Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Himaruya. La historia le pertenece a Ai-08 (también autora de "Querido Diario"). La imagen de portada es obra de la maravillosa Zeemo. La traducción es mía.

OXOXO

CAPITULO TRES

Alfred se detuvo en la pista de hielo, esperando a que Mathew saliera de la práctica. Él siempre terminaba un poco antes que su hermano y por lo general olvidaba recogerlo; la mayoría de las veces ya había hecho la mitad del recorrido a su casa y miraba a su lado sólo para encontrar el asiento del copiloto vacío.

Así que hoy había tenido la ingeniosa idea de pegar una nota de recordatorio en el volante que decía: "NO OLVIDES A MATHEW" en grandes letras rojas. Al tenía que reconocerlo; a veces era demasiado inteligente.

Se fijó en la hora del móvil, esperando que ya Mathew saliera del entrenamiento y notó que tenía un correo de voz. Era de su padre.

Espero que… Ah… —Arthur se aclaró la garganta. Sonaba desgastado y Alfred estaba seguro de que no había dormido mucho la noche anterior —. Espero que hayan tenido un magnifico día, Alfred. Y en caso de que te hayas olvidado de nuestro trato, te espero en mi oficina a más tardar las seis.

Hubo una larga pausa y Alfred llegó a pensar que su padre había olvidado colgar, hasta que habló de nuevo.

Francis… —se detuvo de nuevo —. Y-yo no estoy seguro de quien recogerá a Marine esta noche, así que no me dejes olvidarlo. Necesitaré que la recojas.

Gruñendo, lanzó el móvil al asiento del copiloto. Ya casi eran las seis y tenía que recoger a Marine a esa hora de la guardería. ¿Había algo que Arthur no esperara de él? ¿Cómo se supone que iba a trabajar para su padre, recoger a Marine, hacer la tarea, comer y dormir? Alfred sólo tenía tiempo para, tres de esas cosas y comer y dormir no eran negociables. Y quien sabe cuánto tiempo tenía que quedarse con Arthur en la estúpida ofici…

—¿Mal día? —preguntó Mathew en voz baja, haciendo que Alfred casi saltara de su asiento.

—¡Jesús, Mathew! ¡No te me acerques de esa forma tan sigilosa! ¿Hace cuanto que llegaste?

—Hace unos minutos… —suspiró Math.

Alfred gruñó.

Man! ¿Por qué no dijiste algo? ¡Me va a matar Arthur, estoy llegando tarde!

—¿Quieres que recoja yo a Marine?

—¿Eh?

—Bueno, ya que nuestro papa… Aun no está en casa… Y sé que Arthur y tú estarán ocupados esta noche…

Alfred miró al chico a su lado. A pesar de no estar relacionados biológicamente, habían vivido juntos como una familia desde pequeños y se consideraban hermanos, consanguíneos o no. Algunas veces, Alfred olvidaba lo grandioso que era Mathew. Sonrió y le revolvió el cabello.

Man! ¿Te dije alguna vez lo awesone que eres?

Mathew sonrió.

—A veces.

OXOXO

Alfred, con el bolso de los libros en un hombro y el del futbol en el otro, le entregó las llaves de su camioneta a Mathew.

—¡Nos vemos más tarde! —dijo —¡Y deséame suerte!

Math se echó a reír y se cambió al asiento del conductor.

—¡Y ten cuidado! —le gritó cuando el auto ya iba un poco lejos —, ¡Si los estrellas te mataré!

—Disculpe —dijo alguien detrás de él. Alfred se dio la vuelta y casi tropezó con una pequeña mujer de cabello negro, sonrió.

Hey —la saludó, viéndola de arriba hacia abajo. Él no recordaba que alguien tan sexy trabajara en el banco de su padre y no había manera de que se hubiera olvidado de ella.

—Está usted en frente de mi moto —dijo la chica señalándole una motocicleta negra. Alfred la miró y silbó.

