10. Los rugidos del tigre
— Creo que hay algo de lo que debemos hablar — espetó Maki, sin titubear. Temblaba suavemente y su compañero podía sentirlo al sujetarle la mano, pero no estaba dispuesta a demostrarlo y perder la oportunidad de arreglar lo que sus errores habían provocado en la relación de los otros dos.
— Akamine, estás loca — Kojiro habló, reaccionando ante el teatrillo que su ex novia y el español habían montado para ellos — Me largo, tengo cosas que hacer —
— ¡Espera! —
La voz de Marco se hizo escuchar apenas el tigre hizo amago de escapar en dirección contraria a donde se encontraban, tardaría en hallar la salida del parque si iba por aquel rumbo, pero debía concentrarse únicamente en huir de ellos. Kojiro se detuvo, aunque no se giró a verlos.
— Hay algo que debes saber, algo que creo que te agradará escuchar —
— ¿De qué estás hablando, Marco? — intervino Aimé, confundida — Ustedes, ¿desde cuándo están juntos otra vez? —
— Hace un par de días — respondió Maki, en lugar del español — Hicimos lo que teníamos que hacer, solucionamos nuestros problema y nos dimos cuenta que, en realidad, ninguno de los dos quiere seguir sin el otro. Hablamos, pusimos todas las cartas sobre la mesa y ahora es momento de que ustedes hagan lo mismo —
— Sabemos que la separación les ha sentado mal a ambos y… —
Las palabras de Marco se ahogaron al fondo de su garganta en el momento en que Kojiro se giró y los encaró, los ojos inyectados en una furia tan conocida que viéndola, Maki pensó que ya no temía a ella. Aquel era un tigre a punto de rugir, pero ni con los colmillos de fuera podría convencerla de desistir en su misión y abandonar la esperanza de conseguir que esos dos arreglaran su relación.
— ¿Y la culpa de quién es? — rugió el japonés — ¿A causa de quién fue que terminamos separados? No intenten jugar a los buenos samaritanos, si han resuelto sus asuntos, tomen sus cosas y lárguense de aquí. Ya los cuatro sabemos que eso es lo que mejor saben hacer —
— Nosotros no somos los que huyen del problema, Kojiro — le recordó Maki.
— Piensa lo que quieras, no me importa —
— A mí sí me importa —
Aimé se hizo escuchar, tan alto y tan claro que no dejaba a dudas que había decidido seguir el plan trazado por la japonesa y el español. Lucía tan segura de sí misma que, por un segundo, hizo a Kojiro recordar la primera vez que le había visto, esa tarde en el campo, luchando por conseguir una entrevista.
— Tal vez tú no quieras escucharme, pero eso no cambia que tengo mucho que decir — siguió la española.
— Es cierto, no quiero hacerlo. Adiós — sentenció el tigre, sin más ni más. A sus espaldas, la parejas que les había reunido hizo amago de intervenir, no obstante, todos sus movimientos se detuvieron al ver a Aimé dirigiéndose al japonés hasta sujetarle por el brazo y obligarlo a detenerse.
— Actúas como un gato asustado — le acusó ella, acribillándolo con la mirada de aquella forma tan particular en que un felino conseguía atemorizar a su presa.
— Cuidado, linda, a las fieras no les gusta ser amenazadas — dijo y sonrió.
Parecía como si dos animales salvajes hubiesen saltado a la arena y se estuvieran midiendo antes de atacar, la tensión que emanaba de ellos podía advertirse incluso a la distancia así que, aunque había sido su idea reunirlos en aquel lugar, Maki y Marco pensaron que quizás, no había sido la mejor de las ideas.
— ¿Te sientes amenazado, Kojiro? — se mofó la española — ¿Realmente no te interesa escuchar nada de lo que tenga para decir?
— ¿Qué comes que adivinas? Me da-
— No estoy saliendo con él — lo interrumpió Aimé, sin deje de mofa — Admito que lo hice, pero eso fue hace mucho tiempo y él me terminó. Se largó alegando que su vida necesitaba aventuras en las que una pareja parecía ser una pesada carga. No supe de él hasta hace unos días, ni siquiera había terminado de asimilar que hubiese venido a buscarme para llorar por su ex en mi hombro cuando nos encontramos con ella y… Creo que tú como yo sabemos cómo terminó aquello, ¿o no? —
Lo que sucedió después fue cuestión de segundos. Hyuga pareció procesar lo que Aimé acababa de decir tan pronto como su cuerpo se movilizó y antes de darse cuenta, sus manos sujetaban fuertemente el cuello de la camisa del español. La mirada que le dirigía, aunada al aura peligrosa y frenética que poseí mientras lo sujetaba no hacían más que atemorizar al español quien no había sido puesto en aviso sobre convertirse en la presa de una fiera de un minuto a otro.
