Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Himaruya. La historia le pertenece a Ai-08 (también autora de "Querido Diario"). La traducción es mía.
OXOXO
CAPITULO DOS
—Así que, básicamente me estás diciendo —dijo Alfred con la boca llena de hamburguesa —, que si puedo limpiar tu departamento antes de que lleguen aquí tus hermanas, ¿olvidarás el accidente?
Ivan asintió felizmente.
—¿Ves? —preguntó —. No es tan malo como pensabas, da?
—No sé de qué estás hablando —el menor se sonrojó, apartando la mirada. El ruso se rió un poco.
—Gritaste cuando abrí la puerta de tu camioneta —dijo agradablemente mientras desenroscaba una pequeña botella que había sacado de su bolsillo y vertía la mitad del liquido claro en su humeante café. Alfred entrecerró los ojos.
—No lo hice.
—Da —tomó un sorbo —. Claro que lo hiciste.
—No.
La mandíbula del ruso se apretó ligeramente pero Alfred no llegó a notarlo. El menor le quitó el pan a la hamburguesa y rió cuando encontró dos rebanadas de pepinillos encurtidos en ella. Las quitó de su lugar y las envolvió en una patata frita, luego se lo metió a la boca.
Ivan desvió la mirada del adolescente hasta que este terminó de comer; los modales de Alfred en la mesa eran tan malos como sus habilidades de conducción.
—Como sea —empezó Alfred, luego hizo una pausa para pasarse la lengua por encima de los dientes para eliminar rastros de lechuga. Tomó un largo trago de su coca cola y continuó —, estoy realmente agradecido por la comida, pero si eso es todo y ya no necesitas nada entonces yo…
El ruso puso su café con tanta fuerza y rapidez que el platito bajo esta tembló derramando un poco del líquido, salpicando su mano. Aun estaba hirviendo pero Ivan no dio muestra de sentir dolor o algo. Alfred hizo una mueca y desvió su mirada a la mano del hombre frente a él, notando por primera vez que este tenía tatuajes en los dedos. Parpadeó sorprendido y entonces le volvió a ver.
—¿Muchos problemas con la ira, dude?
Pero aun así, Ivan seguía con la misma gélida sonrisa en la cara. El estadounidense pensó que tal vez se le había atascado o algo por el estilo.
—Aun no hemos acordado un horario —recordó el mayor de los dos hombres, su tono de voz era similar al que se usa con un niño pequeño —. Claro que no deseo que esto interfiera con tu educación y actividades extracurriculares, así que déjame saber cuando estés disponible.
Alfred rodó los ojos y soltó un largo y sufrido suspiro antes de encogerse de hombros y terminarse su coca cola de forma muy fina.
—Cualquier hora después de las seis, supongo —respondió. Ivan asintió.
—Eso sería lo más conveniente para mí también.
El de anteojos miró su celular; era casi la una.
—Look man, ya debería estarme yendo —dijo mientras se alejaba lentamente de la "amena" estancia.
Ivan asintió otra vez.
—Entiendo. Sólo dame tu información de contacto y dirección y…
—Whoa, Whoa dude! —le detuvo el de ojos azules haciendo aspavientos con los brazos —. No quiero que me acoses o algo. Sólo envíame un mensaje al móvil.
Y con eso, el menor le dio a Ivan su número de móvil y se fue dando saltitos hacia la puerta, antes de recordar algo y devolverse hacia donde el ruso seguía.
—¿Y mi licencia de conducir? —alzando una mano hacia el frente, expectante.
El ruso dejó escapar una divertida risita.
—Cuando termines tu parte del trato la tendrás de vuelta, eto panyatno?
Alfred hizo una mueca de disgusto y suspiró.
—Sí, lo que sea, nos vemos.
—Me hace feliz el que estemos de acuerdo —dijo cantarinamente el mayor, inclinando la cabeza —, ya puedes irte.
—Vaya, gracias —le lanzó un saludo burlón.
—Y, ¿Alfred? —le llamó —, no trates de escapar de nuestro adorable acuerdo, da?
El adolescente sonrió.
—Muérdeme —le respondió dulcemente antes de voltear e irse.
Una vez que se había marchado, Ivan comparó el número que le acababa de dar el americano con el que ya había agregado a su lista de contactos. Levantó una ceja y se rió entre dientes, el intento de Alfred por ser más inteligente que él, dándole un número erróneo, era infinitamente divertido.
¿El niño lo había tomado por tonto?
El celular del ruso empezó a sonar, y este, sin necesidad de ver quién era, contestó.