—Kawazaki ZX —identificó, Alfred siempre tenía algo para cualquier cosa con motor —. Nice.

Una chica sexy con buen gusto, no había nada mejor que eso. Y tenía un ligero acento también. Alfred ya sabía en lo que iba a estar pensando esta noche cuando… Sin embargo, ella no parecía ni un poco impresionada con él.

—¿Se podría mover, por favor? —le preguntó con una sonrisa que no alcanzó sus ojos.

Le tomó un momento al chico obligarse a salir de su pequeña fantasía.

Oh, yeah! Sure! —se apartó, intentando aun sacar algún piropo sexy para una chica que obviamente era mayor y que se notaba completamente desinteresada.

Ella subió a la motocicleta, frunció el ceño y le miró otra vez, como si hubiera notado algo por primera vez.

—¿Alfred, verdad?

El nombrado parpadeó un par de veces y la miró con los ojos muy abiertos, completamente desconcertado con que alguien así de sexy supiera su nombre.

—Te reconocí por las fotografías en la oficina de tu padre —explicó. Alfred hizo un bailecito mental, ¡Ella trabajaba en el banco! —. Hablando de eso —inclinó la cabeza, lanzándole una mirada divertida —, ¿él no te estaba esperando?

El menor estuvo cerca de golpearse a sí mismo por ser tan despistado.

Oh, yeah… Fuck —maldijo y corrió hacia las escaleras de la entrada sin detenerse para mirar atrás ni un solo segundo, esperando que Arthur estuviera de buen humor.

En el momento que Alfred se dio la vuelta ella dejó de sonreír.

—Imbécil —murmuró sombríamente mientras aceleraba el motor y se marchaba. Esto iba a ser más fácil de lo que había imaginado.

OXOXO

Alfred tomó el elevador hacia la oficina de su padre en el piso sesenta y corrió hasta que ya estaba frente a su escritorio. Arthur estaba al teléfono, pero cuando su hijo entró a la oficina se lo apartó de la oreja.

—¿Acaso los de seguridad te hicieron pasar un mal rato? —susurró el mayor.

—No pero…

—¿Entonces por qué bloody has llegado tan tarde? —dijo entre dientes.

Alfred rodó los ojos y se fijó en el reloj. Sólo se había pasado diez minutos después de las seis. Arthur necesitaba un calmante.

—Lo siento, Mr. Braginski —dijo Arthur dándole la vuelta a la silla giratoria para quedar frente a la gran ventana —. Sí, mi hijo acaba de llegar —una pausa —. Alfred —se rió —, sí, él va a la escuela preparatoria en el interior de la ciudad. Mmm, no, aun no tiene dieciocho.

Alfred estuvo cerca de abandonar todo. Acababa… ¿Su padre acababa de decir Braginski? ¿Cómo en Ivan Braginski?

Oh my god —susurró —, oh my god, oh my god!

Arthur se dio la vuelta para hacerlo callar, pero entonces su hijo empezó a hacer aspavientos exagerados con los brazos. "¡Cuelga el teléfono!" señaló, "¡cuelga!", más Arthur se dio la vuelta y lo ignoró.

Alfred dejó caer sus bolsos al suelo y se agarró el cabello. Oh, esto no era bueno. Esto no era bueno en absoluto. ¿Por qué estaba ese ruso bastardo hablando con su padre? Mejor aún, ¿por qué su padre hablaba con el ruso bastardo?

—Debo decir que, ¡es bueno saber de usted! —dijo el mayor —. En efecto, mi querido muchacho, dime, ¿Cuándo estará de vuelta en la ciudad?

Uno de los ojos de Alfred se estremeció en un tic, ¿se conocían? ¡Se conocían!

—¡Maravilloso! —exclamó Arthur —. Confío en que nos veremos pronto, entonces.

Eso era todo; Alfred no pudo soportarlo más. Caminó alrededor del escritorio de su padre e intentó quitarle el teléfono de la mano.

