7. Visitas inesperadas


Sábado. 12:00 pm.

El despertador no había sonado o quizás, sí que lo había hecho y Aimé había pasado su alarma por alto, demasiado agotada tras la velada que había vivido en compañía del tigre japonés. Dando una carrera hasta el elevador, con la esperanza de que alguien escuchara sus plegarias y detuviera las puertas hasta que hubiera subido, la castaña pensó que — en realidad — no se arrepentía de haber tomado un par de horas extra para descansar.

Se sentía asustada, a Franca no le haría gracia si llegaba a advertir que la novata no estaba en su mesa, pero no le remordía la conciencia ignorar el despertador porque su mágica noche de cita con Hyuga había valido completamente la pena. Tenía que hacer un gran esfuerzo para no pensar en ello mientras subía a la redacción, pero no podía evitarlo siendo que no recordaba haber vivido una aventura parecía. Desde la cena, hasta el bar, incluso el episodio con Alonzo… y el beso. Todo había sido tan perfecto que le preocupaba un poco despertar y darse cuenta que nada había sido real.

— ¡Novata! — el grito de la editora, llamándola apenas dejarse caer sobre su silla, pareció llevarla de vuelta a la realidad. No era agradable ser llamada por Franca tan pronto como llegaba, pero al menos, Aimé había confirmado que sus temores no eran reales. Estaba despierta y todo lo que recordaba era real.

Se apresuró a la oficina de la jefa de redacción, con la libreta en mano y la seguridad de que sería ferozmente regañada en la visita, supiera Franca sobre su retardo a la oficina o no. Para cuando ingresó en el despacho de la italiana, no se sorprendió de que la editora le dirigiera la peor de sus miradas y que sus labios pintados de un tono azul demasiado oscuro, se encontraran apretados al punto de convertir su boca en una línea distorsionada que temblaba de tanto en tanto.

— Reporte de avance, ahora — ordenó la mujer, con la voz más grave y dura que le había dirigido nunca, Aimé apretó la libreta entre las manos y respondió:

— Lo siento, Franca, no lo tengo —

— ¿Qué dijiste? — cuestionó la jefa, entrecerrando los ojos en un gesto amenazador. Aimé desvió la mirada, deseando huir del efecto atemorizante que le provocaba la italiana.

— Sucede que esta semana el equipo de futbol no estuvo disponible. Una vez fui al campo y ellos no estaban, intenté encontrarlos y recorrí casi toda la ciudad, pero no los encontré — mintió — Y luego jugaron aquel partido, me reuní con fans y pregunte mucho, pero todos dicen lo mismo. El tigre no revela su vida a nadie y es muy cuidadoso, a decir verdad, creo que está huyendo de mí —

— Entonces, ¿me estás diciendo que desde que te ordené el trabajo, no has conseguido nada? —

Admitir que había desperdiciado todos aquellos días en una entrevista sin futuro, sería darle motivos a Franca para considerar dejarla continuar con la labor o, peor aún, pensar que su presencia en la revista no era necesaria. No era como si Aimé realmente deseara el empleo, pero el salario de Vogue pagaba su alquiler y le daba de comer, hasta que no pudiese asegurarse otro trabajo… Mejor si no tentaba a la suerte.

— No del todo, la verdad es que conseguí embolsarme a su amigo, Gentile Salvatore y he estado charlando con los guardias de seguridad. Quería tenerlos de mi lado, ellos ven a los futbolistas entrar y salir de ese campo, así que seguro han visto algo que los medios no, y el rubio ese…—

— Veo que al menos no eres tonta, anda ya. Persigue a ese gato hasta que tengas lo que quiero. A partir de ahora, tienes una semana, si para entonces no me has traído lo que pido… — espetó Franca, todavía dura y firme como una roca — Entonces pensaré sobre cuán necesaria es tu presencia en mi revista. Ahora, largo, tengo cosas que hacer —

Había pensado que la editora podría llegar a tal extremo, más no se le había ocurrido que realmente fuese a suceder. Escucharla decir qué pensaría sobre despedirla o no… No tenía nada para escribir la entrevista y lo que era pero, le había dicho a Kojiro que no deseaba escribirla. La noche anterior había bromeado sobre inventar algo con el consentimiento del japonés, pero en esos momentos, la española pensó que si no sacaba algo para contentar a su jefa, probablemente no le quedaría otra opción.

Por ese día no dejó la oficina y rebuscó en internet por información del tigre que le pudiera ser de ayuda, intentó traducir algunos artículos en idiomas que no conocía, pero al final de la tarde los resultados fueron los mismos. Kojiro se había empeñado en guardar su vida mejor que ninguna otra persona y si acaso deseaba encontrar algo para escribir un reportaje sobre él, tendría que conseguir que el mismo tigre se lo comentara. Estaba por rendirse cuando una página capturó su atención, no entendía los kanjis japoneses, pero la fotografía anexada hablaba por sí sola.

