9. Conspirando con el enemigo


Las miradas que Marco y Maki compartían no podían ser más frías, el resentimiento que reflejaban conseguía opacar el dolor y la confusión y hacían que estar cerca de ellos resultara molesto y sumamente incómodo. Parecía como si en cualquier momento, uno de ellos fuese a saltar sobre el otro y ninguno de los que les acompañaban, sentían la mínima curiosidad por descubrir lo que tal reacción provocaría.

Se preguntaban, sin embargo, de qué forma pintaban en el encuentro de los que se hallaban inmersos en su duelo privado. ¿De dónde conocía Aimé a un hombre que reía estando con ella y parecía enfurecerse al advertir a la japonesa? ¿Quién era la chica junto a Kojiro, por qué le resultaba tan familiar y de qué forma tenía que ver con el español?

— Lo que yo haga en Turín realmente no te interesa — espetó Maki, con dureza.

— Al menos en algo estamos de acuerdo y en vista de que lo que hagamos no tiene por qué importarle al otro… — señaló Marco, sin emoción alguna, aunque su sonrisa sugiriera que le resultaba divertida la situación — …Vamos, no puedo seguir aquí — terminó, dirigiéndose a la española en un idioma que sólo ella podría comprender. Apenas se movió, alcanzando su mano en el acto y entrelazando sus dedos con los de Aimé para marcharse de ahí.

— Suéltala — rugió Kojiro, por fin.

No conseguía entender la situación en que había terminado envuelto, no obstante, las explicaciones podían esperar hasta que aquel que mangoneaba a Aimé y hablaba a Maki como si la odiara, se largara. Junto a Marco, la española intentó escapar, soltarse de su agarre y actuar rápidamente, antes que sucediera algo que ninguno de los presentes pudiera controlar. Podría haberlo conseguido, de no ser porque el español aferró el agarre y dedicó una mirada completamente desdeñosa al japonés.

— ¿Quién eres tú para decirme que hacer? — espetó.

Ocurrió en un segundo, la voz de Marco disparó el carácter agresivo que caracterizaba al tigre japonés. Viéndolo en retrospectiva, Aimé pensó que aunque una parte de ella sabía que iba a suceder, ni su cabeza ni su cuerpo habrían sido tan veloces como la chica junto a Kojiro y es que, antes de que el hombre pudiera lanzarse sobre el español, las manos de Maki ya habían ido a empujar su pecho y su cuerpo entero se interponía entre los dos varones.

No vale la pena, espera — murmuró, en japonés y se volvió para dedicar a Marco una cruel mirada — Sé que te gusta hacer el tonto, pero no tientes a la suerte. Nada bueno saldrá si provocas a Kojiro, ¿lo recuerdas, no? — preguntó y sonrió, sabiendo de antemano que no había modo alguno de que el español hubiese olvidado el nombre del chico con el que salía y al que dejó para estar con él.

No estaba segura de cuál era la reacción que esperaba recibir, pero sin dudarlo, en ningún momento le había pasado por la cabeza lo que Marco terminó haciendo. Relajando la postura, soltando a Aimé sólo para pasar el brazo por encima de sus hombros y encontrar la fuerza que necesitaba en la presencia de la castaña, el hombre sonrió y rio bajo, mientras decía que:

— Supongo que es cierto que uno siempre regresa a donde fue feliz. Nunca te hablé de ella, pero es bueno poder presentarlas. Maki, ella es Aimé, mi chica —

— ¿De qué está hablando este imbécil, Aimé? — intervino el tigre, tan enfadado que no parecía capaz de razonar debidamente — Dime la verdad, ¿lo conoces?

— Sí, lo conozco — respondió Aimé, decidida a ir por el rumbo de la honestidad.

No creía que mintiendo o evadiendo las respuestas que el tigre le pedía fuera a conseguir más que hacerlo encabritar, pero tampoco imaginaba que al hacerlo, detonara una actitud fría en el japonés. Fue a confirmar el resultado de sus acciones, en el momento en que Kojiro dijo:

— Está bien, creo que es hora de irnos, Maki —

La tomó de la mano, giró sobre sus pasos y se alejó sin darle a Aimé una oportunidad para terminarse de explicar. Sabía mejor que nadie que un pero había quedado atravesado en su garganta, más no creía tener la fuerza para escuchar nada más, al menos en esos momentos. Junto a él, Maki pareció comprender que — de nueva cuenta — el tigre prefería evitar el momento en que más frágil lucía y sanar sus heridas en soledad, hasta que los colmillos sintieran fuerzas para aparecer.