—Sí, podríamos… ¡Pero qué mierda Alfred! —le dio un manotazo y se cambió de lugar —. Lo siento, al parecer Alfred olvidó tomar sus medicinas esta mañana —dijo entre dientes, lanzándole al adolescente una mirada de advertencia —. Oh, no, aun no hemos cenado —retomó la conversación con el malvado comunista del infierno —, ¡Eso sería maravilloso, sí!

—¡No! —gritó Alfred —. ¡No a todo lo que está diciendo!

Arthur se arrancó el teléfono de la oreja.

—Una vez más, Alfred, y juro que te arrepentirás —se puso al teléfono de nuevo —. Mmm, muy bien. Le veré ahí. Sí, usted también —colgó y se cruzó de brazos —. ¿Se puede saber qué te pasa, young man?

—¿Qué me pasa? —exclamó el menor —, no me pasa nada, sólo creo que no deberías hablar con ese Ivan Bragi-Romanov-cualquiera que sea su apellido.

—Para tu información, Alfred —dijo Arthur con voz amenazantemente lenta —, Mr. Braginski y su familia son algunos de nuestros mejores clientes. Ellos han invertido mucho en este banco y nosotros hemos hecho muchos negocios con su familia por décadas —Arthur se detuvo a mitad del discurso y le lanzó una mirada perpleja —. De todos modos, ¿Cómo es que le conoces?

Alfred resopló y apuntó hacia el cielo.

—¿Cómo conocí a ese commie? ¡Te diré cómo! Él…

Al instante se llevó una mano a la boca. ¿Cómo le podría decir a su padre que Ivan era un espeluznante chantajista que había robado su licencia de conducir sin incriminarse a sí mismo? Pensó por un momento y luego dejó caer los hombros.

—¡No importa! —murmuró —, ¡Pero no voy a comer con ese tipo!

Arthur puso los ojos en blanco.

—¡Por el amor de dios, actúa de acuerdo a tu edad! —se levantó y tomó su chaqueta—. Cenaremos en Yao's, es un lugar encantador en China Town.

—Pero ¿Y Marine? —preguntó el adolescente, claro que Mathew estaba con ella, pero no se lo había dicho a Arthur.

—Mathew se está haciendo cargo de ella —respondió el mayor ajustándose la corbata en el reflejo de la ventana.

Maldición.

—Pero ¿No se supone que debería yo estar trabajando? —la desesperación creciendo. Arthur le miró.

—No te preocupes, tendrás muchas oportunidades para recuperar el tiempo perdido.

But… ¿Pero por qué tengo que ir? —la voz de Alfred estaba a un paso de ser un gemido.

Arthur respiró hondo, probablemente estaba contando hasta diez en su cabeza.

—Alfred —comenzó lentamente —, nos reuniremos con él en media hora. Esto será bueno para ti. Cuando seas mayor y, si dios quiere, tengas una carrera, tendrás que hacer este tipo de cosas. Es sólo una cena de negocios. Piensa en ello como una experiencia de aprendizaje.

¿Pensar en ello como una experiencia de aprendizaje? Eso era difícil para Alfred que estaba demasiado ocupado pensando en cómo iba a morir.

OXOXO

China Town estaba a sólo dos cuadras de la oficina de Arthur, así que se fueron caminando. Alfred se la pasó quejándose todo el camino, sobre Ivan, de que hacía mucho frío y se iba a enfermar, del talón que estaba muy seguro que tenía quebrado. Pero sobre todo, se quejó de Ivan.

—… y creo que Math y Marine probablemente se sientan muy solos así que…

Arthur, bastante harto, le puso una mano en la boca, callándolo.

—Ya llegamos —gruñó —, así que cierra el pico y, por el amor a dios, deja de comportarte como un mocoso de cinco años.

Alfred apartó el rostro y levantó la nariz, desairado y luego miró el decorado restaurante frente a él.

—Apuesto a que la comida apesta —murmuró en voz baja y de mala gana siguió a su padre al interior. Arthur le sonrió a la recepcionista.

