Capítulo 8
¡Pasta!
Todos en la sala.
– Wow… – Grecia rompió el silencio. – Pudo… tratarse de un gato gigante.
– Oh, creo que debiste pensar en algo más grande que un gato. – dijo Inglaterra casi riendo. – Pudo ser una persona.
– Espera… ¿había una persona en la habitación? ¿Cómo lo sabes?
– ¡Dime, cómo es que no podría tratarse de una persona!
– Una persona habría tocado antes de entrar. Entonces dime… ¿Cómo es que había sido un humano?
– ¡Ve~! Alemania, acabo de recordar una historia. – pronunció Italia muy emocionado por relatar alguna creepypasta.
– Bien, adelante y cuéntala. Y más vale que no trate sobre pasta.
– Umm… bueno… ya… verán…
¡Pasta~!
Basado en "In the Kitchen"
Crédito para su autor anónimo
Feliciano estaba riendo de emoción conforme anotaba otro ingrediente en la receta. Ludwig le había ordenado que hiciera algo que no requiriera de hacer mucho ruido pero productivo mientras el tomaba veloz siesta en el cuarto adjunto. Por supuesto que el joven italiano decidió contentarse creando un nuevo platillo cuyo ingrediente principal sea la pasta, uno que fuera lo suficientemente grande para compartirlo con su amigo alemán una vez que lo hubiese terminado.
– Oh, casi no puedo esperar. – rió mientras apuntaba el nombre de una especia.
– Feliciano, ¿Puedes venir acá un minuto? – se levantó. Ludwig lo estaba llamando desde abajo. Él debió haberse levantado más temprano sin que el italiano se diera cuenta.
– ¡Seguro! ¡Sólo espera un segundo! – Feliciano quería terminar su receta porque no quería olvidarlo después. – Oh, ¿en qué estoy pensando? Siempre es mejor hervir el agua y luego ponerlo a cocer a fuego lento.
– ¿Feliciano?
– ¡Ya voy! – sería mejor que fuera antes de que Ludwig se enfadara.
El italiano se apresuró a dejar su lista e ir corriendo hacia su cuarto. Mientras él corría hacia el piso de abajo, vio a Ludwig caminando rápido hacia él en dirección opuesta.
– ¿Lud? Yo de-hmph. – Ludwig lo había agarrado por la fuerza, estrechando su mano rápida y firmemente sobre la boca de Feliciano y se la dobló. ¿Qué estaba pasando?
– ¡Feliciano! – la voz gritaba desde abajo.
Los ojos de Feliciano se abrieron ampliamente. Ludwig murmuró tajantemente en su oído:
– No vayas abajo. Yo también lo oigo.