— S-Suéltame — pidió Marco.
— Elige, idiota, elige de una maldita vez a quién quiere tu corazón y deja de jugar con dos chicas que no merecen ser la segunda opción de nadie en este maldito mundo — le amenazó el tigre, entre dientes.
— N-No puedo. Y-Ya no se trata de elegir, sino de ser valiente y admitir a quién amo en verdad… y esa es Maki, siempre ha sido Maki — espetó, con dificultad, no viendo como escapar del agarre que el otro ejercía sobre su ropa — L-Lo importante ahora es que tan valiente eres t-tú, ¿eh? —
— Kojiro, déjalo ya — le ordenó Maki, aunque no vio cumplidos sus deseos hasta unos segundos más tarde, cuando el tigre lo dejó ir y se apartó para seguir su camino — ¿A dónde vas? ¡Tienes que hablar con ella! —
— Escuché lo que quería decir, conozco la verdad sobre ese imbécil. No tengo nada que hacer aquí —
Viéndolo marcharse, Maki pensó que ese era en realidad Kojiro Hyuga, el tigre japonés. Un hombre orgulloso y testarudo, feroz cuando se trataba de lanzarse contra el enemigo, cobarde si se ponía su propio corazón al descubierto del mundo. Se preguntó si alguna vez se había sentido enamorada de aquella esencia agresiva y peligrosa y casi tan pronto como lo hizo se respondió. No, jamás. En todo el tiempo que pasó con él, Maki jamás había amado aquello que le volvía tan terco y mula.
Un objeto atravesó su campo de visión, seguido de la imagen de una castaña encabritada a quién el enfado y la indignación habían motivado a moverse antes que la razón y la compostura. Había un halo de ferocidad tan parecido al del hombre que se apartaba que capturó su atención antes de comprender que aquello que había cortado el aire en dirección de Kojiro había sido un zapato.
Junto a ella, Aimé se detuvo un minuto, vislumbrando la trayectoria del proyectil que había lanzado a la espalda del tigre y que acertó en el blanco al golpear su hombro.
— ¿Qué demonios…? — se preguntó Hyuga, deteniéndose al ser agredido. Se giró al instante, descubriendo el objeto que había chocado contra su cuerpo y se inclinó para recogerlo. La zapatilla, una pieza de calzado sin tacón parecía pertenecer a una niña y en realidad, haberlo lanzado en su dirección demostraba que Aimé había decidido igual que una cría.
No creía haber comprendido lo que acababa de suceder cuando miró al frente y advirtió que la dueña del zapato se dirigía hacia él, tan furiosa y obstinada como él mismo pretendiendo marcharse del parque. Le dio un segundo, sólo eso, antes de llegar hasta él y plantarse a escasos centímetros de su cuerpo. Poseía unas manos pequeñas y muy finas, pero ni eso parecía impedirle seguir adelante con sus planes.
Sujetándole por el cuello de la camiseta, Aimé aferró fuertes las manos a su ropa y se elevó sobre sus puntas para conseguir elevarse hasta encontrar sus labios y besarlo.
Al contacto entre sus labios, fue como si todas las murallas que había erigido a su alrededor desaparecieran y es que, con la chica que amaba tan cerca y sus besos disipando los miedos, las dudas y los complejos, Kojiro comprendió que si algún día deseaba ser verdaderamente feliz, tendría que aprender a derribar los muros y atravesar las rejas de su propia jaula. No dudó mucho, sujetó a Aimé por la cintura y la apegó cuando pudo contra su cuerpo.
— No vuelvas a darme la espalda, Kojiro. No vuelvas a intentar largarte sin antes afrontar lo que sucede entre nosotros — le amenazó Aimé, ni bien separarse. El japonés sonrió, todavía rodeándole la cintura y besó su nariz.
— Intentaré no hacerlo, es difícil no sentirse tentado si sé que me besarás de esta forma cuando se me ocurra intentarlo — bromeó y la escuchó gruñir — ¿Todavía hay un nosotros, Aimé? —
— Lo habrá si eres lo suficientemente valiente para que hablemos sobre ello, para que pongamos las cartas sobre la mesa. Ya estoy cansada de que me quieran a medias, necesito saber que si tomamos el riesgo vas a ir conmigo al final y que pase lo que pase, intentarás recordar que no temo lanzar zapatos a tu cabeza si decides escapar —
— Vaya forma para hacerme entrar en razón, ¿eh? — se mofó el tigre, recibiendo una sonrisa de parte de la española.