—Hola, nos encontraremos con alguien. Su apellido es Braginski.

Ella sonrió y asintió amablemente.

—Sí, señor. Es por aquí.

La siguieron a través del comedor hasta una mesa en la esquina donde dos hombres estaban sentados. Uno de ellos era Ivan Braginski y el otro era un joven chino. Ambos estaban enfrascados en una tranquila conversación, aunque parecía como si Ivan pusiera al otro hombre incómodo. Esto no sorprendió a Alfred, él tampoco podría soportar al ruso.

Ambos se pusieron de pie y sonrieron cuando Alfred y su padre se acercaron. Ivan extendió una mano para estrechar la de Arthur y el caballero chino hizo una reverencia.

—Mr. Kirkland —saludó el ruso —, este es mi querido amigo Yao Wang. Es el propietario de este elegante establecimiento.

Yao trató de no hacer una mueca cuando Ivan pronunció la palabra "amigo". Arthur le estrechó la mano.

—Es un placer conocerte —dijo Yao y Arthur asintió.

—Lo mismo digo. Este lugar es hermoso.

El propietario sonrió ante el cumplido. Alfred pensó que el hombre era muy bonito para ser un chico. Era casi extraño.

—Y este es mi hijo, Alfred —le presentó Arthur, empujando al menor hacia el frente con fuerza.

Alfred le estrechó la mano a Yao, pero se negó con Ivan hasta que Arthur le pellizcó la espalda.

—Espero que disfruten —dijo el asiático cuando los otros se sentaron —, ¿Les gustaría empezar con un poco de té?

Arthur se sintió en casa desde ese momento.

—Eso sería maravilloso, gracias.

—Yo quisiera una Coca —dijo Alfred, encorvándose y descansando la cabeza entre las manos.

Yao se inclinó de nuevo y se fue. Cuando se fue el propietario, Arthur le dio una patada a su hijo bajo la mesa.

—Siéntate bien —le susurró. Alfred rodó los ojos y se sentó, pero sin dejar de encorvarse.

—Así que este es Alfred —dijo Ivan, sonriendo —, tu padre me ha contados muchas cosas de ti.

El mencionado le lanzó una mirada, provocando que el ruso se riera.

—No debes preocuparte, todas eran cosas buenas. ¿Cómo va la escuela, Alfred? —preguntó pero el menor no respondió nada.

Arthur lo pateó otra vez.

—Se cortés —dijo entre dientes.

Alfred se cruzó de brazos e hizo el show de mirar a todos lados, excepto a Ivan.

—Bien —respondió con la voz completamente plana.

—Alfred es el mariscal de campo titular este año —mencionó Arthur, su voz estaba llena de orgullo.

El adolescente rodó los ojos. Arthur siempre se jactaba de sus logros delante de la gente, pero casi nunca le decía lo orgulloso que estaba de él cuando nadie más estaba allí para escucharlo. Ni siquiera había llegado a alguno de sus partidos en esta temporada. Él no tenía derecho a tocar el tema.

Estuvo a punto de decirle a su padre en donde podía poner sus elogios vacíos cuando recordó que probablemente no era el mejor momento. Arthur ya estaba pasándola mal con Francis como para que fuera él a añadirse.

Apartó la mirada de los dos mayores. A veces deseaba que Arthur y él tuvieran una mejor relación. Se preguntaba cómo sería si sólo pasaba el rato con su papá, o iban de pesca como en las películas o simplemente hablaban de sus problemas.

Yao regresó con las bebidas y tomó los pedidos de todos, sacando a Alfred de sus pensamientos. El adolescente no tenía ni idea de lo que había en el menú, así que escogió algo con pollo, con la esperanza de que no acabaran ni gatos ni perros en su plato.

A lo largo de la comida, su padre e Ivan hablaron de negocios y Alfred vio lo inútil de su presencia; no estaba prestando atención a lo que decían y ellos no le prestaban atención a él, por lo que había sido una estupidez el acompañarlos.

