2. Reportera audaz
La descarga eléctrica que el choque de miradas entre el japonés y la española provocó, hizo saltar chispas ardientes a su alrededor, mientras ámbar y ónix se fundían dando como resultado una mezcla tan hermosa como volátil y letal. No sabía quién de los dos elegiría retirarse o si el duelo se prolongaría hasta que un tercero interfiriera, pero Gentile prefería no quedarse a averiguarlo o, peor aún, verse involucrado.
A su lado, Kojiro sonrió.
Había pasado un largo tiempo desde que alguien le hubiera cautivado tan pronto como duraba una mirada — probablemente desde su despedida con Maki, un año atrás — aunque no recordaba una ocasión en que los ojos de una persona hubiesen sido capaces de hacerlo sentir como si una llama se encendiera entre los dos y el contacto visual sólo incrementara el tamaño de la flama. Resultaba divertido y lo admitía, pero no tenía tiempo para jugar.
— No quiero — musitó, encogiéndose de hombros antes de guardar las manos en los bolsillos del pantalón y comenzar a caminar. Estaba seguro que los planes de hacer la despensa no se verían realizados, pero todavía tenía que hacer una llamada internacional y felicitar a su hermano como se suponía que hiciera el día de su cumpleaños.
Atrás, Gentile pareció comprender que aquel era el momento que tanto había esperado y antes de ser víctima de la curiosidad de la reportera, enfiló hacia donde algunos de sus compañeros se habían apiñado a conversar mientras otros, unos metros más allá, brindaban amables entrevistas a los medios sobre el partido contra Bologna.
— ¿Por qué es así? — Aimé preguntó, trotando tan cerca de Hyuga como las botas negras que se había calzado esa mañana, le permitían hacerlo.
Le había tomado un minuto comprender la respuesta del japonés y otro más darle alcanza debido a las largas zancadas que daba al caminar, pero aunque opusiera resistencia y se negara a cooperar, no pensaba marcharse hasta conseguir lo que Franca necesitaba para confiar en su potencial como reportera.
— ¿Por qué simplemente no me da lo que quiero y ya? — volvió, Hyuga aminoró la marcha para dejarla acercar, advirtiendo el bonito auto que había llevado al campo. Encontraba gracioso ver a la otra correteándole por el lugar, cuestionando su actitud y cuidando de no dar algún paso en falso al mismo tiempo.
— ¿Cómo dijiste que te llamas? — preguntó, aunque mantenía el nombre grabado en su mente.
— Aimé Sáenz — respondió.
— Entonces, Aimé, presta atención a lo que te diré — le pidió, deteniéndose de súbito para girarse y mirarla directamente. Ella lo imitó, sus ojos ambarinos bien puestos en su persona — Si yo te diera lo que quieres, jamás te irías. ¿Lo entiendes? Es imposible que te bese ahora, si sé que al hacerlo terminarás pidiéndome más — dijo, fingiendo lamentarse por su respuesta. Aimé se enfadó y repuso con dureza:
— No quiero sus besos —
— Todas quieren un beso — sonrió él — Fingen querer entrevistas, pero mueren por algo más —
— Yo no soy una de esas e incluso si lo fuera, no buscaría un beso de usted — arrojó, furiosa.
— Yo tampoco quiero darte una entrevista, así que supongo que como ninguno dará algo que no quiere, es mejor si te vas —
De un solo movimiento, hizo aparecer las llaves del auto a sus espaldas y estaba botando los seguros cuando la voz de Aimé, tan necia y decidida como antes, se hizo escuchar.
— Lindo auto, pero, ¿no se suponía que el tigre japonés conducía un Porsche? —
La sonrisa que bailaba en labios de Hyuga no vaciló y andando hasta el auto, abrió la puerta del conductor y abordó. El Ferrari Enzo que había adquirido sólo un par de días atrás y que había sacado a pasear por primera ocasión esa mañana, apestaba a cuero nuevo y neumáticos sin gastar, la carrocería plateada brillaba como un diamante bajo la luz del sol y cuando Hyuga introdujo la llave, encendiendo el motor, la bestia rugió potente haciendo respingar a la reportera, de pie junto a ella.
