Como es de esperarse, este fic sigue siendo para la responsable Naghi-tan, quien no pierde la esperanza de que complete algo en mi vida.
¿Dije que las akumas no mi no existían en mi AU?, pues digamos que funcionaran diferente para los usuarios…..
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Tigers come at night
With their voices soft as thunder
they tear your hope apart
turning your dream to shame
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Después de asegurarse de que el joven policía se largase, el coleccionista de espadas se dio carrera libre ante todo el equipamiento de salvación, incontables paramédicos se mantenían ocupados repartiendo el oxígeno restante a ciertos trabajadores del restaurante que salieron con ayuda de los bomberos u otros voluntarios.
Al tiempo de llegar a la plaza frontal, el peli-verde trataba de localizar algún rostro familiar, ya sea de entre los espectadores o sobrevivientes, se percató del estado de edificio, Zoro volvió a revivir viejas perdidas en su sub-consiente, el lugar era más que el hogar del rubio, lo más importante de él era lo que llevaba a cabo y las cuentas que saldaba para quien se encargó del rubio en sus prematuros años.
Pese a que el ardor del fuego permanecía en la zona posterior de edificio, las llamaradas parecían golpear su rostro fatigado, el daño de la tal explosión no provocó el derrumbe total del restaurante aunque si la caída del cuarto piso, el último. Por otro lado el comedor principal, que era la entrada, mantenía el fuego más vivo de entre las zonas dañadas, los bomberos abrieron otra entrada por si mismos al lado izquierdo donde el calor no les impediría accesar a los pisos superiores.
Tras su atención interrumpida por la desgracia, Roronoa percibió como fue que alguien se acercó a él, le tomo del brazo para guiarlo lejos a la acera vecina del hogar de su Nakama, el oji-café no se molestó en verle, solo fijaba sus ojos en como la madera de la estructura se consumía, disminuía poco a poco y se trasladaba a edificios vecinos.
Cuando se detuvo, las manos que le guiaron le abrazaron y los sollozos de una mujer se escucharon bajo su hombro.
-No lo encontraron, Zoro, ¡Le llamé!, ni siquiera su teléfono esta en servicio…- Aguanto un grito de frustración y golpeo el pecho del espadachín sin total esfuerzo -¿Cómo sucedió esto- Separo uno de sus brazos para señalar indirectamente el horror a sus espaldas- sin nosotros con él?- Esa voz femenina le pertenecía a una de sus nakamas, a la peli-naranja que dejaba que sus lágrimas le hicieran saber la consternación que le provocaba la pérdida de su amigo junto con sus sueños.
'Es demasiado patético perder contra el fuego' Pensó el espadachín, contemplando otras posibilidades, si el rubio no estaba ahí, por supuesto había algún culpable, aun con ese hombre de ropas blancas que le amenazó con matarle, pudo escapar mientras él peleaba con sus secuaces, el cirujano también debía tener algo de culpa por esos sucesos.
'El invitado del cocinero…..' Se percató de que el primer extraño de la noche era el más valido a saber el paradero del oji-azul, aunque los demás chefs hayan confirmado el turno nocturno de Sanji, el mismo hombre debió hacer algo en el transcurso de su servicio. Blackleg no podría estar ahí, si no fuera tal como cree, el mismo oji-azul estaría apagando el edificio a patadas en ese momento.
En el periodo de silencio, se anuló el intenso sofocar del fuego, la madera crujía y desfallecía, el calor emitía la intensidad de sus llamas que se desvanecían con las medidas para apagarlo, los luchadores de fuego ganaban el encuentro tras minutos que se convertían en horas de insistencia.
Ambos Mugiwaras se separaron, contemplando como el resto del tercer piso de derrumbaba, Zoro aparto su vista del restaurante, en los orbes de la peli-naranja se reflejaban las llamaradas y esa pregunta que podía percibir sin telepatía.
'¿Por qué Luffy aún no regresa?'
Si el afamado sombrero de paja no se encontraba disponible Roronoa tomaría el cargo de la culpa.
-¿En dónde…están los demás?- Aumento su tono de voz llamando la atención de su nakama, tenía tiempo que no veía a los integrantes de su grupo que por supuesto acudirían al llamado de la desgracia.
Nami reacciono con algo de dureza ante lo horrible que era observar pacíficamente como los logros materiales de Sanji se consumían en el fuego, no obstante ella también era un Mugiwara, una mujer fuerte. –El vuelo de Franky y Robin-san no tardara mucho, Ussop se quedó en compañía de Kaya, ellos están seguros, Brook no contesta…-
-¿Qué hay de ti,- Frunció el ceño aun con estrés- porque viniste tu sola?- Siguió mirando el edificio sin ver la expresión de Nami.
-¿Que pregunta es esa, Zoro?- Levanto sus puños en señal de ofensa -¿Acaso querías que me quedara en casa de Nojiko, rezando por algún milagro?-
-Eso me parece mejor que verte aquí con todo cayéndose- El peli-verde torció la boca, tanto por las razones de ella así como lo molesto era que ambos no hicieran nada con respecto al fuego, porque no podían involucrarse.
-He aguantado las ganas de entrar ahí y ayudar a Ace, sabía que me gritarías por ello, ¡¿Pero sabes qué?! Entraré al maldito camión, me robare un traje para poder entrar y así tan siquiera podré salvar las pertenencias de Sanji-kun- A pasos furiosos la chica corrió hasta uno de los camiones de bomberos, tomo un traje del perchero exterior, aun con Zoro detrás de ella, buscando la manera de no seguir derramando tanta sangre de sus heridas, a pesar de que el espadachín le jalaba del ante brazo, se dio cuenta que ya no tenía más fuerzas.
Sin tal intención de llegar a la entrada del edificio, ambos nakamas se encontraban en la peligrosa abertura al edificio, entre gritos y forcejeos, fueron empujados por alguien que ya conocían.
-¡Fuera de aquí, la salida se derrumbará!-
Nami al par con Zoro aterrizaron en el suelo por culpa de la fuerte patada de Portgas para alejarlos; en cuanto sucedió ello, arrojo un gran cofre que cargaba y lo lanzo sobre el peli-verde, el objeto cayó en su estómago dejándole sin aire, mientras tanto, Ace sostenía algunos pedazos de madera esperando que alguien más saliera antes de que se bloquease por completo.
En instantes una persona más fue lanzada por el hueco que quedaba para escapar, un cocinero ya demasiado asustado por lo que vio en el interior y por cómo fue lanzado como tal bola de boliche hasta el exterior, salvo que una persona más corría, era quien el hermano D. esperaba.
Un Rubio con el mismo traje de rescate cruzo por la abertura, en cuanto logro llegar donde los Mugiwaras, Ace dejo de ser un punto de apoyo y se alejó para que el resto de la pared terminara de derrumbarse.
-Uf, ¡Carajo!- Grito sin ofensa pero con alivio al retirar su casco tomando una bocanada de aire mezclado con las cenizas, retiro los mechones rubios de su frente y volteo a ver a su hermano no muy contento de las pocas cosas que traían consigo.
-No pongas esa cara, Ace – Todo el positivismo de la situación siempre quedaba su cargo – Al menos trajimos lo que Mr. Redleg pidió- Le miro con preocupación al darle una palmada en su hombro durante su corta caminata hasta el dúo de Mugiwaras tirados en el suelo.
El peli-negro le ofreció su mano a Nami en espera de que le perdonase por tal golpe, al tenerla de pie, Ace tomo el gran cofre que anteriormente lanzo sobre el espadachín, Zoro en cambio no despego esa cara de venganza de su rostro mientras trataba de ponerse en pie por sí mismo, parecía que a nadie le importase que estuviera a punto de morir desangrado por tanta violencia a su persona.
El cuarteto camino donde el hermano mayor, Sabo, Les indico tras dejar claro que todo lo que podían hacer por el restaurante quedaría a manos del tiempo, muchos otros ayudantes de su equipo tomaron ciertos pilares de madera y los colocaron alrededor del primer piso de la fachada, con ello podrían romper los cristales y dejar que el calor y humo se esfumaran ventilando el interior. Por otro lado, ambos Mugiwaras tenían que seguir las instrucciones de los hermanos D. la cual era asegurarse de que el dueño del local se encontrara con bien.