¿Para qué lo había invitado Ivan a comer con ellos de todos modos? ¿Para ponerlo nervioso? ¿Para molestarlo? Bueno, él no estaba nervioso. Pero si su plan era ponerlo histérico, muy bien, lo había logrado.

Miró un segundo entre los dos hombres cuando cambiaron el tema de comparar sus respectivos lugares de origen en Inglaterra y Rusia. Entrecerró los ojos hacia Ivan. ¿Le había dicho a Arthur sobre el accidente? Negó con la cabeza ligeramente. Eso era imposible. Si lo hubiera hecho, Arthur ya lo habría destrozado.

Los ojos entrecerrados de Alfred se convirtieron en una mirada asesina. No le importaba si el ruso no le había delatado. Aun lo odiaba. Era obvio que Ivan estaba planeando algo, nada más que aun no lo descubría.

A la mitad de la comida, Arthur se excusó para ir al baño. Cuando se puso de pie "instó" tranquilamente a su sol a comportarse durante su ausencia. Alfred rodó los ojos.

Tan pronto como el inglés se perdió de vista, Ivan le lanzó al de anteojos una mirada de suficiencia.

—Qué conveniente es el conocer a tu padre, da?

—Será mejor que no le digas —casi gruñó el americano —, o lo lamentarás.

Ivan se echó a reír.

—Cálmate, Alik. No tienes que preocuparte por eso, nosotros ya nos acomodamos con el pequeño detalle de mi destruido parachoques.

—Casi destruido —murmuró Alfred —. ¡Y mi nombre no es Alec, es Alfred!

El ruso sonrió.

—Soy muy consciente de ello, lapushka.

El ojo de Alfred se contrajo en un tic nervioso.

—Realmente te odio —soltó directamente —, ¿Qué demonios estás tratando de hacer? —preguntó lleno de sospechas.

Ivan le dio un trago a su café. Alfred se acordó de los tatuajes que el ruso tenía en las manos y las miró, pero este llevaba guantes. Hizo una mueca, ¿qué clase de bicho raro se ponía guantes para estar dentro?

—No sé de qué estás hablando —respondió Ivan inocentemente —, y no te olvides de mañana en la noche —le recordó.

—Sí, sí —dijo Alfred con desdén —. Hey, de todos modos ¿cómo conseguiste mi número?

El de ojos purpura sonrió.

—"Es algo que yo sé pero…" creo que así dice el refrán, da?

Alfred se la pasó el resto de la noche anotando maneras de matar a Ivan en la parte de atrás del mantel individual del zodiaco chino.

OXOXO

—Eso suena como algo sacado de un manga —dijo Kiku cuando Alfred le contó todo su fin de semana, empezando con lo mucho que odiaba a Arthur y terminando con lo mucho que odiaba a Ivan —. ¿Has agregado el cloruro de sodio? —le preguntó, enseñándole el tubo de ensayo en su mano.

Alfred tenía química con Kiku todos los martes y jueves y, a pesar de que siempre hacían las actividades juntos, Kiku era el que usualmente terminaba todo el trabajo ya que la mente de Alfred generalmente estaba… en las nubes.

—Pero, ¿no crees que es raro? —preguntó Alfred —, ese tipo Ivan tiene que estar planeando algo —miró los químicos que Kiku sostenía, recordando que estaban, de hecho, en clases de química —. Eh, no, espera, déjame terminar esto primero —dijo con una sonrisa.

Kiku le lanzó una mirada cansada a lo que su compañero estaba haciendo. Y cuando notó que había tomado algo del quemador Bunsen (¿Cuándo lo había encendido?) abrió mucho los ojos. ¿Para qué lo había tomado? El experimento no requería calentar nada.

Pensó que Alfred había estado lo suficientemente absorto en su historia que no le había dado tiempo para hacer nada más. Miró alrededor, un poco preocupado por su amigo, y luego vio al profesor. Afortunadamente este no les estaba poniendo atención.

—¿Qué estás haciendo, Alfred? —susurró el japonés.