—Alló brat —saludó —, no creerás al hijo de quién finalmente he conocido…
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—Man! ¡Qué idiota! —se rió Alfred mientras se alejaba. ¿En realidad esperaba ese ruso tonto que él hiciera de sirvienta? Le había dado el número equivocado, así que no había forma de que Ivan se pusiera en contacto con él, o peor, decirle a su padre lo que había pasado ¡Ya era libre de todo!
Y en cuanto a su licencia de conducir, siempre podía ir al DMV y…
Su licencia de conducir.
¡Su dirección estaba escrita en su estúpida licencia de conducir!
Le había dado un número falso también, pero si el ruso era completamente serio con mantener su pequeño acuerdo, la única manera para que lo encontrara sería que Ivan… fuera a su casa…
—Fuuuuck! —gruñó, golpeando su cabeza contra el volante. Alfred sólo supo que, iba a estar castigado por el resto de su vida.
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—¿Acabas de llegar a casa? —preguntó Arthur desde su asiento en la sala cuando Alfred trató de cerrar la puerta de la entrada lo más callado posible.
El menor suspiró, dejando de caminar y miró a su padre. Era pasada la media noche; estaba seguro de que su padre le iba a gritar, especialmente por la forma en que se fue esa mañana.
Sorprendentemente, Arthur no lo hizo. Sentado con una copa de brandy en manos, los dos primeros botones de su camisa abiertos y las mangas arremangadas. Era obvio que su padre había tenido un penoso día, se veía completamente exhausto, tanto física como mentalmente.
—Yeah —le respondió metiéndose las manos en los bolsillos del pantalón, entonces cambió de tema —. ¿Dónde está Francis?
Arthur resopló y le dio un trago a su alcohol.
—Espero que pudriéndose en un agujero… —murmuró —. Si sus hijos no vivieran bajo mi techo ya hubiera cambiado las cerraduras.
Alfred se mordió el labio inferior sin saber qué decir. Esperaba llegar a casa y que le gritaran, no esto. Arthur y Francis peleaban cada día por cosas diferentes, pero nunca habían llegado hasta ese nivel.
Él quería preguntar qué estaba mal, esperando que su papá estuviera exagerando, pero no estaba seguro de cómo hablar con Arthur de ello. Ellos no hablaban de sus problemas personales. De hecho, hacía mucho que no hablaban. Así que todo lo que dijo fue un "oh" y subió las escaleras mientras en lo único que podía pensar era que, si Ivan Braginski tocaba la puerta, su papá tendría otra razón para beber.
Alfred suspiró otra vez, y sin tocar, entró a la habitación de Mathew y se dejó caer en su cama. Mathew, sentado en el escritorio de la computadora, miró a su invitado imprevisto.
—Hey —saludó en su tono bajo. El recién llegado no se molestó en ponerse boca arriba sobre el colchón.
—Sup —murmuró en respuesta.
—Pelearon —dijo Math pero Alfred no respondió —, pero también estaban muy preocupados por ti…
Pero todavía no había respuesta. Mathew se volvió a la computadora y no habló por un tiempo.
Después de unos minutos Alfred se sentó y tomó uno de los libros de su hermano. Rodó los ojos. Hockey sobre hielo: Una historia. Comenzó a hojear las páginas, leyendo sin entusiasmo los títulos encima de las imágenes que encontraba.
—Arthur cree que papa lo está engañando —dijo Math sin apartar la mirada de la pantalla de la computadora.
Alfred levantó la vista del libro. Después de un momento habló.
—¿Crees que lo haga?
Mathew se encogió de hombros, más no respondió.
OXOXO
Ivan, sentado en su departamento, pasaba distraídamente los canales de la tv cuando alguien llamó a su puerta. Echó una mirada rápida teniendo la sensación de que ya sabía quién era y volvió la vista a la pantalla. No se sentía con ganas de tratar con nadie en ese momento, y mucho menos con un mocoso advenedizo que trataba de subir de rango a través de mentiras y engaños.
Golpearon de nuevo la puerta. Evidentemente no sabía cómo tomar una indirecta.
Suspiró y apagó el televisor. Caminó hacia la puerta y se fijó por la mirilla. Efectivamente Andrei Bushmanov, un muchacho de no más de veintitrés años, estaba de pie frente a su puerta. Unos meses atrás Zima le había considerado digno de recibir sus estrellas, algo que tomó por sorpresa a todo mundo. El consejo estuvo de acuerdo e Ivan había respetado su decisión.
