatir contra ello? ¿Cómo escapar de esos sentimientos que lo atormentaban tanto?
Por suerte llegaron al cuarto donde se encontraba Sakura. Hinata estaba fuera, así que supuso, Sai e Ino la habían relevado de turno para que descansara. Karin corrió hacia Hinata y la abrazó con fuerza, le proporcionó palabras de aliento, y que no dudase de su apoyo para cualquier cosa. Se separó de ella y le entregó la bolsa de plástico.
― Ten, Hinata, necesitarás provisiones, las comidas en los hospitales son horrorosas. – musitó sonriendo.
― Muchas...gracias, Karin-chan. – agradeció la Hyuūga.
Naruto las observaba charlar, de pronto, sintió una mano sobre su hombro, se giró para encarar a quien sea que fuese, y se encontró con una espesa negrura que había conocido tan bien.
Era Sasuke.
