8. Cosas que arreglar


Un año atrás, durante su última visita a la ciudad, Maki no había imaginado que aquella sería la última vez que vería a Kojiro y es que, en ningún momento le había pasado por la cabeza que al cabo de treinta días su vida daría un giro inesperado que la obligaría a optar por rehuir visitar de nuevo Turín y en su lugar, realizaría una llamada para dar por terminada su relación sin ser lo suficientemente valiente como para decirle al tigre que había alguien más y que ya no podía soportar más las condiciones de su historia de amor.

Y pese a todo, ahí estaba, de pie frente al hombre al que había dicho adiós sin pensarlo dos veces. Se había tardado en decidir que quería encontrarlo y es que, aunque tenía planeado llegar a él desde un principio, había preferido colocarle hasta el final de las paradas que debía realizar en su viaje y optado por comenzar en su tierra natal. Se había tomado un par de días para visitar a la familia, explicarles el motivo de las sorpresivas noticias anunciadas en televisión y sólo tras reconocer que no podía evadirlo más, había tomado el vuelo a Turín y arribado a una ciudad a la que nunca antes pensó en regresar.

Al frente, tan idéntico al recuerdo que aún mantenía de él, Kojiro la observaba sin dar crédito a que estuviera en el campo. No había cambiado, al menos, no superficialmente. Sólo unos segundos después de mirarle directamente, Maki comprendió que algo que existía en sus recuerdos ya no se hallaba presente en la realidad. Se dio cuenta que lo que había advertido al verle jugar era verdad y que, fuera lo que fuera, existía algo en la vida del tigre que lo hacía entregarse al ciento por ciento en la cancha y mirarla a ella sin el brillo alucinante con que había hecho en el pasado.

No podía soportarlo, así que actuando de la única forma en que creía posible conseguir el perdón del tigre japonés, Maki comenzó a caminar hasta que la distancia entre ellos desapareció. Los metros que los separaban se disolvieron y el polvo que se había asentado sobre su historia se alzó, como una nube de confusión y surrealismo que los envolvió en el momento en que Kojiro también comenzó la marcha y no se detuvo, ni siquiera cuando la tuvo frente a frente.

Sujetando su brazo con la fuerza suficiente para hacerla volver sobre sus pasos, Kojiro decidió que aquel no era el escenario donde se llevaría a cabo su reencuentro. Tenía que ser, después de todo, no había una sola vez en sus recuerdos en que el tigre permitiera que el mundo conociera sobre su relación. Estaba bien, se repitió Maki, después de lo que ella había hecho, podía soportar las reservas del otro y sólo dejarse hacer, seguirlo hasta donde fuera necesario para explicarle, decirle lo que antes no había sido capaz de aceptar y esperar que las heridas pudieran sanar.

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— ¿Qué estás haciendo aquí, Marco? — preguntó Aimé, sintiendo sobre ella el peso del dolor y de todos los recuerdos que venían acompañados de aquel atractivo rostro.

La carga de las despedidas mal pronunciadas y de las palabras cortantes que los habían guiado a la separación, parecían volverse plomo en su interior. No creía ser capaz de luchar contra todo ello de nuevo, pero el hecho que aquel hombre estuviera plantado frente a ella, parecía ir en contra de sus pensamientos y colocarla directamente en la arena de juego donde no importaba lo que Aimé creyera, sólo si sobreviviría o no a la prueba.

Frente a ella, Marco sonrió y al hacerlo, disparó una flecha que la española resintió dolorosamente en el mismo sitio en que antes, tiempo atrás, había sido herida. ¿Cómo era capaz? ¿Cómo podía sonreírle y mirarla sin recordar lo que había provocado en su último encuentro?

Venga, ¿no os causa ni un poquito de emoción verme después de tanto tiempo? — preguntó Marco, en aquel español tan dulce que parecía adecuarse a su voz grave y a la forma en que curvaba los labios al hablar.

— Déjate de tonterías, dime que a qué has venido o vuélvete por dónde hayas llegado — Aimé casi rugió, sin poder contener un poco más lo que ver al hombre le estaba provocado.