Entendió entonces, que su encuentro con Marco había desatado un efecto secundario que no les afectaba sólo a ellos dos pues, de alguna forma, su presencia en Turín había conseguido lastimar a dos personas que no tenían culpa de nada.

:-:-:

— Así que, ¿él es la razón por la que viniste a Turín? — preguntó Kojiro, mantenía el volante fuertemente aferrado entre las manos y el ceño tan fruncido que no cabía duda, habría fuego en sus ojos.

No sabía cuánto tiempo había conducido hasta aquel punto perdido en medio de una carretera vacía, pero Maki dudaba que haber hecho chirriar los neumáticos contra el asfalto y acelerado al límite de velocidad permitido en la ciudad, hubiera conseguido apaciguar el enfado que bullía en su interior, igual que agua hirviendo en una olla cargada a su máxima capacidad.

— ¿Realmente abandonaste una carrera exitosa por un tipo cómo ese? — continuó. Su amiga lo observó durante unos segundos, antes de suspirar y dejar caer los hombros en un gesto de lamentación.

— Nos conocimos hace un tiempo. Marco acababa de llegar a Bolonia, trabajaba como mesero en la cafetería que frecuentaba y solía atenderme casi a diario, así que no fue extraño que una mañana intercambiáramos más palabras de las que una orden necesitaba. Congeniamos bien, nos volvimos amigos, comenzamos a vernos fuera del restaurante y entonces… — comenzó Maki, Kojiro apretó más el volante entre sus dedos.

— Decidiste terminarme para estar con él, ¿no? — completó, ayudándola a verbalizar lo que tanto le avergonzaba aceptar.

— Marco estudió turismo, le gusta viajar y es incapaz de permanecer en un lugar por demasiado tiempo, va haciendo trabajos variados para conseguir ingresos y cuando reúne una buena cantidad, emprende una nueva aventura. Conocerme cambió eso o, al menos, eso fue lo que me dijo. Si yo aceptaba formalizar nuestra relación… No sería un secreto, no tendría que ocultarme y… Decidí arriesgarme — continuó la japonesa — Las cosas parecían ir bien, hasta que comencé a presionarlo con trabajar en una empresa formal, dejar de ser sólo un empleado, aprovechar sus estudios y los idiomas que sabía hablar… —

— ¿Qué pasó entonces? — preguntó el tigre.

— Marco lo consiguió, entró como guía de turistas en recorridos organizados por el gobierno. Era bueno, así que un día, le ofrecieron continuar las guías en diferentes ciudades de Italia — Maki sonrió con ironía — Fue estúpido enfadarme con él cuando me dijo que aceptaría el trabajo, sólo porque sabía que si él se iba, yo no podría seguirlo debido a mi equipo. Yo fui la de la idea de que se empleara formalmente y cuando comenzó a tener verdadero éxito, quise frenarlo para mantenerlo a mi lado —

Hizo una pausa, dirigió la mirada al otro lado de la carretera y pareció recordar algo que todavía dolía en su interior. Al cabo de un rato, continuó con su historia.

— Las últimas semanas, peleamos mucho. Marco hizo su maleta y se largó del apartamento que compartíamos, diciendo que si en los próximos días deseaba despedirme antes que se marchara, entonces podía llamarlo. No lo hice, lo extrañaba horrible y quería arreglar las cosas, pero… No quise ceder. Falté a varios entrenamientos, me perdí algunos juegos y entonces, los directivos decidieron que lo mejor que podía hacer que tomarme un tiempo. Organizar mi vida, mejorar mi ánimo. Acepté hacerlo y esa noche… Te vi en televisión —

— ¿Entonces viniste, buscando consuelo? ¿Querías que te abrazara, que me cargara con toda la culpa de haber arruinado nuestra relación? ¡Que idiota debo parecer! — estalló el japonés, sin poder contenerse un poco más — Eso explicaría, porque cada chica a la que quiero, se cree que puede revolver mi vida, marcharse sin explicaciones u ocultarme la existencia de imbéciles españoles —

