Ino y Sai salieron del cuarto con mucha calma, y le dijeron a Hinata que Sakura ya había despertado, ella a su vez le habló a una enfermera para que verificase la situación de la Haruno, y la mujer de cofia y ropa blanca al salir les sonrió. Estaba mucho mejor.
El doctor llegó para volver a revisar a Sakura, y al salir dijo que había respondido a las preguntas de rigor a la perfección. Hinata se cubrió la boca con ambas manos, tratando de reprimir sus sollozos de felicidad, pues su amada mujer de hierro estaba vivita y coleando. Naruto exhaló con mucha pesadez, se había liberado de esa espina en su interior que le decía qur Sakura estaba mal, y no pasaría la noche. El amigo, el que conocía a Sakura desde la escuela primaria se encontraba feliz porque ella se encontrase bien, pero también estaba mal por el daño causado a su amiga.
― Es posible que la demos de alta muy pronto, si sigue así, podría salir mañana por la mañana, bajo instrucciones mías y de qué cuidados se le deben dar a la paciente – anunció el doctor con mucho animo.
― Gracias doctor... – respondió Hinata.
Naruto se sobo sus brazos, tratando de averiguar el momento para poder cuestionar al Doctor sobre algo importante, cuando vio que se alejaba un poco, subió su mirada y apresuró el paso tras él. No se alejaron mucho, pero si a una distancia que los demás no podían oír.
― Eh, doc... – susurró Naruto – ¿Puedo preguntarle algo?
― Adelante joven
Naruto se aclaró la garganta y esperó a que las palabras saliesen de su boca.
― Ejem, ¿Es peligroso alterar al paciente en este momento?... Quiero decir, yo, yo la molesté con algo que no debía, y quiero pedirle disculpas, pero ella suele ser muy... – dijo, tratando de buscar la palabra adecuada, hasta que la encontró – Impulsiva.
El doctor de bata blanca y ojos cafés miró al Uzumaki con ojos inquisitivos, después apoyó su peso en uno de sus pies y dijo:
― Sugiero que esperes a que la paciente haya recobrado un poco su salud, como se ha roto unas costillas, el hacer esfuerzos puede provocar que estas se muevan, y el recolocarlas a su lugar es doloroso. Tranquilo, hijo, que pronto mejorará.
Le colocó una mano en el hombro, dándole apoyo como los amigos suelen hacer. Naruto sonrió y se inclinó como agradecimiento
― Gracias.
Karin se encontraba recargada en una de las paredes del hospital, y al ver a Naruto tan mal, decidió ir a consolarle un poco. Bien y podría ser fuerte y valiente en las situaciones que sucedían, pero ahora que lo veía cabizbajo y con sus animos por los suelos, no podía simplemente ignorarlo.
Se acercó a donde él estaba y lo abrazó. Sus brazos rodearon su cuello, pues con uno acariciaba los cabellos rubios de Naruto, y con la otra le sobaba el cuello de arriba a abajo. Ella no lo sabía, pero aquello causaba una sensación increíble de calidez en el cuerpo y alma del Uzumaki, pues en esos momentos lo necesitaba.
― Shhht, tranquilo Naruto, no fue tu culpa – le tranquilizó Karin – Sakura es fuerte, saldrá pronto de ahí.
Naruto la abrazó, y le encantó. Le encantó sentir el sube y baja de sus pechos contra su torso. Le encantó poder sentir la curva que hacía la espalda de Karin al tornarse con sus nalgas y los susurros que ella le decía al oído. Era tan malditamente hechizante.
― Creo que nosotros vendremos en un momento más, iremos a refrescarnos afuera – anunció Ino.
― Si necesitan algo de afuera, díganos, tienen nuestros teléfonos – siguió Sai.
― No se preocupen...muchas...muchas gracias – musitó Hinata.
