Capítulo 9

Poté Pia

Para cuando Italia terminó de contar su historia, estaba agarrándose del brazo de Alemania, el otro brazo estaba sobre la cara y le sacudía la cabeza a este último. Romano frunció el ceño en señal de enojo.

– Tú fuiste el que contó la historia; ¿Cómo crapolla terminaste asustándote a ti mismo?

– ¡Lo siento, lo siento! – lloriqueó el italiano más joven. Japón tomó otra tira de papel.

– ¿Entonces, quién sigue? – preguntó Japón. Él no esperaba que nadie se ofreciera voluntariamente. – En serio no quiero empezar a elegir al azar.

– Yo digo que uno de los más quietos debería seguir. – dijo Dinamarca sonriendo ampliamente, mirando específicamente a Egipto, Grecia y Holanda. – Chicos, apenas y los escuchamos durante las reuniones. Estoy seguro de que tienen algo que compartir.

– En ese caso, yo…

– ¡Sí! – interrumpió Corea a Canadá. – ustedes, chicos, son muy misteriosos. Cuéntenos una genialmente terrorífica historia, aunque todos sabemos que se han basado en mí. – los tres no dijeron nada.

Después de unos momentos de silencio, a Turquía se le escapó decir…

Bien, entonces tú. – dijo señalando al soñoliento Grecia. – sí, tú.

–… ¿Por qué yo?

– Porque lo digo yo, y si te quedaras durmiendo antes de que termines de narrar tu historia, yo no seré el bobo que te despertará.

–…Pero…yo no quiero…

– ¡Qué mal!

–…Pero…

– Por favor, Grecia-san. – Japón no quería que sus amigos discutieran; ya era suficientemente malo que lo hicieran estando los tres en público. – ¡Podrían acabar con esto de una vez!

Grecia estuvo en silencio por unos momentos, mirando con enojo a su rival. Por último, suspiró. No quería discutir con su mejor amigo.

– Bueno... vamos a ver... creo saber una historia…

Poté Pia

Basado en "Never Again"
Crédito para su autor anónimo

Advertencia(s): Sangre y gore, muerte de un personaje

Ella se fue cuando todavía era un niño. En ese momento estaba viviendo con ese abusivo, egoísta, estúpido idiota, conocido de mi madre. Su nombre era Turquí–

(– ¿Por qué narices tengo que ser yo el idiota abusivo?)

(–Al menos trata de ponerle nombres a los personajes, Grecia-san.)

(–Esta bien…si insistes, Japón.)

–Su nombre era Sadiq y fui obligado a vivir con él por unos largos y dolorosos ocho años después de que mi madre murió. Pero fue una lluviosa noche durante mis primeros años de pesadilla de infancia cuando la conocí. Ella era al mismo tiempo la criatura más extraña y más hermosa que había visto.

Era más o menos de mi edad, quizá uno o dos años más joven que yo. Ella vestía una camisa de dormir un poco hecha jirones que lleva alrededor del dobladillo. Su piel era pálida, convirtiéndose casi al azul, apreciable en sus manos y sus pies descalzos. Sus uñas parecía que no haber sido cortados en meses. Sobre su cabeza había una capucha grande o manto así que no podía ver su rostro con claridad. Pero lo que pude ver eran dos cuentas negras que brillaban tan débilmente en la oscuridad. Dos ranuras blancas por pupilas me devolvieron la mirada sin vacilar.

Tenía cerca de 10, por lo que el pensamiento de quién o de dónde venía no cruzó por mi mente. Lo único que me preocupó fue el cómo se cubriría de la lluvia. Rápidamente le metí en la sala, silenciosamente feliz; sus pies húmedos ensuciaron la alfombra nueva de Sadiq. La deje en el sofá y agarre la manta más cercana que encontré. Se la ofrecí a ella, quien la tomó. Mi mente no acababa de confirmar el que no se lo pusiera, aún así sonreí.

– ¿No vas a…quitártelo? – le sugerí, refiriéndome a su empapada ropa que llevaba sobre la cabeza. Negó con la cabeza. Sus misteriosos y encantadores ojos nunca parpadeaban.

Hubo un gran silencio, y por un momento pensé que tenía tanto frío como para hablar. Finalmente, dijo "Pia. Poté Pia." Yo asentí con la cabeza. Ese era el nombre más raro que había escuchado.