— Hablando de eso, ¿serías tan amable de darme mi zapato? —
— Déjame pensarlo… no, ceo que no — le dijo y antes de que pudiera hacer algo, se apartó de ella y echó a correr.
Viéndole escapar, riendo a carcajadas como si de un niño se tratara, Aimé reaccionó pronto y se apresuró a ir tras él, mientras a sus espaldas, dos buenos amigos le observaban cayendo en la cuenta que así era como dos testarudos aprendían a solucionar sus diferencias. No había más que hacer o decir, las cosas que habían arruinado estaban de nuevo en su lugar, así que soltaron sus manos y sin decir nada, Marco y Maki se separaron.
— Tengo algo que quiero decir — espetó Hyuga, elevando el zapato de Aimé por encima de su cabeza. La castaña lo observó con atención, deteniendo sus intentos por recuperar su calzado.
— ¿Qué cosa? — preguntó.
— Me gustas mucho, Aimé. Me gustas demasiado, desde la primera vez que te vi. No soy bueno teniendo relaciones, me asusta descubrir mi corazón tanto como mis debilidades, le tengo miedo a que el mundo sepa cómo herirme… Pero si tuviera que elegir entre protegerme a mí o estar contigo… Me quedo con la segunda opción — dijo, y no debió darse cuenta, pero aquello era lo más honesto y sensible que le hubiera dicho a la española desde que la conoció. En su sitio, Aimé sonrió y estiró una mano para alcanzar la del chico.
— Corramos juntos el riesgo, entonces — sonrió — Sólo… ¡Dame mi zapato! —
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Era una mañana agradable, parecía que la primavera llevaba lo mejor de la estación a la ciudad, con el cielo claro y el sol brillando en lo alto, una brisa fresquita soplando de vez en cuando y Turín tiñéndose con la vibra alegre y romántica que solía poseer. Hacía una semana que las cosas entre en tigre y su chica finalmente se habían solucionado así que, no era de sorprender que aquel día, estuviesen reunidos en el restaurante donde todo comenzó.
— Debe ser una broma — espetó Maki, advirtiendo la presencia de su ex novio, en la misma mesa donde su amigo y su novia la habían citado para almorzar juntos.
— Consideralo una ironía, de esas dulces que tiene la vida — se mofó Hyuga, invitándola a tomar asiento. Junto a ellos, los dos españoles presentes se miraron, ella advirtiéndole a él sobre intentar escapa y sufrir las consecuencias.
— ¿Para eso me has pedido venir, para burlarte de mí? —
— En realidad, la idea fue mía — habló Aimé — Es fácil darse cuenta que la actuación de hace unos días fue fingida y bueno, en vista que nos obligaron a ser valientes y afrontar nuestros problemas, creemos que es justo que ustedes hagan lo mismo —
— Chica lista — sonrió la japonesa — Aunque no tanto, es cierto… Marco y yo no estamos juntos, pero eso no significa que no hayamos hablado. Nos reunimos hace unos días, decidimos que nos amamos pero no estamos listos para tener una relación —
— Es cierto — convino Marco, sonriendo — No queremos arrastrar los problemas que hemos tenido hasta ahora así que decidimos darnos un tiempo. Yo cumpliré las guias programas que tengo hasta ahora y cuando vuelva a Bolonia…—
— He hablado con los directivos de mi equipo, me han permitido regresar aunque sólo sea para entrenar. Creo que es importante que ambos sigamos nuestros sueños, hasta que estemos seguros que en ellos hay espacio para estar juntos — aseguró Maki, viendo a Kojiro y Aimé mirarles, desconfiados.
— No se preocupen mucho, ¿vale? Hemos quedado como amigos y mientras sea posible, estaremos en contacto. No nos perderemos, incluso puede que la distancia nos permita afianzar la conexión entre los dos y superar que aunque no podamos vernos, sabemos que estamos para el otro en dónde sea que nos encontremos — dijo Marco.
No había más que decir, siendo que ni Aimé ni Kojiro poseían las facultades para entrometerse en una relación que parecía haber tejido su camino sin que ellos se dieran por enterados. Al final, podían convivir como cuatro amigos y compartir anécdotas, bromas y también, buenas noticias.
