** LOS RUGIDOS DEL ¿TIGRE? **
Por. JulietaG.28
Disclaimer: Disclaimer: Nada me pertenece. Todos los personajes de Captain Tsubasa son propiedad de Yoichi Takahashi y SHEI-SHUA. Ésta historia es sólo por entretener.
1. El reto
— Turín, Italia. Marzo.
— Campo de entrenamiento de la Juventus.
El primer entrenamiento de la semana llegó a su final, no había mucho que decir respecto a la práctica así que el entrenador despachó a los jugadores luego de recordar el encuentro que disputarían contra el Bologna FC la tarde del jueves, como parte de las actividades de la Serie A. Poco a poco, el campo se vació, los más agotados se dirigieron a las duchas, mientras que los más hambrientos enfilaron directamente al comedor.
Había sido un largo día, principalmente por los esfuerzos que debían prestar durante el entrenamiento, pero nadie se quejaba al respecto. Kojiro Hyuga fue de los primeros en ingresar a las duchas y apoderarse de una llave donde limpiar los rastros de una tarde corriendo y sudando bajo el rayo del sol. Ni bien terminar, se ajustó una toalla alrededor de la cintura y fue regando gotas por todo el camino hasta llegar a su taquilla.
El espejo en la puerta de metal le devolvió al hombre moreno y de expresión adusta en que se había convertido a lo largo de los años, con los ojos oscuros y el cabello azabache pesado a causa del agua. Secó la melena, roció desodorante y terminó por enfundarse en un pantalón oscuro y una polera con mangas cortas, que terminó doblando por encima de los hombros. Hacía un buen día, así que hizo caso omiso de la sudadera en el armario y se preocupó por atar debidamente las agujetas de sus zapatillas.
— ¿Te vas tan pronto? Hoy hay junta con el doctor Amato — espetó Gentile, apareciendo a sus espaldas después de ducharse. Ignorando la frustración que acababa de provocar en su capitán, el líbero italiano pasó de largo hasta su taquilla y comenzó a rebuscar los implementos para terminar con su aseo personal.
Desde su sitio, todavía con las agujetas de sus zapatos entre las manos, Kojiro frunció el ceño. Había pensado en escapar de las recetas extrañas que servían en el comedor y aprovechar lo que quedaba de su tarde en rellenar su (ya de por sí) pobre despensa y charlar por teléfono con el mayor de sus hermanos. En ningún momento le habían pasado por la cabeza las reuniones mensuales con el médico del complejo, aunque ello no era extraño y es que, cuando se trataba de su familia, el japonés solía desentenderse de todo lo demás.
Cuando Gentile terminó de arreglarse, ambos compañeros dejaron los vestidores yendo directamente al comedor. Odiaban alimentarse con los platillos de poco atractivo visual que preparaba la cocinera del lugar, aunque el líbero casi parecía olvidarlo cuando sus ojos azules encontraban a la nueva empleada, una chica joven y carismática que había demostrado ser su fan al advertirlo y pedirle que le diera un autógrafo.
— ¿Piensas pedirle una cita? Porque, por si no lo sabes, ella está creyendo justo en este momento que es así — dijo Kojiro, tomando asiento una mesa apartada de la cocina, haciendo alarde a la actitud galante con que su amigo tendía a dirigirse a la empleada. Gentile negó con la cabeza.
— Sólo soy amable, deberías intentarlo alguna vez — repuso.
— Mejor que no, si voy a darle falsas esperanzas a la mitad de la población femenina que me rodea. Justo porque eres amable, los medios no dejan de involucrarte en rumores de citas — volvió el tigre japonés, con su usual actitud agresiva. Gentile, quien ya se había acostumbrado a ello, sonrió.
— Así que, debería hacerte caso porque has sabido mantener a la prensa lejos de tu vida, ¿no? —
— Inténtalo, si tienes suerte, un día serás tan increíble como yo — se mofó Hyuga, haciendo que Gentile le arrojara una col directamente a la frente.
:-:-:
— Revista Vogue
— ¡Novata! — exclamó la jefa de redacción, sin levantar la mirada del borrador en su escritorio, demasiado segura que la chica nueva en su equipo aparecería en su oficina al cabo de unos segundos.