–Bueno…Poté…puedes quedarte aquí…por esta noche. Sabía que estaba mal hablarle de manera tan familiar, pero no quería hacerla sentir como una intrusa. Poté miró el suave sofá antes de acurrucarse. Era linda; me recordaba a un gato al que a veces veía cuando tomaba su siesta.

Ella me hizo con un gesto que subiera por las escaleras.

–Estaré arriba por si me necesitas. – musité. – si me hablas…no lo hagas tan fuerte. – los ojos de obsidiana de Poté parpadearon una vez. Asumí que entendió lo que dije. Por alguna razón, como me metí en la cama, no me temía despertar en la mañana con Sadiq gritando a la niña o tratando de golpearme por haber traído a un extraño a la casa sin permiso.

– ¡Debería pegarte ahora mismo, mocoso! – fue lo primero que le oí decir a través de la cocina la mañana siguiente. – ¿Qué demonios hiciste en la noche? Ambos han ensuciado tanto la alfombra y el sofá, y tú sabes que tengo invitados que vendrán más tarde. – Luego me dio un golpe tan duro en la parte posterior de la cabeza. Cuando me recuperé el equilibrio, Sadiq me agarró del brazo y me arrastró hasta el salón donde estaba Poté.

O mejor dicho donde estaba la noche anterior. No había rastro de Poté salvo el rastro de tierra. Una cubeta con agua y jabón así como una esponja estaban enfrente de mí.

–Limpia esto.

Horas después, cuando la sala estaba tan limpia como antes de que mi visita estuviera ahí, llegaron los compañeros de Sadiq. Casi detesto cuando ellos vienen de visita; siempre era aburrida la charla sobre el trabajo o de lo que fuera. La única cosa de lo que siempre tenía ganas de cada vez que venían era Gupta, un amigo mío que era el hijo de uno de los colegas de Sadiq. No hablamos mucho, pero era agradable tener otro niño en la casa.

Mientras él jugaba con el gato que a menudo se colaba en mi cuarto y yo estaba quedándome dormido cuando se volvió a mí.

– ¿Escuchaste sobre la niña que encontraron muerta?– mis ojos aletargados se abrieron, pero la noticia sacudió tanto a mi mente que se me fue el sueño.

– ¿En serio? ¿Dónde?

–Cerca de aquí. – refirió serenamente y se volteó para regresar su atención al gato. Esperé a que Gupta volviera a mencionar algo sobre aquello pero no volvió a tocar el tema. Por alguna razón, esa noticia me había perturbado.

Esa misma tarde, cuando los invitados se habían marchado, (Sadiq con ellos ya que algunos decidieron ir a un bar) encendí el televisor. Mientras exploraba a través de los canales, le dejé en uno que hablaba sobre la noticia. Era una emisión en vivo.

"La joven Poté Pia, de nueve años de edad, fue reportada como muerta ayer por el atardecer, alrededor de las seis. Su cuerpo fue encontrado la noche anterior, precipitadamente enterrado en el patio trasero de la familia. Su madre de treinta y siete años, Eris Pia, sigue desaparecida; la policía sospecha que ella podría ser la asesina. Se informa que Eris había golpeado a Poté en repetidas ocasiones, supuestamente ha sido arrestada cuatro veces por negligencia paternal y el abuso infantil. Cualquier información sobre el paradero de Eris Pia debe ser…"

Apagué la televisión, sentí un escalofrío recorriendo mi espalda. Se había mostrado una imagen de Poté. Era exactamente la misma niña de la noche pasada, sólo que con el color natural de su tez y los más sorprendentes ojos color ámbar que había visto. Ella sostenía en sus manos un lujoso gato, recordé, sin saber por qué ese hecho sobresalía.

Decidí irme a acostar temprano, no sólo para ordenar mis pensamientos sino también para no tener que lidiar con Sadiq cuando regresara. Yo no podía dejar de reflexionar sobre lo que el locutor había dicho-si su informe era cierto, entonces eso significa que Poté murió antes de que llegara a mi casa. Horas antes. Pero eso no podía ser cierto, no podía ser un fantasma-la toqué, casi la arrastré a la casa. Le di una manta y la aceptó. Es cierto que tenía un aspecto extraño y hasta los ojos extraños, pero estaba oscuro anoche y yo todavía estaba medio dormido. Dejé que mis pensamientos flotaran en mi cabeza, estuve a la deriva en el sueño, incluso antes de darme cuenta.

