Capítulo 10
The envelop
– ¡Debería destruirte! – Turquía agarró a Grecia por el cuello de su camisa.
–Tú…querías que contara…una creepypasta. – es lo único que le respondió con total calma.
– ¡Tú!
–No peleen. – protestó Alemania, mientras Prusia lo veía como lamentando estar en desacuerdo. América temblando descontroladamente, tartamudeando le dijo al griego…
–Cre-cre-creo que nunca sacaré a un gato de su lugar, eso es.
–Pero…los gatos son lindos.
–Te-te-tengo que tomar mi-mi-mis precauciones con cierto cri-criador enigmático.
–Oi – declaró sorpresivamente serio Australia. – se debe ser precavido con quién sea en quien hayas depositado confianza.
– ¿En un criador de gatos? - dijo Hungría alzando una ceja.
–Con todos. Nunca sabes de dónde habrán salido…
The Envelope
Basado en "The Blind Man's Favor"
Créditos para su autor anónimo
Un joven australiano hizo su recorrido entre una multitud. Él había ido a ese país con la esperanza de tener una vida mejor junto a su familia al regresar a su casa. Sin embargo, aparentemente la crisis económica era igual de dura ahí. El dinero tenía que ajustarse correctamente, y mucha gente se moría de hambre y necesitaba un trabajo. Suspiró, contento de saber que todavía tenía algo de dinero guardado pero preguntándose como todos de cómo sería su próximo trabajo.
–Oh, lo siento. – un hombre mucho mayor con lentes oscuros y un bastón accidentalmente chocó con el joven. Su voz era muy ronca, el australiano no identificaba cuál era su nacionalidad.
–No, yo lo siento. – ambos no tardaron en entablar una amigable conversación. El australiano se enteró de que este hombre hacia todo lo que podía por encontrar un trabajo, si bien era mucho más difícil para la gente contratarlo debido a su edad y ceguera. El australiano sentía compasión por extraño. Él supuso que después de escuchar su historia no tendría más derecho a quejarse.
–Oye, ¿crees que podrías entregar este sobre por mí? Un amigo mío lo necesita tan pronto como sea posible pero temo que podría perderme y nadie quiere ayudarme a encontrar la dirección. Además de que necesito llegar rápido a casa para encontrarme con mí hermano.
–Claro. – acertó a decir el joven, tomando el sobre. Echó un vistazo a la dirección. El destino no estaba muy lejos del apartamento que estaba ocupando, quizá una o dos millas. – estoy seguro de poder dar con el lugar.
–Gracias, amable señor. – dijo el hombre ciego, rápidamente volvió a su camino entre la multitud, era difícil atravesar ese mar de gente sin ningún problema. El australiano de encogió de hombros y después siguió su camino por la calle. Mientras se acercaba a la intersección frunció el ceño. Ahora que lo pensaba, ¿por qué el anciano simplemente no puso el sobre en un buzón? ¿O por qué no su hermano o algún otro familiar lo entregaba? Mejor aún, ¿Qué amigo le encargaría entregar una carta tan importante a un ciego, para empezar? Muchas más preguntas se le ocurrían, el australiano se ponía más y más nervioso.
Volvió a revisar la dirección. Si bien recordaba, la dirección pertenecía a unos edificios viejos y abandonados en las afueras de la ciudad. Cambió el curso de su camino, dirigiéndose a la estación de policía. Después de prestar atención a la historia y de checar lo que había dentro del sobre, las autoridades entraron al lugar que indicaba la dirección, donde encontraron muchas reservas de órganos humanos, de carne humana e incluso huesos en venta. ¿Qué sería lo que tenía escrito el sobre como para que se movilizaran tan rápido?
" Este es el último que le envió por hoy. Espere cinco más mañana. "