El de anteojos se encogió de hombros.

—Bueno, ¿estamos estudiando reacciones químicas o no? Además, esta clase es aburrida —dijo —, ¿y quién sabe qué hará esto?

Antes de que Kiku pudiera decir algo más, Al mezcló todo lo que había conseguido en un líquido no identificado y lo puso en el quemador.

El contenido del tubo de ensayo explotó al instante. Alfred jadeó de la impresión y lo dejó caer, entonces empezó a reír. Kiku cerró los ojos, esperando por los gritos del profesor.

—¡Kirkland! —gritó su profesor —. ¡A la oficina del director! ¡YA!

El japonés suspiró otra vez, preguntándose cuando, o si, Alfred alguna vez pararía de actuar para llamar la atención. Estaba seguro de que, uno de estos días, su amigo haría una estupidez que luego lamentaría.

Alfred le sonrió a Kiku, quitándose las gafas de seguridad.

—Te veo en el estacionamiento para almorzar —le dijo y luego caminó hacia afuera del salón, lanzándole a su profesor un saludo burlón en la salida.

OXOXO

—¡Mi vida se acabóoooo! —murmuró Alfred y dejó caer su cabeza contra la mesa con un ruidoso golpe.

—¿Qué dijo el director? —preguntó Kiku y Alfred murmuró algo inentendible —. ¿Disculpa?

El futbolista volteó la cabeza a un lado para poder hablar apropiadamente.

—Dije que me suspendió del equipo…

Kiku no pareció sorprendido.

—Toda la culpa es tuya, esta fue probablemente, la decima broma que hiciste en el año.

Alfred le miró.

—Un poco de simpatía estaría bien —dijo haciendo un mohín —. Mi vida es una completa mierda en este momento. No te lo puedes imaginar.

Kiku luchó contra el impulso de poner los ojos en blanco.

—Bueno, al menos mira el lado bueno —le reconfortó —, al menos estamos en temporada baja. ¿Por cuánto tiempo estarás suspenso?

El americano gruñó.

—Cuando mejoren mis notas y empiece a "comportarme como un adulto" —dijo sarcásticamente. Kiku sonrió.

—No es tan malo. Sólo piensa en todo el tiempo libre que tendrás para jugar a los video…

Alfred le lanzó otra mirada que hizo callar a su amigo.

—Estoy castigado ¿recuerdas? —hizo una mueca y Kiku se mordió el labio inferior, tratando de no reírse —, eres un amigo horrible —le recriminó algo triste.

El teléfono intervino en la conversación, recibiendo un mensaje.

Seis en punto. Calle Kings 4000.

Alfred volvió a gemir. Kiku empezó a creer que Alfred era peor que una adolescente cuando empezaba con el drama teatral.

—¿Qué pasa?

—Es Ivan —respondió el de anteojos —, ¿te dije ya que me va a hacer limpiar su estúpido departamento?

—Es un buen trato —reflexionó Kiku —, tomando en cuenta que le destrozaste el auto.

Al frunció el ceño.

—Sí, bueno, firmé esos papeles para que no pudiera usar eso contra mí. Creo que está tratando de meterse conmigo por alguna estúpida razón, sólo necesito averiguar por qué y así vengarme de él —se dio un golpecito en la barbilla, sumido en sus pensamientos. O todo lo sumido que Alfred podía estar.

Kiku levantó una ceja.

—¿Firmaste unos papeles? —preguntó y Al se encogió de hombros.

Yeah, ¿No me estabas escuchando antes, verdad? Así no tendría que pagar por los daños… —frunció el ceño, los engranes en su cabeza empezaron a girar lentamente —. Él tenía… todo listo para firmar… eso fue… muy raro.

—Alfred, ¿firmaste qué papeles? Aun no eres mayor de edad. Cualquier cosa que firmes no tiene vínculo legal.

El de anteojos se levantó de su asiento con un salto, porque eso es lo que los chicos cool hacen en las mejores películas de acción cuando estaban a punto de decir algo innovador o para patear algunos traseros.