En forma resignada y destrozada, Zeff reposaba sin comodidad al filo de las puertas de la ambulancia, el hombre no padecía de heridas graves pero si daños que el fuego le provocaría a cualquiera si se expusiera a tales agresivas llamaradas, su personalizado sombrero se encontraba arrugado en una de sus manos mientras la otra cubría su mirada del aterrador espectáculo que se ocasiono en su hogar, su silueta denotaba el derrumbe de su porte orgulloso, salvo que este aun no parecía aceptar su perdida. Nami le hablo al peli-verde como es que anteriormente le encontró en ese mismo lugar sin haberse movido aun.
Ambos Mugiwaras y el Chef, reconocían que sus habilidades los mantenían a raya evitando que ellos mismos ayudaran. Roronoa observo detenidamente la reacción del dueño del restaurante, serio e inmune a lo que le rodeaba, la preocupación de su rostro cambio a ser de enojo así mismo.
Zoro no contemplo la distancia de sus manos al suelo, pero eso no le detuvo de arrodillarse sobre el pavimento en pose de disculpa, algo que un espadachín de su nivel no pensaría en someterse. La peli-naranja volteo a verle, creyendo que desfalleció de cansancio, ella no daba gran escándalo cuando Zoro volvía de una pelea, sin embargo el incendio parecía hacerla más asustadiza. Zeff no volteo a verle directamente aunque se haya percatado de lo haría el amigo de su hijo-adoptivo.
-Yo lo deje ir… , Era mi única promesa y le deje solo- Le mostró su respeto y arrepentimiento al gritarse así mismo, ocultándose de la ira del hombre al dejar que sus ojos se concentraran en el suelo. –Con esto he decepcionado a mi Capitán-
El chef no respondió después de que el oji-café admitiera su error, solo se movió con inconformidad, ahora observando la ensangrentada espalda del peli-verde, cerró sus ojos un momento, con su sombrero limpió el sudor de su frente, esperaba que más piadosas palabras surgieran del arrepentido espadachín.
-¿En dónde está?- Por fin habló, todos los presentes emitieron un suspiro ante la pregunta, ¿Que padre no se horrorizaba con esa duda hacia otro ser?, si el cocinero de boca sucia no mostraba señales de su maldito cuerpo dentro de lo que quedaba de su hogar, entonces él no fue una víctima del fuego.
-No lo sabemos.- No mentía, excepto que el tampoco aseguraba su corazonada.
Por otro lado, cerca de la fachada del restaurante, gritos de alegría que provenían de los mismos bomberos se volvieron el centro de atención de los rescatistas, El capitán de guardia, Ace y El general Sabo recibían palmadas de felicitación, de triunfo por parte de sus demás compañeros, ambos jóvenes se detuvieron frente al hombre de bigotes trenzados, dejando que ambos cofre cayeran frente a su dueño.
De lo confusa que se volvió la situación no creyeron que el Cocinero se levantase y pateara al peli-verde fuera de su vista, todos comenzaron a creer que el hombre deseaba desquitarse con el espadachín, salvo que tras el primer golpe, la actitud normal del anciano volvió, con confianza en su sonrisa maliciosa más una pizca de melancolía no obstante sus brazos cruzados denotaban superioridad.
-Los críos no deberían llorar ni tener miedo en periodos violentos- Grito tal como cuando reprendía al joven rubio en la cocina, con tal frase golpeo uno de los cofres, dejando que su contenido se esparciera por el pavimento, lo que cayó al suelo dejo que los ojos de la peli-naranja brillasen al par con la luna tras el humo.
Con incontables cantidades de dinero en vista de los demás muchachos, todos dedujeron el nuevo propósito del hombre, el maldito hogar de la pequeña familia volvería a reponerse a cualquier costo, literalmente. –Los adultos nos encargaremos de las reparaciones y ustedes de traerle de vuelta, habrá incontable trabajo cuando la cocina se inaugure.- La sonrisa de satisfacción del chef brindo a los Mugiwaras presentes que su esperanza recaía en ellos para devolver a su nakama a casa.
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Con un audible suspiro de satisfacción el peli negro bebió el último trago de su bebida energizante, no solía consumirlas en son de que su recurrente narcolepsia que le atacaría sin aviso alguno, no tenía caso el beber una cantidad de cafeína proporcional a la de su peso, sin embargo, en ese momento le sería útil para colaborar con las reparaciones del restaurante, junto con su hermano se dieron la mano para ambientar el edificio con múltiples puntales sosteniendo el primer piso, con todos los vitrales fuera de sus marcos, por el momento el calor se esfumo del interior pero algunos gases aún seguían concentrados al ras de la cocina, por otro lado los Mugiwaras analizaban sus problemas sin la presencia de su capitán, quien usualmente tenían que retener antes de darle una estrategia.
Ambos bomberos reposaban unos minutos en la fachada del local, sobre la banqueta vigilando abiertamente la propiedad, con un desayuno poco saludable en manos, Sabo y Ace denotaban su cansancio tras los lentos mordiscos a el extraño sándwich que el peli-verde trajo después de su pequeña caminata para despejar su mente, sus ojeras se marcaron más de lo normal y aun podían sentir el calor del local con su fuego ya extinguido.
Dentro, algunos Mugiwaras discutían sus movimientos junto a sus decisiones con respecto al ataque como la desaparición de su nakama, los comentarios no parecían ser muy positivos ya que la plática entre el peli-verde y la sabia morena se escuchaba hasta todo rincón del salón.
Siendo horas después del ayuno, el otoño dejaba ver el sol hasta esa hora, puesto que los rayos de la mañana comenzaban a golpear los rostros de ambos luchadores de fuego, los chicos se veían afectados por la falta de su hermano, el más enérgico o escandaloso, quien en segundos ordenaría que localizaran a su cocinero, claro, si es que sus amigos ya resolvieron entre si llamarlo o no, por supuesto el espadachín no quería arriesgar la confianza de su capitán así como los demás exclamaban que Monkey solucionaría el misterio de la desaparición aunque comenzara por sospechar de todos sus enemigos.
Sanji es para ellos alguien que uso la comida como medio para conocerlos, no negarían que ayudarían a buscarle como un favor para Luffy, sino que se involucrarían por culpa de su amistad.
Ace se contenía en un estado de culpabilidad, puesto él fue quien le sugirió a Luffy que el hijo de Zeff se uniera al equipo; Durante una noche de hambre extrema ( que implicaba sus luchas contra las demás bandas dejándoles exhaustos), el trio de hermanos fue a dar al humilde restaurante a pocos minutos de cerrar, no obstante el cocinero más joven los invito a entrar a escondidas para quedarse a comer lo que les preparase sin discriminarlos por sus fachas de chicos con un mal expediente en la calles, Portgas fue el primero en invitarle a ser parte de la banda de Shirohige, el oji-azul se reusó a tales alianzas creyendo que el pobre aún era menor de edad para esas cosas, salvo que a Luffy se le contagio la convicción para el cocinero se uniese a su propia banda, por otro lado el otro hermano restante no tenía mucho que decir, a pesar de que tampoco estaba totalmente orgulloso del camino de sus compañeros.
Al pasar las semanas, los hermanos D, visitaban el restaurante sin cesar y no fue sino hasta experimentar una larga conversación con el verdadero dueño del Baratie que el rubio podría unirse a la tripulación del sombrero de paja, quien fue el único que hizo reír al serio hombre de largos bigotes trenzados.
Había que admitir que todo argumento parecía defender las razones por las que algunos de ellos se quedaría impropiamente dicho "con la mano del joven", al contrario, quien tendría la obligación de cuidar la vida de su único heredero.
Aun con sus ojos clavados intensamente en el suelo, el peli-negro no se percataba del todo como era que Sabo le indicaba que debían moverse de donde descansaban, ambos se hicieron a un lado para que el hombre de entregas matutinas depositara el primer cargamento de materiales al restaurante.