Pero desde entonces Andrei había intentado lentamente convencer a todos de que Ivan era un traidor. Claro que no había fundamento para eso. Andrei era un tonto, impaciente, y se sentía amenazado por el poder que Ivan celebraba.
El menor ya le había visitado un par de veces antes con la excusa de que los dos se conociesen mejor, pero Ivan sabía que él estaba trabajando hasta tener el valor para intentar algo. El mayor abrió la puerta y sonrió.
—Por favor, entra —invitó —, no te esperaba amigo mío ¿cómo estás?
Ivan se preguntó si hoy sería el día.
Andrei le palmeó la espalda un par de veces antes de sentarse, dando un show de camaradería inexistente.
—Estoy bien, es bueno verte de nuevo, Truba. ¿Cómo has estado?
Ivan procuró una botella de vodka, dos copitas y las llevó hasta su invitado, dejándolas en la mesita de la sala.
—Estoy muy bien, Andrei. Muy bien —sonrió y sirvió los dos shots. Ambos bebieron —. ¿Qué te trae a mi casa? —preguntó lleno de genuina curiosidad por saber qué respondería. Él no se sentó.
Andrei puso su copa en la mesita frente a él.
—¿Has pensado ya sobre lo que hablamos la ultima vez?
Ivan, que se inclinaba para servir más vodka, se detuvo con esa pregunta del menor. Sonrió. Así que así era como Andrei quería jugar el juego. La última vez que le había visitado le había demostrado su "lealtad" confiándole que, algunos de los otros estaban empezando a cuestionar su fidelidad a la Bratva, aunque Ivan sabía que era él el que trataba de difundir esa mentira.
El mayor de los rusos decidió seguirle el plan, curioso por saber a hasta donde llevarías las cosas.
—No, no hay necesidad de hacerlo. Esos rumores son infundados —respondió —. Aunque aprecio tu preocupación, estoy seguro de que las cosas se calmarán —rellenó la copa de Andrei y se la ofreció, pero este no la aceptó.
—No creo que lo hagan, Ivan —replicó con la voz entrecortada.
Y allí estaba. La impaciencia de Andrei se empezaba a mostrar. Ivan estaba seguro que eso sería su perdición. Bajó la mano que sostenía la copita rechazada y levantó una ceja.
—¿Crees que soy desleal, Andrei? —preguntó suavemente —. ¿Crees que traicionaría a mi propio padre?
Sus palabras eran tranquilas y claras, sabía que era cuestión de tiempo para que Andrei se pusiera nervioso. El muchacho resopló en burla, como si la respuesta fuera obvia.
—Claro que no. Pero mira a tu alrededor, no vives exactamente como un Vor. No es de extrañar que la gente se haga preguntas.
Ivan se echó a reír.
—Todos saben por qué conservo este departamento…
Andrei se puso de pie, la cara totalmente roja.
—Dicen que tu hermana te visitará pronto —le cortó la frase.
Ivan sonrió. No había tomado mucho tiempo para que el niñato perdiera la calma. Era una pena, de verdad. Andrei tenía potencial. Era una lástima que la ira y el egoísmo tomaran lo mejor de él. Ya ni siquiera estaba tratando de ocultar su engaño. Ivan asintió.
—Da, Natasha estará aquí la próxima semana. Por negocios.
—Yekaterina también —agregó con vehemencia —. ¿Qué negocios podría tener una granjera aquí, eh?
Su pregunta era acusadora e Ivan no se perdió de la amenaza que conllevaba. Su sonrisa se hizo más amplia, Andrei no debió involucrar a su familia en esto.
—Sí, Katyusha también —dijo, acercándosele casualmente —. ¿Y sabes qué más?
Andrei, sin echarse hacia atrás, inclinó la cabeza hacia arriba para encontrar la mirada de Ivan.
—¿Qué…?
Ivan le cortó el cuello antes de que el muchacho tuviera la oportunidad de terminar de hablar. Andrei cayó al suelo, el charco de sangre tomaba lugar alrededor de su cabeza como un halo carmesí.
—No me gusta matar niños —dijo Ivan cantarinamente mientras guardaba la navaja en su bolsillo —. En serio Andriusha, debiste mantener tu boca cerrada.
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Los siguientes dos días pasaron dolorosamente lentos para Alfred. Francis aun no había regresado, Arthur decidió pasar sus días libres en el banco y él se quedó en su habitación, poniéndose más y más nervioso a cada minuto que pasaba, preguntándose cuando, o incluso si, Ivan se pondría en contacto con él.