— ¿Quién es ella? — se preguntó, viendo la imagen donde Kojiro y una chica a la que habían capturado de espaldas a la cámara, parecía estar conversando. Una figura de acción yacía en las manos del tigre y alrededor, parecía como si se hallasen plantados en una sala de aeropuerto.

El timbre de su teléfono la hizo sobresaltar y al mirar la pantalla, creo que se trataba de una señal. Kojiro estaba llamando, así que Aimé cerró el buscador. Se preguntó si ser honesta con el tigre haría que este le confesara quien era la mujer de la imagen y se prometió que por el bien de su trabajo, aquella semana debía conseguir al menos la historia de un amor adolescente que pudiera mantener a Franca Lorencetti lejos de firmar su documento de despedido.

— ¿Ocupada? — preguntó Kojiro, al otro lado de la línea, ella sonrió.

— No, realmente. ¿Qué me dices tú? —

— Parece ser una noche tranquila, lamento no haber llamado antes, Gentile atrasó la práctica por un incidente ocurrido anoche y el resto del día tuve que entrenar. ¿Cómo has pasado la resaca? —

— No hay cuidado — le aseguró — La verdad es que me quedé dormida y he tenido trabajo en la oficina, no me ha quedado tiempo para saber si el dolor de cabeza era por la resaca o por la loca de mi editora — murmuró, tan bajo que de no estar en el móvil, Kojiro no habría sido capaz de oírla. Su risa no se hizo esperar, despertando el deseo de estar junto a él y verlo reír como el hombre agradable y bromista que podía ser.

— Espero que puedas curar eso pronto, en fin, creo que hay una charla pendiente entre nosotros y aunque me gustaría tenerla justo ahora, me parece que va a tener que esperar — explicó, Aimé frunció el ceño.

— ¿Por qué? —

— No suele haber entrenamiento en domingo, pero el lunes viajaremos Génova para el encuentro contra Sampdoria, me es imposible pasar tiempo contigo hasta después del partido. Entonces, ¿te parece si resolvemos nuestra conversación, comiendo juntos el martes? — le propuso.

— ¿Me estás invitando a otra cita? — bromeó y lo oyó reír, ella también estaba sonriendo y la mueca pareció ampliarse cuando Hyuga respondió, tan jovial y sincero como siempre que:

— Solo a ti te invitaría a salir —

No cabía duda, Kojiro Hyuga sabía cómo mantenerla emocionada.

:-:-:

Martes, 12:00 pm.

Apagó el monitor sin haber cerrado el navegador y recibió el reflejo de su rostro enfadado como premio por su arrebato. La frustración se había instalado hacía rato en su interior y por más que intentaba encontrar la solución para sosegarla, sus esfuerzos carecían de resultados con cada artículo, tweet y página web en japonés que visitaba. ¿Por qué era tan complicado descubrir la identidad de una persona a la que ni siquiera había visto el rostro?

No sólo debía lidiar contra la barrera del lenguaje sino que, además, Aimé se había ido a sumergir en una búsqueda sin final dónde su única pista era una fotografía distorsionada de dos personas en el aeropuerto, una sosteniendo una figura de acción en las manos y la otra dándole la espalda al listillo que hubiera apuntado la cámara en su dirección. La idea que en alguno de todos los sitios disponibles en la red, debía existir el nombre de la chica que acompañaba a Hyuga en la foto no abandonaba su cabeza y sin embargo, entre más dominios abría, menos le agradaba lo que hacía.

Se preguntó si el motivo por el que la búsqueda carecía de éxito era su culpa, si su conciencia le imposibilitaba actuar como reportera y si sus ojos se negaban a encontrar algo que, en el fondo, sabía que no deseaba averiguar. ¿Quién era esa chica? La respuesta parecía sencilla, si tanto deseaba conocer su identidad, sólo debía preguntarlo a Hyuga y esperar a qué él disipara la niebla en su cabeza, no obstante, la española había guardado sus reservas y al cabo de unos días, sabía a qué se debían.

¿Y si se trataba de alguna novia? No sería sólo una chica, sino la única mujer en la misteriosa vida de Kojiro Hyuga. Aimé jamás se había considerado una mujer celosa, así que resistirse a escuchar aquello de labios del tigre no iba en esa dirección, en realidad, se le había metido en la cabeza que si aquella mujer era parte del pasado romántico del japonés… ¿Qué pasaba con ella? No habían tenido oportunidad de aclarar su relación, de decidir si una cita o dos les bastarían o a dónde deseaban llegar después de algunas salidas. No se conocían de mucho y todavía debían descubrir mucho el uno de la otra, pero si lo hacían, si unían sus vidas y en algún momento decidían volver a separarlas…

¿Aimé se convertiría en una fotografía? ¿Sería un recuerdo almacenado al fondo de la web, donde nadie (ni siquiera Hyuga) la mencionara alguna vez?

Miró el reloj, debía marcharse si quería llegar a tiempo a la cita que tenía programada, no quería faltar a la promesa de resolver la conversación que aún tenían pendiente, pero tampoco deseaba arruinar las cosas con las preocupaciones que comenzaba a tener, pensando en la misteriosa fotografía que había encontrado en internet. Decidió tranquilizarse, ir poco a poco respecto a su relación con Kojiro y en algún punto, conversar abiertamente con él sobre la imagen del aeropuerto.