— ¿Ruge bien, no es así? — se mofó Kojiro, al verla dar un paso atrás — Te daré un consejo, cuando quieras entrevistar a alguien, investiga un poco antes de ir a verla. Podrías enterarte que hace días, me vieron visitando la sucursal de Ferrari —
— ¿Es que el Porsche no rugía tan bien como este? — Aimé preguntó, arqueando una ceja. No creía que conocer los motivos por los que Hyuga había cambiado de auto fuera a interesar a los lectores de Vogue, pero no podía dejarlo ir sin haber conseguido al menos un poco de él.
— Nada ruge mejor que un Ferrari Enzo — le aseguró, chulo — Igual no importa, tus lectoras no quieren saber sobre mi auto, ¿cierto? —
Cierto, pero Aimé no pensaba aceptarlo.
— Buen intento, bonita — Hyuga se rio y arrancó. Con destreza, manipuló el auto para hacerlo salir del cajón e incorporarse al camino de salida con un solo volantazo. La marca de sus neumáticos quedó tatuada en el asfalto, podría haberla acompañado con la huella de una primera derrota en la batalla por su entrevista, pero Aimé pensó que si Kojiro había grabado algo en ella esa tarde, no había sido su conversación sino sólo una palabra.
Bonita.
:-:-:
— Feliz cumpleaños, Takeru — dijo Hyuga, al mayor de sus hermanos — Pronto iré a Japón a verles y hasta entonces, espero que disfrutes tu regalo —
— Gracias, nīsan — repuso su hermano, emocionado — El auto es increíble, lo he probado hoy mismo. Todos estamos impresionados, aunque Masaru y Naoko se han divertido al montarlo —
— Me agrada oír eso, pero no olvides que no es un juguete. Mamá me ha gritado mucho por enviarte un Porsche de cumpleaños, alegué que no siempre se cumplen veintiún años y que, claro, no era un auto nuevo, de todas formas... —
— Lo sé, seré muy responsable. ¿Sabes? Es mejor si no es nuevo, a mis amigos les emocionará más saber que ha sido tuyo que el hecho que sea un Porsche. No es un juguete, pero puedo disfrutar el placer de presumirlo un poco, ¿cierto? — Takeru no podía ocultar su felicidad y en vista que era un día especial, Kojiro pensó que no estaba mal malcriale y mimarle un poco.
— Seguro que no — repuso.
Charlaron un poco más, Takeru lo puso al día de lo que pasaba con su familia. Le habló largo rato de lo bien que les iba en la escuela a los tres hermanos, de lo altos que habían crecido él y su hermana y la envidia que provocaban en el segundo, quién ya se había quedado corto en estatura a diferencia de Naoko. Antes de cortar la llamada, pasó el teléfono a su madre y Kojiro escuchó como el niño que siempre sería para ella, todos los consejos sobre cuidar su salud y alimentarse correctamente además de jugar futbol.
— Iré a casa pronto, mamá. Cuídense, los amo — dijo, para despedirse.
— También te amamos, hijo. Hasta pronto —
La noche había caído sobre la ciudad, cuando su llamada terminó. El recibo del teléfono marcaría un precio muy alto por una sola llamada y si bien el dinero no era un problema gracias a su trabajo, a Kojiro le habría importado lo mismo si tuviera sólo un par de monedas en el bolsillo y es que, cuando se trataba de su familia, ya se sabía que nada más podía importar.
Encendió el televisor después de preparar la cena saludable que había prometido a su madre — dos emparedados de pavo, una bolsita de twinkies y la lata de su soda favorita — y rebuscó por los canales hasta encontrar alguno que llamara su atención. Un partido del Barcelona y una competencia de gimnasia ya pasada se transmitían a esa hora, pero como no le interesaba ver a Tsubasa jugar y la única competidora japonesa era desconocida para él, decidió seguir de largo hasta el canal de noticias.
Se acababa de instalar en lo último que decían los presentadores sobre el avance de la Bundesliga y la Ligue 1, cuando una noticia en el cintillo inferior llamó su atención.