— Kojiro, sé que estás enfadado, pero no desquites conmigo lo que ella te ha hecho — se defendió Maki — Nunca quise cargarte con la culpa de nada, pero el que lo hayas sentido demuestra que eres consciente de tus errores, así como yo lo soy de los míos. ¿Y lo de esa chica? ¡No finjas que ella te ocultó algo porque yo vi sus ojos cuando nos encontró! Nunca le hablaste de mí, ¿por qué, entonces debía mencionarte a Marco? —

Parecía imposible y sin embargo, aquella era la primera vez que Maki se atrevía a poner al tigre en su lugar. Y no le gustaba sentirse regañado.

:-:-:

— ¿De dónde sacas todas tus mentiras? — preguntó Aimé, completamente fuera de sí, al tiempo que arrojaba las llaves sobre la mesita junto a la puerta y se adentraba como alma que lleva el diablo dentro del apartamento.

A sus espaldas, Marco parecía tan avergonzado como derrotado y es que, el encuentro con Maki y el tigre, no sólo había conseguido reabrir sus heridas, sino crear otras que antes de su llegada a la ciudad, ni siquiera existían.

— Lo siento — murmuró, con sinceridad.

— ¿Lo sientes? ¿Y eso de qué me sirve, eh? — devolvió Aimé, girando sobre su eje para encararlo. El ámbar de sus ojos parecía arder debido al enfado y un aura peligrosa contorneaba su figura. Marco tragó saliva, asustado — ¿Sabes acaso lo que acabas de hacer? ¡Le has dicho a Kojiro que somos novios! ¡No me ha dejado ni explicarme, ni siquiera he podido poner las cartas de nuestra relación sobre la mesa y vienes tú y lo arruinas todo!

— Aimé, de verdad, perdón — le dijo, entonces — No quería causarte problemas, es sólo… Estaba demasiado molesto como para pensar en lo que hacía o decía, ver a Maki con ese idiota-

— Cuida lo que dices — le advirtió ella — Kojiro no es ningún idiota —

— Disculpa — susurró el español — Sé que esto no justifica lo que hice, pero por favor, intenta comprenderme. Creía que Maki estaba en Bolonia, no la he visto desde que nos separamos. De todos los sitios posibles para volver a hacerlo, Turín no formaba parte de las opciones — continuó, Aimé pareció serenarse al advertir su expresión.

— ¿Quién es ella, eh? — preguntó, mantenía los brazos cruzados sobre el pecho, la mirada enfada y la voz fría, pero parecía dispuesta a escucharlo y entender su situación, así que Marco se aclaró la garganta y comenzó:

— Maki Akamine, es jugadora de softbol. La conocí en Bolonia, la última ciudad que visité tras dejar Turín… y a ti. Por aquel entonces, ella tenía novio y yo era sólo un buen amigo, las cosas cambiaron rápidamente, su relación y lo nuestro floreció. Nunca quise atarme a un solo sitio, era verdaderamente feliz viajando luego de terminar la escuela, pero al conocerla a ella… Me presionó mucho para encontrar un trabajo formal, quería una vida normal y yo la quería a ella, entonces…—

— No me digas que le hiciste lo mismo que a mí — farfulló la castaña, entrecerrando los ojos. Marco bajo la mirada.

— Hago recorridos turísticos para el gobierno italiano, se me dan bien esas cosas, así que me ofrecieron un aumento a cambio de dar guías por diferentes ciudades. Un buen pago, la oportunidad de viajar y hacer lo que amo, cuando lo escuché no pensé en otra cosa más que sí, esto es lo que quiero hacer — explicó él — Como softbolista, Maki debía permanecer en Bolonia para los entrenamientos y los juegos, la ida de venir conmigo era imposible así que… Comenzamos a pelear, yo estaba decidido a irme y ella quería que me quedara en la ciudad. No quería herirla como hice contigo, así que tomé mis cosas, dejé el apartamento y le dije que si quería despedirme, llamara y nos veríamos de nuevo antes de que viajara. La noche que anunció que dejaría el softbol, sentí que había repetido el mismo error que antes y que había arruinado la vida de la mujer que amaba —