Ace inicio su camino al interior del comedor, por supuesto podía entrar por cualquier ventana, pese a que el hermano mayor atrapo su hombro con la intención de proponerle otra actividad.
-Roronoa me dijo que necesitaba sacar algunas cosas de su departamento, si estás cansado, podemos darle un vistazo al edificio- Con su voz fatigada, trato de sonreír un poco, sus ojos denotaban cansancio al igual que el peli-negro.
Después de que Portgas aceptara ayudar con el favor, el dúo compartió el mismo auto para dirigirse al derrumbado hogar del peli-verde.
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-No debemos interrumpir su entrenamiento, con solo medio año en Amazon Lily para terminar volviendo aquí abandonando a Silvers, ni el mismo se perdonaría el retractarse- No recordaba cuantas veces había golpeados sus puños contra cualquier objeto a su alrededor, Nico tenía bastante tiempo insistiéndole la ayuda de su capitán.
-Se perdonaría si es por el bien de cocinero-san - No levanto la voz, pero tampoco se daba por vencida pese que tomaba tragos de café-negro entre argumentos.
El resto de los Mugiwaras rondaban por el lugar, no por placer, si no con la intención de reconstruir el hogar del desaparecido rubio, el primero en reportarse seria Chopper, quien le envió un mensaje de voz al primer al mando que no estaba lleno de preguntas y preocupaciones no obstante los gritos de haber recibido a un malherido Law, ese fue su primer reclamo del día.
Al reno le fue difícil acertar el momento en que Trafalgar podría unírseles en su reunión, no más de un día tardaría el moreno en despertar. Un paciente para Tony representaba gran estrés y más cuando se trataba de amigos, para Zoro, con solo a Law como paciente le serviría para distraerse, con la noticia de la desaparición del cocinero el pobre reno se desmayaría.
Robin arribó al local al mismo tiempo que el Piloto Franky, ambos se habían aventurado en extrañas tierras que la morena encontraba "misteriosas u seductoras islas en las que se podían obtener tenebrosas muertes por maldiciones"; Salvo que el destino los llamo de nuevo a casa.
Nico insistía la presencia de Luffy lo más pronto posible, su reclamo recaía en el miembro del trio monstruoso, Zoro, quien no resistió las palabras de la morena por mucho tiempo, al poco tiempo se escapó para reposar sus heridas. En pocos minutos el peli-verde regreso con un extraño desayuno en mano, encontró al nariz-larga recogiendo todo el escombro de la sala principal y a Nami regateando al hombre de las entregas para pagar lo menos posible.
Aún sin rastros de Brook desde la noche anterior, lo que sabían de él era que se presentaría a tocar el piano pero el hombre olvido invitarles o mencionarles que bar de mala muerte escogió para tocar.
-Debemos….debemos encontrar al cocinero antes de que el capitán regrese- Frunció su frente lo máximo posible por un ser humano, al masajear su propios ojos no conseguía quitarse ese dolor de cabeza.
-Lo dices como si fuéramos una molestia para el- Nami se incluyó, el pobre peli-verde llevaba la contraria de sus amigos, se sentía como el cómplice de su anónimo enemigo. – Sanji-kun no es una pieza o un juguete que hay que reemplazar antes de que Luffy se dé cuenta de nuestros descuidos, ¡Podemos errar, Zoro!- A Nami ya le eran fáciles los debates, siendo una maestra de primaria con ella no se podía ganar un comentario por la misteriosa psicología/metáfora que le encantaba usar con el espadachín.
-NO HAY QUE DEPENDER DE LUFFY- No se percató de que su grito llego a mover escasos centímetros los escombros en el salón, igualmente sus nakamas retrocedieron inconscientemente por el estruendo sin eco, al paso de un minuto exacto todos volvieron a reaccionar.
-¡Claro que no!… Tengo miedo… Estoy tratando de decirme no es posible que perdamos a alguien más por nuestra propia culpa. – Nami confeso su temor, su poca confianza que le traicionaba en tiempo de prisa, no muy lejos de ellos, Ussop y Franky bajaban la cabeza, mirando al suelo al igual que la peli-naranja, con un sentimiento mutuo de aborrecimiento por sus habilidades que para ojos de ellos mismos podrían ser patéticas comparándolas con el trio monstruoso.
-Qué tal si este es solo un patético culpable del que puedo encargarme- Extraño positivismo con el que el espadachín trataba de reanimar a sus nakamas, sus caras no pasaron desapercibidas por él.
-Aun espero que así sea- Interrumpió Nico, ya sin la intención de pelear verbalmente. -Más sin embargo sospecho de alguien entre los Shichibukais- Con la última palabra saliendo de forma temblorosa de sus labios, Roronoa se percató de la vaga suposición de la morena, pero que más daba, eso ya era una pista para el equipo Mugiwara.
La morena tomo otro sorbo de café, el ultimo de su taza - Zoro, hay un hombre que ha pisado la sombra de Sanji-san por largo tiempo, nuestro amigo ha prevenido por su bien sin nosotros involucrados.-
Al esperar otra respuesta del peli-verde, nadie esperaba que el espadachín volviera a tomar asiento en silencio, el temor de la peli-negra le dio su atención.
Aunque era el turno de Nico para explicar sus teorías, un suspiro del nariz-larga llamo la atención de todos presentes.
-No creo que todos conozcan lo que Sanji-kun hace por nosotros,- Ussop termino de recoger toda la basura de la sala principal, caminó hasta donde el intenso debate se apaciguo un momento. –Creí que él era alguien que se ocupaba del enemigo junto con nosotros, como equipo.- Miro al suelo tratando de dejar fluir sus recuerdos –Con solo una vez me basto para comprenderlo-
El nariz-larga obtuvo la atención de sus amigos, y el suspenso de lo que Ussop necesitaba decir les molestaba puesto que el moreno se detenía a seguir narrando y levantando las sillas restantes del comedor, cuando levanto la última, se sentó en ella y dejo su buen humor para otro momento, Nico volvió a su mesa no sin antes volver a servirse una décima taza de café.
-Sanji, él es como un asesino a sueldo, por así decirlo, en todo este tiempo aniquilo a enemigos de quienes ni siquiera escuchamos su nombre, no hasta que aparecen en algún periódico de los Marines- Comenzó por algo vago que los demás conocían, en la ciudad se daba la idea de que los asesinatos sin resolver eran a causa de Zoro, quien aún no había dejado atrás su maña de matar por dinero.
Después de unas miradas indirectas al peli-verde, siguieron escuchando atentamente al nariz-larga que por primera vez no contaba alguna mentira para gastar su tiempo.
-La primera vez que le vi, supuse que tenía problemas, o que algunos abusones entraron sin problemas a nuestro territorio, aunque todos aquellos en esa noche vestían del mismo uniforme por excepción del líder- Trago saliva para prepararse, parecía que al pobre moreno se le dificultaba recordar con gran detalle.
-En la noche en que celebrábamos la tesis aprobada de Kaya, Sanji se encargó de darnos las reservaciones…A la hora que llegamos, la banda del León dorado tenía rodeado el Baratie, todos los comensales eran sus subordinados, era un gran evento privado, su alianza con otras organizaciones, solo reconocí a algunos capitanes por su cartel de Wanted-. Hablo sin interrupción, sin esperar a que sus nakamas comentaran de por medio.
-Kaya se desilusiono, lo vi en su rostro, ella no dijo nada pero de algún modo entré a buscar a Sanji-kun, cuando llegue a las mesas privadas, en el comedor principal él atendía al mismísimo Shiki. No me entrometí, espere que terminara de servir…- Gimió por la frustración de su narración, con ambas manos desordeno su largo cabello. -¡Por ello es que lo hace por sí solo, no le creí capaz de ello! – Se comentó así mismo con gran exclamación, los demás oyentes exigían saber qué fue lo que el nariz-larga experimento.