LA ESTRELLA DE SOFTBOL, AKAMINE MAKI, NO JUGARÁ CON EL Fortitudo Baseball Bologna Y SE RETIRARÁ TEMPORALMENTE DEL DEPORTE
No podía creerlo. Todavía impresionado por lo que acababa de leer, Kojiro apagó el televisor y empujó el plato con la cena hacia delante, habiendo perdido el apetito. Sabía que el softbol no era un deporte que poseyera la misma atención que el soccer, pero no creía que un anuncio como aquel mereciera sólo un par de segundo en el cintillo intermitente que aparecía en las pantallas de televisión. ¿Sabría más de lo sucedido si investigaba en internet?
Un simple clic podría arrojar montones de resultados sobre ella y aunque sentía curiosidad, no podía evitar resistirse, por miedo a encontrar alguna especie de artículo que se alejara del ámbito profesional y ahondara en la vida persona de Maki Akamine. Debía ser normal, pensó y es que, sólo un año había pasado desde que la historia que habían escrito juntos hubiera llegado a su final. No dolía, ya no, pero había algunos recuerdos a los que nunca se sentiría cómodo volviendo.
Recordó entonces cuando la conoció, años atrás, durante su viaje a Japón. Maki lo había inspirado para regresar a la selección tras las órdenes de Gamo, dando vida al que — desde entonces — sería su disparo más poderoso. Había esperado no verla más y se había sorprendido cuando, antes de volver a Europa, ella lo había esperado en el aeropuerto para darle un obsequio e intercambiar números.
Su amistad se fortaleció, los sentimientos fueron en aumento y entonces, a punto de formalizarlo y darlo a conocer, Maki encontró dificultades para seguirlo a Turín. De alguna forma, consiguió llegar a Italia y aunque Bolonia se hallaba lejana, ambos pensaron que lograrían hacer las cosas funcionar. El año que intentaron mantener a flote el romance, terminó con la llamada de Maki diciendo adiós y el silencio de Hyuga, quien orgulloso como siempre, se había negado a exigir más de lo que ella le quería brindar.
Jamás había llegado a odiarla, de hecho, dudaba que fuera capaz de hacerlo incluso si lo deseara. Recordaba su historia como una bonita experiencia, aunque ello no significa que se sintiera inclinado a volver a saber de ella, después de todo, alguna buena razón habría existido para no justificar el motivo por el que le dejaba.
Sacudió la cabeza, negándose a ir por esa dirección. Después de todo, el pasado era pasado y no había más que decir.
Recogiendo la comida que ya no llegaría a disfrutar y guardándola para más tarde en la nevera, Kojiro se preparó para ir a la cama y descansar, debía estar en forma — tanto física como mentalmente — para los entrenamientos y mantener la cabeza en el juego que la Juventus disputaría esa semana. No podía permitirse que nada lo distrajera y sin embargo, esa noche, sus sueños se plagaron de sonrisas desafiantes y ojos felinos color ámbar.
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KOJIRO HYUGA
Datos personales:
Edad: 25 años. Procedencia: Saitama, Japón. Familia: Padre, madre, hermanos.
Equipo: Juventus, antes Toho (escuela media y superior) y Meiwa (colegio básico) Posición: Centro delantero. Dorsal: 9.
Información de interés para el artículo:
* Amigo cercano de Gentile Salvatore. * Arrogante, reservado, cínico y grosero. * Con tendencia a vanagloriarse/posible complejo narcisista * Atractivo-…
— ¿Qué estupidez estás diciendo? — se regañó Aimé, en voz alta — ¿Atractivo, de verdad? No es tan feo como Gentile, pero sin duda no es atractivo —
Cualquiera que le viera, pensaría que estaba loca y lo cierto era que tal vez lo estuviera. ¿Quién en su sano juicio accedería a entrevistar a una persona como Kojiro Hyuga, sólo por demostrar algo a la editora de Vogue? Alguien en sus cabales, seguro que no. Pero no importando si sus facultades demostraban estar algo inestables, Aimé estaba decidida a cumplir con el reto que Franca y el mismo Hyuga le habían impuesto.
Recordaba su encuentro como la clase de conversaciones que nunca le había gustado mantener y es que, Kojiro no sólo la había descubierto sin poseer ninguna verdadera información sobre él, sino que además, había calado en su interior en un punto vulnerable en que nadie debía hacerlo. ¿Quién le había dado permiso para llamarla bonita?
