Konichiwa! Pues no sé si les ha gustado… pero si solo hay uno o dos lectores, con esos seguiré y es que hago esto porque me encanta, no por interés o popularidad. Amo con mi kokoro escribir y llenarme de ideas sin sentido . jajaja bueno, les dejo el segundo capítulo, que lo disfruten! Ah, este capítulo habla más del pasado de Senkrad, para que no se confundan a la hora de hablar de ella.

Alistando sus materiales, la reina del "Campo Nublado" –si, así se llama el mundo- tranquilamente se preparaba para otro viaje, en busca de personas injustamente separadas de las demás. Básicamente, el "equipaje solo constaba de algunos alimentos ligeros, como galletas, panecillos, agua, etc. También llevaba un abrigo más grueso, solo por si al mundo al que la llevara su portal fuera muy frio, igualmente unos guantes y gorro. Y por último, lo más importante para ella. Una espada compuesta por varios rombos afilados, de diferentes tonalidades de gris, y alguno que otro negro. Para Ssenkrad, la espada representaba no solo defensa personal, sino justicia para los que no eran tratados equitativamente. Si necesitaba iniciar una guerra para lograr esa equidad, no dudaría en hacerlo. La espada solo sería un pequeño rombo brillante hasta que ella lo activara, ahí se transformaría en su arma.

Todas sus cosas estaban guardadas en una pequeña mochila, excepto su arma, la espada iba colgando de su cadera, como siempre. Camino hasta la puerta de su habitación, encontrando a Julie en su camino. "Oh, Julie! Me tengo que retirar por unos días, ya sabes lo que hay que hacer mientras no estoy" El diablo sonrió a su amiga y se encaminó hasta la salida del castillo, abrió un portal y se adentró. Los portales no siempre eran precisos, asi que estos la llevaban a lugares desconocidos.

Inmediatamente se dio cuenta de que este nuevo lugar al que había llegado, apenas había salido de una guerra. Camino bastante, pero no encontró nada que llamara su atención. Decidio sentarse bajo un árbol que encontró, a pensar un poco. Se preguntaba qué era lo que la tenía tan preocupada últimamente, porque no podía siquiera comer tranquila. Sentía que su pasado (del cual no recordaba mucho) la atormentaba, no la dejaba tranquila. Pero, que podía importar de su pasado? A ese traidor que se hacía llamar "Dios Ssenthgirb" le importaba un grano su mundo, casi nunca estaba en él. Solo iba a molestar a la reina y a causar desorden. Si bien la aldea era una zona pacifica, le había costado muchísimo a Ssenkrad poder juntar a los ángeles con sus demonios, a tal grado que solo había máximo 5 en todo su mundo. A los demonios no les agradaban los ángeles, algunos tenían ideales pacíficos, pero otros los aborrecían. Ssenkrad había trabajado mucho para lograr que convivieran, que no pelearan más. Y el imbécil de su dios no había cooperado en nada, eso era lo que ella odiaba. Aunque él la hubiese criado no le daba el derecho de desatender su mundo, el mismo lo había creado. Los dioses y los diablos no crecen ni envejecen rápido, eso toma mucho tiempo. Así que cuando Ssenkrad era una niña, solo recordaba que Ssenthgirb la había cuidado a ella y a su amigo ángel, James. Aunque el había muerto en una de sus constantes "batallas". Eso debido a que a él y a Ssenkrad les encantaba intervenir en peleas que no eran suyas, y el día de su muerte no estaba en su mejor día, así que lo tomaron por sorpresa. Si, Julie era su reencarnación, y era mucho más leal y gentil. Eso le dolió muchísimo a Ssenkrad, quien algunos años después, se armó de valor y le pidió al dios que lo reencarnara. No sería el mismo, pero sería su espíritu e imagen. Aunque sus recuerdos más antiguos eran muy borrosos, recordaba haber vivido con alguien más antes de llegar a Campo Nublado. Pero no podía saber quién, porque esa parte de su memoria estaba cubierta por una espesa niebla que no se podía quitar.

El gemido de alguien fue lo que la sacó de sus pensamientos, de inmediato se volvió para encontrarse con un demonio muy herido, que apenas respiraba. Se levantó de su lugar de descanso y caminó hasta llegar al demonio, que parecía ser una joven de cabellos largos y naranjas, que tenía una flecha clavada en el hombro izquierdo, la cual Ssenkrad sacó y le dio un poco de la poción que también llevaba consigo, que servía para curar rápidamente heridas superficiales. Se quedó un rato a esperar que la chica despertara, cuando esta abrió los ojos, la otra chica se dio cuenta que eran de un color rojo brillante. "Digna imagen de un demonio" pensó. "Hola. Cómo estás?" preguntó el diablo gentilmente y sonrió.

"E-eh?... D-donde estoy… Q-que paso?" pregunto la chica con los ojos medio cerrados. Ssenkrad le acaricio la cabeza y le volvió a sonreír. "No pasa nada, tranquila… Porque no te levantas? Tengo que seguir con mi viaje. Me acompañas? Te sacaré de aquí, pero no te llevare a mi casa hasta que termine mi viaje, está bien?" Cuando ella se levantó, se giró a ver al demonio, que aun yacía en el suelo, pero se dio cuenta que estaba llorando. "Que te pasa?" preguntó el diablo algo desconcertada "T-todos han muerto… n-no me q-queda nadie…" dijo muy bajito el demonio, al cual le corrían silenciosas lagrimas por las mejillas. "Shhh… no tienes por qué llorar, te llevaré a mi villa, ahí no estarás sola nunca más." Con una mirada de afecto, la chica dejo de llorar y se levantó, para seguir a su salvadora, quien comenzó a cantar levemente una dulce melodía.

En el jardín gris…

Kcalb estaba en su biblioteca leyendo tranquilamente, cuando de pronto, escucho un sonido… no una voz. La voz que apenas alcanzaba a distinguir estaba entonando una suave y lenta melodía. Prestó más atención, y entonces se dio cuenta que se le hacía familiar la tonada. Incluso llegó a pensar que la que cantaba era Etihw, pero descartó la idea casi de inmediato. Nunca antes había escuchado a la diosa cantar, además, esa no se parecía nada a su voz. Cuando empezó a darle un poco de miedo el asunto, entro Wodahs a la biblioteca, se le veía desconcertado, como buscando algo. "Wodahs… se te ofrece algo?" preguntó el diablo a su hermano, quien lo miraba sin expresión en su cara. "No, es solo que… hermano, donde está la señorita Etihw? Acaso… N-no, olvídalo. Que tonto de mi parte, lo siento por molestarte, hermano." Y se alejó cerrando la puerta tras él. Kcalb permaneció en su silla, aun con el libro en su mano. Sin embrago, la voz ya no se podía escuchar, y eso disgusto un poco al diablo. A decir verdad, le había relajado la suave tonada "Pero qué demonios" pensó. Decidió dejar de pensar en ello, y concentrarse en su libro. Aun así, no se podía quitar la melodía de la cabeza.

Hola de nuevo -w- que tal? Estuvo bien? La melodía de la que hablo es como "Hirari, hirari" de Hatsune Miku. Es que mientras escribía esto, estaba oyendo esa canción y me dio una buena idea para más adelante -w- bueno, los dejo con este capítulo, ya es tarde, pero es el único momento que tengo libre para escribir… Okay, que descansen x3 Oyasumi!

Atte: Akari Emi.