Su mañana no había comenzado bien y a nada de que mejorara, Marco elegía aparecer frente a ella, como si la última vez que se vieron no hubiera puesto las cartas sobre la mesa y disparado el puñal con que le hirió de por vida. No podía decirse que él fuera completamente ignorante del porqué de su actitud y es que, al escucharle hablar, al menos había tenido la decencia de bajar la mirada y aparentar sentirse avergonzado.

Sólo quiero hablar, hay cosas que me gustaría decir y sé que os debo una disculpa. ¿Podemos ir a un sito agradable para hacerlo, por favor? — repuso Marco, la voz padeciendo una severa inflexión y los labios perdiendo de poco en poco la mueca divertida.

Resultaba imposible creer que mentía y es que, después de todo, Aimé había pasado mucho tiempo a su lado, aprendiendo a descifrar los cambios en su voz, el significado de sus miradas y la forma en que su cuerpo tendía a delatarlo cuando intentaba ocultar algo. La última vez que lo vio, no creyó que estuviera siendo honesto y sin embargo, había bastado una mirada a sus movimientos y prestar un poco al tono de su voz para saber que, en realidad, iba en serio. Justo como en esos momentos.

— ¿Disculpa, eh? — musitó, sin poder evitar encontrar cierta gracia en sus palabras.

No recordaba alguna vez en que Marco se hubiera disculpado sin creer honestamente que había actuado mal. ¿Y planeaba disculparse por haberla dejado? ¿Pensaba, después de un año, que había sido incorrecto terminarle sin mejor explicación que desear conocer el mundo sin la carga de una relación?

No estaría mal, para empezar, ¿verdad? Hay algo más, por supuesto y sé que es egoísta de mi parte pediros que lo escuches, pero no estoy pasando un buen momento y tú… Siempre fuiste mi amiga — una atisbo de sonrisa asomó en sus labios, al tiempo que el título que concedía a su relación la obligaba a pensar que, después de todos sus intentos, sólo eso había llegado a ser para él. Una amiga.

Se odió un poco en ese momento y es que, aunque no gozara del privilegio de haber sido alguien importante para él (en el sentido en que se suponía que hacían al haberse convertido en pareja), no podía seguir manteniendo la muralla entre ellos. Nunca había sido capaz de odiar a quiénes le herían y en ese momento, descubrió que, no importando las circunstancias, el tiempo o su relación, le era imposible odiar a Marco Villareal, su primer amor.

— Está bien, hablemos. Tengo que ir a un lugar justo ahora, pero puedo escucharte mientras conduzco, si prometes no quejarte sobre lo poco que he cuidado del carro desde la última vez que lo viste — le dijo y vio su sonrisa reaparecer.

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— ¿Qué demonios crees que haces, apareciendo así por aquí? — preguntó Kojiro, sin el mínimo deseo por controlar el tono y volumen de su voz, estaba enfadado y aunque hubiera deseado ocultarlo, le parecía justo demostrarlo.

— Vine a verte — respondió Maki, sin titubear.

Antes no se había dejado intimidar por el carácter explosivo del tigre y en esos momentos, estaba decidida a no flaquear en su resolución. Parecía la misma chica fuerte y decidida que él había conocido y aunque en un tiempo, aquella actitud lo había cautivado, Hyuga parecía incrédulo ante la perspectiva de permitirse sorprender por ella.

— ¿Desde cuándo haces algo por mí? — devolvió entonces, pero si había pensado que el comentario la haría dudar, era claro que se había equivocado. Maki levantó la barbilla y entrecerró brevemente los ojos, en una actitud defensiva que pocas veces le había visto.