-Sirvió todas las copas a los clientes, brindaban para comenzar su pacto, por otro lado, Sanji atendió la mesa del jefe de último. No logre escuchar mucho, algo le molesto, siempre muerde sus cigarrillos como cuando se enoja con Zoro, aunque, él se sentó junto con ellos, los primeros oficiales de Shiki hablaban y reían, cuando entendí que de quien se burlaban era sobre Luffy, Shiki se acercó a Sanji-kun. No pude moverme, no le ayude, ni siquiera tenía mi bolso conmigo,-
Miro sus manos que comenzaban a temblar, inclusive el sudor de su poca valentía volvía a sus palmas, -Mientras trataba de dar el primer paso, el león dorado tenía su cara burlona invadiendo el espacio personal de Sanji, con su boca muy cerca de su cuello, sabía que comenzaría algún pleito, solo era cuestión de tiempo para que lo pateara, y él….él….- Titubeo exageradamente, su pobre mente no soportaba revivir las imágenes y posibles horrores de esa noche, tampoco contaba con que el Gran Chef se aproximara para reprenderle.
Con su prótesis mandó al temeroso nariz-larga al suelo, usando sus propios métodos de regaños, alias, a golpes. –Tienes que apretar tus pantalones de hombre más seguido si vas a contar historias para mayores de edad.- De lo poco que conocía Zeff al peli-negro, sería lo que el joven cocinero le conto en algunos de sus tiempos compartidos como familia, salvo que por el momento el padre fumaba a cantidad de máquina de vapor, lo curioso es que ningún Mugiwara creyó que practicara la misma adicción que su pequeña-berenjena.
-No siempre veras cosas lindas como las proposiciones de matrimonio o fiestas de cumpleaños,- Sin disculparse levanto al mentiroso de un jalón de su camisa, dejándolo de pie. – La berenjena tiene gran talento para los desastres, y romperle el cuello a un soberano de la mafia no es mucho si lo comparas con el envenenamiento de 47 jefes de bandas traficantes en un brindis masivo.- Tomo una de las sillas a medio quemar y ocupo el lugar del nariz-larga mudo por el fácil resumen de su noche traumática.
-Hubo demasiado que limpiar, los que sobraron, quedaron libres de sus cargos criminales, se dieron a la fuga, lo que resto fue el silencio hasta que el capitán Smoker registro las bajas de los criminales con los que lidio desde su asignación a esta capital.- Los Mugiwaras no dejaron pasar la extraña mueca hilarante a causa de lo que su pequeño cocinero lograba si se le dejaba a cargo del servicio por una noche, lo retorcido del caso se basaba en lo poco enojado que esa matanza dejo al Chef.
-Nuestro bro de cejas rizadas nunca hablo de eso- Perplejo por la anécdota, el peli-azul dejo de tomar su soda creyendo que debería cuidar lo que se le sirve en el restaurante. Paso su enorme mano por su frente quitándose el sudor frio por la noticia. –Pero, ¿Para qué nos dices esto, Ussop? O por que no se lo contaste a Luffy…-
-Ussop-san quiere decirnos que nuestro cocinero no ha desaparecido porque haya sido vencido, lo más esperado es que tenga sus propios planes, en estos momentos podría estar luchando, corriendo o escondiéndose.- Puede ser que solo Nami se percatara de como uno de los dedos de la peli-negra temblaba al tomar su taza, por tener el mismo miedo al desconocer la ubicación de su Nakama.
-Ese maldito cejillas- el espadachín restregaba sus dientes entre ellos, no quería enterarse de otro de los contrataques del oji-azul por medio de otro colega, contando las veces, este tenía el número 9.
Al cabo de un poco tiempo Chopper le hizo saber por medio de un mensaje que Law despertó, no obstante Tony no le permitiría salir ese mismo día. Apenas si estaban al paso del atardecer, gastando su tiempo entre luchas verbales a espera de alguna noticia, el restaurante lentamente recuperaba su imagen, con solo la mitad reconstruida sobraban 3 pisos que restaurar.
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Con un intenso síndrome de pies inquietos; su pierna derecha se elevaba constantemente y golpeaba con el talón la alfombra del vehículo, esos silenciosos movimientos le dieron a saber a sus compañeros que se encontraba desesperado por su situación, el cigarrillo en su boca era el culpable de su buena conducta en el viaje, como buen Mugiwara que era, en cualquier minuto podría liberarse de sus enemigos y volver por sí mismo a casa.
Con su mano derecha abría y encendía la chispa de su encendedor mientras la otra sostenía entre sus dedos la usual barita de adicción que visitaba sus labios, ahora no era si más que la causante de su buen comportamiento, una trampa que entro por necesidad.
Al paso del medio día, Sanji despertó, sin resacas ni efectos secundarios de su parranda psicológica; lo primero que recordaba eran sus últimas horas de trabajo, y manchas de un color verde enfrente de él, pensaba que tal vez el marimo tendría algo que ver, excepto que al levantarse de su supuesta cama, se apoyó en sus brazos para dar una ligera vista a su alrededor, cuestionaba su ubicación a causa de todo ese ruido y luz golpeándole indirectamente; Con cabello desalborotado, un uniforme todo desordenado y poco decente, levanto la mirada, como crio después de un buen sueño.
Todo un sillón para tres personas le servía como cama, con su cuerpo boca bajo y alguien más sentado a un lado de él, de inmediato se enfocó en el rostro de quien le acompañaba, la joven morena que solía usar rosas en la cabeza, le miraba con tranquilidad con un toque de alivio en una pequeña curvatura de sus labios, el cocinero contemplo estupefacto el color de sus ojos que le golpearon en su memoria bloqueada; Cuando paso esa reacción, no hizo sino más que levantarse de golpe y chocar su espalda contra la puerta del vehículo, una parte de su cerebro se impactó con el cristal y todo volvió a él, con imágenes y color.
No solo era la joven Violet, en el lado contrario en otro de los lujosos sillones, Happy, junto con Five, reposaban tranquilas aunque conversadoras junto a alguien que no esperaba verlas interactuando.
Donquixote Doflamingo, el rey una Utopía reía como ante la reacción del rubio y su rostro pasmado de asombro, lo que el pobre oji-azul busco la noche anterior era el consuelo de las jóvenes damas después de su extraño acoso a manos del mismo hombre que le observaba en ese momento, la presencia de Violet le di un aire de por fin haber anotado alguna base (creyendo haberse amanecido en una habitación desconocida), pero el ambiente fue lo que lo saco de sus casillas, una alarma mayor se encendió en sí mismo, Su formal postura volvió a él, sentado decentemente dando la cara a su diminuto público.
El humo del cigarrillo se escapaba por el amplio quemacocos del auto, claramente sus acompañantes no querían caer en la misma adicción, pese a que Five parecía hacerlo de forma segura sin consumir sus propios productos (los de la familia), al voltear a su derecha, la ventana polarizada dejaba ver un poco del camino en el que transitaban, desolado, la carretera se encontraba junto a unas solitarias vías de tren, el camino no se separaba uno de otro, la maleza era anormal, de gigantes proporciones, rosas gigantes colgaban de lo que parecían grandes árboles que eran simples tallos verdes, inclusive el pequeño botón de una flor le dejaría besando el suelo si le cayese encima, la naturaleza rodeaba el camino formando un túnel de belleza viva que permitía que los rayos solares crearan una vista surreal-natural.
Ese era el caso del exterior, aunque a su compañía no le agradaba del todo el paisaje o ambiente, le era indiferente a la familia, a cualquiera le encantaría estar con tantas mujeres en un solo lugar, para el cocinero era una sofocante apetito por estar cerca del regazo de alguna de las damas, sin importar que fueran unas endemoniadas ninfas que le cortarían la cabeza.
En todo caso, en encontraban ciertos motivos por los que sus ganas se esfumaban, la compañía de su posible jefe era el mayor muro, mucho más por las condiciones de actitud actual.