Desde su cubículo — un espacio demasiado pequeño para ser considerado espacio de trabajo — la novata de Vogue pareció desperezarse al escuchar a su jefa y es que, la esperanza de conseguir que le asignara la cobertura de algún hecho importante que le ayudara a crecer como reportera, se iluminaba y apagaba según la voz de Franca Lorencetti la llamaba a su oficina.
— Aquí estoy — se anunció, ni bien llamar a la puerta e ingresar en la oficina. Franca frunció el ceño al encontrarse con la extraña pronunciación del italiano en la lengua de una española, pero si la chica lo notó, prefirió ignorarlo.
— Te estabas tardando — la retó — He considerado tu petición para trabajar en reportajes serios y en vista que Rachel rechazó mi oferta inicial, supongo que el trabajo es tuyo si crees poder cumplir con ello — explicó Franca — Lo que digo, es que te consideraré apta para terminar el periodo de prueba y obtener el trabajo de planta si me consigues una entrevista —
Frente a ella, la novata se contuvo de dejar escapar una exclamación de celebración y es que, después de tres meses como reportera de Vogue, tal vez por fin hubiera una oportunidad de dejar de redactar historias sobre lo buenos que eran los productos cosméticos de MAC o lo importante que resultaba hacerse con el nuevo bolso lanzado por GUCCI.
— ¿Quién es el entrevistado? — preguntó, entonces. Franca abandonó el borrador que había atendido hasta entonces y puso los codos sobre el escritorio, entrelazando los dedos con una sonrisa divertida en los labios.
— Kojiro-Hyuga — pronunció, casi cantando — Nuestras lectoras han enviado muchas cartas pidiendo que demos una nota exclusiva de él, luego que su compañero Salvatore ofreciera un reportaje de tres páginas, hace unos meses — lucía emocionada y aunque la enmienda no era, ni por asomo, lo que la novata había pedido y esperado recibir, debía admitir que la editora tenía sus motivos para imaginar que sí que lo era.
— Pero, Kojiro Hyuga es el único futbolista que nunca ha dado entrevistas respecto a su vida personal, jamás habla de nada que no sea el deporte o el partido que haya jugado ese día — repuso, dudando si el comentario sentaría bien a Franca.
Como era de esperarse, la editora terminó sufriendo una transformación. La sonrisa divertida se convirtió en una tensa línea y el peso de su mirada cayó completamente sobre los ojos ámbar de la chica.
— Siempre puedes rechazar la oferta, no estoy pidiendo imposibles y en caso que así lo creas, bueno, alguien allá afuera estará dispuesta volver lo imposible, posible — señaló, entre dientes. Regresó la atención al borrador, ignorando completamente a su reportera.
No había otra opción, decidiendo que sin importar lo difícil de la tarea, ella conseguiría llevar a Franca Lorencetti el reportaje que quería, la novata terminó por llenarse de energías para acceder a la labor. Pensaba que al hacerlo, no sólo demostraría su valía a la excéntrica editora sino que, además, estaría gritando al mundo lo audaz y temeraria que Aimé Sáenz podía ser.
Y cuando tuviera la entrevista y el visto bueno de Franca, tal vez consiguiera que su currículum resultara atractivo para algún verdadero periódico.
— Dudo mucho regresar, no pienso dejar ese campo hasta tener lo que quiero — dijo a Franca y abandonó el lugar. Desde su silla, la editora sonrió abiertamente y es que, dudaba que aquella niña consiguiera cumplir con la tarea, pero siempre había posibilidades para vivir una grata sorpresa.
Fuera de la revista, Aimé se prometió a sí misma conseguir, como fuera, una entrevista con el tigre japonés. No era como si realmente le interesara llevar a cabo aquel reportaje, pero no había estudiado periodismo en una de las mejores universidades de España y conseguido una beca para terminar los estudios en Italia, para terminar escribiendo notas sobre moda y artículos de belleza.