— Me he presentado en el diario La Stampa, no pude usar mi tiempo en Vogue como referencia debido al hecho de que fui despedida y Franca olvidó casualmente redactarme una recomendación, pero mi portafolio no luce tan mal y todavía tengo los artículos que publiqué en la revista como evidencia, dijeron que me llamarían y bueno… sigo esperando — explicó Aimé, nerviosa.
— Sigues hablando de la mujer dinosaurio y más enfadado me siento. ¿No hay alguna forma de que pudieras ayudarla? Eres famoso, debes tener un montón de contactos escondidos por ahí, ¿o no? — preguntó Marco a Hyuga, quién se apresuró a mirar Aimé, sólo para corroborar que conocía la respuesta al cuestionamiento del español.
— Conozco al editor de La Stampa, su sección deportiva es buena y han cubierto varios de mis partidos. Tienen un mejor juicio que la editora de Vogue así que confiemos en que sabrán elegir a la mejor reportera, después de todo, el trabajo de Aimé habla mucho mejor de ella que lo que yo pueda decir. Aunque…—
— ¿Aunque? — preguntó Aimé, arqueando una ceja en su dirección.
— Tal vez pueda ayudarte a complementar tu portafolio. ¿No querías hacerme una entrevista? —
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— Así que, joven Hyuga — sonrió Aimé, colocando la grabadora sobre la mesa — ¿Por dónde quiere comenzar? —
— Usted elija, responderé a todas sus preguntas de la forma más honesta que pueda — devolvió el tigre, afable y condescendiente. Su novia entrecerró los ojos ante tal muestra de generosidad, pero acabó presionando el botón del bolígrafo para hacer bajar la puntilla.
— Muy bien, vayamos al principio. ¿Qué lo motiva a entregarlo todo dentro de la cancha? —
— Mi familia. Luego de que mi padre muriera y debiera tomar las riendas de mi hogar para apoyar a mi madre en la crianza de cuatro niños pequeños, me dije a mi mismo que no había cosa en el mundo que no pudiese lograr por sacar adelante a mi familia. Ellos son lo que más me importa y a quiénes debo el éxito de todo cuánto he logrado en la vida —
— ¿Qué pasa con sus amistades? No parece ser allegado a muchos de sus compañeros y en Japón, abundan los rumores sobre su mala relación con sus colegas de equipo — siguió la española, metida de lleno en su papel.
— Es cierto que no soy de muchos amigos, los más cercanos pertenecen a mi combinado estudiantil, el colegio Toho y admito que no tolero por mucho tiempo a algunos de mis compañeros en la selección nacional. Hablando de Italia, mi mejor amigo es Gentile Salvatore, una mala elección si lo que quiero es alguien que piense más que yo, pero es divertido tener quién alegre mi vida con sus tonterías — se mofó el tigre, haciéndola reír.
— ¿Sabe que nadie conoce el motivo porque decidió adquirir un Ferrari, prácticamente de un día para otro? —
— Lo sé, y aunque no lo parezca, el motivo es simple. Un hermano debe hacerse presente con un buen obsequio el día que uno cumple años, Takeru es mayor de edad y pensé que un auto iría bien acompañando la licencia de conducir — le dijo.
— Poco se ha hablado sobre sus acciones filantrópicas, ¿hay algo que le gustaría compartir respecto a ese ámbito de su vida? —
— No me considero alguien generoso, en realidad, creo que hacer algo por aquellos que tienen menos es una obligación de la que quiénes poseemos los recursos para apoyarles no deberíamos huir. Por esto mismo, encabezo un programa de visitas al orfanato de la ciudad y las donaciones de jugadores de la Juventus a quiénes interesa dar un poco de lo mucho que han recibido. No somos santos, no nos interesa ganar publicidad con lo que hacemos así que por eso mismo, hemos mantenido nuestras acciones como un secreto entre los amantes del soccer y todos esos niños que esperan, porque somos amigos —
— Esta fotografía… — Aimé deslizó la imagen que hacía semanas había descubierto navegando en internet y observó con atención cuando Kojiro la tomó y su rostro demostró que era la primera vez que se encontraba con ella — ¿Forma parte de un episodio importante en su vida? —
— Lo hace — aseguró el tigre — La chica en la imagen, es Maki Akamine. Una mujer que ha sido amiga y pareja, aunque nuestra amistad haya durado más que nuestro romance. Aquella tarde, yo me marchaba de Japón para probar suerte en Europa, ella fue a despedirme para darme un obsequio, creí que nunca volvería a verla, pero lo hice. No creo que alguna vez pueda olvidarla, ella me enseñó que el miedo puede hacernos perder cosas realmente valiosas —
— Tienes un corazón muy bello, Kojiro — susurró Aimé, sin poder evitarlo. El tigre sonrió y deslizó su mano por encima de la mesa para coger la de ella.