Recordando, Cuando Blackleg recupero su perfil de caballero, abotono lo que quedaba de su filipina, reviso su bolsillo, con un poco de basura en el fondo de la pequeña bolsa, saco su encendedor, paso al izquierdo donde deberían encontrarse sus cigarrillos, su tacto no encontró la caja, la búsqueda fue notable por el Ouka, quien con fluidez movió su mano de entre su abrigo emplumado y le tendió la pequeña caja, la misma que le pertenecía por supuesto, la tomo sin un gracias de por medio, puso una barita en sus labios, la encendió y el olor llego a él como un fuerte dolor de cabeza con sabor a canela que en un parpadeo se volvió un placer para su paladar junto con un cosquilleo en su espalda baja.
Esos no eran sus cigarrillos, como primera reacción, Sanji observo la barita con detalle, tenían el mismo color en la punta, pese al pequeño logo del que nunca se había percatado…Tal vez era porque no se llamaban "Ground King", si no "Lucky Strike"*. El rubio fijo su mirada en el cigarrillo en sus dedos, sus pupila se dilataron y su enfoque no intervino en que inmediatamente inhalara de nuevo todo el humo, pasaron dos minutos enteros y la vara se esfumo, lo que le llevo a encender otro tras otro, muchos más se esfumaron tan rápido que las mismas cenizas las depositaba en la misma cajetilla ya vacía, tras cada apertura de su encendedor de reojo se percató de como la sonrisa de Donquixote se ampliaba, Violet usaba un pañuelo para tapar su boca y nariz del fuerte olor de la canela, ella era la única que no deseaba ser ni siquiera una fumadora pasiva.
Al séptimo round el Ouka le arrebato la varita de sus propios labios y la sostuvo entre sus dedos, observando como el cocinero no despegaba su mirada de ese pequeño objeto consumible mientras saboreaba los restos impregnados en sus dientes. Doflamingo tenía algo que decir pero el olor picante del tabaco le llamaba en su locura.
-No es tu culpa, ni mi culpa- El hombre con las gafas comenzó con una extraña declaración, eso dejo que la mirada de Blackleg subiera poco a poco donde el rostro del hombre, chocando con el purpura de los cristales. ¿A qué se refería? Podría ser lo que argumentaba el silencio del cocinero, a quien se le secaba la boca de deseo por su cigarrillo. –Sabias que podrías evitar esto, no obstante, estas aquí, por la culpa de ellos, por salvar a otros, a Law Incluido- El enojo se mostró en su frente pese a que el oji-azul no mirase sus ojos ni cejas, el trance con su adicción no le deja ir aun, en encontraba entre la línea de realidad y la primer fase de un sueño ligero.
El vehículo se detuvo, importándole poco al secuestrado, con sus pupilas seguía el camino del humo, tratando de atraerlo a él con su fuerte respiración, sin embargo algo le mantenía en su asiento, podía percibir que sus reacciones de ansiedad eran de esperarse, se sentía como un perro en la mesa de Pavlov por poco y dejando su saliva exponerse en sus labios.
Desde otra perspectiva, las jóvenes acompañantes bajaron, exclamando lo bien que se sentía estirarse así como la necesidad de un tocador, no era fácil esperar 8 horas a que llegasen a casa, apenas si era la primer parada, no obstante era la única del viaje.
Ambos hombres seguían dentro, Sanji parecía reaccionar al momento en que Doflamingo tomo su mano izquierda sin permiso alguno, su temperatura fría le saco del trance con olor a canela, pero antes de que lograse zafarse, el mismo tabaco que observo hipnotizado fue aplastado en la palma de su mano. Un grito ahogado y apenas retenido fue lo que el cocinero exclamo, eso le tomó por sorpresa. ¿Qué hombre comenzaba a torturar sin siquiera mencionarle sus exigencias?.
Donquixote apenas si sonrió para si al filo de sus labios; le molestaba que la adicción de su visitante no fuera la esperada, podría ser que de quien pidió tales varitas no midiera sus porciones, o que el efecto fuera demasiado fuerte para su edad, lo último podría ser que el rubio fuera demasiado propenso al exceso.
El Ouka no planeaba que el Mugiwara se inclinase tan rápido ante si…Esa solo era una alternativa para su estadía, lo que más deseaba era que el joven se uniera por las buenas, siendo su culpa o no de haber sido capturado, el chico se convirtió en un blanco vulnerable para todo el equipo del sombrero de paja.
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El joven amo abandono el vehículo ya teniendo la seguridad de que sus empleados le esperaban en la entrada del edificio, todos vestían el mismo uniforme de camisa verde y pantalones bombachos mas el arma predeterminada para sus vigilancias, con cruzar la puerta principal el personal le saludo con respeto y algunos de ellos se dirigieron a la puerta abierta del automóvil, con resistencia, el cocinero camino de mala gana por la misma ruta que el Ouka; las gigantes puertas de madera se cerraron después de que fue obligado a transitar el largo pasillo que señalaba a varios destinos con placas de bronce colgando en cada puerta; los largos pasillos de color sepia más la alfombra rosa se iluminaban con consecutivas lámparas en el suelo, no había ventana alguna, no obstante la ventilación le congelaba las rodillas.
Sin querer alguno Blackleg mordía sus labios con sospecha a lo desconocido así como un temblor en su pecho, el camino que tomaban era la bodega de productos, eso fue lo que leyó tras pasar otra habitación en mucho peor estado que los pasillos de clase alta.
El color gris empezó a ser el más concurrido en los paredes de cemento, sin comentarios de por medio, el rubio fue empujado hasta una silla de acero que se encontraba enseguida de sospechosas mesas de aluminio, se sentía de visita en la sala de operaciones del peli-negro, pese a que era demasiado distinto con todas esas voces al fondo del almacén, más de la mitad del lugar no se encontraba iluminado, si apenas las lámparas sobre las mesas le dejaban ver a su escolta.
Parecían gemelos, solo que uno de ellos llevaba un bigote más notable, sin embargo Sanji había luchado de mala gana en su contra, no tendría nada de malo volverlo a intentar.
-Hey…dame un cigarrillo- Tumbado en la fría silla de pruebas, el oji-azul llamo a uno de los guardias, con un dedo le indicaba que se aproximara, el que parecía el mayor frunció sus cejas y se acercó tal como quería.
El hombre soltó su arma guardándola en su funda, con ambas manos busco en sus bolsillos, una cajetilla con una cara sonriente le fue ofrecida, más bien lanzada, extrañamente los reflejos del prisionero eran lentos, enojado por el golpe, el cocinero abrió la cajetilla, estaba llena, no obstante los cigarrillos eran los mismos asquerosos que Doflamingo le dio, quien diría que le llamaría así a su bendito tabaco, de seguro Chopper brincaría de felicidad.
-Los tendrás que masticar, no te daré fuego- El hombre creyó que esa broma era lo mejor que hizo en el día, la risa contagio a su compañero que se entretenía lustrando su arma y apuntándola al peligroso cocinero, quien sinceramente se hizo sordo antes las burlas.
El cocinero aparto la solapa de su filipina para accesar al pequeño bolsillo en el interior, su otra mano le permitió dejar uno de los cigarrillo sostenidos por sus dientes, sin titubear el joven revelo en sus manos un encendedor, inmediatamente la sonrisa del guardia cambio a enojo, a pasos molestos se aproximó al joven con intenciones de arrebatarle el objeto, entonces el rehén le ataco.
Con la primer patada escucho como el antebrazo con el que le amenazaba crujió por el impacto, eso le provoca la primer risa del día al consternado chef, el segundo golpe pudo ser bajo inclusive para él, salvo que el tez blanca necesitaba de algo impactante para dejar al guardia indispuesto, el guardia cayó al suelo entre dolor y perdida de su masculinidad, Sanji se levantó, tomó el arma de corta distancia apresurándose a aprovechar el shock del segundo asistente.
El arma temblorosa del hombre no le apuntaba con precisión, la boquilla vacilaba y la que manejaba Blackleg le amenazaba con mayor confianza, apunto y disparo a su brazo obligándole a tirar su rifle.