— Sáenz, por favor, no es momento para pensar en eso — volvió a retarse, al recordar lo que el japonés había dicho antes de arrancar el auto y dejarla atrás.
Fijó su atención en el documento que había comenzado. No había obtenido mucho de internet y es que, además de la ficha general donde figuraban sus datos — lugar y fecha de nacimiento, una corta biografía sobre su familia y su paso por el futbol — los artículos en italiano que hablaban sobre él versaban únicamente sobre su desempeño como jugador y se fijaban en el carácter agresivo que demostraba en el campo.
Los tabloides casi nunca le mencionaban y en las noticias más recientes, lo único digno de mención parecía ser su visita a Ferrari para adquirir un modelo Enzo y la especulativa venta de su vehículo anterior. Suponía que páginas en otros idiomas — sobre todo aquellas en japonés — le dirían más sobre el tigre, pero en vista que desconocía el idioma y Google Translate no era de ayuda — su japonés era peor que el de ella — el archivo que había creado carecía de datos que le brindaran un gancho por el que tirar para conseguir la entrevista.
— ¿Qué pasa con él? Nadie puede mantener su vida tan oculta — se dijo, un segundo antes de escuchar el ladrido de la pequeña cachorra blanca, una bonita Volpina, que yacía al pie de su cama — Lo sé, Luna, este gatito es un fastidio, ¿pero qué puedo hacer? —
Cerró la portátil no queriendo saber más de Hyuga y lo poco disponible en la web sobre él, por esa noche y luego de dejarla sobre la mesita, palmeó el colchón hasta conseguir que Luna subiera con ella. Hacía poco que se hubiera acostumbrado a tener mascotas y es que, la cachorra había sido un regalo de sus padres, a quiénes no les había agradado que dejara España sola y habían pensado en brindarle una amiga hasta que ella pudiera hacer otra.
— No me rendiré — le dijo a Luna, después de apagar la luz — Conseguiré esa entrevista, aunque sea lo último que haga — la cachorra ladró, apoyando su decisión y se acurrucó contra ella para ir a dormir.
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— Viernes. 05:00 pm.
La tarde había caído, el cielo se había tintado de un bonito color anaranjado rojizo y en vista que el día anterior, el equipo había logrado una victoria en el encuentro de ida contra el Bologna, el entrenador había cedido ligeramente en la práctica de aquel día. No podían darse el lujo de aligerar el rendimiento al mínimo — la semana siguiente disputarían la vuelta de octavos en los partidos de la Champions — pero un descanso por la victoria no estaba mal.
— ¿Quién es? Con lo que importa, espero que haya venido buscándome — espetó Colombo, uno de los defensas del equipo, a unos metros de Gentile y Kojiro. No estaban prestando atención a sus compañeros mientras recogían las maletas para ir a casa, pero no habrían podido pasar por alto el tono emocionado con que el defensa hablaba.
Alrededor, varios de los jugadores se habían fijado en su presencia y es que, a falta de otros reporteros rodeándola en un intento por robarle la atención de alguno de los chicos en el equipo, Aimé conseguía atraer la atención y despertar la emoción en el montón de hombres sudorosos que entrenaban en el campo.
— No sueñes tanto, hombre, ha venido por otro — se mofó Gentile — ¿A que sí, capitán? —
— Cierra la boca — lo retó Hyuga — Vamos, Colombo, puedes darle lo que quiere. ¿Vogue te ha entrevistado alguna vez? — señaló y vio la emoción desvanecerse de los ojos de su compañero.
— Dios, sí y no es algo que quiera repetir — dijo el defensa — En fin, si ha venido a verle, espero que se divierta, capitán —
— ¿No adoras la emoción que la revista de Franca Lorencetti nos hace sentir? — se mofó Salvatore, viendo a sus compañeros retirarse, evitando atraer la atención de la reportera tras el enrejado.
Hyuga terminó de recoger y todavía con la pesadumbre que le provocaba lidiar con los medios sobre los hombros, se dirigió en compañía del líbero hasta la salida del lugar. Cruzaron las puertas despidiéndose de los guardias y se separaron cuando Gentile vio a la chica ponerse en movimiento, la experiencia con Vogue que había tenido todavía le causaba escalofríos, así que prefería mantenerse bien lejos de cualquier de sus reporteros.