— Siempre lo he hecho, al menos eso no me lo podrás reprochar —

— Tal vez no lo sepas, Akamine, pero yo puedo hacer lo que me venga en gana — espetó — Ahora, si sólo has venido a robarme el tiempo… —

— Ojo por ojo, ¿no es así? Entre nosotros dos, tú fuiste el primero en robarme tiempo — le acusó, entonces, sin poder contenerse. Kojiro debía saber que aquella no era una dirección en que llevara las de ganar, porque desvió la mirada y pareció flaquear, mientras decía que:

— ¿E-En qué m-momento? —

— Durante todo un año y lo sabes bien — volvió Maki, enfadada — Aquel tiempo escondida, rebajada a ser una visita mensual, sin textos ni llamadas, con todas esas peticiones de discreción y los momentos en los que incluso me desconocías. ¿Crees que eso no es robarme tiempo? Ese tiempo en que preferiste volver de nuestra relación un fantasma, por ese absurdo miedo a que el mundo viera lo débil y lo humano que podías ser… No lo entendía entonces y no lo hago ahora, ¿qué era lo que querías? ¿Deseabas una novia o un secreto? Porque un secreto es lo que fui —

El llanto había nublado sus ojos y las mejillas se le habían colorado rojas de la ira, mientras los puños se apretaban a cada costado de su cuerpo y el tono de su voz se elevaba con cada palabra que elegía liberar. Había pasado un largo tiempo conteniendo aquello y luego de ser acusada de manera tan injusta, ya no había sido capaz de seguirlo reteniendo.

Frente a ella, Kojiro parecía sobrecogido por lo que acababa de escuchar y, más aún, por sus propios sentimientos. Se había reprochado mucho tiempo la forma en que actuó mientras duró su relación, las cosas que le pidió (como el hecho que fuera discreta para que los medios no descubrieran su existencia en su vida) y el cómo la orilló a vivir un episodio en que ella daba más de lo que recibía. Viéndola — tan rota y enfadada — Hyuga pensó que tenía razón.

La había reducido a vivir como un secreto, a ser un fantasma en su vida y le había robado largo tiempo, aunque nunca — jamás — había sido deshonesto respecto a sus sentimientos. En ese momento, se dio cuenta de aquello, que antes y ahora había querido a Maki Akamine como a pocas personas en su vida, aunque nunca había llegado a amarla como la mujer que era y que merecía poseer todo el cariño que una persona pudiera ofrecer.

Sucedió entonces, la muralla que había construido a su alrededor se quebró, el tigre feroz que siempre había presumido ser se transformó de predador a presa y el rugido que lo caracterizaba terminó convirtiéndose en un deprimente lamento. Los hombros cayeron, su mirada bajo y en ese momento, tan vulnerable y humano (como ella lo había llamado) como realmente era, Kojiro cerró la distancia entre ellos y sin pensarlo dos veces, la abrazó.

— Lo siento — susurró — Siempre supe lo que esperabas recibir, pero yo… no podía. Tenía miedo, no quería herirte o resultar herido, no quería que el mundo supiera que al tenerte en la mira serían capaces de lastimarme al hacértelo a ti. Siempre he preferido mantener mi vida dentro de mí, pero tienes razón, lo he hecho por miedo a que sepan cómo realmente soy. Maki, lo que pasó entre nosotros no fue culpa tuya, tú… Eres mi primer amor, aunque nunca me haya sentido tan enamorado como para rebasar mis propios límites y ser el hombre que merecías —

Las manos de ella temblaban cuando se aferraron a su ropa y debía haber cedido al llanto al escucharle hablar, porque hundió el rostro contra su pecho y se dejó hacer, de forma que lo único que la mantenía en pie era el hombre frente a ella, quien habiéndola hundido una vez, no se atrevería a soltarla nuevamente, sin estar seguro que se encontraría bien.

— ¿Hay alguien más, verdad? — preguntó Maki, todavía abraza a él — No irías más allá del límite a no ser que lo hubiera y hace rato… Hay algo en ti, algo que no estaba la última vez que vine a Turín —

— Es cierto, conocí a alguien — le dijo, poco a poco se fueron apartando, Maki tenía el rostro húmedo después de llorar, pero una sonrisa honesta asomaba en sus labios. Kojiro le pasó los dedos por los pómulos para ayudarla a limpiar el residuo de las lágrimas.