Con el efecto sorpresa de su parte junto con el nerviosismo del soldado por su repentina soledad, giró fuera del campo de vista de su enemigo al cual ataco después de que con dos giros sobre su pierna izquierda, la derecha le golpeo justo en la quijada, por lo que el resto de su cuerpo aterrizo entre muchas de las extrañas herramientas dentro de un balde.
Triunfante, Sanji retiro el cigarrillo de su boca, percibiendo el aroma que desprendía aun crudo, no le parecía familiar al que consumió hace unos minutos, pese que mostraba ser la misma marca, con solo observar la enigmante cara sonriente como su logo, le fue prudente sostenerlo en sus labios, eso disminuiría su deseo por masticar.
Sin Doflamingo a la vista, ni sus hermosos ángeles, revisó la zona, entre la silla que reposaba y una de las mesas se encontraba una pequeña mesilla de dos niveles, entre los instrumentos reposaba un aparato que resaltaba, mucho más por sus palabras grabadas entre cada botón, posiblemente un control remoto universal.
Al seleccionar iluminación, toda luz del alto techo comenzó a resplandecer, tras percatarse de la verdadera inmensidad de la bodega, también dedujo que no estaba solo.
A la distancia de un par de metros, inmensas rejas, interminables filas de barras de acero recorrían toda la bodega entre ellas y la pared, muchas más almas residían entre miedo y rabia, desde chicas jóvenes a sabios ancianos, les separaban paredes del mismo material, ahora con la luz sobre todos, quienes aún respiraban comenzaban a reaccionar, algunos con aspecto de héroes derrotados se acercaban con prisa a las barras, tratando de ver al culpable, aun en silencio, nadie deducía si era otra revisión o algún salvador, lo más usual era mercancía nueva, por otro lado, múltiples miradas se posaron en el pobre rubio que posaba estático ante su vista panorámica, Sanji camino derecho hasta el punto en topo con la primer celda, a manos temblorosas se sostuvo de un par de barras al frente suyo, el cigarrillo cayo de su boca sin ruido alguno.
Al fondo de la prisión 3 personas se sostenían mutuamente, si apenas eran niños, lucían como hermanos, ni siquiera mayores de quince o menos, una chica, su probable hermano y una niña mucho más joven que ambos se sostenía en un abrazo protector, solo el niño levanto la mirada humillada mientras las cadenas a sus pies rechinaban y el inmenso collar de los tres le impedía respirar.
La furia silenciosa ataco el corazón de Blackleg, el que mostrara sus dientes no significaba que estaba siendo provocado por los rehenes, sin embargo Doflamingo tendría que pagar mucho más, más que la fabricación de Akumas que Law le pidió que se detuviera.
-Les… les sacaré de aquí… a todos….- Inicio como una propuesta para sí mismo, pero el volumen de sus susurros era muy fuerte por sobre el silencio colectivo.
-Vete al diablo-
No esperaba que comenzaran los agradecimientos.
El cocinero volteo de inmediato a la persona que le contesto, a dos celdas pequeñas de donde estaba, un joven de largos cabellos blancos y facciones geométricas, se recargaba en las barras, su cuerpo era el más herido físicamente, lo notaba por su ropaje de héroe medieval desgastado. – Que te vayas, no hagas más ruido y lárgate- No lo grito, salvo que nunca le miro directamente.
-No me agradezcas después, imbécil- se despegó de su lugar y trato de recorrer la zona de instrumentos, ¡Alguna condenada llave debía de aparecer!.
-Detén tus piernas ahí flaquillo idiota, ¿A que no te das cuenta de algo?- Alguien más apareció, una chica de ojos rojos y boca sucia le reclamaba su falta de percepción. El oji-azul volteo a verle, pese a que el otro hombre le mencionaba que sería mejor que provechase la oportunidad para correr.
-Aquí no hay puertas, solo una mujer grotesca puede sacarnos y meternos, haznos un favor, mueve el culo a la salida, muchas gracias y hasta nunca- Se despidió por sí misma y volvió a la banca de cemento de su pobre habitación para proseguir a ruñir sus cadenas con ganas de liberarse de las marcas del collar.
Los comentarios le golpeaban en su instinto, su capitán le mostro que acobardarse no comienza nada, por otro lado, con él vivo, las oportunidades de detener el lugar eran vagas a posibles, ¿Pero sería imposible liberarles con su propia fuerza?.
Tras la iniciativa giro de vuelta a cualquier celda, levanto su pierna derecha dando el primer golpe, las barras temblaron, el ruido del impacto no pertenecía al del aluminio vacío, sonaba a…. a agua, mucho más densa pese a que lo que atacaba era sólido
De nuevo, constantemente atacaba distintas celdas, debía aparecer tan siquiera la más débil de las miles presentes, el sudor de su frente se deslizaba le molestaba en la punta de su flequillo, sus piernas temblaban por la vibración que recibían, los prisioneros alegaban por el ruido, nadie buscaba esperanza, para ellos solo restaba permanecer en lo desconocido.
Tras cada intento los espectadores repetían sus consejos a pesar de que las patadas no dejaban de cesar, la pequeña niña que se protegía entre sus hermanos extrañamente comenzó a gritar seguido de fuertes sollozos, eso provoco que todos los presentes se tensaran por la amargura de su prisión.
Lo siguiente de lo que se percato era su rostro estrellándose contra las barras, el impacto de su frente contra el duro material le mareaba mientras un hilo de sangre se deslizaba sobre su ojo derecho, la presión no disminuía, la pequeña dejo de llorar por la presencia del culpable que se deleitaba de su posición, de su control sobre el rebelde Mugiwara.
-Esperar en silencio es algo que ese anciano no te enseño- Su voz era la misma para cualquiera para sus emocione a pesar de que sin voltearle a ver se encontraría con las venas palpitantes en su frente por el desastre que el alborotador planeaba para tan horrenda casa.
La mano inmensa de Doflamingo presionaba su cráneo con la fuerza rábica de sus dedos, cada segundo le aterrorizaba morir en ese acto, los espectadores se alejaron haya el punto de tocar la pared con sus espaldas, no importaba que tan valientes solían ser ellos, sin excepciones, apartaron la vista del intimidante Shichibukai.
Sanji uso sus manos, hasta sus antebrazos para alejarse, al Ouka no le parecía apropiado que evitara su castigo, con mayor resistencia de por medio, el hombre de las gafas utilizaba más de su enojo sobre el tez blanca, los insultos el cocinero empeoraban su tortura.
-Joven amo, deténgase yo me encargare- Era la primera vez que escuchaba la voz del conductor peli-azul, el consejo dejó que el rubio siguiera viviendo, la mano de Donquixote le soltó, salvo que antes de que sus rodillas tocaran el piso, el agarre de Gladius le arrastró hasta una de las mesas que se encontraba en un ángulo de noventa grados, totalmente vertical, su espalda quedo al descubierto tras ser aprisionado con sus manos sobre su cabeza, atadas juntas y con esposas en sus piernas que se conectaban a la mesa por su fuerza magnética.
La luz se ausento de nuevo, la enorme lámpara sobre él comenzaba un lento bronceado en su expuesto cuello, su ojo derecho se cerró por culpa del ardor de la sangre sobre él, sus dientes seguían mordiendo su labio inferior, aguantando la extraña fuerza en su cabeza aun persiguiéndole.
-Donquixote-sama, continuamente tiene un buen gusto para la mercancía de platino- Un sujeto de vestimentas muy llamativas, de sombrero dorado con flores de mal gusto, se acercó a un ritmo Funky aunque en el trayecto pisó a los patéticos guardias inconscientes –Disco, a su servicio, joven amo, por si es que me ha olvidado- se inclinó frente al Ouka que parecía respirar pausadamente recuperando su perfil relajado. –¿Que será esta vez?- Restregaba sus manos una con otra, deseoso de órdenes, -¿Algún órgano en especial o modificaciones serán?-
-Disco- Le llamo al tiempo de acercarse a la luz sobre el cocinero, rechazando las opciones le ordeno algo más que eso, -Necesito un una etiqueta para el chico,-Con su mano recargada en la espalda del aterrado rubio, con unas pocas palmadas en forma descarada de motivarle a soportar lo que se aproximaba. -Hazlo parte de la familia por favor-
-Malditohijodeput- Sin espacios entre sus palabras de desprecio, el oji-azul no tenía idea de que procesos tenían planeados para él, aunque los ácidos motes podrían continuar indefinidamente, otro golpe le fue dado, esta vez Gladius se sentía satisfecho de usar su puño ornamentado con unos cuantos anillos de oro, mucho más porque los relieves de sus accesorios quedaron estampados sobre su mejilla derecha.