Nunca más.

Un cercano susurro me despertó de mi sueño y segundos después escuché gritos desde el cuarto de Sadiq. Corrí a la habitación de mi tutor, casi desmayado al llegar al lugar de la escena.

Sadiq estaba sobre su cama, peleando contra una criatura que enterraba sus uñas y dientes en su pecho. Podía oír cómo rasgaba su carne, podía ver la sangre que brotaba de las numerosas marcas y mordeduras. Tras un grito feroz, Sadiq logró quitarse de encima a la criatura, arrojándolo al otro extremo de la cama. Eso me dio una visión perfecta de la criatura. Todavía tenía la misma piel blanca, cuerpo frágil y las uñas afiladas como recordaba la noche en que la ayudé. Pero su cabeza no era humana, de nuevo me recordaba a un felino: orejas puntiagudas estaban sobre su cráneo y sus dientes afiladísimos recubiertos de sangre estaban brillando débilmente en la luz.

¡Ayúdame, estúpido mocoso! – Sadiq me gritó, pero estaba tan trastornado, realmente pasmado, como para hacer algo para ayudarlo.

Se le abalanzó a Sadiq, sus manos se extendieron. Vi que Sadiq tomó una almohada, probablemente para bloquear el ataque y después sofocarla. Sin embargo, él subestimó su fuerza así como capacidad para saltar; no sólo las uñas rasgaron a través de la almohada y le desgajó la mejilla, pero su fuerza junto con el peso y la altura de su cuerpo fueron suficientes para destrozar el cuello de Sadiq por un lado. Ambos cayeron de lado en el suelo detrás de la cama.

Más adelante en mi vida, me arrepentiré por haberme acercado a la otra parte. Diré que no hice nada y simplemente imaginaré lo que pudo haber sucedido. Pero sabré que hice.

Allí, en el suelo, ella estaba luchando salvajemente sobre el cuello de Sadiq. Sus dientes como agujas cortaban fácilmente su piel. Podía oír los chorros de sangre de las arterias expuestas, regándose por el cuello. Antes de darme cuenta, me sumí en el suelo, demasiado petrificado para mirar hacia otro lado. Ella me escuchó. Su cabeza se volvió hacia mí. Y ella sonrió manera más cariñosa hacia mí con los ojos en blanco y negro sin fondo que brillaban en la oscuridad y su boca chorreando sangre.

Nunca más.

Me desmayé.

Cuando me desperté, la luz del sol brillaba sobre mí, y estaba sobre mi cama. Lanzando mis sábanas, corrí hacia el cuarto de Sadiq. Él no estaba ahí. Todo estaba en perfecto orden, sin mancha alguna. Parecía como si se hubiera levantado temprano a excepción de que cada mañana empezaba con sus gritos, tanto como para que me despertara como para maldecir que tenía que ir a trabajar. Esperé, preguntándome a dónde se habrá ido. Al atardecer me di cuenta de que Sadiq no regresaría.

Crecí. Gupta y yo nos convertimos en vecinos y seguimos siendo muy buenos amigos. Él formó una familia; yo, no vivo más que con unos gatos callejeros que adopté. Yo no estaba del todo solo. Uno de los gatos, una de un blanco mortal y ojos negros, decidí nombrarla Poté. Los niños del vecindario adoran jugar con ella, aunque noté que uno de ellos siempre parecía tener arañazos y moretones en sus brazos cuando viene de visita.

Yo no volví a pensar de nuevo en la tocaya de Poté hasta hace unas cuantas noches. Era cerca de media noche, no puedo afirmarlo con certeza, pero mientras veía por la ventana vi a una sombra pasar corriendo por el patio del patio de uno de mis vecinos. A pesar de que era tarde juraría que sus ojos se cruzaron con los míos, sus crecientes y felinos irises eran los únicos que se hallaban en aquel mar de sombras. Esa peligrosa beldad susurró dos palabras antes de esfumarse ante mí.

Poté Pia. Nunca más.