De repente todo tenía sentido. El hecho que Ivan le hiciera firmar esos papeles, lo había engañado para hacer el trato, tenía su número, lo hizo ir a cenar con su padre… Todo era parte del enredado juego de Ivan. Y esta noche, si ese bastardo ruso se salía con la suya, todo podría llegar a un punto crítico.

—Kiku… —en voz baja, creando el suspenso.

El nombrado miró de derecha a izquierda, esperando a que Alfred empezara a actuar como una persona normal lo más pronto posible. La gente ya estaba empezando a verlos.

—¿Sí, Alfred? —preguntó.

El americano le dio un puñetazo a la mesa.

—¡Él es un asesino en serie! —exclamó.

Kiku se mantuvo inexpresivo.

—¿Un asesino en serie?

Alfred se notaba bastante satisfecho consigo mismo por haber "descubierto" el gran misterio. Asintió con la cabeza.

Yep y esta noche voy a ganarle en su propio juego, ¡estúpido ruski, no sabrá qué lo golpeó!

Nadie se metía con Alfred y se salía con la suya.

OXOXO

El estadounidense tenía que reconocérselo, se sentía muy cool en este momento. Se sentía como Bruce Wayne, o John McClane, o Rambo o algo así, yendo en el metro hacia el camino de la justicia. Habría querido manejar su camioneta, pero no había lugar para aparcar en Kings Street.

Probablemente eso también había sido parte del plan del cobarde Ivan para impedirle tener un vehículo de escape. Sonrió y pateó la bolsa de lona en la que había empacado toda su artillería pesada (consistía en, uno de los mazos de criquet de Arthur, un rollo de cinta adhesiva y un cuchillo de cocina, pero ¿Quién necesitaba un arma cuando se podía golpear con un objeto sin filo?)

Se bajó en la parada que estaba a una cuadra de su destino. Se abrazó a su chaqueta, maldiciendo al tiempo por estar tan frio. El sol ya se había puesto y eso no le ayudaba, ya que el viento se sentía más frio y las calles vacías se veían espeluznantes. No que tuviera miedo o algo. ¿Por qué Ivan tenía que vivir en una de las zonas más esquemáticas de la ciudad? Supuso que la mayoría de los asesinos no vivían en un callejón sin salida, pero aun así.

Después de unos minutos de caminata, Alfred se encontró frente a Kings Street 4000. Si lo pensabas, el edificio se veía bastante agradable y normal, pero ¿Cómo se suponía que Alfred supiera cual era el departamento del ruso? Si le enviaba un mensaje de texto Ivan sabría que ya había llegado, y Alfred quería acercársele sigilosamente.

Se encogió de hombros, imaginado que tendría que ir de puerta en puerta preguntando que si entre sus inquilinos tendrían un asesino profesional hasta encontrar al bastardo. Se acercó al partico de concreto y abrió la puerta frontal, viendo hacia adentro.

Había un pequeño rellano directamente hacia adentro. Una única bombilla, tenue y sin esconder, iluminaba el espacio estrecho, emitiendo un misterioso resplandor contra las paredes color granate y las gastadas escaleras que llevaban directamente a una única puerta.

Alfred tragó saliva. Tenía que reconocer al chico, Ivan sabía cómo establecer el estado de ánimo. Pero ya había llegado muy lejos como para dar marcha atrás. No estaba haciendo esto sólo para sí mismo. No podía permitir que Ivan siguiera haciendo negocios con su padre. Arthur era demasiado tonto como para darse cuenta de lo maligno que era el ruso, así que Alfred hacía esto para salvarlos a todos.

Respiró hondo, tomó el mazo y subió las escaleras. Tan lenta y silenciosamente como pudo, asió la perilla de la puerta. Esta se abrió con un click y al adolescente casi le dio un paro cardiaco, seguro de que Ivan llegaría a la puerta y le daría la bienvenida con un cuchillo de carnicero.