Los dos espectadores siguieron con lo suyo justo después de que el rubio cesara de quejarse –Oh, por supuesto- El hombre de cabellera plateada reacciono, -Lo que usted desee- Corrió con prisa a una de las mesillas que fue derribada, de entre los objetos en el piso, recogió un pequeño organizador de plástico que contenía algunas placas en relieve alto que Doflamingo escogió por sí mismo para entregárselas como su responsabilidad.
Disco volvió a con su jefe y le mostro la caja, abierta, para que le indicase lo que usaría, sin pasar minuto alguno el rubio eligió con sus dedos 2 placas del tamaño de su pulgar, con su otra mano Disco tomó los símbolos y los deposito en otra mesa limpia para tenerlos cerca, atrajo sus instrumentos donde el callado prisionero dejo su frente recargada en la fría mesa, de entre sus bolsillo saco un par de tijeras y arruino el cuello alto de la fina filipina blanca, permitiéndole ver su área de trabajo.
Mientras tanto, la familia Donquixote se sentaba a ver el proceso.
-Sera rápido y silencioso esta vez- Disco volteo a con el hombre de las gafas, procurando remarcarle que haría un buen trabajo con el nuevo miembro de la familia.
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A partir de unos minutos en la ruta, el par de hermanos se encontraron con el edificio previamente descrito por el peli-verde como "Los restos del día antes", por supuesto los chicos esperaban que los llamados nuevos dueños (Galley-La) se encontraran en manos a la obra, sin embargo solo una cinta policial, inmensa tapizaba la entrada, o lo que quedaba de ella, el departamento había caído solo de su izquierdo, por otra parte su mitad restante podría venirse abajo por lo frágil que les parecía a los transeúntes, desde el lugar donde estacionaron tenían una gran vista a los interiores del pasillo, por supuesto podían ver la puerta del apartamento correspondiente al espadachín y al desaparecido rubio.
-¡Revisen de nuevo, el joven amo tiene que estar por algún lado!-
En cierto punto de la entrada el peli-negro observo a algunas personas caminando entre el derrumbe, tenían vestimentas de chaquetas de piel, oscura y con toques rosas en sus pañuelos amarrados en sus brazos. Los gritos de indicaciones le eran distorsionados desde la acera, parecían ser un grupo organizado buscando entre la basura.
-¿Quién diablos son esos?- Sabo llego al frente de la fachada al igual que Ace, ahora ambos con los brazos cruzados esperaban que los extraños notaran su presencia.
-No lo sé.- Portgas contesto con pereza, con un bostezo largo, tal vez su enfermedad lo estaba absorbiendo. Qué problema, el rubio no traía una almohada por si pasaba de nuevo.
El rubio torció sus labios junto con su cabeza, en un gesto de confusión. –Mnh, en estos momentos hay que sospechar de todos, sin excepciones,- Su hermano asintió dándole la razón. - ¡Oiii!- Ridículamente el ojos-negros camino dentro de la zona de derrumbe al mismo tiempo que llamaba a los finta de vándalos que parecían estar sacando los bienes materiales de las habitaciones aun en pie.
Pese que entre sus propios gritos ninguno le dio importancia a la voz del rubio que se había detenido dentro del sospechoso círculo de personas, entre ellos solo uno resaltaba, alguien de raza gigante que usaba pantalones rosados y una chaqueta de piel al igual que los supuestos subordinados.
-¿Algunos de ustedes…. Mis jinetes de la vida en rosa, encontró algo que sirviera como pista?, Miller, ya me escuchastes antes, no necesitamos nada de Roronoa por el momento, el sigue vivo-
-Lo siento Handsome-san- pobre hombre, había una decepción grande en su voz tan masculina.-
-Y tú, ¿Que más había en su habitación?-
-Recolectamos todas sus cosas, en mayoría sus instrumentos de cocina hasta su teléfono, excepto que está muerto, Jefe Handsome-sama, ¡Lo siento no pude conseguir más!- El drama parecía ser una de las cualidades de ese miembro, se le distinguía por su cabello esponjado e inmensos labios.
Dentro del circulo de conversación, a sus pies se encontraban todo lo que saquearon del apartamento, inclusive las pertenencias de Trafalgar (por sus batas blancas) y de Roronoa (Por los aleatorios recuerdos orientales del East). Gran cantidad de cajas llenas y abiertas mostraban lo productivo de su mañana.
Duval tenía en manos el desechable celular en su gigante mano, con ese aparato dejado atrás por su joven amo, las posibilidades de localizarle le dejaban decepcionado de sí mismo, fue una noticia tan horrible el atentado nocturno.
Sabo paso desapercibido por toda la pandilla mientras tomaba algunas cajas y las llevaba a la acera, al escuchar la conversación no tenía por qué preguntar sus propósitos, ni siquiera le eran amenazantes, les llamo por sí mismo "Los dóciles seguidores". El rubio le dio una seña a su hermano para que le ayudase a trasladar todo, cuando ambos regresaron a por la ultima caja, Ace recogió la pequeña cesta de cartón que dejo caer un voluminoso sobre al suelo, el jefe de la pandilla lo recogió curioso de su contenido pese a que el otro Bombero se lo arrebatara de inmediato seguido de pedirle al peli-negro que volviera a su lado.
-¿Quiénes son ellos. Handsome-sama?- Un seguidor de gafas oscuras le susurró al oído, ambos seguían con la mirada a los hermanos, el dueño de Motobaro saco un puñado de carteles de su bolsillo y rápidamente localizo las caras de ambos, su nerviosismo paso a shock, les identifico como los aliados de su joven amo. Ahora con tremendas ganas de hacerles saber sobre lo que hicieron esa mañana.
Puño de fuego abrió con fuerza el paquete dejando que la portada con un trio de cráneos se destrozara, el contenido constaba de hojas fotográficas de gran tamaño, como se encontraban cerca de las pertenencias del rubio, Ace las interpretaría como imágenes personales de Sanji, pese que el enfoque y los ángulos le eran anormales. Las fotos de mala calidad parecían ser tomadas por la misma cámara, desenfocadas, movidas y saturadas de luz de día o poco notables por ser nocturnas.
Una de ellas mostraba la silueta del rubio en una bicicleta, lejos de su apartamento, el enfoque era terrible salvo que se notaba la sonrisa despreocupada del tez blanca que se distraía mirando faldas que se elevaban por la invisible ventisca. Esa debió ser la vez que llego a casa de Luffy con las rodillas raspadas aunque su nariz sangraba más que sus golpes, esa risa complaciente le duro el resto de la tarde.
En la segunda el entorno es más oscuro, con el rubio depositando algunas bolsas de basura del restaurante en su bote designado, con un cigarrillo en boca y uniforme sucio, despreocupadamente hacia su trabajo, no obstante en la siguiente imagen el lugar era el mismo pese que el rostro de Sanji miraba directamente al fotógrafo.
En la numero cuatro; Un auto permanecía detenido al frente de la casa de Garp, el trio de hermanos ayudaba al cocinero a llevar toda la despensa dentro, Ace se vio así mismo cargando un barril de booze acompañado de un molesto rubio, el peli-negro recordó cómo fue que Blackeg le pedía que mantuviera al sombrero de paja lejos de la cocina, desde un principio sería una fiesta para despedir a Luffy y susodicho no debía llegar a la casa "prestada" de su propio abuelo hasta que Sabo se cansara de retenerlo.
Eso no fue sino unos meses atrás, también las restantes, en las manos del revolucionario y el pirata, la suma total de las hojas llegaban a un rollo completo, 36 para ser exactos, y solo unas pocas de ellas, con la fecha más reciente escrita con marcador, lograron reconocer al acosador.