— He decidido formar un club de fans para usted — dijo Aimé, apenas tener al tigre de frente. No se suponía que fuera directamente a ella, pero sus pies no parecían haber recibido la orden de su cerebro sobre pasar de largo y dirigirse a su auto.
— ¿En serio? A estas alturas, creí que ya tendría un fanclub oficial — señaló, con tono burlesco. Aimé no picó el cebo y continuó:
— Ninguno como el que yo haré. Las llamaré Hyulibers —
— Siento decirlo, pero suena patético — respondió, sonriendo.
— Lo que es patético es que el ícono del club no deje que le conozcamos — Aimé atacó, al tiempo que el tigre emprendía la marcha a su auto.
Le había tomado tres días — en los que incluso tuvo que conseguir una entrada para el partido Juventus vs Bologna —armarse de valor para volver a enfrentar al tigre japonés y no había ido hasta ahí sólo para rendirse al primer intento. Los datos que guardaba respecto a Hyuga seguían siendo escasos, aunque la investigación durante el partido le había proporcionado cierto comienzo. Según las fans del tigre — que sí existían — Kojiro no sólo tenía varios clubs de fans sino también, una lista de cosas que estos deseaban saber.
— ¿Por qué te interesa? — Hyuga preguntó, apoyándose contra la puerta de su auto y cruzándose de brazos — No te ofendas, pero no pareces el tipo de reportera que uno esperaría viniendo de Vogue. No es que me fije, pero según mis amigos deberías darme miedo y hasta ahora, sólo me haces sentir que aborreces entrevistarme tanto como yo responder a tus preguntas —
— ¡Pero si ni siquiera me ha dejado preguntar nada! — se quejó ella — ¿Ha pensado que me gustaría entrevistarlo si fuera más agradable? Tampoco es que quiera saber cuál es su postre favorito, pero nada le cuesta cooperar y ayudarme a hacer mi trabajo —
— No puedo ayudarte a hacer algo que no quieres hacer — dijo, encogiéndose de hombros — Si no quieres saber mi postre preferido, ¿qué esperas que responda? Vogue no es más que moda, cosméticos y consejos para ligar, ¿verdad? —
— Si fuera una revista deportiva, ¿me diría en que invierte las cantidades estratosféricas que gana? ¿Revelaría cuánto influyó la muerte de su padre en su crecimiento dentro de la cancha? — Aimé casi rugió cuando lo cuestionó y aunque sus ojos ambarinos brillaban con la emoción de una reportera ejerciendo su labor, Kojiro no pudo evitar que la dirección de sus preguntas encendiera la chispa de un tigre en posición defensiva frente a otro predador.
— Cuidado por donde vas, bonita — le advirtió — Aunque admito que sería interesante ver que escribirías de mí — agregó, relajando el tono de su voz. Aimé pareció entender que no pelearía y el brillo de sus ojos también descendió.
— ¿Me concederá la entrevista, entonces? —
— No, mi curiosidad no llega a tanto. Prefiero no tener nada que ver con tu revista — sonrió.
— ¿Es que no quiere que sus fans le conozcan? ¿Qué tengan oportunidad de a-? —
— ¿Acosarme? No, estoy bien así — completó por ella, volviéndose para montar el auto y marcharse del campo.
— Animarlo, darle regalos, detalles que ganen su corazón — siguió Aimé, ignorando sus palabras. Hyuga abrió la puerta y estaba por subir, cuando se giró y dijo:
— No creo que tú misma quieras leer esa entrevista. Vamos, ya que insistes en pagar, comeré contigo si prometes seguir divirtiéndome como hasta ahora —
Continuará…
N/F:
Personajes: Franca, Colombo, entre otros personajes secundarios son propiedad de JulietaG.28.
Equipos: Fortitudo Baseball Bologna, combinado de béisbol profesional con sede en Bolonia, Italia.
Aclaración: Debido a la poca información sobre Maki y Kojiro, los hechos ocurridos tras la vuelta a Europa del tigre son completa invención de mi imaginación.