Tomó sus cosas y antes de retirarse, hizo una parada en el baño para retocar el poco maquillaje que solía llevar y humedecerse las mejillas, intentando controlar su estado de ánimo. Tenía fe en que las cosas resultaras bien con el tigre, en que lo que ella provocaba en él fuera suficiente para permitirle ser completamente honesto y que Aimé también lo fuera. Volvió a decirse que apenas se estaban conociendo y tenían mucho que descubrir y que no debía permitir que la presión de su trabajo (y la amenaza de Franca) se apoderaran de su razón o nublaran el juicio de su corazón.

La tarde era buena para comer en la terraza, así que se le ocurrió pedirle a Kojiro que visitaran el restaurante al que habían ido juntos la primera vez, que pidieran una mesa apartada en el patio, donde pudieran sentir el viento y escuchar el murmullo de las personas transitando, mientras charlaban sobre el rumbo que tomaría su relación. Casi había alcanzado el Fiat cuando el móvil que llevaba en la mano vibró y al desbloquear la pantalla se encontró con un texto que la hizo detenerse en seco.

De: Número desconocido

¿Hace cuánto que no cambias los neumáticos? Te dije mil veces que un auto necesita visitar el taller.

Dirigió la vista a los neumáticos del Fiat, intentó recordar la última vez que había llevado el carro al taller para el servicio de limpieza y la revisión general, no conseguía precisar la fecha así que debía haber sido mucho tiempo atrás. Nunca le había gustado visitar aquel lugar y en una época, la tarea de hacerlo siempre había sido de alguien más, recordaba los regaños que le daba por descuidar el auto y las muchas veces que mencionó que sí él no lo llevara al taller, seguramente la estaría arriesgando a sufrir un accidente.

Se volvió al mismo tiempo que aquel pensamiento, buscando con la mirada a la única persona que podría haber enviado el texto. No tardó mucho en ubicarla y es que, metros más allá, él se hallaba plantado, esperando pacientemente por ver su reacción. Llevaba el cabello negro corto y sus ojos, marrones y brillantes, parecían calarla tan hondo como habían hecho en el pasado, su sonrisa ladina no había cambiado y al hablar, Aimé descubrió que todo en ella recordaba perfectamente el sonido que generaban sus cuerdas vocales.

— Hola, linda, tiempo sin vernos — dijo él.

— Marco, ¿qué estás haciendo aquí? — cuestionó ella.

:-:-:

Campo de entrenamiento de la Juventus

La práctica estaba por terminar, dado que el día anterior se habían enfrentado al Sampdoria en los cuartos de final de la Serie A, el entrenador coincidía con la idea de permitirles descansar para reponer energías. Decir que su cuerpo no se sentía agotado sería mentir, pero por sobre el cansancio, Kojiro parecía ser el único en el equipo que aquella mañana rebosaba de alegría y u inusual buen humor.

Gentile se había mofado a lo largo de aquellos días y es que, la actitud de tigre no era cosa de una mera mañana, hacía días que Kojiro pareciera animado y la razón, por supuesto, no podía ser otra más que la pequeña reportera a la que había llevado a cenar el viernes por la noche. El rubio lamentaba haber sido un incordio en algún punto de la noche y es que, de no haber estado en aquella situación, seguro que nunca se habría atrevido a interrumpirle la cita.

Uno de los defensas, Dante, desvió el último tiro y al hacerlo, consiguió que el entrenador pitara el final del pequeño partido que había impuesto, no tardó en despedirlos porque el estómago le rugía de hambre y al marcharse él, el resto de jugadores comenzó a dispersarse. No habían dormido bien después del viaje de regreso desde Génova y deseaban volver a casa, tumbarse un rato y reajustar el horario de descanso. Hyuga podría haberles imitado de no tener una cita, así que pensó en visitar las duchas del complejo cuando un silencio extraño llamó su atención.

Los pocos miembros que aún permanecían en el campo se habían paralizado al advertirla y no era para menos, pues los pocos que habían alcanzado a conocerla en sus cortas y pocas visitas a la ciudad, no habían esperado volver a verla, luego de que su ausencia se prolongara y algo en la actitud del capitán cambiara. Gentile, quien no sólo había vivido aquello con sus compañeros, sino también escuchado de primera fuente la versión de lo sucedido, parecía ser el más sobrecogido de todos, al menos, hasta que Kojiro se giró y sus ojos oscuros se fijaron en la chica que permanecía a orillas del campo.

No había cambiado nada desde la última vez que la vio, todavía llevaba el cabello corto, vestía como si estuviera lista para saltar a la cancha y sus ojos brillaban como habían hecho, la tarde que lo despidió en el aeropuerto y le entregó aquella figura de acción para que la recordara. Maki Akamine, su ex novia. Sonreía y al hacerlo, parecía que realmente estaba feliz de verlo, no obstante, lo que Kojiro sentía era justo lo opuesto.

Continuará…