— ¿Qué me dices tú? Era una idea, cuando recibí tu llamada, aunque siempre pensé que era obvio. Yo no podía hacerte feliz y entre todas las personas, tú realmente mereces que alguien te haga sonreír — espetó, entonces. Maki palideció ligeramente, antes de desviar la mirada y terminar susurrando que:

— No importa ya, eso acabó. Dejé muchas cosas, incluido el softbol y yo… Necesitaba alejarme de eso, ir con mi familia, disculparme por no haber sido capaz de decírtelo. Es cierto, no era feliz, pero nadie merece escuchar que no volverá a saber de alguien a través de una llamada —

— Tranquila, Maki, el pasado en el pasado queda. Somos amigos y cuentas conmigo, ¿por qué no vienes? Tengo que reunirme con alguien y estoy seguro que te agradará conocerla — le propuso, no había nada que pensar así que ella asintió con la cabeza y entrelazó los dedos con los del tigre cuando este le tendió la mano como ofrenda de paz.

:-:-:

Detuvo el auto en el primer estacionamiento público que encontró y se dispuso a bajar, luego de teclear un texto a Kojiro, para pedirle que le alcanzara en el restaurante de la primera vez. No había decidido si mencionar a Marco o no y es que, este había dicho que no deseaba interrumpir su cita con el tigre y que sólo le acompañaba al centro para decir lo que necesitaba y aprovechar que al llegar a su destino, no tendría problemas para volver andando al hostal donde se estaba hospedando.

No habían tocado mucho el pasado, después de todo, no valía la pena hacerlo. Marco lamentaba haber actuado tan frío al momento de despedirse y aunque dolía — y nunca dejaría de doler — aquello ya no era algo que afligiera a Aimé como había hecho tiempo atrás. Dicho eso, se habían centrado en el problema que aquejaba al chico y es que, según dicen, el karma existe, es poderoso y llega cuando menos se le espera. El comentario no había surgido de ella, sino más bien del mismo Marco, quién había abordado su historia poco después.

Aparentemente, las dolencias que lo acometían tenían que ver con una mujer. Una chica extranjera a la que había conocido poco después de instalarse en Bolonia, uno de los últimos sitios que visitó tras comenzar el viaje de aventuras que había dicho necesitar para sentirse vivo. Su historia no era la gran cosa y es que, el cortejo y las citas casuales quedaron rápido atrás para convertirse en una relación tan formal como la que Marco se había negado a tener con Aimé.

Se había enamorado y tal como ella, tiempo atrás, Marco había terminado resintiendo las heridas que provocaba el sentimiento. Unas pocas semanas después, se encontraba regresando a Turín, la ciudad donde había concluido sus estudios, para visitar a una vieja amiga, ofrecer disculpas sinceras e intentar organizar las emociones que albergaba en el interior.

— ¿Seguro que no quieres comer con nosotros? Puedo explicarle a-

— Está bien así, gracias — la interrumpió Marco, un instante antes de salir del auto — Ve a tu cita y pásalo bomba, lo mereces. Otro día podemos juntarnos y platicar, te humillaré contando los ridículos que hacías en las fiestas del campus y me lo pasaré increíble mofándome de que ahora seas reportera de Vogue —

— Cierra la boca, Villareal — le codeó ella, sonrojándose tenuemente.

Habían comenzado a andar calle abajo, a donde se suponía que se encontraba el restaurante en que Aimé se reuniría con su cita, no era su plan permanecer más tiempo del debido con ella, pero como un buen amigo, debía asegurarse que la castaña llegara sana y salva a su destino. Fue entonces cuando los vio, andando en dirección contraria hacia ellos, bien inmersos en una conversación que se interrumpió en el momento en que él giró el rostro.

Por un momento, ninguno fue consciente del destello iracundo que brilló en sus ojos y es que, parecía como si una mezcla de ira, decepción y sorpresa los hubiera atravesado al mismo tiempo. Se detuvieron a pocos metros de distancia y entonces, las chicas que les acompañaban repararon en sus actitudes y se volvieron a tiempo para encontrarse, frente a frente, en compañía de los caballeros que jamás habrían esperado encontrar a su lado.

No entendían que sucedía, simplemente, comprendían que Kojiro se hallaba ahí, acompañado de una preciosa chica de apariencia familiar y que Aimé, todavía con el espectro de una brillante sonrisa grabada en los labios, tampoco estaba sola.

— Marco, ¿qué estás haciendo aquí? — preguntó Maki.

— ¿No debería ser yo quién preguntara eso? — cuestionó el español, de vuelta.

Continuará…