En la imagen Sanji caminaba por las rutas comerciales, el sol en el punto más alto caía sobre el cocinero que se entretenía observando la vitrina de su tienda favorita, de instrumentos gastronómicos por supuesto, el joven miraba el gracioso reloj con forma de pez entre otras herramientas de cocina. En la siguiente la silueta de un hombre se reflejaba en el resplandor del cristal, el dueño de la cámara fue reconocido por Ace al igual que el entrometido Duval.
Marshall D. Teach sería el culpable tras el acoso pictórico del Mugiwara, para el puño de fuego fue difícil encontrar a quien se encargó de desaparecer al comandante de la 4ta División aunque el haya recorrido previamente el continente del Grand Line. Sin creerse que el maldito hombre se acercó a ellos sin que se percatara, Portgas dejo las hojas en manos de Sabo, quien seguía hojeando las restantes en las cuales el cocinero volvía a reconocer a su seguidor y se daba a correr calle abajo.
A unos cuantos pasos el chico de la pecas esperaba no encender fuego en todo su cuerpo mientras Duval compartía algo de su saber con el otro hermano.
-Esto no es bueno. Nada bueno, el hombre que está detrás del joven amo es un gran problema, está al servicio de algunos Shichibukais y recientemente tiene grandes ventas en el mercado negro.- El jefe de los jinetes sostenía su cabellera con fuerza, gritando de pánico.
Sabo conservaba su paciencia, revisando detenidamente el contenido del sobre para terminar obteniendo un pequeño papel con indicaciones de ubicación de Sanji, siendo el mismo lugar en el que estaban parados. El rubio miro al ex-bandido esperando que se esforzara más, que le hiciera saber algo importante.
-Es posible, que lo encuentren en la casa de subastas, una a cargo de la familia de un Ouka, habrá un evento en menos de 6 días, si no le encontramos ahí entonces fracasaría como fiel aliado del joven Blackleg-
-Habrá que apresurarnos entonces- Ace escucho lo más valioso en su travesía, las noticias de Barbanegra revivían su deseo de venganza que resulto ser más fuerte que su convicción para localizar al oji-azul.
-Zoro no dijo nada sobre haberlo visto, no podemos distraernos- Replico el revolucionario caminando al par del apresurado del peli-negro.
-Si Teach lo capturo es cuestión de minutos para que desaparezca permanentemente, si nos largamos ahora mismo los amigos de Luffy podrán respaldarnos si nos equivocamos-
-No creo que me estés escuchando Portgas- Se interpuso en la puerta del vehículo del peli-negro –¿No vas a hacer esto por Sanji-kun? Tus impulsos nos costaran tiempo, ese hombre podría ser el puente a otro criminal- Tras el último argumento sus miradas se atacaban en desacuerdo, uno rogaba por la ayuda de su hermano mientras el contrario quería al revolucionario de su lado.
-Les guiaremos por una de las rutas de mercantes, si nos siguen les dejaran acceder hasta la mismísimas tierras de Green bit- Quien se creía un hombre irresistible se incluyó y sugirió su nueva ruta, al instante Sabo aparto sus ojos del pecoso para meterse del lado del conductor.
-Que alguien de tu pandilla lleve las cajas al restaurante- Ordeno desde su asiento en el auto, aleatoriamente esperando que algún subordinado le escuchase – No les digan a donde vamos- remarco refiriéndose a los restantes Mugiwaras, por ultimo volteo a con el determinado puño de fuego en su lugar listo para el viaje. – Te ayudaré, te acompañare, excepto que no puedo actuar fuera de guion, si empiezas a buscar por ese maldito pirata no involucraré a ningún hombre de mi división- Le apunto con su dedo índice amenazándole tal como un padre enfadado de su niño malcriado.
Con una sonrisa llena de emoción, Ace asintió feliz de que su hermano mayor le ofreciera su compañía. 'Sanji…espero que nuestros caminos se crucen antes del desastre'
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Un olor repelente que entro por su boca le provoco despabilarse, no porque se encontraba en algún lugar antihigiénico o fuera de su tolerancia, sin embargo el duro olor de la cúrcuma usado en ciertos platillos le obligo a levantar la mirada con lentitud, uno de sus ojos le respondía, su cerebro se sentía afectado por el fuerte golpe en su ojo derecho, con suerte su mechón ahora reposaba de ese mismo lado, ahora su lado izquierdo le dominaba, su vista al suelo seguía borrosa, salvo que el color de su ropa y el pulcro mantel al frente suyo tenían grandes diferencias.
El calambre en sus piernas así como el poco control con su cuello revivieron en su mente los últimos momentos antes de ser noqueado, Gritos, golpes, risas repugnantes que se introdujeron en su sueño indeseable.
Sanji saboreo los restos sólidos en sus encías, un amargo y desagradable sabor lo identificaba como alguna medicina que podría ser lo que le ayudaba a soportar el gran moretón en su cara, el dolor en su cráneo y sus demás miembros dormidos y acalambrados, su posición sentada le dejaba estar recargado como un cadáver flácido.
Tras inspeccionarse antes de algún movimiento brusco, voces de acentos extranjeros, así como una conocida risa aun lado suyo se volvían más fuertes que el palpitar de su corazón muy presente en su pecho, con todos esos ruidos de sillas y cubiertos, deducía estar entre una fiesta familiar.
Sanji esperaba que alguien descubriera su conciencia pese a que su vecino en el comedor no había comentado nada al respecto, en movimientos precavidos, el oji-azul interactuó con su propia mano, percibiendo al tacto la tallada madera barnizada revestida con un tapiz de algodón a su espalda, el tamaño de su lugar asignado era inmenso a diferencia del pequeño perfil del cocinero.
Al levantar su rostro, reconocía que el control de su cuello era nulo, podía moverlo, rotarlo pero no sentir sus límites, una gruesa capa de vendas le complicaban su respiración, si querer alguno, su nuca choco con el respaldo de la silla, un hueco ruido se esparció entre las conversaciones, unos pocos contenían la risa burlona pese a que uno no disimulo.
Como era de esperarse Blackleg no sintió nada relacionado con el impacto, por el previo movimiento, su espalda no le respondió resignadamente el resto de su cuerpo termino recargado sobre el brazo de la silla, penosamente sus brazos no le podían ayudar a reponerse, el cosquilleo en sus manos les dejaba quietas, una sobre otras.
Más sucesos debieron tener lugar tras su sueño, ya no se encontraba en territorios de su capitán, quienes escucha posiblemente eran sus enemigos, Doflamingo incluido en ellos, el cocinero contenía sus gritos de frustración en sus labios sellados, ¿Que seria desde hoy?, ¿Un títere de exhibición?.
Al término de la posible cena, las almas se retiraban y las manos desconocidas que le levantaron y llevaron tras el largo camino que no podía distinguir, los pasos bruscos de quien le cargaba como vil saco de basura duraron unos minutos hasta el momento de escuchar una puerta rechinante seguido de su cuerpo siendo abandonado en una suave cama.
Sus ojos volvieron a cerrarse, la pesadilla de la pequeña berenjena podría desvanecerse al amanecer.
+++H+++
Notas:
Lucky Strike*: Es la marca de cigarrillos de Pip (Hellsing), siempre los relaciono porque tienen el mismo seiyuu.
*Lo releí varias veces porque me la pase escribiéndolo en el transcurso del autobús o en tiempos libres, después descargaba los pedazos en un archivo oficial; Al paso de 1 mes avance mucho pero solo esta estas semanas pude completarlo; el problema es que cada capítulo representa un día, por ello son largos.
*Cuando se cortan palabras es culpa del servidor, tiene la maña de borrar ciertas cosas, es un gran problema que no he reportado.
*Resuelvo dudas en los reviews, y es que si suelo hablar de mas y se empeora todo xD. Muchas gracias por los follows/fav, cada vez que eso pasa me motivo más rápido!.
*Recen por Sanji por favor.
HALLCONEN'15