Ambos asintieron y siguieron por el pasillo, hasta que doblaron la esquina y ya no se vieron más. Naruto se recargó en la pared donde estaba Sasuke y le dio un golpecito en el hombro, agradeciéndole su apoyo. Sasuke bufó, pero para Naruto, quién lo conocía de, practicamente, toda la vida, era un "de nada".
Karin se acercó a ambos, y de pronto se dio cuenta de algo. Algo que en verdad no le hubiera gustado darse el lujo de pensar y sentir en ese preciso instante, porque aquello significaba un cambio en la relación que tenía con ambos.
Les quería.
No de la manera en que quisieras a tu primo, o a un amigo, era de la manera que hacían latir tu corazón, ambos. AMBOS. ¿Qué demonios estaba sucediéndole? Era como si lo que le había pasado a lo largo de todo el tiempo que llevaba en Konoha, apenas acabase de darse cuenta, aunque, haciendo reencuentro de los sucesos, era más que obvio que iba a llegar a este punto, y a este preciso momento.
Recordó las caricias de Sasuke aquél día en el sillón, así como cuando tocó los labios de Naruto, ni hablar, eran sensaciones completamente distintas. Intensidad contra sensibilidad, comprensión contra costumbre. Eran dos polos opuestos, diferentes uno del otro, pero tanto el Uzumaki como el Uchiha le comolementaban de una forma exquisita, porque formaban ese balance en su vida que tanto quería y había perdido desde que Itachi la desequilibró.
la Uzumaki soltó un suspiro y se cruzó de brazos.
― Creo que me iré a casa, me duele la cabeza – dijo ella.
Sasuke se incorporó, al igual que Naruto, ambos planeaban acompañarle a casa, y Karin estaba decidida a partir sola, pues deseaba reflexionar todo de lo que acababa de darse cuenta, por lo que con la mano alzándola a la altura de sus senos, les dio a entender que no, no deseaba ser llevada a casa y que se las arreglaría sola. Se despidió de Sakura y Hinata, quienes estaban en el cuarto, salió y se despidió de Ino, Sai, Naruto y Sasuke.
― Dejé las llaves en el marco de la puerta, por la parte de arriba – le avisó el Uzumaki a lo lejos.
― De acuerdo, nos vemos chicos – dijo alzando y agitando la mano.
Todos dijeron adiós.
Karin caminaba por la acera, rumbo a su casa. Cruzaba las calles y se encontraba entre escaparates de tiendas que daban ofertas y demás, hasta que en una de ellas se detuvo, pues le llamó la atención, porque se encontró con una linda blusa que le gritaba "cómprame", y vaya, que ella no era una compradora compulsiva, pero esa blusa debía ser merecedora de ese impulso. Se dirigió a la entrada y le pidió a la dependienta que le mostrase dicha prenda, decidió que entraría al mostrador para probársela, y así fue como llegó al cubículo situado en el fondo de la tienda. Recorrió la cortina y comenzó a desvestirse, hasta quedar con brassiere a rayas blancas y azules, con un lazo en medio del cordón que unía ambas copas. Se metió en la blusa y la estiró, como en el probador no había espejo, tuvo que salir a verse en el de cuerpo completo fuera del área de probadores.
Se observó.
La blusa era negra, con un estampado aún más oscuro de flores en relieves. En la parte del cuello, que abarcaba las clavículas y hasta donde iniciaba el seno, estaba hecho de tela negra transparente y en ellas, se encontraban incrustadas piedras de fantasía igualmente negras. Se recogió el cabello con una mano, tratando de darse una idea de como lucía en ella, y verdaderamente le gustaba. Pero algo apareció junto al espejo, o mejor dicho, alguien.
La Uzumaki abrió los ojos como platos, tratando de procesar lo que sus ojos veían a un lado de ella. Los ojos negros con esas marcas bajo de ellos tan característicos, el cabello azabache, la piel pálida...
― Se ve bien en ti, Karin – dijo Itachi.
Santa mierda, si era él.