— ¿Y qué pasó entonces? —

— Lo estaba pasando tan mal como ella, supongo. Hablé con mis jefes y les pedí que me dieran vacaciones antes de comenzar las visitas, pensé que si viajaba por ahí me recuperaría y volvería a ser el mismo de un año atrás. Cuando vine a Turín, me encontré con algunos amigos de la universidad y una de ellas… Supe, cuando me enseñó la revista, que trabajabas en Vogue y pensé que, aunque no estaba seguro de venir a verte, aquello era una señal para que lo hiciera y me disculpara contigo como no podía hacer con Maki —

Desde su sitio, Aimé lo contempló sin poder conseguir que la llama de la ira se extinguiera en su interior.

— Eres un egoísta — lo acusó — No fuiste capaz de entenderlo antes y no eres capaz de hacerlo ahora, que el amor no se trata de extender disculpas para acallar el remordimiento, sino de dar lo mejor para no cometer errores que lastimen a quienes queremos. Me heriste, te largaste sin pensar en lo que habías hecho y cuando tuviste la oportunidad de ser mejor, decidiste hacerle a ella lo que hiciste conmigo. ¿Sabes qué es lo peor? — preguntó y aguardó a que Marco levantara la vista para verle a los ojos — No importa si te disculpas conmigo o con Maki, siempre serás un cobarde. A menos que dejes de huir, seas sincero y pienses en la otra persona antes que en ti… Eres un buen hombre, Marco, pero apestas como novio —

Sus palabras debieron calar hondo en el español, porque bajó la mirada, asintiendo al hacerlo y de repente, un profundo silencio se instaló entre los dos. No había más que decir, finalmente, sabían lo que había ocurrido después de su críptica despedida hacía poco más de un año atrás y se hallaban en medio de un nuevo escenario, no mejor que el que ya conocían.

— ¿Qué pasa con tu novio? Lo mío con Maki… tal vez no pueda ni arreglar mi vida, pero no quisiera que mis errores afectaran la tuya. Ese chico… parece que te quiere y mucho — susurró Marco, al cabo de un rato. Aimé se dejó caer sobre el sofá, agotada física y mentalmente.

— N-No lo sé, K-Kojiro… puede tener un carácter bastante explosivo y no he tenido tiempo suficiente para saber cómo actuará después de lo que ha pasado — confesó, su amigo resintió el dolor que atravesaba, sabiendo que tal problema había sido su culpa y se acercó a ella, hasta ponerse en cuclillas para quedar a su altura.

— Te perdonará, estoy seguro. Hace rato, el hombre pudo verme feo durante un momento, pero toda su atención estaba puesta en ti, ni siquiera la chica junto a él parecía importarle y creo que darme cuenta de eso, hizo que me enfadara un poco más — le dijo — No quise causarte problemas y estoy seguro que si lo busco y hablo con él, no haré más que empeorar las cosas, pero si me necesitas, si puedo ayudarte… Lo haré, Aimé. Eres una persona sumamente importante para mí, te quise y te quiero, aunque hacerlo no sea suficiente —

— Es suficiente — le aseguró Aimé — Somos amigos y puedes estar seguro que yo también te quiero. Tienes razón, no creo que saliera algo bueno de que hablaras con él, pero confiaré en lo que dices y esperaré a que se le haya pasado al coraje para explicarle las cosas —

:-:-:

Una semana después. Jueves.

Arrojó el último ejemplar de la revista dónde había visto publicado uno de sus artículos, sobre la pila de folios, libretas de anotaciones y post-it con garabatos que en su momento le habían servido como recordatorios, al interior de la única caja que llevaría con ella al dejar la oficina de redacción. Nadie parecía sorprendido porque una novata más hubiese sido despedida, pero al menos, los más cercanos a Aimé se habían acercado para abrazarla y decir adiós.

La decisión de Franca Lorencetti había sido rotunda y es que, según la editora, de nada le servía a Vogue mantener a una periodista que no cumplía con sus tareas. Siendo así, Aimé Sáenz había sido despedida y si acaso el desempleo no era lo peor, en la última semana, su vida había parecido acumular una pila enorme de motivos para sentirse al borde del llanto y la depresión.