— ¿Esto también formará parte de la entrevista? — bromeó y se ganó un golpe por ello.
** FIN **
N/A:
* Quisiera agradecer a Stear's Girl por hacerme observaciones sobre los autos europeos, espero haberlo corregido y haberme acoplado mejor a la realidad. ¡Tus palabras me han sido de muchísima ayuda para mejorar mi trabajo!
AGRADECIMIENTOS: noukinav018, Reich, Stear's Girl, OPAWER, tusbasa-10, Susy Eugenio, ValeryOzora, CANDY.
Con cariño, JulietaG.28.
**OMAKE**
— Abril. Saitama, Japón. Viernes, 10:30 pm.
El estruendo de la música retumbaba en sus oídos, mientras sus ojos azules se mantenían fijos en la imagen de aquellos tres chicos. Las luces que danzaban por encima de los cuerpos apiñados en la pista y se reflejaban de forma casi molesta contra los muros del bar, amenazaban con hacerla sentir mareada o quizás, la incomodidad del momento se debía al hecho de estar presenciando algo que no había imaginado que viviría en una noche cualquiera.
Y entonces todo se volvió claro, la realidad se precipitó sobre ella con la misma fuerza que una bomba y antes de ser consciente, su cuerpo reaccionó moviéndose hacia aquel que había prometido un beso suyo como garantía por un montón de dinero. No fue consciente de lo que hacía hasta que sus pies se plantaron frente a él y entonces, una de sus manos se elevó por encima de todo y trazó un ángulo directo desde su posición original hasta la mejilla del idiota frente a ella.
Desde su sitio, Ken reaccionó abriendo grandes los ojos y llevándose la mano al sitio donde la chica lo había golpeado. La sorpresa y la decepción se abrían paso de forma vertiginosa en su interior, opacando el ardor que comenzaba a extender desde su mejilla hasta alcanzar cada pequeño rincón de su rostro de modelo.
— Yo no soy ninguna apuesta, idiota — le dijo y se marchó.
PRÓXIMO ESTRENO
** COMIENZA CON UN BESO **
¿Cuál es el precio que un insignificante beso puede tener? Ken Wakashimazu no lo sabe, pero lo descubrirá. Porque la mejor historia de su vida comienza en el momento en que se decide a dar un beso.
**OMAKE ESPECIAL**
— Mayo. Turín, Italia.
— Complejo de la Juventus de Turín. 11:00 am.
El flash de las cámaras parecía capaz de hacerlo deslumbrar y olvidar que se encontraba a mitad de una rueda de prensa que el mismo había convocado, con motivo de aclarar los rumores más recientes que habían surgido en torno a su persona. No podía creer que estuviese haciendo aquello después de que a dos de sus compañeros se les hubiera ocurrido revelar algo parecido aunque, sin duda, era a causa de ellos que la prensa parecía mucho más interesada en el tema.
¡Si tan sólo Genzo y Taro no hubiesen confirmado sus relaciones! Lidiar con los medios habría sido más sencillo si sus queridos amigos no hubiesen decidido comenzar con lo que la prensa denominaba una ola de amor proveniente desde la nación del sol naciente. No obstante, había que admitir que el último mes, Kojiro no había vivido esforzándose verdaderamente por ocultar su noviazgo.
Después de todo, parecía que al fin había aprendido a descubrir que, en ocasiones, era un hombre sensible y que en fechas recientes, había sucumbido a desvivirse por hacer de Aimé Sáenz, reportera del diario La Stampa, la mujer más feliz que hubiese pisado Turín.
— No hay mucho que decir — comenzó, molesto porque las cámaras no dejaran de dispararse antes siquiera de que pudiese hablar — Estoy saliendo con Aimé Sáenz y no me apetece ocultar a mi novia ni el amor que siento por ella. En realidad, lo único que me apetece es que dejen de seguirnos como si fuésemos dos alienígenas yendo a comer como hacen todas las parejas y que detengan los flashes si no quieren que levante la sesión y me olvide de permanecer por más tiempo en este lugar — estalló, creyendo que su amenaza lograría serenar a los reporteros.
No contaba con que los medios se enardecerían y comenzarían a acribillarlo con flashes, fotos y preguntas que apenas alcanzaba a comprender. El tercer miembro de la ola japonesa del amor acababa de ser confirmado. ¿Quién seguiría?
HYUGA REGRESARÁ EN EL MUNDIAL