Detestaba el hecho que los diarios más importantes le rechazaran por falta de experiencia o recomendaciones escritas, pero ni siquiera en sus sueños podría pensar en rendirse y dirigir su vida en otra dirección. Había llegado a Vogue buscando una oportunidad y la firma de una de las editoras más reconocidas y no pensaba desaprovecharlo, por más imposible que pareciera la tarea asignada. De alguna forma, entrevistaría a Kojiro Hyuga.
:-:-:
— Campo de entrenamiento de la Juventus.
Una de las cosas buenas del doctor Amato, era que casi nunca tenía mucho que decir. Una de las cosas malas del hombre, era que cuando había algo que compartir, sus discursos solían prolongarse hasta convertirse en lo más parecido a una nana para dormir. La hora entera que duró su reunión había bastado para entumecer nuevamente a los jugadores, así que al abandonar el complejo, un par de estiramientos parecían irles bien.
— Demonios, si vinieron — se lamentó Gentile a su lado, todavía con un brazo flexionado detrás de la nuca.
Hyuga, quién comenzaba a pensar que su cuello había sufrido una seria lesión durante la junta, levantó la vista al enrejado que rodeaba las instalaciones del lugar y no pudo hacer más que comprender porque su compañero lucía tan abatido. Fuera del complejo, un montón de reporteros se preparaban para ingresar y es que, debían estar ansiosos por escuchar al equipo hablando del próximo juego contra el Bologna.
— Tranquilo, es normal que estén aquí — intentó Kojiro, para tranquilizar a su amigo.
— Lo dices porque contigo nunca intentan pasar de un partido a tu vida personal — se quejó Gentile. No se habían movido un solo metro luego de advertir a la prensa, prefiriendo mantener aquella conversación lejos de sus curiosos oídos.
— ¿Qué quieres que haga? Supongo que no soy tan interesante como tú — se mofó de vuelta, palmeándole en el hombro, el italiano compuso una mueca antes de preguntar, como quien se ha resignado:
— ¿Cómo es que mantienes tu vida tan oculta de ellos?
— Me gusta mantener mi vida donde debe estar, o sea, en mí — repuso sin más y es que, no había magia detrás de lo que hacía, sino más bien, mera indiferencia que a la larga, terminaba por conseguir que los reporteros se aburrieran de intentar sonsacarle alguna respuesta.
— ¿No será más bien que tiene algo que ocultar? —
Volviéndose para advertir a la persona que había interferido en su conversación, ambos chicos fueron a encontrarse con una joven bajita, de apariencia confiada y sonrisa angelical, castaña y con unos increíbles ojos ámbar. Mirándole directamente, Gentile pensó que aquel toque felino en sus orbes, le resultaba familiar.
— ¿Y tú? ¿Quién eres? — increpó Hyuga, ojos entrecerrados, ceño fruncido.
— Aimé Sáenz, reportera de Vogue — sonrió la chica — Estoy aquí, porque nuestros lectores quieren conocer un poco más de su ídolo japonés, entonces, ¿me concedería una entrevista, joven Hyuga? — preguntó.
Debía saber que la tarea que su editora le había impuesto no resultaría tan sencilla y aun así, había aparecido en el campo luciendo todo lo amable y segura que podía, preguntando si acaso Hyuga le facilitaría las cosas. Como si en verdad esperara que sucediera.
— Que graciosa — sonrió Hyuga, divertido — En fin, puedes darte por vencida, no tengo el más mínimo interés por compartir mi vida con nadie y mucho menos, con los lectores de Vogue —
— ¿Piensa que eso es todo? No he venido hasta aquí para recibir un no por respuesta — atacó ella, entonces, sin perder la sonrisa.
Parecía como si dos fieras hubiesen mostrado las garras antes de lanzarse a la yugular, así que Gentile decidió que era mejor si evitaba atraer su atención. No sabía quién de los dos sería peor, pero se negaba a convertirse en la presa de alguno.
Continuará…
N/F:
* Los rugidos del ¿tigre?es la tercera entrega de la colección **Mundial de locos** (detalles en mi perfil) perteneciente al apartado Rumbo al Mundial.
* Aimé Sáenz es un OC propiedad de JulietaG.28
* Otras referencias: Vogue es una revista de modas con sede en Nueva York, se publica en veinte países distintos, incluyendo Italia.
JulietaG.28
Última edición: Julio, 2020