¿Por qué Kojiro tenía que complicar tanto las cosas? Después de su encuentro frente al restaurante y la decisión de esperar hasta que el coraje hubiera pasado, Aimé había intentado contactarle con una llamada inofensiva que en ningún momento fue respondida. Creyó que escribiendo sería distinto y envió un texto donde ponía que le daría unos días antes de volver a molestar porque tanto él como ella debían saber que necesitaban hablar.

Por tres días, su mensaje permaneció flotando sin esperanzas de ser respondiendo y entonces, la española había decidido presentarse en el campo de entrenamiento. Grande fue su sorpresa al enterarse que no sólo le estaba prohibido ingresar a las instalaciones, sino que Kojiro mismo había girado órdenes para que los guardias a cargo de la entrada, impidieran que cruzara la raya.

No tuvo oportunidad de abordarle, tras esperar afuera a que apareciera, porque ni bien advertirla, el tigre había montado el Ferrari y presionado el acelerador hasta que los neumáticos dejaron huellas en el asfalto. Gentile, amable como siempre, se había acercado a Aimé para preguntar por lo que ocurría pues — según dijo — los últimos días Kojiro tenía un humor de perros y ni siquiera él había podido hacerlo confesar por qué.

Se lo dijo entonces, le pidió que la ayudara y aunque él le dio la dirección del tigre, le advirtió que si Hyuga quería evitarla, entonces no tendría muchas oportunidades para dar con él. Y tenía razón.

— Dime que es una broma — espetó Marco, apoyado contra la puerta del Fiat, en el aparcamiento de la revista, al verla llegar — ¿Estás llevando esto a casa porque no tienes espacio en tu oficina y así es imposible trabajar, verdad? —

— Bueno fuera — sonrió Aimé — No te preocupes, sabía que iba a ocurrir. No tenía nada que escribir, que fuera del gusto de Franca y aunque me negaba a ser despedida, bueno… Las cosas pasan — se encogió de hombros y aceptó su ayuda, cuando el español se acercó para tomar la caja y meterla al maletero.

Había pasado los últimos frecuentando a la española, intentando convencerla de dejarle a él perseguir a Kojiro Hyuga y explicarle que lo que antes había dicho no era más que una mentira. Aimé no lo había dejado hacerlo, claro, pero de todas formas, Marco se negaba a abandonarle cuando el hecho de que su vida se hubiera miserable fuese completamente su culpa.

Cerró la cajuela dispuesto a subir al auto y estaba por hacerlo, cuando un mensaje entrante llamó su atención y al leer el texto, no supo qué hacer.

De: Maki

Reunámonos en media hora donde todo esto comenzó.

No tenía idea de lo que la japonesa pudiera querer al reunirse con él, pero entonces, se le ocurrió que tal vez, Maki también había pensado lo que él llevaba días pidiéndole a Aimé. Que dado que ellos habían arruinado la relación del tigre y la reportera, lo mínimo que podían hacer era buscar la forma de solucionarlo y después, marcharse definitivamente de sus vidas.

— ¿Piensas subir algún día? — preguntó Aimé, bajando la ventanilla e inclinándose sobre el asiento de copiloto para llamar su atención. Marco guardó el móvil.

— Lo siento, era un mensaje de mis jefes. Me han reservado un vuelo para este lunes con destino a Roma y tengo que ir a recogerlo al aeropuerto — mintió, si bien dicho boleto sí existía, todavía no tenía planes de ir a obtenerlo — Ve con cuidado, ¿bien? Te veré luego y celebraremos que te has librado de trabajar para una mujer con complejo de dinosaurio — sonrió, su amiga correspondió y estaba por irse, cuando comentó:

— Debo ser la única tonta que festeja el desempleo —

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— Eres un idiota — espetó Maki, tan furiosa como ninguna otra, con los ojos cristalino reteniendo las lágrimas que antes no había derramado y la palma de la mano escociendo después de haber pegado una bofetada al hombre frente a ella.

— ¿Ahora estás feliz? — preguntó el español, llevándose los dedos al sitio donde su ex novia lo había golpeado. Era consciente que merecía aquello y no le habría importado recibir un par más, pero no creía que montar una escena fuera a conseguir la paz, estabilidad y alegría de la japonesa.