Pasaron unos segundos. Alfred contuvo la respiración, agudizando el oído por cualquier ruido. Después de unos momentos de silencio, pensó que ya sería seguro entrar.

Abrió la puerta y miró a su alrededor. El apartamento se veía bastante normal. Ivan tenía una bonita televisión y un sofá que parecía súper cómodo donde, Alfred podía apostar, sería divertido saltar y…

—Llegas temprano.

El grito de Alfred rompió la barrera del sonido. Sin detenerse a pensar, cerró los ojos y blandió el mazo de criquet tan fuerte como pudo. Esperando escuchar el satisfactorio sonido de la madera contra el cráneo ruso, se sorprendió al sentir que su golpe había sido detenido prematuramente.

Abrió un ojo y vio que su mazo había sido detenido por un… grifo. Un grifo que Ivan sostenía. Un muy sudado Ivan, que llevaba nada más que unos shorts y una toalla alrededor del cuello.

Alfred, olvidando su objetivo, se encontró mirando la piel expuesta del comunista. Parecía como si cada superficie disponible hubiera sido cubierta de tatuajes, desde las estrellas en sus hombros, los símbolos religiosos tallados en su torso, hasta las calaveras y palabras escritas con el alfabeto cirílico que cubrían sus brazos y manos. Incluso sus rótulas tenían tatuajes, las mismas estrellas de sus hombros.

Si Ivan hubiera sido otra persona, Alfred habría pensado que él se veía algo… genial.

El mayor sonrió.

—¿Te gusta lo que ves? —le preguntó el ruso en broma.

Alfred parpadeó, recordando finalmente por qué estaba ahí y se dio la vuelta. Ivan dejó caer el grifo, agarró el martillo con la mano, pateó la puerta detrás de Alfred, cerrándola y se apoyó contra él.

—¿Qué crees que estás haciendo? —preguntó, tratando de no reírse del chico.

Alfred trató de empujarlo, sorprendiendo al ruso con su fuerza.

—¡Suéltame commie asesino es serie! —gritó, tratando de golpear la cabeza de Ivan con la suya.

Ivan se apartó y alzó una ceja.

¿Asesino en serie? —sonrió, acercando más su rostro al del adolescente —. No soy un asesino en serie, Alfred —susurró —. Soy mucho, mucho peor que eso.

OXOXO

Nota de la autora: Perdón por la falta de frescura y de mafia en este capítulo, estoy llegando a la parte divertida, ¡lo juro! Además, esta historia no se supone que sea divertida, pero Alfred no estaba de acuerdo.

Sí, Alfred es hetero. Quería ponerlo diciendo "OMG! No sabía que era gaaaaay".

Sé que es incomodo que Al lleve el apellido de Arthur, pero como este lo adoptó, no tiene sentido que use el Jones.

Aclaraciones:

"Cálmate, Alik". Alik es el diminutivo de Alexander y también es usado para todos los nombres que raramente empiezan con Al- en Rusia. Me deprimí cuando no encontré el equivalente del nombre Alfred en ruso como tampoco lo había para Mathew.

"Soy muy consciente de ello, lapushka". Lapushka es un apodo que significa "patito". Por alguna razón me recuerda a los nativos americanos, así que pensé que de alguna manera le quedaba a Alfred. Usualmente es usado en niños, pero obviamente Ivan se estaba burlando de Alfred aquí. Además, creo que es un apodo muy lindo, creo que le conviene.

Los tatuajes de Ivan: En la mafia rusa, los símbolos religiosos están correlacionados con las prisiones en las que han estado encerrados. Las estrellas en sus rótulas hacen notar que él es un capitán, eso simboliza que él no se arrodillará ante nadie.

Un capitán, o Avtorityet, está encargado de un grupo de hombres que se reportan con él directamente. A su vez, el capitán se reporta con el Pakhan o Jefe. El Pakhan es el "padrino" de la mafia rusa. Hay más tatuajes y explicaciones por veniiiiiir.