Cada vez que a su móvil llegaba un mensaje de texto, Alfred sentía que iba a tener un ataque al corazón. Pero a la quinta vez que escuchó sonar el timbre y de haber gritado como lunático, Alfred pensó que ya era hora de calmarse. Era una estupidez el estarse comportando como un tonto, ¡Ivan no tenía su número telefónico!
De verdad, ¿qué era lo peor que podía pasar?
Ivan le dijo que no tenía que pagar por la reparación del auto. E incluso si tenía que hacerlo, no es como si Ivan pudiera probar que él lo había hecho ya que nunca se presentó la denuncia policial. Lo único que podía sostener sobre él es que poseía su licencia de conducir, y siendo sinceros, ¿eso qué probaba?
Nada.
De todos modos, ¿qué clase de persona manejaba hasta la casa de alguien para exigir un servicio de limpieza?
Yeah, en lo que se refería a Alfred, Ivan podía besar su tras…
El móvil de Alfred empezó a sonar, y aunque quería poder evitarlo, gritó otra vez. Recordándose a sí mismo de que el ruso no tenía su número y aunque lo tuviera él podría manejarlo, contestó.
—Hello?
—Alló Alfred —saludó Ivan —, espero que no estés ocupado la semana que viene.
Hubo una pausa pero Alfred estaba muy impresionado como para decir algo… ¿Cómo consiguió Ivan su número real?
—Voy a necesitar de tus servicios el martes por la noche —continuó el ruso y Alfred pudo al fin salir de su letargo.
—¿Cómo tú…?
—Do svidanija, Alfred, te veré pronto.
OXOXO
—Bien, señorita —Arthur miró el archivo ante él —, Kovalchuk… Llegaste mucho antes de lo que esperábamos, pero es un placer tenerte con nosotros —y se inclinó sobre el escritorio para estrechar la mano de la menuda mujer de cabello negro azabache.
—Lo siento si es un inconveniente —dijo la chica gentilmente. Su voz era suave y agradable al oído, sin el menor atisbo de acento —, tengo también unos asuntos familiares que debo atender en la ciudad, así que mi plan original fue alterado un poco —explicó —, pensé que sería beneficioso empezar antes, pero si es un inconveniente yo sólo…
Arthur la silenció con un movimiento de mano.
—No seas tonta, querida. Estamos encantados de poder contar contigo. Y, además, la señora Steel será capaz de tomar un poco de su tiempo para explicarte las cosas. Aunque —hojeó su archivo hasta que encontró la pagina que buscaba. Dio un silbido de aprecio y sonrió —, tengo que decir que este es un currículum impresionante, señorita Kovalchuk, no tendrá problemas en encajar, estoy seguro.
Ella sonrió y se acomodó un mechón de cabello tras la oreja.
—Disfruto mi trabajo —dijo ella y Arthur asintió.
—Bien, bien. Recuerdo cuando fui transferido a este banco, no conocía a ni una sola alma, pero usted dijo que tenía familia en la ciudad, ¿verdad?
Ante la mención de la palabra "familia", la sonrisa de la señorita Kovalchuk se hizo más grande.
—Sí señor, mi hermano.
Arthur sabía que estaba haciendo una pequeña conversación sin sentido, él poseía toda esa información. Pero era esto o tomar la hora de almuerzo… Y si su secretaria le notificaba una vez más diciendo que un tal Mr. Bonnefoy estaba aquí para verlo, él no se haría responsable de sus actos.
Esto ya estaba siendo como otro de esos lunes y eso que aun no era mediodía. Arthur asintió, perdiendo poco a poco el interés en la conversación.
—Debe ser encantador como para que vengas tan lejos de casa —remarcó.
—Sí señor, así es —dijo ella —, nos llevamos muy bien. Amo mucho a mi hermano, muchísimo.
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Eto panyato: ¿Está claro?
Alló: Hola
Brat: Hermano
Do svidanija: Adiós
Zima: invierno
Truba: Grifo; el apodo de Ivan por obvias razones.
Vor: ladrón
Sup = What's up: ¿Qué pasó?
Bratva: hermandad
Notas:
Generalmente no me gusta crear OC, mucho menos basarlos en un país, pero no podía matar a un personaje de Hetalia, así que…
"Zima le había considerado digno de recibir sus estrellas", si una persona tiene tatuajes de estrellas en los hombros es simbólico de su dignidad y honor, y que vive bajo determinado código.
"Pero mira a tu alrededor, no vives exactamente como un Vor". Andrei se refiera a Vor v Zakone o "ladrones dentro de la ley". Este es el código que todos los Vor siguen. Una de las leyes es que no puedes poseer una propiedad significativa.