— No me obligues a repetirlo — le advirtió.

— No te culparía si lo hicieras, pero creo que abofetearme no ha sido la razón por la que me hiciste venir aquí, ¿cierto? —

Sus palabras parecieron serenar a la chica, quien se recuperó lo bastante como para asentir con la cabeza y pedirle que la siguiera calle arriba. El mirador que encontraron parecía perfecto para acercarse a la barandilla y admirar la vista, mientras las palabras se organizaban dentro de sus gargantas, preparadas para aflorar en el momento en que fueran necesarias.

— ¿Me dirás quién es ella? — preguntó Maki, sin mirarlo.

— Su nombre es Aimé, fue mi novia por un largo tiempo. Rompimos cuando comencé a viajar, le debía una disculpa y justo ahora, creo que ni todas las disculpas del mundo podrían arreglar lo que he hecho — le dijo, parecía tan pendiente de la vista que ni siquiera advirtió la culpa y dolor impreso en sus palabras o el deseo que acometió a la japonesa por abrazarle y soportar juntos el peso de sus errores.

— Las relaciones son de dos personas, cualquiera ajeno a ellas… Pienso que no debería cargar con errores que no les corresponden — espetó, entonces.

— ¿Así que tienes un plan? Supongo que por eso me has hecho venir. Él… debe importarte tanto como Aimé a mí, ¿verdad? —

— Fue mi pareja y es mi amigo, por supuesto que me importa — aseguró Maki, sin darse cuenta de lo que lastimaba al español escucharla hablar de esa forma de Hyuga.

— Entonces, ¿qué debemos hacer? — preguntó Marco y por primera vez, desde que hubieran llegado al mirador, se volvió para mirar a Maki directamente. Ella lo imitó, resintiendo verse reflejada en sus ojos oscuros.

— Vamos a romper la barrera que hay entre esos dos, no va a ser fácil, pero debemos hacerlo. Mañana, pídele a Aimé que vaya al Parque del Valentino. Yo me encargo de llevar a Kojiro — explicó Maki y aunque la llama de los celos amenazaba con encenderse dentro de Marco, este se contuvo. Finalmente, tenían la oportunidad de arreglar las cosas entre el tigre y la española y no debía arruinarlo.

:-:-:

Viernes. 12:00 pm. Parque del Valentino.

El incontenible mal humor que los últimos días se había hecho tan común en él, pareció aumentar al encontrar el sitio dónde su amiga lo había citado y darse cuenta que Maki no se hallaba en ningún lado. Nunca había sido el tipo agradable y simpático, pero desde su decepción amorosa, se había convertido en lo que Gentile llamaba amargamente una fiera enjaulada a la que no le hacía gracia que le hicieran perder el tiempo.

¿No había sido claro al decir que el descanso del entrenamiento no se prestaba para que Maki consumiera más de la hora libre que gozaba para almorzar? La japonesa había asegurado tener algo importante que decirle en aquel sitio y sólo porque parecía realmente desesperada, Kojiro había accedido a reunirse con ella, a pesar que como con Aimé, había hecho lo posible por evitarla desde que hubiera ocurrido el encuentro con su ex.

Pensó esperarla por un minuto más y apenas creyó que había transcurrido el tiempo, decidió largarse y regresar al complejo. Se había dado la vuelta para emprender el regreso, cuando la vio. Plantada a un metro de él, tan hermosa como la primera vez que le había visto, y tan confundida como él mismo al encontrarla justamente en aquel punto del parque.

— Aimé — le llamó.

— Kojiro — susurró ella, de vuelta.

— ¿Qué estás haciendo aquí? —

— Nosotros les pedimos que vinieran — habló Marco, apareciendo de algún sitio donde ni Kojiro ni Aimé le habían visto antes. No estaba solo, sin embargo, pues sostenía a Maki de la mano.

Continuará…


N/F:

* Sitios de interés: Parque del Valentino (Parco del Valentino) es un famoso parque público en Turín, no sólo por ser el más viejo de la ciudad, sino también por ubicarse junto a uno de los dos ríos que atraviesan la ciudad, el río Po.